Mostrando entradas con la etiqueta almuerzos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta almuerzos. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de noviembre de 2016

Un día bien aprovechado: Crepes, vacas, boulangeries, geles, balnearios y churrascos


Ahora que estamos inmersos en lo más cruento del maravilloso undécimo mes del año, es decir, en la más absoluta mierda, es buen momento de rescatar una de esas vueltas en bicicleta realizadas el pasado verano, cuando los días son eternos y gozosos. Cuando valen más del doble que estas oscuras jornadas en las que "trabajar de sol a sol" no es una exageración sino una verdad como un templo. La crónica lleva escrita unas semanas pero estaba esperando estar metidos de lleno en este valle de lágrimas conocido como Noviembre para que la comparación sea mejor.

Etapa ligera por tierras del Midi Pyrinees mano a mano con Jesús. Saliendo del aparcamiento de Balnea en la localidad de Genos-Loudenvielle ponemos rumbo a la localidad de Arreau a eso de las 9 de la mañana. Desde la salida del túnel de Bielsa el tiempo ha oscilado entre una neblina no muy densa a un cielo encapotado que si bien no amenaza lluvia deja caer algunas gotas debido a la condensación. Así es que vamos tapados con todo lo que hemos traído para la parte de arriba.

Propuesta al Tour de Francia. Circuito al que dar tres vueltas para un total de 240 km recorridos con 6 señoras ascensiones plagadas de público enfervorecido por disfrutar durante más de siete horas de la carrera (y la caravana)
Antes de llegar a Arreau por terreno ligeramente descendente ya nos hemos cruzado con un buen número de cicloturistas muchos de ellos de avanzada edad y en la base del Aspin coincidimos con una pareja de ingleses en BTT con los que nos iremos rebasando varias veces a lo largo de la subida. Conforme ascendemos la niebla se cierra cada vez más privándonos de las vistas aunque protegiéndonos del sol. Al menos nos quedan las pintadas de la carretera y vamos repasando nombres y procedencias de los ciclistas que allí aparecen.

Sagan, Pierroooo (Rolland), Thibaut (Pinot), Romain (Bardet), Izagirre (Ion & Gorka), Holst Enger
-¿Quién es ese? 
-Noruego del IAM. 
-¿De dónde? ¿de Liam, dónde está eso? 
-No, noruego pero no de Liam sino del equipo I-A-EME. 
-Ah, del IAEME... qué huevos ponerle a un equipo ciclista el acrónimo de Infarto Agudo de Miocardio. 
-Pues sí. 
Bonita conversación mantenida en rampas del 8,5% envueltos por la niebla a eso de las diez y pico de un veintitantos de julio.

Para cuando vienen las pintadas (que no se han movido) de Lotto Jumbo y Wilco / Wilco / Wilco que se podían ver el año pasado ya he bajado un puntito la velocidad y hemos dejado que el inglés nos rebase por última vez. Por mi parte no pienso forzar más ya que he recordado que más tarde hay una cita con nuestro amigo Val Louron y más vale ser previsores. Aparecemos arriba en la cima donde solamente hay espesa niebla y no ha subido el del carretón de las cervezas y los helados. No importa, otra vez será. En los últimos años este puerto ha sido visitado de todas las formas posibles así es que ¿por qué el año que viene no vamos a volver?. Nos hacemos la foto de rigor gracias al señor inglés que ha llegado un minuto antes y tras abrigarnos nos lanzamos a descender la otra cara.


Madre qué pose. Uno que parece un jotero y el otro que parece aún más deslomado de lo que está
A pesar de las curvas y de algún coche que me pisa los talones me lo paso bien. El firme está en perfectas condiciones, van subiendo infinidad de abueletes chino chano en bicicleta y bajar así es un gozo. Y no tengo ninguna prisa. Abajo en el cruce de Payolle espera Jesús y nos metemos en el primer establecimiento en el que leemos entre sus especialidades la palabra CREPES.



Persiste la niebla y aunque no hace frío tampoco hace mucho calor. Así es que aunque no soy cafetero el tiempo anima a echarse uno con leche. Y además de eso dos buenas crepes con nutella por cabeza. Así ya se puede subir la Horqueta. La Hourquette d'Ancizan es un puerto que he tenido en la cabeza desde el año pasado cuando al volver del Tourmalet cruzamos en coche por allí. Me pareció uno de los puertos más bonitos por el que jamás hubiera pasado y quería pedalearlo sí o sí. La pena fue que la niebla nos privó de la mitad del espectáculo que se escondía tras ella pero aún así fue un puerto mucho más divertido que el Aspin.

Aquí hay muuuuchas vacas
Multitud de vacas tumbadas nos recibieron en las primeras rampas y de esa manera seguimos viendo más de estos tranquilos animales acompañados de algún mugido que parecía provenir de lo que es una vaca con badajo. Y no me refiero al cencerro que cuelga de su cuello. Conforme se fue disipando la niebla las vacas fueron apareciendo en mitad de la carretera junto a caballos y burros, ya que tras pasar por el bosquecillo de las primeras rampas luego se transita por verdes laderas, que permanecieron ocultas en parte, y que se encuentran plagadas de cabezas de ganado. En ese aspecto me parece un puerto insuperable. 


