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sábado, 8 de abril de 2017

Trail Báltica: Eesti

He aquí el desenlace de la trail del pan frito. Último capítulo.


Parnu
Esta ciudad que parece ser algo así como una especie de Salou del norte pretendía ser la primera parada del periplo báltico a su paso por Estonia. Si ir a Salou ya puede hacer poca gracia ir a su sucedáneo norteuropeo en mitad de un aguacero y con un frío de mil pares de cojones provocaba escalofríos de placer en el grueso de la expedición. Sin embargo se llegó a entrar en la perla del Báltico aún no se sabe a hacer qué. Por fortuna el buen juicio se impuso y tras aparcar el auto no se sabe dónde para ir a no se sabe qué y caminar durante doscientos metros bajo la tormenta se decidió acudir a un centro comercial a tomar un té caliente. Y esa fueron las impresiones de los participantes de la ciudad de vacaciones llamada Parnu.
Sanción de 2 puntos para Lemus por dar la tabarra con ir a Parnu en mitad de la lluvia y a Toño por sabotear el tomtom para ir hasta allí.


El estonio e' facile e divertente. Prantsusmaa = Francia, Leedu = EEUU. Y así todo

Clasificación virtual: Héctor 33 p,   Servidor 31 p, Toño 30 p, Lemus 24 p


Toponimia báltica (II)
Al poco de salir de Parnu el tiempo fue cambiando hasta ver aparecer algo similar al sol. Después de dos días viendo jarrear agua de todas las maneras nos conformamos con bien poco y ese cielo mínimamente azul reconfortaba  nuestro corazón. De la extraña toponimia lituana y letona ya se habló en anteriores capítulos pero es en Estonia donde este surrealismo adquiere tintes dramáticos cuando los carteles de la carretera te envían a Helsinki y a Estocolmo. Otros pa Jaca. O Pajaka, que no es lo mismo. Todo ello mientras la carretera cruza bosques inmensos y la carretera es cruzada por rusos o finlandeses pirados que se pasan las indicaciones de línea continua o de carril izquierdo deshabilitado por el forro adelantando a doscientos por hora hasta que un alma caritativa les hace un hueco para que no se empotren contra el camión que viene de frente.
Los participantes de la trail se sintieron aliviados al llegar a Tallin, dejar los trastes en el hotel habilitado por la organización al lado de Margarita la Gorda, una de las torres de la muralla de la ciudad, y degustar un asado de cerdo con ingentes cantidades de cerveza Saku en uno de los restaurantes de la parte antigua.

Están muy locos estos bálticos anunciando mandanga en la calle así sin más

La calle donde estaba la fonda en la que nos alojábamos

Todas las fachadas con cabestrante para subir los fardos a la falsa

Margarita. La Gorda

Sanción de 2 puntos a Héctor por estacionar en el arcén a mingitar, de 1 punto a Toño por afotarlo en acrobática posición, de otro punto a Lemus porque alguien tiene que cargar con la multa del finlandés que adelantó en línea continua y él siempre ha sido muy proSuomi. Suma de 4 puntos a todos por el asado menos para un servidor, 1 punto, por comer la mitad al tener el codillo todavía por las tripas rondando.


Niguliste
La iglesia de San Nicolás (Niguliste kirik) fue la una de las primeras pruebas que afrontaron los participantes a la mañana siguiente. Estos estonios son muy rubios, modernos y se hacen pasar por nórdicos pero al final abren las iglesias a las diez de la mañana. Y allí se encuentran los participantes de la trail venidos de toda Europa esperando a que abran. Conversación atípica con un señor que parece italiano y que tan pronto mezcla el castellano con el italiano y con dialectos romances varios en la que todo nuestro odio racial y mediterráneo deriva en poner a caldo a esos rubicundos luteranos que van de europeos y modernos y abren los comercios más tarde que en nuestro pueblo. Que ya es difícil.
Para no perder el tono los participantes hacen unas series por las cuestas que conducen a la colina Toompea. Parriba, pabajo hasta la catedral ortodoxa y el palacio de la presidencia. Vuelta a Niguliste y entrada a contemplar el cuadro de la Danza Macabra y los innumerables blasones de los caballeros de la Orden Teutónica y señores alemanes que señorearon por estas tierras siglos ha.


La catedral ortodoxa

San Cristóbal con cara de velocidad. La talla mejor parida de este santo varón que un servidor haya tenido ocasión de contemplar



Fachadas varias del lugar

5 puntos para Lemus por su ritmo avasallador en las subidas, 2 puntos para el resto por el esfuerzo. Sanción de 1 punto para Héctor por no entrar a Niguliste.



Los Cabezas Negras
De entre estos caballeros que señorearon por estas tierras hubo un grupo que se dedicó a mercadear. Se trataba de una asociación de comerciantes solteros que se hacía llamar Hermandad de los Cabezas Negras y que tenía sedes en Riga o Tallin. Vamos, lo que vendrían a ser unos Tiones con dineros que se dedicaron a ir alquilando unas buenas casas para organizar allí sus partidas de guiñote y lifaras varias. Luego la Historia y el paso del tiempo siempre embellece los detalles pero los tiros debían de ir por ahí. Tiones sin fronteras y con la cartera larga.


La puerta del garito de los Tiones aquellos

Las vistas desde la farmacia a la que acudían los Tiones aquellos a comprar almax después de hacer una lifara

4 puntos para Toño por tión. 2 puntos para Lemus y servidor por maziellos. 1 punto para Héctor por joven maziello.


