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martes, 21 de julio de 2015

Una trail, dos verbenas y muchas cervezas

Una de las cosas malas de estos tiempos modernos en los que al correr lo llaman running es que a las carreras hay que apuntarse con mucha antelación. Tres, cuatro meses, medio año antes... al final se coge la costumbre y aun en las pruebas que no requieren de semejante predisposición uno va y se apunta recién comenzado el plazo de inscripción. 


Así uno se encuentra en embolados como el del pasado sábado en el que con un calor insoportable como el que viene haciendo desde hace muchos, muuuchos días, hay que ponerse a caminar correr por la sierra de la Carrodilla. Y lo que es peor, habiendo salido a correr cuatro días contados desde marzo. Pero contados. Cuando te apuntas en mayo lo ves todo muy fácil y auguras una cómoda transición entre la época de bici y la de correr, luego llegan los calores, las piscinas y las últimas semanas de junio y las primeras de julio te tocas los cojones a dos manos.

Las ganas de correr en la trail, las mismas que tirarse al río en pleno mes de diciembre pero por suerte estas cosas siempre salen adelante debido a toda la gente que tuvo la misma genial idea de torrarse una tarde de sábado del mes de julio. De camino a Estadilla uno va pensando qué puñetas está haciendo pero una vez llegados allí con Lemus, Morcate y el Enano pues ya ves que hay más zumbados de la cabeza y te parece hasta normal eso de ponerse a trepar barranquizos a treintaypico grados a la sombra. Pero la foto del Cuarteto de la Habana no engaña dice mucho de las ganas que había de correr. Lemus con su equipación de chepirunner se le ve motivado, el resto pasábamos por allí...


La salida es a las 8 de la tarde, y sigue haciendo mucho calor. No se nos ocurre mejor cosa que irnos a la barra del bar que hay frente al arco de meta y apretarnos una cerveza antes de salir ya que la hidratación es lo más importante en estos casos y es un elemento que no se debe descuidar. Así lo entiende algún otro veterano del CAB quien también se apreta su bebida isotónica de cebada antes de enfrentarse a la carrera larga, declarando que "yo hasta que no se haga de noche, no corro, sólo camino".

Nosotros a pesar de ir a la corta de 15 km y 500 m+ también llevamos esos pensamientos y como es bastante complicado que se nos haga de noche lo de correr va a ser poco y en las bajadas. Magda y su hermano Roberto se unen al cuarteto cervecil y juntos nos colocamos en la salida en nuestra posición natural. Los últimos.

Tras un breve descenso por las calles de Estadilla y un poco de correteo las cuestas hacen su aparición. En un segundo y tercer kilómetro de espanto el grupo se pone en fila de a uno y transita caminando por un estrecho sendero con exigente pendiente. Cuando da algo de tregua, trotamos. Cuando no, caminamos. Entre medias, sudamos. Pero de ese sudor denso que va cayendo a goterones a los pantalones y te los va dejando chupidos. Un horror. Segundo kilómetro, 11 minutos. Tercer kilómetro, 13... Recorrido majo y entretenido pero duro.

Enseguida empezamos a pasar a gente, es lo bueno de salir últimos. Lemus y Morcate han cogido su marcheta más adelante pero de momento aguantamos el Enano, Magda. Roberto y yo más o menos juntos. En uno de los descansos vamos trotando con Roberto y cuando nos damos cuenta dejamos atrás a los otros dos, valorando la situación decidimos seguir ya que Magda y el Enano van bien acompañados.

Yo iría más lento pero el caso es que Roberto me hace de liebre y quieras que no vas parando a caminar menos rato que si fuera solo y poco a poco vamos avanzando y cogiendo más gente. Tras una subida especialmente pesada donde se ve a alguna zagala al borde del vómito llegamos al avituallamiento del kilómetro 5. El vaso de aquarius entra entero de un trago. Como cuando se riega una maceta seca, no bebo más por no encharcar la tripa pero seguramente sea imposible ya que el cuerpo está soltando líquido a espuertas.

Desde allí al santuario de la Carrodilla hay una serie de toboganes, siempre con tendencia ascendente, que me van dando la puntilla. Le digo a Roberto que tire pero se niega diciendo que prefiere ir acompañado. Acompañado por un matraco al que le pesa la culera y no dice esta boca es mía, suda como un cerdo y chemeca soltando juramentos en las subidas, pero acompañado al fin y al cabo. Porque además de la culera me pesa la mochila con litro y medio de agua que llevo a la espalda por si acaso. Y es que hace mucho calor y toda precaución es buena pero la mochileta ahora está siendo un sufrimiento añadido.

Llegamos a la Carrodilla, trotando y caminando y allí vuelve a entrar otro aquarius de trago. Es el kilómetro 8, llevamos 1h 12', nos quedan 7 km de bajada y el sol se empieza a esconder. Vamos p'abajo.

La bajada va reactivando las patetas y aunque algunos tramos tienen demasiada pendiente la cosa va fluyendo, es posible que pueda llegar trotando a Estadilla. En el kilómetro 10 tercer avituallamiento y coca cola para el cuerpo esta vez más sosegada pues paro a charrar con un antiguo compañero de clase. Oye, que tú has venido a correr y el otro a trabajar, nos dice uno de sus compañeros de avituallamiento. La respuesta la de siempre, ganar ya no voy a ganar así es que como si quiero parar media hora.

La bajada va suavizando hasta que llegamos a una zona llana e incluso con ligera pendiente ascendente. Necesito parar, las piernas no me dan. Al menos ahora me queda resuello para ir charrando con Roberto y vamos contando historietas de la bici y demás. El paisaje se va abriendo y llegamos a otro barranco con el pueblo al fondo. La meta ya se ve cercana así es que continuamos la marcha, quedan unos tres kilómetros y echando cuentas hasta podemos bajar de las dos horas.

De hecho vamos bastante holgados para bajar y podría seguir caminando pero por lo que queda me fuerzo a seguir trotando aunque las lucetas rojas empiezan a encenderse. El pie izquierdo se empieza a cargar. Además una sensación como de atrancamiento en la zona de los cuadriceps y que me acompaña desde el sartenazo que me pegué el año pasado con la bici y que se hace más grande cuando paso una temporada larga haciendo sólo bici y sin salir a correr. Y unos conatos de calambres por las piernas fruto de la deshidratación tras haber sudado tanto.

