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lunes, 30 de abril de 2018

La Monegros 2018, qué duro es ser tuercepedal


He aquí la crónica de la Monegros 2018 hecha por los tuercepedales. Porque el mundo debe conocer estos pormenores. Lo duro que resulta ser tuercepedal. Mes de diciembre. Sin mucho conocimiento y sin pensar demasiado las cosas un grueso de tuercepedales bastante importante nos apuntamos a la marcha larga de la Monegros. Algunos, haciendo gala del aludido poco conocimiento, completan las inscripciones propias o las de sus amigos poniendo en sus dorsales nombres dudosamente representativos y/o directamente poco dignos.

Llega abril y tras un invierno y principio de primavera pleno de lluvias y alguna que otra calamidad toca repasar las bicis de montaña para ponerse en la línea de salida de la Monegros. De los tres años, con este, en los que he salido lo mismo era el menos indicado para afrontar semejante kilometrada pero el escaso juicio que dicta los designios de un tuercepedal de pro me llevan a tirar adelante por dos razones. Una, donde no lleguen las piernetas tendrá que llegar la voluntad. Y dos, donde no lleguen las dos cosas antes mencionadas lo hará un Patrol de la Cruz Roja. Que los Monegros son un desierto pero tampoco hay que exagerar y esto no es como irse a pedalear al Kalahari con un odre de agua y con el siguiente ser vivo a día y medio de camino. No hay que dramatizar, no nos pongamos nerviosos. En caso de quedarnos tirados por avería mecánica o física (la mental ya viene de serie) no creo que sea necesario tener que recolectar raíces para nuestra supervivencia.

El objetivo, además de completar la marcha de manera más o menos digna, no se mide en tiempo sino en número de tartaletas de manzana que enjaretar al buche. El anterior récord establecido consistía en una deglución de ocho de estas ambrosías en dos avituallamientos dispuestos a tal efecto. Teniendo en cuenta que en esta ocasión íbamos a disponer de cuatro paradas para disfrutar de estos manjares el récord parecía factible aunque siempre había que tener en cuenta los imponderables que afectan a estos eventos y que suelen traducirse en vomitones, cagaleras y toda suerte de malestares estomacales que devienen en un rendimiento inferior al pronosticado.

Total que tras la recogida de dorsales toca vestirse de ciclista y ahí ya acontecen los primeros horrores. En los dorsales personalizados surgen los despropósitos cometidos en diciembre. Que si un Pablé por aquí, que si un Van Lakommen por allá. Al pobre Lemus petit se le empezó a torcer la jornada al ver que iba a tener que circular con el apelativo que el bueno de Juanlu y sus huevos toreros habían tenido a bien cascarle al completar la inscripción pero es que lo mío… me lo hice yo… ¡Van Lakommen! ¿Pero de qué iba en diciembre para poner semejante faltada? Ni que fuera un flandrien de los que hacen el calendario de piedras, que soy un tuercepedal que ha venido aquí a no hacerse mal y a comer tartaletas de manzana como un cerdo, hombre.

Así es que tras saludar a mr Trendy, al sr Ornitorrinco, sr Bestué, Pepito, mi hermano Jesús, compañeros varios de instituto nos vamos al cajón de salida. Jesús en un alarde que le dan después de haber almorzado bien se mete en un cajón intermedio, que vayamos con ellos, hombre no que tenemos dorsal para el cajón de los cojos, que es igual, hombre no sé yo, que sí, mira que hemos pagao nosecuantos ñapos al menos salir en la clasificación y no hacer un siskevicius. Al final, Jesús y sus compañeros marchan al cajón de los pudientes y Juanlu, Pablo (me niego a denominarle Pablé, él lo agradecerá), el señor Lueza, el señor Cantín y un servidor marchamos al cajón de los desarrapados. Previo despliegue espectacular de Juanlu con los malabares acostumbrados de siempre y que hacen las delicias del público asistente. Que si la rueda que pierde y no se puede hinchar, el número de las tenacillas y el imprescindible giro mortal del bidón que no lleva agua. Espectacular.

Salida lenta y trabada con parones y algún tapón tras las caídas de costumbre que libramos sin dificultad. Algún incidente con uno de esos bikers que piensan que aquello es el Tour de Francia y que saliendo a toda mecha y empujando a los demás igual lo gana. Manolo recibe un topetazo de uno de estos iluminados y lo despide con cariñosos saludos. Hasta que al fin los caminos se ensanchan, el pelotón se estira y Javi Miguelón Indurain puede poner las bielas a funcionar para implantar un ritmete bueno con el que ir avanzando alguna posición. Manolo con la bici de ruedas gordas también va allanando el camino hasta que cuando nos las veíamos felices llegamos a un tapón bíblico. Aquello parece Zaragoza cuando llueve, Barcelona el 1 de agosto o Monzón cuando había semáforos. El atasco es memorable. La causa no es ni la fin del mundo ni que doscientos bikers hayan caído fulminados por torzones de tripas tras ingerir pantagruélicas cantidades de tartaletas de manzana puesto que el primer avituallamiento aún no ha llegado. No, la causa es un charco. Aún me acuerdo del primer año que hicimos la Monegros con Jesús. Los treinta primeros kilómetros eran charquilandia. Tras la lógica aprensión que supone cruzar una de esas charqueras en las que uno no sabe si puede verse sumido en un hoyo que lo lleve hasta Nueva Zelanda, todo temor se disipaba al ver cruzar por medio a algún incauto con poco conocimiento y ver que no pasaba nada. Pues nosotros íbamos detrás. Y no pasó nada. Pues este año fue misión imposible porque el tapón era infranqueable. Entre los que no querían mojarse los petetes, los que se iban por la margen a ritmo caribeño, los que se hacían selfis, los que se quedaban mirando el charco… Un charco. Que no es más que una extensión de agua puerca de como palmo, palmo y medio de profundidad que a lo sumo tiene renacuajos nadando en su interior. Pues gente mirando el charco. Treinta minutos para cruzar dos charqueras cuando el siguiente gozo de esta marcha después de ponerse como un cerdo comiendo tartaletas es mancharse como un gorrino cruzando los charcos.


