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martes, 22 de noviembre de 2016

Un día bien aprovechado: Crepes, vacas, boulangeries, geles, balnearios y churrascos


Ahora que estamos inmersos en lo más cruento del maravilloso undécimo mes del año, es decir, en la más absoluta mierda, es buen momento de rescatar una de esas vueltas en bicicleta realizadas el pasado verano, cuando los días son eternos y gozosos. Cuando valen más del doble que estas oscuras jornadas en las que "trabajar de sol a sol" no es una exageración sino una verdad como un templo. La crónica lleva escrita unas semanas pero estaba esperando estar metidos de lleno en este valle de lágrimas conocido como Noviembre para que la comparación sea mejor.

Etapa ligera por tierras del Midi Pyrinees mano a mano con Jesús. Saliendo del aparcamiento de Balnea en la localidad de Genos-Loudenvielle ponemos rumbo a la localidad de Arreau a eso de las 9 de la mañana. Desde la salida del túnel de Bielsa el tiempo ha oscilado entre una neblina no muy densa a un cielo encapotado que si bien no amenaza lluvia deja caer algunas gotas debido a la condensación. Así es que vamos tapados con todo lo que hemos traído para la parte de arriba.

Propuesta al Tour de Francia. Circuito al que dar tres vueltas para un total de 240 km recorridos con 6 señoras ascensiones plagadas de público enfervorecido por disfrutar durante más de siete horas de la carrera (y la caravana)
Antes de llegar a Arreau por terreno ligeramente descendente ya nos hemos cruzado con un buen número de cicloturistas muchos de ellos de avanzada edad y en la base del Aspin coincidimos con una pareja de ingleses en BTT con los que nos iremos rebasando varias veces a lo largo de la subida. Conforme ascendemos la niebla se cierra cada vez más privándonos de las vistas aunque protegiéndonos del sol. Al menos nos quedan las pintadas de la carretera y vamos repasando nombres y procedencias de los ciclistas que allí aparecen.

Sagan, Pierroooo (Rolland), Thibaut (Pinot), Romain (Bardet), Izagirre (Ion & Gorka), Holst Enger
-¿Quién es ese? 
-Noruego del IAM. 
-¿De dónde? ¿de Liam, dónde está eso? 
-No, noruego pero no de Liam sino del equipo I-A-EME. 
-Ah, del IAEME... qué huevos ponerle a un equipo ciclista el acrónimo de Infarto Agudo de Miocardio. 
-Pues sí. 
Bonita conversación mantenida en rampas del 8,5% envueltos por la niebla a eso de las diez y pico de un veintitantos de julio.

Para cuando vienen las pintadas (que no se han movido) de Lotto Jumbo y Wilco / Wilco / Wilco que se podían ver el año pasado ya he bajado un puntito la velocidad y hemos dejado que el inglés nos rebase por última vez. Por mi parte no pienso forzar más ya que he recordado que más tarde hay una cita con nuestro amigo Val Louron y más vale ser previsores. Aparecemos arriba en la cima donde solamente hay espesa niebla y no ha subido el del carretón de las cervezas y los helados. No importa, otra vez será. En los últimos años este puerto ha sido visitado de todas las formas posibles así es que ¿por qué el año que viene no vamos a volver?. Nos hacemos la foto de rigor gracias al señor inglés que ha llegado un minuto antes y tras abrigarnos nos lanzamos a descender la otra cara.


Madre qué pose. Uno que parece un jotero y el otro que parece aún más deslomado de lo que está
A pesar de las curvas y de algún coche que me pisa los talones me lo paso bien. El firme está en perfectas condiciones, van subiendo infinidad de abueletes chino chano en bicicleta y bajar así es un gozo. Y no tengo ninguna prisa. Abajo en el cruce de Payolle espera Jesús y nos metemos en el primer establecimiento en el que leemos entre sus especialidades la palabra CREPES.



Persiste la niebla y aunque no hace frío tampoco hace mucho calor. Así es que aunque no soy cafetero el tiempo anima a echarse uno con leche. Y además de eso dos buenas crepes con nutella por cabeza. Así ya se puede subir la Horqueta. La Hourquette d'Ancizan es un puerto que he tenido en la cabeza desde el año pasado cuando al volver del Tourmalet cruzamos en coche por allí. Me pareció uno de los puertos más bonitos por el que jamás hubiera pasado y quería pedalearlo sí o sí. La pena fue que la niebla nos privó de la mitad del espectáculo que se escondía tras ella pero aún así fue un puerto mucho más divertido que el Aspin.

Aquí hay muuuuchas vacas
Multitud de vacas tumbadas nos recibieron en las primeras rampas y de esa manera seguimos viendo más de estos tranquilos animales acompañados de algún mugido que parecía provenir de lo que es una vaca con badajo. Y no me refiero al cencerro que cuelga de su cuello. Conforme se fue disipando la niebla las vacas fueron apareciendo en mitad de la carretera junto a caballos y burros, ya que tras pasar por el bosquecillo de las primeras rampas luego se transita por verdes laderas, que permanecieron ocultas en parte, y que se encuentran plagadas de cabezas de ganado. En ese aspecto me parece un puerto insuperable. 


En el descansillo con bajada que hay antes del último arreón final un caballo bien pincho nos viene a saludar y Jesús se pasa un buen rato acariciando el hocico del simpático animal mientras un burro acostado en la margen contempla la escena entre cabezada y cabezada. Con la misma capacidad para coger el sueño profundo y despertar súbitamente que un octogenario el burro tan pronto tiembla de la soñera que tiene como contempla estupefacto a dos gachos en bici haciéndole gracietas a un caballo. Levanta la cabeza, nos observa y vuelve a caer en un plácido sueño. Más abajo un burrete más pequeño y despierto también sale a saludar. Es un puerto bien agradecido. Lo de parar ahí en medio no es demasiado problema. Tráfico de coches no hay demasiado y algún cicloturista que aparece es eso, cicloTURISTA, así es que al tener que echar mano al freno para esquivarnos no sale maldiciendo.



