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jueves, 28 de diciembre de 2017

Cuando aquí se hablaba de carreretas (I): La 25ª Media Maratón

Supervía, los Puyuelo, Fernández, los Plana, Abascal, Gregorio, Mª José Pueyo, Cabestre... ; al fondo del todo y saliendo los últimos, los sospechosos habituales

Más vale tarde que nunca. Esta crónica debe de llevar en el horno como tres meses y diferentes circunstancias como la molicie otoñal han impedido su parto. Ustedes me dirán que la molicie suele ser estival y asociada a esas largas jornadas veraniegas en las que el no hacer absolutamente nada se convierte en el mejor de los deportes. Yo les digo que no, que la molicie es sana y buena en todas sus variantes estacionales y que por tanto debe de ser ejercitada durante todo el año. Y si cuando se logra escapar de ella es para ejercitar el noble arte de la lectura o la netflixización más irredenta la cosa se complica sobremanera. Uno se pondría a escribir en uno de esos ratos muertos en los que no se procede a procastinar, leer o netflixar pero resulta que en un alarde de jovial vitalidad me da por acudir a pasar la tarde al gimnasio muchos días. Nada serio, no se vayan ustedes a asustar. Charrar y hacer como que pedaleo. Y después de cenar el tiempo está reservado para conocer las novedades diarias de la república dictatorial de Moderdonia y las vicisitudes de la vida moderna de la mano del dictador supremo Broncano y sus adláteres Ignatius y Quequé. Y esto último es ley y no se puede hacer otra cosa que no sea descojonarse de la risa con estos caballeros, de modo que uno ya escribe poco y mal.

Pero hete aquí que hoy en una de esas comidas navideñas con las que continuamos la agresión justificada a nuestros aparatos digestivos en estas dos semanas de fastos para dar la bienvenida al pequeño baby Yisas, uno de los lectores habituales de esta mierda de blog me ha tirado de las orejas. Que si ya no escribes o qué. Pues algo hay en la nevera pero ya pude un poco. Pues podría hacer un poco de por favor y sacar aunque fuera las sobras. Pues venga, ya voy. Así que aquí está. Con mis dos huevos toreros, a finales de diciembre, en plenas navidades ahí va la crónica de una de las carreretas que hice el año pasado. Ahí va la crónica de la Media (aunque corrí la 5K).

Parece que fue ayer cuando se celebró aquella primera edición de la media maratón de Barbastro y el último domingo de septiembre tuvo lugar la 25ª edición. Aquella primera edición en la que unos pocos locos y locas se echaron a la carretera para recorrer unos, por aquel entonces, descomunales 21 kilómetros. Ir hasta Salas y volver. ¿Quién en su sano juicio podía pensar siquiera en intentar semejante salvajada? Pues poca gente y con la cabeza bien amueblada aún menos. Los colgados que en aquellos años se dedicaban a correr por la calle en lugar de entrenar pruebas de pista, militares del cuartel a los que sin duda participar en la prueba reportaría algún jugoso permiso y Gregorio.

Esto ya se explicó en tiempos en la blog pero no se van a librar ustedes de volver a leer las aventuretas de este titán local. El gran Gregorio ya estuvo allí en aquella primera edición. Uno, que estuvo en el avituallamiento de Bodega Pirineos repartiendo agua y naranjas a los esforzados de la ruta, jamás olvidará a Gregorié corriendo pegado a la margen de la carretera toda la recta previa a donde estábamos situados. De su cara de esfuerzo y sus estentóreos gritos para que alguien se apiadara de él dándole un sobre de glucosa. La respuesta de uno de los responsables del avituallamiento preguntándole que si se había pensado que aquello era una farmacia. Lo que ha cambiado todo en estos veinticuatro años cuando aquellos y aquellas valientes completaron esa delirante distancia a base de agua, naranjas y un poco de isostar de polvos. Sin zapatillas de drop 8, ni garmin, ni tirita nasal, sin gafas ni camisetas técnicas con carbono activado. Sin tanta tontería, geles ni potingues varios. Pudiendo a choto con aquellas camisetas de algodón que hacían rolde y se pegaban al cuerpo. Y para desespero de Gregorio, sin glucosa. Pero la hicieron. Y año a año la carrera fue creciendo y a pesar de algún que otro bache se llegó a la 25ª edición.

Me hacía ilusión participar este año en la carrera, porque era una edición redonda y porque esta carrera pues siempre ha sido eso, especial. Partiendo de la base de que durante años el teléfono para apuntarse a la carrera era el de casa uno puede hacerse la idea de la relación amor-odio que ha habido con ella por parte de todos y cada uno de los componentes de mi familia. Pero como dicen que el tiempo hace que uno se olvide de las cosas malas uno sólo puede recordar cosas buenas de esta carrera así es que había que participar sí o sí. Durante la primavera llegué a pensar en hacer los 21 km aunque conforme fue avanzando el verano tuve que ir recapacitando e ir aceptando la cruda realidad. Rebajar las pretensiones y pensar en el 10K para tras un último mes de molestias en la rodilla claudicar con el 5K. Y es que esta carrera tiene muy mala leche y ya me midió la lomera hace nueve años cuando llegué a la meta último al borde del fuera de control y con unos calambres horribles que no dejaban ya ni caminar. No me apetecía transitar esa delgada línea que separa el heroísmo del patetismo y volver a enfilar la recta de meta con unos tablones por gemelos. Así es que al 5K. De lo malo, no era un desastre ya que podría decir que participaría en una misma carrera con el gran José Manuel Abascal.

Pienso que fue un acierto combinar la media con los 5 y 10 kilómetros. Quien quiere participar no se ve lastrado por tener que hacerlo en alguna distancia imposible para sus posibilidades. Hace que esta fiesta sea accesible a mucha más gente. Así es que allí nos congregamos el domingo de marras en la línea de salida unos 500 participantes entre las tres distancias. Los peques ya habían tenido su momento de gloria el sábado por la tarde en un nuevo formato que les da mayor protagonismo.

Línea de salida, de izqda a dcha: Mireia Sosa, ganadora de tres ediciones de la Media; Mº José Pueyo, olímpica  en Pekín 2008 y de Sabiñánigo; Gregorio: filósofo, estadista y poeta, cuando no corre da charlas memorables en la piscina municipal. Al fondo de la imagen, definición gráfica de salir los últimos: un servidor y el Enano de Estercuel

Línea de salida, de dcha a izqda: La mencionada Mª José Pueyo charrando con un Monzón y otra moza; Abascal, plata en 1500 en Los Ángeles '84, mito del atletismo nacional; Juan Ramón Plana "el Figura", mi entrenador en categoría benjamín, ganador de la primera San Silvestre barbastrense hace casi cuarenta años, mito del atletismo local; Juan Plana, el relevo de la saga, ganador de la Milla de este año. Al fondo de la imagen, definición gráfica de salir los últimos II: un servidor y Juanillo
Yo había quedado con el Enano y Juanillo pero cuando comentaron el ritmo sabrosón que pensaban perpetrar durante la carrera ya les dije que los acompañaba en la salida pero nada más. Más que nada porque me iba a cansar más yendo a casi 8 minutos el km que yendo a lo que dictaran las piernas. Por allí al fondo de todo también estaba Juanlu, ilustre tuercepedal con el que estuvimos bromeando hasta que dieron el pistoletazo de salida y al que tanto le da hacer la Quebrantahuesos como una media, enchega el motor diésel ese que tiene y tira para alante con una cojonera envidiable. Pero eso sí, yo creo que podríamos dar un master en esto de salir últimos en las carreras. Muy vasta la experiencia acumulada en estas lides. El primer medio kilómetro fue muy malo, en consonancia con el estado de las piernas que las sentía como si fueran de goma. Es un miedo escénico recurrente que se reproduce todavía más si estoy de plantón charrando a la espera de salir. Quince minutos antes de la salida marché a caminar hacia el circulé donde Juan Ramón me presentó a Abascal de manera muy suigeneris, pero ni por esas. Piernas de goma.

Al revisar las fotos me he dado cuenta de que pasé al lado de mucha gente conocida. Pero entonces no los vi. Apunte friki: la nueva camiseta del CAB recuerda al maillot de Eslovaquia de Sagan. Tremendo. A mucha gente no le gusta la nueva camiseta, a mí sí por esta circunstancia. Es lo que tiene ser FRIKI
Luis Fonsi y Daddy Yankee en DES-PA-CI-TO (en el momento en que se elaboró esta crónica el Despacito todavía daba los últimos coletazos; hoy por hoy la foto quizás debería estar patrocinada por la gran Becky G y su "A mí me gustan mayores")

Suerte que al llegar al Coso las piernas se fueron soltando y poco a poco fui adelantando posiciones hasta encontrar un ritmo más acorde. Pasé al lado de Tom, de Pedro, iba buscando al Gurú y mientras no vi a otros tantos. El caso es que pensé que si paraba en uno de esos grupos a charrar con gente que iba para la Media pues me acomodaría en un ritmo más cochinero que el que podían dar las piernas y seguí adelante. A sensaciones, ya que ni cogí reloj ni garmin. Llevo un año de no poner cuentakilómetros en la bici ni reloj al correr. Y oigan, se vive mejor. Cuando en tiempos lo contaba el frikienfermero Abizanda llegué a pensar que eso de ir sin velocímetro ni astrolabio por la vida era de quinquis e inadaptados seres y que aquello sólo podía traer llanto y rechinar de dientes. Un dislate, vaya. Pues ahora les digo que no, cojan su garmin y su cuentakilómetros y mandenlo a tomar por el culo, llegarán igual a los sitios. Antes o después (probablemente después, mucho después) pero seguro que más felices y sin mirar los numericos constantemente. Así es que después de este ataque de ira contra toda la industria relativa a los globalpositionsistems volvamos a la crónica. Sin más elementos para discernir el bien y el mal que mi buen juicio cogí el globo de 1h 55' y pensé que por esa zona iría bien, que ya si eso en la bajada apretaría más. 