Museo de la Ocupación (pinícula)
Siguiente punto de la trail, el museo de la Ocupación. Donde se detallan todas las penurias que tuvo que sufrir el pueblo estonio a lo largo de su historia. Desde la dominación de los señores alemanes herederos de aquellos caballeros teutónicos y de algún tión descarriado que logró encontrar casera, décadas de dominio danés o sueco, pasando por los años en que la Rusia zarista llegó para echar a los boches, los boches que volvieron para despachar a los ruskis y a los judíos, los soviéticos que volvieron para aniquilar a lo que quedaba por allí, los nazis que contratacaron para "liberar" a esos infelices para volver a ser engullidos otra vez por la URSS. Hasta que al cabo de medio siglo se les hincharon las narices, el tenderete de Moscú petó y Estonia volvió a ser libre. En wikipedia y sitios más serios podrán ilustrarse acerca de los innumerables cambios de manos de este país a lo largo de la Historia. Pero resumiendo fue algo así. Literatura existente acerca de esta problemática y de cómo los trepas, que allí también los hubo, medraron en aquellos años tan oscuros: Cuando las palomas cayeron del cielo, de Sofi Oksanen.
En el museo de la Ocupación, además de relatar estas historias y mostrar una serie de objetos que abarcan todo el turbulento siglo XX existen una serie de salas que a buen seguro les debían de sobrar y no sabían cómo llenar. En una de ellas hay dos pantallas de cine en dos paredes enfrentadas. En cada una se muestra el mismo cortometraje pero con un decalaje de unos cuantos minutos de forma que el espectador puede elegir entre una u otra pantalla. Lo grueso viene con la temática del corto. Para sesudas mentes el argumento puede significar una vigorosa alegoría de la ocupación sufrida por estas gentes plagada de ricos detalles dentro de un marco onírico en el que el director da rienda suelta a sus más oscuras pulsiones. Para mentes más simples como las de los participantes de la trail la pantalla tan sólo mostraba un hombre de mediana edad forzando a un señor mayor a tener relaciones sexuales mientras ambos miraban a la cámara (al espectador). El señor mayor pidiendo auxilio y el hombre reclamando una especie de intimidad. Después de esto, uno de los dos aparecía con unos aparatos médicos aplicando sus conocimientos de curso de cirujano CEAC con su miembro viril, haciendo unas incisiones por aquí y por allá. Los participantes de la trail tras no comprender el amplio calado del elaborado guión, propio de la feria ARCO o eventos similares, abandonaron la sala apostándose en la puerta para ver la reacción de la pobre moza que entraba justo en ese momento y que salió despavorida cuando el gacho aquel volvió a sacarse la chorra para la afición mientras se zabucaba al pobre incauto coprotagonista. Qué cabrones.
5 puntos de sanción para todos menos para Lemus por perpetrar la algarada.


La típica radio que había en casa de los yayos pero con las emisoras de Tashkent, Alma Ata o Magadán
Testimonio gráfico. Porque en esta blog se suele exagerar pero no se miente

Al fondo mucha mercromina, un bisturí y un badajo. Al frente Toño haciendo una de sus poses

Olde Hansa
El nombre de este restaurante hace referencia al origen hanseático de la ciudad. La antigua Reval era una más de las ciudades libres pertenecientes a la Liga Hanseática que era algo así como una confederación comercial y defensiva que se extendía por Alemania y diversos puntos del Báltico. Haciendo honor al rico pasado medieval de Tallin el restaurante ofrece menús típicos de la época en un ambiente que recrea una de aquellas posadas. Por fuera la casa es espectacular pero es que por dentro todo está preparado para que uno piense que está en un banquete del medievo. Los juglares rondan por doquier y las mesoneras atienden solícitas a los comensales. La carta que ofrece desde oso hasta alce, tiene menú de degustación compuesto por entrantes de queso, olivas, más queso, salchichas, bacalao con salsa de almendras, cerdo, judías... y buenas hogazas de pan que debe repartir el jefe de la mesa al resto de comensales bajo la supervisión de la mesonera. Todo ello regado con cerveza con miel o canela. Postres de tarta de manzana. Imprescindible acudir a este lugar con hambre, por lo comentado, y sin prisa porque estas gentes muy raudas no son. Y con la cartera larga.
Cuatro puntos a los navaleros por descubrir semejante establecimiento. Punto adicional para Ettorino por ser el jefe de la mesa y llevarse un salero de recuerdo. Tres puntos para Lemus por zamparse la segunda ración de queso. Sanción de 1 punto por dar la tabarra con que aquel sitio era muy caro. 1 punto para servidor por aguantar como pude el ritmo comedor de esos focines.



Olde Hansa. Un gran garito
Buena mesada

Hell Hunt
Para rebajar semejante comilona la organización acordó dar descanso a los participantes. Héctor se dedicó a su habitual siesta que esta vez no acarreó sanción y el resto a pasear. En último término Toño también marchó a descansar y el dúo barbastrense se fue a avituallar cerveza al Hell Hunt. El Hell Hunt es el primer pub estonio abierto tras la caída de la URSS. Tallin resulta ser un sitio curioso en el que en su casco antiguo profundamente medieval se desperdigan multitud de pubs y clubs nocturnos. En los pubs es costumbre poner una bandera indicando la temática del local en cuestión. Así se ven banderas irlandesas, británicas, estadounidenses o texanas. En el Hell Hunt no hay bandera pero sí el logo de una muchacha desnuda montada y tumbada sobre un lobo que está corriendo. Las camareras ya no son ni aquellas pipiolas inocentes de Lituania, ni esas espías rusas salidas de una película de James Bond que había en Riga. Estas parecen salidas de un pub yanki con sus uniformes de polo y shorts con zapatillas. Rollo un poco McDonalds o el Bar Coyote. Pero como tienen pan frito y cerveza todo sigue estando bien. Muy bien. Y en la tele ponen los JJOO por el canal báltico de televisión. Tropecientas cervezas más tarde, después de que los navaleros llegaran a cenar y a hacer su aportación a las arcas de la empresa cervecera Saku, marchamos a dormir.



Sanción de dos puntos a Toño por su desmedido afán por sacar chupitos tras la cena.


El edificio más alto del mundo
Cuando Tallin era sueca allá por el siglo XVI la ya existente torre de la iglesia de san Olav fue ampliada y se subió hasta una considerable altura para convertirla en símbolo de aquella ciudad eminentemente comercial. Se estima que con 159 m de altura era el edificio más alto del mundo en aquella época. Como en lo alto hay un mirador que rodea el tejado la organización estimó oportuno hacer subir hasta allí a los sufridos participantes de la trail. Héctor se quedó abajo haciendo compañía a una señora que vendía cataticos en un puesto callejero mientras los tres mataos de siempre ascendíamos. Las vistas de toda la ciudad compensaban en parte la sensación de acojono al transitar por un pasillo muy estrecho delimitado por sirgas y una valla metálica con algún tramo en el que el piso está hecho con palets. A mi casi me da un patatús. Menos mal de las vistas... ains las vistas!