En el descansillo con bajada que hay antes del último arreón final un caballo bien pincho nos viene a saludar y Jesús se pasa un buen rato acariciando el hocico del simpático animal mientras un burro acostado en la margen contempla la escena entre cabezada y cabezada. Con la misma capacidad para coger el sueño profundo y despertar súbitamente que un octogenario el burro tan pronto tiembla de la soñera que tiene como contempla estupefacto a dos gachos en bici haciéndole gracietas a un caballo. Levanta la cabeza, nos observa y vuelve a caer en un plácido sueño. Más abajo un burrete más pequeño y despierto también sale a saludar. Es un puerto bien agradecido. Lo de parar ahí en medio no es demasiado problema. Tráfico de coches no hay demasiado y algún cicloturista que aparece es eso, cicloTURISTA, así es que al tener que echar mano al freno para esquivarnos no sale maldiciendo.



Tras ese descanso vienen unas rampas un poco durillas antes de la cima pero que se pasan sin mayor dificultad. Se intuye el sol al otro lado del puerto. Arriba comemos algo de secallona y nos hacemos las fotos gracias a un espigado gerifalte centroeuropeo de rendimiento francamente positivo que sube con una rubicunda zagala de prestaciones aún más sorprendentes que se dedica a hacer series en la última rampa mientras su compañero saca fotos y charra con nosotros. Están locos estos holandeses.




Iniciamos el descenso por la otra vertiente y enseguida sale el sol. Si la cara que hemos subido es de pendientes moderadas la que bajamos es empinada y por algunos tramos llena de gravilla. Auténticas bañeras de grava. Abajo en la fuente duelen las manos de apretar los frenos pero aparte de eso se trata de un descenso tranquilo por una carretera muy poco transitada. Ya en el llano, al pasar por delante de la panadería de nuestra amiga de Guchen gritamos para saludarla. Con Jesús guardamos un gratísimo recuerdo del día en que nos dio con la puerta en las narices cinco minutos antes de que el horario comercial del establecimiento tocara a su fin. Es por ello que la tenemos en un altar y le dedicamos siempre que pasamos por delante los más bellos piropos así como expresamos todo tipo de parabienes con nuestros mejores deseos. Cómo la queremos. El escudo de la noble villa de Guchen representa dos robles plantados ante una cruz. Por encima de los robles una rama de muérdago es flanqueada por dos flores de lis. Sin ningún género de dudas los dos robles somos los dos alcornoques que aporreábamos la puerta de la simpática panadera de Guchen para que nos sirviera una de sus delicatesen. En concreto dos pasteles de frutos del bosque representados por las flores de lis. La cruz representa la puerta del establecimiento, el memorable no podéis pasar que nos hizo la muy ladina que se encontraba en esos momentos contando con total avaricia e impudicia la recaudación del día con todos los dineros esparcidos por el mostrador. Y el muérdago representa a nuestra querida amiga, esto es así. Bajo el muérdago se besan los enamorados y un beso de verdadero amor que hubiéramos lanzado al viento hubiera aflojado el corazón de esa bella damisela abriendo las puertas de su establecimiento para que disfrutáramos de sus delicias. Incorrecto. Realmente el muérdago, cuyo aceite se utilizaba en la edad media para espantar a los lobos, representa la rabia e inquina con la que esa mujer de intachable moral nos impidió entrar a su establecimiento. Y hasta aquí la lección de heráldica de andar por casa y la explicación de nuestro imperecedero amor por esa bella dama.




Después de llanear unos diez kilómetros hacemos un alto en el camino en la villa de Saint-Lary a reponer fuerzas en la boulangerie. Por una vez no es muy buena idea o hacemos una mala elección ya que la especie de empanada que nos atizamos no nos sienta muy bien. La empanada, el sol y las rampas de Val Louron van a ser una combinación espectacular. Así es que a eso de las dos de la tarde (sí, las dos, nótese el ritmo caribeño de la etapa; si los dos estábamos de vacaciones para qué íbamos a ir más deprisa, ¿para hacer una entrada épica en la blog acerca de cómo nos ardían los gemelos pedaleando desbocados? pues no, se equivocan de blog) con toda la solanera pegando en el perolo iniciamos el ascenso de la última dificultad del día. 



El inicio de Val Louron es traicionero, entre zonas sombreadas de escasa pendiente se va divisando al otro lado del valle la estación de Soulan. Una curva por aquí, una revuelta por allá, montañitas y arbolitos por doquier.Qué bonito todo. Es en ese preciso instante en el que recuerdas las anteriores veces que has pasado por este puerto con el coche que no todo el monte era orégano y el paisaje se empieza a despejar para que el sol y las rampas comiencen a ajusticiar.


