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jueves, 28 de diciembre de 2017

Cuando aquí se hablaba de carreretas (I): La 25ª Media Maratón

Supervía, los Puyuelo, Fernández, los Plana, Abascal, Gregorio, Mª José Pueyo, Cabestre... ; al fondo del todo y saliendo los últimos, los sospechosos habituales

Más vale tarde que nunca. Esta crónica debe de llevar en el horno como tres meses y diferentes circunstancias como la molicie otoñal han impedido su parto. Ustedes me dirán que la molicie suele ser estival y asociada a esas largas jornadas veraniegas en las que el no hacer absolutamente nada se convierte en el mejor de los deportes. Yo les digo que no, que la molicie es sana y buena en todas sus variantes estacionales y que por tanto debe de ser ejercitada durante todo el año. Y si cuando se logra escapar de ella es para ejercitar el noble arte de la lectura o la netflixización más irredenta la cosa se complica sobremanera. Uno se pondría a escribir en uno de esos ratos muertos en los que no se procede a procastinar, leer o netflixar pero resulta que en un alarde de jovial vitalidad me da por acudir a pasar la tarde al gimnasio muchos días. Nada serio, no se vayan ustedes a asustar. Charrar y hacer como que pedaleo. Y después de cenar el tiempo está reservado para conocer las novedades diarias de la república dictatorial de Moderdonia y las vicisitudes de la vida moderna de la mano del dictador supremo Broncano y sus adláteres Ignatius y Quequé. Y esto último es ley y no se puede hacer otra cosa que no sea descojonarse de la risa con estos caballeros, de modo que uno ya escribe poco y mal.

Pero hete aquí que hoy en una de esas comidas navideñas con las que continuamos la agresión justificada a nuestros aparatos digestivos en estas dos semanas de fastos para dar la bienvenida al pequeño baby Yisas, uno de los lectores habituales de esta mierda de blog me ha tirado de las orejas. Que si ya no escribes o qué. Pues algo hay en la nevera pero ya pude un poco. Pues podría hacer un poco de por favor y sacar aunque fuera las sobras. Pues venga, ya voy. Así que aquí está. Con mis dos huevos toreros, a finales de diciembre, en plenas navidades ahí va la crónica de una de las carreretas que hice el año pasado. Ahí va la crónica de la Media (aunque corrí la 5K).

Parece que fue ayer cuando se celebró aquella primera edición de la media maratón de Barbastro y el último domingo de septiembre tuvo lugar la 25ª edición. Aquella primera edición en la que unos pocos locos y locas se echaron a la carretera para recorrer unos, por aquel entonces, descomunales 21 kilómetros. Ir hasta Salas y volver. ¿Quién en su sano juicio podía pensar siquiera en intentar semejante salvajada? Pues poca gente y con la cabeza bien amueblada aún menos. Los colgados que en aquellos años se dedicaban a correr por la calle en lugar de entrenar pruebas de pista, militares del cuartel a los que sin duda participar en la prueba reportaría algún jugoso permiso y Gregorio.

Esto ya se explicó en tiempos en la blog pero no se van a librar ustedes de volver a leer las aventuretas de este titán local. El gran Gregorio ya estuvo allí en aquella primera edición. Uno, que estuvo en el avituallamiento de Bodega Pirineos repartiendo agua y naranjas a los esforzados de la ruta, jamás olvidará a Gregorié corriendo pegado a la margen de la carretera toda la recta previa a donde estábamos situados. De su cara de esfuerzo y sus estentóreos gritos para que alguien se apiadara de él dándole un sobre de glucosa. La respuesta de uno de los responsables del avituallamiento preguntándole que si se había pensado que aquello era una farmacia. Lo que ha cambiado todo en estos veinticuatro años cuando aquellos y aquellas valientes completaron esa delirante distancia a base de agua, naranjas y un poco de isostar de polvos. Sin zapatillas de drop 8, ni garmin, ni tirita nasal, sin gafas ni camisetas técnicas con carbono activado. Sin tanta tontería, geles ni potingues varios. Pudiendo a choto con aquellas camisetas de algodón que hacían rolde y se pegaban al cuerpo. Y para desespero de Gregorio, sin glucosa. Pero la hicieron. Y año a año la carrera fue creciendo y a pesar de algún que otro bache se llegó a la 25ª edición.

Me hacía ilusión participar este año en la carrera, porque era una edición redonda y porque esta carrera pues siempre ha sido eso, especial. Partiendo de la base de que durante años el teléfono para apuntarse a la carrera era el de casa uno puede hacerse la idea de la relación amor-odio que ha habido con ella por parte de todos y cada uno de los componentes de mi familia. Pero como dicen que el tiempo hace que uno se olvide de las cosas malas uno sólo puede recordar cosas buenas de esta carrera así es que había que participar sí o sí. Durante la primavera llegué a pensar en hacer los 21 km aunque conforme fue avanzando el verano tuve que ir recapacitando e ir aceptando la cruda realidad. Rebajar las pretensiones y pensar en el 10K para tras un último mes de molestias en la rodilla claudicar con el 5K. Y es que esta carrera tiene muy mala leche y ya me midió la lomera hace nueve años cuando llegué a la meta último al borde del fuera de control y con unos calambres horribles que no dejaban ya ni caminar. No me apetecía transitar esa delgada línea que separa el heroísmo del patetismo y volver a enfilar la recta de meta con unos tablones por gemelos. Así es que al 5K. De lo malo, no era un desastre ya que podría decir que participaría en una misma carrera con el gran José Manuel Abascal.

Pienso que fue un acierto combinar la media con los 5 y 10 kilómetros. Quien quiere participar no se ve lastrado por tener que hacerlo en alguna distancia imposible para sus posibilidades. Hace que esta fiesta sea accesible a mucha más gente. Así es que allí nos congregamos el domingo de marras en la línea de salida unos 500 participantes entre las tres distancias. Los peques ya habían tenido su momento de gloria el sábado por la tarde en un nuevo formato que les da mayor protagonismo.

Línea de salida, de izqda a dcha: Mireia Sosa, ganadora de tres ediciones de la Media; Mº José Pueyo, olímpica  en Pekín 2008 y de Sabiñánigo; Gregorio: filósofo, estadista y poeta, cuando no corre da charlas memorables en la piscina municipal. Al fondo de la imagen, definición gráfica de salir los últimos: un servidor y el Enano de Estercuel

Línea de salida, de dcha a izqda: La mencionada Mª José Pueyo charrando con un Monzón y otra moza; Abascal, plata en 1500 en Los Ángeles '84, mito del atletismo nacional; Juan Ramón Plana "el Figura", mi entrenador en categoría benjamín, ganador de la primera San Silvestre barbastrense hace casi cuarenta años, mito del atletismo local; Juan Plana, el relevo de la saga, ganador de la Milla de este año. Al fondo de la imagen, definición gráfica de salir los últimos II: un servidor y Juanillo
Yo había quedado con el Enano y Juanillo pero cuando comentaron el ritmo sabrosón que pensaban perpetrar durante la carrera ya les dije que los acompañaba en la salida pero nada más. Más que nada porque me iba a cansar más yendo a casi 8 minutos el km que yendo a lo que dictaran las piernas. Por allí al fondo de todo también estaba Juanlu, ilustre tuercepedal con el que estuvimos bromeando hasta que dieron el pistoletazo de salida y al que tanto le da hacer la Quebrantahuesos como una media, enchega el motor diésel ese que tiene y tira para alante con una cojonera envidiable. Pero eso sí, yo creo que podríamos dar un master en esto de salir últimos en las carreras. Muy vasta la experiencia acumulada en estas lides. El primer medio kilómetro fue muy malo, en consonancia con el estado de las piernas que las sentía como si fueran de goma. Es un miedo escénico recurrente que se reproduce todavía más si estoy de plantón charrando a la espera de salir. Quince minutos antes de la salida marché a caminar hacia el circulé donde Juan Ramón me presentó a Abascal de manera muy suigeneris, pero ni por esas. Piernas de goma.

Al revisar las fotos me he dado cuenta de que pasé al lado de mucha gente conocida. Pero entonces no los vi. Apunte friki: la nueva camiseta del CAB recuerda al maillot de Eslovaquia de Sagan. Tremendo. A mucha gente no le gusta la nueva camiseta, a mí sí por esta circunstancia. Es lo que tiene ser FRIKI
Luis Fonsi y Daddy Yankee en DES-PA-CI-TO (en el momento en que se elaboró esta crónica el Despacito todavía daba los últimos coletazos; hoy por hoy la foto quizás debería estar patrocinada por la gran Becky G y su "A mí me gustan mayores")

Suerte que al llegar al Coso las piernas se fueron soltando y poco a poco fui adelantando posiciones hasta encontrar un ritmo más acorde. Pasé al lado de Tom, de Pedro, iba buscando al Gurú y mientras no vi a otros tantos. El caso es que pensé que si paraba en uno de esos grupos a charrar con gente que iba para la Media pues me acomodaría en un ritmo más cochinero que el que podían dar las piernas y seguí adelante. A sensaciones, ya que ni cogí reloj ni garmin. Llevo un año de no poner cuentakilómetros en la bici ni reloj al correr. Y oigan, se vive mejor. Cuando en tiempos lo contaba el frikienfermero Abizanda llegué a pensar que eso de ir sin velocímetro ni astrolabio por la vida era de quinquis e inadaptados seres y que aquello sólo podía traer llanto y rechinar de dientes. Un dislate, vaya. Pues ahora les digo que no, cojan su garmin y su cuentakilómetros y mandenlo a tomar por el culo, llegarán igual a los sitios. Antes o después (probablemente después, mucho después) pero seguro que más felices y sin mirar los numericos constantemente. Así es que después de este ataque de ira contra toda la industria relativa a los globalpositionsistems volvamos a la crónica. Sin más elementos para discernir el bien y el mal que mi buen juicio cogí el globo de 1h 55' y pensé que por esa zona iría bien, que ya si eso en la bajada apretaría más. 