En el puente de hierro nos cruzamos con los primeros clasificados del 5K y a partir de ahí fue un continuo animar a los que me iba cruzando. Y cuando el tramo de carretera de las bodegas ya comenzaba a hacerse un poco tedioso tocó dar media vuelta y volver por donde habíamos venido. Ahora a gritar a los que me cruzaba y que iban hacia Castillazuelo. A punto de llegar de nuevo al puente de hierro y cuando pensaba que habrían pasado incrustados en algún grupo aparecen el Enano y Juanillo. Gritando que diera media vuelta y me fuera con ellos. Por un breve instante consideré la posibilidad pero por una vez que corriera a todo lo que me dieran las piernas en lugar de ejercer de muñeca de Famosa tampoco iba a pasar nada. Así es que seguí.

En la subida del Silo apareció Barriguitas, mi hermano Agus, fiel a su cita para animar en el punto más dantesco de la carrera. Está muy bien que la gente se acerque a animar al Coso, al Rioancho o a la meta pero donde verdaderamente se agradece ese empujón anímico es en esa cuesta del demonio. Alguna vez alguien me ha dicho que si cuando yo he estado animando en ese punto es por una mera cuestión morbosa de ver el sufrimiento de la gente en esa cuesta atroz. Y no es verdad. Porque he pasado por allí y lo he sufrido prefiero animar en ese trozo. Y Agus se rige por esa misma norma. Luego volveremos a ese punto. Por una vez crucé toda la subida sin parar a caminar. Jodido pero sin caminar. Viva la 5K.

Y a partir de avenida Navarra fue un no parar de ver a gente conocida animando. Creo que el haber combinado las tres distancias viene muy bien para fijar a la gente en la acera al paso de la carrera. Antes era una hora larga de plantón entre la salida y la llegada y ahora es un cuarto de hora de espera para toda esa gente que con sus aplausos hacen una inestimable labor. Por la zona del Rioancho iba un poco fundido ya que si bien los aplausos de la gente eran muy gratos el no llevar desde hacía rato a nadie corriendo por delante frenaba un poco la motivación. A ver si al año que viene se animan más a correr las distancias cortas. El caso es que mi sobrina Alejandra estaba por allí apostada y con el choque de manos que me dio tuve suficiente para llegar hasta la recta de meta.

Allí entre un porrón de gente estaba Tatín, mi hermano Jesús, bajo uno de los arcos de la recta de meta aplaudiendo y soltando la lapidaria frase de "venga, corre, que sólo te va a sacar 4 minutos Abascal". Al final no fueron más que tres minutos y llegué en menos de 25'. O sea, que oficialmente según los estándares del Gurú el cual afirma que todo lo que sea desplazarse a más de 5'/km no es correr, se puede decir que esta vez corrí. Bordeando el límite pero corrí.

Y lo bueno de hacer el 5K, tras dos minutos de coger resuello pues a aplaudir a la recta de meta. Para otro año tengo que dejar la bici preparada para subir a reunirme con Agus en el Silo pero esta vez lo pensé tarde, el caso es que allí me quedé. Aplaudiendo al primer clasificado de la 10K, al Enano y a Juanillo que llegaron justo por detrás de él reeditando aquel esprepéntico momento famoseril en el que llegamos tras el primer clasificado de una 10K de San Ramón mientras el público, ignorante de lo que realmente ocurría, nos aplaudía como si llegáramos segundos. Y el caso es que nos habían doblado y nos faltaba dar otra vuelta al circuito. La cara del presi Torres en meta pidiendo por favor que dejáramos de alentar a las masas y que nos desviáramos a dar la segunda vuelta al circuito es de las que jamás se olvidan.

Volviendo al presente, el rato continuó aplaudiendo a Gregorio, que esta vez se decantó por la 10K, ya lo anunció en la piscina en una de sus conferencias veraniegas, que este año no haría la Media porque si no luego está lento en los crosses, se cae la recta de meta a su paso. El estruendo no es menor cuando llegan los ganadores de la Media, los hermanos Puyuelo de Jaca, o cuando llega Javi Yerno (ganador de la primera edición) con el globo de la hora y media, Albertico de la CAI, Mª José Pueyo, diversos componentes de la Vieja Guardia, el presi Torres, el sr Ornitorrinco o el Gurú acompañado de Lucía.

Barriguitas y Tatín. Parecen Ngé Ndomo en "Amanece que no es poco" ahí posando como si fueran un pastor masai vigilando a las cabras mientras apacentan 
Del Gurú no va a haber documento gráfico porque llegó fundido y medio pachucho y no saca muy buena cara en las fotos pero a los otros elementos que tengo por hermanos van a recibir mención. Barriguitas, mientras se zampaba una bolsa de pipas en el Silo entre ánimo y aplauso a los participantes, tuvo que parar a un corredor que iba haciendo eses en la subida. Como él dice "lo primero es lo primero" y terminar una media maratón puede ser más o menos importante en el bagaje personal de cada cual pero no tener un susto de salud siempre debe estar por encima de todas esas gilipolleces que nos están metiendo con calzador algunos influencers, bloggers e instagramers de mierda. Que si no sé donde están los límites, que si todo es posible, que si tal y que si cual. Sí, y un huevo. Se ha comentado alguna vez pero no está de más repetir que una media maratón está al alcance de mucha gente (si Barriguitas, Tatín, el Enano, Juanillo y yo hemos terminado una... pues eso) pero no se puede hacer de cualquier manera. Que son 21 km, que es un esfuerzo considerable, que el cuerpo puede reaccionar muy mal. Carreras hay muchas, patatas sólo tenemos una y cuando peta mal asunto. Pues eso, todos tenemos un límite, absolutamente todos. Hasta ese que dice que no sabe donde está el límite y en una tanda de siete aironmanes (sí, aironmanes) que tenía que hacer en las siete islas canarias se encontró el suyo de morros en la segunda isla. Que ese límite se puede modificar con entrenamiento es cierto pero que no les coman la cabeza a ustedes y aprendan a descifrar donde está el suyo. Y asumanlo. Serán más felices.

Tatín tuvo una epifanía en este sentido hace unos años en la subida a San Pelegrín cuando un señor mayor le adelantó mientras recogía caracoles. Y desde entonces dejó esto del correr. Que no le digo yo que vuelva a meterse una media entre pecho y espalda pero que algún almuerzo famoseril ya se podría ir haciendo. Vamos, digo yo. Que antes se quedaba casi todos los fines de semana y se salía del Alhambra o de l'Olla rodando con la panza como una nutria gorda. Y ahora nada de nada. Está feo. Hay que ir a almorzar más.

En resumidas cuentas, fue una buena mañana de atletismo. Aunque algunas voces seguimos clamando por un cambio de fechas. Ya se sabe que el calendario está muy saturado de carreras y hay que hacerse un hueco un poco donde se pueda pero finales de septiembre no parece la fecha más indicada para una prueba de 21 kilómetros, sin embargo el cambio de hora y de formato le puede venir muy bien a la Media. En definitiva, larga vida a la Media.

viernes, 5 de febrero de 2016

Cuando fui lanzador de peso


Ayer jueves después de trabajar acudí a clase del Gurú. La primera convocatoria fue para los niños más pequeños de la escuela del club y la segunda para los niños más crecidos entre los que nos encontrábamos escuchando desde el fondo del aula como buenos alumnos gamberros el sr Ornitorrinco, el Enano, Elena, Lucía, el Figura, Jorge Policía y hasta mi padre. La clase iba de una de las cosas que más le gusta al Gurú, el Atletismo, y de todas aquellas curiosidades que rodean a ese mundo y que aunque algunos llevamos toda nuestra vida escuchando de su boca toda esa retahíla de historietas jamás nos cansaremos de escucharlas. Por eso acudimos a escuchar a mi hermano Jose, el Gurú.