El fin de las sombras y principio del mismísmo Infierno
Al pasar por Azet pueblo cada uno ya por su cuenta tan sólo recuerdo que vi la casa de la abuela que alquilaba la era para aparcar el día del Tour de Francia. Que por un momento pensé en parar a saludar y ya de paso pedirle que me dejara echar la siesta y me trajera agua hasta que dejara el grifo seco. En serio, llegué a valorarlo de la repentina flojera que me entró y saber, porque a veces en la ignorancia se vive mejor, y saber la tralla que quedaba por delante. Cuando reparé en el lamentable aspecto que presentaba todo sudado y lleno de churretones de crema solar decidí ahorrar tamaño espectáculo a la señora y continuar hasta la fuente del pueblo previo paso por sus intrincadas calles con rampas que bien pueden tener más del quince por ciento. Como un saco de estiércol deposité mis posaderas en el bordillo de la fuente mientras bebía y tiraba bidones de agua por encima de la cabeza. Tras recobrar, en parte, la compostura decidí continuar.

Los calambres no son un buen aliado en las rampas de más del ocho por ciento que se perpetúan sin descanso. Es por eso que tras más de dos años sin hacer uso de este noble arte decido hacer un poco de camina-pedalea y tras echar pie a tierra, tomarme un gel que en el envoltorio pone que sabe a cocacola pero que en realidad sabe a mierda pura mezclada con whisky Capitán Guinder, ese magnífico digestivo que se podía adquirir en sus hipermercados de confianza. Más que un gel sabor cola parece que esté lamiendo un vaso de litro de cubata de aquellos que costaban quinientas pesetas en los tugurios más infectos de la época estudiantil. Poner en el envoltorio Gel sabor colonia S3 sería bastante más acertado. Menudo asco. Decido caminar porque entre el sol, la empanada, las rampas y el mal sabor que deja ese gel de mierda pedalear en esa caverna de dolor es demasiado.

Camino y pedaleo y vuelvo a caminar. Llevo las piernas como tablones. Ni épica ni leches, cuando llevas treinta kilómetros acumulados de puertos sin haber cogido la bici en un mes pasan estas cosas. Paro muchas veces, en el paso canadiense aprovecho la ligera bajada para montar otra vez la bici pero lo que resta es de aúpa. En el último kilómetro paro tres veces más y al final viendo ya a Jesús tirado a la bartola bajo el cartel de la cima hago de tripas corazón y llego pedaleando al cartel. Nos saca la foto un señor francés que está allá arriba a esa horas con toda la prole tentando la insolación infantil. El nene lleva una camiseta del Madrid, teniendo la Toulousain en rugby o el Metz en fútbol hace falta ser matraco para comprarle al crío una camiseta de CR7...



Tras recobrar el aliento nos vamos cara abajo contemplando los parapentes que sobrevuelan el lago de Loudenvielle. Este lago artificial creado en 1975 tiene una extensión de 32 hectáreas y se puede rodear completamente paseando. En la orilla más cercana a Genos hay un curioso yacimiento de pizarra del que seguramente sacan el material para construir la cubierta de los tejados del lugar. Desde allí, mirando al sur, se pueden ver las montañas que se alzan a modo de guardas del otro lado del Muro destacando el macizo del Hourgade. Junto a los pizarrales se encuentra la torre del castillo de Genos (o lo que queda de él). Al parecer se construyó entre los siglos IX y X para contener los ataques de los sarracenos que campaban al otro lado de los Pirineos por aquel entonces. Es un descenso chulo con la panorámica del lago, la estación de esquí y las numerosas curvas que no plantean problema si se va con precaución. Abajo en Loudenvielle aguarda el coche y lo más importante... Balnea.


Y aquí las puertas del Paraíso
Casi dos horitas metidos a remojo en las piscinas de este pequeño aunque acogedor balneario. Se goza más en invierno con todo nevado alrededor pero tras una etapita de 80 km subiendo y bajando puertos es un fin de fiesta también muy recomendable. Tras evaluar las propiedades del frigidarium, los baños japoneses y la cápsula musical de los baños amerindios hacemos aprecio a la feria de productos alimenticios instalada en Genos.

Una tendera muy salada nos da de probar de todos los salchichones y quesos habidos y por haber hasta que mercamos salchichón de jabalí, de setas y de Bambi. A pesar de hablar muy bien el castellano (ella, nosotros así asá) no acierta a encontrar la palabra para el bicho del que está hecho ese salchichón y tras que su compañera simule unos cuernos sobre la cabeza y empiecen a desfilar todos los animales caprinos y cérvidos sin suerte no se le ocurre ya más que decir que el salchichón está hecho de Bambi. Pero de Bambi "hombre" no de Bambi "niño". Pues será de ciervo adulto... aunque podría ser salchichón de buco. A saber.

De ahí marchamos al Carrefour de Saint-Lary a seguir la etapa. Cerveza Leffe, sidras de todos los colores, foie, más queso, sardinas con nosequé potingue. Tras otra buena mercada ponemos rumbo a España. ¿A casa? Todavía no.