En el puente de hierro nos cruzamos con los primeros clasificados del 5K y a partir de ahí fue un continuo animar a los que me iba cruzando. Y cuando el tramo de carretera de las bodegas ya comenzaba a hacerse un poco tedioso tocó dar media vuelta y volver por donde habíamos venido. Ahora a gritar a los que me cruzaba y que iban hacia Castillazuelo. A punto de llegar de nuevo al puente de hierro y cuando pensaba que habrían pasado incrustados en algún grupo aparecen el Enano y Juanillo. Gritando que diera media vuelta y me fuera con ellos. Por un breve instante consideré la posibilidad pero por una vez que corriera a todo lo que me dieran las piernas en lugar de ejercer de muñeca de Famosa tampoco iba a pasar nada. Así es que seguí.

En la subida del Silo apareció Barriguitas, mi hermano Agus, fiel a su cita para animar en el punto más dantesco de la carrera. Está muy bien que la gente se acerque a animar al Coso, al Rioancho o a la meta pero donde verdaderamente se agradece ese empujón anímico es en esa cuesta del demonio. Alguna vez alguien me ha dicho que si cuando yo he estado animando en ese punto es por una mera cuestión morbosa de ver el sufrimiento de la gente en esa cuesta atroz. Y no es verdad. Porque he pasado por allí y lo he sufrido prefiero animar en ese trozo. Y Agus se rige por esa misma norma. Luego volveremos a ese punto. Por una vez crucé toda la subida sin parar a caminar. Jodido pero sin caminar. Viva la 5K.

Y a partir de avenida Navarra fue un no parar de ver a gente conocida animando. Creo que el haber combinado las tres distancias viene muy bien para fijar a la gente en la acera al paso de la carrera. Antes era una hora larga de plantón entre la salida y la llegada y ahora es un cuarto de hora de espera para toda esa gente que con sus aplausos hacen una inestimable labor. Por la zona del Rioancho iba un poco fundido ya que si bien los aplausos de la gente eran muy gratos el no llevar desde hacía rato a nadie corriendo por delante frenaba un poco la motivación. A ver si al año que viene se animan más a correr las distancias cortas. El caso es que mi sobrina Alejandra estaba por allí apostada y con el choque de manos que me dio tuve suficiente para llegar hasta la recta de meta.

Allí entre un porrón de gente estaba Tatín, mi hermano Jesús, bajo uno de los arcos de la recta de meta aplaudiendo y soltando la lapidaria frase de "venga, corre, que sólo te va a sacar 4 minutos Abascal". Al final no fueron más que tres minutos y llegué en menos de 25'. O sea, que oficialmente según los estándares del Gurú el cual afirma que todo lo que sea desplazarse a más de 5'/km no es correr, se puede decir que esta vez corrí. Bordeando el límite pero corrí.

Y lo bueno de hacer el 5K, tras dos minutos de coger resuello pues a aplaudir a la recta de meta. Para otro año tengo que dejar la bici preparada para subir a reunirme con Agus en el Silo pero esta vez lo pensé tarde, el caso es que allí me quedé. Aplaudiendo al primer clasificado de la 10K, al Enano y a Juanillo que llegaron justo por detrás de él reeditando aquel esprepéntico momento famoseril en el que llegamos tras el primer clasificado de una 10K de San Ramón mientras el público, ignorante de lo que realmente ocurría, nos aplaudía como si llegáramos segundos. Y el caso es que nos habían doblado y nos faltaba dar otra vuelta al circuito. La cara del presi Torres en meta pidiendo por favor que dejáramos de alentar a las masas y que nos desviáramos a dar la segunda vuelta al circuito es de las que jamás se olvidan.

Volviendo al presente, el rato continuó aplaudiendo a Gregorio, que esta vez se decantó por la 10K, ya lo anunció en la piscina en una de sus conferencias veraniegas, que este año no haría la Media porque si no luego está lento en los crosses, se cae la recta de meta a su paso. El estruendo no es menor cuando llegan los ganadores de la Media, los hermanos Puyuelo de Jaca, o cuando llega Javi Yerno (ganador de la primera edición) con el globo de la hora y media, Albertico de la CAI, Mª José Pueyo, diversos componentes de la Vieja Guardia, el presi Torres, el sr Ornitorrinco o el Gurú acompañado de Lucía.

Barriguitas y Tatín. Parecen Ngé Ndomo en "Amanece que no es poco" ahí posando como si fueran un pastor masai vigilando a las cabras mientras apacentan 
Del Gurú no va a haber documento gráfico porque llegó fundido y medio pachucho y no saca muy buena cara en las fotos pero a los otros elementos que tengo por hermanos van a recibir mención. Barriguitas, mientras se zampaba una bolsa de pipas en el Silo entre ánimo y aplauso a los participantes, tuvo que parar a un corredor que iba haciendo eses en la subida. Como él dice "lo primero es lo primero" y terminar una media maratón puede ser más o menos importante en el bagaje personal de cada cual pero no tener un susto de salud siempre debe estar por encima de todas esas gilipolleces que nos están metiendo con calzador algunos influencers, bloggers e instagramers de mierda. Que si no sé donde están los límites, que si todo es posible, que si tal y que si cual. Sí, y un huevo. Se ha comentado alguna vez pero no está de más repetir que una media maratón está al alcance de mucha gente (si Barriguitas, Tatín, el Enano, Juanillo y yo hemos terminado una... pues eso) pero no se puede hacer de cualquier manera. Que son 21 km, que es un esfuerzo considerable, que el cuerpo puede reaccionar muy mal. Carreras hay muchas, patatas sólo tenemos una y cuando peta mal asunto. Pues eso, todos tenemos un límite, absolutamente todos. Hasta ese que dice que no sabe donde está el límite y en una tanda de siete aironmanes (sí, aironmanes) que tenía que hacer en las siete islas canarias se encontró el suyo de morros en la segunda isla. Que ese límite se puede modificar con entrenamiento es cierto pero que no les coman la cabeza a ustedes y aprendan a descifrar donde está el suyo. Y asumanlo. Serán más felices.

Tatín tuvo una epifanía en este sentido hace unos años en la subida a San Pelegrín cuando un señor mayor le adelantó mientras recogía caracoles. Y desde entonces dejó esto del correr. Que no le digo yo que vuelva a meterse una media entre pecho y espalda pero que algún almuerzo famoseril ya se podría ir haciendo. Vamos, digo yo. Que antes se quedaba casi todos los fines de semana y se salía del Alhambra o de l'Olla rodando con la panza como una nutria gorda. Y ahora nada de nada. Está feo. Hay que ir a almorzar más.

En resumidas cuentas, fue una buena mañana de atletismo. Aunque algunas voces seguimos clamando por un cambio de fechas. Ya se sabe que el calendario está muy saturado de carreras y hay que hacerse un hueco un poco donde se pueda pero finales de septiembre no parece la fecha más indicada para una prueba de 21 kilómetros, sin embargo el cambio de hora y de formato le puede venir muy bien a la Media. En definitiva, larga vida a la Media.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Fin de semana por Guara 2016, el sábado

Tercer año seguido participando en la Trail de Guara. La palabra correcta es participando ya que lo de correr fue algo anecdótico y lo de caminar a veces también. Al llegar a meta cayeron 5 minutos más respecto al tiempo del año pasado así que si tenemos en cuenta el incidente con el sr Roca en el bar de Radiquero (ver crónica del 2015) puede decirse que la palmada de tiempo estuvo en torno a los 20 minutillos. Y podría haber sido mucho peor, vayamos por partes.

Este verano no he corrido nada. Bueno, si nos atenemos a las teorías del Gurú, no he corrido en mi vida porque lo que quiera que hago él lo denomina avanzar pegando brincos. Pero teniendo en cuenta la movilidad famoseril que me caracteriza pues no he corrido nada en comparación con lo que quiera que hiciese otros veranos. Nada no es poco o menos que otras veces o no lo deseable. Nada es nada. Cero. Bueno, por no mentir tres trotadetas en la bajada que va por el camino desde detrás del campo de fútbol hasta la iglesia del monseñor. Nada más. Con esos credenciales y un peso en canal que se aproxima dramáticamente a lo que se denomina "estar en el dial de la frecuencia modulada" (entre el 87 y algo de Rock FM al 107 y algo de Hit radio) la cosa pintaba mal. Si además tenemos en cuenta que de treinta días que tiene septiembre bastantes más de la mitad han transcurrido en estado febril, con mucosidades o expectoraciones puede que fuera uno de los que no mentía en la salida cuando decía que este año no iba a tirar ni pa atrás. Porque de todos es sabido que en cualquier salida de una carrera que se precie todo el mundo está o ha estado jodido y tiene malas sensaciones. Y luego rebajan marca.

El señor Panizo, el menda y Paquito Zapador. Foto extraída del feisbuc de Zapador el cual la subió a la red dos minutos antes de empezar la trail con filtro instagramero y todo. ¡Qué huevos tienes, Paquito!
De modo que viendo el percal le dije a Lemus que ni se les ocurriera esperar en cuanto me quedara de su ritmo y el de Morcate, que sería más pronto que tarde. Con muy buena intención pretendían que fuera con ellos "por lo menos hasta Quizáns" que eso es tanto como decir que te estrujan bien estrujado y ahí en medio de todo el tomate te dejan vendido a tu suerte. No, gracias. A la segunda capta el mensaje y queda zanjada la negociación así que cuando en la segunda rampa del pueblo Morcate mira para atrás y le hago el gesto de que tiren Lemus zapador pone la directa y marchan.

Pillo un tapón de los gordos bajando a Villacantal. Magda es más habilidosa y consigue adelantar pero yo hago más de la mitad de la bajada a la marcheta. Para cuando paso y voy cogiendo ritmo ya no alcanzo ni al tato. Subiendo el barranco de Lumos alcanzo a Magda y como ella va más ligera bajando le digo que me adelanto, que ya me cogerá luego. Corro bastante hasta Asque.

1h19'29''
Minuto y medio más rápido que el año pasado. En ese momento no recordaba los tiempos de paso de otros años pero me sonaba que no iba desencaminado.