En dos horas de charla surgió el porqué de la distancia de la prueba del Maratón, las distancias y pesos de las diferentes carreras y artefactos, así como las diferentes superficies sobre las que se puede practicar el atletismo y que como muy bien apuntó un zagaler de los pequeños en Barbastro somos afortunados porque también se puede practicar en la Ferma como exclusiva mundial. Nos explicó porqué el martillo no se puede lanzar con guantes con los dedos cubiertos o cuantos pilares del colegio Altoaragón hay que saltar para batir el record de triple. Nos enseñó el record del mundo de Isinbayeva, Sotomayor y el increíble concurso de salto de longitud de Tokio '91 entre Carl Lewis y Mike Powell y que por más años que pasen sigue emocionando. Pronunció la épica frase que todo alumno de atletismo debe conocer LAS VALLAS NO SE SALTAN, SE PASAN y hubo recado a quien lo quiera recoger acerca de las pistas del pueblo. Hubo un encendido discurso en contra de los JJOO de San Luis 1904 en los que los mandaban ir a correr y lanzar al monte y aprendimos que el único ganador de cuatro oros olímpicos en una misma edición en pruebas individuales no es ni Bolt, ni Zatopek, ni Paavo Nurmi, ni Carl Lewis sino Alvin Kraenzlein. Este señor de Milwaukee ganó en París 1900, las pruebas de 60 metros lisos, salto de longitud, 110 metros vallas y 200 metros vallas. Después de esta hazaña se retiró y se dedicó a trabajar como dentista no sin antes pegarse de guantazos con su acérrimo rival en la prueba de longitud, y cristiano practicante, quien no participó en la prueba por celebrarse en domingo y tener que ir a misa. Al parecer su rival creyó entender que Alvin respetaría el descanso domincial y no se apuntaría al concurso pero cuando se enteró de que había ganado el oro marchó al lugar donde se disputaba la prueba a ajustar cuentas con Mr Kraenzlein y aplicarle una mano de lo que le habían repartido a él en la iglesia al ir a comulgar. Cosas que pasan.



Mientras iba desgranando esas anécdotas ante los zagaletes y zagaletas de la escuela, no contó lo de los puñetazos del bueno de Alvin pero sí muchas historietas muy interesantes, a mí se me venían a la cabeza las historias de cuando yo era uno de esos críos que acudía a aprender Atletismo con mi hermano. Fueron unos años apistonantes y aunque al final la cosa no cuajó algo quedó de base. Al menos en cuanto al respeto y cariño que guardo por el rey de los deportes. Y a cuenta de la explicación del reglamento de algunas pruebas de lanzamiento se me viene a la cabeza cierta anécdota ocurrida hace mucho tiempo. Algún día explicaré mis comienzos en la escuela de atletismo pero la anécdota tiene que ver más bien con el ocaso y para ello nos pondremos en antecedentes.

Nos remontamos a cuando tenía unos doce o trece años y acudir a las pruebas de cross me resultaba un sufrimiento insoportable. La pista en cambio no estaba nada mal y de hecho las pruebas eran más variadas y divertidas aunque no se montase tanta juerga a veces como en las salidas a los diferentes crosses de la provincia. Otras por el contrario eran incluso peor, aún recuerdo cierto día en las pistas de Monzón en el que, no exagero, debíamos estar unos cuarenta críos para saltar altura con el considerable tiempo que puede durar un concurso de este tipo con tanta gente. Entre bromas y vaciladas con amiguetes, alguno de los cuales por desgracia ya no están entre nosotros, alrededor de la pista se disputaba una prueba de marcha

Uno de los jueces estaba apostado junto a la zona de salto de altura y a cada vuelta, iba dando avisos a un zagal de Tamarite por levantar los dos pies del suelo, o sea por correr, cosa que no se puede hacer cuando uno marcha. Y con el primer aviso, el zagal de Tamarite que suelta una blasfemia que hace llorar a todos los santos del cielo. Y los cuarenta críos allí presentes esmelicaos de la risa ante la indignación del juez árbitro. Y a la siguiente vuelta, otro aviso y el juramento del de Tamarite proferido de manera más ostentosa y aberrante. Más escandalera y risa y el juez de la marcha y hasta el del salto que para el concurso y se pone a encorrer al zagal mientras este sigue echando pestes por la boca. Y a la siguiente vuelta le advierten de manera muy seria que lo van a echar no tanto porque sigue corriendo sino por la sarta de brutalidades que va soltando por la boca, y el zagal ya se desboca y pone el cielo cagao y pichao del todo y el juez árbitro que llamándolo por el apellido lo empieza a encorrer por la hierba intentándolo echar porque ya está bien de soltar esos juramentos por la boca con doce años que parece un cosaco del Don ciego de vodka.

Otras veces no era tan divertido y por ejemplo correr los 2000 metros era una agonía para mí. Que en cinco vueltas a la pista, el resto te saque una de ventaja no es plato de buen gusto. Lo bueno al menos era que mientras me doblaban muchos pegaban una palmadeta en la espalda dando ánimos como si fuera la mascota del equipo. 



Otras pruebas eran más llevaderas, siendo mi tope en cuanto a fondo el 500 m que aunque era velocidad pura nos permitíamos el lujo de salir a la marcheta y apretar en los últimos trescientos metros. Recuerdo una de las veces en las que viéndome en cabeza apreté en la curva a falta de ciento cincuenta metros. Un grupo de zagaletas del club que estaban haciendo ejercicios de calentamiento se puso a animar desde el interior de la curva motivando que el apretón fuera más fuerte y desmedido. A falta de 100 m estaba fundido, llegué último, desfondado y con la moral por los suelos tras pinchar ante la afición femenina. Toda una debacle. 



En carreras de velocidad no era mucho mejor pero las diferencias se reducían e incluso ganaba a gente. Pero a gente que era muy lenta y que era muy buena en fondo. Las vallas me daban miedo y en lugar de pasarlas las saltaba. Mi fuerza era escasa así es que como lanzador era malo, aunque tampoco me preocupé nunca de aprender bien la técnica de lanzamiento que es como se llega a lanzar lejos, además de con la fuerza, y como saltador pues era quizás donde menos desentonaba y donde encajaba mejor dentro de un nivel mediocre con algunas actuaciones puntuales aceptables. Así pues, con esas habilidades era carne de cañón para que con 12-13 años la afición se diluyera poco a poco y se apagase. ¡Ojo! no quiero decir que un niño o una niña que no obtengan buenos resultados por fuerza con esa edad vaya a abandonar el deporte, en este caso el atletismo, ya que casos ha habido de gente que era igual de mala o peor y han mejorado al pegar el estirón o se han dedicado a ser entrenadores de manera muy notable. Pero por desgracia lo habitual es que los críos se desilusionen y opten por otras aficiones.

Cierta vez volvíamos de un campeonato de Aragón en pista cuando tenía 12 años. Me había clasificado de chiripa después de un invierno y primavera horribles, con gripe, fiebres, sarampión y estirones que me estaban haciendo crecer de mala manera, con dolores en las rodillas y la sensación de que las patas iban a su bola, aumentando sobremanera mi ya de por sí elevada descoordinación motora. La marca mínima de la prueba de longitud estaba barata y de hecho casi todo el mundo que acudió a ese campeonato tenía mínima para una, dos o tres pruebas y la longitud. Yo sólo supe hacer mínima en longitud y gracias. Fue en un control en las viejas pistas cuando la temporada ya casi tocaba a su fin. En un concurso lastimoso, en el que hasta los jueces de salto renegaban por lo mal que lo estaba haciendo, conseguí sacar un salto en el que no estuviese cerca de dejarme la rabadilla contra el borde del foso e hice 3'22 m. La mínima era 3,20 m. Una mínima muy mínima ya que un poco menos suponía como he dicho dejarte los talones o la rabadilla en el borde de cemento del foso de longitud.





Pero aquella primavera no daba para más, era como un abuelo prematuro con el pecho permanentemente cargado, mocos, con la garganta como si fuera papel de lija y una movilidad articular espantosa incluso para mí. Mi marca en longitud era de 3,26 m pero la había hecho por lo menos un año antes en Saint Gaudens. En un salto en el que una franceseta cruzó por el pasillo cuando me aproximaba a la tabla de batida. Con parada, rectificado y vuelta a correr. Con mi hermano gritando desde la grada que parase y empezase a correr otra vez desde el principio y yo sin hacerle ni caso, reduciendo la carrera de aproximación a la mitad y haciendo marca después de que aquella franceseta se cruzase en el pasillo. Y desde entonces no había sabido mejorar aquel salto pleno de errores técnicos pero en el que la motivación debió de ser enorme. Como cuando Mike Powell hizo su record del mundo con una motivación descomunal.



De modo que habiendo conseguido hacer marca para longitud pude bajar a Teruel con toda la tropa con lo que aquello conllevaba. Un fin de semana fuera de casa, el viaje en autobús y un sinfín de aventuretas. Todo el mundo iba a disputar otras pruebas, del pueblo íba exclusivamente a la longitud un servidor. Y lo que ocurrió con los otros clubes fue que en esa prueba se presentaron los cuatro o cinco bicharracos que iban a por las medallas y la zaborrilla regional que tan sólo podía aspirar a competir allí entre los que yo me incluía. Sea por esa razón o porque me motivé o porque ese día las rodillas no me dolieron como condenadas hice marca personal con 3,63 m y quedé en la parte media-alta de la clasificación lo que era todo un logro para mí aunque para el común de los mortales era una marca de muy andar por casa por no decir que era una mierda como el sombrero de un picador.

Volviendo a casa paramos en un área de servicio a merendar. Mi hermano mayor que había ido como responsable del club ya que nos entrenaba a la mayoría me enganchó por banda en ese momento. Me preguntó que qué tal me había parecido la experiencia. Yo, todo ufano, le dije que genial, que estaba muy contento por como me había salido el concurso de longitud. Si hasta casi había tenido posibilidades de entrar en la mejora, es decir, el privilegio que tienen tras los tres primeros saltos los ocho primeros clasificados consistente en realizar tres saltos más para optar a mejorar sus marcas y disputarse las medallas.

