Lo ha vuelto a hacer. Por tercer año consecutivo y por primera vez en la historia del ciclismo, Pitera ha ganado el mundial de fondo en carretera. Cualquier tipo de calificativo se queda corto para describir lo que ha hecho este portento del deporte. Quizás cuando seamos viejos podamos presumir de haberlo visto correr como ahora presumen los que vieron a Merckx, Ocaña, a Coppi o a Charly Gaul. Se podría despotricar, y mucho, acerca del trato otorgado al mundial por parte de nuestra televisión pública pero sería empañar la memorable victoria de este mito viviente del Deporte. No merece la pena. Porque la carrera no se ha podido ver en directo a través de la tele (aunque sí por internet de manera discontinua con un enlace que tan pronto emitía bicis como tenis) pero la hazaña de Pitera pervivirá en la memoria mucho más que esa lamentable cobertura. Pitera se alza de nuevo. El año pasado para ganar una carrera infame, este para reivindicar al ciclismo y a sí mismo tras su injusta expulsión en el pasado Tour de Francia. Es lo más grande que le ha pasado a este deporte desde hace muchísimo tiempo. Gracias una vez más. Gracias, Pitera.
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domingo, 24 de septiembre de 2017
lunes, 28 de septiembre de 2015
Pitera Sagan se pone farruco
Peter Sagan es un ciclista eslovaco que de tanto tiempo que lleva dando guerra parece que tenga ya cincuenta tacos pero sólo tiene la mitad. Para la gente que no sigue el ciclismo es ese tipo que de vez en cuando le da la venada y llega en algún final en alto del Tour de Francia haciendo caballito con la bici.
O aquel enfermo que en el podio de la E3 Harelbeke le tocó el pandero a una de las rubias azafatas.
O ese que un año que le dio por ganar etapas en el Tour, y no llegar segundo, lo celebraba haciendo que corría como Forrest Gump, gesticulando como el Increíble Hulk o, en definitiva, haciendo alguna sobrada de pirado.
Para la gente que nos gusta el ciclismo también es conocido por ser el más habilidoso del pelotón, por ser un tipo diferente con un carácter entre chulo y rural, y porque de veinte etapas de una gran ronda puede terminar entre los tres primeros en ocho de ellas combinando las más diversas disciplinas. No es especialista en nada y es genial en todo. Pero es de los ciclistas que se ganan con creces el sueldo, disfrutando y haciendo disfrutar al personal
Después de clavarse un Tour de Francia memorable consiguiendo el maillot verde de la regularidad sin ganar ninguna etapa pero haciendo entre los cuatro primeros en diez etapas, ¡en diez!, haciendo una verdadera demostración de profesionalidad encima de la bicicleta, apareció por la Vuelta a España y por fin rascó etapa en una grande en este año 2015.
En la entrevista que le hicieron los de TVE le preguntaron que si ya que estaba en buena forma pensaba en ganar el maillot verde. El eslovaco puso una cara mezcla entre "este tío es gilipollas y hombre no me toques los cojones". Con su carácter rural le contestó que sí, que estaba pensando en ganar el maillot verde, pero el del Tour de 2016. Muy somarda. Otra respuesta no se merecían teniendo en cuenta que el maillot de la regularidad de la Vuelta no es verde y su color lo dicta el patrocinador de turno de cada año y encima la clasificación está ideada para que llegue con opciones hasta el último día Purito Rodríguez. Lo cual es directamente un insulto a todo lo que representa el maillot verde del Tour.
Al bueno de Sagan se lo llevaron por delante un par de etapas después a pocos kilómetros de meta. Una moto de la organización que no se dignó a parar a socorrer al herido y salió como una fuina hacia delante. El joven eslovaco la emprendió a golpes con todo. Con la bici, con el coche de asistencia, con el coche del médico. Probablemente le hubiera salido más a cuenta emprenderla a golpes con el señor director de carrera, el señor Guillén. Le hubieran multado igual pero se la hubiéramos pagado a escote entre unos cuantos para los que la última Vuelta ha supuesto una tortura por mala, infumable, peor ofrecida por televisión y rematadamente peor gestionada por sus mandamases. Lo que viene siendo una auténtica basura.