Apártense que tenemos hambre
Unos repechos después en los que también se forman tapones y podemos contemplar como algún biker hace la croqueta en una zanja al violar la máxima de que cuando ruedas más despacio que lo que puedes caminar eso ya no es ir en bici sino que es hacer equilibrios, llegamos al primer avituallamiento bien colmado de gente.  El quinteto que formamos se despliega con suma eficacia ignorando que por tercera vez se forma un tapón en la mesa donde se disponen las viandas y una de las señoras que atiende el puesto se ve obligada a recordar a la gente que no se apelotone al principio pues pueden disponer de toda la longitud del lugar tan largo es ya que hay comida para todos. En ese momento el grueso de bikers mira hacia la otra punta de la mesa y contempla un espectáculo que ya nunca podrán borrar de sus retinas, cinco tuercepedales devorando tartaletas de manzana como si no fuera a haber mañana. Tras apurar la ingesta del orín de pitufo más conocido por su marca comercial, powerade, pregunto a Javi cuántas tartaletas lleva y sentencia que cuatro. Este hombre es un titán pedaleando y mallando, no perdona. Manolo también lleva lo suyo y Juanlu y Pablo sencillamente no hablan y trasegan que da gusto. Pues voy a por la cuarta tartaleta, me digo, pero al ir a por ella acontece uno de esos fenómenos de la naturaleza similares a cascar un huevo y que aparezcan dos yemas. La tartaleta se aferra de manera firme a una congénere y yo no puedo jugar a ser dios y separar lo que la naturaleza quiso que estuviera unido así es que haciendo uso de todas mis fuerzas devoro ambas tartaletas para que marchen de este mundo igual que amanecieron en aquella bendita cajeta de repostería Dulcesol.

Comienzan las primeras estribaciones del alto de Piedrafita y al sol le da por salir. Como cinco cerdos bien cebaos avanzamos al matadero con sudores plenos de toda la glucosa sobrante que el organismo intenta sacarse de encima tras esa agresión injustificada a nuestros estómagos. Me siento pesado, dice Pablo. Nos ha jodido mayo con las flores.  Javi Miguelón impone un ritmo, Manolo y yo le seguimos para rebasarle después. Juanlu y Pablo penan por detrás. Serán las tartaletas. Javi Miguelón nos coge un rato más tarde y juntos llegamos a la cima. Yo voy con ligeros amagos de calambre en las piernas. Pero como las tripas van bien y hemos venido a zampar decido seguir para la marcha larga sin pensar demasiado en las consecuencias. Tras unirnos otra vez los cinco tiramos cara abajo dirección Peñalba.


Un uomo è al comando, la sua maglia è biancoceleste, il suo nome è Manolo
Ya entonces cuando la bajada se hace más tendida vemos que Juanlu y Pablo empiezan a quedarse otra vez atrás. Como no hay mal que por bien no venga, al aflojar un poco el ritmo las piernetas se van relajando y tras pasar el kilómetro 60 el canguelo se va haciendo a un lado. Llegamos a Peñalba. Avituallamiento en el pueblo y lleno de animación, se agradece un poco de vida en  esos momentos. Javi está con que ese pueblo es Valfarta y yo con que es Peñalba. Juanlu viene a desentrañar el misterio. Que Peñalba igual no es porque trabajó allí y no le suena para nada todo aquello. Mira que había un cartel a la entrada de cooperativa de Peñalba o algo así. Pues no sé. Y al mirar al otro lado del avituallamiento, a la otra orilla de lo que parece ser un canal ve que sí, que trabajó justo allí en ese edificio. Memorable.