Llegados a falta de un kilómetro paro porque estoy entrando en fase Muñeca de Famosa - Playmobil - Argamboy. Voy tieso. Y le digo a Roberto que nos vemos en meta y esta vez sí que hace caso. Caminando y hecho una braga llego a la última curva antes de enfilar recta de meta. Allí sentado en un banco está Juan Ramón "El Figura" que me pregunta que qué me pasa. Tranquilo, lo de siempre, calambres a tope, que si no paso una línea de meta hecho una porquería no es lo mismo. Por no quedar mal hago como que corro pero paso por meta con las patetas a punto de petar, como lo que soy, como un miembro de las Muñecas de Famosa. Al final, para la gente que le interesan estos datos, hago 1h 58'. Y ahora empieza la parte de la trail que se nos da bien: el tercer tiempo, la lifara, los tragos, las risas.

Tras una ducha acojonantemente buena (iba a poner reparadora pero por manido y gastado ese adjetivo seguido de la palabra ducha ya no nos dice nada) nos vamos al portal del Sol a cenar las sencillas pero contundentes viandas que nos ofrecen las gentes de Estadilla. En unas mesas largas dispuestas a tal efecto tiene lugar el convite que consta de primer plato, segundo y postre: Ensalada de pasta, longaniza y panceta a la brasa, y melocotón con vino. Una fantástica forma de recuperar fuerzas y que sirve además para que la gente se quede hasta el final de la prueba charrando mientras llegan los últimos participantes de la carrera larga.

Cerveza va, cerveza viene tiene lugar la entrega de trofeos a los ganadores y tras ella la verbena fin de fiesta que nos obliga a estar un buen rato más en la plaza compartiendo anécdotas y recuperando los líquidos perdidos en carrera. Pasadas las dos de la mañana se decide hacer un pensamiento y regresar al pueblo, ¿a casa, no? Cambiamos de verbena y nos vamos a la del barrio de San Fermín.

Continúan las rondas de zumo de cebada para equilibrar el balance electrolítico del organismo por una parte y para soportar impertérritos el espectáculo que nos ofrece la susodicha verbena. Lo de impertérritos es un decir ya que a los diez minutos nos descojonamos a más no poder del peculiar barrillo que se acumula en primera fila del público, justo bajo el escenario donde la orquesta actúa impasible, esta sí. No sólo no se desconcentran con los alegres bailes de las guapas cantantes sino que tampoco parecen perturbarse ante la escandalera protagonizada por ciertos parroquianos que han hecho demasiados viajes a la cisterna del poncho. Todo aquella persona que haya asistido a un par de verbenas de barrio de nuestro simpar pueblo sabrá a qué me estoy refiriendo así es que no hace falta entrar en más detalles ni hacer más leña del árbol caído.

Uno de los participantes de la trail larga, al ver el percal, se nos acerca y nos dice: "mirad, ese de la primera fila me ha pasado subiendo al Buñero". Lo debió de confundir con una de esas aves que vuelan por la Carrodilla porque por los movimientos espasmódicos que le provocaban la ingesta masiva de poncho y cerveza, el mencionado personaje de la primera fila parecía un buitre batiendo alas a punto de despegar. O un Walking Dead seco calatrido buscando amigos. En cualquier caso su memorable y sensual interpretación de Paquito el Chocolatero la guardaremos entre los recuerdos más bizarros del verano.

A eso de las cuatro se da por terminado el espectáculo y tanto el Enano y Morcate deciden marchar a casa a dormir, no así Lemus y yo que todavía tenemos un desarreglo de electrolitos bastante severo que decidimos atajar a base de Estrella Damm en los establecimientos pertinentes.

El final de la gastrotrail cervecil se hace un poco cuesta arriba pero con una buena hidratación y una dosis de gel de kebab pakistaní conseguimos terminar cuando comienza a amanecer. Al final de la jornada, 15 km recorridos, 500 m de desnivel positivo, 2 verbenas, ...titantas cervezas. Un buen entreno de cara a la trail de Guara. Quedan dos meses y medio y la mutación de tuercepedal a caminacorre ha comenzado, (si la calor lo permite) seguiremos informando.


miércoles, 29 de abril de 2015

Gastro Trail Madrid 2015

El pasado puente de San Jorge fue aprovechado para viajar a la capital del Imperio y realizar una primera toma de contacto con los duros entrenamientos que tienen que venir de cara a los retos del próximo otoño. Inmerso en plena temporada pedalística esta escapada tuvo como objetivo dos tareas fundamentales: caminar y comer como si no hubiera un mañana.


La primera jornada deparó una memorable pateada por las zonas de Sol y La Latina con avituallamiento líquido y sólido en establecimientos tan variopintos como el 100 Montaditos, las Mancheguillas, el Madroño, el Mercado de San Miguel, casa Antonio, casa Parrondo, un garito de cuyo nombre no soy capaz de acordarme pero que con cada caña jodían de tapa unos platos de paella para un regimiento, la casa de las Navajas, un bar en la plaza Mayor que te levantaba en el aire al pagar y la Extremeña. 

A la mencionada paella, hay que añadir pincho de tortilla, montadito de lacón y carne desmechada, ración de albóndigas y rabo de toro, mini cachopos, tortilla rellena, callos, ración de navajas y de oreja. Múltiple avituallamiento líquido en forma de cañas, sidra y mojito de sidra y geles en forma de chocokebab y helado de turrón (o alguna marranada similar).


Distancia total caminada en la primera jornada: 7 km.


La segunda jornada del Gastro Trail discurrió por los sectores de Sol, Callao, Gran Vía, Palacio Real, Templo de Debod y Malasaña. Con múltiples idas y venidas e intersecciones entre los diversos sectores. Ingesta de calorías en Chocolatería Valor, el Doce, el Nomeolvides, La Panza es primero (mención especial a este impresionante restaurante mexicano y sus fantásticas camareras), un garito de música rock cuyo nombre no recuerdo, y el ecléctico Ay la Pepa al que aún no sé cómo cojones llegamos.