Mi hermano mayor siempre ha llamado a las cosas por su nombre, cosa muy de agradecer. Así es que en ese momento me hizo ver la cruda realidad. Me explicó, supongo que con toda la delicadeza con la que fue capaz, pero con meridiana claridad que ese día había hecho tope en el salto de longitud entre otras razones por las que he explicado anteriormente. Pues si no es en longitud, quizá podría probar con el salto de altura que no se me da mal, repuse yo. A lo que él de nuevo con toda la coherencia del mundo me explicó que aunque no se me daba mal hacía un tiempo que ya no se me daba muy bien. Me explicó que si bien de mayor iba a ser alto, algo de lo que mis rodillas opinaban lo mismo y no se equivocaron, para saltar altura hacía falta otro tipo de condiciones que yo no poseía, al igual que tampoco iba a destacar en fondo o en velocidad. Sin embargo, el veía alguna posibilidad en mí como lanzador de disco.

En ese momento se me cayó el alma a los pies. La poca afición que podía quedarme se disipó por completo. De nuevo él lo argumentó de maravilla y visto desde fuera podía pintar muy bien pero con doce años... algunas cosas no entran en la cabeza y es por demás. Si hubiese dicho jabalina e intentar emular al gran Zelezny... pero disco, en aquellos momentos fue que no. Creo que no hubo una frase del tipo "pues entonces lo dejo" pero por ambas partes quedó claro que hasta allí había llegado el intento de hacer de mí algo parecido a un atleta.

Al año siguiente dejé de subir a las pistas de atletismo con asiduidad, no acudí a demasiados crosses porque lo pasaba realmente mal con distancias elevadas. Cada vez éramos menos los participantes en esas carreras de manera que el número de corredores de bajo nivel se fue reduciendo. Casi todos los crosses terminaban en un duelo mano a mano con un zagal de Graus para no llegar el último. Era un poco patético, triste y al mismo tiempo elogiable en cierto modo ver siempre en un rincón escondido de los circuitos al entrenador de Graus y a Jose animándonos no ya para correr más sino simplemente para llegar a meta. Simplemente para llegar.


Cuando los dejábamos atrás podíamos escuchar sus comentarios acerca de que no iban a sacar nada de provecho de nosotros e incluso podíamos escuchar los gritos de ánimo para los primeros clasificados que estaban a punto de cogernos una vuelta. Pero al siguiente paso se repetía la misma jugada. Como digo, una situación tragicómica que en muchos casos decidí ahorrarme no acudiendo a los crosses o decidiendo in situ que ese día no corría y me quedaba al calor de la hoguera almorzando un bocadillo de panceta.

Hace un año en el campeonato provincial escolar de cross al que acudí a ver y animar a Alejandra y Julia, me acordé mucho de esta situación al ver en una de las carreras a dos zagaletes que parecían la viva estampa de aquella tragicómica pareja. Por eso los animé como un enajenado. El zagalé más flacucho y poqueta cosa, mi alter ego, miró azorado y extrañado al escuchar semejantes ánimos y siguió su errático correr. El pequeñón más fuertecico, el que se parecía al mozo de Graus, se lo tomó mucho mejor y con el pulgar hacia arriba agradeció los ánimos. Luego estaba plantado como un señor en la cola donde repartían longaniza para reponer fuerzas. Bravo por ellos. Ojalá encuentren su camino en el mundo del atletismo puesto que hay variedad de pruebas para ambos, la afición ya la tienen. 

Pero volvamos a mis años mozos. El cross lo estaba dejando así como los entrenamientos a los que iba muy de vez en cuando así que en pista pintaban bastos hasta que surgió el campeonato provincial por equipos. Ese campeonato consiste básicamente en que en cada prueba un atleta representa a su club. El primer clasificado aporta 8 puntos, el segundo 7, el tercero 6... así hasta el último que aporta 1 punto a su equipo. Así en todas las pruebas de pista. Un  atleta descalificado en una prueba o un club que no presenta en ella a un atleta contabiliza 0 puntos.

Puede parecer una chorrada pero a veces ese punto que diferencia un último puesto a un "no-puesto" es la distancia que separa a un equipo campeón de uno que queda en segundo lugar. Y ese año en el equipo cadete masculino tenían un pequeño problema. No tenían lanzador de peso. Tenían gente excelente en fondo y medio fondo, lo que en plan de broma denominábamos como "polleros" con el consiguiente quebradero de cabeza para cuadrar esos puestos ya que sobraba gente y luego había gente muy fina y técnica en saltos y velocidad pero no había una tanqueta capaz de aventar piedras. A una mala, alguien podría haber doblado prueba y ponerse a tirar piedras aquel día pero se exponía a no poder calentar convenientemente para la otra prueba, que se solaparan directamente, que al que le tocara el marrón de doblar no le pareciera bien hacerlo, que a los padres del que le tocara doblar nos les pareciera bien que lo hiciera... un cúmulo de circunstancias que mi hermano mayor, responsable otra vez del equipo, decidió solucionar de otra manera. Devolviendo a la circulación a su hermano pequeño, o sea yo, confiándole el lanzamiento de peso.

El día que reaparecí por las pistas hubo de todo. Risas, cachondeo y alguna mala cara en plan "este gilipollas que hace aquí de vuelta". Alguno muy pronto tuvo la delicadeza de recordar que ese gilipollas subía para intentar ayudar a lo que se respondió que vaya, que de 0 a 1 punto (nadie dudaba que iba a quedar último en el concurso de peso) poco importaba, a lo que ese alguien volvió a interceder por mí diciendo que "si lo ves tan fácil te pones tú a lanzar". Pero en definitiva la confianza propia y ajena en las posibilidades de éxito en la prueba de peso era escasa por no decir inexistente. No les culpé por ello porque ni tan siquiera yo creía en mí mismo.

Durante un par de semanas intentaron entre todos refrescar mis escasos fundamentos de lanzamiento y se vio que definitivamente iba a por el último puesto de la competición pero de cabeza. Aún así no se volvió a escuchar ningún reproche, todo el mundo daba ese punto por bueno aunque también existía el cachondeo de "ahora no nos jodas y no hagas tres lanzamientos nulos" (lo que hubiera representado ser un no clasificado, el cero rosquero, el ridículo absoluto).

Llegó el día del campeonato en Sabiñánigo.  Y aconteció una de esas historias increíbles que de vez en cuando ocurren... 

Acudo al foso de lanzamiento y perplejo me quedo cuando compruebo que de ocho lanzadores, tres vamos juntos a clase. Con uno sí que podía más o menos contar o suponer pero con el otro... con el otro no. Me explicaré.

Por el club de Binéfar lanzaba Pano, un mustagán de metro ochenta y pico con barba y todo al que le perdí la pista hace mucho tiempo. Un buen tipo. Lo habían puesto a hacer peso como podría haber hecho lo que quisiera (seguramente dobló o triplicó prueba, era una bestia). Íbamos juntos a clase en los Escolapios.
Por Escolapios, que eran así de pinchos de tener equipo propio, tenía que lanzar Jorge, un chaval un año menor pero que también era un bicharraco de cuidado. De pequeño era una boleta pero según crecía se iba poniendo fuertecico. Su madre y su tía tienen y tenían un negocio en la calle donde vivía y es por ello que desde críos nos conocíamos y habíamos jugado en la calle.
El primer puesto se lo iban a disputar esa pareja. Pero Jorge no estaba, en su lugar figuraba mi amigo Raúl con el que también íbamos juntos a clase. Raúl jabalinear con un balón en los pies lo que usted quiera y más pero la bola de peso seguramente se enteró de qué era y cómo era en ese preciso instante.
Y yo, que lanzaba por Barbastro.

Y esto por increíble que parezca pasaba y espero que siga pasando porque en el colegio, aparte de estudiar, nos dedicábamos a jugar y a hacer el cabra todo lo que nos dejaban y un poco más. Y el hecho de que nos enterásemos allí mismo de que íbamos a coincidir en el concurso era lógico si el resto de la semana el tiempo que habías pasado con los interfectos lanzadores de peso lo habías dedicado a jugar a fútbol o baloncesto, a mosca o a burro, a la sueleta o la taba, a darte una buena mano de hostias o a mirar la Interviú de Marta Sánchez en el patio del colegio. Pero ni por asomo habías gastado un segundo de tu tiempo en comentar que el sábado ibas a ir a lanzar peso en Sabiñánigo. Todos sabíamos que Jorge lanzaría por el colegio porque los equipos escolares eran proclamados a los cuatro vientos pero los que estábamos al margen del aparato propagandístico por representar a otros clubes llevábamos nuestra afición con bastante discreción.

Aclarada esta cuestión, prosigamos. Pano y yo nos miramos y como tipos prudentes que éramos y porque levantar la liebre podía suponer un suspenso o algo peor, no dijimos nada. A la que el señor juez marchó un momento a buscar la cinta métrica enganchamos a Raúl y retirándolo del resto de competidores para que no nos escucharan y no se montara titi le intentamos sonsacar.

