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lunes, 30 de abril de 2018

La Monegros 2018, qué duro es ser tuercepedal


He aquí la crónica de la Monegros 2018 hecha por los tuercepedales. Porque el mundo debe conocer estos pormenores. Lo duro que resulta ser tuercepedal. Mes de diciembre. Sin mucho conocimiento y sin pensar demasiado las cosas un grueso de tuercepedales bastante importante nos apuntamos a la marcha larga de la Monegros. Algunos, haciendo gala del aludido poco conocimiento, completan las inscripciones propias o las de sus amigos poniendo en sus dorsales nombres dudosamente representativos y/o directamente poco dignos.

Llega abril y tras un invierno y principio de primavera pleno de lluvias y alguna que otra calamidad toca repasar las bicis de montaña para ponerse en la línea de salida de la Monegros. De los tres años, con este, en los que he salido lo mismo era el menos indicado para afrontar semejante kilometrada pero el escaso juicio que dicta los designios de un tuercepedal de pro me llevan a tirar adelante por dos razones. Una, donde no lleguen las piernetas tendrá que llegar la voluntad. Y dos, donde no lleguen las dos cosas antes mencionadas lo hará un Patrol de la Cruz Roja. Que los Monegros son un desierto pero tampoco hay que exagerar y esto no es como irse a pedalear al Kalahari con un odre de agua y con el siguiente ser vivo a día y medio de camino. No hay que dramatizar, no nos pongamos nerviosos. En caso de quedarnos tirados por avería mecánica o física (la mental ya viene de serie) no creo que sea necesario tener que recolectar raíces para nuestra supervivencia.

El objetivo, además de completar la marcha de manera más o menos digna, no se mide en tiempo sino en número de tartaletas de manzana que enjaretar al buche. El anterior récord establecido consistía en una deglución de ocho de estas ambrosías en dos avituallamientos dispuestos a tal efecto. Teniendo en cuenta que en esta ocasión íbamos a disponer de cuatro paradas para disfrutar de estos manjares el récord parecía factible aunque siempre había que tener en cuenta los imponderables que afectan a estos eventos y que suelen traducirse en vomitones, cagaleras y toda suerte de malestares estomacales que devienen en un rendimiento inferior al pronosticado.

Total que tras la recogida de dorsales toca vestirse de ciclista y ahí ya acontecen los primeros horrores. En los dorsales personalizados surgen los despropósitos cometidos en diciembre. Que si un Pablé por aquí, que si un Van Lakommen por allá. Al pobre Lemus petit se le empezó a torcer la jornada al ver que iba a tener que circular con el apelativo que el bueno de Juanlu y sus huevos toreros habían tenido a bien cascarle al completar la inscripción pero es que lo mío… me lo hice yo… ¡Van Lakommen! ¿Pero de qué iba en diciembre para poner semejante faltada? Ni que fuera un flandrien de los que hacen el calendario de piedras, que soy un tuercepedal que ha venido aquí a no hacerse mal y a comer tartaletas de manzana como un cerdo, hombre.

Así es que tras saludar a mr Trendy, al sr Ornitorrinco, sr Bestué, Pepito, mi hermano Jesús, compañeros varios de instituto nos vamos al cajón de salida. Jesús en un alarde que le dan después de haber almorzado bien se mete en un cajón intermedio, que vayamos con ellos, hombre no que tenemos dorsal para el cajón de los cojos, que es igual, hombre no sé yo, que sí, mira que hemos pagao nosecuantos ñapos al menos salir en la clasificación y no hacer un siskevicius. Al final, Jesús y sus compañeros marchan al cajón de los pudientes y Juanlu, Pablo (me niego a denominarle Pablé, él lo agradecerá), el señor Lueza, el señor Cantín y un servidor marchamos al cajón de los desarrapados. Previo despliegue espectacular de Juanlu con los malabares acostumbrados de siempre y que hacen las delicias del público asistente. Que si la rueda que pierde y no se puede hinchar, el número de las tenacillas y el imprescindible giro mortal del bidón que no lleva agua. Espectacular.

Salida lenta y trabada con parones y algún tapón tras las caídas de costumbre que libramos sin dificultad. Algún incidente con uno de esos bikers que piensan que aquello es el Tour de Francia y que saliendo a toda mecha y empujando a los demás igual lo gana. Manolo recibe un topetazo de uno de estos iluminados y lo despide con cariñosos saludos. Hasta que al fin los caminos se ensanchan, el pelotón se estira y Javi Miguelón Indurain puede poner las bielas a funcionar para implantar un ritmete bueno con el que ir avanzando alguna posición. Manolo con la bici de ruedas gordas también va allanando el camino hasta que cuando nos las veíamos felices llegamos a un tapón bíblico. Aquello parece Zaragoza cuando llueve, Barcelona el 1 de agosto o Monzón cuando había semáforos. El atasco es memorable. La causa no es ni la fin del mundo ni que doscientos bikers hayan caído fulminados por torzones de tripas tras ingerir pantagruélicas cantidades de tartaletas de manzana puesto que el primer avituallamiento aún no ha llegado. No, la causa es un charco. Aún me acuerdo del primer año que hicimos la Monegros con Jesús. Los treinta primeros kilómetros eran charquilandia. Tras la lógica aprensión que supone cruzar una de esas charqueras en las que uno no sabe si puede verse sumido en un hoyo que lo lleve hasta Nueva Zelanda, todo temor se disipaba al ver cruzar por medio a algún incauto con poco conocimiento y ver que no pasaba nada. Pues nosotros íbamos detrás. Y no pasó nada. Pues este año fue misión imposible porque el tapón era infranqueable. Entre los que no querían mojarse los petetes, los que se iban por la margen a ritmo caribeño, los que se hacían selfis, los que se quedaban mirando el charco… Un charco. Que no es más que una extensión de agua puerca de como palmo, palmo y medio de profundidad que a lo sumo tiene renacuajos nadando en su interior. Pues gente mirando el charco. Treinta minutos para cruzar dos charqueras cuando el siguiente gozo de esta marcha después de ponerse como un cerdo comiendo tartaletas es mancharse como un gorrino cruzando los charcos.


Apártense que tenemos hambre
Unos repechos después en los que también se forman tapones y podemos contemplar como algún biker hace la croqueta en una zanja al violar la máxima de que cuando ruedas más despacio que lo que puedes caminar eso ya no es ir en bici sino que es hacer equilibrios, llegamos al primer avituallamiento bien colmado de gente.  El quinteto que formamos se despliega con suma eficacia ignorando que por tercera vez se forma un tapón en la mesa donde se disponen las viandas y una de las señoras que atiende el puesto se ve obligada a recordar a la gente que no se apelotone al principio pues pueden disponer de toda la longitud del lugar tan largo es ya que hay comida para todos. En ese momento el grueso de bikers mira hacia la otra punta de la mesa y contempla un espectáculo que ya nunca podrán borrar de sus retinas, cinco tuercepedales devorando tartaletas de manzana como si no fuera a haber mañana. Tras apurar la ingesta del orín de pitufo más conocido por su marca comercial, powerade, pregunto a Javi cuántas tartaletas lleva y sentencia que cuatro. Este hombre es un titán pedaleando y mallando, no perdona. Manolo también lleva lo suyo y Juanlu y Pablo sencillamente no hablan y trasegan que da gusto. Pues voy a por la cuarta tartaleta, me digo, pero al ir a por ella acontece uno de esos fenómenos de la naturaleza similares a cascar un huevo y que aparezcan dos yemas. La tartaleta se aferra de manera firme a una congénere y yo no puedo jugar a ser dios y separar lo que la naturaleza quiso que estuviera unido así es que haciendo uso de todas mis fuerzas devoro ambas tartaletas para que marchen de este mundo igual que amanecieron en aquella bendita cajeta de repostería Dulcesol.

Comienzan las primeras estribaciones del alto de Piedrafita y al sol le da por salir. Como cinco cerdos bien cebaos avanzamos al matadero con sudores plenos de toda la glucosa sobrante que el organismo intenta sacarse de encima tras esa agresión injustificada a nuestros estómagos. Me siento pesado, dice Pablo. Nos ha jodido mayo con las flores.  Javi Miguelón impone un ritmo, Manolo y yo le seguimos para rebasarle después. Juanlu y Pablo penan por detrás. Serán las tartaletas. Javi Miguelón nos coge un rato más tarde y juntos llegamos a la cima. Yo voy con ligeros amagos de calambre en las piernas. Pero como las tripas van bien y hemos venido a zampar decido seguir para la marcha larga sin pensar demasiado en las consecuencias. Tras unirnos otra vez los cinco tiramos cara abajo dirección Peñalba.