Haciendo acopio de coraje nos enfrentamos a la mesada dispuesta aunque esta vez el desempeño efectuado es algo más suave y se salda con un total de tres tartaletas de manzana y un botellín de orín azul. El titán Miguelón se enjareta ocho o diez piazos de naranja a ritmo de adelantar a Chiapucci en la crono de Luxemburgo.Pim pam, pim pam.  Pablo, Juanlu y Manolo haciendo subir las acciones de la casa Dulcesol a la que no tendremos inconveniente en cederle un espacio publicitario en el ribete de alguna manga el día que la Agrupación Gastrónomica Tuercepedales saque maillot de equipo. Bien cebadicos salimos dispuestos para acometer el rampote posterior al avituallamiento.
Comienzan los kilómetros del desasosiego. Una interminable sucesión de rectas y falsos llanos que han de llevar hasta Castejón de Monegros. Milagrosamente las piernetas responden pero Pablo va asfixiado. Qué le vamos a hacer, le habrán sentado mal las tartaletas o estará incubando algo, ya llegaremos. Lo que es raro con la pretemporada en altura que se había clavado el muy zorro ahí en Andalucía pedaleando y entrenando la muñeca y el movimiento de codo, pero en fin… Cada vez se van retrasando más el caso es que llegado un punto Manolo y yo terminamos pedaleando en solitario y contando las granjas de tocinos que vamos viendo a la vera del camino. Pero llega un punto en que no se ve venir al resto de la grupeta y decidimos parar por si Pablo ha tenido que retirarse. Debe de ser como el kilómetro 80. Llama Manolo a esta gente y le dicen que Pablo ha sufrido una avería pero que tiremos hasta el siguiente avituallamiento y esperemos allí. La resolución de las desgracias del pobre Pablo a la vuelta de la publicidad. Emoción, intriga y dolor de barriga.



Tercer avituallamiento y allí en medio de un sembrao están repatingados Jesús y su colega Antonio que han optado por la retirada. Antonio con torzón de tripas y Jesús solidarizándose con él se queda para esperar a los otros compañeros y que vengan a buscarlos con el coche. Les contamos las penurias de Pablo y ya hasta le hacemos un hueco en ese viaje de vuelta por si va tan fastidiado que no pueda continuar. Y entonces llegan Juanlu, Javi y Pablo.

Temiendo lo peor nos acercamos al damnificado por averías y dolencias varias, cómo te encuentras, puedes seguir. Y a continuación nos explica la algarada del día y que entra a formar parte del top3 del universo tuercepedal. Yo creo que supera la vez que Juanlu rajó la cubierta a los trescientos metros de comenzar la Puertos (y no llevaba ni velocímetro, ni agua, ni dineros para pagar la reparación) y compite de manera firme con Jesús cuando se hizo la marcha de Labata con la suspensión bloqueada. Resulta que siguiendo la tónica de la jornada el pobre mozo iba asfixiado y subido de pulsaciones que no podía más. Y aquello que no tiraba. El caso es que en una de las bajadas, Javi y Juanlu se le empiezan a ir. Pablo, escamado ante tan alarmante situación en la que simplemente tirándose a peso mierda debería ser capaz de seguir al resto, decide parar y comprobar si le pasa algo a las ruedas. Al girar una de las ruedas en vacío esta gira dos segundos y se para. Pastilla de freno rozando el disco. Imprecaciones varias. Reparación de la avería y a volar lo que no estaba en los escritos. Rato después y ya de camino a casa en el coche nos reímos a base de bien por el hecho de que Pablo tardó tanto tiempo en atribuir su lentitud a la bici en lugar de a su estado físico. “Esto me ha pasado por dudar de mi estado físico”. El pobre hombre, que había estado entrenando en Andalucía (tanto el pedaleo como el zampe) no era normal que tuviera un rendimiento tan malo. Pero él lo estuvo creyendo durante 80 largos kilómetros porque es un tuercepedal sin remedio. A todos nos hubiera pasado lo mismo. A cualquier otro biker más preocupado por reventar el KOM del strava que por reventarse las tripas zampando ese mediocre ritmo le hubiera hecho sospechar que su bicicleta estaba averiada no dudando en ningún momento de su infalibilidad como ciclista. Qué le vamos a hacer, nosotros no somos así.

Tras contar la anécdota toca ajusticiar el avituallamiento y es en este punto donde se rebasa la mágica cifra de diez tartaletas de manzana al mismo tiempo que saludamos a Gustavo quien se encuentra reparando bicicletas a todo tren. Con fuerzas renovadas nos encaminamos a completar los últimos 30 kilómetros con Pablo tirando como un poseso. Pero se ha pegado tal pechada hasta ese momento que el efecto dura poco y volvemos a la marcheta habitual. Hay que acabar como sea. Así y todo en el tramo de bajada donde se juntan de nuevo las dos marchas se va la grupeta dada mi ineptitud para pedalear en cualquier tipo de porcentaje negativo. Y encima se me cargan las lumbares.

Llego al cuarto y último avituallamiento con la vana esperanza de entrar y no encontrar a mis cuatro compañeros, pensando que al estar tan cerca del anterior y tan cerca de meta se lo habrán saltado. Los cojones. Ahí están mallando a base de bien. Si les sacan un par de cocos fritos y una botella vino ahí no queda ni el plato. Cuando me veo resignado a intentar llegar a ingerir tantas tartaletas como copas de Europa tiene el Madrid descubro aliviado que aquí hay bocadillos de chorizo. Tras comer y beber la correspondiente de orín pitufo continuamos con la última tramada hacia meta.