Le preguntamos que dónde estaba Jorge y que qué puñetas estaba haciendo allí él en su lugar. Raúl nos explicó que Jorge se había marchado al pueblo, que distaba de las pistas un trecho importante, con la intención de avituallarse de dulces y chucherías y que se debía de haber despistado porque todavía no había vuelto. Ante el asombro general le indicamos que ello no le permitía sustituirlo en la prueba, respondiendo el bueno de Raúl que eso estaba solucionado puesto que no lo iba a sustituir sino que lo iba a suplantar a instancias de las órdenes recibidas por el Rector. Ni qué decir tiene que por ahí circulaban unas fichas federativas de todos y cada uno de los participantes con nombres y fotos y que antes o después se iba a descubrir el pastel pero... si el Rector había dicho eso pues a callar. Ya no le quisimos pedir más explicaciones a Raúl puesto que ya le había caído buena.

El Rector para quien no lo sepa era el Padre Rector de los Escolapios. Y si el Padre Rector te decía que a lanzar peso pues te ponías a lanzar peso. Y si te decía que suplantaras la identidad de un compañero pues la suplantabas. Y punto. Supongo que ahora las cosas deben de ser algo diferentes pero para los que crecieron en los setenta, ochenta y tempranos noventa estas cosas no resultarán muy extrañas.

Por otra parte, mira tú qué más nos daría a Pano y a mí que lanzase Raúl si era bastante peor que Jorge. Pano iba a quedar primero seguro y yo... ¡yo hasta le podía ganar a Raúl!

Comienza el concurso. Se van sucediendo los diferentes lanzadores y Pano muy pronto se pone en cabeza como era de esperar. Raúl por su parte comete el primer lanzamiento nulo al salir del círculo de lanzamiento por delante causando asombro y estupor generalizado entre participantes y jueces, no ya tanto por el nulo en sí sino por la cara de extrañeza de Raúl que no sabía por qué no le contabilizaban aquel lanzamiento. Para que se hagan una idea es como salir a una cancha de baloncesto, y que al coger el balón uno se cruce la cancha caminando sin botar el balón (sin ser americano y estar en una final olímpica, en ese caso no pasa nada) cuando el árbitro pite pasos mirarle y preguntar ¿qué pita usted?. Pues eso hizo Rául y ahí radicaba lo espantoso y esperpéntico de aquel lanzamiento nulo. Ya fue allí donde el señor juez comenzó a derrapar mentalmente al contemplar semejante espectáculo.

Yo de momento hago el primer lanzamiento válido, que al menos me han enseñado a no cagarla de esa manera. Pero es muy corto, tanto que a la que Raúl engancha un lanzamiento bueno tras explicarle un poco entre todos las reglas básicas, me adelanta. Voy último, bueno era de esperar también.

Y entonces acontece la jugada de la tarde aparte del nulo de Raúl poniendo cara de habas. Al fondo se ve a Jorge que llega a la grada corriendo, sudando y rojo como un tomate portando una enorme bolsa de chucherías. Pano y yo nos miramos, no sabemos si reír o llorar. Raúl se lo ve venir pero tampoco dice nada. En estas que Jorge deja la bolsa de chuches a buen recaudo y continúa su carrera hacia el foso de lanzamiento. Se cierne la catástrofe.

A todo esto, dato importante, recordar que Raúl no ha estado lanzando como Raúl de Tal sino como Jorge de Cual suplantando su identidad, que no sus habilidades, a la perfección. Cuestión no menos surrealista cuando para dirigirnos a Raúl teníamos que llamarlo Jorge para continuar con la farsa. Farsa que a nosotros nos era bastante importante continuar ya que ese día era sábado pero el lunes ya sería día de escuela y con según qué cosas era mejor no jugar no fuese a ser que nos tocase pasar una temporadita en la biblioteca copiando vida y milagros de Mozart, Verdi, Isabel la Católica o extractos del Deuteronomio. O copiando la Biblia, que alguna vez se dio el caso (inconcluso e inacabado, imagino, aunque la leyenda jamás fue muy clara a este respecto) cuando cierto maestro de Sociales exasperado por la actitud de un alumno espetó el mítico: 

-Ortiz, cópieme la Biblia

-Pero Padre, ¿se ha vuelto usted loco?

-Le he dicho que me copie la Biblia; Copie, corte, fotocopie, recopie... pero cópieme la Biblia

Uno con doce años ya tenía sus principios pero ante esta tesitura si esos principios iban contra uno de los Padres Escolapios que nos daban clase se los guardaba uno tan ricamente con tal de evitar situaciones desagradables.

En estas que el señor juez dice aquello de "lanza Jorge de Cual, preparado Fulanito de Tal" y el verdadero Jorge, con sus huevos toreros, llega y dice "voy". La cara del juez era antológica. Si llega a tener la pistola de dar las salidas se pone a pegar tiros al sol. Raúl se nos quedó mirando con cara de resignación y con Pano no sabíamos dónde meternos. En aquellos momentos los dos nos hicimos los locos, ninguno había pisado un aula de Escolapios jamás de los jamases. La tensión se cortaba con cuchillo y las caras de los presentes eran de impresión. Ahí iban a empezar a pedir responsabilidades y a hacer preguntas y si no queríamos follón con los curas menos aún con el señor juez árbitro.

Este hombre se comenzó a poner nervioso y con razón. 
-Pero tú... pero tú quién eres- empezó a gritar el juez. -Jorge- dijo Jorge, como si fuese lo más natural del mundo, y de hecho lo era, aunque para el resto de los presentes a excepción de un par que callaban sin decir ni mu ni era natural ni lógico ni nada.

-¿Y tú?-  le preguntó el juez visiblemente alterado a mi amigo Raúl a lo que este harto de haber ido como cagallón por cequia desembuchó todo.

-Mire usted, señor juez, yo me llamo Raúl y este Jorge es el verdadero Jorge que tenía que estar lanzando. Yo he venido aquí hoy porque no tenía otra cosa que hacer y venía de suplente para la carrera de relevos y para comer kikos y gusanitos en la grada. Lo que pasa es que Jorge se ha ido al Ñam-Ñam del pueblo a comprar chuches y como no llegaba el Padre Rector me ha dicho que me hiciese pasar por él y que me pusiera a lanzar peso. Así que ustedes se apañarán que yo ahora me voy, buenas tardes.

Escolapios fue descalificado en lanzamiento de peso y aun no sé, o no recuerdo, cómo no les expulsaron del campeonato. Seguramente el resto de mis compañeros de clase no tenían la culpa de la púa hecha por el Rector quien por otra parte era un buen hombre aunque en determinadas ocasiones tenía demasiada pasión por lo suyo. Tampoco recuerdo en qué posición quedamos en el Campeonato.

Lo que sí recuerdo es que yo fui el lanzador de peso. No hice tres nulos así es que no hice 0 puntos. Ni siquiera quedé último con 1 punto porque la poderosa campaña de marketing del Ñam-Ñam habilitada en aquella época se encargó de echarme una mano. ¡¡Quedé penúltimo, con 2 fantásticos puntos!! y pude montar en el autobús de vuelta todo ufano y contento por la gran hazaña conseguida.



martes, 30 de septiembre de 2014

Mi particular Medio Maratón


Este año tampoco corrí el Medio Maratón. Tampoco es que esto sea un hecho excepcional ya que nada más lo he corrido (o he participado, mejor dicho) en dos ocasiones. Porque según mi hermano el Gurú yo no corro sino que camino deprisa, y razón no le falta. Realmente es un bagaje muy modesto que espero ir ampliando. El caso es que este año debido a diferentes circunstancias tampoco pudo ser. Como tampoco colaboré como voluntario en ninguna de las tareas en las que el club reclamó ayuda a lo largo de la semana, decidí que el día de la carrera haría mi particular labor en compañía de mi hermano Agus.

Ya el viernes por la tarde asistí a la charla del Chema Martínez, el atleta homenajeado este año en la carrera. Chema, una de las estrellas del atletismo nacional en la pasada década, demostró ser una gran persona, me llevé una muy grata impresión más que por los aspectos deportivos, los cuales ya se presuponen, por su personalidad. De los deportistas que aman su trabajo y se les ve en la cara, un motivador nato. Un defensor de que los sueños hay que luchar por conseguirlos aunque te tachen de loco y caigas en el intento. Que para levantarse siempre hay tiempo.

El sábado a las 17h me acerqué a la zona de salida y meta a ver las carreras de los críos. A estos no hace falta que venga Chema a motivarlos. Se comen el mundo ellos solos, son la ilusión con patas. De mayor quiero ser como ellos. Por tener estos críos tienen hasta la ilusión de ver su pueblo con unas pistas de atletismo nuevas. Quiero pensar que alguna vez este sueño se conseguirá pero que pesadilla más larga y pesada está siendo de momento, menuda broma de mal gusto. Tras ver a la chavalería, Agus y yo nos fuimos a nuestra particular faena enfilando Corona, Rioancho y el Coso chino chano.

Tras unas primeras dudas iniciales se consensuó el sitio al cual dirigirnos fácilmente. Si has corrido la Media de Barbastro sabes donde se sufre como un condenado, sabes donde te va a hacer falta un aplauso o un grito de aliento. Hay varios puntos negros por así decirlo pero como no podíamos multiplicarnos decidimos ir a la dificultad por antonomasia de la Media y que curiosamente se encuentra casi siempre bastante pelada de gente: la cuesta del Silo.