Un uomo è al comando, la sua maglia è biancoceleste, il suo nome è Manolo
Ya entonces cuando la bajada se hace más tendida vemos que Juanlu y Pablo empiezan a quedarse otra vez atrás. Como no hay mal que por bien no venga, al aflojar un poco el ritmo las piernetas se van relajando y tras pasar el kilómetro 60 el canguelo se va haciendo a un lado. Llegamos a Peñalba. Avituallamiento en el pueblo y lleno de animación, se agradece un poco de vida en  esos momentos. Javi está con que ese pueblo es Valfarta y yo con que es Peñalba. Juanlu viene a desentrañar el misterio. Que Peñalba igual no es porque trabajó allí y no le suena para nada todo aquello. Mira que había un cartel a la entrada de cooperativa de Peñalba o algo así. Pues no sé. Y al mirar al otro lado del avituallamiento, a la otra orilla de lo que parece ser un canal ve que sí, que trabajó justo allí en ese edificio. Memorable.

Haciendo acopio de coraje nos enfrentamos a la mesada dispuesta aunque esta vez el desempeño efectuado es algo más suave y se salda con un total de tres tartaletas de manzana y un botellín de orín azul. El titán Miguelón se enjareta ocho o diez piazos de naranja a ritmo de adelantar a Chiapucci en la crono de Luxemburgo.Pim pam, pim pam.  Pablo, Juanlu y Manolo haciendo subir las acciones de la casa Dulcesol a la que no tendremos inconveniente en cederle un espacio publicitario en el ribete de alguna manga el día que la Agrupación Gastrónomica Tuercepedales saque maillot de equipo. Bien cebadicos salimos dispuestos para acometer el rampote posterior al avituallamiento.
Comienzan los kilómetros del desasosiego. Una interminable sucesión de rectas y falsos llanos que han de llevar hasta Castejón de Monegros. Milagrosamente las piernetas responden pero Pablo va asfixiado. Qué le vamos a hacer, le habrán sentado mal las tartaletas o estará incubando algo, ya llegaremos. Lo que es raro con la pretemporada en altura que se había clavado el muy zorro ahí en Andalucía pedaleando y entrenando la muñeca y el movimiento de codo, pero en fin… Cada vez se van retrasando más el caso es que llegado un punto Manolo y yo terminamos pedaleando en solitario y contando las granjas de tocinos que vamos viendo a la vera del camino. Pero llega un punto en que no se ve venir al resto de la grupeta y decidimos parar por si Pablo ha tenido que retirarse. Debe de ser como el kilómetro 80. Llama Manolo a esta gente y le dicen que Pablo ha sufrido una avería pero que tiremos hasta el siguiente avituallamiento y esperemos allí. La resolución de las desgracias del pobre Pablo a la vuelta de la publicidad. Emoción, intriga y dolor de barriga.



Tercer avituallamiento y allí en medio de un sembrao están repatingados Jesús y su colega Antonio que han optado por la retirada. Antonio con torzón de tripas y Jesús solidarizándose con él se queda para esperar a los otros compañeros y que vengan a buscarlos con el coche. Les contamos las penurias de Pablo y ya hasta le hacemos un hueco en ese viaje de vuelta por si va tan fastidiado que no pueda continuar. Y entonces llegan Juanlu, Javi y Pablo.

Temiendo lo peor nos acercamos al damnificado por averías y dolencias varias, cómo te encuentras, puedes seguir. Y a continuación nos explica la algarada del día y que entra a formar parte del top3 del universo tuercepedal. Yo creo que supera la vez que Juanlu rajó la cubierta a los trescientos metros de comenzar la Puertos (y no llevaba ni velocímetro, ni agua, ni dineros para pagar la reparación) y compite de manera firme con Jesús cuando se hizo la marcha de Labata con la suspensión bloqueada. Resulta que siguiendo la tónica de la jornada el pobre mozo iba asfixiado y subido de pulsaciones que no podía más. Y aquello que no tiraba. El caso es que en una de las bajadas, Javi y Juanlu se le empiezan a ir. Pablo, escamado ante tan alarmante situación en la que simplemente tirándose a peso mierda debería ser capaz de seguir al resto, decide parar y comprobar si le pasa algo a las ruedas. Al girar una de las ruedas en vacío esta gira dos segundos y se para. Pastilla de freno rozando el disco. Imprecaciones varias. Reparación de la avería y a volar lo que no estaba en los escritos. Rato después y ya de camino a casa en el coche nos reímos a base de bien por el hecho de que Pablo tardó tanto tiempo en atribuir su lentitud a la bici en lugar de a su estado físico. “Esto me ha pasado por dudar de mi estado físico”. El pobre hombre, que había estado entrenando en Andalucía (tanto el pedaleo como el zampe) no era normal que tuviera un rendimiento tan malo. Pero él lo estuvo creyendo durante 80 largos kilómetros porque es un tuercepedal sin remedio. A todos nos hubiera pasado lo mismo. A cualquier otro biker más preocupado por reventar el KOM del strava que por reventarse las tripas zampando ese mediocre ritmo le hubiera hecho sospechar que su bicicleta estaba averiada no dudando en ningún momento de su infalibilidad como ciclista. Qué le vamos a hacer, nosotros no somos así.

Tras contar la anécdota toca ajusticiar el avituallamiento y es en este punto donde se rebasa la mágica cifra de diez tartaletas de manzana al mismo tiempo que saludamos a Gustavo quien se encuentra reparando bicicletas a todo tren. Con fuerzas renovadas nos encaminamos a completar los últimos 30 kilómetros con Pablo tirando como un poseso. Pero se ha pegado tal pechada hasta ese momento que el efecto dura poco y volvemos a la marcheta habitual. Hay que acabar como sea. Así y todo en el tramo de bajada donde se juntan de nuevo las dos marchas se va la grupeta dada mi ineptitud para pedalear en cualquier tipo de porcentaje negativo. Y encima se me cargan las lumbares.

Llego al cuarto y último avituallamiento con la vana esperanza de entrar y no encontrar a mis cuatro compañeros, pensando que al estar tan cerca del anterior y tan cerca de meta se lo habrán saltado. Los cojones. Ahí están mallando a base de bien. Si les sacan un par de cocos fritos y una botella vino ahí no queda ni el plato. Cuando me veo resignado a intentar llegar a ingerir tantas tartaletas como copas de Europa tiene el Madrid descubro aliviado que aquí hay bocadillos de chorizo. Tras comer y beber la correspondiente de orín pitufo continuamos con la última tramada hacia meta.


En el km 115 a punto de llegara a meta. Menuda odisea
Comienzan las fotos a lo loco, los vídeos con gritos y alaridos en plan desustanciao y Juanlu preparando el dispositivo de entrada a meta que consiste en ir los cinco en paralelo confiando en que nuestra torpeza no sea impedimento para meternos la gran hostia. Al final y tras un intento en el que rozamos el afilador hacemos algo parecido a cinco tíos entrando en paralelo eso sí montando mucha escandalera. Lo hemos conseguido. 117 km y casi 8 horas desde que empezamos a movernos hemos llegado tras ingerir una cantidad ridícula de tartaletas y líquidos, con una de las bicis trabada hasta el kilómetro 80. Pero nos lo hemos pasado en grande y nos hemos reído un montón. Unas fotos levantando la bici de ruedas gordas de Manolo, una caña caña que sabe a gloria y la fiedeuá con hamburguesa que sabe hasta buena para marchar cagando leches al coche a cargar los cataticos y llegar cuanto antes a casa para darnos una ducha y marchar a dormir. Qué día más largo y qué cansado es esto del zampar.


Entrando en meta. Pablo, Manolo, servidor, Juanlu y Javi. Foto sensacional

domingo, 4 de junio de 2017

Los Raviolis de las abuelas de Graus 2017

Dos marchas cicloturistas hechas este año y en las dos he visto desmontar los avituallamientos. Podría decirse que he alcanzado la cima del tuercepedalismo ya que jamás en marcha alguna a la que me hubiera presentado había llegado a presenciar cómo sacaban un barreño con los culos de las sandías porque ya no les quedaba mucho más.

Y eso que dicen que este año estoy fuerte. Yo ya no sé qué pensar. Para un tuercepedal como yo que se ha dedicado durante años a entrenar para la Behobia yendo en bici o preparar una PaxAvant yendo a correr y a nadar es complicado discernir los límites del bien y del mal ya que mis entrenamientos siempre han sido muy suigeneris y como me han salido del perolo en cada ocasión. Este año sin ir más lejos la preparación para la Puertos ha consistido en alguna kilometrada de fin de semana haciendo carreretas con tractores en la cara norte del Alto el Pino. O tranquilas pedaleadas en solitario por las rectas sin fin de la parte meridional de la Hoya de Huesca tan sólo perturbadas por un sinvergüenza que me adelantó en la recta entre Pertusa y Sesa a no menos de ciento veinte sin modificar un ápice su trayectoria. O alguna escapada hacia Torreciudad. Pero el grueso de la preparación ha consistido en hacer espinin con asiduidad y fortalecer la espalda en el gimnasio mientras no estaba charrando con el personal. Aunque lo primordial ha sido lo segundo. No he cogido la bici ni un día entre semana entre otros motivos porque le he pillado algo de miedo a la carretera después de la lamentable primavera en la que los accidentes parecen haberse multiplicado y sale más a cuenta ir a pegar la mencionada charrada en el gimnasio, ya que me parece más saludable. Y aún así me dicen que estoy fuerte.