En el km 115 a punto de llegara a meta. Menuda odisea
Comienzan las fotos a lo loco, los vídeos con gritos y alaridos en plan desustanciao y Juanlu preparando el dispositivo de entrada a meta que consiste en ir los cinco en paralelo confiando en que nuestra torpeza no sea impedimento para meternos la gran hostia. Al final y tras un intento en el que rozamos el afilador hacemos algo parecido a cinco tíos entrando en paralelo eso sí montando mucha escandalera. Lo hemos conseguido. 117 km y casi 8 horas desde que empezamos a movernos hemos llegado tras ingerir una cantidad ridícula de tartaletas y líquidos, con una de las bicis trabada hasta el kilómetro 80. Pero nos lo hemos pasado en grande y nos hemos reído un montón. Unas fotos levantando la bici de ruedas gordas de Manolo, una caña caña que sabe a gloria y la fiedeuá con hamburguesa que sabe hasta buena para marchar cagando leches al coche a cargar los cataticos y llegar cuanto antes a casa para darnos una ducha y marchar a dormir. Qué día más largo y qué cansado es esto del zampar.


Entrando en meta. Pablo, Manolo, servidor, Juanlu y Javi. Foto sensacional

miércoles, 4 de mayo de 2016

Monegros 2016, la madre que parió al viento


La madre que parió al viento. Desde las 11 de la mañana en que se puso un pie fuera del confortable habitáculo del coche hasta las 7 de la tarde momento en el que se volvió a colocar el trasero en el añorado asiento del auto, ocho horas con el viento taladrando la cabeza a lo largo y ancho de parte de los Monegros. Ese tipo de cosas que en el trabajo serían motivo de queja ante la dirección de la empresa por maltrato laboral y daño psicológico. Una buena ración dispensada en todas direcciones acompañada de partículas de arena y polvo percutiendo en el cuerpo sin compasión. A veces a favor, muchas veces ladeado, a veces aunque suficientes en contra. Sin viento a lo mejor hubiera sido divertido pero los diez últimos kilómetros de la marcha fueron lo más aborrecible del Universo haciendo equilibrios con la bici la cual quería irse a la margen derecha del camino con insistencia y empecinamiento.



Dicen que en los dieciseis años que lleva celebrándose tan magno evento sólo ha tenido lugar semejante vendaval en dos ocasiones. La primera vez y esta última. Que en la primera ocasión la mitad de los cuatrocientos participantes se retiraron y que en esta última pues no fue tan elevada la escabechina pero, se intuye, que el amor de ochomil bicicleteros por el dios Eolo quedará marcado en sus corazones por lo menos hasta el mes de agosto cuando bajo una chicharrina de cuarenta grados a la sombra a las ocho de la tarde se le vuelva a invocar para que traiga alguna tormenta. Pero que de momento se puede ir tan ricamente a freír espárragos.

Tras descender del coche y recibir la primera bofetada en forma de frío viento, acudimos Jesús y yo a recoger los dorsales y recibir la oferta para participar en un sorteo de un pase VIP para la Vuelta, eso que hacen en agosto-septiembre terminando las etapas donde van a apacentar las cabras al lado de las antenas de repetición. Nos negamos. Refrescante cerveza previa al tormento degustada en el bar restaurante Carlos, donde nos dan recuerdos para David R., quien ya está pedaleando en la marcha larga, y conversamos con el camarero, un tipo tan simpático como somarda, y con su señor padre repasando los tiempos antiguos del CC Barbastro.

David rodando en solitario en la marcha de 118 km
Larga espera bajo el arco de salida protegidos por la pared de una casa del maldito viento. Me he prometido no utilizar adjetivos calificativos insultantes hacia el mencionado fenómeno meteorológico. No sé si lo lograré. En el arco de salida se observan peculiares personajes del mundo tuercepedal que tranquilizan y atemperan las dudas acerca de nuestra capacidad para completar los 82 km de la marcha. Si ellos pueden mal se tiene que dar para que nosotros no podamos. Salida en tromba cruzando Sariñena rumbo a lo desconocido intentando seguir la estela de dos angelicos caídos del cielo que pedalean con ritmo grácil y sincopado para gozo y deleite de los sentidos. Qué cadencia y qué gozo.

Se abordan unos caminos entre campos y granjas. El aire a veces da de cara, a veces de culo pero no molesta demasiado, no así ciertos charcos hasta que se da con el truco para no errar en el dilema de bordearlo por la izquierda o la derecha. Por el centro, to tieso. La primera vez incluye cierta incertidumbre por el qué pasara pero es sensacional y da buena prueba del excelente estado de esos caminos monegrinos. Ejecutar semejante ocurrencia en alguno de los siempre acondicionados y dispuestos caminos de nuestro querido Somontano puede derivar en horror tanto para la bici como para el bicicletero cayendo por alguna sima hasta el inframundo. Pero aquí es divertidisimo.

Km 20. Con el aire ladeado aunque ligeramente favorable unos aspersores saludan al paso de los bicicleteros. A pesar del sol que brilla en el despejado cielo, el aire frío nos hiela el alma con semejante remojón. Paisajes variopintos y desde luego diferentes a los que se acostumbran a ver aquí. Llanuras sin fin coronadas por zaborros de arenisca con curiosas formas, polvo y los enormes charcos comentados salpicando los anchos e impecables caminos. Un par de repechos donde nos adelanta el Capitán América y algún tandem y cigüeñas jugando con el viento viendo un montón de humanos haciendo el mono.