Dosis de chocolate con porras, montado de lomo y queso, entraña y vacio con patatas, crepe de dulce de leche, tacos mexicanos, helado de mango con tequila. Avituallamiento líquido a base de cerveza, tequila y ginebra. Checkpoints de descanso en Palacio Real y sala de armas de Felipe II & family y en teatro Lope de Vega con función estelar del Rey León.


Distancia total de la segunda jornada: 14 km.


En la tercera jornada el evento se aproximó a los sectores de Sol, Callao, el Prado, la Latina, el Rastro, Palacio Real, Gran Vía, Sol y la Latina en un nuevo tour lleno de vueltas acrobáticas e inconexas. Avituallamiento sólido a cargo de Chocolatería San Ginés, casa Antonio, el Doce, KuboKing, un garito vasco que servía hamburguesas, La Pascuala y Independance.


Con fartallada de chocolate con churros, minicachopos con pimientos de padrón y patatas, alitas de pollo, nachos con queso, tortilla de bacalao y hamburguesa. Hidratación a cargo de sidra asturiana, licor de orujo, cerveza, sidra vasca, pacharán y ginebra. Áreas de esparcimiento habilitada en el Museo del Prado con la visión de la maravillosa expresividad y volumen de los cuadros de Velázquez, los terrores de Goya, la grandilocuencia y color de El Greco y el hijoputismo ilustrado, mitad Monty Phyton Flying Circus mitad Historias para no dormir, del Bosco, Brueghel y Patinir.


Distancia total de la tercera jornada: 11 km.


En la cuarta y última jornada de la Gastro Trail, nueva visita a Chocolatería Valor y retreta final en restaurante cercano al Congreso de los Imputados. Chocolate con porras, pimientos del piquillo con calamares, entraña con guarnición y helado de galleta. Avituallamiento líquido extrañamente consistente tan sólo en agua tanto ingerida como precipitada sobre nuestras cabezas.


Avistamiento del otro gran evento deportivo del fin de semana en la capital del Imperio consistente en Maratón, Media y 10K en el que unos cuantos miles de valientes se batieron el cobre bajo un impertinente aguacero. Bravo por tod@s es@s valientes.

Distancia total de la cuarta jornada: 4 km.


Así pues, el Gastro Trail Madrid 2015 arroja unas cifras de escándalo:

36 km caminados, varios garitos asturianos arrasados, sidra y cerveza ingerida a cascoporro, altas dosis de azúcares asimiladas por el organismo, avistamiento de múltiples habitantes del Barranqué, extrañas conversaciones con hosteleros y mesoneras que serán relatadas en alguna otra ocasión, así como con simpáticos personajes de la noche madrileña que por azares de la vida también estaban relacionados con nuestra comarca y en suma un puente de San Jorge muy completo que se espera poder repetir de aquí a no mucho.


martes, 10 de marzo de 2015

Gran Premio Rondadora

El pasado sábado tuvo lugar el estreno, tardío estreno, de la temporada de bici de carretera. Buscando una motivación extra para coger el velocípedo de andar deprisa, aparte de quitar las telarañas que criaban en las ruedas desde el pasado mes de agosto, se decidió dar el banderazo de salida en el corazón del Sobrarbe.

Tras un almuerzo por todo lo alto en el Sánchez para coger fuerzas antes de la extenuante  y larga jornada diseñada por las mentes navaleras, la temporada comenzó a eso de las 10 de la mañana en dirección Campo por la N-260. Éramos de la partida Nacho, Héctor y un servidor.


Carretera en buen estado, arcén ancho salvo en algún tramo y profusión de terceros carriles y entraderos por donde se rueda bastante tranquilo, con algún que otro repecho interesante. En las inmediaciones de la localidad de Arro nos saltamos el túnel cogiendo el desvío de la antigua carretera que ahora está convertida en una pista de tierra. Es el particular tramo sterrato del día en el que en Siena se disputa la clásica Strade Bianche.

A partir de allí fuertes subidas en las que Héctor acelera el paso con su pedalear parsimonioso mientras sube pendientes del 8% a puro plato. También le da para otear cados donde coger setas e ir señalándolos y radiándolos aunque en cierto punto se da cuenta de que estamos unos cien metros más atrás chemecando y deja de hacerlo.

Al llegar a La Cabezonada, parada en la fábrica de Rondadora, con visita guiada a las instalaciones, explicaciones del proceso y los comienzos de esta joven empresa, y degustación de una de sus refrescantes y suaves cervezas blancas de trigo. Sin duda habrá que volver pero la próxima vez en coche para poder mercar alguna caja.

Y desde allí regreso a Aínsa por el camino que hemos venido aunque esta vez con un esfuerzo sensiblemente menor para completar la etapa inaugural, de escasos 36 km, de la temporada de carretera en 1h 47', a unos vertiginosos 20 km/h.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Behobia-San Sebastián 2014, la madre de todas las carreras

Unos 800 km en lo que va de año, 500 de ellos desde junio, caminando y corriendo. Unos números similares a los del año pasado que para algunos son mucho y para muchos son poco. Al fin y al cabo son, que es lo que importa. Así me presentaba este año en la línea de salida de la Behobia, la madre de todas las carreras, en su edición nº 50. La idea era transitar como buenamente pudiera entre el ritmo de las dos horas y el que marcara el insigne payaso montado en bicicleta y que acompañaba el año pasado a los últimos clasificados. Después de haber disfrutado del fin de semana con los amiguetes.



Ir sin prisas y sin sufrir demasiado intentando no llegar a meta destrozado como el año pasado. Porque disfruté pero hubo bastantes más ratos en los que sufrí como un perro. Aunque compensados por los impagables ánimos de la gente, eso sí. Hace un año el fin de semana transcurrió con la familia y amigos. Este año sólo con amigos. Los Famosa´s me han abandonado a mi suerte en este año sabático que se han tomado en esto del caminar-almorzar-correr y se les echa mucho de menos.