En Parzán, en lo de Vidallé, hay que parar a cenar. No es que sea obligación pero como prisa no tenemos y tarde no es... Por un muy módico precio nos arreamos una hamburguesa, perdón una HAMBURGUESA con bien de todo y un plato de churrasco que es de las tres o cuatro cosas más bonitas que hemos visto este verano. Qué primor y qué bien puesto estaba todo. Tras un café y un poco más de charrada y cuando consideramos que ya hemos exprimido bien el día decidimos bajar al llano para llegar a casa pasadas las diez de la noche. Un día bien aprovechado. Sufrido, un poco, sobre todo por el mal sabor de ese gel que sabía a rayos, lo demás perfecto. Qué bien se está(ba) de vacaciones... 


El lago de Loudenvielle y el macizo del Hourgade al fondo este pasado invierno

El pizarral anexo al lago

Vistas en mitad de la bajada de la Hourquette

Australopitecus tuercepedalensis

El último arreón en la cima de Val Louron

El burrico de la Hourquette

Vacas

El jabalí de San Caprasio

Val Louron vertiente Azet

Val Louron vertiente Loudenvielle

Churrasco estilo Parzán

martes, 1 de noviembre de 2016

El ágape de Tierz

ágape
nombre masculino
  1. 1.
    Comida a la que asisten muchas personas y en la que se celebra un acontecimiento.
    sinónimos:banquete
  2. 2.
    Comida fraternal de carácter religioso que se celebraba entre los cristianos.
    "se encontraban los fieles reunidos en un ágape al anunciarse que iba a consagrarse obispo al reverendo"

Numerosos tuercepedales tuvieron que echar mano del diccionario de Google para saber a qué puñetas se habían apuntado el pasado domingo. Que había que pedalear por la Hoya de Huesca se sabía y que como debe de ser costumbre por esas tierras los avituallamientos iban a ser floridos y hermosos también se daba por hecho. Sin embargo, eso de que la llegada a meta los participantes tendrían un ágape no quedaba muy claro. Si era la definición 1 cuadraba con lo que buscábamos mas si era la definición 2 estar zampando mientras un cura repartía bendiciones con el hisopo nos parecía un tanto surrealista.

Una ruta bien entretenida por variedad de terrenos

Al llegar al pabellón de Tierz donde se repartían los dorsales imaginamos que la definición 1 sería la ganadora después de contemplar unos murales en las paredes en los que se representa una especie de soldado con casco y máscara antigás que se parece a Darth Vader sosteniendo a una moza en brazos. Al lado una viñeta en la que un perro de esos que parecen bulldogs de miniatura con una sonrisa de oreja mientras un bocadillo desvela el porqué de su alegría ya que el perré está pensando en tetas.

Nos dan los dorsales, un maillot y un botellín. Encima nos dan de desayunar. A las 9.30 bajo una espesa boira partimos pedaleando dirección Huesqueta. Antes de partir la organización adivierte: "esto no es una carrera, es una marcha conducida, no se puede adelantar a la gente de la organización que va en cabeza, el que quiera correr que marche para casa, si alguien adelanta a la cabeza de la marcha se le expulsa de la misma". El súmum del tuercepedalismo.

Congregación de tuercepedales. De izqda a dcha; Ettorino, el Menda, Jesús, David, Lemus petit y Perkins Nachete; Juanlu estaba apuntado a la marcha pero se puso pachucha la heredera, cachis!

Por una senda bien estrecha y con curvas y contracurvas la serpiente tuercepedal avanza a trompicones. Las trincheras que dan nombre a la marcha al parecer se encuentran al otro lado de Tierz en un alto, pero bien se vale que esta senda parece una puñetera trinchera de lo estrecha y revirada que es. Al salir de ese laberinto se gira en dirección sur dejando Huesca a mano derecha. Se alternan buenos caminos con otros repletos de charcos y la niebla sigue sin escampar. Se cruza alguna carretera siempre bajo el control de la benemérita y de la organización y así chino chano vamos avanzando por Lascasas o Albero Alto.

La marcha se adentra en una zona repleta de promontorios de arenisca denominados torrollones que envueltos en la niebla parecen moñacos gigantes, castillos o pirámides cortadas a tajo por la punta. Resulta agradable pedalear por estos paisajes tan diferentes a los acostumbrados. Por momentos parecen esos llanos que se atraviesan en la marcha de los Monegros. El primer avituallamiento se encuentra en Piracés y para llegar hasta él es necesario ascender la rampa que conduce al pueblo con la visión de uno de esos imponentes promontorios que lo protege, la peña del Mediodía.

Todo parecido con un biker es mero accidente

Allí en la plaza hay reparto de bocadillos de jamón, frutos secos y ositos Haribo. Cerveza y acuarius. Por un megáfono se explica en qué consistirá el siguiente tramo. Según Juan AB, sufrido lector de la blog que no pudo estar presente en la marcha, ahora es cuando viene lo peor de la ruta según comentó en la entrada del almuerzo encubierto, y veremos que no se equivoca. Una senda estrecha tipo trialera que va a buscar una calzada medieval que surca alguno de los torrollones antes mencionados. Se advierte que habrá que bajarse de la bici en más de una ocasión así es que los tuercepedales nos animamos a ir. El resto puede continuar por la carretera hasta salir al encuentro del resto.


