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domingo, 13 de diciembre de 2015

Una mañana en Castillazuelo


Un año más acudí a la indeludible cita con las cuestas del Castillo y el monasterio del Pueyo. Es una carrera llena de sorpresas desperdigadas por el camino ya que la subida tiene bajadas y la bajadas alguna que otra subida. Siempre es una carrera agradable de participar aunque este año el tiempo excesivamente caluroso marcó la prueba, al menos en mi caso.

Donde antaño había mallas largas, gorros y guantes este año hubo camisetas de tirantes y pantalones cortos. Nada de niebla y un cielo totalmente despejado con algo de viento que aplacó en parte el no muy habitual calor de principios de diciembre. El resultado fue que invertí 7 minutos más que el año pasado para realizar el mismo recorrido llegando a meta aún más cansado. A mitad de la subida desconecté, más de lo que lo hago habitualmente, de todo tipo de afán competitivo y me limité a completar el recorrido sin reventarme demasiado.

Al menos semejante calor sirvió para que el numeroso público congregado en la plaza del pueblo disfrutase de las carreras infantiles y del tiempo de espera entre la salida y la llegada de los mayores sin pelar palomos como es lo normal otros años. Al margen de la carrera la cual tampoco tuvo mucha historia al margen de que ya en el segundo kilómetro creí cocerme dentro de la muy mal elegida camiseta térmica, me gustaría destacar un par de hechos curiosos que tuvieron lugar.

El primero de ellos tuvo que ver con el numeroso público presente y que como ya se ha mencionado dio mucha animación a la plaza. Es muy de agradecer y siempre es bueno que este tipo de pruebas conciten atención pero todos deberíamos ser conscientes de que los recorridos de las pruebas así como las zonas de salida y llegada deberían ser sagrados.

En una de las carreras infantiles, dos niñas se disputaban la victoria en un ajustado sprint. Todo lo ajustado y al límite que se puede desarrollar a esas edades y eso es decir mucho ya que no suelen medir y la línea de meta es lo único que ven. Pues bien, un reportero y un padre se encontraban plantados justo en la línea de meta para sacar la mejor de las fotos del evento.

Y pasó lo que tenía que pasar en tales circunstancias, que una de las crías acabó medio empotrada contra una de las personas que estaban donde no debían estar. Fue más el susto que otra cosa pero fue una situación evitable si la meta hubiera estado como tiene que estar, despejada. Tras el revuelo acudió uno de los responsables del club a despejar la zona dejando bien claro que nadie que no fuese juez de atletismo debía colocarse allí. Y lo expresó de manera muy clara y muy alta, quizás perdiendo las formas pero asistido por toda la razón.

Me quedé con el detalle de que uno de los jueces, uno de esos que lleva más de treinta años dando el callo en crosses, medias maratones y pruebas de pista a lo largo y ancho de la provincia; uno de los que si llega a presenciar semejante algarada hace veinte años hubiera despejado la zona de idéntica forma o muy posiblemente mucho peor echando sapos y culebras por la boca; uno de esos jueces que llevan media vida haciendo una labor desinteresada por el atletismo local y que ya iría siendo hora de que les fuéramos dando el relevo en tales labores para que puedan asistir a las carreras como meros espectadores; uno de esos jueces al que siempre tuve tanto cariño como respeto por sus airadas reacciones espetó entre dientes y con una sonrisa en la boca: "ya era hora, ya era hora de que alguien pusiera un poco de orden".

Del otro detalle me enteré al día siguiente de la carrera y en las fotos del periódico se puede contemplar. Al parecer varios atletas, por denominarlos de alguna manera puesto que ese término engloba muchos más detalles que el mero hecho de correr, tuvieron la feliz idea de disputar la carrera sin inscribirse y sin dorsal. No estamos hablando de que una persona decidiese unirse a la carrera durante algún kilómetro a mitad de recorrido acompañando de manera anónima a algún participante. No.

Estamos hablando de gente que representando a un club tuvo el cuajo de ponerse en línea de salida, disputar toda la prueba y pasar la línea de meta. Para mí esto sí que es una verdadera falta de educación y no tener formas de ningún tipo. Una falta de respeto para con todos los que sí pagamos el dorsal y los organizadores de la prueba. Lamentable.

Al final, el responsable del club terminó hablando con el reportero disculpándose por las formas empleadas en el desalojo aunque tenía toda la razón. Espero que el rapapolvo sirva para que todos tomemos conciencia de que en las carreras lo más importante son los corredores, nunca hubo nada más. Y que si un juez ordena que no estar en una zona o no rebasar una cinta pues no se rebasa y no se entra en esa zona. Punto. Y respecto a los jetas que decidieron no pagar dorsal no sé qué pasará con ellos. Francamente, yo lo tendría muy claro. Las carreras no necesitan ese tipo de corredores.

jueves, 12 de noviembre de 2015

De fútbol y rugby

Que en España el fútbol es el rey de los deportes está fuera de toda duda. Nos podrá gustar más o menos y podrá ser considerado más como un espectáculo de masas que un deporte como tal pero es un hecho que levanta pasiones entre la mayoría de la población. Y el resto de modalidades deportivas, sean más vistosas o plásticas, más espectaculares o más épicas, no tienen ni la mitad de la trascendencia que un simple partido de balompié. A una importante minoría no nos gusta que esto sea así pero así es. Y como muestra un botón.

Nos remontamos a tres fines de semana atrás en el tiempo. El último domingo de octubre se disputaba la segunda semifinal del Mundial de Rugby. Como venía siendo habitual durante los fines de semana de todo ese mes, los afines al deporte del balón oval nos juntamos para degustar el partido. Y es que la visión de estos partidos parece algo sencillo pero se asemeja a realizar cualquier tipo de actividad clandestina.