En esta edición 2014 eran de la partida Jose, Lemus, Héctor y Nacho. Y nada más llegar el viernes por la noche a San Sebastián nos fuimos de Pintxo trail, que es como la trail de Guara (caminar, comer y beber) pero te deja mucho más cansado al día siguiente. La cosa se fue de las manos de mala manera y entre sidras, txacolis, pintxos, cervezas y algún cubata se nos hicieron las tantas de juerga. No es lo más correcto antes de una carrera, eso está claro, pero también es cierto que cuando llega cierta edad juntarse con los amigos para salir de esta manera comienza a ser complicadete. Y la camarera del último bar era tan amable sirviéndonos cervezas y platos de kikos que no podíamos abandonarla así como así y era nuestra obligación hacerle aprecio. Nos reímos mucho. Pero mucho, mucho. Y lo pasamos muy bien así es que... que nos quiten lo bailao.



Con ese cuerpo jotero continuamos la fase de hidratación previa a la carrera acudiendo el sábado a la sidrería Petritegi de Astigarraga a degustar las viandas típicas. Tras dar buena cuenta del bacalao con pimientos, el chuletón, la tortilla del bacalao, chorizo a la sidra, nueces, queso y membrillo, rumbo a Anoeta a recoger el dorsal y cenar pronto para echarnos a dormir con todo dispuesto y una buena dosis de nervios merodeando por las tripas.

El caso es que me cuesta conciliar mucho el sueño, me duele la tripa y tengo frío. Dentro del piso que hemos alquilado cerca de la estación de Gros me ha tocado dormir en la habitación de los calurosos y el radiador está apagado. Mientras en la habitación de los frioleros Nacho se cuece de calor y ambos terminamos durmiendo poco y mal. A una hora indeterminada de la madrugada por mi cabeza ronda la idea de quedarme durmiendo la mañana del domingo y ver la carrera animando. No me veo corriendo, al menos no en esas condiciones, aunque por suerte el sueño termina agarrándome y duermo algo.

A las 7 tocan diana y me levanto deprisa para vestirme de caminacorricolari sin darle muchas vueltas a la cabeza. Porque como lo piense mucho me quedo en el sobre. Desayuno sobrio a base de galletas y aquarius, no tengo el cuerpo para florituras. De camino a la estación de tren me voy templando aunque los viejos fantasmas de las molestias en el pie van apareciendo. Pero el ir camino de la salida de la Behobia le levanta el ánimo a cualquiera. Sabes que acudes a una fiesta y que no puedes faltar a la cita.

Tras hacer el viaje hasta Irún embutidos en el tren en el que coincidimos con un chico de Valladolid con el que charramos bastante, decidimos acercarnos hasta la salida caminando ya que aún es bastante pronto. Nos da tiempo a desayunar otra vez, charramos con una señora que nos pregunta cuántos corremos porque le ha parecido leer que somos treinta mil y cree que es mucho. Que la Behobia como siga a este paso va a congregar tanta gente como la Maratón de Nueva York. Yo no sé cómo anima la gente en Nueva York, señora, le digo. Pero correr aquí es una gozada, son ustedes geniales. 

Vemos a los patinadores, las sillas de ruedas y a los handbikers yendo por la primera cuesta de Irún. Impresionante cómo suben estos artistas las sillas de rueda a pulso traccionando las ruedas con sus brazos. También vemos la salida de los primeros corredores y a partir de ahí todo el jolgorio posterior de los treinta mil valientes/afortunados que nos hemos congregado ahí para esa gran fiesta.



Llegamos al fondo de la zona de salida y allí nos encontramos con unos cuantos barbastros, Óscar, Isabel, los grandiosos Blanca y Chéliz entre ellos. Además de los señores Trendy y familia y toda la tropa de las Adidas mygirls (Lemues entre ellas ya que iba vestido de arriba a abajo de la mencionada marca alemana y en su dorsal se leía "Sonia"). La espera hasta el bocinazo de salida se hace muy amena con esta compañía.



Al final, a las 11:30 el speaker pone la última canción con la que despedir a la última remesa, los últimos de la Behobia, el grupo que está a rebosar de guapas neskas. Esta no es otra que "Sigo siendo el rey". Con ese soniquete y el "llooooraaaaar y lloooooraaaar" enfilamos hacia el centro de Irún. Como el año pasado mucha gente en la calle y las piernas frías y torponas que no van. Lemus y Jose se van adelantando y van a otro ritmo, yo lo prefiero ya que casi es mejor ir a mi bola y a lo que dispongan mis fuerzas. Nos quedamos Héctor, Nacho y yo aunque debido al tropel de gente que vamos unas veces me adelanto yo a ellos y otras me adelantan ellos a mí.



El trayecto hasta Ventas se hace algo más ameno que el año pasado, quizás porque no llueve y puede que haya todavía más gente, o quizás porque me obligo a ir por el exterior de la calzada chocando la mano de todos los crietes de los que sea capaz. Pero aún así voy a más de 6'/km. Si fuese cómodo pues no sería un mal ritmo para ir todo el rato pero es que el pie se está cargando y ya sé lo que pasa en estas situaciones.

Aprieto los dientes y me concentro en llegar entero a lo alto de Gaintxurizketa así es que en cuanto comienza la subida allá por el km 5 paro y sigo caminando. Héctor y Nacho siguen corriendo, les digo que voy a lo mío porque si no reventaré. Justo delante a unos veinte metros van los supercampeones Blanca y Chéliz a un ritmo lento pero constante. Son como tractoretes, corriendo la subida a algo más de 8'/km pero sin reblar. Me clavo tras ellos caminando y ni les cojo ni se alejan así es que me digo que ese ritmo es bueno y así es como hago el puerto este año a diferencia del anterior que lo subí a todo trapo.

Me saludan unas señoras de Huesca, unos zagales de Sariñena y unas mozas de Zaragoza. La gente que anima desde la cuneta grita un constante aurrera Carlos, oso ondo, txapeldun y los de la redolada que te alcanzan por detras te van diciendo venga Barbastro tira p'arribamecagonlaputa. También hay una chica muy educada que me anima, como la miro con cara de extrañeza me aclara que iba acompañando a los señores Trendy que van más atrás. Y así va pasando la subida en la que no me falta conversación. Luego os cojo bajando, les digo, aunque no me lo acabe de creer.