La trialera baja hasta un barranquizo como se aprecia en el perfil para después ir ascendiendo pegada a la calzada en un tramo muy complicado de subir pedaleando. Algunos dicen que bajando se haría mejor, omito opinión al respecto dadas mis fantásticas condiciones para el descenso. Al llegar arriba se alcanza un camino que puede ser llamado como tal y mientras se desciende se va a buscar el cruce de la carretera en la entrada de Novales. Escampa la boira y sale el sol.

Tras otro cruce de carretera controlado se asciende por un camino amplio, primero de forma pronunciada y más tarde de manera más sosegada. Los torrollones desaparecen pero al frente aparece una de las joyas de la corona del despilfarro provincial durante la última década. El aeropuerto. Se rodea la vacía y tranquila instalación para acometer la mayor dificultad orográfica del día, un rampote prácticamente recto al 12% como de 1 km tras el que aguarda el segundo avituallamiento.

Los hombres de la Lotto Soudal, Monfort y Wellens, degustando el bocadillo

Como han sobrado del anterior, hay nuevo reparto de bocadillos de jamón que por supuesto son ajusticiados junto al panizo y las gominolas. Con 8 km por delante nos adentramos en el peor tramo de toda la marcha. El terreno está duro y botoso y se pedalea por un falso llano que lleva hasta lo alto del término de Tierz. Desde allí se divisa tanto el pueblo como la cercana capital. Desde allí rápido descenso y llegada a meta.


Jarrota de cerveza en el bar y de inmediato sin perder tiempo al fin nos enteramos de qué es eso del ágape. Pues es ni más ni menos que unas mesadas largas dispuestas en el polideportivo donde vigilan Darth Vader y el perré. En las mesas hay empanada gallega, patatas fritas, aceitunas rellenas, aceitunas encurtidas, tortilla de patata, chorizo, salchichón, empanadillas y buñuelos de bacalao. Cocacola, agua y vino. Los platos no eran escasos precisamente y conforme se iban devorando se iban sacando más. Tras llenar la andorga de manera francamente positiva huímos, no sin antes saludar a los artífices de esa comilona, temiendo que una vez se terminaran las últimas porciones de empanada alguien sacara a la mesa platos de comtessa o de tarta al whisky para rematar.

Así es que resumiendo, por 12 € nos llevaron de paseo por una zona totalmente desconocida para los tuercepedales, nos dieron de desayunar, de almorzar dos veces, nos agapearon y encima nos dieron un botellín y un maillot. ¡Qué más se puede pedir! Que al año que viene haga un poco más de sol para ver los torrollones a lo lejos y podamos estar los tuercepedales al completo.

viernes, 25 de marzo de 2016

La regla de los dos tercios



Ayer hubo paseo con la bici de montaña. Después de tres meses de abandono. Queda un mes para la marcha de los Monegros y la cuestión es no presentarse en la línea de salida con serias dificultades para hasta montar en el velocípedo de brincar charcos. El destino de la excursión fue parecido al de una de las últimas salidas de diciembre, el Área 62 la cual ayer quedó rebautizada como Área 51 de Roswell por motivos que el atento lector y conocedor de este engendro de blog podrá desentrañar conociendo las correrías de los seres que se describen.


Nos perdimos. Otra vez. No se trata de ninguna novedad pero cuando se desarrolla de la manera como fue ayer es para relatar la aventura para que quede constancia escrita de cómo es posible perderse tres veces para ir a un punto distante unos seis kilómetros. Se trata de una circunstancia pavorosa en tanto en cuanto no aprendemos de los errores del pasado e incluso parecemos regodearnos en ellos. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Nosotros nos guardamos esa piedra en el bolsillo y la dejamos caer delante nuestro cuando nos aburrimos.



Ante la posibilidad de montar una salida en bici en la mañana de Jueves Santo pero intentando evitar la carretera el miércoles se terminó de concretar una vuelta, un paseo, con la bici de ruedas gordas. De hecho por circunstancias que no vienen al caso la salida se terminó de concretar ayer a las 9 de la mañana, lo cual no es excusa para la tropelía que viene a continuación.


Éramos de la partida Juanillo, Truli, Jesús y yo. A la merecida fama ganada a lo largo de los años por mi hermano y yo en el mundo de la orientación se unía la figura local encarnada por el fantástico Truli. Una colusión de facultades jamás vista, una novedad mundial que ninguno de los cuatro quiso prever. ¿Nadie? Bueno, nadie verdaderamente no. Juanillo confirmaba su asistencia via wasap a las 9:35 hora zulú, y yo le respondía que también venía Truli. A continuación se detalla un extracto de la conversación mantenida y en la que Juanillo, esa mente preclara, ya se anticipaba a lo que estaba por suceder.

-De acuerdo, pero por Dios que no haga de guía.
-Tranquilo que vamos de paseo.
-Que he ido dos veces con él y las dos nos hemos perdido; las dos con 30 km de más.
-Al Área 62 no hay mucha pérdida.
-Bueno, bueno... que esto me lo conozco.