Tras ese descanso vienen unas rampas un poco durillas antes de la cima pero que se pasan sin mayor dificultad. Se intuye el sol al otro lado del puerto. Arriba comemos algo de secallona y nos hacemos las fotos gracias a un espigado gerifalte centroeuropeo de rendimiento francamente positivo que sube con una rubicunda zagala de prestaciones aún más sorprendentes que se dedica a hacer series en la última rampa mientras su compañero saca fotos y charra con nosotros. Están locos estos holandeses.




Iniciamos el descenso por la otra vertiente y enseguida sale el sol. Si la cara que hemos subido es de pendientes moderadas la que bajamos es empinada y por algunos tramos llena de gravilla. Auténticas bañeras de grava. Abajo en la fuente duelen las manos de apretar los frenos pero aparte de eso se trata de un descenso tranquilo por una carretera muy poco transitada. Ya en el llano, al pasar por delante de la panadería de nuestra amiga de Guchen gritamos para saludarla. Con Jesús guardamos un gratísimo recuerdo del día en que nos dio con la puerta en las narices cinco minutos antes de que el horario comercial del establecimiento tocara a su fin. Es por ello que la tenemos en un altar y le dedicamos siempre que pasamos por delante los más bellos piropos así como expresamos todo tipo de parabienes con nuestros mejores deseos. Cómo la queremos. El escudo de la noble villa de Guchen representa dos robles plantados ante una cruz. Por encima de los robles una rama de muérdago es flanqueada por dos flores de lis. Sin ningún género de dudas los dos robles somos los dos alcornoques que aporreábamos la puerta de la simpática panadera de Guchen para que nos sirviera una de sus delicatesen. En concreto dos pasteles de frutos del bosque representados por las flores de lis. La cruz representa la puerta del establecimiento, el memorable no podéis pasar que nos hizo la muy ladina que se encontraba en esos momentos contando con total avaricia e impudicia la recaudación del día con todos los dineros esparcidos por el mostrador. Y el muérdago representa a nuestra querida amiga, esto es así. Bajo el muérdago se besan los enamorados y un beso de verdadero amor que hubiéramos lanzado al viento hubiera aflojado el corazón de esa bella damisela abriendo las puertas de su establecimiento para que disfrutáramos de sus delicias. Incorrecto. Realmente el muérdago, cuyo aceite se utilizaba en la edad media para espantar a los lobos, representa la rabia e inquina con la que esa mujer de intachable moral nos impidió entrar a su establecimiento. Y hasta aquí la lección de heráldica de andar por casa y la explicación de nuestro imperecedero amor por esa bella dama.




Después de llanear unos diez kilómetros hacemos un alto en el camino en la villa de Saint-Lary a reponer fuerzas en la boulangerie. Por una vez no es muy buena idea o hacemos una mala elección ya que la especie de empanada que nos atizamos no nos sienta muy bien. La empanada, el sol y las rampas de Val Louron van a ser una combinación espectacular. Así es que a eso de las dos de la tarde (sí, las dos, nótese el ritmo caribeño de la etapa; si los dos estábamos de vacaciones para qué íbamos a ir más deprisa, ¿para hacer una entrada épica en la blog acerca de cómo nos ardían los gemelos pedaleando desbocados? pues no, se equivocan de blog) con toda la solanera pegando en el perolo iniciamos el ascenso de la última dificultad del día. 



El inicio de Val Louron es traicionero, entre zonas sombreadas de escasa pendiente se va divisando al otro lado del valle la estación de Soulan. Una curva por aquí, una revuelta por allá, montañitas y arbolitos por doquier.Qué bonito todo. Es en ese preciso instante en el que recuerdas las anteriores veces que has pasado por este puerto con el coche que no todo el monte era orégano y el paisaje se empieza a despejar para que el sol y las rampas comiencen a ajusticiar.


El fin de las sombras y principio del mismísmo Infierno
Al pasar por Azet pueblo cada uno ya por su cuenta tan sólo recuerdo que vi la casa de la abuela que alquilaba la era para aparcar el día del Tour de Francia. Que por un momento pensé en parar a saludar y ya de paso pedirle que me dejara echar la siesta y me trajera agua hasta que dejara el grifo seco. En serio, llegué a valorarlo de la repentina flojera que me entró y saber, porque a veces en la ignorancia se vive mejor, y saber la tralla que quedaba por delante. Cuando reparé en el lamentable aspecto que presentaba todo sudado y lleno de churretones de crema solar decidí ahorrar tamaño espectáculo a la señora y continuar hasta la fuente del pueblo previo paso por sus intrincadas calles con rampas que bien pueden tener más del quince por ciento. Como un saco de estiércol deposité mis posaderas en el bordillo de la fuente mientras bebía y tiraba bidones de agua por encima de la cabeza. Tras recobrar, en parte, la compostura decidí continuar.

Los calambres no son un buen aliado en las rampas de más del ocho por ciento que se perpetúan sin descanso. Es por eso que tras más de dos años sin hacer uso de este noble arte decido hacer un poco de camina-pedalea y tras echar pie a tierra, tomarme un gel que en el envoltorio pone que sabe a cocacola pero que en realidad sabe a mierda pura mezclada con whisky Capitán Guinder, ese magnífico digestivo que se podía adquirir en sus hipermercados de confianza. Más que un gel sabor cola parece que esté lamiendo un vaso de litro de cubata de aquellos que costaban quinientas pesetas en los tugurios más infectos de la época estudiantil. Poner en el envoltorio Gel sabor colonia S3 sería bastante más acertado. Menudo asco. Decido caminar porque entre el sol, la empanada, las rampas y el mal sabor que deja ese gel de mierda pedalear en esa caverna de dolor es demasiado.