Ettorino saludando a la afición


Las espectaculares vistas

Cómo combatir el vértigo. Fase 1

Cómo combatir el vértigo. Fase 2. Dar vueltas al cuadrilatero con rusos e italianos girando en contradirección

Sanción de dos puntos a Ettorino por no subir a ver las vistas y no comprarle un triste catatico a la abuela a la que le estuvo espantando la clientela.



Barco Pirata
Tras el paseo por lo alto de la muralla, cruzar el callejón de Katarina y la ascensión a la torre de san Olav tocaba reponer fuerzas. Lemus propuso acudir a cierto restaurante que le habían recomendado a lo que nadie, por una vez, puso objeción alguna. Como dio la dirección del establecimiento, y ningún otro tipo de detalle del establecimiento, pues Héctor y yo nos pusimos en cabeza del grupo caminando hacia allí. Al llegar a la puerta del local apareció un señor negro vestido de pirata y con un acentazo a lo Bill Cosby nos preguntó en inglés que si queríamos entrar a comer en su establecimiento. Sí que pensamos "menudo sitio raro que le han recomendado a este tío" pero como llevábamos todo el viaje dando por saco y poniendo pegas con esto y con lo otro decidimos no decir nada y entrar a comer ahí. Claro señor, venimos a eso, vamos a zampar. Ok, let's go!. Y en estas que Bill Cosby disfrazado de Jack Sparrow comienza a bajar por unas escaleras que simulan la entrada a un barco pirata. Es más, al llegar abajo nos encontramos en el interior de un jodido barco pirata. Nos sentamos donde nos dijeron con el culo preto por miedo a estar en algún garito tipo La Ostra Azul pero por lo demás teníamos la sensación de estar en un barco. El local tiene sus buenas vistas a la proa del barco que surca el mar con cierto bamboleo, las vistas a estribor y babor por donde se ven pececillos (es un barco pirata moderno con ventanillas de transatlántico, lo tienen todo pensado estos estonios) y piratas sirviendo manjares a los comensales. Mientras estábamos en la mesa al lado de la típica familia random ruski y una camarera pirata de prácticas nos toma la comanda, Lemus comenta que "le parece" que este no es el restaurante que le habían recomendado. Resumiendo y haciendo una analogía hispana para que el lector comprenda en toda su magnitud la confusión de este hombre: le habían recomendado un restaurante gallego y nos hemos metido en uno que regenta la puerta un gacho ataviado con sombrero cordobés. Y no era, por poner un caso Delfín (gallego de nacimiento) ataviado con sombrero cordobés sino un tío que por lo menos es jamaicano. No me jodas. ¿Acaso el Bill Cosby de la puerta vestido de pirata no era suficientemente explicativo como para deducir que aquel restaurante no era la taberna alemana que te habían recomendado? De este modo nos vemos en la tesitura de pedir unos menús de los piratas del Caribe en un lugar situado más allá del paralelo 60º. Malo no estaba pero comer piña en esos lares, si ya de por sí es una experiencia harto desagradable para muchos, imagínense en esas latitudes. Al menos la piña no iba insertada en una pizza tropical y la comida como digo no era mala. Pero la sensación de ir a mear, tener que preguntar al ruso de la mesa de al lado que vuelve por el pasillo de los baños cuál es la puerta de los mardanos porque no está claro, entrar al pichadero y que a mitad de meada  salga un gacho por la espalda jurando en hebreo... la madre que los parió. Cuando te giras intentando no derramar orín por la pernera del pantalón descubres que el matraco que está vociferando es un pirata que sale en una pantalla de televisión puesta a tal efecto. Y el ruso qué poco avisar pero sí descojonarse cuando te ve volver a la mesa tránsido del susto...
Aquí ya sólo se sanciona. Sin contemplaciones. Sanción de dos puntos a Lemus por hacernos comer piña más allá del paralelo 60º.