Para empezar, la gente normal suele mirar de manera extraña a la otra gente a la cual le gusta el rugby. Pero esa mirada extraña suele derivar en ocasiones en odio y/o asco. Tal cual. La lindeza más suave que se puede escuchar en un bar no afín al pedir por favor que le enchufen la tele que está apagada y que ningún parroquiano del lugar está mirando puesto que se haya inmerso en el noble arte del juego del naipe es "¿pero cómo te puede gustar esa mierda?".

Frases similares pronunciadas a tal efecto son:

  • "En esa mierda de juego siempre se están pegando"
  • "El fútbol no es tan violento"
  • "¿Cómo te puede gustar esa mierda?" (otra vez) 
  • "No sé cómo os podéis enterar de lo que pasa si es todo tan confuso"
  • "¡Ensayo!" (dicho erróneamente cuando el balón es pateado entre los palos)
  • "El árbitro cuando no sabe qué pitar para el partido y mira la repetición, eso le quita emoción"
  • "Esto sólo lo juegan animales"
  • "¿Cómo te puede gustar esa mierda?" (y otra vez)
En conclusión, para el común de los mortales el Rugby es una mierda incomprensible a la que se aficiona gente extraña e inadaptada en la que sólo hacen que pegarse hostias con un propósito que nadie que esté en su sano juicio puede alcanzar a discernir.

Para los que nos gusta este bello deporte es algo más que eso y no nos importa pasarnos un partido entero intentando explicar a los neófitos en la materia los pormenores de las reglas. Y si algo se nos escapa es tan sencillo como verlo sin más y disfrutar de como un equipo intenta avanzar metros a toda costa y el otro hace lo propio para intentar frenar ese avance.


Pero bueno, ahí estábamos dos de los habituales apostados en la barra de uno de los bares de la localidad en los que se suele poder ver algo de rugby alguna vez. Sin que te miren de manera muy extraña y todo eso. De hecho, la semana anterior y ayudados por el hecho de que no se disputase jornada de Liga de fútbol ese bar fue tomado por diversos personajes para ver más de un match de rugby. Los raros del pueblo más algún que otro inglés y hasta parroquianos y parroquianas de la France disfrutamos viendo los partidos.

Y ahí volvíamos a estar dos de estas gentes extrañas para ver un Argentina-Australia en el bar vacío a las cinco menos cuarto de la tarde. Después de preguntar a la camarera si nos pondría el rugby (uno nunca se acostumbra del todo a hacer este tipo de peticiones ya que se siente como si fuera un proscrito con insanas parafilias) y de que ésta muy amablemente accediera, nos pusimos frente a la tele con unas cervezas a apoyar a los Pumas.

Como a los diez minutos de partido entra un señor mayor que se queda plantado frente al televisor y cuando ve el marcador en el que Argentina ya pierde frente a los Wallabies masculla uno de esos juramentos que sólo un argentino sabe soltar por la boquita y tras pedir en la barra se sale a los veladores suponemos que para no sufrir.

Diez minutos más tarde comienza a entrar más gente al bar. De hecho son integrantes de un equipo de rugby, de cierto equipo de rugby que se ha visto obligado a abandonar nuestra comarca debido a diversos motivos y que parece ser vienen de disputar un partido. Los chicos han perdido y las chicas han ganado, bien por ellas, y ahí está una parte de la expedición echando unas cervezas.

Los Pumas siguen por detrás en el marcador, pagando errores de concentración en defensa pero bregando en ataque para rascar puntos lanzando a palos. El apoyo a los pibes ya es definitivo en el bar máxime porque uno de los integrantes de la escuadra que acaba de llegar a ver el partido es de allende los mares.

Aunque eso no quita para que este otro señor argentino sea el primero en aplaudir el siguiente ensayo australiano que sepulta un poco más las opciones de los Pumas. "Muy bueno, pero qué rebueno, che" no se cansa de decir vuelto hacia nosotros como para confirmar el hecho de que acabamos de presenciar un ensayo memorable mientras no para de aplaudir. Aplaude un ensayo que está jodiendo al equipo del cual porta la camiseta todo orgulloso. Porque ante todo a este señor le gusta el rugby.

Y llega el descanso. Y acontece la catástrofe. La camarera pregunta si el partido ha terminado o todavía queda otra parte. Ante la respuesta de que todavía resta otra parte nos explica que a las seis y cuarto va a tener que poner el fútbol como tiene ordenado por parte de su jefe. Pero no se crean que el partido a poner es algún derbi de la máxima rivalidad, un partido de competición europea o algunos cuartos de final del Mundial. No, es un simple Barça-Eibar de la décima jornada de Liga. Y a pesar de que la Sociedad Deportiva Eibar me cae muy simpática el partido como tal me parece absolutamente prescindible.

Proponemos a la apurada camarera una solución salomónica y esta no es sino poner un evento en cada tele del local para que así nadie discuta. Pero la solución es técnicamente complicada de ejecutar al ser los dos acontecimientos codificados y no emitirse ninguno en abierto. Consulta con el jefe vía telefónica, ahora nos dice algo. Mientras en el bar hacemos recuento de los parroquianos para ver cómo gestionar la posible discusión.

Pero de hecho la posible discusión es inviable. Aparte de las doce personas integrantes del equipo de rugby que ha tenido que huir de la comarca por motivos ajenos a su voluntad nos encontramos la pareja de inadaptados seres a los que tras ser cuestionados sobre si estábamos viendo el rugby por hacer hora e íbamos a ver el fútbol, respondemos: "¡el rugby, la duda ofende, estamos viendo el rugby!".

