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martes, 22 de noviembre de 2016

Un día bien aprovechado: Crepes, vacas, boulangeries, geles, balnearios y churrascos


Ahora que estamos inmersos en lo más cruento del maravilloso undécimo mes del año, es decir, en la más absoluta mierda, es buen momento de rescatar una de esas vueltas en bicicleta realizadas el pasado verano, cuando los días son eternos y gozosos. Cuando valen más del doble que estas oscuras jornadas en las que "trabajar de sol a sol" no es una exageración sino una verdad como un templo. La crónica lleva escrita unas semanas pero estaba esperando estar metidos de lleno en este valle de lágrimas conocido como Noviembre para que la comparación sea mejor.

Etapa ligera por tierras del Midi Pyrinees mano a mano con Jesús. Saliendo del aparcamiento de Balnea en la localidad de Genos-Loudenvielle ponemos rumbo a la localidad de Arreau a eso de las 9 de la mañana. Desde la salida del túnel de Bielsa el tiempo ha oscilado entre una neblina no muy densa a un cielo encapotado que si bien no amenaza lluvia deja caer algunas gotas debido a la condensación. Así es que vamos tapados con todo lo que hemos traído para la parte de arriba.

Propuesta al Tour de Francia. Circuito al que dar tres vueltas para un total de 240 km recorridos con 6 señoras ascensiones plagadas de público enfervorecido por disfrutar durante más de siete horas de la carrera (y la caravana)
Antes de llegar a Arreau por terreno ligeramente descendente ya nos hemos cruzado con un buen número de cicloturistas muchos de ellos de avanzada edad y en la base del Aspin coincidimos con una pareja de ingleses en BTT con los que nos iremos rebasando varias veces a lo largo de la subida. Conforme ascendemos la niebla se cierra cada vez más privándonos de las vistas aunque protegiéndonos del sol. Al menos nos quedan las pintadas de la carretera y vamos repasando nombres y procedencias de los ciclistas que allí aparecen.

Sagan, Pierroooo (Rolland), Thibaut (Pinot), Romain (Bardet), Izagirre (Ion & Gorka), Holst Enger
-¿Quién es ese? 
-Noruego del IAM. 
-¿De dónde? ¿de Liam, dónde está eso? 
-No, noruego pero no de Liam sino del equipo I-A-EME. 
-Ah, del IAEME... qué huevos ponerle a un equipo ciclista el acrónimo de Infarto Agudo de Miocardio. 
-Pues sí. 
Bonita conversación mantenida en rampas del 8,5% envueltos por la niebla a eso de las diez y pico de un veintitantos de julio.

Para cuando vienen las pintadas (que no se han movido) de Lotto Jumbo y Wilco / Wilco / Wilco que se podían ver el año pasado ya he bajado un puntito la velocidad y hemos dejado que el inglés nos rebase por última vez. Por mi parte no pienso forzar más ya que he recordado que más tarde hay una cita con nuestro amigo Val Louron y más vale ser previsores. Aparecemos arriba en la cima donde solamente hay espesa niebla y no ha subido el del carretón de las cervezas y los helados. No importa, otra vez será. En los últimos años este puerto ha sido visitado de todas las formas posibles así es que ¿por qué el año que viene no vamos a volver?. Nos hacemos la foto de rigor gracias al señor inglés que ha llegado un minuto antes y tras abrigarnos nos lanzamos a descender la otra cara.


Madre qué pose. Uno que parece un jotero y el otro que parece aún más deslomado de lo que está
A pesar de las curvas y de algún coche que me pisa los talones me lo paso bien. El firme está en perfectas condiciones, van subiendo infinidad de abueletes chino chano en bicicleta y bajar así es un gozo. Y no tengo ninguna prisa. Abajo en el cruce de Payolle espera Jesús y nos metemos en el primer establecimiento en el que leemos entre sus especialidades la palabra CREPES.



Persiste la niebla y aunque no hace frío tampoco hace mucho calor. Así es que aunque no soy cafetero el tiempo anima a echarse uno con leche. Y además de eso dos buenas crepes con nutella por cabeza. Así ya se puede subir la Horqueta. La Hourquette d'Ancizan es un puerto que he tenido en la cabeza desde el año pasado cuando al volver del Tourmalet cruzamos en coche por allí. Me pareció uno de los puertos más bonitos por el que jamás hubiera pasado y quería pedalearlo sí o sí. La pena fue que la niebla nos privó de la mitad del espectáculo que se escondía tras ella pero aún así fue un puerto mucho más divertido que el Aspin.

Aquí hay muuuuchas vacas
Multitud de vacas tumbadas nos recibieron en las primeras rampas y de esa manera seguimos viendo más de estos tranquilos animales acompañados de algún mugido que parecía provenir de lo que es una vaca con badajo. Y no me refiero al cencerro que cuelga de su cuello. Conforme se fue disipando la niebla las vacas fueron apareciendo en mitad de la carretera junto a caballos y burros, ya que tras pasar por el bosquecillo de las primeras rampas luego se transita por verdes laderas, que permanecieron ocultas en parte, y que se encuentran plagadas de cabezas de ganado. En ese aspecto me parece un puerto insuperable. 