Salgo corriendo de Asque tras beber un poquitín. Intento seguir el consejo del sr Ornitorrinco de no beber tanto para no encharcar la tripa y tener que volver a conversar con el sr Roca en algún momento de la mañana. Y oigan, tras aplicarlo durante todo el año la cosa funciona. Eso sí, tengo hambre así que me zampo una gominola de esas energéticas. No sé si es efecto placebo pero funciona también.

No cazo a Magda pero sorprendentemente me cazan Noemí y Mariano. Digo lo de sorprendentemente porque no sé qué hago tras hora y media de carrera por delante de ellos. Me explican que han llegado justos a la salida han salido últimos y tal. Consigo seguirles un rato pero antes de entrar a las pasarelas se van. Normal.

Ahí en las pasarelas, chulo el tramo nuevo, empiezan las apreturas y no sólo con la pared sino con ciertos grupos de excursionistas que van de paseo. La mayoría ceden el paso todo hay que decirlo y muchos animan de manera muy efusiva. Muy bueno el paso por la cueveta donde aguardan un porrón de señoras mayores sacando fotos y haciendo bulla. Esto es lo que gusta de estos eventos. Tramo horrible de escaleras con mogollón de turistas en contradirección haciendo equilibrios para dejar pasar y llegamos al paso por Alquézar.

2h12'09''
Dos minutos mejor que el año pasado. Converso un rato con Luis Trailmaker, pregunta que tal voy y le contesto que da igual porque el martillo pilón llega entre Quizáns y Viña, hasta ahora tanto te da. Me zumbo un powerade azul, un poco de secallona, dos trozos de plátano y unas avellanas y salgo hacia arriba con Elena A (cierto sr Torrinco, era Elena y no Pilar).
Foto cortesía de Luis Trailmaker

Por la canal que lleva a Basacol conversamos acerca de hijos tardanos y el descenso generalizado de participación en las carreras. Elena era una rueda bien buena pero al llegar a las balsas están animando Ettorino, Motor Perkins y Lucas así es que paro un minuto a hacer aprecio. Qué desastre. Sector navalero, tranquilos porque no tenéis la culpa, pero qué desastre. Ese minuto ya no sé recuperarlo. No sólo eso sino que Elena me sacará algunos más en la subida. Además me dicen que el dúo Zapador-Panizo transita con 16 minutos de ventaja. Comienzan los dolores, los amagos de calambre. No alcanzo a nadie salvo a una voluntaria que ha salido corriendo despavorida buscando a algún participante que se ha dejado unas gafas en Basacol. Y la alcanzo porque se para y da media vuelta que si no no la cojo.

Comienzo a ir atufado por el simple hecho de ir solo y no coger un ritmo alegre. Lo mejor que podía haber hecho en ese momento era parar y esperar a Magda que no debía de venir muy atrás. En cambio sigo adelante, me tomo un magnesio, me cogen tres zagales que van más o menos igual de atufados, les sigo el ritmo, paran a estirar y vuelvo a ir solo. Llego a Quizáns. No puedo comparar con el año pasado porque éste no había control de paso pero seguro que palmo mucho tiempo. No lo paso mal ni mucho menos pero no tiro.

Bajando intento correr. Los cojones. Intento por dos veces y viendo que Robocop tenía más agilidad decido guardar esas carreras para una zona con menos piedras. Me alcanza Magda que baja mucho más ligera. Pregunta si espera y le digo que no, que ya la cogeré antes de Viña. Cuando la veo enfilar la primera mini rampa después del descenso y donde aún la tengo a la vista sé que no la cogeré. Tan sencillo como que no tiro.

Saco un poco de fuet y comienzo a zampar, ya que no sé correr al menos lleno un poco el depósito mientras camino o lo que sea que estoy haciendo. En la zona de llanos antes de acometer el repecho a Viña recupero algo de ritmo pero la cosa es que me estoy aburriendo. Voy solo y salvo alguna pareja de voluntarios en algún cruce pelando la pava no se ve a nadie. Sé lo que me queda, que a partir de Viña me cogerán los de la Long Trail y será más divertido pero no puedo ir más rápido hasta allí para salir de ese trozo tan pestoso, es una putada.

Me acuerdo del Enano que debe de estar montando alguna feria en Madrid o en Jaén y no ha podido venir en esta ocasión. De Juan el policía, Chicote o Calderas. De todos esos corricolaris que en otras ocasiones me han hecho esa tramada mucho más llevadera y que no participan este año. Cojo a alguien pero van peor que yo, con los cuatro intermitentes puestos y bastante hacen caminando como para charrar un rato. Otra gente va escuchando música por los auriculares, me rebasa corriendo y a los tres metros se detiene para comenzar a caminar. A un ritmo más lento que el que llevo. Por una senda estrecha. Y encima alguno se me tira un cuesco en los morros. Es maravilloso.

Llego a Viña hasta los huevos. La voluntaria que grita de manera desaforada y que se escucha desde kilómetro y medio antes de llegar me mira extrañada porque debo de sacar una cara de mala hostia bastante importante. Me gustaría compartir su entusiasmo pero quiero llegar aunque sea a Radiquero cuanto antes. Su compañero me anima "venga que vas bien, bien, bien". Sí, bien, bien. Bien jodido, le respondo.


4h 53' 19''
Once minutos peor que el año pasado en el acumulado. Un cuarto de hora perdido en la puñetera subida. Al menos ni voy mareado ni me duele la tripa ni nada por el estilo. Llevo una importante reserva hídrica y de powerade que me fundo allá arriba mientras zampo unas avellanas. Relleno botellín con cocacola y el botellín de agua se queda a medio llenar, la bolsa de la camelback va de bonito. Caigo en la cuenta de que no he cargado agua cuando estoy a doscientos metros del avituallamiento. No pienso dar la vuelta, si no sé llegar a Radiquero con medio litro de cocacola y trescientos mililitros de agua es para irme a la mierda con todo merecimiento.

La cosa se pone divertida cuando me van atrapando los participantes de la Long Trail que bajan desde Sevil. Ya que no sé correr al menos es majo ver a esos zagales y zagaletas que bajan como sarrios pegando brincos y todavía tienen tiempo para:

1) preguntar si van por el camino correcto
2) dar las gracias por dejarles paso
3) desear suerte o dar ánimos (gracias, adoro a esta gente)

Me alcanzan unas zagalas francesas con las que nos vamos rebasando según pica para arriba o para abajo desde hace bastante tiempo. Maldigo a la educación general básica por no aprender jamás el idioma de más allá de los Pirineos para poder tener algo de charla con estas mozas. Al menos sirven de guía allá a lo lejos e intento seguir su ritmo. Las patetas desbloquean el estado de huelga y comienzan a funcionar a fogonazos. Una carrereta aquí, otra allá, ahora camino ahora hago ver que corro.

Pasa uno de la de 50 km. Saca pintas de vasco, por la manera de animar. Porque como un vasco no anima ni dios. Por hacerle aprecio salgo corriendo tras él, algo así como cinco metros. Luego él ya se va distanciando pero al menos ya no paro en un buen rato. Oigo que vienen trotando por detrás, miro por el rabillo del ojo y me doy cuenta de que estoy en medio así que me orillo. Oye, no te eches a un lado, ve a tu ritmo -me dice una moza de muy buen ver. Le hago saber que va más rápida y que no es molestia. Pregunta si eso que vemos es Alquézar. No, hija, no. Eso es Radiquero, queda una subida antes de meta. Medio sonríe y sale zumbando con su minimochileta y sin bastones tras dar las gracias . Esta peña es de otra pasta.

6h01'01'' en Radiquero. Un minuto más que el año pasado. ¿He recuperado? No, lo que ocurre es que el año pasado fiché en el control tras la conversación con el sr Roca en el baño del bar del pueblo. Y aún así este año ficho un minuto más tarde. Con una presencia de ánimo mucho mayor todo hay que decirlo. Recargo un poco de cocacola que apenas he bebido y sigo con la dieta de las avellanas. No me veo con pitera para zampar pastel, pastillo o tragar una cerveza. Gran avituallamiento el que tienen ahí montado pero San Pelegrín aguarda y ya que hasta el momento no me he cagado no me gustaría hacerlo a las cuatro de la tarde en mitad de la cuesta.

Como único punto de referencia allá a lo lejos tengo a la pareja de francesas antes mencionadas. No las cojo ni a tiros. No hace calor excesivo, no duelen las piernas tanto como antes pero no hay manera. Pasa un mulo de los de la Long que luego veo en la clasificación que es de Montañeros. Al igual que veo que la moza con la que converso antes de llegar a Radiquero es de las mejores de España haciendo kilómetro vertical. Al mulo de Montañeros que pasa bufando como una locomotora es imposible seguirlo y va haciendo de puente con las francesas hasta que las rebasa. Coronamos. Ni un cartel, ni un voluntario, nadie animando... Eso de ir a Alquézar a pegar cuatro aplausos mientras uno se echa el café es de agradecer pero encontrar aunque sólo fuera un alma en mitad de esa subida apelando a los cojones y ovarios de los sufridos participantes lo sería mucho más.

Corro detrás de las francesas como si fuera Alfredo Landa en una película de los años 60. No las alcanzo ni pa dios pero al menos hago ver que corro hasta que llegamos a la zona de zigzag antes de las piscinas donde el nivel de piedras impide cualquier intento. Llegada al pueblo y automático bienestar en todo el cuerpo. Qué bien sientan esas rampas cementadas para trotar. Mi reino por una rampa del 25% cara abajo para dejarse caer. Choques de palmas con críos que salen al paso y giro de ciento ochenta grados para enfilar recta de meta.

La típica estampa de la gente que está comiendo y echando el café mientras cuatro descerebrados sudados y llenos de mierda pasamos por enmedio corriendo hacia la meta. Se escucha algún ánimo, de la gente conocida más que nada. No culpo al resto, la verdad, si estuviera comiendo dudo que levantara la vista para aplaudir a todos y cada uno de los que desfilamos por ahí. Lo que ya toco un poco la moral es que en esa última carrera hacia la meta venga gente en contradirección paseando y prácticamente haya que ir esquivando pero bueno...