Y nadie más. Catorce personas viendo un partido de rugby, consumiendo cerveza a un nivel bastante elegante, y nadie más. La apuradísima camarera nos comenta que lo de poner los dos eventos a la vez no puede ser, que en todo caso nos deja ver el rugby hasta que comience el fútbol y entonces... pues entonces si llega alguien pidiendo el fútbol lo quita y punto.

Entonces, es entonces cuando el señor argentino ataviado con la albiceleste se enerva (de muy buenas maneras eso sí) "che, o nos ponés el rugby (pronúnciese "ragby") todo entero o nos marchamos". Los demás intentamos hacer ver a la camarera por la vía diplomática que de momento tiene catorce clientes consumiendo bastante bien y que se expone a vaciar el bar. Y que en cualquier caso la segunda parte del fútbol la tendrá libre para ponerla sin que se solape con el rugby.

La apuradísima y obedientísma camarera no se mueve un ápice de las directrices establecidas por su jefe y da como límite para ver rugby en ese bar las 18:15 h. Las chicas y chicos del equipo de rugby que ha tenido que escapar de la comarca ante la falta de apoyo se marchan a otro lugar a intentar mendigar por cuarenta minutos de semifinal mundialista. Los dos inadaptados seres que llevamos desde el principio de partido nos quedamos a rumiar la particular derrota que ya se ve venir.

Comienza la segunda parte del Argentina-Australia y al bar vacío salvo por nuestra presencia llega un abuelete y se clava en la barra tras pedir un zurito. Mira al televisor, pone cara rara, qué cojones es esto, consulta el reloj. Llama a la solícita camarera, pide explicaciones. Se queda más tranquilo cuando le dicen que quedan diez minutos para que comience el partido de la máxima entre Barça y Eibar. Su dosis semanal de fútbol nadie se la va a quitar.

Vamos pagando los tragos y vemos como en la tele cambia el escenario de la semifinal de un Mundial por el de una jornada corriente y moliente de liga. Nos despedimos de la camarera la cual ha hecho lo que le han mandado y nos vamos a dar una vuelta por el pueblo comentando lo sucedido. No es que sea culpa de la camarera, ni del jefe, ni mucho menos del abuelete. Es simplemente la sociedad en la que nos ha tocado vivir, qué le vamos a hacer.

Australia ganó el partido, los Pumas bregaron en la segunda parte pero Australia ganó. En la final, la cual algunos extraños seres vimos en un domicilio particular ante la imposibilidad de verla en un bar puesto que a la misma hora había fútbol, a los Wallabies les tocó el papel contrario y rozaron la machada en la segunda parte. Ante una Nueva Zelanda que finalmente ganó de manera aplaudida y merecida.




domingo, 30 de marzo de 2014

¿Por qué no tenemos pistas de atletismo?


Llevo reescribiendo esta entrada unos cuantos días y he de reconocer que he ido rebajando el tono bastante ya que si llego a plasmar lo primero que me pasaba por la cabeza seguramente me podía buscar algún follón. Y de hecho no estoy plenamente convencido de que haya gente que al leer estas líneas no se lo tome a mal o se moleste. Bueno, en ese caso, yo les diría que después de diez años sin pistas de atletismo muchos también nos sentimos bastante molestos. El título de la entrada viene motivado por que comiendo hoy con uno de mis hermanos, me ha contado como ayer estuvo con sus hijas en las pistas de atletismo de Monzón. Una de ellas tenía competición y en una de estas mi sobrina se acerca a mi hermano y le espeta con toda la inocencia, ignorancia, extrañeza, bondad y perplejidad con que se puede hacer una pregunta a la tierna edad de siete años: "Papá, ¿por qué no tenemos pistas de atletismo en Barbastro?"

Cuando me ha contado la anécdota me ha venido a la mente aquel anuncio de captación de socios del Atlético de Madrid en el que un niño viajaba con su padre en el asiento trasero de un coche y mientras el cabeza de familia conducía el chaval soltaba aquello de "Papá, ¿por qué somos del Atleti?" que desarbolaba al padre dejándolo sin respuesta debido a que ser aficionado a ese club trasciende a toda explicación lógica. 

Pues algo similar ocurre en el caso de preguntarse por qué en este pueblo no existen pistas de atletismo. Que a uno se le queda cara de tonto y no acierta a dar una explicación coherente. Sirva esta entrada al menos para explicar el cómo este pueblo llegó a quedarse sin esas instalaciones y el proceso que se siguió. El porqué es mucho más complicado.



Hace mucho tiempo, en este pueblo había unas pistas de atletismo. Para quien no sepa lo que son, lo cual no me extrañaría debido a la considerable cantidad de años que hace que desaparecieron, se trata de dos rectas paralelas y dos curvas en los extremos de las rectas compuestas por entre seis y ocho calles de 1,22 m de ancho sobre las que se disputan las diferentes carreras, siendo la calle 1 la que se encuentra en el interior de la forma elíptica resultante. La longitud de una vuelta, o cuerda, medida en esta calle 1 es de 400 metros, distribuidos de igual manera entre rectas y curvas. 



La vuelta a la pista se da en sentido antihorario de manera que las curvas son de "izquierdas". La recta de meta es donde se suelen disputar las pruebas de velocidad, conociéndose la línea de salida de los 100 metros como "el cien". De igual manera, si avanzamos desde línea de meta que a su vez es línea de salida para los 400 m, 800 m,



y 10000 m lo primero que encontramos es una curva. Una vez trazada se han recorrido cien metros y nos encontramos en el lugar de salida del 1500 m. Al avanzar los cien metros de la contrarrecta se llega al comienzo de la segunda curva y salida de los 200 m y también de los 5000 m. Ese lugar se conoce como "el doscientos". 