El caso es que en la línea de salida de Graus estábamos Truli, Nachete y yo. Una representación tuercepedal muy magra para lo que habían sido otros años. Ha habido épocas en las que se preparaban viajes colosales a Isaba o al Tourmalet y cada fin de semana era motivo de fiesta para ir a almorzar a Selgua o a Colungo. Pero este año han venido muy mal dadas. Juanlu y Pablo también estaban por ahí aunque su objetivo era hacer la marcha larga. Así es que tras un breve encuentro en el que nos saludamos con los típicos bramidos en los que intercambiamos impresiones cada cual marcha a su lugar en la salida.

El nuestro es muy atrás no se sabe muy bien porqué. Una vez salimos los últimos de la Behobia. Con el payaso que va en bicicleta animando al personal y el coche escoba justo detrás. Pero éramos conscientes de ello y de la algarada que estábamos perpetrando. Y realmente no estábamos para ir mucho más adelante con nuestra fantabulosa velocidad de crucero de muñeca de Famosa. Esta vez no. Esta vez no lo vimos venir y es lo que me tiene preocupado. Cuando fuimos conscientes de que la gente que nos adelantaba por todos lados nada más salir no eran mejores que usted, querido lector, o que yo, humilde tuercepedal, y que eran los últimos restos de la serpiente multicolor llegamos a la conclusión tras 3 miserables kilómetros de marcha que estábamos bien jodidos.

Previamente, algo así como unas pocas decenas de metros tras tomar la salida, Juanlu había reventado la cubierta de la rueda. No la cámara, no. La cubierta. ¿Mala suerte? Los cojones. Cuando sales del coche directo hacia la salida y te das cuenta de que te has dejado la brújula (Juanlu no lleva cuentakilómetros, lleva brújula. Y astrolabio) y tienes que dar media vuelta a buscarla, y luego vuelves a ponerte en la salida y cuando dan el pistoletazo te das cuenta de que ¡no llevas los botellines! pues lo normal es que lo siguiente sea petar una cubierta de la bici.

El caso es que allí estamos. Con el coche escoba en la culera. Antes de llegar a las Ventas de Santa Lucía. En esta blog se han descrito penurias montando una bici o calzando unas zapatillas pero habitualmente han ocurrido cuando el depósito de combustible estaba ya vacío y no había de donde sacar. Pero esto era diferente. En la ecléctica grupeta que antecedía a la ambulancia se escuchó aquello de "no se preocupen, señores, que vamos últimos pero alguien tiene que serlo". Pues a mí por una vez no me apetecía serlo. Lo he sido en la Behobia, en la media de Barbastro, en la liga de fútbol 7 o como se contó hace poco en la Monegros. Pero no de esta manera, saliendo entregado desde el principio no.

Así es que me puse a tirar. Me traía sin cuidado reventar antes de llegar a Campo. Estas marchas son para disfrutarlas y eso implica parar en los avituallamientos, echar la charrada y rodar en grupos enormes. Para ir solo con cuatro gatos desde el kilómetro cero ya está el resto del año. La perspectiva de ir a trote cochinero con nadie por delante y nadie por detrás no me atraía en absoluto. Poco a poco fuimos atrapando alguna que otra grupeta pero nada que pudiera parecerse a esos pelotones inmensos plagados de señores vascos sesentones que pedalean como titanes o zagalas alegres y risueñas que reconfortan el alma y el corazón. Tan sólo frenaba un poco cuando Nachete o Truli renqueaban un poco. El uno porque no ha cogido la bici tan apenas este año y el otro porque era novato en estas lides.

Antes de llegar a Campo cogimos a Pablo que transitaba con algunos barbastros y un gacho con el traje rosa del Squalo Nibali a ritmo allegro ma non troppo. Que estaba esperando a Juanlu ya que al final un alma caritativa le había arreglado la rueda y haciendo un Balito Sepúlveda de quince kilómetros al que la organización no se había interpuesto lo habían adelantado en furgona. Así es que nos unimos a este grupo de tuercepedales ya sabiendo que al menos la cosa va cogiendo algo más de forma respecto a ediciones anteriores.

Sin embargo poco después de llegar a Campo alcanzamos a uno de esos grupos a los que a todas luces les han debido de regalar la inscripción ya que visten todos de la misma guisa con los colores de uno de los patrocinadores de la prueba. Me veo venir la jugada y el tiempo me da la razón. Es al llegar a la zona de repechos y curvas con las que comienza el congosto del Ventamillo cuando acontece la jugada. En esas bajadas (señalizadas como peligrosas) en las que el interior de la curva limita con una pared de roca viva, se lanzan como posesos para en el siguiente repecho pararse como si fueran de paseo ocupando todo el ancho de la calzada como si fueran abuelas caminando por la Boquera. Bajan como locos obligando al personal a apretarse contra la pared o el pretil y luego cuando hay que pedalear van a la marcheta. Pues hasta luego.

Por el poder que me otorga la equipación Lotto de Santo Tomas de Gendt demarro del grupo en cuanto se hace un hueco y me jamo el congosto solito. No están Jesús ni David ni tan siquiera Héctor para hacer la jabalinada de rigor consistente en dejar tirado al resto y marchar hacia delante sin conocimiento alguno. Y yo que los he puesto a caldo tantas veces por cometer esas globeradas voy y hago lo mismo. Alguien tenía que hacerlo. Y en el transcurso de la fuga como, bebo y me hecho algún que otro cuesco con total tranquilidad. ¿Que a lo mejor reviento? tanto me da. Allí en mitad del congosto tengo una visión espectral. Un gacho ataviado con un maillot de la Agencia Tributaria. Las huestes de Montoro dándole al pedal. No, es un colombiano vestido de arriba a abajo con la equipación del Café de Colombia-Pilas Varta. Le grito un vamos Colombia con cojonera y sigo la escapada hasta Castejón.

Allí paro porque este año han tenido la sensata idea de montar un avituallamiento líquido aunque siguen teniendo la idea de bombero atómico de poner el primer avituallamiento sólido en el km 70 cuando la gente ya va desganada. Mientras estoy allí bebiendo pato WC aparecen el resto de tuercepedales dando por concluida la primera de las fugas. Llega hasta Juanlu quien transitaba en posiciones traseras de la marcha. Mientras yo emulaba a Tomaser de Gendt estos otros se han chupado el congosto con el colombiano el cual ha sido su particular campeón del mundo, aquel que nos encontramos en la PaxAvant.

Les ha contado que tiene cincuenta y pico años, cinco hijos, seis nietos, una mujer, una novia y una amiga especial. Ellos le han dicho que parece que lleve el maillot de la Agencia Tributaria y él les ha puesto la cabeza como un ternero. Ha existido la sospecha de que se trate de una de aquellas viejas glorias que desembarcó en el ciclismo internacional hace más de treinta años pero pronto nos daremos cuenta de que no.

El caso es que empezamos el col de Fadas otra vez medio mezclados una parte de barbastros, el grupo de tuercepedales y Agencia Tributaria con Squalo Nibali por ahí incrustados. Tras un rato de charleta Pablo y Juanlu se van quedando. El colombiano y el squalo se quedan. Motor Perkins Nachete va gripando el motor y para a mear. La mezcla de sulsimiento y hambre hacen masa en mi cabeza y le pego el segundo serruchazo del día al bueno de Truli y marcho en solitario en pos de la cima de Fadas y lo que está más lejos aún, el jodido primer avituallamiento.

Truli me alcanza en la pequeña bajada de transición, como era de esperar, pero vuelvo a escaparme en el repecho hacia Laspaules. Llevo más hambre que el perro de un ciego. Llego al avituallamiento y me cago en los conejos de madera. No hay salado. ¡No hay salado! El enfado me dura lo que tardo en descubrir que una marcha diferente a la cosa mierdera que estamos perpetrando los tuercepedales es posible y está ahí delante. Pelotones nutridos de ciclistas de esos en los que uno se incrusta para viajar sin dar una sola pedalada e incluso un grupo de mozas todas arregladetas con la misma equipación verde de Scott. Esa marcha diferente que se va escapando ante mis ojos mientras me veo obligado a reponer nutrientes del enorme y vacío depósito que me grita: "¡Detente y dame de comer y de beber, cerdo!".

Cuando el depósito da el visto bueno ya es demasiado tarde. Ante mis ojos no queda nada de lo que había al llegar. Todo parece haberse desvanecido como un sueño o un espejismo. Por contra ha llegado el grueso tuercepedal el cual parece que va a pasar una buena temporada en el avituallamiento el cual por otra parte se encuentra en proceso de desmontaje. Oye, yo me voy bajando si eso, ya me pillareis.

Como era de esperar en la bajada no alcanzo a nadie. Sin embargo a mí me alcanzan Agencia Tributaria, Truli, el resto de tuercepedales... Se da por concluida la tercera escapada del día y comienza el ascenso al col de Bonansa. Truli va haciendo camino y yo paro a pichar. Me alcanza Pablo mientras Nachete y Juanlu penan por detrás. Hace mucho calor y los amagos de calambre van haciendo aparición así es que nos lo tomamos con mucha calma. Agencia Tributaria peta una rueda a tres de cima aunque sospechamos que también lleva petado el motor. Va a ser que este no fue gregario de Lucho Herrera.