Mi colega el Capitán América, en esta blog se exagera pero no se miente
En el km 34, avituallamiento de Sigena. Bicis tiradas por doquier y gran marabunta alrededor del líquido y la comida. Correcto, con unos pastelitos de manzana excelentes y pichadetes de pitufo. Acto seguido el coloso de la jornada. El alto de Piedrafita majestuoso en mitad de la nada con sus curvas y sus buenas pendientes. Se pedalea sin dificultad, una gozada. Con Jesús comenzamos a pasar a multitud de gente en todas y cada una de las rampas. Algo inaudito, increíble. Cual jefes de filas a los que se les ha escapado el grupo de los gallos a pie de puerto por culpa de una avería, adelantamos riadas de gente. Los mismos que nos han adelantado en los kilómetros anteriores cuando el aire pegaba de culo y todo era jolgorio y alegría.

Cuando voy asustado pensando en lo que nos ha podido echar en la cerveza el camarero del bar Carlos veo delante al enorme bicicletero oscense con el que dos semanas antes coincidimos en la subida a Costean. Cerrando el pelotón en aquella ocasión. ¿Qué está ocurriendo ahora? ¿La gente pedalea como bestias en el llano y la subida se le atraganta? Qué caso más extraño. Con unas curvas de herradura espléndidas llegamos a la cima para crestear durante unos kilómetros en los que el viento se empieza a poner pesado.

Jesús comandando el pelotón
Pequeño descenso y subebaja en mitad de la nada con extensiones de tierras y campos a nuestra izquierda hasta donde llega la vista. Al frente una riada de gente, el horizonte recortado por una fila interminable de bicicleteros chepeando contra el inclemente cierzo. Gente que se vuelve a clavar en las pequeñas subidas, visitas al sembrado para adelantar  al estilo Sagan y alguno que pierde el equilibrio motivado por la baja velocidad de pedaleo y la alta velocidad de las ráfagas de viento. Pero con Jesús seguimos avanzando posiciones cual jabalines, dentro de nuestras enormes limitaciones, pero dando el do de pecho. Impresionante, oigan. El camarero nos ha visto pinta de asmáticos y ha echado una chorradeta de ventolin a la cerveza, no cabe ya duda alguna.

Haciendo comer polvo a los de atrás, increíble
Descendemos por otro camino espectacular de lo bien conservado que está con sus buenas curvas de herradura y fuerte desnivel donde yace un bicicletero que se ha ido al suelo al parecer por culpa del viento. Se ha pegado un buen golpetazo y una vez llega la Guardia Civil mucho más no se puede hacer así es que seguimos hasta el avituallamiento del km 65. Más de lo mismo, correctos en lo esencial aunque demasiado caóticos para mi gusto. Pero es que vamos un tropel de gente las cosas como son.

Jesús saludando a la cámara
Un tropel de gente pero nadie para a ayudar a un gacho que pide por favor una cámara de 29" al borde del camino. Ante la pregunta de que si llevo una cámara de sobra hay que ser muy miserable para no parar llevando tres en la mochila. Así es que le doy una de las mías, el tío da las gracias como si le hubiera salvado la vida, quiere pagar la cámara, le digo que no hace falta, insiste, me echa unas monedas en la mochila, vuelve a dar las gracias. Todo fuera así de fácil le decimos con Jesús. ¿Tan complicado es parar a ayudar a alguien durante dos minutos? Además, en Sabi el año pasado ya le dimos una cámara al amigo Marcelo Patricio pensando que era el nuevo Nairo Quintana y que cuando ganara el Tour se acordaría de los dos hermanos que le ayudaron, no sin comedias, a inflar la rueda en la salida de la QH. Me parece que Marcelo Patricio no cumplirá las expectativas, el agradecido bicicletero de la Monegros era un tuercepedal como nosotros pero habrá un día en que prestaremos una cámara al futuro nuevo capo del pelotón internacional. ¡Seguro!

A estas alturas de la película llevamos un poco de dolor de riñones, dolor en los gemelos, en la cadera, de cabeza, labios resecos, ojos llorosos, culera puerca de salpicaduras y patas llenas de barro. Y queda la broma final. Tras rebasar por enésima vez al tío que lleva una fat bike, al Capitán América, el que va equipado de arriba a abajo del Tinkoff, al tandem y a la misma gente que nos pasa en las bajadas y a la que cogemos en los repechos queda el remate, la puntilla. La traca final. Como que a la gente del Madrid se le ponga Van Breukelen de portero, Duckadam a la del Barça, el Espanyol lance penaltis en Leverkusen o el Atleti llegue al minuto 93. Para la gente que no le guste el fútbol, baste imaginar acudir a votar otra vez el 26-J.

Diez kilómetros de apretar dientes y en los que de milagro la pobre bici que ninguna culpa tenía a punto estuvo de terminar en un campo lanzada de pura desesperación. Desquiciante, a la tercera ventolera que casi me lleva contra la margen me puse a jurar en arameo y a golpear el manillar en un gesto tan absurdo como inútil. Horrible. Para llorar de la impotencia. Todo el mundo va chepeando del mismo modo, es aborrecible si no fuera porque todos nos hemos metido en ese berenjenal por gusto propio y por desgracia hay cosas mucho peores en esta vida. Por suerte los dos kilómetros finales transcurren parcialmente protegidos y al final cruzamos con Jesús mano a mano la línea de meta. 5 horas o algo así dando pedales.