El pobre Sagan había pasado de la gloria de los campos Eliseos ganando el verde en París después de una serie de machadas apoteósicas a ser multado en la Vuelta por emprenderla a patadas con todo lo que encontró después de ser embestido por un imbécil. Reacción que hubiéramos tenido unos cuantos. Unos cuantos al menos de los seres asalvajados que frecuentan este engendro de blog. El pobre chaval no tuvo más remedio que poner fin a ese sindiós y marcharse a su casa donde sanó de sus heridas y, sobre todo, no tuvo que aguantar más estupideces made in Spain, ni subir todos y cada uno de esos diez finales en alto inéditos y que no eran sino, en muchos casos, caminos infernales que no frecuentan ni las cabras por feos y empinados.
El caso es que llegó el Mundial de fondo en carretera y hete aquí que Pitera Sagan consiguió uno de los mayores logros a los que puede aspirar un ciclista profesional. De los que se reían de él por ser el eterno segundón, de los que lo vilipendiaron hace un mes a causa de la caída poco menos que provocada por alguna maniobra extraña suya según profirieron algunas fauces de juntaletras. De todos ellos se descojonó en recta de meta, entrando como sólo un tío como él puede hacer. Ni llantos, ni gritos de rabia, ni gestos crispados. Una media sonrisa y unos gestos de negación y otra vez la sensación de estar pensando "hombre no me jodas".
Bici al suelo, casco y gafas para la afición, saludos a todos los que iban llegando detrás de él, caballito montado de nuevo en bici yendo a la zona de podio y morreo con refrote con la novieta.
Le faltó mirar a cámara y gritar un "Guillén t'ajodan" pero eso ya hubiera sido el acabose.
viernes, 7 de agosto de 2015
Fotos de la Naval-Tourmalet 2015
| Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido. |
| Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha. |
| Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido. |
| El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada. |
| Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente. |
| Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. |
| En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km. |
| El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón. |
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| He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte). |
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.
En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
| Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida. |
| En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada. |
| Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet. |
| Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición. |
| Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto... |
| ... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver. |
| El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven. |
| Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas. |
| Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada. |
| Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna. |
| Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet... |
| ... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%... |
| ... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle... |
| ... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar. |
| El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera. |
¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.
lunes, 30 de marzo de 2015
Ganar una carrera sin cruzar en primera posición la meta
Todavía no estamos en abril y dudo que en lo que resta de año, y ojalá me equivoqué, disfrute tanto como ayer viendo una carrera ciclista. Lo visto en la 77ª edición de la clásica flamenca Gante-Wevelgem ha de guardarse con respeto y cariño entre los mejores recuerdos de lo acontecido en el mundo del ciclismo en los últimos años. Y en gran parte es debido a un ciclista que no llegó el primero a la línea de meta pero curiosamente ganó. ¡Joder que si ganó!...
La Gante-Wevelgem es una carrera que discurre por Bélgica, fundamentalmente de perfil llano aunque jalonada por pequeñas cotas o muros, atravesando carreteras estrechas y sinuosas así como tramos adoquinados. A lo largo de 240 km. El ciclismo puede ser bonito de muy diversas formas y esta es una de las más maravillosas y por desgracia más desconocidas en nuestro país donde será difícil encontrar mención alguna a esta prueba en las secciones deportivas de los periódicos generalistas o en los partes de noticias de los diversos servicios desinformativos de la televisión.
En todo caso se habrán hecho eco debido a la multitud de accidentes que tuvieron lugar en la prueba, pero no por la espectacularidad de la carrera en si misma, que tuvo y mucha. A los 240 km de recorrido se unieron unas condiciones meteorológicas inmundas e infrahumanas con lluvia y ráfagas de viento a velocidades espectaculares. Para cuando la tele conectó con la prueba quedaban 100 km hasta la línea de meta y sinceramente pensé que era un buen momento para echar la siesta. Pero me fue imposible.
La carrera venía literalmente destrozada con el pelotón hecho pedazos, los ciclistas se erigían como héroes circulando por carreteras mojadas y salpicadas de ramas caídas de los árboles debido a las incesantes ventoleras que los agitaban. Sus caras eran un poema y el chepeo que debían imprimir al pedalear en muchas rectas para avanzar contra el viento como si subieran la más infernal de las rampas de un puerto de montaña no hacían más que constatar la sensación de que lo que allí se contemplaba era el mismísimo Averno.