Llegamos a cima y al segundo avituallamiento. Aquello es Bonansa pero podría ser perfectamente la playa de Dunkerque en la segunda guerra mundial. Gente tirada en las márgenes como si fueran sacos de estiércol. Un calor del demonio. El avituallamiento en proceso de desmontaje. Los voluntarios sacando los culos de las sandías porque los trozos buenos ya habían volado mucho tiempo atrás. Somos la cola de la cola del pelotón. Al rato llega Juanlu y aún más tarde aparece Nacho quien ha tenido que desmontar de la bici porque tenía calambres. Nacho. El mítico Motor Perkins con una puñetera Luchon-Bayona en sus piernas llega con los ojos hundidos en las cuencas como si hubiera transitado por el mismísimo infierno. Todos vamos con amagos de calambres. Llega Agencia Tributaria después de reparar sus múltiples pinchazos. Vulca contra una margen mientras está frenando la bici.

Oye, yo me voy bajando si eso, ya me pillareis. Me jode muchísimo por Nachete. Lleva mala cara aunque es duro como un tejón. El resto de tuercepedales lo cuidará bien. Debería quedarme a ayudarle como él ha hecho tantas y tantas veces conmigo pero ese escenario de campo de batalla me está poniendo enfermo. Y yo también voy con calambres. O escapo o seré alimento para el hombre del mazo. Si he de reventar que sea con esta gente por detrás.

La idea inicial es hacer el revirado descenso de Bonansa en solitario para no pasarlo mal. Sin embargo cuando llego al cruce de las Vilas y sigo yendo solo el poder que me otorga la equipación del Lotto vuelve a hacer masa en la cabeza y pergeño un pequeño entretenimiento movido por la soberbia. Hasta este momento me he fugado de mis amigos un poco por ira, otro tanto por gula, hasta por un poquito de lujuria. Ahora me ataca la soberbia de llegar a meta sin que ellos me alcancen. Pero en el fondo la culpa es de Truli.

Cierta vez, en una de esas conversaciones de barra de bar que hay que terminar zanjando con alguna imprecación a los cielos o dando la callada por respuesta este hombre afirmó, sin base empírica alguna que era lo que me reconcomía y lo que fue motivo de discusión, que desde el cruce de Las Vilas hasta Graus se podía bajar (en grupo) a una confortable media de 50 km/h. Mi posición era que ni tan siquiera un grupo de trotones conformado por lo más granado del espigado pelotón de gerifaltes centroeuropeos podía rodar a esa media en ese terreno, no digamos ya el participante random de una Puertos, no digamos ya un humilde tuercepedal. La suya era erre que erre que los 50 km/h se hacían facilmente.

De modo que por un lado tenía la opción de esperar en la cuneta a que llegaran estos y por el otro lado tenía la otra opción de seguir en solitario hasta Graus intentando echar por tierra la teoría de Truli. Opté por la segunda. Ante mí tenía más de treinta kilómetros con algo de viento en contra. Sin brújula ni astrolabio, ya que un día se gastó la pila y descubrí que vivía más feliz pedaleando sin ese instrumental. Nadie por detrás, nadie por delante. Ningún coche de la organización. Por momentos pensaba que si había cogido algún cruce mal por equivocación. No lo llamen épica, llámenlo cabezonería por favor.

Más amagos de calambre y sorbos de pato WC para mitigarlos pero allá a lo lejos, después de llevar un buen rato en la más absoluta soledad, veo un grupo de tres jinetes. Miro para detrás y del grupo comandado por Truli que debería bajar a la velocidad del rayo no se ve nada. Así es que sigo adelante a ver si cazo a los tres de delante. Tengo que tomar un gel. Rebajado a la humillación de tener que tomar uno de esos brebajes del demonio porque los amagos de calambre no me dejan tranquilo pero las ganas de desmontar la teoría de Truli son más fuertes que la aversión por los geles. Cuando llego hasta el trío de jinetes el cuadro es esperpéntico. Van los tres en paralelo ocupando todo el ancho. Ni un intento de relevo ni nada, van muertos. Me pongo delante a tirar a ver si se animan y en el primer repecho no hacen ni la intención de seguir así es que vuelvo a estar solo.

Al final llegando a Capella alcanzo a otro grupo que parece que vuelva de la guerra. De cinco gachos tan sólo hay uno que vaya conforme. Los otros cuatro van más jodidos que patabanco así es que tras contarles que yo también voy con calambres me acogen en su seno unos kilómetros. Hasta que llega el primer repecho y allí me doy cuenta de que yo voy jodido pero ellos van muertos, hay un desplome del grupo monumental y tiro para delante. Oye tú, y tus calambres, pregunta el que iba conforme. Hombre, son amagos, mira que pierdes al personal. Tranquilo, ya me quedo con ellos tú tira adelante. Y tiro.

Miro para detrás y del flamenco grupo liderado por Truli que debería estar bajando a 50 km/h dejando una estela de fuego bajo las ruedas no viene ni el tato así es que pedaleo con más furia viendo que mi acto de soberbia va a llegar a buen fin. Llego al polígono y adelanto a gente hasta por la gravilla de la cuneta. Yo peto pero los de atrás no me cogerán. Y así es.

Llego a meta después de una fuga (consentida) de 50 km tras intentarlo otras tres veces en el transcurso de la etapa. Digno de Tomaser de Gendt. Tras esperar cinco minutos empiezan a llegar el resto de tuercepedales. Excusas varias y diversas, es que hemos estado tirados en la yerba mucho rato, es que hemos bajado despacio, es que, es que... la teoría de los 50 km/h tirada por los suelos por el cabezudo que esto escribe y me vienen con que se estaba muy bien tirado en la yerba.

Al final nos zampamos los raviolis de las abuelas de Graus. Ese elemento que nunca cambia respecto a otras ediciones y que espero que no lo haga jamás. Aunque la charrada y la sobremesa esta vez es más corta que otras veces, hace mucho calor. Así es que tras apurar la comida y ver a Agencia Tributaria con su extensa prole disfrutar del ágape, marchamos para casa. Por no hacer no nos hicimos ni fotos del evento de lo cansados que estábamos. Al resto de tuercepedales yo al menos los eché mucho en falta. Ojalá que para otro año volvamos a estar un ciento.

Nota mental para el año que viene. Revisar la bici la semana de antes. Zamparse la Puertos con una de las zapatas de freno rozando cada dos por tres desde el primer kilómetro es un poco molesto. Ir sin brújula no sólo es tolerable sino que es un gozo pero lo de la zapata es molesto. No me pregunten por qué no paré en ningún puesto de asistencia a solucionar el percance. No sabría decirles.

Tomaser de Gendt, el Santo el de verdad, ha ganado este domingo en la primera etapa de la Dauphine Libere tras escapada piteril. Este hombre sí que es épico y todo cojonera. ¡Bien por Tomaser!


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Prontuario de muros, cuestas, altos, puertos y colosos

Durante mi errática actividad tuercepedal he tenido el inmenso placer de pedalear numerosos puertecillos que pueden ser catalogados de las diversas formas que ilustran el título de la presente entrada. No se muestran todos los que hubiera querido ascender en estos más de cuatro años desde que empecé a salir con el velocípedo de andar deprisa, pero todos los que se mencionan han sido subidos con la Orbea Aqua y las garrillas del que esto escribe. Además de los datos numéricos de longitud, desnivel, pendiente media y coeficiente de altimetría en cada subida he querido dar una breve descripción de la misma. No una descripción objetiva como la que se pueden encontrar en multitud de sitios mucho más serios que esta blog sino una descripción personal. Sirva para recordar los buenos, y los malos, momentos pasados en esas en ocasiones cimas míticas y para que los Tuercepedales con los que he tenido la suerte de compartir esos momentos vayan haciendo ganas de cara a la nueva temporada que se acerca poco a poco.



MUROS (4ª)
En este apartado se engloban aquellos tramos de carretera de pendiente elevada y longitud corta. Por sí solos no son tramos complicados pero si se acometen tras unos cuantos kilómetros en las piernas son como cuando te cantan las cuarenta... que no joden pero atormentan.


Andrei Tchmil, entrevistado por Rik Vanwalleghem (en francés):

"Le Mur?"

"Aaaah.... le Mur."

"Le Mur... c'est ... le Mur."

"Il est dur."

"Le Mur ?" '...'

"C'est sur."

(¿El Muro?       Aaaah ... el Muro.     El Muro... es... el Muro.       Es duro.       ¿El Muro? ...        Eso seguro)


El Ariño: arriba no hay un cartel, ni un monasterio, ni un pueblo. No es un alto al uso y para más inri se trata de una puñetera recta de nacional. De kilómetro y medio al seis por ciento. Desquiciante. Yendo fresco el trago se debe de poder solventar con cierta elegancia pero por su situación se presta a ser pedaleada (al menos en mi caso) en sábado de primavera a mediodía con el sol cayendo a plomo y tras cinco horas de vuelta. El muro del Pueyo es peor, pero dura menos. Esto es diferente. Es algo terrorífico, indescriptible.