Helsinki Express
Viajar con los amigos por Europa depara situaciones tremendamente sorprendentes. No todo sale a pedir de boca pero hay que admitir que gran parte de las historias más surrealistas ocurridas a lo largo de mi vida han tenido lugar en esas vacaciones. Desde las aventuretas por tierras balcánicas, vascas y flamencas que darían para un par de entradas pasando por las sagas islandesas aquí narradas. En Tallin no faltó la ración de surrealismo cuando de los cuatro participantes de la trail el grupo quedó reducido a la mitad. Estas cosas siempre pasan en la vispera de marchar y con poco margen de acción y quizás por eso resulta todo tan espichorrante. Toño como persona mayor y prudente que es marchó a sus aposentos para descansar antes del viaje de vuelta y Héctor se convirtió en Ettorino y desapareció a su manera en una de sus aventuras que no me corresponde contar ni a mí ni aquí. Lemus y yo quedamos pues en una mesa del Hell Hunt apurando las últimas cervezas Saku viendo la semifinal de baloncesto de los JJOO entre España y USA. Avanzado el segundo cuarto y un poco desolados porque en el basket se veía venir lo inevitable y en el pub no se respiraba el mismo ambiente festivalero de la noche anterior, hicieron su aparición en el local dos curiosos personajes.
Con el cartel de guiri en la frente y entrando como dos elefantes en una cacharrería, dos maciellos que bien podían haber salido del bar de Parzán (uno de hecho llevaba la chaqueta de cazador de camuflaje) comienzan a pedir banquetas libres para sentarse. Al llegar a nuestra mesa no sé cómo les decimos que se pueden llevar las dos banquetas libres el caso es que en lugar de llevárselas se sientan con nosotros. Los colegas son finlandeses, han cogido el ferry como quien baja a Salou y han venido a empifolarse. Comienzan a sacar temas de conversación (procedencia, trabajo, gustos y aficiones) y a ametrallar con preguntas acerca de si en nuestro pueblo hacen vino, hay campos de golf y cosas por el estilo. Cada vez que algo les hace gracia se echan unas estentóreas carcajadas que retumban en todo el pub. Casi casi de vergüenza ajena, de estar en tu pueblo y mandarlos a escaparrar pero como ahí no nos conoce nadie pues te ríes de la situación y santas pascuas. Pero los colegas llevan una zorrera elegante. Lemus lleva el peso de la conversación y yo me dedico a asentir o puntualizar hasta que sale el tema deportes. Que allí en Finlandia lo que es el fútbol como que no. Que si eso el hockey hielo. Que a mí que si me gusta el fútbol. Que no, que a mí el ciclismo. El qué, el ciclismo. Lo cualo, las bicis, copón. A la tercera vez hacen un gesto vago de comprender lo que es. Para esta gente el Tour de Francia debe de ser un concepto desconocido como para un español el fútbol gaélico. Vamos, que ponen unas caras de incomprensión como si a un indio yanomami del Amazonas le hablas del Tinder.
Se me ocurre decirles que aparte del hockey allí también le pegan a la jabalina, ¿no? Oigan, como se pusieron a vociferar aquellos mastuerzos. ¡Qué bramidos, qué profusión de imprecaciones (suponemos puesto que no dominamos el idioma finés) y qué manera de hacer aspavientos! Otra vez dando el espectáculo en medio de un bar pero como en eso tenemos experiencia nos venimos arriba. Ettorino, que ya había vuelto de sus aventuras se escogorciaba vivo. Que sí que la jabalina también muy grande allí, que es la patria de uno de los mejores lanzadores de todos los tiempos. Sepo Rati, digo adelántandome a la jugada. Bueno, aquello ya fue el acabose. La parte del pub que no se había percatado que al fondo junto a la puerta había tres españoles y dos finlandeses hablando fundamentalmente de mazielladas tuvo conocimiento en ese preciso instante cuando el más efusivo de aquellos mozos (que curiosamente era el que parecía más nórdico) empezó a vociferar como un enajenado. La madre de Dios qué pasada. Para que luego digan que los españoles somos bulláticos. A ese tío lo están degollando como a un cerdo y no arma tanta escandalera. Cuando les comenté que por culpa de Rati la IAAF había tenido que modificar el centro de gravedad de las jabalinas para que no volaran tantos metros a riesgo de impactar en el graderío de la otra punta del estadio siguieron con sus aullidos. Era como si a un grupo de españoles borrachos les ponen en la tele el gol de Iniesta contra Holanda. Sólo les faltaba gritar ¡yo soy finlandés, finlandés, finlandés! (¡Olen suomalainen, suomalainen, suomalainen!). Al final nos escaqueamos como pudimos, a España de baloncesto le habían dado matarile, los paganos esos de los mil lagos iban como odres con patas y en el Hell Hunt ya no hacíamos nada. Nos despedimos de aquella simpar pareja y marchamos a dormir un poco al hotel. A aquella pareja no creo que la olvide jamás entre otras cosas porque eran clavaditos el uno al padre Carrash de la peña curiká y el otro al amigo Ralpy. E iban como cuando estos dos señores se ponían como las grecas un sábado cualquiera hace años.
Continuamos con las sanciones de manera totalmente arbitraria. Un punto a Toño por perderse tamaño espectáculo. A Héctor no, a Héctor se le otorga un punto por su aventura paralela. Pero vamos, ¡puntazo!. A Lemus se le otorgan dos puntos por hacer labores de traducción. Y a un servidor cuatro puntos por derivar la conversación con las hordas del norte a una temática más interesante que los putos campos de golf.

Cuádruple empate a 36 puntos.  


Stranger things
Tres de la mañana, la trail báltica toca a su fin y antes de coger el avión es necesario devolver el coche de alquiler. Corriendo un estúpido velo acerca de las peripecias acaecidas en esa devolución pasaré a relatar los inquietantes hechos sucedidos mientras repostábamos el auto (a lo de la devolución del coche volveremos más tarde puesto que tras ocho meses de darle vueltas a la cabeza he llegado a la conclusión de porqué pasó lo que pasó). Lo que a continuación voy a explicar es algo que a pesar de haberlo leído varias veces en las procelosas aguas de la interné uno jamás llega a creerlo. Se dice y se comenta que en el mundo todos tenemos algo así como un doble. Una persona que es calcada no sólo en los rasgos físicos sino también en la personalidad. Luego ya están las diversas teorías que achacan este hecho a la simple probabilidad de que la genética se repita dos veces entre siete mil millones o las que se enmarañan en el multiverso y los universos paralelos. Pues bien, a mí eso de los dobles me parecía que era todo un camelo hasta que al llegar a Vilna nos topamos con el doble de Nachete.
Sí, sí, el doble de Nachete. Que venía con nosotros en el mismo vuelo y reparamos en ello a la hora de recoger las maletas en el aeropuerto. Oigan, aquellos que fueron testigos, no me digan que no eran como dos gotas de agua. Bueno, quizás nuestro Nacho con cara de un poco más espabilado y un poco más despierto pero hay que reconocer que el parecido era francamente sorprendente. Pero la cosa no quedó ahí.
Tallin, último día de la trail del pan frito, 3 de la mañana. Lemus y Toño se encuentran repostando el auto en una gasolinera random. Héctor y yo permanecemos en el interior del coche comentando chorradas varias. Lemus y Toño pasan al mostrador de la tienda de la gasolinera. Los vemos entrar allí. Entonces, aparca un coche en la gasolinera y del interior emerge un tío como Toño. Joder, es Toño. Toño de mayor. Bueno, que Toño ya es mayor, de un poco más mayor, con los cincuenta cumplidos. El mismo frontispicio despejado, las mismas esplendorosas sandalias modelo Jesucristo Superstar, las mismas bermudas, la misma puñetera camiseta del mismo color naranja. La misma ingente masa corporal. El mismo caminar. La misma manera de mirar. El señor fuertecito que es como Toño se dirige hacia la tienda de la gasolinera. No se rían que esto es una cosa de mucho miedo. Desde el coche, absolutamente aterrados, intentamos avisar al verdadero Toño (o al menos al que nosotros conocemos) del peligro que se cierne. Joder, el Universo está a punto de colapsar. Un encuentro entre ambos toños puede causar una paradoja espaciotemporal del copón. Toño, nuestro Toño, en ese momento echa un vistazo hacia fuera y nos ve bracear desde el coche, sonríe con su modo característico, ignorante de lo que va a llegar y en ese momento se abren las puertas de la tienda y del multiverso. Entra el otro Toño. El Universo no se va a la mierda, de momento, denle tiempo a los próceres que nos desgobiernan, y nuestro Toño se ve a sí mismo con diez años más. El Toño del futuro no se entera (o eso es lo que nos parece) y se va directo al mostrador, donde se mezcla con más gente, a pedir un bocadillo de salchichas y una cocacola. Nuestro Toño y Lemus terminan la transacción con el gasolinero y huyen de ese agujero espaciotemporal antes de que sea demasiado tarde, o eso parece. Se meten corriendo en el coche y aún tenemos tiempo de ver como quien parece el Toño del futuro sale de la tiende de la gasolinera con sus vituallas. Su irrefrenable gula le lleva a devorar el bocadillo ahí mismo de pie, iba a meterse en el coche y conducir hasta casa pero se enjareta el bocadillo ahí mismo con la puerta abierta. Le puede el ansia viva. Medio encorvado parece Saturno devorando a sus hijos. Huímos picando rueda antes de que nos vea y el Universo se vaya a tomar por saco.
Ni se reparten puntos ni se quitan. Situación muy traumática la vivida.