Nos zampamos a la carrera la fideuá y la hamburguesa y regresamos deprisa y corriendo a la tranquilidad del coche torturados por tanto viento. Si hasta dentro de otros quince años no toca semejante ventolera el día de la carrera, la compro para el año que viene y las venideras ediciones hasta que el cuerpo aguante. Si el caprichoso Eolo vuelve a hacer de las suyas al año que viene y estoy presente, con toda la paz me iré a la terraceta del bar Carlos a comer y charrar con el camarero. Porque sin viento tiene que ser tiene que ser divertido pedalear por esos caminos pero con viento... la madre que parió al viento.


lunes, 4 de abril de 2016

Apacible vuelteta por Tierrantona 2016


Buena experiencia en la primera edición de la Trail Valle de La Fueva. Circuito tan duro como bonito por uno de los enclaves un tanto desconocidos de la provincia, con una magnífica acogida por parte de los fovanos y fovanas que regentaron con suprema amabilidad los avituallamientos y puntos de control. Esa clase de cosas que te dan motivos suficientes para volver al año que viene aunque hayas te hayas arrastrado durante 25 km  y 1100 m de desnivel pidiendo clemencia y que se terminaran de una vez esas sendas y bajadas criminales.

Y es que no se puede acudir a un evento de estas magnitudes con pocos kilómetros en las piernas, y más centrado en la bici que en hacer cuestas por el monte. Habiendo tenido comida de empresa con buena sobremesa el día de antes llegando a casa sin sed. Maldurmiendo. Con las tripas de aquellas maneras y la uña del dedo gordo del pie haciendo mal desde hace unos días. Casi que lo mejor que hubiera podido hacer el sábado por la noche hubiera sido apagar el despertador y el móvil y echarme a dormir hasta el domingo al mediodía pero perderse semejante evento en Tierrantona me hubiera dolido más que todo lo demás.

Esta vez la expedición estuvo formado por Lemus Zapador, los brileneros Jose y Fernando M. el cual ya ha sido fichado para estos eventos dado su desempeño en el tercer tiempo de la carrera, y un servidor. Al llegar a Tierrantona, recogida de dorsal con saludo a Javi, el fovano sobrevenido, y café en el atestado bar. Saludos con los innumerables barbastros comandados por Paco Torrinco y deprisa y corriendo a cambiarse de ropa. A pesar de que pintaba mal la previsión meteorológica se atisba un día bastante bueno así es que tras un buen rato, Lucía nos dice que parecemos mujeres tardando tanto, nos ponemos de corto.


Concentración en la plaza del pueblo, codetazo de salida y a correr. Durante un bucólico primer kilómetro la serpiente multicolor corretea con Cotiella al frente por terreno llano. Entonces empieza el baile, tras pasar una granja en ligera pendiente hacia arriba se acomete un zigzagueo vertical que deja las piernas para el arrastre. Las miserias de este invierno de estar tirado a la bartola salen a la luz. Pasamos por Charo y seguimos ascendiendo. Aquello ya parece la peña Montañesa por momentos, qué rampas... y qué vistas. Cotiella y Turbón copados de nieve saludan allá arriba. Un par de voluntarios sonríen al paso de los sudorosos sufridores de la trail. Sonríen de esas maneras tan de por allá arriba que dan a entender que ahora vas jodido pero luego lo irás mucho más.

Otra rampa imposible y un señor haciendo fotos que avisa de que ya se ha terminado la subida (fuerte). Ermita de San Salvador, buenas vistas y dos vasos de aquarius para recuperar semejante calentón. Las piernas son ya zona catastrófica, no hay nada que hacer. Y llevamos tan sólo 5 km. Pintan bastos. Jose y Fernando hace rato que transitan por delante mientras Lemus zapador y un servidor hacemos lo que podemos en posiciones traseras del pelotón. Acometemos el esperado descenso y tras un kilómetro de bajar por una empinada trialera las piernas piden piedad y que empiece otra subida o algo más asumible.

Llegamos a Aluján. Bonito pueblo, bonitas vistas, bonitos ánimos, estropeadas piernas. Por un persistente subebaja jalonado de plastas de vaca nos aproximamos a las faldas de Muro de Roda. Allá a lo lejos se comienzan a oír unos memorables chemecos. Entre bojes, barzales y demás arbustos llegamos a conectar con la pista, ¡por fin pista!, que sube a Muro. ¡Si es que os quejáis de todo, que si hay pista porque hay pista y si hay senda porque hay senda! advierte el voluntario que está en el control. Y cómo lo sabe. Comenzamos el ascenso previa ingesta de tamborinazo de magnesio. En el kilómetro 11 ó así y bordeando la fase conocida como moñaco Playmobil o muñeca de Famosa.

Pero en ese momento los gritos y chemecos comienzan a hacerse plenamente entendibles, que no audibles puesto que se llevan oyendo desde tres kilómetros antes. Se trata de un valiente que está jugando con la integridad física de su garganta para alentarnos a todos y cada uno de los participantes que estamos sufriendo como perros en aquella subida. Venga valientes p'arriba, con cojonera que ya lo tenéis, venga guapa que estás hecha una maratoniana del horror y venga tú que eres un finisher, y venga p'arriba cojones ya, no os miréis el cartel que ya estáis arriba y vamos que ya está y no pares que está ganado y veeeengaaaaa, vaaaaamoooooos, con cojoneraaaaaaa. Me-mo-ra-ble. Por estas cosas uno vuelve a las carreras y por estas cosas se guarda buen recuerdo de ellas. Mil gracias.