Camino y pedaleo y vuelvo a caminar. Llevo las piernas como tablones. Ni épica ni leches, cuando llevas treinta kilómetros acumulados de puertos sin haber cogido la bici en un mes pasan estas cosas. Paro muchas veces, en el paso canadiense aprovecho la ligera bajada para montar otra vez la bici pero lo que resta es de aúpa. En el último kilómetro paro tres veces más y al final viendo ya a Jesús tirado a la bartola bajo el cartel de la cima hago de tripas corazón y llego pedaleando al cartel. Nos saca la foto un señor francés que está allá arriba a esa horas con toda la prole tentando la insolación infantil. El nene lleva una camiseta del Madrid, teniendo la Toulousain en rugby o el Metz en fútbol hace falta ser matraco para comprarle al crío una camiseta de CR7...



Tras recobrar el aliento nos vamos cara abajo contemplando los parapentes que sobrevuelan el lago de Loudenvielle. Este lago artificial creado en 1975 tiene una extensión de 32 hectáreas y se puede rodear completamente paseando. En la orilla más cercana a Genos hay un curioso yacimiento de pizarra del que seguramente sacan el material para construir la cubierta de los tejados del lugar. Desde allí, mirando al sur, se pueden ver las montañas que se alzan a modo de guardas del otro lado del Muro destacando el macizo del Hourgade. Junto a los pizarrales se encuentra la torre del castillo de Genos (o lo que queda de él). Al parecer se construyó entre los siglos IX y X para contener los ataques de los sarracenos que campaban al otro lado de los Pirineos por aquel entonces. Es un descenso chulo con la panorámica del lago, la estación de esquí y las numerosas curvas que no plantean problema si se va con precaución. Abajo en Loudenvielle aguarda el coche y lo más importante... Balnea.


Y aquí las puertas del Paraíso
Casi dos horitas metidos a remojo en las piscinas de este pequeño aunque acogedor balneario. Se goza más en invierno con todo nevado alrededor pero tras una etapita de 80 km subiendo y bajando puertos es un fin de fiesta también muy recomendable. Tras evaluar las propiedades del frigidarium, los baños japoneses y la cápsula musical de los baños amerindios hacemos aprecio a la feria de productos alimenticios instalada en Genos.

Una tendera muy salada nos da de probar de todos los salchichones y quesos habidos y por haber hasta que mercamos salchichón de jabalí, de setas y de Bambi. A pesar de hablar muy bien el castellano (ella, nosotros así asá) no acierta a encontrar la palabra para el bicho del que está hecho ese salchichón y tras que su compañera simule unos cuernos sobre la cabeza y empiecen a desfilar todos los animales caprinos y cérvidos sin suerte no se le ocurre ya más que decir que el salchichón está hecho de Bambi. Pero de Bambi "hombre" no de Bambi "niño". Pues será de ciervo adulto... aunque podría ser salchichón de buco. A saber.

De ahí marchamos al Carrefour de Saint-Lary a seguir la etapa. Cerveza Leffe, sidras de todos los colores, foie, más queso, sardinas con nosequé potingue. Tras otra buena mercada ponemos rumbo a España. ¿A casa? Todavía no.


En Parzán, en lo de Vidallé, hay que parar a cenar. No es que sea obligación pero como prisa no tenemos y tarde no es... Por un muy módico precio nos arreamos una hamburguesa, perdón una HAMBURGUESA con bien de todo y un plato de churrasco que es de las tres o cuatro cosas más bonitas que hemos visto este verano. Qué primor y qué bien puesto estaba todo. Tras un café y un poco más de charrada y cuando consideramos que ya hemos exprimido bien el día decidimos bajar al llano para llegar a casa pasadas las diez de la noche. Un día bien aprovechado. Sufrido, un poco, sobre todo por el mal sabor de ese gel que sabía a rayos, lo demás perfecto. Qué bien se está(ba) de vacaciones... 


El lago de Loudenvielle y el macizo del Hourgade al fondo este pasado invierno

El pizarral anexo al lago

Vistas en mitad de la bajada de la Hourquette

Australopitecus tuercepedalensis

El último arreón en la cima de Val Louron

El burrico de la Hourquette

Vacas

El jabalí de San Caprasio

Val Louron vertiente Azet

Val Louron vertiente Loudenvielle

Churrasco estilo Parzán

miércoles, 12 de octubre de 2016

Fin de semana por Guara 2016, el sábado

Tercer año seguido participando en la Trail de Guara. La palabra correcta es participando ya que lo de correr fue algo anecdótico y lo de caminar a veces también. Al llegar a meta cayeron 5 minutos más respecto al tiempo del año pasado así que si tenemos en cuenta el incidente con el sr Roca en el bar de Radiquero (ver crónica del 2015) puede decirse que la palmada de tiempo estuvo en torno a los 20 minutillos. Y podría haber sido mucho peor, vayamos por partes.

Este verano no he corrido nada. Bueno, si nos atenemos a las teorías del Gurú, no he corrido en mi vida porque lo que quiera que hago él lo denomina avanzar pegando brincos. Pero teniendo en cuenta la movilidad famoseril que me caracteriza pues no he corrido nada en comparación con lo que quiera que hiciese otros veranos. Nada no es poco o menos que otras veces o no lo deseable. Nada es nada. Cero. Bueno, por no mentir tres trotadetas en la bajada que va por el camino desde detrás del campo de fútbol hasta la iglesia del monseñor. Nada más. Con esos credenciales y un peso en canal que se aproxima dramáticamente a lo que se denomina "estar en el dial de la frecuencia modulada" (entre el 87 y algo de Rock FM al 107 y algo de Hit radio) la cosa pintaba mal. Si además tenemos en cuenta que de treinta días que tiene septiembre bastantes más de la mitad han transcurrido en estado febril, con mucosidades o expectoraciones puede que fuera uno de los que no mentía en la salida cuando decía que este año no iba a tirar ni pa atrás. Porque de todos es sabido que en cualquier salida de una carrera que se precie todo el mundo está o ha estado jodido y tiene malas sensaciones. Y luego rebajan marca.