6h55'25'' en meta, cinco minutos peor que el año pasado. Recojo una cerveza en la meta y veo al sr Ornitorrinco comiendo en una mesa acompañado de su hermano Manu, el sr Bestué y uno de los fichajes del CAB llamado Pablo. Me pregunta que qué tal y le intento explicar todo lo narrado aquí condensado en dos frases. ¿Qué esperabas? -contesta- si no habías hecho nada en verano... y tiene toda la razón. Aparecen Lemus y Morcate y marchamos a comer, echar unas cervezotas y unas buenas risas que a fin de cuentas es a lo que habíamos venido.

Notas mentales para el año que viene (II)

De la mitad de las notas mentales que dejé el año pasado algunas no se han aplicado para nada. El tema de la hidratación ha ido por caminos dispares y en lugar de llenar la camelback hasta arriba fui mucho mejor bebiendo pequeños tragos en mitad de los tramos y luego buenas cantidades en los puntos de control. Sed no pasé y el tema de piernas cargadas vino sencillamente porque no había de donde sacar.

Si me apunto a la carrera para 2017 (que todo puede ser que no) hay varias cosas que deben cambiar. No es por hacer marca o dejar de hacer. Es, como bien dijo el sr Ornitorrinco en nuestra conversación posttrail en la que ni le pregunté por su viaje a Islandia (qué desastre de cabeza y más después de siete horas dale que te pego), que aunque vayas más despacio al final te tienes que cansar igual o más de estar tanto rato caminando. De ir tan despacio. Al año que viene o soy capaz de hacer ciertos tramos a un ritmo más rápido o mejor estaré animando en la subida de San Pelegrín. Más que nada porque cuando comienzas a conocer el circuito algunas tramadas son desquiciantes y más a velocidad de caracol.

Este verano la mayor aproximación al tema de correr se ha producido cuando al llegar a la piscina plantaba la toalla a la vera del amigo Gregorio y la ecléctica conversación giraba en torno a algo parecido al atletismo. Como si charrar con él fuera a transmitir sus capacidades por osmosis marchaba a casa a cenar sin haber hecho un mísero largo en la piscina.

Cuando comencé a tomar conciencia del problema ya era demasiado tarde. Como en aquellos exámenes en los que uno se daba cuenta de que no había hecho nada hasta la noche de antes e intentaba arreglarlo deprisa y corriendo, ideé un plan de acondicionamiento y puesta a punto de cara a la Trail. Con tan mala suerte de que cogí un trancazo de aúpa y el plan comenzó a hacer aguas. Gracias a David L y esas caminatas a la Boquera se pudieron salvar en parte los muebles. A dos semanas vista, esas mismas salidas junto a otras en solitario o en compañía de las múltiples abuelas que pululan por ese mismo camino o por el parque, completaron la peculiar preparación. Y con esa preparación no podía aspirar a nada más. Así y todo, gracias David. Esas caminatas mitad ciclismoafondo mitad todoseriespuntocom son acojonantes.

Dicho todo esto también ha habido algún lector de la blog que ha dicho que de estar en mi lugar ya hubiera hecho prou para siempre. Y seguramente mucha gente compartirá su opinión y no les falte razón pero la cosa es que en el fondo por mucho que raje de tal o cual trozo de la carrera el resto me gusta un montón. Y al final es con lo que uno se queda porque los malos ratos se olvidan con el tiempo. En abril del año que viene uno ya no se acuerda de que el trozo entre Quizáns y Viña es un tostón de cuidado y lo más fácil es volver a apuntarse.

Así es que para el verano que viene, si me apunto, tengo que preparar la dichosa trail. Supongo que será una preparación famoseril pero al menos será. Lo que no quiero bajo ningún concepto es volver a transitar esa tramada hasta Viña a un ritmo tan insufriblemente lento. Y que si me adelanta bajando a Radiquero una espigada gerifalta de prestaciones realmente sorprendentes poder seguirle el ritmo más de cien metros antes de echar las tripas.

Eso sí, si por un casual en mitad de esa supuesta preparación, comienzo a hablar de estupideces como por ejemplo la cerveza isotónica cero cero o menciono la palabra maldita e innombrable que comienza por "run" y acaba por "ning", cojan una barra metálica de considerable grosor y con toda la fuerza de la que sean capaz de hacer acopio péguenme fuerte en la cocorota. Que una cosa es preparar de manera medianamente decente una carrera y otra volverse medio gilipollas.


PD. El dúo Zapador-Panizo llegó a meta en torno a las 6h20'. Bien por ellos. A pesar de los pesares les recuperé tres minutos en los últimos 10 km. Chavales, confesad que alguno paró en el bar del pueblo a echar un fax. O silbad ahora que podéis porque si al año que viene os aguanto hasta Radiquero ¡en San Pelegrín os demarraré!.
Elena A hizo el tramo Basacol-Meta 29 minutos mejor que yo. Eso es perder una buena rueda y lo demás tonterías. La próxima vez la conversación navalera se postergará hasta mejor ocasión, delante de una tapa y una caña o algo así.
Magda cubrió el tramo de ascenso a Viña 10 minutos mejor que yo. Con esa ventaja de tiempo llegó a la meta batiendo y por mucho su marca del año pasado. ¡Enhorabuena!
El sr Ornitorrinco, rebajó en 5 minutos su marca del año pasado defendiendo el prestigio de subir al podio de los abueletes turbopropulsados. ¡Bravo! ¡Platípodo gerifalte somontanés de rendimiento francamente soprendente!

lunes, 4 de abril de 2016

Apacible vuelteta por Tierrantona 2016


Buena experiencia en la primera edición de la Trail Valle de La Fueva. Circuito tan duro como bonito por uno de los enclaves un tanto desconocidos de la provincia, con una magnífica acogida por parte de los fovanos y fovanas que regentaron con suprema amabilidad los avituallamientos y puntos de control. Esa clase de cosas que te dan motivos suficientes para volver al año que viene aunque hayas te hayas arrastrado durante 25 km  y 1100 m de desnivel pidiendo clemencia y que se terminaran de una vez esas sendas y bajadas criminales.

Y es que no se puede acudir a un evento de estas magnitudes con pocos kilómetros en las piernas, y más centrado en la bici que en hacer cuestas por el monte. Habiendo tenido comida de empresa con buena sobremesa el día de antes llegando a casa sin sed. Maldurmiendo. Con las tripas de aquellas maneras y la uña del dedo gordo del pie haciendo mal desde hace unos días. Casi que lo mejor que hubiera podido hacer el sábado por la noche hubiera sido apagar el despertador y el móvil y echarme a dormir hasta el domingo al mediodía pero perderse semejante evento en Tierrantona me hubiera dolido más que todo lo demás.

Esta vez la expedición estuvo formado por Lemus Zapador, los brileneros Jose y Fernando M. el cual ya ha sido fichado para estos eventos dado su desempeño en el tercer tiempo de la carrera, y un servidor. Al llegar a Tierrantona, recogida de dorsal con saludo a Javi, el fovano sobrevenido, y café en el atestado bar. Saludos con los innumerables barbastros comandados por Paco Torrinco y deprisa y corriendo a cambiarse de ropa. A pesar de que pintaba mal la previsión meteorológica se atisba un día bastante bueno así es que tras un buen rato, Lucía nos dice que parecemos mujeres tardando tanto, nos ponemos de corto.


Concentración en la plaza del pueblo, codetazo de salida y a correr. Durante un bucólico primer kilómetro la serpiente multicolor corretea con Cotiella al frente por terreno llano. Entonces empieza el baile, tras pasar una granja en ligera pendiente hacia arriba se acomete un zigzagueo vertical que deja las piernas para el arrastre. Las miserias de este invierno de estar tirado a la bartola salen a la luz. Pasamos por Charo y seguimos ascendiendo. Aquello ya parece la peña Montañesa por momentos, qué rampas... y qué vistas. Cotiella y Turbón copados de nieve saludan allá arriba. Un par de voluntarios sonríen al paso de los sudorosos sufridores de la trail. Sonríen de esas maneras tan de por allá arriba que dan a entender que ahora vas jodido pero luego lo irás mucho más.

Otra rampa imposible y un señor haciendo fotos que avisa de que ya se ha terminado la subida (fuerte). Ermita de San Salvador, buenas vistas y dos vasos de aquarius para recuperar semejante calentón. Las piernas son ya zona catastrófica, no hay nada que hacer. Y llevamos tan sólo 5 km. Pintan bastos. Jose y Fernando hace rato que transitan por delante mientras Lemus zapador y un servidor hacemos lo que podemos en posiciones traseras del pelotón. Acometemos el esperado descenso y tras un kilómetro de bajar por una empinada trialera las piernas piden piedad y que empiece otra subida o algo más asumible.

Llegamos a Aluján. Bonito pueblo, bonitas vistas, bonitos ánimos, estropeadas piernas. Por un persistente subebaja jalonado de plastas de vaca nos aproximamos a las faldas de Muro de Roda. Allá a lo lejos se comienzan a oír unos memorables chemecos. Entre bojes, barzales y demás arbustos llegamos a conectar con la pista, ¡por fin pista!, que sube a Muro. ¡Si es que os quejáis de todo, que si hay pista porque hay pista y si hay senda porque hay senda! advierte el voluntario que está en el control. Y cómo lo sabe. Comenzamos el ascenso previa ingesta de tamborinazo de magnesio. En el kilómetro 11 ó así y bordeando la fase conocida como moñaco Playmobil o muñeca de Famosa.

Pero en ese momento los gritos y chemecos comienzan a hacerse plenamente entendibles, que no audibles puesto que se llevan oyendo desde tres kilómetros antes. Se trata de un valiente que está jugando con la integridad física de su garganta para alentarnos a todos y cada uno de los participantes que estamos sufriendo como perros en aquella subida. Venga valientes p'arriba, con cojonera que ya lo tenéis, venga guapa que estás hecha una maratoniana del horror y venga tú que eres un finisher, y venga p'arriba cojones ya, no os miréis el cartel que ya estáis arriba y vamos que ya está y no pares que está ganado y veeeengaaaaa, vaaaaamoooooos, con cojoneraaaaaaa. Me-mo-ra-ble. Por estas cosas uno vuelve a las carreras y por estas cosas se guarda buen recuerdo de ellas. Mil gracias.