Y allí, en mitad de las curvas donde otros años tenían la paradeta Los Gaiteros, nos apostamos sentados en la cuneta. Primero vimos la ida, cuando la gente va fresca con kilómetro y medio en las piernas. Aplausos al coche de cabeza, el señor Tesorero del club que esta vez va allí montado haciendo de fotógrafo nos dice que qué bien estamos allí, que somos unos marqueses. Pasa Chema Martínez, gritos y aplausos. Chema nos corresponde, se ha pegado el primer kilómetro a 2'54" y le queda fuelle y ganas para saludar. Este tío es muy grande.

Detrás pasan los de Monzón, entre ellos el eterno Oriach al que llevo viendo correr desde que era un canijo. Se cae la curva con los gritos. Va segundo, a buen ritmo, pero va solo. ¿Logrará alcanzar a Chema Martínez? Pues muy probablemente no, pero ahí reside la magia del atletismo. La mayoría de las veces uno no compite contra los demás sino contra sí mismo. Pasan varios Zoiti y luego el grupo con varios CAB y el ya no eterno sino mítico Yerno, primer ganador de la Media allá por el año 1993. Más de lo mismo, escandalera general animando a los nuestros en especial a Gregorio que ya no es que sea ni eterno ni mítico. Es lo siguiente. Para ponerle un monumento en la entrada de las pistas, cuando las hagan.

A partir de ahí un rosario bastante compacto de atletas locales y de la redolada. Y un gentío impresionante de Mollerussa. Todos reciben su aplauso, algunos con ánimo personalizado. Otros se ríen como el señor Tesorero y nos dicen directamente que somos unos cabrones por estar ahí tirados viendo el paso de la carrera. Tranquilos, que hemos venido a animar. Este primer paso es una fiesta y como tal hay que tomarlo, después ya vendrán los apuros, seguirá siendo una fiesta pero a alguno se le atragantará esa cuesta. Y ahí estaremos.

En cola de carrera pasan los incombustibles Chéliz y Blanca. Para estos sí, para estos nos ponemos en pie a aplaudir y a gritar. Porque son unos campeones. Porque el que va primero de la carrera, pues eso, va primero. Pero para ser un campeón se puede ir cerrando carrera perfectamente.

Una vez ha pasado todo el grupo, nos vamos a avituallar convenientemente hasta el Coso puesto que hay que coger fuerzas para cuando los corredores regresen. Faltan unos buenos tres cuartos de hora hasta que Chema vuelva de su paseo por el Somontano así es que tranquilamente nos bebemos unas cañas y repostamos dos buenos bolsones de pipas retornando a la curva donde, inexplicablemente, no ha llegado más gente. Insisto, eso de aplaudir en línea de meta está muy bien pero créanme que el que corre igual agradece más un grito de ánimo en otros lugares.

Y aparece de nuevo la comitiva del coche de cabeza. Y esta vez nos ponemos bien de pie. Cantan el tiempo de Chema Martínez. Lleva 1h 05', se va a ir a 1h 09' en meta. No importa, ha salido como una bala, no ha podido mantener el ritmo puesto que sus 43 años ya pesan, pero lo ha intentado. Se agradece su esfuerzo y su entrega, el que haya ido animando y aplaudiendo a todos los corredores con los que se ha ido cruzando. Se lleva un aplauso como si estuviese a ritmo de récord. Como si fuese Kimetto a punto de batir el récord de maratón en Berlín.



Después pasan otra vez los de Monzón, los Zoiti y los CAB que se reparten los diez primeros puestos. Con Yerno y Gregorio hay una especial entrega en los ánimos. Ya corrieron la primera de las ediciones y siguen estando ahí. Aquella primera edición en la que en el avituallamiento de las Bodegas nos tocó a unos cuantos montar ese tenderete por primera vez. Alucinábamos viendo a cuatro locos enfilando carretera Salas y, lo que era más increíble, viéndolos volver tras 15 km corriendo al mismo ritmo. Algo que parecía irrealizable. Con Yerno yendo en cabeza en aquella ocasión y Gregorio algo más retrasado gritando a falta de cien metros para llegar al avituallamiento: ¡Glucosaaaaaaa!, ¡dadme glucosaaaaaa!

Todo ello ante el pasmo y la estupefacción de los allí presentes que no atinábamos a decir nada hasta que cierta persona vinculada al club espetó: Pero hombre, Gregorio, que no tenemos glucosa ¿acaso te has pensado que esto es una farmacia o qué?. Anda que no nos reímos con lo de la glucosa cuando allí sólo había gajos de naranja, agua y algo de bebida isotónica. Eso de la glucosa era para los profesionales. Los geles no debían ni existir, casi como ahora cuando en el puente de las Capuchinas pudimos comprobar como alguien se apretó un gel de estos al kilómetro y medio de empezar. Eran otros tiempos.

Volvamos a los tiempos actuales. Pasan las primeras chicas, increíble como hacen la subida persiguiéndose la una a la otra con un estrecho margen de tiempo. Nuria Sierra, de Monzón, va segunda y ya no podrá coger a la primera, Mireia Sosa, pero su esfuerzo subiendo el Silo bufando como una locomotora es encomiable. Y tras ellas, al poco, con el globo de 1h 30' comienza a aparecer la gente que realmente lo va a pasar mal en la cuesta. Unos llevan mejor cara, otros peor. Hay gente que va por detrás pero saca mejor cara que otra que pasa minutos antes. Puede ser porque hayan salido a un ritmo más cómodo del que podrían llevar, los de la buena cara, o porque siempre sacan cara de agonía cuando corren, los de la mala cara.

Cada vez nos vamos más y más hacia el centro de la carretera como si fuera un puerto de montaña en una etapa ciclista. Hay que aplaudir a esta gente como si fuera Kwiatkowski subiendo el último repecho del Mundial de ciclismo en pos de la victoria. A su manera, aquí también están venciendo. Se empiezan a ver caras de bastante sufrimiento, pero quien más quien menos esboza una sonrisa cuando oye los aplausos.

Otra gente directamente viene que parece que vayan de juerga. El globo de 1h 45' es un cachondeo, todos van riendo y charrando. Pero lo normal es ver caras de apuro, de sufrimiento. A la gente de fuera les recuerdas que están a cincuenta metros de coronar y que a partir de ahí son menos de dos kilómetros de bajada. Que ya lo tienen y que ya está hecho. Pasan amigos, vecinas, compañeros de trabajo y demás conocidos y conocidas. A la de casa le gritas de todo, desde que son unos piteras a que son unas valientes pasando por toda suerte de motes y apelativos cariñosos. 

Pasa el globo de las 2h. La gente en ese punto va con lo justo, ahí no se suele ir por gusto. Se suele ir lo que se dice jodido. Te alegras por los que van allí y que van a conseguir rebajar la barrera de las dos horas en meta. Puede parecer una proeza mediocre pero para los que damos para lo que damos es un triunfo considerable. Otras se sorprenden de que todavía continuemos ahí montando escandalera. No sé de que se extrañan si lo estamos gozando y pasando en grande.

También aparecen los típicos que se han apuntado a esto de correr hace poco, han ido haciendo sus pinitos en carreras de 10 km o similares y se encuentran de sopetón con la dureza de algo ya más serio como es una Media. Pero ahí están, sufriendo como perros, dando el callo. Porque una Media la podemos hacer casi todos, no es algo imposible, pero requiere un esfuerzo y una dedicación especial. La puede hacer cualquiera pero no se puede preparar de cualquier manera.

Hasta Juanlu, pitera y tuercepedales, aparece por allí apretando los dientes. El tiempo en meta no será nada del otro mundo pero será que es lo importante. Hacer una Media, la Quebrantahuesos y la Pax Avant el mismo año ya es un gran mérito. Para sí lo quisiera mucha gente.

Y ya al final, cuando ha caído la noche, aparecen los grandiosos Chéliz y Blanca. Pensamos erroneamente que son los últimos de la carrera y levantamos el campamento a su paso. Pero antes les cae el aplauso que merecen. Llevamos de pie durante todo el segundo paso de la carrera pero ahora todavía más si cabe. Entrarán en meta en torno a las 2h 20' pero el tiempo es lo de menos. Son campeones. Todos y cada uno de los que ha pasado por delante lo son. Porque como dice Chema Martínez, no siempre gana el que llega primero; en la mayoría de las ocasiones, la victoria la consigue aquel que persevera por conseguir sus sueños. Y el sueño puede ser bajar de hora veinte, de hora treinta, de dos horas o acabar. La cara de gozo del que lo consigue es similar en todos los casos.

O Kilian Jornet, otro gran atleta y persona, quien al respecto fue todavía más explícito en cierta ocasión, en una carrera en la que había llegado primero y cuando viendo a alguien pasar por meta llorando de emoción dijo aquello de: qué cabrón, ese sí que ha ganado.

Enhorabuena al CAB y a todos los voluntarios por seguir organizando esta fiesta, esta prueba referente a nivel regional y uno de los mayores eventos deportivos, si no el mayor, a nivel local.