El señor Panizo, el menda y Paquito Zapador. Foto extraída del feisbuc de Zapador el cual la subió a la red dos minutos antes de empezar la trail con filtro instagramero y todo. ¡Qué huevos tienes, Paquito!
De modo que viendo el percal le dije a Lemus que ni se les ocurriera esperar en cuanto me quedara de su ritmo y el de Morcate, que sería más pronto que tarde. Con muy buena intención pretendían que fuera con ellos "por lo menos hasta Quizáns" que eso es tanto como decir que te estrujan bien estrujado y ahí en medio de todo el tomate te dejan vendido a tu suerte. No, gracias. A la segunda capta el mensaje y queda zanjada la negociación así que cuando en la segunda rampa del pueblo Morcate mira para atrás y le hago el gesto de que tiren Lemus zapador pone la directa y marchan.

Pillo un tapón de los gordos bajando a Villacantal. Magda es más habilidosa y consigue adelantar pero yo hago más de la mitad de la bajada a la marcheta. Para cuando paso y voy cogiendo ritmo ya no alcanzo ni al tato. Subiendo el barranco de Lumos alcanzo a Magda y como ella va más ligera bajando le digo que me adelanto, que ya me cogerá luego. Corro bastante hasta Asque.

1h19'29''
Minuto y medio más rápido que el año pasado. En ese momento no recordaba los tiempos de paso de otros años pero me sonaba que no iba desencaminado.

Salgo corriendo de Asque tras beber un poquitín. Intento seguir el consejo del sr Ornitorrinco de no beber tanto para no encharcar la tripa y tener que volver a conversar con el sr Roca en algún momento de la mañana. Y oigan, tras aplicarlo durante todo el año la cosa funciona. Eso sí, tengo hambre así que me zampo una gominola de esas energéticas. No sé si es efecto placebo pero funciona también.

No cazo a Magda pero sorprendentemente me cazan Noemí y Mariano. Digo lo de sorprendentemente porque no sé qué hago tras hora y media de carrera por delante de ellos. Me explican que han llegado justos a la salida han salido últimos y tal. Consigo seguirles un rato pero antes de entrar a las pasarelas se van. Normal.

Ahí en las pasarelas, chulo el tramo nuevo, empiezan las apreturas y no sólo con la pared sino con ciertos grupos de excursionistas que van de paseo. La mayoría ceden el paso todo hay que decirlo y muchos animan de manera muy efusiva. Muy bueno el paso por la cueveta donde aguardan un porrón de señoras mayores sacando fotos y haciendo bulla. Esto es lo que gusta de estos eventos. Tramo horrible de escaleras con mogollón de turistas en contradirección haciendo equilibrios para dejar pasar y llegamos al paso por Alquézar.

2h12'09''
Dos minutos mejor que el año pasado. Converso un rato con Luis Trailmaker, pregunta que tal voy y le contesto que da igual porque el martillo pilón llega entre Quizáns y Viña, hasta ahora tanto te da. Me zumbo un powerade azul, un poco de secallona, dos trozos de plátano y unas avellanas y salgo hacia arriba con Elena A (cierto sr Torrinco, era Elena y no Pilar).
Foto cortesía de Luis Trailmaker

Por la canal que lleva a Basacol conversamos acerca de hijos tardanos y el descenso generalizado de participación en las carreras. Elena era una rueda bien buena pero al llegar a las balsas están animando Ettorino, Motor Perkins y Lucas así es que paro un minuto a hacer aprecio. Qué desastre. Sector navalero, tranquilos porque no tenéis la culpa, pero qué desastre. Ese minuto ya no sé recuperarlo. No sólo eso sino que Elena me sacará algunos más en la subida. Además me dicen que el dúo Zapador-Panizo transita con 16 minutos de ventaja. Comienzan los dolores, los amagos de calambre. No alcanzo a nadie salvo a una voluntaria que ha salido corriendo despavorida buscando a algún participante que se ha dejado unas gafas en Basacol. Y la alcanzo porque se para y da media vuelta que si no no la cojo.

Comienzo a ir atufado por el simple hecho de ir solo y no coger un ritmo alegre. Lo mejor que podía haber hecho en ese momento era parar y esperar a Magda que no debía de venir muy atrás. En cambio sigo adelante, me tomo un magnesio, me cogen tres zagales que van más o menos igual de atufados, les sigo el ritmo, paran a estirar y vuelvo a ir solo. Llego a Quizáns. No puedo comparar con el año pasado porque éste no había control de paso pero seguro que palmo mucho tiempo. No lo paso mal ni mucho menos pero no tiro.

Bajando intento correr. Los cojones. Intento por dos veces y viendo que Robocop tenía más agilidad decido guardar esas carreras para una zona con menos piedras. Me alcanza Magda que baja mucho más ligera. Pregunta si espera y le digo que no, que ya la cogeré antes de Viña. Cuando la veo enfilar la primera mini rampa después del descenso y donde aún la tengo a la vista sé que no la cogeré. Tan sencillo como que no tiro.

Saco un poco de fuet y comienzo a zampar, ya que no sé correr al menos lleno un poco el depósito mientras camino o lo que sea que estoy haciendo. En la zona de llanos antes de acometer el repecho a Viña recupero algo de ritmo pero la cosa es que me estoy aburriendo. Voy solo y salvo alguna pareja de voluntarios en algún cruce pelando la pava no se ve a nadie. Sé lo que me queda, que a partir de Viña me cogerán los de la Long Trail y será más divertido pero no puedo ir más rápido hasta allí para salir de ese trozo tan pestoso, es una putada.

Me acuerdo del Enano que debe de estar montando alguna feria en Madrid o en Jaén y no ha podido venir en esta ocasión. De Juan el policía, Chicote o Calderas. De todos esos corricolaris que en otras ocasiones me han hecho esa tramada mucho más llevadera y que no participan este año. Cojo a alguien pero van peor que yo, con los cuatro intermitentes puestos y bastante hacen caminando como para charrar un rato. Otra gente va escuchando música por los auriculares, me rebasa corriendo y a los tres metros se detiene para comenzar a caminar. A un ritmo más lento que el que llevo. Por una senda estrecha. Y encima alguno se me tira un cuesco en los morros. Es maravilloso.