En el descansillo con bajada que hay antes del último arreón final un caballo bien pincho nos viene a saludar y Jesús se pasa un buen rato acariciando el hocico del simpático animal mientras un burro acostado en la margen contempla la escena entre cabezada y cabezada. Con la misma capacidad para coger el sueño profundo y despertar súbitamente que un octogenario el burro tan pronto tiembla de la soñera que tiene como contempla estupefacto a dos gachos en bici haciéndole gracietas a un caballo. Levanta la cabeza, nos observa y vuelve a caer en un plácido sueño. Más abajo un burrete más pequeño y despierto también sale a saludar. Es un puerto bien agradecido. Lo de parar ahí en medio no es demasiado problema. Tráfico de coches no hay demasiado y algún cicloturista que aparece es eso, cicloTURISTA, así es que al tener que echar mano al freno para esquivarnos no sale maldiciendo.



Tras ese descanso vienen unas rampas un poco durillas antes de la cima pero que se pasan sin mayor dificultad. Se intuye el sol al otro lado del puerto. Arriba comemos algo de secallona y nos hacemos las fotos gracias a un espigado gerifalte centroeuropeo de rendimiento francamente positivo que sube con una rubicunda zagala de prestaciones aún más sorprendentes que se dedica a hacer series en la última rampa mientras su compañero saca fotos y charra con nosotros. Están locos estos holandeses.




Iniciamos el descenso por la otra vertiente y enseguida sale el sol. Si la cara que hemos subido es de pendientes moderadas la que bajamos es empinada y por algunos tramos llena de gravilla. Auténticas bañeras de grava. Abajo en la fuente duelen las manos de apretar los frenos pero aparte de eso se trata de un descenso tranquilo por una carretera muy poco transitada. Ya en el llano, al pasar por delante de la panadería de nuestra amiga de Guchen gritamos para saludarla. Con Jesús guardamos un gratísimo recuerdo del día en que nos dio con la puerta en las narices cinco minutos antes de que el horario comercial del establecimiento tocara a su fin. Es por ello que la tenemos en un altar y le dedicamos siempre que pasamos por delante los más bellos piropos así como expresamos todo tipo de parabienes con nuestros mejores deseos. Cómo la queremos. El escudo de la noble villa de Guchen representa dos robles plantados ante una cruz. Por encima de los robles una rama de muérdago es flanqueada por dos flores de lis. Sin ningún género de dudas los dos robles somos los dos alcornoques que aporreábamos la puerta de la simpática panadera de Guchen para que nos sirviera una de sus delicatesen. En concreto dos pasteles de frutos del bosque representados por las flores de lis. La cruz representa la puerta del establecimiento, el memorable no podéis pasar que nos hizo la muy ladina que se encontraba en esos momentos contando con total avaricia e impudicia la recaudación del día con todos los dineros esparcidos por el mostrador. Y el muérdago representa a nuestra querida amiga, esto es así. Bajo el muérdago se besan los enamorados y un beso de verdadero amor que hubiéramos lanzado al viento hubiera aflojado el corazón de esa bella damisela abriendo las puertas de su establecimiento para que disfrutáramos de sus delicias. Incorrecto. Realmente el muérdago, cuyo aceite se utilizaba en la edad media para espantar a los lobos, representa la rabia e inquina con la que esa mujer de intachable moral nos impidió entrar a su establecimiento. Y hasta aquí la lección de heráldica de andar por casa y la explicación de nuestro imperecedero amor por esa bella dama.




Después de llanear unos diez kilómetros hacemos un alto en el camino en la villa de Saint-Lary a reponer fuerzas en la boulangerie. Por una vez no es muy buena idea o hacemos una mala elección ya que la especie de empanada que nos atizamos no nos sienta muy bien. La empanada, el sol y las rampas de Val Louron van a ser una combinación espectacular. Así es que a eso de las dos de la tarde (sí, las dos, nótese el ritmo caribeño de la etapa; si los dos estábamos de vacaciones para qué íbamos a ir más deprisa, ¿para hacer una entrada épica en la blog acerca de cómo nos ardían los gemelos pedaleando desbocados? pues no, se equivocan de blog) con toda la solanera pegando en el perolo iniciamos el ascenso de la última dificultad del día. 



El inicio de Val Louron es traicionero, entre zonas sombreadas de escasa pendiente se va divisando al otro lado del valle la estación de Soulan. Una curva por aquí, una revuelta por allá, montañitas y arbolitos por doquier.Qué bonito todo. Es en ese preciso instante en el que recuerdas las anteriores veces que has pasado por este puerto con el coche que no todo el monte era orégano y el paisaje se empieza a despejar para que el sol y las rampas comiencen a ajusticiar.


El fin de las sombras y principio del mismísmo Infierno
Al pasar por Azet pueblo cada uno ya por su cuenta tan sólo recuerdo que vi la casa de la abuela que alquilaba la era para aparcar el día del Tour de Francia. Que por un momento pensé en parar a saludar y ya de paso pedirle que me dejara echar la siesta y me trajera agua hasta que dejara el grifo seco. En serio, llegué a valorarlo de la repentina flojera que me entró y saber, porque a veces en la ignorancia se vive mejor, y saber la tralla que quedaba por delante. Cuando reparé en el lamentable aspecto que presentaba todo sudado y lleno de churretones de crema solar decidí ahorrar tamaño espectáculo a la señora y continuar hasta la fuente del pueblo previo paso por sus intrincadas calles con rampas que bien pueden tener más del quince por ciento. Como un saco de estiércol deposité mis posaderas en el bordillo de la fuente mientras bebía y tiraba bidones de agua por encima de la cabeza. Tras recobrar, en parte, la compostura decidí continuar.