La superficie de las calles puede ser de ceniza, tierra o material sintético. En el interior de la zona elíptica descrita se extiende un rectángulo de unos 100 metros de longitud por 70 metros de ancho en el que se suele colocar césped. Esta zona suele estar habilitada como zona de recepción de artefactos provenientes de los fosos de lanzamientos, donde se celebran los concursos de peso, disco o martillo. Ocasionalmente estos artefactos deben esquivar futbolistas, o al revés (no pongan cara extraña, luego se comprenderá). La jabalina también es lanzada a esa zona de césped pero desde un pasillo especial habilitado a tal efecto y que parte desde la zona media de una de las curvas hacia el rectángulo de césped.



Además existen zonas especiales con fosos de arena y pasillos correspondientes para el salto de longitud y algo parecido pero sustituyendo el foso por colchonetas para efectuar los saltos de altura y de pértiga.



Además en una zona que puede variar pero que siempre se encuentra o dentro o fuera de la curva del doscientos, está el paso de la ría. Esto es una especie de valla fija empleada en las pruebas de obstáculos (no confundir con las carreras de vallas) y que cuenta además con un foso que se puede llenar de agua llamado ría y sobre el que se cae tras superar este obstáculo



(los atletas keniatas ni se mojan ya que superan el obstáculo de un salto prodigioso cayendo directamente sobre el tartán mientras corren a ritmo de 2'40''/km pero eso es otro mundo) 



Esto es, más o menos, una pista de atletismo donde como se ha podido comprobar existen múltiples actividades adicionales a correr, como por ejemplo lanzar, jugar a fútbol (luego comprenderán) saltar, marchar, y pasar vallas (ya que como antiguo alumno no muy aplicado pero alumno al fin y al cabo de una escuela de atletismo siempre recordaré que las vallas no se saltan, se pasan),



actividades diferentes al noble arte de correr. Arte este último con el que la mayoría de la gente relaciona en la actualidad, y más en este pueblo, el Atletismo.



Pues bien, el pueblo llegó a contar con hasta tres pistas de atletismo (como ahora, sí, como ahora). La más modesta se situaba en el campo de los Escolapios, donde hasta este año se ha venido celebrando la muestra gastronómica de los festivales del Vino en agosto. Si bien la cuerda era de unos 300 metros y las curvas eran un tanto achatadas cumplía la función para la que estaba destinada a la perfección. Esto es, realizar las clases de educación física del colegio mencionado anteriormente. Había foso de longitud, colchonetas, saltómetros, artefactos y vallas. Equipamiento arcaico y desvencijado pero útil al fin y al cabo.

Aparte, estaban las pistas del cuartel militar. Imagino que en tiempos debieron estar cuidadas y debieron contar con cierto equipamiento. Eran de tierra y su cuerda de 400 metros. Tras el abandono de los cuarteles estuvieron una época abiertas al público. Si bien no se podía hacer en ellas más que correr y dar vueltas era mejor que lo que actualmente tenemos en el pueblo. Hace ya unos cuantos años el perímetro del cuartel fue vallado y el acceso al recinto quedó prohibido, quedando esa pista y el frontón situado a su lado inutilizados.

Y luego estaban las pistas municipales. Las buenas, las de verdad. Con su cuerda de 400 metros, sus seis calles de tierra y su más o menos completo equipamiento. En las antiguas pistas de este pueblo se llegaron a celebrar hasta campeonatos provinciales ya que pese a que la antigua pista era de tierra, era de las mejores instalaciones que disponía la provincia a tal efecto. Estamos hablando de épocas pretéritas en las que existía por otra parte una gran falta de instalaciones (piscinas, polideportivo...) con sus cosas buenas y sus cosas malas, sus virtudes y sus carencias.

El transcurso de los años trajo mejoras y atrasos de todo tipo. Un polideportivo, una piscina climatizada, la ansiada piscina al aire libre... pero como digo, los años también se llevaron algunas cosas, entre ellas las pistas de atletismo.

¿Y qué pasó con las antiguas pistas? Pongámonos en antecedentes... si conocen el complejo deportivo donde se asienta el campo de fútbol "municipal" y las piscinas es fácil situar dónde se encontraban las antiguas pistas. Subiendo por la cuesta del campo de fútbol y dejando a mano derecha el polideportivo y la piscina climatizada se llega a un cruce, si se toma a mano derecha y se sigue de frente se llega a la puerta del campo "municipal" donde se pueden observar los cinco aros olímpicos.

A mano izquierda de la puerta se observa un campo de fútbol de tierra echado a perder. Un campo donde hasta no hace muchos años aún se disputaban partidos de liga local y que más tarde pasó a ser un erial. Este erial ha sido aprovechado por numerosos vecinos del pueblo para disputar partidos amistosos de fútbol e incluso de voleybol. El fútbol en ese erial suele ser cosa de magrebís y subsaharianos mientras que al voleybol le pega un numeroso grupo de sudamericanos. Gente que ha sabido dinamizar y aprovechar un campo que se ha dejado perder y en el que, de momento, no se cobra por utilizarlo. Si se cruza este erial se llega a la piscina de verano, también conocida como la piscina de la rana. Luego volveremos a la piscina.

Volvemos a la puerta con los aros olímpicos. Entremos. A mano derecha se encuentra el campo de césped "municipal". En este campo, de césped natural, ha disputado desde hace muchos años el Barbastro los partidos de fútbol. Este campo "municipal" siempre se caracterizó desde que tengo uso de razón por ser de uso casi exclusivo para la escuadra blanquirroja. Escuadra que muchos años de Barbastro tan sólo ha tenido el nombre ya que gran parte de la plantilla era de otros lares. Menos mal que en la escuela de ese club los niños sí eran del pueblo que si no, apaga y vámonos.