Llego a Viña hasta los huevos. La voluntaria que grita de manera desaforada y que se escucha desde kilómetro y medio antes de llegar me mira extrañada porque debo de sacar una cara de mala hostia bastante importante. Me gustaría compartir su entusiasmo pero quiero llegar aunque sea a Radiquero cuanto antes. Su compañero me anima "venga que vas bien, bien, bien". Sí, bien, bien. Bien jodido, le respondo.


4h 53' 19''
Once minutos peor que el año pasado en el acumulado. Un cuarto de hora perdido en la puñetera subida. Al menos ni voy mareado ni me duele la tripa ni nada por el estilo. Llevo una importante reserva hídrica y de powerade que me fundo allá arriba mientras zampo unas avellanas. Relleno botellín con cocacola y el botellín de agua se queda a medio llenar, la bolsa de la camelback va de bonito. Caigo en la cuenta de que no he cargado agua cuando estoy a doscientos metros del avituallamiento. No pienso dar la vuelta, si no sé llegar a Radiquero con medio litro de cocacola y trescientos mililitros de agua es para irme a la mierda con todo merecimiento.

La cosa se pone divertida cuando me van atrapando los participantes de la Long Trail que bajan desde Sevil. Ya que no sé correr al menos es majo ver a esos zagales y zagaletas que bajan como sarrios pegando brincos y todavía tienen tiempo para:

1) preguntar si van por el camino correcto
2) dar las gracias por dejarles paso
3) desear suerte o dar ánimos (gracias, adoro a esta gente)

Me alcanzan unas zagalas francesas con las que nos vamos rebasando según pica para arriba o para abajo desde hace bastante tiempo. Maldigo a la educación general básica por no aprender jamás el idioma de más allá de los Pirineos para poder tener algo de charla con estas mozas. Al menos sirven de guía allá a lo lejos e intento seguir su ritmo. Las patetas desbloquean el estado de huelga y comienzan a funcionar a fogonazos. Una carrereta aquí, otra allá, ahora camino ahora hago ver que corro.

Pasa uno de la de 50 km. Saca pintas de vasco, por la manera de animar. Porque como un vasco no anima ni dios. Por hacerle aprecio salgo corriendo tras él, algo así como cinco metros. Luego él ya se va distanciando pero al menos ya no paro en un buen rato. Oigo que vienen trotando por detrás, miro por el rabillo del ojo y me doy cuenta de que estoy en medio así que me orillo. Oye, no te eches a un lado, ve a tu ritmo -me dice una moza de muy buen ver. Le hago saber que va más rápida y que no es molestia. Pregunta si eso que vemos es Alquézar. No, hija, no. Eso es Radiquero, queda una subida antes de meta. Medio sonríe y sale zumbando con su minimochileta y sin bastones tras dar las gracias . Esta peña es de otra pasta.

6h01'01'' en Radiquero. Un minuto más que el año pasado. ¿He recuperado? No, lo que ocurre es que el año pasado fiché en el control tras la conversación con el sr Roca en el baño del bar del pueblo. Y aún así este año ficho un minuto más tarde. Con una presencia de ánimo mucho mayor todo hay que decirlo. Recargo un poco de cocacola que apenas he bebido y sigo con la dieta de las avellanas. No me veo con pitera para zampar pastel, pastillo o tragar una cerveza. Gran avituallamiento el que tienen ahí montado pero San Pelegrín aguarda y ya que hasta el momento no me he cagado no me gustaría hacerlo a las cuatro de la tarde en mitad de la cuesta.

Como único punto de referencia allá a lo lejos tengo a la pareja de francesas antes mencionadas. No las cojo ni a tiros. No hace calor excesivo, no duelen las piernas tanto como antes pero no hay manera. Pasa un mulo de los de la Long que luego veo en la clasificación que es de Montañeros. Al igual que veo que la moza con la que converso antes de llegar a Radiquero es de las mejores de España haciendo kilómetro vertical. Al mulo de Montañeros que pasa bufando como una locomotora es imposible seguirlo y va haciendo de puente con las francesas hasta que las rebasa. Coronamos. Ni un cartel, ni un voluntario, nadie animando... Eso de ir a Alquézar a pegar cuatro aplausos mientras uno se echa el café es de agradecer pero encontrar aunque sólo fuera un alma en mitad de esa subida apelando a los cojones y ovarios de los sufridos participantes lo sería mucho más.

Corro detrás de las francesas como si fuera Alfredo Landa en una película de los años 60. No las alcanzo ni pa dios pero al menos hago ver que corro hasta que llegamos a la zona de zigzag antes de las piscinas donde el nivel de piedras impide cualquier intento. Llegada al pueblo y automático bienestar en todo el cuerpo. Qué bien sientan esas rampas cementadas para trotar. Mi reino por una rampa del 25% cara abajo para dejarse caer. Choques de palmas con críos que salen al paso y giro de ciento ochenta grados para enfilar recta de meta.

La típica estampa de la gente que está comiendo y echando el café mientras cuatro descerebrados sudados y llenos de mierda pasamos por enmedio corriendo hacia la meta. Se escucha algún ánimo, de la gente conocida más que nada. No culpo al resto, la verdad, si estuviera comiendo dudo que levantara la vista para aplaudir a todos y cada uno de los que desfilamos por ahí. Lo que ya toco un poco la moral es que en esa última carrera hacia la meta venga gente en contradirección paseando y prácticamente haya que ir esquivando pero bueno...