Los calambres no son un buen aliado en las rampas de más del ocho por ciento que se perpetúan sin descanso. Es por eso que tras más de dos años sin hacer uso de este noble arte decido hacer un poco de camina-pedalea y tras echar pie a tierra, tomarme un gel que en el envoltorio pone que sabe a cocacola pero que en realidad sabe a mierda pura mezclada con whisky Capitán Guinder, ese magnífico digestivo que se podía adquirir en sus hipermercados de confianza. Más que un gel sabor cola parece que esté lamiendo un vaso de litro de cubata de aquellos que costaban quinientas pesetas en los tugurios más infectos de la época estudiantil. Poner en el envoltorio Gel sabor colonia S3 sería bastante más acertado. Menudo asco. Decido caminar porque entre el sol, la empanada, las rampas y el mal sabor que deja ese gel de mierda pedalear en esa caverna de dolor es demasiado.

Camino y pedaleo y vuelvo a caminar. Llevo las piernas como tablones. Ni épica ni leches, cuando llevas treinta kilómetros acumulados de puertos sin haber cogido la bici en un mes pasan estas cosas. Paro muchas veces, en el paso canadiense aprovecho la ligera bajada para montar otra vez la bici pero lo que resta es de aúpa. En el último kilómetro paro tres veces más y al final viendo ya a Jesús tirado a la bartola bajo el cartel de la cima hago de tripas corazón y llego pedaleando al cartel. Nos saca la foto un señor francés que está allá arriba a esa horas con toda la prole tentando la insolación infantil. El nene lleva una camiseta del Madrid, teniendo la Toulousain en rugby o el Metz en fútbol hace falta ser matraco para comprarle al crío una camiseta de CR7...



Tras recobrar el aliento nos vamos cara abajo contemplando los parapentes que sobrevuelan el lago de Loudenvielle. Este lago artificial creado en 1975 tiene una extensión de 32 hectáreas y se puede rodear completamente paseando. En la orilla más cercana a Genos hay un curioso yacimiento de pizarra del que seguramente sacan el material para construir la cubierta de los tejados del lugar. Desde allí, mirando al sur, se pueden ver las montañas que se alzan a modo de guardas del otro lado del Muro destacando el macizo del Hourgade. Junto a los pizarrales se encuentra la torre del castillo de Genos (o lo que queda de él). Al parecer se construyó entre los siglos IX y X para contener los ataques de los sarracenos que campaban al otro lado de los Pirineos por aquel entonces. Es un descenso chulo con la panorámica del lago, la estación de esquí y las numerosas curvas que no plantean problema si se va con precaución. Abajo en Loudenvielle aguarda el coche y lo más importante... Balnea.


Y aquí las puertas del Paraíso
Casi dos horitas metidos a remojo en las piscinas de este pequeño aunque acogedor balneario. Se goza más en invierno con todo nevado alrededor pero tras una etapita de 80 km subiendo y bajando puertos es un fin de fiesta también muy recomendable. Tras evaluar las propiedades del frigidarium, los baños japoneses y la cápsula musical de los baños amerindios hacemos aprecio a la feria de productos alimenticios instalada en Genos.

Una tendera muy salada nos da de probar de todos los salchichones y quesos habidos y por haber hasta que mercamos salchichón de jabalí, de setas y de Bambi. A pesar de hablar muy bien el castellano (ella, nosotros así asá) no acierta a encontrar la palabra para el bicho del que está hecho ese salchichón y tras que su compañera simule unos cuernos sobre la cabeza y empiecen a desfilar todos los animales caprinos y cérvidos sin suerte no se le ocurre ya más que decir que el salchichón está hecho de Bambi. Pero de Bambi "hombre" no de Bambi "niño". Pues será de ciervo adulto... aunque podría ser salchichón de buco. A saber.

De ahí marchamos al Carrefour de Saint-Lary a seguir la etapa. Cerveza Leffe, sidras de todos los colores, foie, más queso, sardinas con nosequé potingue. Tras otra buena mercada ponemos rumbo a España. ¿A casa? Todavía no.


En Parzán, en lo de Vidallé, hay que parar a cenar. No es que sea obligación pero como prisa no tenemos y tarde no es... Por un muy módico precio nos arreamos una hamburguesa, perdón una HAMBURGUESA con bien de todo y un plato de churrasco que es de las tres o cuatro cosas más bonitas que hemos visto este verano. Qué primor y qué bien puesto estaba todo. Tras un café y un poco más de charrada y cuando consideramos que ya hemos exprimido bien el día decidimos bajar al llano para llegar a casa pasadas las diez de la noche. Un día bien aprovechado. Sufrido, un poco, sobre todo por el mal sabor de ese gel que sabía a rayos, lo demás perfecto. Qué bien se está(ba) de vacaciones... 