Y enhorabuena a todos y todas las que se enfrentaron cara a cara con los 21 km. Para unos pocos fue un paseo, para algunos un trámite pero para muchos un esfuerzo muy considerable. Si al año que viene no corro o el club no necesita ayuda para lo que sea, creo que ahí volveré. A la cuesta del Silo a darlo todo, a hacer mi particular Medio Maratón.




domingo, 30 de marzo de 2014

¿Por qué no tenemos pistas de atletismo?


Llevo reescribiendo esta entrada unos cuantos días y he de reconocer que he ido rebajando el tono bastante ya que si llego a plasmar lo primero que me pasaba por la cabeza seguramente me podía buscar algún follón. Y de hecho no estoy plenamente convencido de que haya gente que al leer estas líneas no se lo tome a mal o se moleste. Bueno, en ese caso, yo les diría que después de diez años sin pistas de atletismo muchos también nos sentimos bastante molestos. El título de la entrada viene motivado por que comiendo hoy con uno de mis hermanos, me ha contado como ayer estuvo con sus hijas en las pistas de atletismo de Monzón. Una de ellas tenía competición y en una de estas mi sobrina se acerca a mi hermano y le espeta con toda la inocencia, ignorancia, extrañeza, bondad y perplejidad con que se puede hacer una pregunta a la tierna edad de siete años: "Papá, ¿por qué no tenemos pistas de atletismo en Barbastro?"

Cuando me ha contado la anécdota me ha venido a la mente aquel anuncio de captación de socios del Atlético de Madrid en el que un niño viajaba con su padre en el asiento trasero de un coche y mientras el cabeza de familia conducía el chaval soltaba aquello de "Papá, ¿por qué somos del Atleti?" que desarbolaba al padre dejándolo sin respuesta debido a que ser aficionado a ese club trasciende a toda explicación lógica. 

Pues algo similar ocurre en el caso de preguntarse por qué en este pueblo no existen pistas de atletismo. Que a uno se le queda cara de tonto y no acierta a dar una explicación coherente. Sirva esta entrada al menos para explicar el cómo este pueblo llegó a quedarse sin esas instalaciones y el proceso que se siguió. El porqué es mucho más complicado.



Hace mucho tiempo, en este pueblo había unas pistas de atletismo. Para quien no sepa lo que son, lo cual no me extrañaría debido a la considerable cantidad de años que hace que desaparecieron, se trata de dos rectas paralelas y dos curvas en los extremos de las rectas compuestas por entre seis y ocho calles de 1,22 m de ancho sobre las que se disputan las diferentes carreras, siendo la calle 1 la que se encuentra en el interior de la forma elíptica resultante. La longitud de una vuelta, o cuerda, medida en esta calle 1 es de 400 metros, distribuidos de igual manera entre rectas y curvas. 



La vuelta a la pista se da en sentido antihorario de manera que las curvas son de "izquierdas". La recta de meta es donde se suelen disputar las pruebas de velocidad, conociéndose la línea de salida de los 100 metros como "el cien". De igual manera, si avanzamos desde línea de meta que a su vez es línea de salida para los 400 m, 800 m,



y 10000 m lo primero que encontramos es una curva. Una vez trazada se han recorrido cien metros y nos encontramos en el lugar de salida del 1500 m. Al avanzar los cien metros de la contrarrecta se llega al comienzo de la segunda curva y salida de los 200 m y también de los 5000 m. Ese lugar se conoce como "el doscientos". 




La superficie de las calles puede ser de ceniza, tierra o material sintético. En el interior de la zona elíptica descrita se extiende un rectángulo de unos 100 metros de longitud por 70 metros de ancho en el que se suele colocar césped. Esta zona suele estar habilitada como zona de recepción de artefactos provenientes de los fosos de lanzamientos, donde se celebran los concursos de peso, disco o martillo. Ocasionalmente estos artefactos deben esquivar futbolistas, o al revés (no pongan cara extraña, luego se comprenderá). La jabalina también es lanzada a esa zona de césped pero desde un pasillo especial habilitado a tal efecto y que parte desde la zona media de una de las curvas hacia el rectángulo de césped.



Además existen zonas especiales con fosos de arena y pasillos correspondientes para el salto de longitud y algo parecido pero sustituyendo el foso por colchonetas para efectuar los saltos de altura y de pértiga.



Además en una zona que puede variar pero que siempre se encuentra o dentro o fuera de la curva del doscientos, está el paso de la ría. Esto es una especie de valla fija empleada en las pruebas de obstáculos (no confundir con las carreras de vallas) y que cuenta además con un foso que se puede llenar de agua llamado ría y sobre el que se cae tras superar este obstáculo



(los atletas keniatas ni se mojan ya que superan el obstáculo de un salto prodigioso cayendo directamente sobre el tartán mientras corren a ritmo de 2'40''/km pero eso es otro mundo) 



Esto es, más o menos, una pista de atletismo donde como se ha podido comprobar existen múltiples actividades adicionales a correr, como por ejemplo lanzar, jugar a fútbol (luego comprenderán) saltar, marchar, y pasar vallas (ya que como antiguo alumno no muy aplicado pero alumno al fin y al cabo de una escuela de atletismo siempre recordaré que las vallas no se saltan, se pasan),



actividades diferentes al noble arte de correr. Arte este último con el que la mayoría de la gente relaciona en la actualidad, y más en este pueblo, el Atletismo.



Pues bien, el pueblo llegó a contar con hasta tres pistas de atletismo (como ahora, sí, como ahora). La más modesta se situaba en el campo de los Escolapios, donde hasta este año se ha venido celebrando la muestra gastronómica de los festivales del Vino en agosto. Si bien la cuerda era de unos 300 metros y las curvas eran un tanto achatadas cumplía la función para la que estaba destinada a la perfección. Esto es, realizar las clases de educación física del colegio mencionado anteriormente. Había foso de longitud, colchonetas, saltómetros, artefactos y vallas. Equipamiento arcaico y desvencijado pero útil al fin y al cabo.

Aparte, estaban las pistas del cuartel militar. Imagino que en tiempos debieron estar cuidadas y debieron contar con cierto equipamiento. Eran de tierra y su cuerda de 400 metros. Tras el abandono de los cuarteles estuvieron una época abiertas al público. Si bien no se podía hacer en ellas más que correr y dar vueltas era mejor que lo que actualmente tenemos en el pueblo. Hace ya unos cuantos años el perímetro del cuartel fue vallado y el acceso al recinto quedó prohibido, quedando esa pista y el frontón situado a su lado inutilizados.

Y luego estaban las pistas municipales. Las buenas, las de verdad. Con su cuerda de 400 metros, sus seis calles de tierra y su más o menos completo equipamiento. En las antiguas pistas de este pueblo se llegaron a celebrar hasta campeonatos provinciales ya que pese a que la antigua pista era de tierra, era de las mejores instalaciones que disponía la provincia a tal efecto. Estamos hablando de épocas pretéritas en las que existía por otra parte una gran falta de instalaciones (piscinas, polideportivo...) con sus cosas buenas y sus cosas malas, sus virtudes y sus carencias.

El transcurso de los años trajo mejoras y atrasos de todo tipo. Un polideportivo, una piscina climatizada, la ansiada piscina al aire libre... pero como digo, los años también se llevaron algunas cosas, entre ellas las pistas de atletismo.

¿Y qué pasó con las antiguas pistas? Pongámonos en antecedentes... si conocen el complejo deportivo donde se asienta el campo de fútbol "municipal" y las piscinas es fácil situar dónde se encontraban las antiguas pistas. Subiendo por la cuesta del campo de fútbol y dejando a mano derecha el polideportivo y la piscina climatizada se llega a un cruce, si se toma a mano derecha y se sigue de frente se llega a la puerta del campo "municipal" donde se pueden observar los cinco aros olímpicos.

A mano izquierda de la puerta se observa un campo de fútbol de tierra echado a perder. Un campo donde hasta no hace muchos años aún se disputaban partidos de liga local y que más tarde pasó a ser un erial. Este erial ha sido aprovechado por numerosos vecinos del pueblo para disputar partidos amistosos de fútbol e incluso de voleybol. El fútbol en ese erial suele ser cosa de magrebís y subsaharianos mientras que al voleybol le pega un numeroso grupo de sudamericanos. Gente que ha sabido dinamizar y aprovechar un campo que se ha dejado perder y en el que, de momento, no se cobra por utilizarlo. Si se cruza este erial se llega a la piscina de verano, también conocida como la piscina de la rana. Luego volveremos a la piscina.

Volvemos a la puerta con los aros olímpicos. Entremos. A mano derecha se encuentra el campo de césped "municipal". En este campo, de césped natural, ha disputado desde hace muchos años el Barbastro los partidos de fútbol. Este campo "municipal" siempre se caracterizó desde que tengo uso de razón por ser de uso casi exclusivo para la escuadra blanquirroja. Escuadra que muchos años de Barbastro tan sólo ha tenido el nombre ya que gran parte de la plantilla era de otros lares. Menos mal que en la escuela de ese club los niños sí eran del pueblo que si no, apaga y vámonos.




A mano izquierda se encuentra el campo de "césped" artificial. Este campo se ha caracterizado desde sus inicios por ser utilizado por equipos de menor categoría deportiva que el Barbastro, equipos juveniles, equipos de futbol 7... Al parecer este campo de césped artificial surgió de la necesidad de dar cabida a los diferentes equipos de la localidad y motivado también al parecer porque el uso desmedido del campo de césped natural provocaba que el terreno de juego se deteriorara sobremanera.