Llegamos a Muro de Roda con los gritos de fondo de ¿Teo?, no estoy seguro de que este sea su nombre, y entramos al recinto de esta pequeña y desconocida joya. Magníficas vistas, impecable trato en el avituallamiento. Por decir algo, quizás falta algo de salado, un poco de fuet, jamón, poca cosa. Pero es una primera edición, más no se puede decir. Otro trago de aquarius y cara abajo. Javi el fovano sobrevenido, haciendo labores de coche escoba nos pisa los talones. Corramos.

Otra bajadeta preciosa con vistas del embalse al lado pero las piernas ya están aborrecidas. Lemus zapador se adelanta en una de sus incursiones para intentar conectar con algún grupo delantero y en estas que me quedo solo. A la media hora larga de ir maldiciendo a todas y cada una de las piedras con las que estoy a punto de torcerme el tobillo por unas ocho veces Lemus me pega un grito ¡porque viene por detrás! ¿Hemos entrado en algún tipo de vórtice espaciotemporal? No, el colega se ha confundido en un desvío y le he adelantado mientras.  Tras mucho padecer en la bajada llegamos a Humo de Muro donde vemos a Chicote animando y donde nos advierten de la subida que falta.

Otra senda maja pero trufada de desniveles con los cuatro intermitentes de emergencia puestos ya. Horrible, dantesco, escasas fuerzas quedan para llegar hasta Fumanal y otro avituallamiento. Debemos de sacar muy mala cara porque las amables muchachas que lo regentan nos preguntan cómo vamos y que si es duro el recorrido. Entre trago y trago de aquarius les contestamos que mucho, que lo que mata no es el desnivel, sino el terreno. A lo que otro de los voluntarios espeta que "pues menos mal que no ha llovido". Pues sí.

Nos queda un tramo rompepiernas para conectar con la pista de Muro de Roda que ahora ha de conducir hacia Tierrantona. Y en el tramo más amargo cuando ya está a punto de reventar algún cuadriceps o algún lóbulo temporal del cerebro comienzan a llegar otra vez los gritos de aliento de Teo. Ir como una mierda subiendo una pendiente que te va a costar un verano terminar y durante todo ese rato escuchar a un tío gritándote: Venga valiente, que ya lo tienes hecho, qué te pensabas que no ibas a terminar... pues no, que vas a llegar, vamos, cojoneraaaaaa. Que te dice que eres un campeón aunque ambos sepamos que es mentira... Las comparaciones son odiosas pero es como subir el alto de Miracruz en la Behobia sólo que los tres mil donostiarras que deben de estar apretujados en esa cuesta animando se han concentrado en la figura de este memorable personaje. Ole sus cojones.

Coronamos dándole las gracias y tras conectar con la pista trotamos en el descenso con las piernas como tablones. Paramos, caminamos y volvemos a trotar por esa autovía que lleva a meta pero llevamos las cuatro ruedas pinchadas. Entramos en Tierrantona y al ver a los críos del pueblo echamos a correr y a chocar manos. Recta de meta y llegada en antepenúltima posición de la clasificación. Como buen integrante de la sección de las Muñecas de Famosa.

Charrada en meta con el Enano y Esther que han venido a animar, una Rondadora para recuperar sales con Jose y Fernando que ya han llegado a meta hace casi una hora, una ducha y a comer contando las batallitas de carrera. Tercer tiempo en el bar a base de unos buenos digestivos con anécdota incluida con la guapa camarera (que no se puede ir por ahí pidiendo "unas hierbas" como si tal cosa, hombre) y animada charrada en un velador. Finalmente vuelta a casa puesto que al día siguiente hay que madrugar.

Sufrí (sufrimos) como un maldito perro, por momentos maldije esos maravillosos caminos,  al llegar a meta dije que para días volvía a trotar por esas sendas, hoy llevo las piernas como un Playmobil y los hombros son siniestro total de cargar la mochila con los bastones. Subir escaleras es actividad de riesgo y bajarlas un despiporre. Voy a esconder las zapatillas de trail y en dos meses no pienso hacer otra cosa que no sea bicicleta. Las zapatillas de asfalto también van a ir castigadas, por si acaso, y el garmin con sus temibles tracks se va a quedar tirado en el fondo de algún cajón. Pero a pesar de todo ello habrá que volver al año que viene a Tierrantona. Vaya que si volveré...

domingo, 13 de diciembre de 2015

Una mañana en Castillazuelo


Un año más acudí a la indeludible cita con las cuestas del Castillo y el monasterio del Pueyo. Es una carrera llena de sorpresas desperdigadas por el camino ya que la subida tiene bajadas y la bajadas alguna que otra subida. Siempre es una carrera agradable de participar aunque este año el tiempo excesivamente caluroso marcó la prueba, al menos en mi caso.

Donde antaño había mallas largas, gorros y guantes este año hubo camisetas de tirantes y pantalones cortos. Nada de niebla y un cielo totalmente despejado con algo de viento que aplacó en parte el no muy habitual calor de principios de diciembre. El resultado fue que invertí 7 minutos más que el año pasado para realizar el mismo recorrido llegando a meta aún más cansado. A mitad de la subida desconecté, más de lo que lo hago habitualmente, de todo tipo de afán competitivo y me limité a completar el recorrido sin reventarme demasiado.

Al menos semejante calor sirvió para que el numeroso público congregado en la plaza del pueblo disfrutase de las carreras infantiles y del tiempo de espera entre la salida y la llegada de los mayores sin pelar palomos como es lo normal otros años. Al margen de la carrera la cual tampoco tuvo mucha historia al margen de que ya en el segundo kilómetro creí cocerme dentro de la muy mal elegida camiseta térmica, me gustaría destacar un par de hechos curiosos que tuvieron lugar.

El primero de ellos tuvo que ver con el numeroso público presente y que como ya se ha mencionado dio mucha animación a la plaza. Es muy de agradecer y siempre es bueno que este tipo de pruebas conciten atención pero todos deberíamos ser conscientes de que los recorridos de las pruebas así como las zonas de salida y llegada deberían ser sagrados.

En una de las carreras infantiles, dos niñas se disputaban la victoria en un ajustado sprint. Todo lo ajustado y al límite que se puede desarrollar a esas edades y eso es decir mucho ya que no suelen medir y la línea de meta es lo único que ven. Pues bien, un reportero y un padre se encontraban plantados justo en la línea de meta para sacar la mejor de las fotos del evento.

Y pasó lo que tenía que pasar en tales circunstancias, que una de las crías acabó medio empotrada contra una de las personas que estaban donde no debían estar. Fue más el susto que otra cosa pero fue una situación evitable si la meta hubiera estado como tiene que estar, despejada. Tras el revuelo acudió uno de los responsables del club a despejar la zona dejando bien claro que nadie que no fuese juez de atletismo debía colocarse allí. Y lo expresó de manera muy clara y muy alta, quizás perdiendo las formas pero asistido por toda la razón.

Me quedé con el detalle de que uno de los jueces, uno de esos que lleva más de treinta años dando el callo en crosses, medias maratones y pruebas de pista a lo largo y ancho de la provincia; uno de los que si llega a presenciar semejante algarada hace veinte años hubiera despejado la zona de idéntica forma o muy posiblemente mucho peor echando sapos y culebras por la boca; uno de esos jueces que llevan media vida haciendo una labor desinteresada por el atletismo local y que ya iría siendo hora de que les fuéramos dando el relevo en tales labores para que puedan asistir a las carreras como meros espectadores; uno de esos jueces al que siempre tuve tanto cariño como respeto por sus airadas reacciones espetó entre dientes y con una sonrisa en la boca: "ya era hora, ya era hora de que alguien pusiera un poco de orden".

Del otro detalle me enteré al día siguiente de la carrera y en las fotos del periódico se puede contemplar. Al parecer varios atletas, por denominarlos de alguna manera puesto que ese término engloba muchos más detalles que el mero hecho de correr, tuvieron la feliz idea de disputar la carrera sin inscribirse y sin dorsal. No estamos hablando de que una persona decidiese unirse a la carrera durante algún kilómetro a mitad de recorrido acompañando de manera anónima a algún participante. No.

Estamos hablando de gente que representando a un club tuvo el cuajo de ponerse en línea de salida, disputar toda la prueba y pasar la línea de meta. Para mí esto sí que es una verdadera falta de educación y no tener formas de ningún tipo. Una falta de respeto para con todos los que sí pagamos el dorsal y los organizadores de la prueba. Lamentable.

Al final, el responsable del club terminó hablando con el reportero disculpándose por las formas empleadas en el desalojo aunque tenía toda la razón. Espero que el rapapolvo sirva para que todos tomemos conciencia de que en las carreras lo más importante son los corredores, nunca hubo nada más. Y que si un juez ordena que no estar en una zona o no rebasar una cinta pues no se rebasa y no se entra en esa zona. Punto. Y respecto a los jetas que decidieron no pagar dorsal no sé qué pasará con ellos. Francamente, yo lo tendría muy claro. Las carreras no necesitan ese tipo de corredores.

martes, 10 de noviembre de 2015

Poyet

Aparte de ser un antiguo jugador de fútbol uruguayo metido a entrenador famoso por jugar en el Real Zaragoza que ganó una Recopa resulta que Poyet es un antiguo asentamiento medieval situado entre Barbastro y Castillazuelo del que se conservan algunas ruinas y al cual se puede acceder por la recién estrenada Senda del Río Vero.


Hay otros caminos por los cuales se puede llegar a este singular paraje pero debido a la novedad que supone caminar por la senda y a que el domingo no tenía otra cosa mejor que hacer para allí que me fui. Además que siendo el domingo de la Behobia algo tenía que hacer. Este año no sé muy bien por qué se decidió no acudir a la cita con tan memorable carrera. Fueron surgiendo otros planes para el fin de semana que se fueron cayendo poco a poco e incluso a última hora surgió la oportunidad de acudir a una marcha cicloturista por la Hoya de Huesca. Ofrecimiento que decliné ya que no cogía la bici desde agosto.