Longitud: 1,5 km. Desnivel: 90 m. Pendiente: 6%. Coeficiente: 15

Jesús cuando tuvo la primera epifanía subiendo al Tourmalet, detenido por el padre de Nacho para avituallarlo. La segunda fue en San Pelegrín pero no hay documento gráfico del abuelo que lo adelantó mientras cogía caracoles. Desde que ocurrieron estos hechos, pedalea para hacer hambre

El Pueyo: desde el cruce de la nacional hasta el monasterio hay dos kilómetros mal contados. Y casi todo transcurre por falsos llanos hasta llegar a la ermita de San José. Es en ese punto donde una rampa prolegómeno de lo que habrá más arriba nos lleva hasta la placeta del Sol. Descanso en forma de moderadas pendientes y a falta de doscientos metros para el final la traca en forma de rampa con pendiente progresiva hasta que rebasa el 15%. Subir con la BTT se hace duro siempre, con la de carretera son doscientos metros en los que ni tan siquiera un piñón del 29 es suficiente para superar con dignidad semejante pared.

Longitud: 2 km. Desnivel: 90 m. Pendiente: 4,5%. Coeficiente: 19

Dos que jamás han concebido el pedalear sin el zampar

Alberuela: viniendo desde Bierge pedaleando entre barranquizos de repente hay que salvar un imponente muro si se quiere llegar hasta Adahuesca. Se trata del muro de Alberuela. No es más de un kilómetro y medio pero si la vuelteta se ha alargado hasta pongamos por caso, Rodellar, la vuelta se hará durilla en este punto. El bueno de Abi puede dar constancia de este hecho. El fin de la subida la marca un cartel pero que no tiene que ver con ninguna indicación de puerto alguno. Tramo de la cabañera Mequinenza-Broto, ahí termina el muro.

Longitud: 1,5 km. Desnivel: 115 m. Pendiente: 8%. Coeficiente: 30


Alquézar: una vez llegados al cruce del puente de Colungo viniendo desde Huerta existen dos opciones. ¿Izquierda o derecha? Si voy acompañado lo más normal es girar a la derecha con almuerzo incluido. Si voy solo lo habitual es que tire hacia Alquézar. Es un pechugazo importante en forma de dos rampas bastante serias separadas por un kilómetro de falso llano de transición aunque llegar a la plaza del pueblo siempre vale la pena. Tanto en el paso por la gasolinera como, más tarde, antes de llegar a la rotonda de entrada al pueblo hay que levantarse a hacer bailar la bicicleta y como la ocurrencia de ir hasta allí suele surgir en lo más crudo del invierno la imagen de ver a un tipo pedaleando como Contador forrado de ropa hasta arriba sudando como un energúmeno tiene que ser lamentable. Pero el plátano y las chocolatinas que caen después contemplando la colegiata y el paisaje saben a gloria.

Longitud: 3 km. Desnivel: 170 m. Pendiente: 5,7%. Coeficiente: 32



CUESTAS (3ª)
Más distancia que un muro pero con menores pendientes.


Greg Lemond, sobre el entrenamiento:
"No se pone más fácil, sólo te haces más rápido."

Adahuesca: posiblemente el primer gran reto con el que se enfrenta todo tuercepedal que se precie. En mi caso, tras unos escarceos hasta Huerta o Pozán, así fue. El primer puerto en velocípedo de andar deprisa, la primera cuesta de consideración. Como no podía ser menos el maestro de ceremonias en aquel rito de iniciación fue David R. La primera enganchada de gemelos y la primera atufada buena. Lo bueno es que a la segunda visita uno se da cuenta de que si se sabe mantener una cierta cadencia las ruedas de ese maravilloso invento conservan una inercia con la que se sube más rápido y (parece que) más descansado. La bici casi siempre es bien agradecida.

Longitud: 3 km. Desnivel: 140 m. Pendiente: 4,7%. Coeficiente: 19

David dejando atrás La Mongie. Sube por ahí como quien sube a Adahuesca

Burceat: tiene alguna rampa maja. La subida tiene muchos falsos llanos pero le tengo mucho aprecio por ser un lugar socorrido cuando hay mucho viento o amenaza lluvia. Esos días unas subidetas a Burceat te apañan la tarde. Desde luego ahora la subo más rápido que cuando con doce años nos sacamos de la manga una vuelta por etapas con el hermano pequeño del sr Ornitorrinco y demás pirados de la bicicleta que había en clase. La ascensión a Burceat formaba parte de una de las etapas reinas y el recuerdo de aquellas peripecias se resume en una palabra: dolor. Pienso que es una carretera infravalorada por el grueso tuercepedal local pero su escaso tráfico, su inmaculado firme y las vistas que se tienen de camino allí no lo merecen en absoluto.

Longitud: 4 km. Desnivel: 120 m. Pendiente: 3%. Coeficiente: 19

El sr Ornitorrinco en una de las galerías del Tourmalet. Así de duras se hacían las subidas a Burceat con doce años

Cregenzán: un caso parecido al de Burceat. En realidad el tramo hasta allí podría ser considerado como parte del alto de Salinas (o ni eso porque luego la carretera pese a ser ascendente no tiene una pendiente elevada hasta más adelante). Pero en esos días malos de cielo encapotado en los que hay que salir para desfogar esa carretera es apropiada. En este caso particular la dureza no la impone la pendiente sino el ritmo que se le quiera dar. A excepción de la rampa del club de tenis el resto se puede hacer dándole pandereta a los pedales de modo que cuando se llega a la bodega se coge el descansillo bien a gusto.

Longitud: 4 km. Desnivel: 120 m. Pendiente: 3%. Coeficiente: 19


Hoz: entre Coscojuela de Fantova y Hoz de Barbastro hay una bajada al barranco y una subida al pueblo. La subida es mala pero la bajada es peor. En ese puñetero tramo he perdido cuentakilometros, botellines, la compostura, las cubiertas han perdido meses de vida y no ha habido vez en la que no se me haya dormido uno de los pies, o los dos. Me he pelado de frío, me he jodido de hambre, me ha llovido y la última vez al llegar a Hoz tuve que parar en la fuente a echar agua por la cabeza por culpa del calor. No sé porqué pero la mitad de las veces han sido yendo a mano a mano con Jesús en alguna de esas etapas hacia la perdición. Siempre digo que no volveré y todos los años caigo como un zapo un par de veces. Parafraseando a un tal Theo de Rooy al acabar la Roubaix de 1985 cuando le preguntaban acerca de la carrera, de ese tramo se podría decir que "es una mierda... es un montón de mierda... estás sufriendo como un animal, no tienes tiempo para mear y te lo haces encima [por fortuna no he llegado a eso, Theo parece que sí]... vas pedaleando sobre el barro, resbalando [sustituyan barro por asfalto levantado], y... es una mierda... debes limpiarte si no quieres perder la cabeza..." [sustituyan limpiarse por meter la cabeza en la fuente de Hoz].
A lo que el periodista que lo entrevistaba le preguntó que si volvería a correr allí alguna vez. Theo no pudo por más que responder "desde luego, ¡es la carrera más bonita del mundo!".
Ese tramo de Hoz igual no es el más bonito del mundo pero la verdad es que algo tiene para seguir pasando por allí año tras año... a pesar de que sea un montón de mierda.


Longitud: 4,5 km. Desnivel: 170 m. Pendiente: 3,7%. Coeficiente: 24


Coscojuela: entre El Grado y Coscojuela hay una carretera ratonera como pocas. A veces sube y a veces baja hasta que llega un momento en que solamente sube entre curvas y revueltas rodeadas de pinos. Mejor en invierno que en verano. Mejor con agua que sin ella. Si se lleva comida y no se tiene que ir rebuscando por los rincones de la bolsa alguna chocolatina caducada la experiencia puede ser maravillosa.

Longitud (desde El Grado): 7 km. Desnivel: 210 m. Pendiente: 3%. Coeficiente: 29


Eripol: sólo lo he franqueado en una ocasión. Camino de Boltaña por la carretera de Arcusa, recién almorzado, con la cabeza como un ternero e intentando alcanzar a la grupeta. Por tanto los recuerdos no son gratos. De hecho aparte de boquear en unas rampas que objetivamente no merecían semejante despliegue de esfuerzo no recuerdo mucho más. Los buenos de Héctor y Jordi se pusieron a la par intentando dar conversación culminado el descenso pero yo no hacía más que mandarlos a escaparrar. No era mi día. Me gustaría volver con más tranquilidad.

Longitud: 7,5 km. Desnivel: 180 m. Pendiente: 2,4%. Coeficiente: 31

Este día era Jordi el que no estaba para muchas historias

La Canal: es un puerto cortito pero atractivo. Partiendo desde la central hidroeléctrica de Barasona lleva hasta La Puebla. Tiene alguna rampa exigente pero se hace sin problemas, si fuera un pelín más largo subiría enteros porque además el trazado tiene aroma de puerto de verdad. Se puede decir que es de esos escasos puertos que me parece más llevadero que al resto de los mortales.