El encuentro entre los cuatro jinetes del Apocalipsis tuvo lugar en la cruz de Santa Bárbara. Ya allí había motivos para abortar misión, nadie quiso verlos. Truli se encontraba enfrascado tecleando en su móvil sacando mapas del Instituto Geográfico. Para subir al Pueyo. Ya en el primer cruce se decidió tirar por la derecha. La izquierda suponía acometer el camino tradicional, el que todo el mundo conoce, el que no tiene pérdida. Pues nosotros tiramos por la derecha, abandonados a la pericia de Truli.

A los doscientos metros Truli comenzó a insultar gravemente a una chica china que hablaba desde su teléfono móvil el cual lleva sujeto a su manillar. El porqué lo lleva allí luego se aclarará aunque ya se puede avanzar que el motivo es demencial. El caso es que a la muchacha china que gobernaba los designios de la excursión algo no debía de cuadrarle y comenzó a vomitar palabras, pudiera ser que hablase en castellano pero al revés al igual que la niña del Exorcista aunque eso nunca lo sabremos ya que el volumen de los juramentos proferidos por Truli era claramente superior al de los mensajes de advertencia de la guía.

El caso es que Truli mató a la chica china y la guía dejó de realizar su función, quedamos a merced de los elementos y de la regla de los dos tercios. Pasamos por Granja Aventura pero al primer cruce un poco comprometido ya hubo disensión de opiniones y se optó por lo que dijo Truli. El resultado fue terminar en medio de un campo. Llegados a este punto fue cuando alguien planteó la cuestión de qué clase de track o mapa estábamos siguiendo a lo que Truli respondió de manera escalofriante: "yo llevo el GPS para saber dónde estoy pero no para saber a dónde voy". Brillante. 

La cuestión fue que tras cruzar un campo lleno de árboles plantados en el que supuestamente había un camino "hasta hace bien poco" pero en el que hay que hacer hincapié en que había árboles, y todo usuario de la piscina municipal del Barranqué conocerá que los árboles tardan eones en crecer y los de ese campo estaban crecidos, se vuelve a llegar a un punto perdido en el espacio sideral a partir del cual no era posible avanzar.

En ese momento, Jesús, ese otro tótem del mundo de la orientación decidió tomar el mando para sacarnos de semejante aprieto. La opción elegida para abandonar aquel vórtice de perdición fue una maravillosa trialera la cual nos llevó a realizar un bucle alrededor de unas carrascas por las que paseaban un señor con su hija. Cuando nos vio por primera vez el hombre puso cara de extrañeza al contemplar cuatro tarados por aquellos parajes no muy habituales para la práctica ciclista. Cuando a los cinco minutos nos volvió a ver justo al otro lado de la faja de carrascas yendo en dirección contraria sólo le faltó tapar los ojos a su hija para ahorrarle la visión de esos cuatro errores de la Naturaleza en pos de alcanzar las cotas más altas de la incompetencia. Seguramente la música de Benny Hill sonaba dentro de su cabeza al ver semejante escena.

Aún hubo tiempo para que Truli volviera a colocarse en primera posición del pelotón llevándonos a otro de esos puntos en los que el camino se corta en medio de una era. Ante las imprecaciones y juramentos del personal que le animaba a responder por dónde pensaba hacernos llegar a destino él tuvo el cuajo de decir aquello de "¿por qué me seguís? ¿por qué me seguís si no sé a dónde voy?". Delirante.

Por extraño que pueda parecer a estas alturas, conseguimos llegar al camino principal del Pueyo algo sobre lo que sinceramente albergué serias dudas. Cabe recordar que por aquellos caminos ya vagamos durante horas con el Enano y Agus en una lluviosa jornada de infausto recuerdo y que más recientemente en la capital maña tardé cuatro horas en llegar desde la zona del Casco hasta casa de Lemus Zapador inmerso en una interesante trail nocturna de vergonzante recuerdo. De Jesús ya se habló largo y tendido en esta blog el día que partiendo desde Berbegal en dirección hacia Laperdiguera terminamos en Lagunarrota, básicamente se encuentran en direcciones opuestas. Y Truli en cierta ocasión en la que viajábamos en coche a Bayona nos hizo subir por Zuera y Sos del Rey Católico y volver por una carretera perdida de las bardenas reales por la que el resto de la expedición se le amotinó ante tamaño dislate. El único ser que podía poner algo de raciocinio en la excursión era Juanillo y para lo único que abría la boca era para decir cada vez que llegábamos a algún camino cortado "Señor, llévame pronto".

El acongojado lector de estas Truliaventuras podrá creer que una vez llegados a la senda conocida por todo buen barbastrense que lleva al Pueyo llegaríamos sanos y salvos a nuestro destino que no era sino almorzar en la rotonda de acceso a la autovía sita a un escaso kilómetro del monasterio. No, no y mil veces no. El ser humano es una máquina espectacular que se complica la existencia hasta cómicos límites. Vayamos por la carretera directos, no. Vayamos por el camino que parte desde la ermita, tampoco. Subamos hasta la placeta del Sol y cojamos el camino que va hacia Castillazuelo, luego bajemos hacia la nacional, no tenemos ni idea de por donde se cruza hacia el área de servicio pero por algún sitio se podrá, vayamos.