Coronamos Gaintxurizketa y comienzo a correr otra vez. El pie no va. Voy despacico y la cosa pinta mal. Aunque si aumento un poco el ritmo parece que voy mejor. En ese momento, allá por el km 8 de repente hace click la cabeza. Llevo todo el rato pensando en cómo hacer para que la cosa funcione y no moleste cuando quizás lo adecuado sea no pensar y ponerse a correr y disfrutar que es a lo que he venido. Quedan 3 km por delante de bajada, así es que sin pensar en que después de esa bajada queda aún la mitad de la carrera, comienzo a apretar para llegar lo más lejos posible de manera cómoda mientras paso aplaudiendo al Pirata que ondea la bandera con la música heavy sonando a volumen infernal.

Llego al avituallamiento de Lintzirin, todavía en bajada, alcanzo a Blanca y Chéliz que paran a beber. Cojo un vaso, les echo un grito de ánimo y sigo zumbando cara abajo. Son mi colchón, sé que si la cosa se pone fea son mi coche escoba pero las piernas se están soltando y encima estoy disfrutando así es que sigo. Voy mirando a ver si alcanzo a Héctor y Nacho sin darme cuenta de que ellos están parados en el avituallamiento. Me echan un grito pero no les oigo y los dejo atrás sin saberlo.

Me dan un toque por la espalda, me giro y es Mr Trendy. Me comenta que Miss Trendy ha tenido que abandonar por unas molestias en la pierna. Seguramente es lo mejor que ha podido hacer si no acababa de encontrarse fina, habrá más carreras, y la Behobia es para disfrutarla, no para sufrirla. Conversamos un rato mientras corremos a un ritmo vivo, vivo para mí, mientras alcanzamos a sus tíos y tras un kilómetro y pico se va a buscar a su tío el pequeño que va por delante. Mr Trendy se va zumbando ligero, recuperado por completo del fuerte cacharrazo que también sufrió con la bici (aunque el suyo fue peor). Ahí vamos dos que han besado este año el suelo del San Caprasio, corriendo y disfrutando.

Llegamos al final de la bajada. Y acontece uno de los mejores momentos que he vivido con unas zapatillas puestas. Comienza una zona de llano, pero es un llano muy diferente al que en ediciones anteriores había que sufrir en el puerto de Pasajes. Esta vez se cruza por en medio de Rentería y es un gozo. Si no está todo el pueblo en la calle al menos lo parece. Es sencillamente impresionante. Decir que parece que el Tour de Francia está cruzando el pueblo resulta manido pero no se me ocurre otro símil. A mí en mi pueblo no me anima nadie tanto ni de esa manera. Te sientes como Gregorio enfilando línea de meta en la Media de Barbastro. O como si hubieran clonado a tu madre cinco mil veces y la hubieran puesto en la acera a animar como si fueses a ganar alguna carrera. Sientes el aprecio de la gente y se convierte en un momento absolutamente memorable.



En medio de la nube en la que flotas llevas una sonrisa de oreja a oreja, te acercas a los extremos de la calzada a chocar las manos de los txikis y los aitas y los aititas quieren chocar también sus manos como si fueses primero. Gritan tu nombre y no con desgana sino con una sonrisa y la misma ilusión con la que se lo han gritado a los más de veinte mil corredores que han pasado antes que tú. Es indescriptible, lo de Rentería este año es el gran acierto de la Behobia. Los 40 euros de la inscripción quedan más que amortizados en esos 3 km sensacionales.



Subiendo Capuchinos vuelvo a parar a caminar. No porque me moleste el pie del cual ya ni me acuerdo sino porque me obligo a guardarme para seguir corriendo en las bajadas. Me pasa el grupo de Zaragoza con los que llevo haciendo la goma desde Gaintxuriketa y me ofrecen un gel pensando que voy mal. Les digo que no, que gracias, que los cojo bajando. Y esta vez me lo creo, vaya que si los cojo. La gente de las cunetas sigue a lo suyo, obligando a todos los que pasamos a amar la Behobia de por vida.



Bajamos hacia Pasajes, esta vez tocando el puerto de manera muy suave y tangencial. Casi se agradece ver alguno de los montones de chatarra que otros años causaban empacho. Sigo a lo mío rebasando a grupos que me han pasado en Gaintxurizketa, he cogido en Rentería y me han vuelto a pasar en Capuchinos. Comienzo a llevar las piernas cargadas pero no así el pie, he conseguido mi objetivo. Una molestia se ha enmascarado con otra pero esta es mucho más soportable, quedan 5 km a meta y esto ya está hecho. Por unos instantes viendo el cronómetro sobrevuela por la mente la idea de bajar de tal o cual tiempo. La desecho inmediatamente, corre y disfruta y a la mierda el tiempo.

Enfilamos Miracruz y vuelven a alcanzarme las mozas de Zaragoza entre gritos de la gente que se desgañita animando. Como voy subiendo caminando me animan más que al resto, lo de esta gente es de quitarse el sombrero, una familia entera gritando txapeldun!!!. No te dejes, marca ritmo me dice un señor. Es acojonante. Han pasado veintipicomil tíos por delante suyo y se preocupa de un matao que no conoce de nada y que seguramente no va a volver a ver en su vida diciéndole que siga adelante. Pero yo sí me acordaré de algunas de sus caras, son breves segundos en los que intercambias una sonrisa, un chocar de manos o un saludo y esa energía te impulsa hacia delante.

Coronando Miracruz sigo corriendo poco menos que obligado por las de Zaragoza a las que pierdo bajando. Aquí comienzo a llevar las piernas francamente cargadas pero no hay dolor. No lo ha habido desde el km 8 en el que he montado en la nube de endorfinas que me lleva hasta la meta. Sigo como puedo intentando alcanzar a Héctor y Nacho pensando que todavía están por delante. O a las de Zaragoza a las que veo que se han escapado unos metros. 

Enfilo Zurriola, y el Kursaal y no alcanzo ni a unos ni a otras. Se pone un tío sin camiseta a la par, aprieto, sencillamente no quiero salir en las fotos con este flipao. Llego a recta de meta y sigo chocando manos de críos hasta donde puedo llegando a meta en 2h 02'. He disfrutado como un enano llegando 10 minutos antes que el año pasado y con las piernas y el pie en mucho mejor estado. Parece que la decisión de no pensar y simplemente correr ha sido acertada.