Longitud: 5 km. Desnivel: 250 m. Pendiente: 5%. Coeficiente: 40


Morrano: desde el salto de Bierge hasta la linde con la Hoya de Huesca la carretera transcurre cuesta arriba siempre mirando el tozal de Guara. Ni tan siquiera sé si hay cartel alguno en lo alto pero para mi es el alto de Morrano. Es como lo que abunda por esas carreteras ratoneras: un punto B que está más alto que cierto punto A por el que se ha pasado antes, lo que transcurre entre medias no siempre tiene pendiente positiva. Es de esas escasas carreteras en las que en un momento dado estás deseando que pase algún coche para que te recuerde que no te has alejado demasiado de la civilización. Cuando se alcanza la cima y se muestra el Tozal al frente es una de esas ocasiones en que uno se alegra de haber tenido la ocurrencia de montar en bicicleta y tiene ante sí uno de los tramos más apistonantes que se puedan hacer en la redolada.

Longitud: 7 km. Desnivel: 250 m. Pendiente: 4%. Coeficiente: 40


Rodellar: caso similar al de Morrano. Yendo a Rodellar desde Bierge se sube hasta un punto indeterminado para después bajar hacia las Almunias. Subida con bajadas y bajada con subidas. Por longitud y pendientes merece ser tenido en consideración. Si se ataca desde las Almunias es bastante más agradecida. Se serpentea entre pinos con pendientes moderadas.

Longitud: 9 km. Desnivel: 320 m. Pendiente: 3,6%. Coeficiente: 54



ALTOS (2ª)
Empiezan a tener cierta complejidad tanto sus subidas como sus bajadas.


Lucho Herrera reflexiona sobre la caída en Saint Ettienne...


"Cuando empezó a caer sangre por todas partes, por el manubrio, por las piernas, y empecé a sentir ese ardor por culpa del sudor que me mojaba la herida, solo me dije :“Mierda, me rompí la cabeza, pero si estoy pensando bien, si me acuerdo de cómo me llamo, es porque no voy a morirme”, y le di con más berraquera..."




San Roque: subir desde El Grado es una gozada, bajar ya es otra historia porque la carretera se vuelve muy botosa (de manera extraña esa molestia no ocurre subiendo). Y al revés, subir desde Graus es un pequeño infierno por los tramos de falso llano en los que suele pegar el aire de cara pero bajar por esa vertiente está muy bien. Resumiendo: desde El Grado hacia Graus, gozada; en sentido contrario, aireras subiendo y dolor de manos bajando.

Longitud (desde El Grado): 5,3 km. Desnivel: 260 m. Pendiente: 5%. Coeficiente: 38



El Pino: el día que el MOPU decida reasfaltar este mítico puerto de la geografía altoaragonesa a lo mejor desciende un escalafón. Pero por ahora su vertiente de Naval tiene el dudoso honor de poseer una de las peores acometidas que se puedan hacer a puerto alguno. Ese tramo que discurre antes y después del desvío a la Virgen de los Dolores es insufrible. En uno de esos parcheados que le hicieron a la pobre carretera el alquitrán quedó en forma de olas de manera que cada vez que las ruedas de la bici giran una vuelta completa ascienden y descienden una de estas ondulaciones. De modo que esa cuesta se sube y se baja como mil veces. Y el tiempo hace que uno se olvide hasta que vuelve a la carga de ese querido alto y se choca de morros con la triste realidad. Luego la cosa mejora. Y se disfruta.

Longitud (por Naval): 5 km. Desnivel: 260 m. Pendiente: 5,2%. Coeficiente: 45

Longitud (por Abizanda): 6,6 km. Desnivel: 240 m. Pendiente: 3,7%. Coeficiente: 35



Laza: no es un puerto muy duro pero por su ubicación en el pirineo navarro y las circunstancias en que se ascendió a mí siempre me parecerá más de lo que es. El paisaje es precioso, la carretera no tiene mácula. Si es el aperitivo de 40 km de puertos se ataca con cautela y las piernas como tablones, pero es un puerto amable. Me gustaría repetirlo algún día con una menor carga y responsabilidad por delante. En sus faldas vi a un inglés con el maillot cargado de botellines de Estrella Galicia subiendo alegremente. Y en su cuneta animando una moza a la que el grueso de tuercepedales tuvimos que hacerle saber lo puñeteramente guapa que era. Muy grato recuerdo.

Longitud: 7 km. Desnivel: 260 m. Pendiente: 3,7%. Coeficiente: 46


San Caprasio: es un alto extraño. Las subidas tienen bajadas y las bajadas tienen subidas. Y muchos falsos llanos. Aparte su descenso por la vertiente de Asque es muy traicionera. Todo tuercepedal que se precie ha tenido algún susto, percance o ha besado el suelo en dicha bajada con mayor o menor fortuna. Y es que está plagado de curvas ciegas en las que si no se baja con precaución se puede acabar en el barranco o atropellando un coche. Servidor hizo lo segundo cuando se disponía a hacer lo primero en una de esas acciones en las que uno no sabe si ha tenido mala suerte por caerse o buena por hacerlo justo cuando pasaba un coche que taponó el camino hacia el quitamiedos y al fondo, el barranco. La duda te la despeja el médico de guardia que te atiende en urgencias y que tras radiografiarte medio cuerpo para comprobar que no te has roto nada ni te has reventado algo por dentro te dice: chaval, no sabes la suerte que has tenido.
Pues eso, recuerden que los puertos además de subirlos hay que bajarlos llegando entero a casa. Y San Caprasio todo lo que tiene de bonito lo tiene de traicionero.

Longitud: 15 km. Desnivel: 360 m. Pendiente: 2,4%. Coeficiente: 52

También hay que decir que el San Caprasio ha deparado momentos gloriosos

Torreciudad: hay un antes y un después en este puerto. Ahora se encuentra reasfaltado y aún siendo duro por la violencia de algunas rampas el entorno obra milagros (haciendo referencia al paisaje, no más) con un buen piñón del 29 se sube. Antes, había dos kilómetros hasta llegar arriba en una suerte de pista de grava, asfalto destrozado, que no había dios que subiera sin acordarse de todo el santoral. Esos dos kilómetros, con pendiente en torno al 8% pero rampas puntuales más fuertes, se hacían eternos. El pechugazo justo antes de llegar a la explanada del santuario sigue estando y estará por los siglos de los siglos.

Longitud (desde El Grado): 6 km. Desnivel: 300 m. Pendiente: 5%. Coeficiente: 59
[resulta complicado calcular el coeficiente de este puerto ya que tiene atravesado un kilómetro de bajada que lo desvirtúa; si se divide en dos tramos...]
Tramo 1: 2 km, +140 m, al 7%, coeficiente 26
Tramo 2: 3 km, +190 m, al 6,4%, coeficiente 39


Salinas: un clásico entre los clásicos. Una vez superada la fase de iniciación que comprende la ascensión a Adahuesca el tuercepedal común suele buscar nuevos retos. Uno de ellos es San Caprasio pero tiene el inconveniente de que para llegar hasta sus faldas hay que acercarse hasta Colungo. Y la broma entre ida y vuelta se va a los 70 km. Y un tuercepedal en fase 2 es cauto y temeroso así es que decide afrontar menos riesgos subiendo por la Cabañera. Y cuando sube una vez hasta Salinas ya queda prendado para siempre. Tanto en primavera como en invierno es un gozo. Cuando hace calor esa carretera no plantea los problemas de atrapar mosquitos por doquier que merodean por otros trayectos. Y en invierno las vistas de Cotiella y el Turbón con nieve merecen el esfuerzo. La vertiente que discurre hacia Naval fue descendida en cierta ocasión junto a Jesús en medio de una tormenta de granizo. Lo peor no era el golpeteo de la piedra en todo el cuerpo a excepción de la cabeza protegida por el casco ni las riadas de barro que había que sortear. Lo peor eran los gritos de alegría que iba profiriendo Jesús ante semejante percal.

Longitud (cara sur): 15,5 km. Desnivel: 415 m. Pendiente: 2,7%. Coeficiente: 59

El día de autos justo antes de que comenzara a caer la mundial. El cielo no se ve negro porque ya estábamos en el centro de la tormenta

Serrate:
 otro puerto que ha sido ascendido en dos modalidades, asfaltado y sterrato. Asfaltado más que duro se hace cansino. Los tres primeros kilómetros con porcentajes en torno al 8% se hacen cansinos por la anchura de la calzada y sus pocas o inexistentes curvas. Un tuercepedal lleva mal esta circunstancia, necesita abstraer su mente para engañar a su depauperado físico. Y es una pena porque el entorno es bonito pero la carretera es fea. Muy fea. Si como es el caso de la primera vez que subí ese puerto, la carretera está en construcción y el asfalto es sterrato o grava, las cotas de placer llegan a niveles inenarrables. Nivel de chemeco similar a última rampa del Pueyo, final de Torreciudad o el infierno de la Pierre (ya llegaremos a la Pierre, ya).


Longitud (desde Campo): 7 km. Desnivel: 310 m. Pendiente: 4,6%. Coeficiente: 60

Pablo subiendo sobrado el Serrate ¡sin manos!