El lago de Loudenvielle y el macizo del Hourgade al fondo este pasado invierno

El pizarral anexo al lago

Vistas en mitad de la bajada de la Hourquette

Australopitecus tuercepedalensis

El último arreón en la cima de Val Louron

El burrico de la Hourquette

Vacas

El jabalí de San Caprasio

Val Louron vertiente Azet

Val Louron vertiente Loudenvielle

Churrasco estilo Parzán

martes, 1 de noviembre de 2016

El ágape de Tierz

ágape
nombre masculino
  1. 1.
    Comida a la que asisten muchas personas y en la que se celebra un acontecimiento.
    sinónimos:banquete
  2. 2.
    Comida fraternal de carácter religioso que se celebraba entre los cristianos.
    "se encontraban los fieles reunidos en un ágape al anunciarse que iba a consagrarse obispo al reverendo"

Numerosos tuercepedales tuvieron que echar mano del diccionario de Google para saber a qué puñetas se habían apuntado el pasado domingo. Que había que pedalear por la Hoya de Huesca se sabía y que como debe de ser costumbre por esas tierras los avituallamientos iban a ser floridos y hermosos también se daba por hecho. Sin embargo, eso de que la llegada a meta los participantes tendrían un ágape no quedaba muy claro. Si era la definición 1 cuadraba con lo que buscábamos mas si era la definición 2 estar zampando mientras un cura repartía bendiciones con el hisopo nos parecía un tanto surrealista.

Una ruta bien entretenida por variedad de terrenos

Al llegar al pabellón de Tierz donde se repartían los dorsales imaginamos que la definición 1 sería la ganadora después de contemplar unos murales en las paredes en los que se representa una especie de soldado con casco y máscara antigás que se parece a Darth Vader sosteniendo a una moza en brazos. Al lado una viñeta en la que un perro de esos que parecen bulldogs de miniatura con una sonrisa de oreja mientras un bocadillo desvela el porqué de su alegría ya que el perré está pensando en tetas.

Nos dan los dorsales, un maillot y un botellín. Encima nos dan de desayunar. A las 9.30 bajo una espesa boira partimos pedaleando dirección Huesqueta. Antes de partir la organización adivierte: "esto no es una carrera, es una marcha conducida, no se puede adelantar a la gente de la organización que va en cabeza, el que quiera correr que marche para casa, si alguien adelanta a la cabeza de la marcha se le expulsa de la misma". El súmum del tuercepedalismo.

Congregación de tuercepedales. De izqda a dcha; Ettorino, el Menda, Jesús, David, Lemus petit y Perkins Nachete; Juanlu estaba apuntado a la marcha pero se puso pachucha la heredera, cachis!

Por una senda bien estrecha y con curvas y contracurvas la serpiente tuercepedal avanza a trompicones. Las trincheras que dan nombre a la marcha al parecer se encuentran al otro lado de Tierz en un alto, pero bien se vale que esta senda parece una puñetera trinchera de lo estrecha y revirada que es. Al salir de ese laberinto se gira en dirección sur dejando Huesca a mano derecha. Se alternan buenos caminos con otros repletos de charcos y la niebla sigue sin escampar. Se cruza alguna carretera siempre bajo el control de la benemérita y de la organización y así chino chano vamos avanzando por Lascasas o Albero Alto.

La marcha se adentra en una zona repleta de promontorios de arenisca denominados torrollones que envueltos en la niebla parecen moñacos gigantes, castillos o pirámides cortadas a tajo por la punta. Resulta agradable pedalear por estos paisajes tan diferentes a los acostumbrados. Por momentos parecen esos llanos que se atraviesan en la marcha de los Monegros. El primer avituallamiento se encuentra en Piracés y para llegar hasta él es necesario ascender la rampa que conduce al pueblo con la visión de uno de esos imponentes promontorios que lo protege, la peña del Mediodía.

Todo parecido con un biker es mero accidente

Allí en la plaza hay reparto de bocadillos de jamón, frutos secos y ositos Haribo. Cerveza y acuarius. Por un megáfono se explica en qué consistirá el siguiente tramo. Según Juan AB, sufrido lector de la blog que no pudo estar presente en la marcha, ahora es cuando viene lo peor de la ruta según comentó en la entrada del almuerzo encubierto, y veremos que no se equivoca. Una senda estrecha tipo trialera que va a buscar una calzada medieval que surca alguno de los torrollones antes mencionados. Se advierte que habrá que bajarse de la bici en más de una ocasión así es que los tuercepedales nos animamos a ir. El resto puede continuar por la carretera hasta salir al encuentro del resto.


La trialera baja hasta un barranquizo como se aprecia en el perfil para después ir ascendiendo pegada a la calzada en un tramo muy complicado de subir pedaleando. Algunos dicen que bajando se haría mejor, omito opinión al respecto dadas mis fantásticas condiciones para el descenso. Al llegar arriba se alcanza un camino que puede ser llamado como tal y mientras se desciende se va a buscar el cruce de la carretera en la entrada de Novales. Escampa la boira y sale el sol.

Tras otro cruce de carretera controlado se asciende por un camino amplio, primero de forma pronunciada y más tarde de manera más sosegada. Los torrollones desaparecen pero al frente aparece una de las joyas de la corona del despilfarro provincial durante la última década. El aeropuerto. Se rodea la vacía y tranquila instalación para acometer la mayor dificultad orográfica del día, un rampote prácticamente recto al 12% como de 1 km tras el que aguarda el segundo avituallamiento.