6h55'25'' en meta, cinco minutos peor que el año pasado. Recojo una cerveza en la meta y veo al sr Ornitorrinco comiendo en una mesa acompañado de su hermano Manu, el sr Bestué y uno de los fichajes del CAB llamado Pablo. Me pregunta que qué tal y le intento explicar todo lo narrado aquí condensado en dos frases. ¿Qué esperabas? -contesta- si no habías hecho nada en verano... y tiene toda la razón. Aparecen Lemus y Morcate y marchamos a comer, echar unas cervezotas y unas buenas risas que a fin de cuentas es a lo que habíamos venido.

Notas mentales para el año que viene (II)

De la mitad de las notas mentales que dejé el año pasado algunas no se han aplicado para nada. El tema de la hidratación ha ido por caminos dispares y en lugar de llenar la camelback hasta arriba fui mucho mejor bebiendo pequeños tragos en mitad de los tramos y luego buenas cantidades en los puntos de control. Sed no pasé y el tema de piernas cargadas vino sencillamente porque no había de donde sacar.

Si me apunto a la carrera para 2017 (que todo puede ser que no) hay varias cosas que deben cambiar. No es por hacer marca o dejar de hacer. Es, como bien dijo el sr Ornitorrinco en nuestra conversación posttrail en la que ni le pregunté por su viaje a Islandia (qué desastre de cabeza y más después de siete horas dale que te pego), que aunque vayas más despacio al final te tienes que cansar igual o más de estar tanto rato caminando. De ir tan despacio. Al año que viene o soy capaz de hacer ciertos tramos a un ritmo más rápido o mejor estaré animando en la subida de San Pelegrín. Más que nada porque cuando comienzas a conocer el circuito algunas tramadas son desquiciantes y más a velocidad de caracol.

Este verano la mayor aproximación al tema de correr se ha producido cuando al llegar a la piscina plantaba la toalla a la vera del amigo Gregorio y la ecléctica conversación giraba en torno a algo parecido al atletismo. Como si charrar con él fuera a transmitir sus capacidades por osmosis marchaba a casa a cenar sin haber hecho un mísero largo en la piscina.

Cuando comencé a tomar conciencia del problema ya era demasiado tarde. Como en aquellos exámenes en los que uno se daba cuenta de que no había hecho nada hasta la noche de antes e intentaba arreglarlo deprisa y corriendo, ideé un plan de acondicionamiento y puesta a punto de cara a la Trail. Con tan mala suerte de que cogí un trancazo de aúpa y el plan comenzó a hacer aguas. Gracias a David L y esas caminatas a la Boquera se pudieron salvar en parte los muebles. A dos semanas vista, esas mismas salidas junto a otras en solitario o en compañía de las múltiples abuelas que pululan por ese mismo camino o por el parque, completaron la peculiar preparación. Y con esa preparación no podía aspirar a nada más. Así y todo, gracias David. Esas caminatas mitad ciclismoafondo mitad todoseriespuntocom son acojonantes.

Dicho todo esto también ha habido algún lector de la blog que ha dicho que de estar en mi lugar ya hubiera hecho prou para siempre. Y seguramente mucha gente compartirá su opinión y no les falte razón pero la cosa es que en el fondo por mucho que raje de tal o cual trozo de la carrera el resto me gusta un montón. Y al final es con lo que uno se queda porque los malos ratos se olvidan con el tiempo. En abril del año que viene uno ya no se acuerda de que el trozo entre Quizáns y Viña es un tostón de cuidado y lo más fácil es volver a apuntarse.

Así es que para el verano que viene, si me apunto, tengo que preparar la dichosa trail. Supongo que será una preparación famoseril pero al menos será. Lo que no quiero bajo ningún concepto es volver a transitar esa tramada hasta Viña a un ritmo tan insufriblemente lento. Y que si me adelanta bajando a Radiquero una espigada gerifalta de prestaciones realmente sorprendentes poder seguirle el ritmo más de cien metros antes de echar las tripas.

Eso sí, si por un casual en mitad de esa supuesta preparación, comienzo a hablar de estupideces como por ejemplo la cerveza isotónica cero cero o menciono la palabra maldita e innombrable que comienza por "run" y acaba por "ning", cojan una barra metálica de considerable grosor y con toda la fuerza de la que sean capaz de hacer acopio péguenme fuerte en la cocorota. Que una cosa es preparar de manera medianamente decente una carrera y otra volverse medio gilipollas.


PD. El dúo Zapador-Panizo llegó a meta en torno a las 6h20'. Bien por ellos. A pesar de los pesares les recuperé tres minutos en los últimos 10 km. Chavales, confesad que alguno paró en el bar del pueblo a echar un fax. O silbad ahora que podéis porque si al año que viene os aguanto hasta Radiquero ¡en San Pelegrín os demarraré!.
Elena A hizo el tramo Basacol-Meta 29 minutos mejor que yo. Eso es perder una buena rueda y lo demás tonterías. La próxima vez la conversación navalera se postergará hasta mejor ocasión, delante de una tapa y una caña o algo así.
Magda cubrió el tramo de ascenso a Viña 10 minutos mejor que yo. Con esa ventaja de tiempo llegó a la meta batiendo y por mucho su marca del año pasado. ¡Enhorabuena!
El sr Ornitorrinco, rebajó en 5 minutos su marca del año pasado defendiendo el prestigio de subir al podio de los abueletes turbopropulsados. ¡Bravo! ¡Platípodo gerifalte somontanés de rendimiento francamente soprendente!

martes, 4 de octubre de 2016

Petrechema, 2.371 m

El pasado mes de julio acudimos a este punto singular de la geografía oscense mi hermano Jesús, su perro Turbón y yo. Para celebrar el comienzo de las vacaciones (las mías) nos levantamos un lunes a eso de las 4:30 h de la mañana aproximadamente poniendo rumbo al refugio de Linza, algo más allá de la bonita villa de Ansó.