Los galgos Lemus y Jose esperan tras haber llegado en 1h 50'. Nacho y Héctor llegan en 2h 08' cuando pensábamos que ya habían entrado. El primero en llegar a meta de todos los participantes fue José Carlos Hernández con 1h 01' 40" y la primera muchacha en cruzarla fue Vanesa Veiga con un tiempo de 1h 09' 58". El resto de veintisiete mil corredores y corredoras que cruzamos la línea de meta llegamos después. No vencimos la carrera pero sí a nosotros mismos y en cualquier caso ganamos. Joder que si ganamos...

Y Arantza, allá donde esté, la pobre chica que falleció el año pasado a 2 km de meta volvió en cierta forma a la Behobia, la madre de todas las carreras, gracias a sus familiares y amigos y al enorme Pedro Nimo, el primer clasificado el pasado año. Portando el dorsal que ella llevó hace un año, el 19.880, participaron todos juntos para recordarla haciendo lo que a ella le gustaba. Correr.



La gente muchas veces pregunta por tal o cual carrera, qué tal está, si se puede hacer marca, si es dura o divertida o cientos de aspectos más. Luego también hay gente que pregunta por la Behobia. Uno puede enseñar cientos de fotos como las mostradas en este entrada y que están sacadas del Correo Vasco y del Diario de Navarra. Sin embargo realmente uno no sabe muy bien cómo explicar semejante cúmulo de sensaciones y emociones, pero quédense si acaso con este consejo: Behobia sólo hay una y hay que vivirla.


lunes, 9 de diciembre de 2013

De puentes, hidrataciones, carreretas y otras historias

Viernes, día 6

Quedo con Agus y Rafa a las 9 de la mañana para almorzar y comenzar como es debido el Puente. Antes de eso se supone que vamos a correr, caminar rápido o lo que sea para hacer hambre. Pero la idea es no desgastarse mucho, vamos, se pensaba incluso en tirar por la Boquera hasta un punto indeterminado entre el km 2 y el km 3 y dar media vuelta. Un entreno de 5 km para la San Silvestre...

Afortunádamente y a pesar del intenso frío, nos vamos calentando y entre charrada y charrada llegamos al cruce del camino que lleva hasta la pasarela del río Vero para acceder posteriormente al polígono industrial atravesando un túnel. Así es que de la manera más tonta enfilamos por allí. La mañana, como he comentado, es fría y hay una niebla que si bien no es demasiado abundante sí que es lo suficiente como para que no me arrepienta de no haber cogido la bici de carretera, idea que llevaba por la cabeza hasta la noche del jueves. 

Al llegar al polígono se nos plantea de nuevo la duda de por dónde tirar. Este tipo de cosas, quieras que no, son las que aportan muchas veces vidilla a este tipo de salidas. Ir con un guión preestablecido, volver por donde se ha venido y hacer un recorrido estándar y realizado decenas de veces al final carga y cansa. Así es que, sabiendo que siempre tenemos la opción de bajar por la carretera, nos aventuramos por la supuesta vía verde que aprovecha la antigua vía de La Burreta, que es como se denomina en Barbastro al tren que dio tanta vida al pueblo y que por unas cosas y otras desapareció.


Yendo por intuición acabamos atravesando un túnel y más tarde brincando por las traviesas de la vía hasta que el exceso de barzas y matorrales nos obliga a bajar a la carretera. Por una parte me hizo ilusión hacer ese pequeño recorrido por la vía. Mi abuelo materno fue ferroviario en la antigua estación y a pesar de que por desagracia no llegué a conocerle mi madre siempre ha mantenido muy vivo su recuerdo contando muchas historias de aquella época. Por otra parte me dio pena el estado en el que se encuentra esa vía verde. Quizá con un poco de esfuerzo se podría adecentar de manera que la denominación de vía verde no le quedara grande.

Llegando al pueblo por la entrada de la Feria, tras 8 km a un ritmo muy tranquilo decidimos acudir a almorzar al Alhambra. Un par de huevos fritos, longaniza, jarra de cerveza, café y chupito. Muy correcto. De los vaivenes en los precios de los almuerzos dependiendo del establecimiento, día, persona que atienda, fase lunar y alineación de los planetas quizá se hable largo y tendido algún día. Porque siendo que Barbastro no es ni un Madrid ni un Barcelona, parece de chiste la enorme diferencia que puede haber (de hasta un 50%) entre unos bares y otros.

En resumidas cuentas, un buen entreno de cara a la carrera del domingo.

Por la tarde, después de ver el sorteo del Mundial de Fútbol Masculino (en los telediarios y diarios deportivos suelen obviar el "de Fútbol"; el "Masculino" creo que no lo he visto nunca, como si las tías no practicasen deporte y los campeonatos del Mundo solamente fuesen de fútbol), ese sorteo perpetrado de la peor manera posible para que los grupos sean de lo más descompensado que se pueda pensar y que de esta forma se genere la mayor de las polémicas y así la maquinaria fútbol-prensa se engrase debídamente y no pierda el empuje que genera jugosos dividendos para toda esa caterva de juntaletras (aunque sea hablando de que CR7 ha hecho una visita al museo de cera), después de ver como en un grupo caían tres campeonas del mundo y en otro las dos finalistas del anterior Mundial, después de eso me fui a hidratar debídamente con la cuadrilla.

Con tan buena suerte de encontrar en nuestro camino, por dos veces, a las zagalas de Bodega Pirineos haciendo promoción del rosado Alquézar. Total, que los tragos salieron gratis con lo que hubo más dineros destinados a las tapas lo que llevó a que la reposición de líquidos y sólidos perdidos en la mañana fuera satisfactoria e incluso hubiese un remanente.

Sábado, día 7

Después de comer, unos cuantos enfermos de esto del deporte aparecimos por Huesca para ver el partido de liga de balonmano masculino (misma apreciación que la realizada unas líneas más arriba, las chicas también juegan al balonmano, de hecho por estas fechas es su campeonato mundial, si no se han enterado no me extraña; CR7 en el museo de cera o un Cartagena-Barça de Copa del Rey siempre vende más). 