Los hombres de la Lotto Soudal, Monfort y Wellens, degustando el bocadillo

Como han sobrado del anterior, hay nuevo reparto de bocadillos de jamón que por supuesto son ajusticiados junto al panizo y las gominolas. Con 8 km por delante nos adentramos en el peor tramo de toda la marcha. El terreno está duro y botoso y se pedalea por un falso llano que lleva hasta lo alto del término de Tierz. Desde allí se divisa tanto el pueblo como la cercana capital. Desde allí rápido descenso y llegada a meta.


Jarrota de cerveza en el bar y de inmediato sin perder tiempo al fin nos enteramos de qué es eso del ágape. Pues es ni más ni menos que unas mesadas largas dispuestas en el polideportivo donde vigilan Darth Vader y el perré. En las mesas hay empanada gallega, patatas fritas, aceitunas rellenas, aceitunas encurtidas, tortilla de patata, chorizo, salchichón, empanadillas y buñuelos de bacalao. Cocacola, agua y vino. Los platos no eran escasos precisamente y conforme se iban devorando se iban sacando más. Tras llenar la andorga de manera francamente positiva huímos, no sin antes saludar a los artífices de esa comilona, temiendo que una vez se terminaran las últimas porciones de empanada alguien sacara a la mesa platos de comtessa o de tarta al whisky para rematar.

Así es que resumiendo, por 12 € nos llevaron de paseo por una zona totalmente desconocida para los tuercepedales, nos dieron de desayunar, de almorzar dos veces, nos agapearon y encima nos dieron un botellín y un maillot. ¡Qué más se puede pedir! Que al año que viene haga un poco más de sol para ver los torrollones a lo lejos y podamos estar los tuercepedales al completo.

lunes, 24 de octubre de 2016

Fin de semana por Guara 2016, el domingo

Para soltar piernas de lo del sábado día 8 había programada una tranquila salida por tierras de la Hoya de Huesca. Se trataba de uno de los eventos elevados a los altares de la mitología tuercepedal. Lo que en los mentideros de esa agrupación de orcos es conocido como "EL ALMUERZO ENCUBIERTO".




Cierta vez Juanlu y Pablo comentaron con todo lujo de detalles como habían asistido a una marcha BTT en Labata en el que nada más llegar a recoger el dorsal les dieron de desayunar. Antes de salir a dar pedales. A continuación tras tomar la salida a los pocos kilómetros tuvieron un pantagruélico avituallamiento. Y tras reponerse de ese almuerzo dando otros pocos de pedales pararon en otro pueblo a zampar. Y tras pedalear un poquico más llegaron a meta para sentarse a una mesa y comer primero, segundo y postre. A Juanlu y Pablo los aprecio muchísimo pero siempre había tenido la sensación de que habían exagerado un poco en la descripción de aquellos hechos. Incluso después de que David R los acompañara el año pasado al mítico almuerzo encubierto. No podía ser tan bonito aquello que contaban. A buen seguro mentían como bellacos.

Así que este año Héctor, Abi, Jesús y yo marchamos a Labata a comprobar si todo aquello era verdad. Ni en nuestros mejores sueños podíamos imaginar semejante despliegue. Qué bonito, qué maravilloso. Se me caen las lágrimas de la emoción de tan sólo recordar. Qué gozada.


EL DESAYUNO

Llegas a Labata donde jamás había entrado a pesar de pasar por delante alguna que otra vez y te das cuenta de que es un pueblo bien majo y apañado. En un moderno salón multiusos que aprovecha una pared de roca y otra de un antiguo establo o algo parecido reparten los dorsales unos zagales y zagalas bien amables que además nos dan una camiseta de recuerdo. En la otra punta una mesada con café, leche, zumo, croasanes, palmeritas y galletas para toda la banda que asistimos a tan magno evento. ¡Ojo cuidao, la marcha comienza a las 9:30 de la mañana y el desayuno a las 8:00! Hora y media de desayuno. Noventa minuti molto longos.


Saliendo los ÚLTIMOS. Dorsales reutilizables y por supuesto nada de chips ni cosas modernas
Cuando está toda la gente bien saciada van llamando para ir al arco de salida con las bicis. Unos 150 bicicleteros (no se ve ningún biker, la verdad) con gran presencia femenina, niños pequeños y mardanos con barrigas prominentes hacen presagiar una tranquila salida dominical. Y así es, chino chano cada cual a su ritmo vamos avanzando por unos bonitos caminos, polvorientos eso sí, hacia el sur. Cuando la cuesta tiene mucha pendiente o muchas piedras la gente se baja de la bici y camina. Pero casi todo es muy llano. Con Héctor nos acoplamos a un grupo de mozas que llevan a un crío pequeño que baila encima de la bici como Contador y así atravesamos Casbas de Huesca donde han colocado carteles al estilo Tour de Francia saludando a los ciclistas. Algún comisario UCI con la gorreta de la Caja Rural y de Copaga saluda al pelotón. Sensacional. No obstante con Héctor tenemos la sensación de que el pelotón cruza el pueblo con demasiada ligereza. Ninguna calle cortada y la emoción de que en cualquier momento puede doblar una esquina un Jondere y acabar empotrados en el remolque. Pero al llevar la tripa llena de palmeritas estos detalles se olvidan fácilmente y seguimos pedaleando.