¿El porqué de tan temprana puesta en marcha? Bueno, en verano se camina mejor por el monte con el sol bajo pero luego comprenderán porqué salimos tan pronto. Una vez llegados al refugio después de unas buenas dos horas y pico de coche escuchando durante el rato que cazamos emisoras de más allá de la frontera hasta rumbas euskaldunes (buenísimas, oiga) aparcamos entre una multitud de coches llegados de Navarra y el País Vasco y comenzamos la caminata. Durante el primer kilómetro se trata de una rampa recta y constante en la que rápidamente se gana altura pero que no tiene ninguna complicación añadida salvo seguir la senda que cruza la pradera.



Nada de piedras, nada de estorbos. Y una vez superado ese primer kilómetro bastante puñetero, una pendiente bastante más moderada que transcurre entre algún subebaja incluso. En líneas generales se trata de una subida sencilla y que no plantea casi ninguna duda en cuanto a su seguimiento. Por donde se pierde la senda trazada en la pradera existen mojones a la vista. Se trata de esas ascensiones que mi amigo Fari, consumado montañero y escalador, denomina como "excursiones de tías". Todo sea dicho de paso que para él casi todo lo que no sea ascender un tresmil, encordarse o ponerse crampones es una "excursión de tías". Y yo hace muchos años que decidí que lo de subir demasiado alto no era lo mío siempre que pudiera contemplar algo parecido desde altitudes más asequibles. Vamos, que me van esas excursiones "de tías".



Antes de llegar al collado de Linza (1.920 m) la pendiente se acentúa pero tampoco es algo exagerado. Allí es donde el camino se bifurca entre el que conduce hacia la Mesa de los Tres Reyes (Hiru erregen mahaia) y el del Petrechema. La Mesa era el antiguo trifinium de tres reinos de ahí su nombre. ¿Y qué es un trifinium? Pues es una palabreja aprendida en una blog de geografía llamada Fronteras muy interesante. Interesante para gente que con ocho años miraba mapas en lugar de Mortadelos, pero bueno, el caso es que para mí es muy interesante. Pues un trifinium es un punto en el que confluyen tres fronteras de tres estados. En el caso de la Mesa, en tiempos allí se juntaban los reinos de Navarra y Aragón y el vizcondado del Bearn que fue una entidad independiente unas veces y vasalla otras de Francia, Inglaterra y hasta de los dos reinos antes mencionados. O sea que cuando los bearneses no tuvieron dependencia ni de Pamplona ni de Jaca ahí hubo un trifinium. Y hoy en día pues ahí confluyen las provincias de Navarra y Huesca con Francia. Es decir, que es un minitrifinium provincial y regional aunque no estatal.



Nosotros tomamos el camino del Petrechema, que tan sólo sirve de frontera entre Huesca y Francia, yendo algunos ratos con un señor mayor que parece ser de la zona de la Ribera navarra por la forma de hablar y de renegar cuando la pendiente se le apodera. Él dice que ya no está para estos trotes pero se le ve subir seguro. Lento pero seguro. Mientras Turbón va a la suya y transita por la vaguada que separa los caminos entre el Petrechema y la Mesa. Persigue sarrios, bucos, cabras y todo aquel bicho con dos cuernos que se pueda perseguir. De cómo consiguió destrepar por donde un sarrio le chuleó sacándole veinte metros de ventaja en veintidos (cuasi verticales) es algo que escapa a la comprensión de la ciencia. Al rato tras vociferarle que hiciera el favor de regresar volvió. Cansadete pero volvió.



La pendiente se va acentuando otra vez a medida que la senda se confunde con el terreno de alrededor hasta que no queda más remedio que acometer una prolongada pala de piedras. Con tranquilidad se sube sin mayor dificultad a pesar de que conforme nos aproximamos a la cima la aguja se va estrechando aunque justo en la cima se ensancha lo suficiente para albergar en ella a un buen número de personas. El Petrechema debe su nombre a que es la antecima de una aguja gemela un poco más alta que queda completamente separada y a la que tan sólo se puede ascender escalando. Por tanto son dos piedras gemelas, pietregema, Petrechema. Las vistas son muy chulas y su calidad/precio, que en este caso  podría ser comparable a calidad/esfuerzo, es muy elevada.

La France bajo la boira. ¿Qué hace el símbolo de Kappa pintado en el mojón?
La Mesa al fondo

Vista este por el otro lado de la aguja de Ansabere

¿El Acherito?

Aguja de Ansabere

En algo más de dos horas hemos recorrido los 1.000 m de desnivel y 6,5 km que separan el refugio de Linza de la cima del Petrechema. Al este la Aguja grande de Ansabere, o la otra piedra gemela, y la France. Al norte la Mesa. Al sur el Acherito. Y al oeste Navarra. Tras comer un bocadillo, conversar con las numerosas gentes vascas y navarras que pululan por la cima acerca de tal o cual cima y hacer unas fotos iniciamos el descenso. Aunque allá arriba se está en la gloria.



El descenso es por el mismo camino que el ascenso. Y salvo que es más rápido que la subida y Turbón está más cansado de modo que inicia menos persecuciones el resto es tal cual se ha descrito anteriormente. A excepción de una incursión en un pequeño nevero que aguanta estoico las acometidas del verano. De modo que a eso de las 12:30 del mediodía estamos de regreso en el aparcamiento. ¿A casa? No.



Enfilamos con el coche hacia el valle del Roncal (vía Zuriza) al establecimiento en el que los Tuercepedales hicieron historia al ser los únicos participantes, aparte de unos señores de Tudela, que tuvieron los santos cojones de parar a devorar unos bocadillos de chistorra en la última marcha cicloturista PaxAvant celebrada hasta la fecha. La Venta de Juan Pito. Postrarse.



Ahí en la barra, después de dos años sin hacerle aprecio, ahí está el camarero sonriente. ¿Hay sitio para comer? Hombre, pues claro. Qué saber estar, qué arte. Casi como en esos establecimientos en los que parece que hay que dar las gracias o pedir perdón por franquear el umbral de la puerta. Así es que nos acomodamos en esos bancos corridos de madera en el salón comedor. El menú es sencillo aunque contundente y exquisito.