La ocasión lo merecía puesto que el Huesqueta iba clasificado en segunda posición, o primero de los "normales" si se atiende a la plantilla con la que cuenta el Barcelona, y puede pasar mucho tiempo hasta que se vea algo similar. El poder plantear un partido a esas estrellas en el que el objetivo no sea perder por menos de veinte goles, es un lujo al alcance de pocos equipos en Europa.

El ambientazo del pabellón estuvo muy bien. La gente volcada con el equipo y animando en todo momento. Diversas fases del partido en las que el BM Huesca se puso a sólo dos goles por debajo y un comienzo de la segunda parte eléctrico en el que parecía que el milagro de empatarles se podía lograr. Ganar era imposible y eso todos lo sabíamos ya que se enfrentaban a una selección mundial, pero precísamente esa circunstancia aporta más valor a este tipo de partidos en los que a sabiendas de la imposibilidad del objetivo, quince valientes se afanaron por quedar lo más cerca de él. Aparte del bloque, Huesqueta cuenta con dos o tres jugadores de muy buen nivel que dentro de poco darán que hablar porque es probable que acudan a la selección, y si no al tiempo. Así y todo perdieron como era de esperar, pero con grandes números. 30-36. Meter 30 goles a una portería custodiada por Sterbik y Saric, con perros de presa como Viran Morros o que son puro pegamento y defienden con toda su alma, es de un valor incalculable. Que sólo te ganen de seis con cañoneros como Rutenka, Noddesbo o Karabatic es milagroso. Veremos cuantos equipos logran esa proeza esta temporada tanto en Asobal como en Champions. Y ojalá el ritmo del Huesca no decaiga y se clasifiquen para Europa para así poder ver partidos interesantes al año que viene.

De vuelta al Barranqué continuó la hidratación de cara a la carrera del lunes.

Domingo, día 8

Comida familiar. Y lo que ello significa, comer hasta reventar y luego un poco más. La hidratación había sido primordial entre el viernes y el sábado. El domingo había que inflarse de canelones, redondo de ternera, torta y galletas caseras. Repitiendo de todos los platos. Después rato de tertulia y jugar con sobrinos y sobrinas. Dicen que a quien Dios no le da hijos, el Diablo le da sobrinos. Yo aparte digo que no te apuntes a un gimnasio si tienes sobrinos pequeños. La tonificación muscular que te da tener a tres o cuatro o cinco, o los críos que sepan agarrarse, colgados de la chepa (o directamente trepando por espalda y/o tripa) o que en una especie de circuito se te vayan tirando en plancha para que los cojas y los levantes en brazos... eso, ni pesas, ni máquinas ni leches. 

Así pues, la alimentación fue correcta y los ejercicios de tonificación también.

Lunes, día 9

12 h, Castillazuelo-El Pueyo-Castillazuelo. Me levanto más tarde que pronto, sobre las 9:30 y haciendo el remolón. Desayuno bien de galletas y me subo a Casti para estar allí a las 11:00. Me encuentro con Jesús, Carlos y Héctor. Agus y Rafa no participan por diversos motivos. Para esta carrera decidimos que cada cual vaya a su ritmo. Tras la prueba de la semana pasada creo que puedo estar en un tiempo de 1 hora y si se aparece la Virgen y todo va muy, muy bien pues a lo mejor le puedo rascar algo al cronómetro y entrar en 57'. También tengo claro que es una carrera, llevo dorsal y debido a mi facilidad para ponerme como un flan ante este tipo de eventos y comerme la cabeza más de lo recomendable, puedo cagarla con todo el equipo e irme a 1h 10'. Lo cual no sería ningún problema si desde un principio salgo a ese ritmo para acompañar a alguien, pero que a mitad de carrera las piernas den calambres o se agarroten... pues fastidia. Pero bueno, lo primordial es pasar un buen rato y, sobre todo, no sufrir.

A las 12 h se da el pistoletazo de salida en la plaza del pueblo. Como siempre, salimos en la parte trasera. Comparado con la última vez que me puse un dorsal, muy poca gente. Esta vez somos unas 140 personas. En la subida del Castillo, a escasos 200 m de la salida, se hace la primera criba. La rampa que debe rondar entre el 10-15% con algún tramo de hasta el 20% sirve para estirar el grupo en sus escasos 300 m. A media subida opto por ponerme a caminar, no voy a ir mucho más lento que corriendo y ese esfuerzo lo puedo pagar más adelante. Veo a Héctor que tira adelante sin aminorar el ritmo. Y a Jesús que va también más adelante aunque caminando. A Carlos lo he pasado a principio de subida, va más lento. Pues nada, me quedo donde estoy, con alguien cogeré ritmo...

Corono el Castillo y comienza un falso llano por carretera. Llevo al lado a uno de los gemelos del Entremuro, un veterano de la localidad en esto del noble arte de correr. En un principio me asusto ya que las marcas de este hombre son bastante mejores que las mías pero dado que no desentono tanto con la demás gente de alrededor pienso que ha debido de salir reservón o símplemente a rodar y hacer kilómetros. Echo un vistazo al garmin y el ritmo es a 6'/km, ahí voy bien. Así que decido pegarme al Gemelo.

Pasamos la carretera y nos metemos en el camino. El terreno va llaneando con ligeros ascensos. De momento voy bien y pasamos algún grupillo en el que me pregunto si no irán a un ritmo más conveniente para mí. Tras una subida del Castillo en la que he notado las piernas muy frías y torponas, estas se han ido calentando así es que me digo que voy a probar. Total, nada se pierde...

Sin embargo, entre el km 2 y el km 3 en un tramo llano miro el garmin y me asusto pues vamos a 5'15". Decido levantar un poco el pie y aflojo un poco el ritmo. Sin embargo no pierdo de vista al Gemelo, va unos 10 m más adelantado como mucho, ya que al poco ha comenzado a picar para arriba el terreno y él también ha aflojado, y me sirve de referencia. Ahora sí vienen un par de cuestas bastante perras. Son tramos no muy agradables en los que vale la pena subir caminando. Esta sensación me es confirmada cuando los de delante se paran y caminan, entre ellos el Gemelo. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, pues si él para yo paro también.