Si no han jugado ustedes en el campo de césped artificial, sobre esa capa de plastiquete, un 21 de junio a las 3 de la tarde con los pies escaldados no saben lo que es el Infierno en la Tierra. Y no me refiero a que el Infierno sea esa capa recalentada a cincuenta grados que te lacera las plantas de los pies como si fueran brasas candentes, no. El verdadero Infierno en la Tierra es estar asándose vivo en esa parrilla y ver el campo "municipal" con su césped natural también caliente pero no exento de cierto frescor no atribuible a los compuestos fabricados a partir de polímeros de hidrocarburos, VACÍO. Para que no se malmeta.




Pues en el lugar donde se asienta el flamante (y nunca mejor dicho lo de flamante sobre todo en verano) campo de "césped" artificial había unas pistas de atletismo. Al principio eran bonitas, años más tarde apañadas, después pasaron al grado de vetustas, estropeadas, parcheadas, para terminar en el último grado de la evolución de unas pistas de atletismo. Originariamente tenían seis calles. En sus últimos meses de vida lo prudente era no aventurarse a correr más allá de la calle 1.

La calle 1, la calle que linda con la cuerda más o menos se mantuvo arreglada mientras esta sufrida pista dio servicio. La calle 2 ya era otro cantar, te podías encontrar tramos con tierra recién colocada como a los cincuenta metros encontrar un barrete muy bueno para resbalar y partirse la crisma. Las calles intermedias eran algo así como lo que encuentran los exploradores polares entre la tierra firme y la banquisa de hielo: islotes de tierra firme, pequeños lagos de agua dulce, charcas con formas de vida desconocidas, hielo, ahora otra isla... un despiporre. Y la calle 6 si no recuerdo mal en su última época estaba prohibido totalmente el pisarla puesto que la lesión era segura.


El foso de salto de longitud era un rectángulo de diferente color a todo lo que lo rodeaba y al que se accedía por un pasillo. De ahí se deducía que era el foso ya que toda similitud con lo que en tiempos fue terminaba allí. La consistencia de aquella arena era mayor a la del cemento portland. La zona de salto de altura estaba dominada por especies selváticas que se apoderaban del armazón metálico que cubría la colchoneta y los fosos de lanzamiento no corrían mejor suerte.

En el césped natural interior normalmente entrenaban diversos equipos de fútbol que no tenían la categoría suficiente para hollar el campo anexo destinado a la práctica exclusiva del balompié. En ese césped natural interior a las pistas suelen caer los artefactos de lanzamiento (se llaman así, artefactos) pero claro, si coincide el entrenamiento de esa-gente-que-no-puede-jugar-en-el-otro-campo-porque-lo-malmete y el entrenamiento de jabalina se puede llegar a situaciones grotescas. El resto de disciplinas de lanzamientos, quitando el peso, esto es el martillo y el disco eran más complicadas de ejecutar. Más que nada porque la jaula de lanzamiento carecía de red, y de esa manera lo grotesco podía pasar a ser mortífero debido a que el artefacto no sólo podía salir disparado hacia el césped sino también hacia los aledaños de la pista.



Alguien debió pensar que si no ponían jaula de lanzamiento pues así dejarían de lanzar martillo y disco entre semana. Y percal solucionado. Algo parecido ocurrió con la zona de salto de pértiga. Como en aquella época no había nadie que saltase pértiga se desestimó habilitar la instalación completa entrando en un absurdo círculo vicioso en el que nadie saltaba pértiga porque no se disponía de la instalación y no se disponía de la instalación porque nadie saltaba pértiga. Alguien debía pensar en habilitar colchoneta y saltómetro cuando algún aventado se aventurase a dar el primer paso y saltar esperando caer sobre un fardo de sacos pero tal eventualidad no llegó a depararse.


Con todo este caldo de cultivo se llegó a un día en el que se decidió acometer unas reformillas en ese ya de por sí complicado escenario. Las pistas de atletismo que parecían ya de todo menos eso, unas pistas, se iban a tomar por saco. Bueno, bien, pensaron muchos. Que las arreglen que estas ya han durado lo suyo. Pero no, alguien tenía planes muchos mejores. De ese tipo de planes que muchos ignorantes no podemos llegar a comprender en su total magnitud.


Alguien tenía planeado hacer más campos de fútbol. Hombre, pues también está eso muy bien. Ya es hora de que esa pobre gente que no puede jugar en el campo bueno "municipal" porque está ocupado por otra gente que es más importante, puedan jugar de manera decente sin riesgo de que les caiga una jabalina de esos desaprensivos del atletismo... que mira que habrá deportes y haya gente que le dé por correr y lanzar cosas...


A todo el mundo le venía bien porque esos locos del atletismo veían la oportunidad de lanzar cosas por los aires sin miedo a pegar un jabalinazo a esos mozos que jugaban a fútbol y de poder dar vueltas a la pista arreglada sin recibir un balonazo. Pero se había pensado otra cosa. Cuando dijeron que las pistas se iban a tomar por saco querían decir exactamente eso. Que se iban a tomar por saco.



Es una cuestión de tiempo, no se preocupen, esto en un par de años se soluciona, les haremos unas instalaciones dignas, no van a pegar jabalinazos ni les van a pegar balonazos en un par de años se van a tener que exiliar a otro lugar pero después se van a hartar de dar vueltas en las pistas nuevas. La fantabulosa idea era arrasar las pistas y plantar un campo de césped artificial en su lugar. Las nuevas pistas iban a otro lado.


Algún ignorante propuso, mira que hay que ser ignorante e inconsciente, dejar las pistas donde estaban, arreglarlas cuando tocase y clavar el campo de césped artificial en el lugar correspondiente al de las nuevas pistas. Pero claro, razones como que la estética del conjunto podía verse trastocada, eran poderosas razones. También eran aquellos tiempos en los que los dineros salían de debajo de las piedras y se iba a lo grande. ¿Para qué aprovechar una instalación y hacer la otra partiendo de cero?

¡Se hacen las dos partiendo desde cero! Las nuevas pistas tenían que ir a otro sitio.

Y las pistas se fueron a otro sitio. Y de nuevo volvió a haber tres pistas en este pueblo. Esto es, el parque la Paz, la carretera del Canal y la carretera de la Boquera. Estas son actualmente las pistas de atletismo de nuestro maravilloso pueblo. Para concursos de saltos y lanzamientos y si uno es menor de doce años quizá pueda hacer algo en el pabellón de la Ferma. El resto de actividades relacionadas con el atletismo en esas tres maravillosas pistas. Por supuesto la poca gente que lanza martillo o esas otras raras actividades tiene que marchar a otros lugares porque aquí siguen en la misma tesitura.


A este paso, y ahora dejando el tono sarcástico a un lado y poniéndome serio, cuando quieran hacer las pistas ahí al lado de las piscinas al aire libre, puede haber transcurrido una generación de gente apuntada al club de atletismo que no sepa lo que son unas pistas de verdad salvo por las que ve en la tele o las que puede disfrutar por ejemplo en Monzón.



Siempre pendientes de subvenciones, de presupuestos de la DGA, de historias varias. Hace diez puñeteros años que las viejas pistas fueron arrasadas sin contemplaciones. Creo, y lo creo yo y muchísima más gente de este pueblo, que tiempo han tenido para solucionar el percal. Cierto es que estamos atravesando una época fastidiada en el tema económico (y en tantas otras cuestiones) pero repito que diez años es un periodo muy amplio de tiempo. ¿Que se han hecho muchas cosas en este pueblo durante esos diez años? Cierto. ¿Que algunas se las podrían haber ahorrado y no haberlas hecho dando prioridad a otras? También.


Mientras tanto, dos escuelas de niños y niñas de un club de atletismo y de una agrupación deportiva que a pesar de no poder entrenar en pista logran ser campeones en campeonatos provinciales entrenando como pueden en un pabellón ferial o en un parque. Pero que insisto, se están perdiendo lo bonito del Atletismo. Porque el Atletismo es mucho pero que mucho más que correr kilometradas por asfalto o echarse al monte a brincar charcos y trepar riscos. Es correr, sí, pero también lanzar



correr con la jabalina para hacerla surcar los aires, avanzar a toda mecha por el pasillo de salto de longitud para batir con todas tus fuerzas en la tabla y volar hasta el foso, 



dibujar una curva a grandes zancadas antes de intentar franquear el listón de la altura



pasar vallas que te llegan a la altura de la cintura en una recta de seis calles sintiendo el tableteo de los obstáculos de las calles vecinas cuando tus contrincantes las franquean, 



hacer carreras de relevos intentando no salirte de la zona al pasar el testigo al compañero, 



rodar con los pies descalzos por el césped después de haber entrenado o competido, 



esperar el disparo del juez para soltar toda la adrenalina impulsándose en los tacos de salida



Son muchas cosas que algunos afortunados tuvimos la oportunidad de hacer en las viejas pistas de atletismo. Cosas que se están perdiendo los críos de este pueblo y también la gente mayor. Cosas que a este paso poca gente recordará. Cosas que ojalá muy pronto se recuperen.

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