Rusilandia
Una vez en el aeropuerto somos testigos de la última situación surrealista. Vuelo Tallin-Barcelona. Españoles con cara de sueño y mala leche y estonios y rusos con cara de comenzar vacaciones y bajar a ver el sol. Un zagaler estonio que parece ir solo inspecciona la fila de embarque. Sabe que es complicado a las cuatro de la mañana en una fila de embarque pero haciendo acopio de todo su valor decide pegar unos tiros a la zagala que tiene detrás. Como mandan los cánones de las películas hollywodienses, que hasta en "Este muerto está muy vivo" se dan este tipo de situaciones. Vete a saber, lo mismo si juega bien sus cartas tiene compi de aventuras en la soleada Barcelona. A continuación se transcribe más o menos como fue la surrealista conversación acaecida. Muy acojonante.

-Zagaler rubié: [en inglés] Hola, ¿eres española? (pocas españolas has visto, zagal, aquí somos más de morenazas)
-Moza rubia y ojos azules: [en inglés y sonriendo] No, soy de aquí (zagal, empieza a sospechar)
-Zagaler rubié: [continúa en inglés] ¿como que de aquí?
-Moza rubia y ojos azules: [claramente en inglés y extrañada] pues de aquí... de Tallin (zagal, blanco y en botella)
-Pardal rubioal: [cambia al estonio, la siguiente frase es una suposición] Ah copón, pues si eres de Tallin hablemos en el idioma patrio, mi nombre es Erki y voy a Barcelona a ver el canódromo sito en avenida Diagonal así como el bar del Pira y algunas construcciones de Gaudí, ¿te hace acompañarme?
-Moza rubia hasta los ovarios: [mirada fría, silencio] ...
-Pardal rubio: [en estonio] ¿qué pasa? ¿por qué no dices nada?
-Moza rubia: [en inglés] a ver, tontolaba, que te he dicho que soy de Tallin, no que sea estonia
-Pardalé: [otra vez en inglés] ah perdón, de modo que si no eres estonia, eres...
-Moza rubia: [en inglés mientras aparece su novio ruski ciclado hasta las cejas ingiriendo su batido de proteinas y esteroides de las 4:30 AM] sí, soy rusa
-Pardal estonio tocado y hundido: [en inglés y batiéndose en retirada] Ok, entendido. Que tengáis un buen día

Y esta fue la demostración empírica de que tal y como dicen las guías de viajes y la wikipedia en Estonia hay mucho ruso y mucha rusa que viven allí pero no hablan ni papa de estonio. Y de que por muy rubios y modernos que sean estos estonios son tan zapos como nosotros a la hora de ligar.

Vuelta a Españistán
El regreso a la madre patria, faro de occidente y cuna del pago en diferido y el impuesto al Sol, tuvo lugar en un autobús con alas de confortables asientos en los que la navegación durante más de tres horas por los cielos de Europa se convierte en una experiencia única e inenarrable. Los compañeros rusos de excursión hojeaban revistas tipo Quore en cuyas páginas además de salir nuevos ricos de allende las estepas siberianas presumiendo de petrorublos se narraba con todo lujo de detalles lo más reseñable de lo acontecido en los Juegos Olímpicos, que si escándalos sexuales en la villa olímpica o la rotura con fractura abierta de la pierna de una pobre atleta. Con fotos a todo color. Todo muy kitsch. Al llegar al aeropuerto del Prat e ir a pasar por la última baliza de la trail en la que se decidía el triunfo final, recuérdese que íbamos empatados, no hay manera de encontrar tal baliza. Al preguntar en información nos dicen que de qué estamos hablando. Nadie sabe nada. Es como si hubiéramos aterrizado en otro universo. Terribles sospechas rondan por las cabezas de los participantes mas nadie se atreve a compartirlas. Pero volvamos, volvamos a lo acaecido en la madrugada de autos. Volvamos a lo grueso.
Se ha hablado del curioso incidente del encuentro entre los dos Toños que casi provoca la explosión de nuestro universo pero la ruptura espaciotemporal va a ser que nos la comimos de lleno. Me explicaré.
Tres de la mañana, la trail báltica toca a su fin y antes de coger el avión es necesario devolver el coche de alquiler. Descorriendo el estúpido velo acerca de las peripecias acaecidas en esa devolución procedamos a analizar los terribles acontecimientos sucecidos en la terminal del aeropuerto destinada a aparcar los autos de alquiler. A Lemus le habían dado instrucciones claras y precisas para depositar el coche mas al llegar a nuestro destino parecía como si esa zona se hubiera esfumado. ¿Empanada memorable del señor Lemus? ¡No! fue el multiverso el que nos jugó una muy mala pasada. Sea porque Ettorino abrió una brecha en el espaciotiempo cuando efectuó su aventura nocturna y todo lo demás vino ya rodado o vaya usted a saber porqué nos encontrábamos en un universo paralelo muy parecido al nuestro pero diferente. Y Lemus emperrado en que tenía que dejar el coche en mitad de la nada. Y el resto ahí indignados. ¿Pero no ves que aquí no hay ningún coche de alquiler Avis? Y el otro en sus trece que por sus cojones dejaba el coche ahí. Y el resto diciéndole que si estaba loco. Y el otro enfurruñado llamando al Renton trainsponttingniano que nos había alquilado el coche en Vilna y poniéndolo como un zapato a las 4 de la mañana. Y nosotros espichorraos. Hasta que al final un alma caritativa puso algo de luz a ese misterio. Misterio para nosotros que en realidad veníamos de otro universo paralelo, no para el alma caritativa que ya estaba allí y no comprendía el porqué de nuestros desvelos y lamentos. Ocho meses ha costado pero al final hemos alcanzado la verdad. He aquí más pruebas que apoyan esta tesis.