Migas. Así, sin más. Ni chistorra ni chorizo ni hostias. Migas a secas. El plato a caramuello y con bien de manteca para engrasar. Deliciosas.

De segundo costilletas de cordero a la brasa. Con bien de patatas. Seis o siete pizcas por cabeza. Decir que están deliciosas sería deshonrar esa fuente de rica carne. Sólo existe una palabra que las defina a la perfección. Acojonantes.
Y de dulce, cuajada a la piedra con miel. O de cómo alguien a quien no le gusta ni la miel ni la cuajada se zampa esa mezcla con suma avidez y delectación. Y pa forro bota con regusto a piedra quemada. Es un puñetero manjar.


¿El porqué del regusto a piedra quemada? Pues porque en tiempos recogían la leche de oveja para hacer la cuajada en recipientes de madera de abedul de modo que cuando querían calentarla durante el proceso de elaboración no podían poner el recipiente directamente al fuego. Así que introducían en la leche piedras incandescentes para calentarla. Y así cogía la leche ese sabor característico. Demos gracias a la primera cabecita pensante que en lugar de sacar la leche del perol de madera para ponerlo en una lechera de hojalata decidió echar unos pedrolos rusientes para ver qué pasaba. Grande.



Con el regusto de la piedra flotando en el paladar marchamos para el llano no sin antes realizar una transacción económica con el pastor que vende quesos al borde de la carretera que conduce a Isaba. La primera vez que tuve el placer de entrar en su humilde establecimiento me dio la impresión de estar ante un genio. Esta segunda vez se reafirmó la impresión. Tras darnos la bienvenida una moza que simplemente saluda y pregunta Hola, ¿qué será? Pues querríamos comprar unos quesos mientras va montando el tenderete para llevar a cabo la venta y avisa al señor pastor quien está en la trastienda.



Marcha la moza y aparece el caballero y pregunta otra vez ¿Qué queréis? Pues unos quesos (nos ha jodido mayo con las flores, qué vas a querer en una quesería). Ah, perfecto, os los puedo cambiar por dinero, decidme cuánto estáis dispuestos a pagar y yo os diré cuánto estoy dispuesto a daros. Tras esa entradilla propia de película de Indiana Jones, divaga acerca de la conveniencia de no cortar los quesos por la mitad ante la perspectiva de largos viajes por carretera. Un queso entero te aguantará más y mejor, afirma mientras sopesa uno de ellos con la mano. Tras decirle de donde somos recula magistralmente hasta una posición conveniente y satisfactoria para ambas partes. Se embolsa una suma suficiente que compensa la interrupción de su sagrada siesta sin que los compradores deban acarrear una cantidad de queso que dure hasta el día en que se forme gobierno en este país. Pero el señor pastor deja bien a las claras que a alguien de Albacete le cuela el palet entero de quesos aduciendo que los quesos ni deben partirse por la mitad ni deben viajar solos. 

Una vez realizada la transacción marchamos a casa para llegar comenzada la tarde. Todavía dio tiempo de subir a la piscina de la Rana a tumbarse a la bartola y realizar un análisis pormenorizado de la actuación de Fruman (por Froome) en el Tour de Francia o de Lingurín (por Higuaín) con el amigo Goyito. Pero eso ya son otras historias que requerirían entrada aparte.

jueves, 28 de julio de 2016

Peña Montañesa, 2295 m


Desde los 1100 m de altitud de San Vitorián hasta los 2295 m de la cima de la Peña Montañesa. (2295-1100) = 1195 de desnivel entre el punto más alto y el más bajo. Con Lemus pokemon Go el desnivel se fue hasta los 1740 m. Y eso que el garmin se dejó 40 metros en la cima aparte de que el rato del almuerzo generó una pequeña hondonada en la misma.
Juanito bajando de la cima, al fondo la Tierra Llana y Lemus pokemon go allá donde Cristo dio la última voz
No se sabe por donde nos llevó el sherpa pokemon que contratamos mano a mano con Juanito pero el principio y el final de la ruta se asemejaba a lo que recordaba de hará unos ocho años cuando subí la primera vez. Tiempo de subida idéntico al de bajada. Fresquete al comienzo, briseta con sol en la parte intermedia y solazo con algo de viento en la bajada. Juanito con las piernas estropeadas y las botas rotas. Servidor con las tripas rotas cerrando el grupo y en cabeza Lemus a cincuenta metros del pelotón buscando pokemon gous por toda la montaña.
Repostaje de las 1100 calorías derramadas en forma de sudor en casa Ambrosio. A horas intempestivas comida a base de pica-pica, ensalada, longaniza a la brasa, pastel de queso y dos jarrotas de cerveza por barba. Buen servicio, trato amable y eficiente a precio muy económico.
Durante la excursión avistamiento de familia de sarrios. Mamá y papá sarrio junto a sarrio tión cuidando de los sarrios piquiñines que descansaban a la sombra. Avistamiento así mismo de familia de holandeses. Mamá y papá holandés junto a holandesito cogiendo moreno cangrejo.

Los sarrios, camuflados pero están ahí
Y en el camino de ida avistamiento a la altura de Samitier de pokemon fovano Javi haciendo uso del velocípedo de andar deprisa entrenando cual espigado jerifalte centroeuropeo a un ritmo francamente positivo.

Lemus toda la mañana buscando Pokemon y resulta que ahí al fondo tenía la cumbre llena de pikachus amarillos


El resto de la jornada transcurrió analizando la deriva catastrófica que lleva al mundo al apocalipsis sin ningún tipo de solución y el funcionamiento del juego de los pokemon go. Lo que viene a ser hablar del mismo tema porque son dos asuntos indisolubles que no se entienden el uno sin el otro y del que no se sabe cual es causa y cual efecto. El mundo se desmorona y por eso aparecen los pokemon go o porque aparecen los pokemon go el mundo se desmorona. A saber, el caso es que sherpa Lemus quinientos y pico metros de desnivel positivo de regalo. Qué tío.



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