Tête de la course: Jabalí de San Caprasio/Rabosón;  2eme groupe: Ettorino/El Kudus del Somontano


Antes de llegar a Junzano pierdo a Héctor en una de las subidas fuertes y pensando que voy el último de los cuatro barbastros puesto que la otra pareja ha tirado adelante ya de salida, me acoplo a uno de esas grupetas con niño incluido. Para salir a estirar las patas después de hacer la trail del sábado ya me va bien. Es en estas que tras pasar algún tramo un poco fastidiado por la proliferación de bolos y piedras donde casi nos estozamos unos cuantos llegamos al polideportivo de Angüés a disfrutar del primer avituallamiento.

Tête de la course: Jabalí de San Caprasio/Rabosón;  2eme groupe: Ettorino; 3eme groupe: El Kudus del Somontano


EL PRIMER ALMUERZO

Cual es mi sorpresa cuando al llegar no veo a ningún barbastro. Los oídos de las santas madres de Abi y Héctor e incluso de la mía comienzan a pitar al advertir que esa pareja de filibusteros y mi hermano han repostado y me han dejado allí tirado como a una colilla. Pero entonces, en consonancia con el ambiente lúdico festivo de la jornada comienzan a suceder cosas inexplicables e hilarantes.

Tête de la course: Jabalí/Rabosón/Ettorino; 2eme groupe: El Kudus del Somontano



Tras aplacar mi ira con una caja industrial de pastas de té, otra de palmeritas y una tercera de galletas rellenas de chocolate veo aparecer por la puerta del polideportivo al bueno de Abizanda con las cejas completamente llenas de polvo. ¿De ande cojones sales? ¿Y tú qué hostias haces aquí?. Llegamos a la conclusión de que NO SABEMOS DÓNDE NI CÓMO pero tanto Héctor como yo les hemos adelantado a él y a Jesús. Héctor es cabeza de carrera del pelotón tuercepedal, ha avituallado y ha jopado y Jesús está por llegar. Tras este sesudo razonamiento nos embarcamos en una nueva visita a la caja de pastas Arruabarrena. Qué duro es esto del tuercepedalismo.

Tête de la course: Ettorino; 2eme groupe: Kudus; 3eme groupe: Rabosón; 4eme groupe:Jabalí?



Aparece Héctor por la puerta y los pilares de la civilización tal y como la conocemos vuelven a caer. Que Abi esté allí antes que él nos cuadra a todos menos a Abi quien pensaba que había sido adelantado por todos menos por Jesús. ¿Dónde está Jesús? Nadie lo sabe. Que yo esté allí antes que el resto no le cuadra a nadie salvo a Abi que mantiene que lo he adelantado pero ¿a Héctor? Imposible. Llegamos a la conclusión compartida por más gente de que un grupo de mozas que llevaban niños han hecho un alcorce y yo he ido detrás de ellas. Yo sé los kilómetros que he hecho pero el resto parece que no, allí no lleva cuenta kilómetros ni dios. Es maravilloso. Hacemos otra visita a las galletas rellenas de chocolate elucubrando esa teoría. Que es más razonable que pensar que en realidad esos caminos son como El Laberinto de la película homónima y cambian de dirección cada dos por tres y de manera caprichosa. De todas formas a juzgar por la fetidez de algunos de los caminos transitados (algún lugareño tiró purín a espuertas) a veces parecía que pululábamos por el pantano del hedor eterno como en la película del Laberinto. Pero bueno, el mal sabor de boca se quita tras la octava palmerita y la décima pasta Arruabarrena. Además, para que los electrolitos no se desmadren ingerimos algún Aquarius, que esto está siendo muy duro.

Tête de la course: Merde! Je ne sais pas!; 2eme groupe: Jabalí?



Al rato largo aparece Jesús. Que se había perdido con cuatro más por un barranquizo lleno de barzales. No se sabe si se ha extraviado del circuito bueno o del alcorce, si se ha perdido una vez o dos veces. En definitiva, un sindiós, pero nada que no se pueda arreglar con otra buena dosis de palmeritas y galletas de chocolate.

Tête de la course: Quelle course?



Tras zampar como si no hubiera mañana los mozos que organizan esta bacanal llaman para que salgamos a coger las bicis. Un hecho característico del que ahora nos damos cuenta es de que la señalización está enfocada para llegar al avituallamiento (bueno, si no te pierdes en un barzal, alcorzas por donde no debes y demás) pero no se indica por donde sigue la marcha. Es un claro ejemplo del alto grado de evolución alcanzado por esas gentes las cuales nos sacan lustros de diferencia. Para que ningún incauto pueda huir del almuerzo se le encierra allí y cuando está bien fartizo se le saca únicamente cuando la organización así lo estima oportuno. Unos genios.


EL SEGUNDO ALMUERZO

Desde allí la peculiar caravana se desplaza hacia Sieso, el pueblo del queso. La ruta ahora discurre en dirección norte con la visión del Tozal de Guara al frente. Camino llano sin complicaciones salvo por las badinas de polvo que hay formadas pero que se solventan con tranquilidad en un ambiente relajado y de camaredería por parte del grueso del pelotón. Al llegar a Sieso, en la plaza del pueblo espera una mesada compuesta por dos únicos elementos para avituallar. Tarta de queso y yogur (o flan según se mire) de queso de Villa Villera. El agua si alguien quiere mana de una fuente ahí al lado. Ni barritas ni geles ni mierdas de esas.