A mano izquierda se encuentra el campo de "césped" artificial. Este campo se ha caracterizado desde sus inicios por ser utilizado por equipos de menor categoría deportiva que el Barbastro, equipos juveniles, equipos de futbol 7... Al parecer este campo de césped artificial surgió de la necesidad de dar cabida a los diferentes equipos de la localidad y motivado también al parecer porque el uso desmedido del campo de césped natural provocaba que el terreno de juego se deteriorara sobremanera.


Si no han jugado ustedes en el campo de césped artificial, sobre esa capa de plastiquete, un 21 de junio a las 3 de la tarde con los pies escaldados no saben lo que es el Infierno en la Tierra. Y no me refiero a que el Infierno sea esa capa recalentada a cincuenta grados que te lacera las plantas de los pies como si fueran brasas candentes, no. El verdadero Infierno en la Tierra es estar asándose vivo en esa parrilla y ver el campo "municipal" con su césped natural también caliente pero no exento de cierto frescor no atribuible a los compuestos fabricados a partir de polímeros de hidrocarburos, VACÍO. Para que no se malmeta.




Pues en el lugar donde se asienta el flamante (y nunca mejor dicho lo de flamante sobre todo en verano) campo de "césped" artificial había unas pistas de atletismo. Al principio eran bonitas, años más tarde apañadas, después pasaron al grado de vetustas, estropeadas, parcheadas, para terminar en el último grado de la evolución de unas pistas de atletismo. Originariamente tenían seis calles. En sus últimos meses de vida lo prudente era no aventurarse a correr más allá de la calle 1.

La calle 1, la calle que linda con la cuerda más o menos se mantuvo arreglada mientras esta sufrida pista dio servicio. La calle 2 ya era otro cantar, te podías encontrar tramos con tierra recién colocada como a los cincuenta metros encontrar un barrete muy bueno para resbalar y partirse la crisma. Las calles intermedias eran algo así como lo que encuentran los exploradores polares entre la tierra firme y la banquisa de hielo: islotes de tierra firme, pequeños lagos de agua dulce, charcas con formas de vida desconocidas, hielo, ahora otra isla... un despiporre. Y la calle 6 si no recuerdo mal en su última época estaba prohibido totalmente el pisarla puesto que la lesión era segura.


El foso de salto de longitud era un rectángulo de diferente color a todo lo que lo rodeaba y al que se accedía por un pasillo. De ahí se deducía que era el foso ya que toda similitud con lo que en tiempos fue terminaba allí. La consistencia de aquella arena era mayor a la del cemento portland. La zona de salto de altura estaba dominada por especies selváticas que se apoderaban del armazón metálico que cubría la colchoneta y los fosos de lanzamiento no corrían mejor suerte.

En el césped natural interior normalmente entrenaban diversos equipos de fútbol que no tenían la categoría suficiente para hollar el campo anexo destinado a la práctica exclusiva del balompié. En ese césped natural interior a las pistas suelen caer los artefactos de lanzamiento (se llaman así, artefactos) pero claro, si coincide el entrenamiento de esa-gente-que-no-puede-jugar-en-el-otro-campo-porque-lo-malmete y el entrenamiento de jabalina se puede llegar a situaciones grotescas. El resto de disciplinas de lanzamientos, quitando el peso, esto es el martillo y el disco eran más complicadas de ejecutar. Más que nada porque la jaula de lanzamiento carecía de red, y de esa manera lo grotesco podía pasar a ser mortífero debido a que el artefacto no sólo podía salir disparado hacia el césped sino también hacia los aledaños de la pista.



Alguien debió pensar que si no ponían jaula de lanzamiento pues así dejarían de lanzar martillo y disco entre semana. Y percal solucionado. Algo parecido ocurrió con la zona de salto de pértiga. Como en aquella época no había nadie que saltase pértiga se desestimó habilitar la instalación completa entrando en un absurdo círculo vicioso en el que nadie saltaba pértiga porque no se disponía de la instalación y no se disponía de la instalación porque nadie saltaba pértiga. Alguien debía pensar en habilitar colchoneta y saltómetro cuando algún aventado se aventurase a dar el primer paso y saltar esperando caer sobre un fardo de sacos pero tal eventualidad no llegó a depararse.


Con todo este caldo de cultivo se llegó a un día en el que se decidió acometer unas reformillas en ese ya de por sí complicado escenario. Las pistas de atletismo que parecían ya de todo menos eso, unas pistas, se iban a tomar por saco. Bueno, bien, pensaron muchos. Que las arreglen que estas ya han durado lo suyo. Pero no, alguien tenía planes muchos mejores. De ese tipo de planes que muchos ignorantes no podemos llegar a comprender en su total magnitud.


Alguien tenía planeado hacer más campos de fútbol. Hombre, pues también está eso muy bien. Ya es hora de que esa pobre gente que no puede jugar en el campo bueno "municipal" porque está ocupado por otra gente que es más importante, puedan jugar de manera decente sin riesgo de que les caiga una jabalina de esos desaprensivos del atletismo... que mira que habrá deportes y haya gente que le dé por correr y lanzar cosas...


A todo el mundo le venía bien porque esos locos del atletismo veían la oportunidad de lanzar cosas por los aires sin miedo a pegar un jabalinazo a esos mozos que jugaban a fútbol y de poder dar vueltas a la pista arreglada sin recibir un balonazo. Pero se había pensado otra cosa. Cuando dijeron que las pistas se iban a tomar por saco querían decir exactamente eso. Que se iban a tomar por saco.



Es una cuestión de tiempo, no se preocupen, esto en un par de años se soluciona, les haremos unas instalaciones dignas, no van a pegar jabalinazos ni les van a pegar balonazos en un par de años se van a tener que exiliar a otro lugar pero después se van a hartar de dar vueltas en las pistas nuevas. La fantabulosa idea era arrasar las pistas y plantar un campo de césped artificial en su lugar. Las nuevas pistas iban a otro lado.