No me equivoqué, el sábado marché a dar una vuelta con Pablo (y un rato con David) con la bici de ruedas gordas y hasta Selgua todo fue más o menos bien. El almuerzo no presentó dificultades de consideración pero la reanudación vino acompañado de molestias en el trasero. Mal que bien todavía salió una vuelta de unos 40 km pero después de la ducha y de comer se podía declarar como zona catastrófica donde la espalda pierde el nombre. Es lo que tiene no coger una bici en tres meses. Una vuelta más larga con mayor desnivel que el que ofrece una simple vuelta a Selgua no sé que hubiera podido hacer o si hubiera podido conducir el coche de vuelta a casa.

Así es que el domingo pronto por la mañana y con el trasero recuperado quería salir a caminar. Viendo en el facebook (que alguna vez sirve para algo) que el día anterior algún amigo había ido al Poyet y había colgado fotos fui a wikiloc a buscar el track y... ¡bingo!, ahí estaba. Descarga al móvil, desayunar, calzarse las zapatillas y a caminar.


Nada más descender desde el Puente de Hierro a la ribera del río causa impresión por el paisaje que se ofrece a la vista. Según se avanzan metros la cosa se pone cada vez mejor y uno no puede por más que ir embobado muchos tramos. Muchísima vegetación, hojas cayendo de los árboles y el continuo rumor del río acompañando. A la senda todavía le falta desbroce y un marcado más adecuado pero de momento es lo que hay y no se le puede pedir más a los artífices de esta joya que como Luis Trailmaker trabajan de manera desinteresada para que podamos disfrutarla.

Recuerdo este año al terminar la Treparriscos que nos encontramos en la feria del corredor. Los dos estábamos eufóricos por haber terminado la marcha, él en su caso la Quebrantahuesos, y al menos en mi caso por unas cuantas cervezas que habían caído al cuerpo. Comenzó a explicar cómo iban a dinamizar la senda del río y que querían que llegara hasta Alquézar. Que había tramos preciosos y que incluso había pasos subterráneos. Que estaban desbrozando y empalmando diferentes sendas y caminos para crear toda una ruta de 20 kilómetros.


¿Pero qué me estás contando, Luis? - he de confesar que en aquel momento no sabía muy bien si el cansancio y las cervezas me estaban jugando una mala pasada - Que sí, que sí- respondía Luis todo ufano - ya lo veréis muy pronto cuando esté arreglado, es precioso. Y no se equivocaba. Incluso lo del paso subterráneo es cierto y no voy a desvelar su paradero para que si alguien se aventura por la senda se sorprenda como cualquiera que pase por allí la primera vez.


Transcurrido como un kilómetro oigo algún perro y disparos y pese a que el camino está alfombrado por las hojas caídas de los árboles en algunos tramos surge el barro y está un poco resbaladizo. Justo cuando empiezo a tener alguna duda sobre si proseguir o no aparecen de frente dos de los CaminaCorre. Gurú y Sullivan, esto es, mi hermano Jose y Jorge. Después de la sorpresa y de quedar otro día para hacer la ruta juntos me indican que no hay de qué preocuparse, que el barro afloja y que los cazadores están en la margen izquierda del río y nosotros siempre vamos por la diestra del Vero. Que en la margen derecha tienen prohibido cazar. Pues adelante. Nos despedimos, ellos enfilan hacia el Puente de Hierro y yo hacia la Virgen del Plano.


Asciendo las míticas escaleras con los rótulos de diversos comercios locales de hace muchos años y tras pasar por la desvencijada ermita y el puente colgante del que sólo quedan las pilonas del que cuelga algún cable y algún madero, la senda vuelve a bajar a buscar el río. Entre toboganes y pequeños subebajas el camino va avanzando pegado al curso del Vero. En determinadas ocasiones el camino se topa con algún recodo del río difícil de salvar o muy estrecho así es que se asciende unos metros por medio de escalones tallados en la tierra y asentados con tablones y se sale a alguna huerta o a alguna faja. 

Se avanza unos metros por esas zonas "altas" a unos diez metros sobre el río y se vuelve a descender por otros escaleras o algún zigzag a nivel del Vero. A ratos me pierdo, otros voy haciendo fotos y otros me paro a charrar con algún conocido ciclista que va haciendo la ruta en sentido contrario. Tras unos tres kilómetros desde el puente de Hierro se alcanzan unas viñas previo ascenso y hay que despegarse del río.


Se llanea un rato para luego ascender hasta el enclave de Poyet. Allí descubro más gente que ha venido a descubrir la senda. Unos saludos, unas fotos, una lectura del panel informativo y una barrita para el cuerpo y media vuelta por donde he venido. Y a pesar de volver por el mismo camino, más fotos de los parajes al mismo tiempo que me cruzo con varias familias que han venido a pasear a la vera del río. 


Pequeña capuceta en uno de los barrizales por ir con el teléfono en la mano y perder el equilibrio sin poder sujetarme a una rama como es debido, con buena embarrada para llegar a casa. Y después de dos horas y pico de caminar chino chano y charradas varias, llegada al Puente de Hierro. Caminata muy tranquila y entretenida.

A poco que las instituciones apoyen este proyecto, saca muy buena pinta. Porque dicen que según se avanza por Pozán, Huerta, el puente de Colungo y Alquézar la senda es espectacular. La primera parte hasta Poyet ya está en marcha, ahora se trata de no dejar morir este camino y que cada día esté mejor acondicionado. ¿Y saben ustedes cómo permanece vivo un camino, no? Usándolo, así que a pasear por el Vero que de verdad merece mucho la pena.




martes, 6 de octubre de 2015

Peripecias por Guara 2015

Demare, Arnaud: 1. Ciclista profesional francés que milita en el equipo galo La Française de Jeux; 2. hacer un (demaré), en carrera verse en la perentoria obligación de detener la marcha para realizar aguas mayores ya sea en una autocaravana apostada en la cuneta de la carretera o en cualquier otro lugar habilitado a tal efecto como pueden ser inodoros de bares, posadas o llegado el caso más extremo y desolador, a la intemperie; Ej: Jesusito bajaba el puerto de San Caprasio cuando se sintió tan indispuesto que tuvo que parar en unos barzales y hacer un demaré.

Vanmarcke, Sep: 1. Ciclista profesional belga que milita en el equipo neerlandés Lotto Jumbo; 2. Muchacha guapa y de gráciles formas y elegancia en el vestir que recibe tal sobrenombre en honor al elegante pedaleo del clasicómano belga; 3. hacer un (vanmarcke), sujeto que circula en solitario en una carrera haciendo esfuerzos por coger al grupo que le aventaja para una vez alcanzado perderlo de nuevo volviendo a iniciar la persecución, terminando las sucesivas persecuciones debido a avería mecánica y/o accidente y/o desfondamiento físico del interfecto; Ej: Wilco Kelderman, tras perseguir al grupo de cabeza durante veinte kilómetros y alcanzarlo, se salió por la margen de la carretera acabando tirando en un sembrado haciendo un vanmarcke en toda regla.

No, no se han equivocado. El post ha de versar acerca de las experiencias acaecidas en la Trail de Guara 2015 y sirvan estas dos acepciones de lo que significa hacer un vanmarcke y un demaré para ilustrar lo que más adelante se explicará.



Sábado, 3 de octubre. Alquézar, 9:00 de la mañana

Ahí estamos en la plaza de uno de los pueblos más bonitos de España y uno de los más metidos en obras también. Como dice mi hermano Jesús a cuenta de uno de los comentarios de Perico retransmitiendo el Tour, cuando dejen de estar en  obras Alquézar será como Francia, estará terminado. Mucha gente conocida y muchos amigos y una interesante mezcla de veteranos y noveles. A los clásicos como el Gurú, el Orni, los ferranqueros, las hermanas Albar, Pako... se unen nuevas incorporaciones como Pueyo petit, Calderas, Magda...

Nos queda por delante un día con diferentes objetivos. Así a bote pronto entre los más cercanos: Jesús, dar una vuelta y en el km 14 volverse a casa para atender las obligaciones familiares; Lemus, rebajar el tiempo del año pasado; Morcate y Magda debutar en la carrera y disfrutarla; el Enano terminar y no penar como el año pasado; mi hermano Jose y el sr Ornitorrinco hacer podio en la categoria de abueletes superpropulsados con más de cincuenta primaveras; y yo... yo no sé todavía a qué he subido.

Me he clavado un verano difícil de definir. Aquejado por mis hipocondrias estacionales he estado mes y medio con dolores de tripas y malestar generalizado que unidos a las altas temperaturas desde junio hasta agosto han motivado una vagancia extrema tan sólo quebrada por algunas caminatas por la montaña y alguna que otra pedaleada. En general muy poca cosa y a un ritmo demasiado calmo incluso para mí.

No sé si optar por la prudencia y dedicarme a acompañar a Magda y al Enano, o aventurarme a intentar seguir a los jabalís de Morcate y Lemus, auténticos trotones para mis posibilidades. Así es que decido no decidir nada y que sea la carrera la que me lleve donde tenga que ser.

El caso es que aparte de los ligeros nervios que atenazan las piernas siento una leve opresión en el bajo vientre. Lo que vienen siendo ganas de ir al baño, aunque de manera inconsciente decido no hacer caso a la llamada de la selva. Ya se pasará. Como si el aparato excretor fuera a compostar lo que lleva allí dentro al igual que una planta de biomasa y esa energía se fuera a redistribuir por todos los músculos. Sí, ya... Aún no hemos salido y no tengo más que una serie de decisiones por la cabeza, la primera la he postergado, la segunda y no menos importante he optado por una medida drástica. La estoy cagando y nunca mejor dicho, aunque no adelantemos acontecimientos.