Aquí tomando un Vitalínea y un Biomanán para reducir la tripera
De nuevo nos encontramos en un punto sin salida, no queda más remedio que comer. Afligidos por la imposibilidad de encontrar el camino de vuelta hasta que la organización de la prueba estime oportuno retomar la marcha nos abocamos a una vorágine de descontrol. Al fin llegan los rezagados con el coche escoba y entonces, cuando pensábamos que podríamos abandonar esa mesa anuncian que se reanuda la marcha, sí, pero la del recorrido largo. Pues venga, vuelta a zampar. Al final, tras otra tensa espera en la que pensábamos que íbamos a quedar atrapados por toda la eternidad deglutiendo yogures de queso, se anunció la salida de la marcha corta.

He aquí la única queja que el grupo tuercepedal quisiera mostrar ante la muy honorable organización de la prueba. De haber sabido que desde allí a meta de la marcha corta tan sólo restaban cinco kilómetros mal contados hubiéramos dado el todo por el todo zampando una tercera unidad de yogur por cabeza además de varios trozos más de tarta. El temor de encontrar algún repecho en el camino nos hizo no comer más para que todo el flujo sanguíneo no fuera al aparato digestivo y de ese modo acabar vomitando en alguna cuesta.


EL ALCORCE



Tras 28 km escasos de marcha (yo, el resto no lo saben) regresamos a Labata. Un merecido descanso tras el intenso esfuerzo de deglutir con semejante ferocidad durante algo más de dos horas. En las dos ilustraciones puede apreciarse a la izquierda el recorrido que hice y a la derecha el teórico. Lo que hay más allá de Sieso resulta ser el tramo de la marcha larga que nosotros no hacíamos.

Sin embargo a la altura de Junzano si se ve cómo me fume un tramo bastante majo de recorrido, ese que parece bajar a un barranco para remontar hasta prácticamente el mismo punto de partida. Ahí es donde adelanté a toda esta tropa.

Para más INRI al finalizar la marcha y justo antes de que Héctor huyera despavorido para casa puesto que ya no soportaba semejante nivel de zampe, Jesús nos comunicó que se acababa de dar cuenta de que llevaba la suspensión delantera de la bici bloqueada. Bueno, conociendo a mi hermano puede ser que la hubiera desbloqueado y vuelto a bloquear cuatro veces durante la marcha o que en realidad la llevase todo el rato bloqueada. Todo podría ser, el caso es que echamos unas buenas risas de tan sólo imaginar cómo ha debido bajar por el barranquizo lleno de piedras y barzales por el que se ha perdido, con la suspensión bloqueada. Decía que le dolían los brazos, a nosotros la tripa de zampar y de reír.


LA COMIDA

Echando unas cervezas esperamos a que monten la mesa para la comida mientras vemos las evoluciones de una pareja de crietes bastante alicates que pululan con la bici por los alrededores y que son la risa de todos. Los alicates estos de críos, por cierto, custodiaban el avituallamiento sito en la meta, que nos perdimos no se sabe porque extraña razón y que ha sido descubierto en las fotos del evento, pero que constituye otra muestra de las altas dosis de evolución alcanzadas por estas gentes. Entre Sieso y Labata había cinco kilómetros mal contados con bastante bajada pero eso sí, dos avituallamientos entre ambos puntos. A eso de las dos de la tarde volvemos a pasar al salón multiusos para terminar con la marcha BTT más dura a la que jamás nos hayamos enfrentado.

Una ensalada ilustrada sencilla pero bien colmada. Con tomate, cebolla y olivas, bien aliñada y sanseacabó. Para qué más. Famélicos como estábamos tras casi dos horas sin probar bocado hasta algo de verde sienta bien. De segundo caldereta de cordero. Suerte tuve de que cuando fui a por mi ración las habían reducido considerablemente debido al desmedido entusiasmo con el que llenaban los platos al principio provocando que casi hicieran corto. Abi se zampó uno de esos primeros platos con los que en un restaurante de esos modernos darían de comer a diecisiete comensales. Y de dulce pastel y flan. No pastel o flan, no. Pastel y flan. El bueno de Abi pensó por un momento que se podía elegir pero estas gentes se toman estas cosas muy en serio y saben que tras unos esfuerzos tan desmesurados es preceptivo alimentarse convenientemente para que nunca jamás se gaste más de (la mitad de la mitad) de lo que se zampa.


La caldereta de cordero que se zampó Abi
Al borde del colapso digestivo nos levantamos de la mesa para ir a buscar los coches y marchar a casa antes de que fuera demasiado tarde. Pude notar alguna mirada torva que venía a decirnos "FLOJOS" pero ya no podíamos más. Cuentan las crónicas periodísticas que después todavía hubo sorteo de regalos, algo que ya parece increíble teniendo en cuenta que la inscripción era de 20 € y ha habido alguna boda en la que he comido menos de lo que zampé desde las 8 de la mañana. No sé el resto pero al llegar a casa caí como un leño a la cama.