Algún ignorante propuso, mira que hay que ser ignorante e inconsciente, dejar las pistas donde estaban, arreglarlas cuando tocase y clavar el campo de césped artificial en el lugar correspondiente al de las nuevas pistas. Pero claro, razones como que la estética del conjunto podía verse trastocada, eran poderosas razones. También eran aquellos tiempos en los que los dineros salían de debajo de las piedras y se iba a lo grande. ¿Para qué aprovechar una instalación y hacer la otra partiendo de cero?

¡Se hacen las dos partiendo desde cero! Las nuevas pistas tenían que ir a otro sitio.

Y las pistas se fueron a otro sitio. Y de nuevo volvió a haber tres pistas en este pueblo. Esto es, el parque la Paz, la carretera del Canal y la carretera de la Boquera. Estas son actualmente las pistas de atletismo de nuestro maravilloso pueblo. Para concursos de saltos y lanzamientos y si uno es menor de doce años quizá pueda hacer algo en el pabellón de la Ferma. El resto de actividades relacionadas con el atletismo en esas tres maravillosas pistas. Por supuesto la poca gente que lanza martillo o esas otras raras actividades tiene que marchar a otros lugares porque aquí siguen en la misma tesitura.


A este paso, y ahora dejando el tono sarcástico a un lado y poniéndome serio, cuando quieran hacer las pistas ahí al lado de las piscinas al aire libre, puede haber transcurrido una generación de gente apuntada al club de atletismo que no sepa lo que son unas pistas de verdad salvo por las que ve en la tele o las que puede disfrutar por ejemplo en Monzón.



Siempre pendientes de subvenciones, de presupuestos de la DGA, de historias varias. Hace diez puñeteros años que las viejas pistas fueron arrasadas sin contemplaciones. Creo, y lo creo yo y muchísima más gente de este pueblo, que tiempo han tenido para solucionar el percal. Cierto es que estamos atravesando una época fastidiada en el tema económico (y en tantas otras cuestiones) pero repito que diez años es un periodo muy amplio de tiempo. ¿Que se han hecho muchas cosas en este pueblo durante esos diez años? Cierto. ¿Que algunas se las podrían haber ahorrado y no haberlas hecho dando prioridad a otras? También.


Mientras tanto, dos escuelas de niños y niñas de un club de atletismo y de una agrupación deportiva que a pesar de no poder entrenar en pista logran ser campeones en campeonatos provinciales entrenando como pueden en un pabellón ferial o en un parque. Pero que insisto, se están perdiendo lo bonito del Atletismo. Porque el Atletismo es mucho pero que mucho más que correr kilometradas por asfalto o echarse al monte a brincar charcos y trepar riscos. Es correr, sí, pero también lanzar



correr con la jabalina para hacerla surcar los aires, avanzar a toda mecha por el pasillo de salto de longitud para batir con todas tus fuerzas en la tabla y volar hasta el foso, 



dibujar una curva a grandes zancadas antes de intentar franquear el listón de la altura



pasar vallas que te llegan a la altura de la cintura en una recta de seis calles sintiendo el tableteo de los obstáculos de las calles vecinas cuando tus contrincantes las franquean, 



hacer carreras de relevos intentando no salirte de la zona al pasar el testigo al compañero, 



rodar con los pies descalzos por el césped después de haber entrenado o competido, 



esperar el disparo del juez para soltar toda la adrenalina impulsándose en los tacos de salida



Son muchas cosas que algunos afortunados tuvimos la oportunidad de hacer en las viejas pistas de atletismo. Cosas que se están perdiendo los críos de este pueblo y también la gente mayor. Cosas que a este paso poca gente recordará. Cosas que ojalá muy pronto se recuperen.

martes, 25 de febrero de 2014

Reflexiones de un tuercepedales


El otro día recibí un mail de los organizadores de la marcha cicloturista a la que estoy apuntado para junio. En él se daban una serie de consejos de alimentación así como para los entrenamientos de cara a tan trascendental cita. Tras leerlo un poco por encima pensé que quizá se hubiesen equivocado y que el correo fuese dirigido a los integrantes de algún equipo profesional y que, por azares del destino o debido al intercambio de datos al que nos vemos sometidos empezando por facebook y terminando por wasap, hubiese llegado a mí por error.

Que si verde, que si fruta, que si hidratos y algo de carne y pescado... 
y si acaso un yogur... pero desnatado. 
¿y la tostada de foie y las torrijas del Trasiego dónde están?

Tras comprobar que no, que el correo iba dirigido a los futuros participantes en la prueba, y leerlo con más detenimiento me entró la risa. Se supone que todos los participantes en esas marchas somos humildes tuercepedales, esforzados curritos que después de trabajar (o antes, los turnos laborales son caprichosos a veces) enganchan la bici para desfogarse y orearse un poco. No nos pagan por dar pedales, es más, pagamos nosotros y a veces bastante y aunque no es mi caso un tuercepedales a veces tiene familia, críos... un sinfín de obligaciones que implican que la bici se coge cuando se puede, no cuando se quiere. Y luego está el tema de los cicloturistas extraños que aparte de la bici nos gusta salir a correr o incluso ir a nadar. O cualquier otra afición que se pueda imaginar.