Héctor acude a un gimasio tres veces por semana para intentar olvidar la casa Cuba de Vilna, lugar que le provocó esos graves desórdenes en su conducta la noche de autos. El joven navalés conocido por ser una persona de bien y de costumbres tradicionales en este universo paralelo es un moderno. De momento lo lleva bien. Sigue viendo letonas y lituanas por todos lados pero lo lleva bien. Ha vuelto a salir a correr y hasta levanta pesas. Es todo muy raro, sigue siendo del Atleti pero lo del pendiente... no me jodas. En este universo paralelo resulta que lleva pendiente. La crisis de los treinta dice. ¡Y un huevo!. Es el multiverso, el multiverso que da señales de que la realidad tal y como la conocíamos ha cambiado.

Toño. Yo a Toño desde aquellos acontecimientos lo he visto sólo una vez. Estaba extrañamente tranquilo y un poco más mayor. Hará como un par de meses de entonces. Tiempo más que suficiente para esconder el acento estonio y desenvolverse con cierta soltura en el idioma castellano. Como esa vez que nos vimos hace dos meses nos pusimos un poco piripis echando vinos y tapas no nos dimos cuenta de que seguro que trafucaba palabras pero estoy convencido de que nos bajamos de Tallin al Toño que no era. Nos bajamos al señor mayor de la gasolinera. Con el cansancio acumulado tras el viaje el tío pudo estar hablando en el avión todo el rato en estonio y nosotros ni enterarnos. Además iba sentado junto a Lemus y este bastante tenía con el incidente del parking. Seguramente oía a Toño hablar raro y pensó que hablaba en catalán. Otro Toño, donde quiera y cuando quiera que estés, t'estimem. ¡Torna! Te quedaste en Tallin para comerte aquel bocadillo de salchichas, ¿no? ¿Estaba bueno al menos?

Toño de Tallin

Lemus. Es la clave de la teoría. Ya se ha explicado largo y tendido los terribles efectos en su persona de ese desembarco a mala baba en un universo diferente en el que los aparcamientos de la casa de coches de alquiler Avis estaban cambiados de sitio. Toda una confabulación del universo para hacerle perder la chaveta en ese parking. De película de terror. Aparte, y por aportar algún otro dato, su amado ciclista Kudus. La temporada pasada un paquete, en esta siempre rondando las primeras posiciones. Desembarcamos en un universo en el que Kudus,es bueno, Trump es presidente de USA y Sagan se cae al suelo. Ahí lo dejo. ¿Quieren más pruebas?


Nacho. No se apuntó al viaje "supuestamente" pero lo vimos descender del avión en Vilna. Era él casi seguro. Serio candidato también a haber abierto la brecha del multiverso. En mayo dicen que marcha con Lemus al Canadá. Lo mismo nos cambian a otra dimensión esa pareja o acaban volviendo con el coche de alquiler de la casa Avis cruzando por el estrecho de Bering y la estepa siberiana. Mucho peligro.

Servidor. En el multiverso este acudo al mismo gimnasio que Héctor. De lunes a jueves. Yo, a un gimnasio. Yo que odiaba ese tipo de instalaciones. El otro día salí a correr y no me dolió el pie ni la rodilla ni nada. Del trabajo siguen ingresando lo mismo en la nómina, no se han vuelto locos pero lo otro es muy raro. Casi como lo del pendiente de Héctor, el señor mayor de la gasolinera de Tallin o lo de Kudus y Lemus dando vueltas como un trompichón por el parking del aeropuerto. Es una jodienda que Sagan se caiga y lo de Trump y que ya puestos no nos hayan subido la nómina pero por lo demás no se está tan mal en el multiverso este. Igual hasta se nos ha abierto el mundo. Lo mismo hasta dejamos al señor mayor estonio dando vueltas por Barcelona y no subimos a descambiarlo por el verdadero Toño. Ya veremos.

lunes, 4 de abril de 2016

Apacible vuelteta por Tierrantona 2016


Buena experiencia en la primera edición de la Trail Valle de La Fueva. Circuito tan duro como bonito por uno de los enclaves un tanto desconocidos de la provincia, con una magnífica acogida por parte de los fovanos y fovanas que regentaron con suprema amabilidad los avituallamientos y puntos de control. Esa clase de cosas que te dan motivos suficientes para volver al año que viene aunque hayas te hayas arrastrado durante 25 km  y 1100 m de desnivel pidiendo clemencia y que se terminaran de una vez esas sendas y bajadas criminales.

Y es que no se puede acudir a un evento de estas magnitudes con pocos kilómetros en las piernas, y más centrado en la bici que en hacer cuestas por el monte. Habiendo tenido comida de empresa con buena sobremesa el día de antes llegando a casa sin sed. Maldurmiendo. Con las tripas de aquellas maneras y la uña del dedo gordo del pie haciendo mal desde hace unos días. Casi que lo mejor que hubiera podido hacer el sábado por la noche hubiera sido apagar el despertador y el móvil y echarme a dormir hasta el domingo al mediodía pero perderse semejante evento en Tierrantona me hubiera dolido más que todo lo demás.

Esta vez la expedición estuvo formado por Lemus Zapador, los brileneros Jose y Fernando M. el cual ya ha sido fichado para estos eventos dado su desempeño en el tercer tiempo de la carrera, y un servidor. Al llegar a Tierrantona, recogida de dorsal con saludo a Javi, el fovano sobrevenido, y café en el atestado bar. Saludos con los innumerables barbastros comandados por Paco Torrinco y deprisa y corriendo a cambiarse de ropa. A pesar de que pintaba mal la previsión meteorológica se atisba un día bastante bueno así es que tras un buen rato, Lucía nos dice que parecemos mujeres tardando tanto, nos ponemos de corto.