Así es que tras la memorable experiencia podemos decir que sí que el ALMUERZO ENCUBIERTO de Labata existe, que Juanlu, David y Pablo no mentían y que estas gentes de la Hoya de Huesca, del Valle de la Gloria y del BTT Guara son sensacionales. Al año que viene volveremos en masa a buen seguro. Muchas gracias por todo.

viernes, 7 de agosto de 2015

Fotos de la Naval-Tourmalet 2015

He aquí parte de las fotos que el pasado 6 de agosto tuve el placer de realizar en la primera edición (y esperemos que no última) de la Naval-Tourmalet. En posteriores entregas se contará todo lo relativo a esta, ya se puede denominar así, Clásica del grupo Tuercepedales.

Hace unos meses Nacho tuvo la genial idea de enlazar mediante marcha cicloturista su pueblo con la cima más mítica de los Pirineos, el Tourmalet. Para ello debía engañar a su familia, a unos cuantos amigos y a la familia de estos para llevar a cabo semejante locura. Por suerte los amigos de Nacho nunca hemos estado muy bien de la cabeza, de modo que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para engañarnos.

El 6 de agosto a las 6:30 de la mañana cuatro aventureros se dispusieron en la plaza de Naval a llevar a cabo el exigente recorrido. Para los libros de Historia quedarán los nombres de (de izquierda a derecha):
Nacho, el diesel navalés con motor Perkins, avanza lento pero avanza de manera indestructible; Abizanda, el friki enfermero serrablés de adopción, duro como un jabalí; Héctor, el queroseno navalés, el benjamín del grupo, mientras se aburre pedaleando otea cados de robellones, y Paco, el señor Ornitorrinco, veterano de mil batallas, nunca se rinde y cuando parece que va a hacerlo la cocacola le hace revivir.
La ruta, descomunal. Cerca de 130 km partiendo de la villa jamás conquistada hasta Sainte-Marie de Campan (el tramo entre Parzán y el final del túnel de Bielsa se neutraliza por no estar permitida la circulación de bicis a través del túnel). Una vez allí, el Infierno. La máquina de triturar carne humana se alza como última dificultad. Una especie de Monte del Destino en pleno Mordor a donde los pequeños hobbits navaleses deben acudir para demostrar su valía, dejando la Comarca y adentrándose en tierras extrañas acompañados de Trancos Abizanda y Gandalf Torrinco.

Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido.

Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha.

Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido.

En Aínsa tuvo lugar el primer refrigerio de la jornada. El sr Ornitorrinco poco habituado a este tipo de lifaras debía de pensar "dónde me he metido". Se descalzó y todo porque veía que la cosa iba para largo.

El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada.


Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente.

Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. 

En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km.

El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón.

He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte).
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.

En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida.

En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada.

La pareja de jóvenes navaleses avanzaba más atrasada y algo más atrancada. Sin embargo a Nacho todavía le quedaban fuerzas para embestir a los reporteros gráficos al grito de "¡Asesinos, dejad de retratar nuestro suplicio!"

Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet.

Por delante, Jordi, el mayor de los navaleses, avanzaba el primero de la marcha con cara sonriente y pedaleo alegre y ligero. Monsieur Tourmalet lo estaba envolviendo en su trampa aunque Jordi todavía lo desconocía.

Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición.
Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto...

... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver.

El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven.

Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas.

Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada.

Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna.

Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet...

... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%...

... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle...

... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar.

En La Mongie el motor de Héctor dijo basta. Mareos y calambres le hicieron parar con buen criterio. Para quien no lo sepa La Mongie es la estación invernal que se aprecia al fondo de la imagen, lejos de suponer un descanso en la subida otorga una puntilla tras la cual se han de afrontar los últimos y descomunalmente salvajes 3 km. De hecho los últimos 5 km tienen una pendiente media cercana al 9'5% de agonía interminable.
Nacho siguió a lo suyo en régimen de bajas revoluciones. Paco fue avistado en un bar a la entrada de La Mongie, de hecho llamó a los reporteros gráficos y estos acudieron al establecimiento hostelero asustados y pensando que iban a asistir a la retirada del marsupial más duro del Somontano. Nada más lejos de la realidad ya que se encontraba, dentro, sonriente con su querida cocacola. Una vez revitalizado siguió hacia delante.

Y a Jordi vino a visitarle el Tío del Mazo en plena travesía de La Mongie, lo encontramos a la salida de la estación bastante peor que cuando lo dejamos en las Galerías pero a pesar de ello continuó hacia arriba después de reponer líquidos. Llegó a la cima. 

He aquí un tío contento, un tío feliz completando la Naval-Tourmalet. Por un par de veces pensé que se bajaba de la bici. Y almorzando en Parzán pensé que se nos dormía con semejante parón aparte del tozolón que se pegó contra la puerta del restaurante y donde se tuvo que hacer algo de daño. Llegando al final del Tourmalet, cima custodiada por un gigante de hierro. Estos tíos sí que son gigantes.

El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera.

Nacho, otro tío feliz terminando su particular locura. "Nunca más, nunca más" declaró nada más cruzar la línea de meta. Esperemos que con el paso de los días reconsidere sus palabras. De no haber reventado en La Mongie, Héctor hubiera sido el tercer valiente en completar la marcha, sin embargo una parte de él llegó a cima con Motor Perkins Nachete ya que entre ambos se fueron haciendo la subida al igual que entre ambos prepararon buena parte de esta fenomenal locura denominada Naval-Tourmalet. Gracias por embescarnos en semejante aventura.

¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.

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