Suena la musiqueta del Último Mohicano, dan el codetazo de salida y salimos corriendo por la plaza desde las últimas posiciones del pelotón. Saludos al personal allí presente, al señor alcalde, a los medios locales. Todo es gozo y alegría, ya llegará el sufrir y el rechinar de dientes, los calambres y los chemecos pero ahora todos hacemos como si lo que se cierne sobre nuestras cabezas, tan seguro como que dos y dos son cuatro, no fuera a ocurrir en absoluto.


Bajamos a Villacantal a un ritmo más moderado que el año pasado. Lemus, en labores de zapador tendiendo puentes entre grupo y grupo siguiendo unos criterios muy definidos, encabeza la expedición. Morcate, Jesús y yo le seguimos. Magda y el Enano van un poco más retrasados aunque podemos escucharles. Los gritos de la gente se suceden al llegar al puente, gritos y algarabía... ya llevaremos veinte km en las patas y se nos pasará la emoción, ya.

Ascendemos el barranco de Lumos y es ahí donde empezamos a perder contacto con Magda y el Enano. Lemus sigue en su labor de perro trufero buscando acomodo en aquellos grupos y ritmos que mejor se tercian para nuestros propósitos y el caso es que me encuentro bien. Decido que voy a tirar para delante. Si las piernas me ponen en mi sitio por detrás vendrá un excelente colchón con el que transitar más despacio. 

Llegamos a las inmediaciones del puerto de San Caprasio, este año acompañando a Jesús. Recuerda que fue allí donde cierta mañana de hace año y medio me convertí en "el chico de la curva" arrollando con mi bici a un coche que subía en dirección contraria. Todos nos reímos, ahora, del acontecimiento y volvemos a coincidir en la puñetera suerte que tuve aquel jodido día. Para hacer honor al lugar resbalo en una de las bajadas y tengo que poner mano a tierra sin consecuencias, al contrario que una pobre moza que camina hacia Asque con un bollo en la cabeza bastante considerable y que va camino de la retirada.

Primer control de paso y primer avituallamiento, Asque
Año 2014, 1:21:37
Año 2015, 1:21:04

Lemus Zapador está clavando el ritmo del año pasado, cuadriculadamente calcado. Qué tío.

Me quito la camiseta de manga larga y mientras sigo caminando devoro la primera barrita del día. Estos siguen corriendo hacia delante pero a mí no me da el fuelle para correr y comer al mismo tiempo así es que les pido (o les grito y les exijo, a veces soy así, perdón) que tiren. Terminada la barrita y una vez soy alcanzado por dos guapas francesetas me decido a continuar corriendo y hacer el primer vanmarcke del día.

En labores de persecución enlazo con las francesetas, con Miky el cual va en labores de acompañante a un ritmo más sosegado a los que acostumbra y por último al trío liderado por Lemus Zapador. El esfuerzo es inútil ya que nos aproximamos al descenso hacia el puente donde poco a poco vuelvo a perder contacto. La brecha se agranda con la subida hacia Alquézar y cuando comienza el tramo de pasarelas ya los pierdo de vista.


A diferencia del año pasado completo el tramo en solitario tan sólo acompañado por algunos turistas que transitan paseando pero con los que por fortuna no me cruzo en los tramos estrechos. Salgo a la subida de escaleras y haciendo el segundo vanmarcke del día alcanzo visualmente al trío encabezado por Lemus Zapador. Qué máquina, el tío sigue de manera persistente el ritmo de una buena grupeta.

A mitad de tramo de escaleras los alcanzo, a mi ritmo de motor Perkins, pero los alcanzo. Por ahí resopla también Juan Policeman. Joder, como el año pasado. Mismo tiempo de paso en Asque que el año pasado, mismo tapón en las escaleras a Alquézar. Esto empieza a parecer el día de la Marmota y sólo falta Bill Murray metiendo el morro en la escena. Llegamos a la plaza del pueblo entre vítores y gritos de ánimo de la muchachada a su profesor favorito, esto es, mi hermano Jesús. ¡Vamos, Pitera!

Segundo control de paso, Alquézar.
Parcial 2014: 56:33; Acumulado: 2:18:10
Parcial 2015: 52:57; Acumulado: 2:14:01

Bueeeno. Cuatro minutos menos respecto al año pasado. Toca reponer líquidos y sólidos en el avituallamiento y a pesar de llevar un agujero en la tripa me dedico a despachar un botellín de powerade azul (pichadetes de pitufina) y no como nada. No sé, incomprensible. Creo que me despisté cuando Jesús comentó que a lo mejor continuaba y que llamaba a la jefa para pedir consentimiento, aunque no es excusa tampoco. En los avituallamientos de las marchas cicloturistas me hago mucho más fuerte y de ahí no me mueve ni Dios hasta que la tripa no está llena pero los avituallamientos de las Trail me dan una sensación de prisa y nerviosismo que descoloca y provoca estos sindioses.

Para más inri no lleno la bolsa camelbak y parto hacia Quizans con la exorbitante cantidad de un (1, uno) puto litro de agua. Entiendo que para metabolismos mucho más eficientes esta cantidad de líquido es más que suficiente para acometer una etapa del Maraton de Sables pero el motor Perkins que regento necesita frecuente refrigeración. Jesús recibe autorización para continuar (un rato) y vamos ascendiendo las rampas del pueblo mientras cayendo en la cuenta de no haber comido nada en el avituallamiento voy zampando medio bocadillo de jamón de los que llevo en la mochila.

"No sé cómo puedes comer en subida" dice Jesús. Pues porque soy gilipollas y no he comido cuando tenía que comer, así de fácil y sencillo. Saliendo del pueblo comienza la senda a Basacol, momento de sacar a jugar a los bastones y en el que Jesús aprovecha para ir a alcanzar a Morcate y Lemus Zapador. Vuelvo a estar solo. Tercer momento vanmarcke del día.

Por el camino que discurre junto a una canal alcanzo a Juan, a un grupo de zagales y zagalas que vociferan y a los que paso en cuanto hay ocasión y llegando a las pasarelas atisbo al grupo de los perros truferos olisqueando una nueva presa. Justo cuando empiezan las escaleras hacia las balsas. Allí yace una muchacha con tirones en los cuadriceps y aunque nadie lo dice todos pensamos que lo mejor que puede hacer es darse media vuelta y marchar a Alquézar. Lemus le da un magnesio y proseguimos, suerte.

Llegados a Basacol decido zamparme mi ración de magnesio. En el intervalo entre parar, tomar el magnesio y beber un poco pierdo otra vez al grupo. Se oyen gritos entre los árboles llamándome. Ya voy, ya voy... ostras, cuando me doy cuenta uno de los botellines ha decidido abandonar la carrera, vete a saber dónde. Es el km 18 más o menos, quedan 8 hasta Viña y llevo medio (0,5) litro de agua escaso. Es la una del mediodía y dos buenas subidas por delante. No me acuerdo si en Quizans repartían agua, en todo caso siempre podré mendigar. Vaya mierda.

Alcanzo al grupo en el cuarto vanmarcke del día haciendo cada vez más honor a la idiosincrasia del personaje que da nombre a tal acción. Jesús empieza a dar muestras de flaqueza por culpa de un escozor que le provoca la malla, como tampoco pensaba llegar mucho más adelante decide dar media vuelta y emprender la marcha a casa. Ha sido una buena compañía, queda algo más de media carrera y Lemus Zapador continúa con su labor de guía.

Alcanzamos a César Calderas quien va con los cuatro intermitentes enchufados aunque avanzando. Como es un hombre curtido en mil batallas lo dejamos a su ritmo después de ofrecerle seguir el rebufo y declinar amablemente por no poder hacer tiradas de más de dos minutos sin parar a respirar. Coronamos Quizáns y no hay agua, bueno, a lo mejor hay abajo.

Tercer control de paso, Quizáns.
Parcial 2014: 1:11:07; Acumulado: 3:29:17
Parcial 2015: 1:06:47; Acumulado: 3:20:48

Seguimos rebajando el tiempo. No sé a dónde llevará todo esto pero en todo caso para reducir ritmo siempre habrá tiempo. Comenzamos el técnico descenso y una vez más se van y los cojo en el llano donde el desvío de camino. Donde pensaba que igual había agua. Quedan 6 km hasta el agua, una matraca de la buena y vuelve a tocar decidir. Me quedo con los zapadores o me quedo ya de una puñetera vez a mi ritmo. Si sigo con ellos me reventarán seguro y por mucho que lleven agua lo mismo me dará, si me quedo... si  me quedo voy seco pero voy a mi ritmo y así llegaré a Viña en condiciones. Más o menos. Aquí dos y dos ya no son cuatro. Aquí es como cuando tras llevar una semana en clase de Álgebra comprendiendo todo de repente la segunda semana ya no se comprende nada.  

Lemus Zapador mira hacia atrás y pregunta qué tal vamos Morcate y yo. Le grito que marche, en realidad se lo estoy pidiendo, se lo estoy implorando pero tras todo ese rato caminando en lugar de salir un "por favor, adelantaos si lo consideráis oportuno" sale un "cagonlaputadeoros, marchar para delante ya, que vais con mejores piernas". Así es que voy aflojando el ritmo y en la primera curva en la que ya no me ven paro a comer una barrita, beber un poco y cambiar el agua al canario.

Camino, corro un poco, vuelvo a caminar. Ya no voy haciendo un vanmarcke, una calamidad de ciclista con, por otra parte, una elegancia descomunal en su pedaleo cualidad esta última que no atesoro ni en el pedaleo ni el caminar. Voy derechito a hacer un demaré aunque todavía no lo sé. Cada vez que toca un repecho cara arriba se remueve algo en el vientre pero pienso que ya se pasará, qué iluso. Correteo hacia el barranco y el rampote hacia los últimos kilómetros de Viña dicta sentencia.

Me encuentro a Chicote quien va más apajarao que yo y pensando en la retirada, necesitas algo, no gracias, lo adelanto, suerte y ánimo. Menos mal que no pide agua porque entonces el chiste hubiera sido bueno... Avanzo pero en la tripa comienzo a llevar un agujero que sube y baja hacia la garganta. No sé si tengo hambre o ganas de vomitar. La cara está llena de sal pero la ermita de Viña se ve ya cerca. Mal que bien consigo llegar soñando con botellas azules de powerade en las que ahogar mis penas.