Llegamos a Muro de Roda con los gritos de fondo de ¿Teo?, no estoy seguro de que este sea su nombre, y entramos al recinto de esta pequeña y desconocida joya. Magníficas vistas, impecable trato en el avituallamiento. Por decir algo, quizás falta algo de salado, un poco de fuet, jamón, poca cosa. Pero es una primera edición, más no se puede decir. Otro trago de aquarius y cara abajo. Javi el fovano sobrevenido, haciendo labores de coche escoba nos pisa los talones. Corramos.

Otra bajadeta preciosa con vistas del embalse al lado pero las piernas ya están aborrecidas. Lemus zapador se adelanta en una de sus incursiones para intentar conectar con algún grupo delantero y en estas que me quedo solo. A la media hora larga de ir maldiciendo a todas y cada una de las piedras con las que estoy a punto de torcerme el tobillo por unas ocho veces Lemus me pega un grito ¡porque viene por detrás! ¿Hemos entrado en algún tipo de vórtice espaciotemporal? No, el colega se ha confundido en un desvío y le he adelantado mientras.  Tras mucho padecer en la bajada llegamos a Humo de Muro donde vemos a Chicote animando y donde nos advierten de la subida que falta.

Otra senda maja pero trufada de desniveles con los cuatro intermitentes de emergencia puestos ya. Horrible, dantesco, escasas fuerzas quedan para llegar hasta Fumanal y otro avituallamiento. Debemos de sacar muy mala cara porque las amables muchachas que lo regentan nos preguntan cómo vamos y que si es duro el recorrido. Entre trago y trago de aquarius les contestamos que mucho, que lo que mata no es el desnivel, sino el terreno. A lo que otro de los voluntarios espeta que "pues menos mal que no ha llovido". Pues sí.

Nos queda un tramo rompepiernas para conectar con la pista de Muro de Roda que ahora ha de conducir hacia Tierrantona. Y en el tramo más amargo cuando ya está a punto de reventar algún cuadriceps o algún lóbulo temporal del cerebro comienzan a llegar otra vez los gritos de aliento de Teo. Ir como una mierda subiendo una pendiente que te va a costar un verano terminar y durante todo ese rato escuchar a un tío gritándote: Venga valiente, que ya lo tienes hecho, qué te pensabas que no ibas a terminar... pues no, que vas a llegar, vamos, cojoneraaaaaa. Que te dice que eres un campeón aunque ambos sepamos que es mentira... Las comparaciones son odiosas pero es como subir el alto de Miracruz en la Behobia sólo que los tres mil donostiarras que deben de estar apretujados en esa cuesta animando se han concentrado en la figura de este memorable personaje. Ole sus cojones.

Coronamos dándole las gracias y tras conectar con la pista trotamos en el descenso con las piernas como tablones. Paramos, caminamos y volvemos a trotar por esa autovía que lleva a meta pero llevamos las cuatro ruedas pinchadas. Entramos en Tierrantona y al ver a los críos del pueblo echamos a correr y a chocar manos. Recta de meta y llegada en antepenúltima posición de la clasificación. Como buen integrante de la sección de las Muñecas de Famosa.

Charrada en meta con el Enano y Esther que han venido a animar, una Rondadora para recuperar sales con Jose y Fernando que ya han llegado a meta hace casi una hora, una ducha y a comer contando las batallitas de carrera. Tercer tiempo en el bar a base de unos buenos digestivos con anécdota incluida con la guapa camarera (que no se puede ir por ahí pidiendo "unas hierbas" como si tal cosa, hombre) y animada charrada en un velador. Finalmente vuelta a casa puesto que al día siguiente hay que madrugar.

Sufrí (sufrimos) como un maldito perro, por momentos maldije esos maravillosos caminos,  al llegar a meta dije que para días volvía a trotar por esas sendas, hoy llevo las piernas como un Playmobil y los hombros son siniestro total de cargar la mochila con los bastones. Subir escaleras es actividad de riesgo y bajarlas un despiporre. Voy a esconder las zapatillas de trail y en dos meses no pienso hacer otra cosa que no sea bicicleta. Las zapatillas de asfalto también van a ir castigadas, por si acaso, y el garmin con sus temibles tracks se va a quedar tirado en el fondo de algún cajón. Pero a pesar de todo ello habrá que volver al año que viene a Tierrantona. Vaya que si volveré...

viernes, 7 de agosto de 2015

Fotos de la Naval-Tourmalet 2015

He aquí parte de las fotos que el pasado 6 de agosto tuve el placer de realizar en la primera edición (y esperemos que no última) de la Naval-Tourmalet. En posteriores entregas se contará todo lo relativo a esta, ya se puede denominar así, Clásica del grupo Tuercepedales.

Hace unos meses Nacho tuvo la genial idea de enlazar mediante marcha cicloturista su pueblo con la cima más mítica de los Pirineos, el Tourmalet. Para ello debía engañar a su familia, a unos cuantos amigos y a la familia de estos para llevar a cabo semejante locura. Por suerte los amigos de Nacho nunca hemos estado muy bien de la cabeza, de modo que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para engañarnos.