Hasta la nacional se llegó moderadamente bien, no había mucha pérdida incluso para unos zotes como nosotros. Luego volvieron las comedias. Cruzando por encima de la autovía le comenté a Juanillo que ya llevábamos 14 km para un trayecto que debería haber costado no más de 7. Él comentó que aún nos quedaba un rato ya que las rutas de Truli suelen estar sujetas a la regla de los dos tercios (Dos tercios = 2/3 = 0,666 = el número de la Bestia). Y no le faltaba razón. Tras explorar un par de campos más se optó por ir a dar una vuelta por los contornos del vertedero para acometer el camino que lleva hacia el área de servicio. Rodeados de bandadas de cuervos, milanas bonitas y algún buitre que ante tanta insistencia de aquel grupo de cuatro impedidos que no hacían más que dar vueltas sobre si mismos se planteaba la posibilidad de darse un festín.

Al final llegamos al Área 62 aunque bien hubiera podido costar menos llegar al Área 51. Tuvimos menos dificultades para encontrar una mesa para sentarnos a degustar un almuerzo a base de dos huevos fritos con tres chullas de panceta y patatas panaderas. Ya allí aposentados y relatando al personal que así lo quiso nuestra incompetencia se acercó un incauto turista a preguntar. Aunque parezca mentira, un chico andaluz que no se vio amedrentado por los ostentóreos alaridos que provenían de nuestra mesa se acercó a consultar con su GPS. Increíble pero cierto.

El incauto pretendía ir a "Biela", lo que ya provocó aluvión de críticas hacia el mundo en general porque en el mapa se lee eso pero se pronuncia de otra manera, y no sabía que camino tomar ya que el GPS le planteaba dos rutas diferentes. Como el atento lector podrá imaginar ese consejo de sabios le propuso una tercera vía -uuuy, para ir a Viella lo mejor es que te bajes hasta Lérida... - ante la mirada ojiplática del andaluz a quien el buen tino y acierto que llegó a otorgarnos el vino y la cerveza que habíamos ingerido nos llevó a desdecirnos de semejante barbaridad y a ofrecerle la opción más razonable de subir dirección Benabarre.

La vuelta a casa no estuvo exenta de otra pérdida de camino pero como siguiendo la carretera del canal no hay más remedio que acabar abocados en algún momento a la de Berbegal al final terminamos llegando a casa, no por el camino que se había pensado, pero llegamos.

Terminaron saliendo 30 km para una ruta que no debería haber tenido más de la mitad. Lo que da miedo de verdad, porque la vuelta era sumamente sencilla incluso para nuestra torpeza, es que para la ida se aplicó la regla de los dos tercios de una manera matemática. Lo que en circunstancias normales no hubiera sido más que un paseo de entre seis y siete kilómetros costó la friolera de veinte. Lo que la razón dictaba se convirtió en un tercio de lo que terminamos pedaleando, los otros dos tercios vinieron de propina merced a nuestras habilidades.

Como ya se ha comentado, las habilidades de orientación de mi hermano Jesús y un servidor, se limitan a seguir las hojas publicadas por Javi y Tom hace años ha, en los que siguiendo referencias tan variopintas como acequias, tajaderas, carrascas, puentes o campanarios uno ha de situarse para llevar la cuente de por dónde hay que girar y por dónde coger el camino perfecto. Es un método imperfecto sujeto a que la higuera propuesta como referencia nº 17 haya sido erradicada de la faz de la Tierra hace ya mucho tiempo pasando de largo y entrando en bucles espaciotemporales con el consiguiente incremento de kilómetros por parte de los incautos que se guíen mediante estos primigenios tracks. Cada paradeta en las referencias para comprobar que se sigue el camino correcto puede ser empleado para comer, beber y soltar ventosidades varias. Uno le acaba cogiendo el gusto.

Por lo que respecta a las habilidades de Truli... se acaba convirtiendo en lo mismo, exactamente lo mismo pero pertrechado de unos mapas última generación a través de los cuales una solícita chinita te guía a destino. Lo malo de estas tecnologías que están en constante ebullición son las actualizaciones de software y que donde ayer indicaba un camino como una autopista hoy hay un campo con unas carrascas como casas. Qué le vas a hacer si te cambian los caminos de sitio... lo bueno de todo es que al menos cuando uno se pierde sabe exactamente dónde está y tan sólo se trata de encontrar un camino transitable que lo lleve a destino o de llamar al 112 y decirles que uno se ha perdido. ¿Dónde? pues aquí.

Conclusión: el que es torpe es torpe. Da igual que vaya a pelo, con hojetas del año la picor o con un GPS último modelo.

PD. a pesar de contar con la inestimable ayuda de uno de estos GPS último modelo ninguno de los cuatro zotes fue capaz de registrar la maravillosa ruta seguida. Mejor así, de esta manera será inimitable y no quedará expuesta a escarnio público por el resto de los tiempos. Quedan 35 días para Monegros y la inquietante sensación de que igual terminamos dando vueltas por Albacete, seguiremos informando.


viernes, 7 de agosto de 2015

Fotos de la Naval-Tourmalet 2015

He aquí parte de las fotos que el pasado 6 de agosto tuve el placer de realizar en la primera edición (y esperemos que no última) de la Naval-Tourmalet. En posteriores entregas se contará todo lo relativo a esta, ya se puede denominar así, Clásica del grupo Tuercepedales.