Cuarto control de paso, Viña.
Parcial 2014: 1:27:31; Acumulado: 4:56:48
Parcial 2015: 1:21:02; Acumulado: 4:41:50

Voy un cuarto de hora por delante del año pasado. Pero no hay powerade azul, a cambio hay unos bidones de agua con polvos diluidos que hacen la función de bebida isotónica. El sabor y la textura granulosa parecida a la papilla me hacen pensar que han echado el magnesio ahí y se han quedado tan panchos. No sé, quizá el calor me hace medio delirar. El pan con jamón del puesto lo devoran unas abejetas y el nutrido grupo de corredores que se juntan de la corta y de la larga e, insisto, hay una sensación de prisa y desasosiego por parte de algunos que me pone de los nervios.

Miro el teléfono, tengo dos llamadas perdidas del Enano. Me dice que transitan a tres kilómetros y que van bien, mucho mejor que el año pasado así es que le digo que tiro para meta.

Allí en Viña he alcanzado a Lemus y Morcate pero les digo que por favor marchen que voy a echar un rato un poco largo. Lleno media bolsa de la mochila con agua, y el botellín con el simulacro de isotónica, antes de probarla y comprobar que me revuelve las tripas, y como uno de mis medios bocadillos de jamón. Creo que también una barrita. Para ejecutar la operación de llenado de la bolsa tardo una eternidad, no encuentro el cierre que yo mismo he dejado puesto en la mochila. Llega Chicote, come y bebe, se recupera y continúa. Esparzo el contenido de la mochila por el suelo sin encontrar el cierre de la bolsa de agua. Tras tres minutos haciendo el canelo caigo en la cuenta de que el cierre está enganchado a la mochila. Llevo un melocotón de cuidado.

Como el avituallamiento me está poniendo de los nervios con ese trasiego de gente que va y viene, corredores que vienen de la larga y no encuentran el cartel indicador para continuar ya que el viento lo ha derribado y no saben por donde continuar, en definitiva, un pequeño caos que hay allí montado, decido arramblar dos trozos de fuet y dos gominolas de cocacola y seguir comiendo mientras camino. La alimentación está siendo escasa pero es que el estómago está reblandeciéndose por momentos.

Corro un rato hasta alcanzar la bajada más revirada. Otra vez mal cuerpo acrecentado cada vez que toca algún repecho. Voy oteando algún foricachón donde parar a hacer de vientre, a hacer un demaré. Cada vez se acrecienta más la sensación de que la cosa va a terminar así, como debería haber comenzado antes de tomar la salida. Llego al barranco y remontó no con pocos esfuerzos hasta la pista que conduce a Radiquero, momento en el que soy retratado por el sr Monrasín.


Terreno pisado y sin piedras, ancho, pendiente la justa e ideal para trotar. Y la sensación de ir por una autopista de tres carriles con un seiscientos con el motor reventado. De poder circular a 140 km/h y no saber pasar de 60. Corro, camino, corro y vuelvo a parar. Retortijones de tripas y Radiquero ya se acerca. Dicen que en la plaza hay cerveza pero una necesidad acuciante me lleva a renunciar a ella. En llegar al pueblo voy directo al bar previa conversación con uno de los parroquianos que ve el paso de la carrera en la puerta.

- Vamos, ánimo, que ya te queda poco
- Gracias. Esto es el bar del pueblo, ¿verdad?
- Sí, uno de ellos. Pero allá más adelante a cincuenta metros tienes el avituallamiento...
- Sí, ya, si ya lo sé. Pero es que tengo que hacer uso del baño del establecimiento
- :))) Ah, bueno, ya veo. Pues en ese caso pasa para dentro que ya te guardo la mochila y los bastones y ventilas el asunto más tranquilo.

Y para allá que entro no sin antes despojarme de la gorra y pedir un aquarius a la camarera. Que una cosa es entrar a un establecimiento sudando y pudiendo como un cochín y otra no despojarse de la gorra en el interior como si fuera un moderno e intentar hacer uso de la instalación por la cara como si fuera un cuatrero. Eso no. Y menos en Radiquero.

Una vez dejado el fax en la oficina postal me bebo el aquarius en dos tragos, pago y salgo fuera a dar las gracias al buen hombre que ha custodiado mis pertenencias mientras penaba en el interior.

Prosigo al avituallamiento, relleno la bolsa como si quedaran veinte kilómetros en lugar de cinco y me enchufo buen tamborinazo de powerade azul. Creo que me lo he ganado tras despachar el fax y hacer un demaré de época y aunque debería comer algo para afrontar San Pelegrín el cuerpo ya sólo pide líquido y terminar ese sindiós de una vez. Atrás queda la barra con cerveza, la paella... Manolo de Radiquero se queda mirando extrañado de que no me aprete una cerveza (o dos) pero es que de hacerlo hay serio riesgo de padecer un calvario en la última subida en forma de vomitinas y otras lindezas del aparato digestivo. Otro año será, un año en el que no se caigan los botellines de agua, en el que las bolsas de la mochila vayan llenas, en uno en el que en Viña haya pichadetes de pitufina y no papilla de magnesio... otro año.

Quinto control de paso, Radiquero.
Parcial 2014: 1:44:47; Acumulado: 6:41:35
Parcial 2015: 1:18:17; Acumulado: 6:00:07

Tramo hecho 26 minutos más rápido que el año pasado. Teniendo en cuenta que en 2014 esperé más de un cuarto de hora al Enano en Viña para bajar juntos y que él iba muy acalambrado... pues he bajado de aquellas maneras. Pero claro, también he perdido un cuarto de hora este año conversando con el señor Roca... Las ovejas que entran por las que salen, he bajado que es lo que cuenta.

Ahora toca coger los bastones, bajar la cabeza y subir San Pelegrín como si fuera el Tourmalet. Engancho una zagala allá a lo lejos y fijo la mirada en ella. Para ser exactos en su culo, de estas situaciones hay que salir como sea y esta es una tan válida como otra cualquiera. Entre chemecos, soplidos y reniegos voy subiendo por esa ancha pista por la que en lugar de tierra veo unas galerías, ahora La Mongie, ahora otras galerías. No estoy en San Pelegrín, estoy en el jodido Tourmalet resoplando como una cosa mala, siguiendo a la pobre zagala que es lo único que me va anclando a la realidad.

En un tramo casi la sobrepaso, pero entonces paro a beber y le dejo otra vez margen y vuelvo a empezar la persecución. Las últimas rampas al 10%, las curvas con las pintadas de Trebujena, la estatua del ciclista en la cima, el monumento a Desgrange. Tourmalet coronado, o San Pelegrín, o lo que sea. Ahora sí, ahora ya sólo queda bajar y disfrutar. Ahora sí. No cuando Lemus Zapador en el km 18 ha soltado tan gloriosa frase subiendo a Quizáns "ahora coronamos y ya el resto es bajada y a disfrutar". La madre que lo trajo...

Guardo los palos y corro, y las piernas dan. Hay que parar a quitar una china de la zapatilla pero no importa. Correr y caminar cuando la senda se estrecha y se llena de piedras. Ya se ve la colegiata, las piscinas, entro en las calles, correr cuesta abajo. Gritos de ánimo, gente conocida, ya no duelen las piernas, ni la tripa ni nada. Doblo la última esquina y enfilo meta.

Mi hermano Jose y el sr Ornitorrinco están comiendo en una de las terrazas después de hacer podio de su categoria. Me hacen la ola, ni me entero. Veo un túnel de gente pero no oigo, veo a Romané, a Lemus Zapador que al final ha pinchado y a Morcate que ha llegado un poco antes que él. En torno a las 6:30 ambos. Les choco la mano y ya sólo queda meta. Entro corriendo, con las piernas casi más ligeras que cuando salí. Para completar la trail en 6:50. Una hora menos que el año pasado. Pasando alguna penuria y dedicando un rato a despachar un fax en la oficina postal de Radiquero pero una hora menos. Si no llega a ser por esa parada aún cogía a los zapadores, hubiera estado gracioso.


Por suerte al llegar, con la cara impregnada de sal, el estómago se vuelve a abrir. La conversación con el resto de participantes, las cervezas, la ducha y los macarrones ayudan a restablecer la normalidad en el organismo. Magda llega en 7:50, el Enano diez minutos más tarde. Contentos y sin sufrir en exceso. No así otros amigos que han ido con calambres más de media carrera. Pero ahí estamos todos, en meta sanos y salvos.

Habrá gente que se preguntará si es necesario pasar por todo este berenjenal durante siete horas, arrastrando el culo por la sierra de Guara. Es más, se preguntarán si todo esto que se ha narrado es disfrutar o más bien un sufrimiento innecesario. No sé, debemos estar un poco locos porque ya estamos pensando en la del año que viene.


Notas mentales para el año que viene.

1. Presentarse en línea de salida con la bandeja de salida de faxes, mails y correos totalmente descargada. Si fuera necesario despachar los mensajes imprevistos durante la media hora previa a comenzar el evento. Después resultará mucho más engorroso.

2. La bolsa de agua de la camelbak es para llenarla. Un litro y medio de agua pesa pero todavía pesa más el melocotón generado por la deficiente ingesta de líquido.

3. Los botellines de agua tienden a saltar del barco cuando la situación es desesperada. Aplíquese el punto 2, se corre más tranquilo.

4. Dos más dos son cuatro hasta el kilómetro 14 más o menos. Después el powerade azul que uno anhela en el avituallamiento se convierte en isostar de polvos o cosas por el estilo. Llevar aquarius en uno de los botellines para evitar tales eventualidades.

5. Al entrar en la recta de meta otear dónde está la gente conocida. Parar si es preciso a devolver los aplausos. A todos los que estabais en esa recta, enviando wasaps e incluso en casa frente a la pantalla del ordenador viendo la llegada en directo: ¡GRACIAS!

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