El 6 de agosto a las 6:30 de la mañana cuatro aventureros se dispusieron en la plaza de Naval a llevar a cabo el exigente recorrido. Para los libros de Historia quedarán los nombres de (de izquierda a derecha):
Nacho, el diesel navalés con motor Perkins, avanza lento pero avanza de manera indestructible; Abizanda, el friki enfermero serrablés de adopción, duro como un jabalí; Héctor, el queroseno navalés, el benjamín del grupo, mientras se aburre pedaleando otea cados de robellones, y Paco, el señor Ornitorrinco, veterano de mil batallas, nunca se rinde y cuando parece que va a hacerlo la cocacola le hace revivir.
La ruta, descomunal. Cerca de 130 km partiendo de la villa jamás conquistada hasta Sainte-Marie de Campan (el tramo entre Parzán y el final del túnel de Bielsa se neutraliza por no estar permitida la circulación de bicis a través del túnel). Una vez allí, el Infierno. La máquina de triturar carne humana se alza como última dificultad. Una especie de Monte del Destino en pleno Mordor a donde los pequeños hobbits navaleses deben acudir para demostrar su valía, dejando la Comarca y adentrándose en tierras extrañas acompañados de Trancos Abizanda y Gandalf Torrinco.

Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido.

Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha.

Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido.

En Aínsa tuvo lugar el primer refrigerio de la jornada. El sr Ornitorrinco poco habituado a este tipo de lifaras debía de pensar "dónde me he metido". Se descalzó y todo porque veía que la cosa iba para largo.

El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada.


Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente.

Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. 

En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km.

El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón.

He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte).
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.

En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida.

En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada.

La pareja de jóvenes navaleses avanzaba más atrasada y algo más atrancada. Sin embargo a Nacho todavía le quedaban fuerzas para embestir a los reporteros gráficos al grito de "¡Asesinos, dejad de retratar nuestro suplicio!"

Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet.

Por delante, Jordi, el mayor de los navaleses, avanzaba el primero de la marcha con cara sonriente y pedaleo alegre y ligero. Monsieur Tourmalet lo estaba envolviendo en su trampa aunque Jordi todavía lo desconocía.

Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición.
Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto...

... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver.

El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven.

Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas.

Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada.

Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna.

Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet...

... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%...

... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle...

... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar.

En La Mongie el motor de Héctor dijo basta. Mareos y calambres le hicieron parar con buen criterio. Para quien no lo sepa La Mongie es la estación invernal que se aprecia al fondo de la imagen, lejos de suponer un descanso en la subida otorga una puntilla tras la cual se han de afrontar los últimos y descomunalmente salvajes 3 km. De hecho los últimos 5 km tienen una pendiente media cercana al 9'5% de agonía interminable.
Nacho siguió a lo suyo en régimen de bajas revoluciones. Paco fue avistado en un bar a la entrada de La Mongie, de hecho llamó a los reporteros gráficos y estos acudieron al establecimiento hostelero asustados y pensando que iban a asistir a la retirada del marsupial más duro del Somontano. Nada más lejos de la realidad ya que se encontraba, dentro, sonriente con su querida cocacola. Una vez revitalizado siguió hacia delante.

Y a Jordi vino a visitarle el Tío del Mazo en plena travesía de La Mongie, lo encontramos a la salida de la estación bastante peor que cuando lo dejamos en las Galerías pero a pesar de ello continuó hacia arriba después de reponer líquidos. Llegó a la cima. 

He aquí un tío contento, un tío feliz completando la Naval-Tourmalet. Por un par de veces pensé que se bajaba de la bici. Y almorzando en Parzán pensé que se nos dormía con semejante parón aparte del tozolón que se pegó contra la puerta del restaurante y donde se tuvo que hacer algo de daño. Llegando al final del Tourmalet, cima custodiada por un gigante de hierro. Estos tíos sí que son gigantes.

El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera.

Nacho, otro tío feliz terminando su particular locura. "Nunca más, nunca más" declaró nada más cruzar la línea de meta. Esperemos que con el paso de los días reconsidere sus palabras. De no haber reventado en La Mongie, Héctor hubiera sido el tercer valiente en completar la marcha, sin embargo una parte de él llegó a cima con Motor Perkins Nachete ya que entre ambos se fueron haciendo la subida al igual que entre ambos prepararon buena parte de esta fenomenal locura denominada Naval-Tourmalet. Gracias por embescarnos en semejante aventura.

¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.

domingo, 7 de junio de 2015

Juan Pito Extreme Tour 2014

Hoy se cumple un año de la mayor locura perpetrada hasta la fecha montando una bicicleta, la Pax Avant corta 2014. Fue un fin de semana impresionante y los Tuercepedales nos acordamos mucho de aquella experiencia. De vez en cuando nos preguntamos qué habrá sido del Campeón del Mundo y dónde impartirá sus sabias lecciones. Recordamos a la rubia del Sky o al ciclista heavy con rastas. Y añoramos aquellos bocadillos de chistorra de la Venta de Juan Pito. Hasta nos acordamos con cariño de aquellas rampas imposibles del Soudet y de la madre que las parió.


Algún año, si vuelven a organizar la marcha porque este año no es el caso, a lo mejor regresamos a sufrir esas subidas y sobre todo esos descensos. Mientras tanto que nos quiten lo bailao.






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