Concentración en la plaza del pueblo, codetazo de salida y a correr. Durante un bucólico primer kilómetro la serpiente multicolor corretea con Cotiella al frente por terreno llano. Entonces empieza el baile, tras pasar una granja en ligera pendiente hacia arriba se acomete un zigzagueo vertical que deja las piernas para el arrastre. Las miserias de este invierno de estar tirado a la bartola salen a la luz. Pasamos por Charo y seguimos ascendiendo. Aquello ya parece la peña Montañesa por momentos, qué rampas... y qué vistas. Cotiella y Turbón copados de nieve saludan allá arriba. Un par de voluntarios sonríen al paso de los sudorosos sufridores de la trail. Sonríen de esas maneras tan de por allá arriba que dan a entender que ahora vas jodido pero luego lo irás mucho más.

Otra rampa imposible y un señor haciendo fotos que avisa de que ya se ha terminado la subida (fuerte). Ermita de San Salvador, buenas vistas y dos vasos de aquarius para recuperar semejante calentón. Las piernas son ya zona catastrófica, no hay nada que hacer. Y llevamos tan sólo 5 km. Pintan bastos. Jose y Fernando hace rato que transitan por delante mientras Lemus zapador y un servidor hacemos lo que podemos en posiciones traseras del pelotón. Acometemos el esperado descenso y tras un kilómetro de bajar por una empinada trialera las piernas piden piedad y que empiece otra subida o algo más asumible.

Llegamos a Aluján. Bonito pueblo, bonitas vistas, bonitos ánimos, estropeadas piernas. Por un persistente subebaja jalonado de plastas de vaca nos aproximamos a las faldas de Muro de Roda. Allá a lo lejos se comienzan a oír unos memorables chemecos. Entre bojes, barzales y demás arbustos llegamos a conectar con la pista, ¡por fin pista!, que sube a Muro. ¡Si es que os quejáis de todo, que si hay pista porque hay pista y si hay senda porque hay senda! advierte el voluntario que está en el control. Y cómo lo sabe. Comenzamos el ascenso previa ingesta de tamborinazo de magnesio. En el kilómetro 11 ó así y bordeando la fase conocida como moñaco Playmobil o muñeca de Famosa.

Pero en ese momento los gritos y chemecos comienzan a hacerse plenamente entendibles, que no audibles puesto que se llevan oyendo desde tres kilómetros antes. Se trata de un valiente que está jugando con la integridad física de su garganta para alentarnos a todos y cada uno de los participantes que estamos sufriendo como perros en aquella subida. Venga valientes p'arriba, con cojonera que ya lo tenéis, venga guapa que estás hecha una maratoniana del horror y venga tú que eres un finisher, y venga p'arriba cojones ya, no os miréis el cartel que ya estáis arriba y vamos que ya está y no pares que está ganado y veeeengaaaaa, vaaaaamoooooos, con cojoneraaaaaaa. Me-mo-ra-ble. Por estas cosas uno vuelve a las carreras y por estas cosas se guarda buen recuerdo de ellas. Mil gracias.

Llegamos a Muro de Roda con los gritos de fondo de ¿Teo?, no estoy seguro de que este sea su nombre, y entramos al recinto de esta pequeña y desconocida joya. Magníficas vistas, impecable trato en el avituallamiento. Por decir algo, quizás falta algo de salado, un poco de fuet, jamón, poca cosa. Pero es una primera edición, más no se puede decir. Otro trago de aquarius y cara abajo. Javi el fovano sobrevenido, haciendo labores de coche escoba nos pisa los talones. Corramos.

Otra bajadeta preciosa con vistas del embalse al lado pero las piernas ya están aborrecidas. Lemus zapador se adelanta en una de sus incursiones para intentar conectar con algún grupo delantero y en estas que me quedo solo. A la media hora larga de ir maldiciendo a todas y cada una de las piedras con las que estoy a punto de torcerme el tobillo por unas ocho veces Lemus me pega un grito ¡porque viene por detrás! ¿Hemos entrado en algún tipo de vórtice espaciotemporal? No, el colega se ha confundido en un desvío y le he adelantado mientras.  Tras mucho padecer en la bajada llegamos a Humo de Muro donde vemos a Chicote animando y donde nos advierten de la subida que falta.

Otra senda maja pero trufada de desniveles con los cuatro intermitentes de emergencia puestos ya. Horrible, dantesco, escasas fuerzas quedan para llegar hasta Fumanal y otro avituallamiento. Debemos de sacar muy mala cara porque las amables muchachas que lo regentan nos preguntan cómo vamos y que si es duro el recorrido. Entre trago y trago de aquarius les contestamos que mucho, que lo que mata no es el desnivel, sino el terreno. A lo que otro de los voluntarios espeta que "pues menos mal que no ha llovido". Pues sí.

Nos queda un tramo rompepiernas para conectar con la pista de Muro de Roda que ahora ha de conducir hacia Tierrantona. Y en el tramo más amargo cuando ya está a punto de reventar algún cuadriceps o algún lóbulo temporal del cerebro comienzan a llegar otra vez los gritos de aliento de Teo. Ir como una mierda subiendo una pendiente que te va a costar un verano terminar y durante todo ese rato escuchar a un tío gritándote: Venga valiente, que ya lo tienes hecho, qué te pensabas que no ibas a terminar... pues no, que vas a llegar, vamos, cojoneraaaaaa. Que te dice que eres un campeón aunque ambos sepamos que es mentira... Las comparaciones son odiosas pero es como subir el alto de Miracruz en la Behobia sólo que los tres mil donostiarras que deben de estar apretujados en esa cuesta animando se han concentrado en la figura de este memorable personaje. Ole sus cojones.

Coronamos dándole las gracias y tras conectar con la pista trotamos en el descenso con las piernas como tablones. Paramos, caminamos y volvemos a trotar por esa autovía que lleva a meta pero llevamos las cuatro ruedas pinchadas. Entramos en Tierrantona y al ver a los críos del pueblo echamos a correr y a chocar manos. Recta de meta y llegada en antepenúltima posición de la clasificación. Como buen integrante de la sección de las Muñecas de Famosa.