Hechas estas aclaraciones es de suponer que cuando un tuercepedales acaba uno de sus "entrenos" que suelen ser tan arbitrarios como el tiempo deje (el atmosférico y el que marca el reloj), y el resto de obligaciones permitan, al llegar a casa se va a poner a comer como si no hubiera un mañana. Porque, oh sorpresa, resulta que hay gente que no sale con su bicicleta a dar pedales como un autómata para vacilar a sus amigos de que han hecho tanto o cuanto o para en la próxima carrereta ganar a fulanito que le cae gordo. Por extraño que pueda parecer a un, por desgracia, cada vez más amplio estrato de población un tuercepedales tiene el gen de la competitividad atrofiado y hace deporte por una razón poderosa que destaca sobre el resto. Para tener más hambre. Para zampar como si no hubiese un mañana.

El Jabalí de San Caprasio a tope por la carretera Colungo después de haberse zampado medio kilo de judías

Pues bien, uno recibe el correo de marras con los consejos. Habrá determinados caballeros con un exceso de motivación por lo suyo (nótese que digo caballeros y no damas y caballeros, de aquí en adelante haré mención al género masculino por entender que las mozas que se dedican a esto deben de tener bastante más conocimiento) que a estas alturas de año llevan más kilómetros en las piernas que los ciclistas profesionales los cuales seguirán a pies juntillas estos consejos. Pues qué quieren que les diga, no me parece ni sano ni divertido. Sobre todo no me parece para nada divertido. Clavarte un calendario de cuatro o cinco salidas semanales con una media de dos horas entre semana y cuatro/cinco horas el fin de semana en febrero y marzo... eso sale a unos 1.000 km mensuales a ritmo cochinero... miedo me da lo que pueden recomendar para los meses de abril y mayo...
Bien es cierto que algunas de estas marchas cicloturistas son duras y que hay que llegar con un mínimo de kilómetros en las piernas. De no ser así pues a lo mejor a mitad de recorrido hay que echar pie a tierra y esperar al coche escoba o llamar a un taxi. Pero pongamos por caso que uno quiere seguir a rajatabla los consejos de entrenamiento para llegar a la línea de salida hecho un galgo.

En ese caso, has de tener los huevos como el caballo del Espartero. Ese tute no se aguanta fácilmente. No al menos si como he dicho uno trabaja, tiene familia, obligaciones, amistades a quienes que tú te pases horas y horas montado en una bici no le parece lo más divertido del universo.

Los cojones del caballo del general Espartero (Madrid)

Pero bueno, de todo hay en la viña del Señor, en el caso de que tengas los huevos del caballo del Espartero y tiempo libre a mansalva, o en su defecto seas funcionario; NO estoy diciendo que no trabajen los funcionarios, no, entre otras cosas porque en mi familia me pueden canear pero tener las tardes libres ayuda en estos casos, en el caso de que te pases por el arco del triunfo a tu parienta o seas un asocial... en fin, motivos varios por los que uno se puede tirar a la carretera cuatro horas al día cinco días a la semana... Será a lo mejor en las islas Canarias porque en la provincia de Huesca en febrero y marzo o te compras un rodillo o vas a hacer bici muchos días por el forro. Y hombre, hacer bici en un rodillo tiene de divertido lo que para un hamster hacer girar la rueda de una jaula. Todos conocemos las dramáticas experiencias de diversos ciclistas belgas, daneses, alemanes... que de tanto hacer rodillo y salir a entrenar todos los días con frío y lluvia se volvieron politoxicómanos perdidos para soportar ese sinvivir. Si hubieran aliviado sus penas con dos huevos con longaniza en lugar de con sustancias psicotrópicas pues lo mismo no hubieran dado positivo en el control antidoping aunque tampoco hubieran ido tan rápidos. Cuestión de preferencias. Pues eso, el año pasado por primavera estos lares parecían Flandes sólo que algunos lo solucionamos no cogiendo la bici más de lo necesario. Y si este año pasa lo mismo pues en casa nos quedaremos.


Coger la bici con lluvia, un placer indescriptible; 
con viento también mola mazo; con granizo, el éxtasis

Seguimos para bingo, en el caso de que tengas los huevos como el caballo del Espartero, o no trabajes o te haya tocado la lotería o tengas todas las tardes libres, no te ajuntes con gente o te la sople tu familia, no te importe salir con lluvia o aireras o incluso de noche (esto último puede ser un impedimento si te engancha la Benemerita), tienes montado en casa un rodillo de la leche con pantalla de 32' con los puertos del Tour ahí metidos para subirlos virtualmente... en ese caso al terminar tendrás que comer. Y cuando me refiero a comer quiero decir ingerir alimentos salidos de una vaca o un tocino o cualquier otro animal de cuatro patas que pueda ser loncheado. Un pez según y cómo puede valer. Y hasta algo de verde si va con pizcas. O incluso pasta o arroz bien condimentado o con tomate. Una tortilla de patata. Vamos, lo que se conoce como comer, que es diferente al concepto de alimentarse que parece lo mismo pero no lo es. Lo primero es un placer y lo segundo una función para mantenerse vivo. Y comer barritas y geles no entra dentro de la primera categoría ni de chiripa.

Ponerse una tele de esas para entrenar... o es para ver "Juego de Tronos" 
o "Pesadilla en la cocina con Chicote" o si no... ¿para qué sirve?

Porque estos señores organizadores recomiendan hacer cinco comidas al día y no dejar más de tres/cuatro horas entre una ingesta y otra. Y digo yo... se han planteado ustedes que un tuercepedales puede llegar a zampar siete veces al día (sin contar los picoteos). ¿Acaso no es normal que uno haga desayuno, almuerzo, comida, premerienda, merienda, cena y recena? Y los fines de semana la cosa puede subir a ocho ingestas con el vermute. Y si el sábado se trasnocha sube a nueve ingestas con el kebab de las 5 de la mañana.
Entonces, ¿a qué viene recomendar que cenes una ensaladeta con un poco de pescado a la plancha y de postre si acaso un yogur pero, eso sí, desnatado? Este hecho ha causado sería indignación entre el grupo de tuercepedales que vamos a acudir a esa marcha.