Hace unos meses Nacho tuvo la genial idea de enlazar mediante marcha cicloturista su pueblo con la cima más mítica de los Pirineos, el Tourmalet. Para ello debía engañar a su familia, a unos cuantos amigos y a la familia de estos para llevar a cabo semejante locura. Por suerte los amigos de Nacho nunca hemos estado muy bien de la cabeza, de modo que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para engañarnos.

El 6 de agosto a las 6:30 de la mañana cuatro aventureros se dispusieron en la plaza de Naval a llevar a cabo el exigente recorrido. Para los libros de Historia quedarán los nombres de (de izquierda a derecha):
Nacho, el diesel navalés con motor Perkins, avanza lento pero avanza de manera indestructible; Abizanda, el friki enfermero serrablés de adopción, duro como un jabalí; Héctor, el queroseno navalés, el benjamín del grupo, mientras se aburre pedaleando otea cados de robellones, y Paco, el señor Ornitorrinco, veterano de mil batallas, nunca se rinde y cuando parece que va a hacerlo la cocacola le hace revivir.
La ruta, descomunal. Cerca de 130 km partiendo de la villa jamás conquistada hasta Sainte-Marie de Campan (el tramo entre Parzán y el final del túnel de Bielsa se neutraliza por no estar permitida la circulación de bicis a través del túnel). Una vez allí, el Infierno. La máquina de triturar carne humana se alza como última dificultad. Una especie de Monte del Destino en pleno Mordor a donde los pequeños hobbits navaleses deben acudir para demostrar su valía, dejando la Comarca y adentrándose en tierras extrañas acompañados de Trancos Abizanda y Gandalf Torrinco.

Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido.

Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha.

Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido.

En Aínsa tuvo lugar el primer refrigerio de la jornada. El sr Ornitorrinco poco habituado a este tipo de lifaras debía de pensar "dónde me he metido". Se descalzó y todo porque veía que la cosa iba para largo.

El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada.


Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente.

Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. 

En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km.

El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón.

He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte).
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.

En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida.

En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada.

La pareja de jóvenes navaleses avanzaba más atrasada y algo más atrancada. Sin embargo a Nacho todavía le quedaban fuerzas para embestir a los reporteros gráficos al grito de "¡Asesinos, dejad de retratar nuestro suplicio!"

Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet.

Por delante, Jordi, el mayor de los navaleses, avanzaba el primero de la marcha con cara sonriente y pedaleo alegre y ligero. Monsieur Tourmalet lo estaba envolviendo en su trampa aunque Jordi todavía lo desconocía.

Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición.
Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto...

... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver.

El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven.

Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas.

Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada.

Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna.

Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet...

... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%...

... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle...

... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar.

En La Mongie el motor de Héctor dijo basta. Mareos y calambres le hicieron parar con buen criterio. Para quien no lo sepa La Mongie es la estación invernal que se aprecia al fondo de la imagen, lejos de suponer un descanso en la subida otorga una puntilla tras la cual se han de afrontar los últimos y descomunalmente salvajes 3 km. De hecho los últimos 5 km tienen una pendiente media cercana al 9'5% de agonía interminable.
Nacho siguió a lo suyo en régimen de bajas revoluciones. Paco fue avistado en un bar a la entrada de La Mongie, de hecho llamó a los reporteros gráficos y estos acudieron al establecimiento hostelero asustados y pensando que iban a asistir a la retirada del marsupial más duro del Somontano. Nada más lejos de la realidad ya que se encontraba, dentro, sonriente con su querida cocacola. Una vez revitalizado siguió hacia delante.

Y a Jordi vino a visitarle el Tío del Mazo en plena travesía de La Mongie, lo encontramos a la salida de la estación bastante peor que cuando lo dejamos en las Galerías pero a pesar de ello continuó hacia arriba después de reponer líquidos. Llegó a la cima. 

He aquí un tío contento, un tío feliz completando la Naval-Tourmalet. Por un par de veces pensé que se bajaba de la bici. Y almorzando en Parzán pensé que se nos dormía con semejante parón aparte del tozolón que se pegó contra la puerta del restaurante y donde se tuvo que hacer algo de daño. Llegando al final del Tourmalet, cima custodiada por un gigante de hierro. Estos tíos sí que son gigantes.

El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera.

Nacho, otro tío feliz terminando su particular locura. "Nunca más, nunca más" declaró nada más cruzar la línea de meta. Esperemos que con el paso de los días reconsidere sus palabras. De no haber reventado en La Mongie, Héctor hubiera sido el tercer valiente en completar la marcha, sin embargo una parte de él llegó a cima con Motor Perkins Nachete ya que entre ambos se fueron haciendo la subida al igual que entre ambos prepararon buena parte de esta fenomenal locura denominada Naval-Tourmalet. Gracias por embescarnos en semejante aventura.

¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.

Entradas relacionadas

Entradas relacionadas