Descendiendo Serrate en mi primera Puertos. David al frente tirando como un espigado gerifalte. Jesús a su rueda. Nachete intentando contactar

Nachete en pleno esfuerzo y yo detrás en labores de persecución ¡y sin comida!

Betorz: desde el cruce de viniendo de Bárcabo o de San Caprasio parte esta estrecha y bonita ascensión. Tanto Lecina con su encina milenaria y curiosas casas así como el mismo pueblo de Betorz merecen una ascensión tranquila y pausada para disfrutar de ese perdido foricachón del Sobrarbe. Dice la leyenda que cierta vez Pablo y Juanlu almorzaron en la casa de un señor mayor ahí en el pueblo tan sólo por el mero hecho de que le cayeron simpático. También en esas rampas Jesús se pegó un costalazo de impresión motivo por el cual la bajada es de las que se hace con tiento. Y la subida pues tiene alguna rampa que agarra. Mucho.

Longitud: 6,5 km. Desnivel: 350 m. Pendiente: 5%. Coeficiente: 62


Petralba: un curioso caso. La Treparriscos no lo considera como puerto y luego llega la Vuelta y le casca un tercera. Desde esta blog ya se alentó en su día la colocación de un cartel en lo alto que de fe de que eso es un señor puerto. Si lo llaman Petralba o Zagala del Furco ya es indiferente. El caso es que el comienzo de este alto (viniendo de Fiscal) es una rampa como la del Ariño pero a más del 8%. Y algo más larga. Entre estos pseudo puertos que se clava últimamente el MOPU y trazados como los del Stelvio ¿no podría haber un término medio?. En coche muy práctico y tal pero a efectos de velocípedo son insufribles. Se da la curiosa circunstancia de que ese rampote al 8% siempre lo he subido con Jesús mientras iba cantando en cuenta regresiva cada cien metros lo que restaba de rampa. Este año por añadir algo más dificultad al número circense sería menester ir engullendo cada cien metros una vaquita de gominola Troli. Cabe destacar que descendiendo este puerto casi me voy al suelo mano a mano con Abi debido a una conversación escatológica. Las chorradas mejor en el llano o subiendo.

Longitud (desde Fiscal): 9 km. Desnivel: 440 m. Pendiente: 4,9%. Coeficiente: 85

Rematando el Petralba

PUERTOS (1ª)
Empiezan las palabras mayores.


Anónimo


"Al ciclista todo le da por el culo, menos el aire"



Panillo: desde Graus hasta el monasterio budista. O la parte ribagorzana del puerto Castillo de Troncedo. Con Héctor subimos una vez desde Graus mano a mano una mañana dominical de primavera. Para este año no sé si lo engañaremos para tales proezas porque se encuentra enfrascado en otro tipo de actividades deportivas pero si cuelga el velocípedo se le echará mucho de menos. La primera rampa hay que tomarla con mucha filosofía porque ni es corta, ni floja ni bonita. Luego ya la cosa mejora mucho. Tanto que uno se pregunta dónde está el resto de la civilización. Bajando por la misma vertiente ha sido una de las escasas veces en las que con la bici a más de setenta por hora he notado extraños en la rueda trasera. Detalles que ya no ocurren después de meterse una buena chufa y bajar con más conocimiento.

Longitud: 9 km. Desnivel: 440 m. Pendiente: 5%. Coeficiente: 78


Troncedo: desde Formigales hasta Troncedo. O la parte sobrarbense del puerto antes indicado. Algún día tengo que subirlo entero. Esta parte me parece más bonita que la otra aparte de que ofrece mayores posibilidades en cuanto a desvíos hacia otras ramificaciones del puerto. Un sitio muy pero que muy tranquilo por el que pedalear sin prisa.

Longitud: 4,5 km. Desnivel: 280 m. Pendiente: 6,2%. Coeficiente: 65


Laguarres: la primera vez que subí un puerto que se asemejaba a uno de vuelta ciclista. Inicio más o menos tendido aunque ni mucho menos suave. Fase de curvas y revueltas ganando altura con buenas vistas de la Ribagorza, zona de ligero descanso y último kilómetro durillo para coronar. Once kilómetros, un señor puerto. Bonito y sin tonterías.

Longitud (por Laguarres): 11 km. Desnivel: 570 m. Pendiente: 5,2%. Coeficiente: 95

Bajar el Laguarres y parar a avituallar en Graus. Una liturgia que ya no se puede hacer con el (necesario) cambio de recorrido de la Puertos



Fadas: recuerda al anteriormente descrito, son similares en su desarrollo (de hecho sus números son calcados) aunque por la zona de la Ribagorza en que se erigen pues es más bonito este último. 

Longitud (por Castejón): 11 km. Desnivel: 580 m. Pendiente: 5,3%. Coeficiente: 96



Bonansa: mismo nivel de esfuerzo que su vecino Fadas en algo más de la mitad de subida. No se hace demasiado duro debido a las vistas de curiosas formaciones geológicas y los túneles que se atraviesan. Está dentro de la categoría de puertos que son auténticos pechugazos pero que he tenido la suerte de pedalear al ritmo pausado de Nachete.

Longitud (por Castejón): 6,2 km. Desnivel: 440 m. Pendiente: 7%. Coeficiente: 93

Héctor y Abi subiendo Bonansa

Con Nacho chino chano


Hourquette d'Ancizan: posiblemente el puerto más bonito de toda esta colección. Se habló largo y tendido en la última entrada de la blog de esta carretera que atraviesa verdes praderas repletas de vacas, caballos, caballos y burros.

Longitud (por Payolle): 10 km. Desnivel: 480 m. Pendiente: 4,8%. Coeficiente: 98




Cotefablo: otro puerto con hechuras de grande. Además las circunstancias acompañan cuando se sube en la Treparriscos. Comenzar en Biescas en la plaza atestada de gente. Y seguir subiendo con muchos tramos llenos de animación. Uno se hace la idea aunque sea muy vaga y ligera de lo que debe de ser subir un puerto en una carrera profesional.

Longitud (por Biescas): 14 km. Desnivel: 550 m. Pendiente: 4%. Coeficiente: 106

En la cima de Cotefablo zampando. Como tiene que ser

Nerín: este tramos corresponde a una excursión hecha con Nacho hace tres veranos. Comprendería desde Puyarruego hasta Nerín subiendo por el cañón de Añisclo. El cañón hay que hacerlo alguna vez en bici, no es comparable a pasar con el coche. Y una vez llegados a la ermita de San Úrbez pues hay diferentes alternativas. Como este hombre ha pedaleado ya todas pues tiramos hasta Nerín por el mero placer de echar una cerveza en el bar. La subida hasta entonces muy tendida y agradable se convirtió en una pared de dos kilómetros al 9%. Otro día habrá que continuar hasta llegar a Fanlo.

Longitud: 19 km. Desnivel: 650 m. Pendiente: 3,5%. Coeficiente: 133



Tella: ¡paren las máquinas! Estamos ante un curioso caso. Más de ocho kilómetros a casi el 8%. Asfalto rugoso. ¿Estamos frente a un pequeño infierno? pues no. No es un paseo cualquiera pero se sube muy a gusto. Las vistas de la peña Montañesa y de Ordesa ayudan pero ¿tanto?. Comienzo a pensar que la Orbea Aqua con su piñón del 29 es indestructible siempre que no se rebase una pendiente del 8%. Si se traicionan esos términos su rendimiento, y el de quien la monta, desciende en picado. Y esa debe de ser la razón por la que este puerto duro, aunque de pendiente constante, no se me atragantó porque si no no me lo explico.

Longitud: 8,5 km. Desnivel: 670 m. Pendiente: 7,8%. Coeficiente: 156



Aspin: ¿es un coloso o es un primera? Para gustos los colores. Algo le falta para ser un auténtico coloso y algo le sobra para compartir categoría con el resto de compañeros. El Aspin es... el Aspin. Con niebla se sube muy fácil, con sol es un pequeño horno. La pendiente no es exagerada pero las curvas y revueltas son muy chulas en ciertos tramos. Y al final son 12 km sin tregua que ya pican.

Longitud: 12 km. Desnivel: 780 m. Pendiente: 6,4%. Coeficiente: 158


COLOSOS (HC):
Dolor. Mucha satisfacción al coronarlos (y bajarlos) pero a cambio de mucho dolor.




Peter Kimmage rememorando el descenso del Bagargi en la etapa Bayona-Pau del Tour de 1987


“Vuelvo a subirme a la bicicleta, aturdido pero sólo con chapa y pintura. Había un montón de corredores por todos lados a lo largo del descenso. Una auténtica carnicería. Me uní a Indurain y Kim Andersen. Íbamos bajando por una larga recta a unos sesenta por hora cuando uno de los coches de equipo nos pasó tan cerca que tocó el manillar de Indurain con el lateral. Sólo Dios sabe cómo el español consiguió mantenerse en vertical. Ese último incidente tuvo un extraño efecto sobre mí. Me senté y decidí no correr más riesgos en el descenso. No es más que una puta carrera de bicicletas. Que se vayan a la mierda”


Larrau: el primer gran coloso que subí (y bajé). De hecho por la subida a lo mejor hasta le venía un poco justo entrar en esta categoría pero el simple hecho de tener que bajarlo le hace entrar por la puerta grande. Jamás olvidaré aquellas sensaciones, la subida de una pendiente exigente pero asumible incrustado en una enorme serpiente multicolor dentro de la PaxAvant. Contemplando el espectacular paisaje de los pirineos navarros. La eterna bajada con un viento que desplazaba la bici o la frenaba según la dirección de la carretera. El olor a goma quemada, las zapatas gastadas, los reventones, la gente cayendo en la cuneta. Una locura. La próxima vez si se da el caso creo que echaré pie a tierra a un lado de la carretera y esperaré hasta que llegue el coche escoba para seguir bajando a la marcheta.