Yo el pozal de acelgas no me lo zampo si no lleva pizcas de jamón

Como dice un amigo, somos muchos, o sea que alguien (por desgracia unos cuantos) ha de cumplir las premisas de que... tenga unos huevos como el caballo del Espartero, su vida sea un festival en el que no pega un palo al agua (o lo que es peor, después de 8 horas trabajando se zumbe 5 de bici), se la bufe lo que le diga su parienta, no tiene amigos, sale a pedalear hasta el día de Navidad, tiene un rodillo en casa para echar carreras vía wifi con Contador (y ganarle), come menos que una cardelina, no se zampa jamás ni un chuletón (a no ser que lleve clembuterol) ni unos huevos fritos con longaniza, ni se zumba un buen lamparazo de vino o de cerveza después de un entreno majo... bueno, en ese caso las similitudes con un tuercepedales son ínfimas. En ese caso, no sé, al menos supongo que esa especie de robocops supervitaminizados disfrutarán del paisaje en sus salidas, se mirarán el culo de las zagalas que compiten en las marchas cicloturistas... no sé, algo para alegrar esa vida estajanovista de sufrimiento perpetuo.

Estos mozos entrenan como lebreles, comen arroz y pasta blanca todos los puñeteros días del año, les hacen tragar mil potingues, salen a entrenar diluviando... 
y claro, cuando ven a una chiqueta se les va la mano

Pero ya para rematar, en el caso de que tengas los huevos como el caballo del Espartero, después de trabajar fiches para entrenar como el foro de internet de cuatro estalentados te ordena, tienes amargada a tu mujer y tus hijos en aras de un inquebrantable afán de superación gracias al cual quieres descubrir cuales son los límites de tu organismo (y los límites de tu parienta), los amigos no te soportan, vas más fuerte que algunos profesionales, le quitas el pitorro de plástico de la válvula a las ruedas para rascar algo de peso a la bici, montas una bici que te ha costado 5000 eureles, llevas un régimen de comidas espartano en el que no te permites ni una alegría, has desterrado el alcohol y las lifaras de tu vida pero te chutas cafeína para recuperar de los entrenos, no te has parado jamás a observar un paisaje o a hacer una foto ni te recreas en las mozas que circulan en las marchas cicloturistas bien porque van mucho más atrás que tú o bien porque puedes perder tiempo, no paras en los avituallamientos... bien en ese caso lo políticamente correcto sería desear a ese tipo de gente que fuese un poco más laxo con su régimen de vida, recordarle que segúramente no vaya a ganar la carrera y que se puede disfrutar de todo esto sin que parezca que uno es Indurain y está preparando el asalto del quinto Tour.

Eso sería lo correcto, pero lo que de verdad pienso, y perdonen que sea tan cabrón, es que ojalá este tipo de gente reviente la rueda subiendo el primer puerto y tenga que esperar al coche de asistencia para reparar la avería. Porque imaginen ustedes que uno se ha pegado desde enero comiendo mal; saliendo cinco días a la semana con la bici haga frío, calor, diluvie o venteé; los días con alerta roja por riesgo de temporal se los ha pegado en casa haciendo hora y media de rodillo sudando como un cerdo y empapando toallas a pares o machacando el parquet para que luego su santa madre o su sufrida parienta tenga que fregar el desaguisado; ha sacrificado los fines de semana y en lugar de hacer actividades familiares o con los amigos se ha dedicado a hacer salidas de seis horas; ha pedido un préstamo para agenciarse la bici que lleva Valverde; no se echa una cerveza desde navidades... vamos, uno de estos pincha en el primer puerto y me lo imagino haciendo la de Millar cuando se le salió la cadena a un kilómetro de meta yendo escapado. Tirando la bici por la margen. La bici de 5000 eureles.



Porque a mí si me pasa, igual hasta me alegro. Si voy bufando como una locomotora serán cinco minutos (o diez o qué más da) en los que descansaré un poquico. Con suerte me esperará algún tuercepedales y estaremos allí de charrada un rato mientras cambiamos la rueda. Durante ese rato echaremos mano del bolsillo y nos zamparemos algunas viandas y si por un casual, ojalá, hay un bar enfrente será la excusa perfecta para calzarse unos huevos fritos. O si llegamos al avituallamiento lo arrasaremos durante media hora departiendo con la gente allí presente. Sacaremos alguna foto del lugar si es que merece la pena y jalearemos a todo bicho viviente que nos adelante y mucho más si son zagalas.

Y de lo que para alguno pueda ser un drama, otros haremos un momento memorable.

Alguien puede pensar que no valoro el esfuerzo de una gran cantidad de gente que debido a su afán de superación es capaz de llevar regímenes de vida espartanos para alcanzar sus objetivos. Nada más lejos de lo que quería reflejar en la entrada ya que cada cual es muy libre de hacer con su vida lo que le plazca y tan loable es el comportamiento de quien pretende terminar una marcha de este tipo con el coche escoba pegado en el culo como quien lucha año tras año por rebajar sus tiempos personales.

Pero la peligrosa deriva que está tomando todo tipo de pruebas tanto en ciclismo como en carreras a pie en el que gente normal y corriente que no es profesional se lo toma como si lo fuera anteponiendo esos objetivos antes mencionados al resto de su vida, hace que tenga estas reflexiones con las que creo coincido con un amplio sector. 

Y si aún así no he sabido explicarme ruego disculpas a quien pudiera sentirse ofendido y le invito a que después del próximo entreno se zumbe un par de huevos fritos con longaniza con una buena jarrota de cerveza porque le sentarán de cojón.

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