Charrada en meta con el Enano y Esther que han venido a animar, una Rondadora para recuperar sales con Jose y Fernando que ya han llegado a meta hace casi una hora, una ducha y a comer contando las batallitas de carrera. Tercer tiempo en el bar a base de unos buenos digestivos con anécdota incluida con la guapa camarera (que no se puede ir por ahí pidiendo "unas hierbas" como si tal cosa, hombre) y animada charrada en un velador. Finalmente vuelta a casa puesto que al día siguiente hay que madrugar.

Sufrí (sufrimos) como un maldito perro, por momentos maldije esos maravillosos caminos,  al llegar a meta dije que para días volvía a trotar por esas sendas, hoy llevo las piernas como un Playmobil y los hombros son siniestro total de cargar la mochila con los bastones. Subir escaleras es actividad de riesgo y bajarlas un despiporre. Voy a esconder las zapatillas de trail y en dos meses no pienso hacer otra cosa que no sea bicicleta. Las zapatillas de asfalto también van a ir castigadas, por si acaso, y el garmin con sus temibles tracks se va a quedar tirado en el fondo de algún cajón. Pero a pesar de todo ello habrá que volver al año que viene a Tierrantona. Vaya que si volveré...

viernes, 7 de agosto de 2015

Fotos de la Naval-Tourmalet 2015

He aquí parte de las fotos que el pasado 6 de agosto tuve el placer de realizar en la primera edición (y esperemos que no última) de la Naval-Tourmalet. En posteriores entregas se contará todo lo relativo a esta, ya se puede denominar así, Clásica del grupo Tuercepedales.

Hace unos meses Nacho tuvo la genial idea de enlazar mediante marcha cicloturista su pueblo con la cima más mítica de los Pirineos, el Tourmalet. Para ello debía engañar a su familia, a unos cuantos amigos y a la familia de estos para llevar a cabo semejante locura. Por suerte los amigos de Nacho nunca hemos estado muy bien de la cabeza, de modo que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para engañarnos.

El 6 de agosto a las 6:30 de la mañana cuatro aventureros se dispusieron en la plaza de Naval a llevar a cabo el exigente recorrido. Para los libros de Historia quedarán los nombres de (de izquierda a derecha):
Nacho, el diesel navalés con motor Perkins, avanza lento pero avanza de manera indestructible; Abizanda, el friki enfermero serrablés de adopción, duro como un jabalí; Héctor, el queroseno navalés, el benjamín del grupo, mientras se aburre pedaleando otea cados de robellones, y Paco, el señor Ornitorrinco, veterano de mil batallas, nunca se rinde y cuando parece que va a hacerlo la cocacola le hace revivir.
La ruta, descomunal. Cerca de 130 km partiendo de la villa jamás conquistada hasta Sainte-Marie de Campan (el tramo entre Parzán y el final del túnel de Bielsa se neutraliza por no estar permitida la circulación de bicis a través del túnel). Una vez allí, el Infierno. La máquina de triturar carne humana se alza como última dificultad. Una especie de Monte del Destino en pleno Mordor a donde los pequeños hobbits navaleses deben acudir para demostrar su valía, dejando la Comarca y adentrándose en tierras extrañas acompañados de Trancos Abizanda y Gandalf Torrinco.

Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido.

Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha.

Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido.

En Aínsa tuvo lugar el primer refrigerio de la jornada. El sr Ornitorrinco poco habituado a este tipo de lifaras debía de pensar "dónde me he metido". Se descalzó y todo porque veía que la cosa iba para largo.

El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada.


Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente.

Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. 

En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km.

El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón.

He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte).
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.

En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida.

En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada.

La pareja de jóvenes navaleses avanzaba más atrasada y algo más atrancada. Sin embargo a Nacho todavía le quedaban fuerzas para embestir a los reporteros gráficos al grito de "¡Asesinos, dejad de retratar nuestro suplicio!"

Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet.

Por delante, Jordi, el mayor de los navaleses, avanzaba el primero de la marcha con cara sonriente y pedaleo alegre y ligero. Monsieur Tourmalet lo estaba envolviendo en su trampa aunque Jordi todavía lo desconocía.

Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición.
Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto...

... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver.

El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven.

Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas.

Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada.

Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna.

Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet...

... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%...

... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle...

... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar.

En La Mongie el motor de Héctor dijo basta. Mareos y calambres le hicieron parar con buen criterio. Para quien no lo sepa La Mongie es la estación invernal que se aprecia al fondo de la imagen, lejos de suponer un descanso en la subida otorga una puntilla tras la cual se han de afrontar los últimos y descomunalmente salvajes 3 km. De hecho los últimos 5 km tienen una pendiente media cercana al 9'5% de agonía interminable.
Nacho siguió a lo suyo en régimen de bajas revoluciones. Paco fue avistado en un bar a la entrada de La Mongie, de hecho llamó a los reporteros gráficos y estos acudieron al establecimiento hostelero asustados y pensando que iban a asistir a la retirada del marsupial más duro del Somontano. Nada más lejos de la realidad ya que se encontraba, dentro, sonriente con su querida cocacola. Una vez revitalizado siguió hacia delante.

Y a Jordi vino a visitarle el Tío del Mazo en plena travesía de La Mongie, lo encontramos a la salida de la estación bastante peor que cuando lo dejamos en las Galerías pero a pesar de ello continuó hacia arriba después de reponer líquidos. Llegó a la cima. 

He aquí un tío contento, un tío feliz completando la Naval-Tourmalet. Por un par de veces pensé que se bajaba de la bici. Y almorzando en Parzán pensé que se nos dormía con semejante parón aparte del tozolón que se pegó contra la puerta del restaurante y donde se tuvo que hacer algo de daño. Llegando al final del Tourmalet, cima custodiada por un gigante de hierro. Estos tíos sí que son gigantes.

El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera.

Nacho, otro tío feliz terminando su particular locura. "Nunca más, nunca más" declaró nada más cruzar la línea de meta. Esperemos que con el paso de los días reconsidere sus palabras. De no haber reventado en La Mongie, Héctor hubiera sido el tercer valiente en completar la marcha, sin embargo una parte de él llegó a cima con Motor Perkins Nachete ya que entre ambos se fueron haciendo la subida al igual que entre ambos prepararon buena parte de esta fenomenal locura denominada Naval-Tourmalet. Gracias por embescarnos en semejante aventura.

¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.

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