Longitud por el lado navarro: 11 km. Desnivel: 690 m. Pendiente: 6,4%. Coeficiente: 131
La Bajada por Francia: 15 km. Desnivel: 1200 m. Pendiente: 8,1%. Coeficiente: 369

Como comprenderán todos aquellos que hayan montado alguna vez un velocípedo de andar deprisa descender esa bajada tiene miga. Las manos duelen de apretar los frenos para intentar, y no lograr, que la bici no se encabrite más de la cuenta por pendientes del 15%.

Juanlu subiendo como un titán el Larrau

Val Louron: la penúltima experiencia con un puerto de verdad. Le quise medir la lomera y me la midió él a mi. No se pueden afrontar tres puertos del Tour de Francia con tres madalenas, dos crepes, una empanada, dos trozos de secallona y un puto gel de mierda con sabor a colonia barata en el cuerpo por mucho que se vaya con la calma. Yo al menos no puedo. No tengo cuerpo para escalar puertos aunque sea lo que más me guste y la maquinaria gasta. La próxima vez que se afronte una etapa de estas características hay que desayunar dos platos y postre, con almuerzo a mitad de la etapa. Y jamás tomar uno de esos geles. El puerto es muy bonito, con fuerzas debe de serlo todavía más.

Longitud (por Azet): 11 km. Desnivel: 740 m. Pendiente: 6,7%. Coeficiente: 165 


Aubisque: el coloso más descansado de todos los que he subido. Tras tres kilómetros de ascensión Jesús y yo ya estábamos echando la primera cerveza. Prácticamente se paró en todas y cada una de las pancartas de la Vuelta que anunciaban algo. Y a falta de diez kilómetros a cima hay una cada kilómetro. Para rematar en Gourette paramos a comer un menú completo de frankfurt con salsa, patatas y bebida. Esta vez el puerto no nos devoró sino que nos lo zampamos nosotros a él. Y en la cima había bar. Muy bien. Fue con mucho lo mejor de aquel día en que fuimos a ver la etapa de la Vuelta. Hay gente que compara este puerto con el Tourmalet pero para mi tiene un puntito menos. El hecho de que en su parte final, de vez en cuando, haya descansillos con porcentajes menores al 8% lo hacen asumible. En monsieur Tourmalet ese descanso no existe.

Longitud (por Gourette): 17 km. Desnivel: 1200 m. Pendiente: 7%. Coeficiente: 255 



Dándolo todo en el Aubisque



Telegrama de Steinès a Desgrange tras inspeccionar el Tourmalet en enero in situ de cara a su inclusión en el Tour de 1910



“Atravesado Tourmalet. Muy buena ruta. Perfectamente practicable”

Octave Lapize a la organización del Tour coronando en cabeza el Aubisque el 21 de julio de 1910 tras cruzar Preyresourde, Aspin y Tourmalet

“Asesinos, sois unos criminales”


Tourmalet: una trituradora de carne humana. Querría subirlo alguna vez con algo de sol, sin niebla. Pero no será como la primera vez ni de lejos. La siguiente vez que vaya puede haber más paradas que kilómetros tiene el puerto. Pero aquella primera vez, por alguna extraña razón, se hizo sin apenas recesos, tan sólo los que el sentido común determinaba antes de que la maquinaria pasara el punto de no retorno y cayera en barrena. Tengo la subida entera bastante fresca en la memoria. Sin embargo hay dos puntos que recuerdo con especial facilidad y uno del que casi no tengo recuerdos. Los dos primeros son el tramo de las galerías y las últimas revueltas antes de cima en especial la rampa con las pintadas de Trebujena. Posiblemente esos tramos contengan las rampas más complicadas del puerto pero recuerdo pasarlo bien. En las galerías porque íba con Nacho diciendo chorradas para ir animándonos en una zona de niebla espesa. "Si no puedes más pedalea más despacio". Esa verdad de perogrullo fue escuchada en ese tramo. Cuanta verdad y dificultad encierra la puñetera frasecita. En las rampas de Trebujena fue diferente. Había sol, se intuía la cima, gente en las márgenes a pie o en bici animando las últimas pedaladas y arriba unos cuantos Tuercepedales aplaudiendo el último esfuerzo. Una agradable sensación. De lo que no me acuerdo bien es de cruzar La Mongie, no sé cómo lo hice para atravesar esa rampa del infierno. Debí desconectar.

Longitud (por Campan): 23 km. Desnivel: 1450 m. Pendiente: 6,3%. Coeficiente: 342 

Expedición al Tourmalet 2014
¡Cima! Reponiendo líquidos al estilo Coppi



Naval-Tourmalet 2015
Aquí haciendo un Coppi por el otro lado



La Pierre de Saint-Martin: esto no es un coloso, es inabarcable, insondable. La Pierre te pega una paliza, te tritura, te golpea. Te da un soberano batán, te exprime hasta que no queda una gota de sudor y cuando crees que no puedes más todavía te quedan diez kilómetros hasta arriba. Son más de dos horas dando pedales cara arriba (quizás sean tres incluso) y lo peor no es la sensación de que las piernas vayan a reventar en algún momento sino que esa carretera es un horno. Cojan una clase de espinin (sí, espinin; aprovecho para de manera gratuita expresar mi hartazgo hacia las palabras running, trekking, spinning o biker; de ahora en adelante en esta blog se expresarán como runin, trequin, espinin o baiquer; ¡a cascala!). Pues eso, cojan una clase de espinin con la sala atestada, las puertas cerradas y los ventiladores apagados. Y cuando estén sudadando como locos en uno de esos ejercicios de cadencia endemoniada no estarán ni medianamente cerca de lo que es cocerse vivo en una de esas rampas del catorce por ciento de la Pierre. De los chemecos  y lamentos, crujir de dientes, blasfemias y pesar sin fin de los compañeros de ruta a través de esa caverna de dolor mejor no hacer mención. Dicen que la primera vez que corres una maratón los recuerdos quedan de por vida fijados en la memoria. Olores, visiones, sabores si se da el caso, sonidos y sensaciones. Jamás he corrido una maratón y dudo muchísimo que alguna vez lo haga pero una vez subí la Pierre en mitad de una PaxAvant. La bucólica visión de aquellas verdes y empinadas laderas con casas desperdigadas contrastaba con la de decenas de tuercepedales tumbados a la sombra intentando dar un descanso al corazón y los pulmones. La gente haciendo eses y equilibrios para poder avanzar a 5 km/h. Las gotas de sudor cayendo en la barra y el manillar de la bici como si se hubiera reventado una cañería. La intensa presión en las sienes no quiero saber por qué razón. El sabor a sal del sudor que bañaba la cara. Las piernas a punto de explotar hasta que de repente ya dejaban de doler y el movimiento era a base de chepazos y chemecos en una suerte de evento masoquista colectivo. Un mozo asturiano que al ver el terror en las caras de los que le rodeábamos iba diciendo que mirásemos puerto abajo para ver de donde veníamos y que todo eso lo habíamos subido nosotros solos. Nadie preguntó cuánto quedaba, por si acaso. La conversación con el campeón del mundo cuando el puerto transcurría por rampas amables, a una eternidad en el tiempo y en el espacio del infierno que se desarrollaba en su parte media. Las rampas después de la estación de ski en las que sudaban hasta los ojos. La foto de cima más chula que tengo con casi todos los Tuercepedales. El sabor del bocadillo de chistorra que cayó en la venta de Juan Pito. Aquel año no sé de donde saqué la determinación para afrontar aquello y más cuando en primavera me pegué la leche del siglo con la bici. A lo mejor eso ayudó. En esta fase tuercepedal llena de lifaras en la que ahora estoy inmerso no sería capaz pero bueno, al menos entonces sí que lo fui.

Longitud (por Kakueta y Soudet): 26 km. Desnivel: 1460 m. Pendiente: 5,7%. Coeficiente: 378; sí, 3-7-8. Veinticinco veces la rampa del Ariño. Ocho altos del Pino. Tres Larraus. Inabarcable.

Tras 24 km de puerto Héctor pedalea entre sonrisas. Grande
A otros nos costó mucho más






Y esto es todo. En este nuevo año que se avecina me gustaría añadir algún nuevo puerto a la colección y aunque muchas veces me gusta y necesito pedalear solo, estos nuevos cromos quiero conseguirlos en compañía. ¡Tuercepedales, cuento con vosotros!  



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