Un valiente buscó la gloria a más de 80 km de meta saliendo de lo que quedaba del deslabazado pelotón para contactar con la cabeza de carrera, el holandés Tjallingii. Su nombre, Jürgen Roelandts, ciclista belga del equipo Lotto Soudal. En un movimiento extraño y que a primera vista nadie comprendió por temerario el bravo ciclista flamenco tras alcanzar al holandés cambió el ritmo para darse a la fuga él solo, dejando a su compañero de escapada Tjallingii, y zamparse una buena ración de viento y adoquines. Mientras por detrás la carrera se terminaba de definir formándose el grupo definitivo de valientes que terminaría disputándose la clásica, Roelandts seguía y seguía.
Por detrás la gente pinchaba o caía. Debido a los adoquines o literalmente volados por el viento hacia la margen de la carretera. O bien porque la bolsa del avituallamiento se enganchaba en las ruedas de la bici. Guardar la vertical con la bicicleta era una tarea de titanes como bien mostraba la esplendida realización de la televisión belga. Y Roelandts seguía y seguía. Y la ventaja aumentaba pese a que detrás le perseguían buenísimos trotones. Geraint Thomas, Terpstra, Vanmarcke, Vandenbergh, Debusschere, Oss y Paolini. Pero Roelandts seguía y les metía tiempo, cerca de 2 minutos.
La carrera transitaba por bosquecillos y muros adoquinados atestados de gente que haciendo frente al mal tiempo animaban a sus ídolos. Una charanga reconfortaba el ánimo de los valientes ciclistas quienes tras coronar uno de los muros conectaban con un tramo de estrecha carretera flanqueada a ambos lados ¡por tractores!. Algo así como un kilómetro con granjeros belgas haciendo una tractorada reivindicativa, haciendo sonar el claxón y vociferando al paso de los ciclistas.
En el segundo paso por el muro de Kemmelberg aconteció la, para mí, verdadera victoria del día. En esa pequeña montaña donde en la Primera Guerra Mundial tuvo lugar una batalla, en la que en cosa de un kilómetro se salvan 100 m de desnivel con algunas rampas a más del 15%. Con el pavimento adoquinado. Fue allí donde además del sonido de la charanga se escuchó a la gente allí congregada jalear al bueno de Roelandts.
¡Jürgen, Jürgen, Jürgen! le gritaban a su paso. Tras casi 50 km escapado en solitario y poniendo en jaque a los grandes favoritos de la carrera, su renta máxima de 2 minutos comenzaba a flaquear. ¿Qué importaba? Haber llegado a meta el primero hubiera supuesto una gesta memorable. Al alcance de tres o cuatro elegidos. En aquellas alturas de la carrera ya se veía que le iba a ser muy complicado puesto que tras coronar y volver a pasar por el pasillo formado por los tractores restaban 35 km a meta llanos y por buenas carreteras donde el grupo perseguidor le podía echar mano.
Lo cogieron a mitad de camino, a falta de 17 km y aunque aguantó el primer tirón, en cuanto se desató la batalla ya no pudo seguir a los más fuertes. De entre ellos llegó el primero Luca Paolini de forma merecida puesto que cualquiera de los 39 supervivientes que lograron cruzar la línea de meta lo hubiera merecido.
Sin embargo, para mí, el auténtico vencedor fue el bueno de Jürgen Roelandts, aclamado en el muro de Kemmel mientras trataba de trepar por esa infernal cuesta. Haciendo frente a la gravedad intentando avanzar por la resbaladiza e inclinada superficie adoquinada, con el viento racheado en contra. Un pitera donde los haya que desde ayer forma parte del particular grupo de ciclistas que ganaron una carrera sin cruzar los primeros la meta. Porque dentro de unos años la gente quizá no recuerde que en 2015 ganó Paolini pero seguro recordarán que Jürgen Roelandts anduvo más de sesenta kilómetros en solitario por el mismísimo Infierno.
miércoles, 28 de enero de 2015
Joan Cañellas!!!
Los zagales de España avanzan a semifinales del Mundial de Balonmano con golazo en el último segundo del mejor jugador del mundo. ¡Acojonante!
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