Así transcurre la carrera hasta el km 4, entre llaneos y subidas criminales, llegamos a la cuesta anterior al acceso a la placeta del Sol. Doscientos metros atravesando un sembrado al 10% de pendiente al que no ha pegado el sol todavía en toda la mañana y todavía está escarchado. A caminar se ha dicho. Al final llegamos a la placeta, y vemos a algo de gente animando, que también se agradece. Salimos a la carretera para encarar los últimos 500 m de ascenso hasta el monasterio del Pueyo. El Gemelo, con más fuerza, se escapa corriendo por esas rampas. Ya no lo cogeré y luego en la meta no lo veré para darle las gracias por haberme marcado el ritmo tan bien.

Unos ratos caminando y otros trotando voy ascendiendo. La subida se hace más amena pues muchos corredores ya van en sentido contrario cuesta abajo. Unos te animan y a otros les animas tú. Corono arriba y justo entonces encara la bajada mi hermano Jesús, que creo que va con Pedro. Yo tengo que dar la vuelta al monasterio (unos 200 m). Ya está, automáticamente ya tengo motivación para la bajada, cogerlos. Esos doscientos metros parecen muy poca cosa, pero a los ritmos trepidantes en los que nos movemos estamos hablando de, al menos, un minuto de diferencia. La cosa no es tan sencilla, pero en ese momento con el calentón a uno se le antoja muy factible.

Cojo un botellín de agua, me pican el tiempo de paso, 33 minutos, y voy rodeando el monasterio. No me fijo en el paisaje, mal hecho. Voy pensando en coger a esta gente y en bajar de 1 hora en meta. Lo puedo hacer. Hay que bajar muchos ratos a 5'/km o menos, pero el otro día (por diferente camino, eso sí) lo supe hacer. Comienzo la bajada.

En el tramo de carretera adelanto a gente. Sin embargo no veo ni a mi hermano, ni al Gemelo... me he quedado en tierra de nadie. Me cruzo con Carlos, nos animamos. Siempre lo he tenido claro, desde Behobia mucho más, en las carreras tanto de espectador como de corredor ¡hay que animar a la gente! Llego a la placeta del Sol y allí compruebo que nos bajan por un trozo de trialera en lugar de por el sembrado. Pues hombre, hoy ese sembrado no estaba mal para bajar, en cambio la trialera a mí no me va muy bien. Curva, contracurva y vuelta a curvear. Con mi fantástica coordinación y habilidad me cuesta horrores bajar por allí, creo que pierdo tiempo.

Salgo al tramo de camino normal por el que hemos venido. Allá a lo lejos veo a unos ferranqueros y al Gemelo, ¡bien! Me parece que con suerte podría cogerlos. Eso sí, a mi hermano no lo veo... Entonces compruebo que toda la gente que llevo por delante está parando a caminar, ¡pero si es bajada!

Pues están parando y no es para menos, la cuesta es de traca. Hago lo propio y así estamos durante un kilómetro en los que se alternan unas subidas infames con un poco de bajada. El camino se va revirando y no se alcanza a ver tramos largos por delante. Me he quedado solo. Me voy dando cuenta de que a mi hermano no lo voy a coger por más que quiera. Así es que miro el reloj y compruebo qué tal llevo mi otra apuesta personal.

He pasado el km 7 en 44'. En principio he de continuar a un ritmo sostenido de 5'/ km, cosa que de momento puedo hacer, y aun tendría un minuto de sobra. Eso sí, como tenga que parar en otra cuesta se jodió el invento. Por otra parte, no siento molestias en el pie. Es buena cosa. Paso el km 8 en 49'17". Tengo que seguir a cinco y poco, hago memoria y no recuerdo que quede ninguna subida fuerte. Me quedan 2 km, de perdidos al río, decido apretar y que sea lo que tenga que ser y no mirar más el garmin que es como se corre más a gusto.

Salgo del camino y llego al Castillo, a partir de aquí sí que es cuesta abajo. Y queda poco más de un kilómetro. Cuando voy como un tiro, en la rampa más empinada y a la que no le ha pegado el sol y está de hielo pero bien, pego un traspiés y casi me caigo de culo. Automáticamente me salgo al lateral a bajar caminando por la tierra. Una cosa es una cosa y otra romperse algo bajando. Ahí debo de perder un buen medio minuto pero tal y como estaban esas rampas lo último que hago es mirar el reloj.

Llego al pueblo, ya en llano y ahí sí que zumbo otra vez. Voy despistado porque han variado el recorrido de llegada, me ubico, sigo y al final entro en meta con una de mis sobrinas, que ha llegado segunda en su carrera, colgada del brazo. Pico el reloj pero ni me lo miro. Me reencuentro con la gente. Todos cansados pero contentos. Yo también, pero me parece que voy más pensando en la hostia que casi me he metido que en otra cosa.

Marcho al coche a cambiarme de ropa y entonces sí, miro el reloj. ¡59'30"! Bien, he bajado de la hora. ¡Reto conseguido!

Posteriormente, en casa repasando la clasificación compruebo que el tiempo que me dan es de 57'25", a escasos segundos de mi hermano o del Gemelo. Seamos sinceros. Yo no he hecho ese tiempo ni de coña porque eso significaría entre otras cosas, que en recta de meta los hubiera visto delante, o que se me ha jodido el garmin (y no me apetece comprar uno nuevo)

Así pues, correremos un estúpido velo sobre esa clasificación y asumiremos que he hecho dos minutillos más, lo cual sigue estando para mí muy bien, porque aparte he disfrutado y no me ha dolido el pie, las patetas tan apenas han molestado y eso es lo mejor de todo. Una muy buena manera de terminar este Puente. Próxima carrera, la San Silvestre, a hacerla mucho más calmado y al tran tran si no quiero que mis compañeros de fatigas de correr y almorzar me echen del grupo por desobedecer la disciplina del equipo que consiste en llegar siempre los últimos y en correr para hacer hambre. Lo segundo lo sigo cumpliendo, en lo primero ¡he fallado!

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