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martes, 4 de octubre de 2016

Petrechema, 2.371 m

El pasado mes de julio acudimos a este punto singular de la geografía oscense mi hermano Jesús, su perro Turbón y yo. Para celebrar el comienzo de las vacaciones (las mías) nos levantamos un lunes a eso de las 4:30 h de la mañana aproximadamente poniendo rumbo al refugio de Linza, algo más allá de la bonita villa de Ansó.


¿El porqué de tan temprana puesta en marcha? Bueno, en verano se camina mejor por el monte con el sol bajo pero luego comprenderán porqué salimos tan pronto. Una vez llegados al refugio después de unas buenas dos horas y pico de coche escuchando durante el rato que cazamos emisoras de más allá de la frontera hasta rumbas euskaldunes (buenísimas, oiga) aparcamos entre una multitud de coches llegados de Navarra y el País Vasco y comenzamos la caminata. Durante el primer kilómetro se trata de una rampa recta y constante en la que rápidamente se gana altura pero que no tiene ninguna complicación añadida salvo seguir la senda que cruza la pradera.



Nada de piedras, nada de estorbos. Y una vez superado ese primer kilómetro bastante puñetero, una pendiente bastante más moderada que transcurre entre algún subebaja incluso. En líneas generales se trata de una subida sencilla y que no plantea casi ninguna duda en cuanto a su seguimiento. Por donde se pierde la senda trazada en la pradera existen mojones a la vista. Se trata de esas ascensiones que mi amigo Fari, consumado montañero y escalador, denomina como "excursiones de tías". Todo sea dicho de paso que para él casi todo lo que no sea ascender un tresmil, encordarse o ponerse crampones es una "excursión de tías". Y yo hace muchos años que decidí que lo de subir demasiado alto no era lo mío siempre que pudiera contemplar algo parecido desde altitudes más asequibles. Vamos, que me van esas excursiones "de tías".



Antes de llegar al collado de Linza (1.920 m) la pendiente se acentúa pero tampoco es algo exagerado. Allí es donde el camino se bifurca entre el que conduce hacia la Mesa de los Tres Reyes (Hiru erregen mahaia) y el del Petrechema. La Mesa era el antiguo trifinium de tres reinos de ahí su nombre. ¿Y qué es un trifinium? Pues es una palabreja aprendida en una blog de geografía llamada Fronteras muy interesante. Interesante para gente que con ocho años miraba mapas en lugar de Mortadelos, pero bueno, el caso es que para mí es muy interesante. Pues un trifinium es un punto en el que confluyen tres fronteras de tres estados. En el caso de la Mesa, en tiempos allí se juntaban los reinos de Navarra y Aragón y el vizcondado del Bearn que fue una entidad independiente unas veces y vasalla otras de Francia, Inglaterra y hasta de los dos reinos antes mencionados. O sea que cuando los bearneses no tuvieron dependencia ni de Pamplona ni de Jaca ahí hubo un trifinium. Y hoy en día pues ahí confluyen las provincias de Navarra y Huesca con Francia. Es decir, que es un minitrifinium provincial y regional aunque no estatal.



Nosotros tomamos el camino del Petrechema, que tan sólo sirve de frontera entre Huesca y Francia, yendo algunos ratos con un señor mayor que parece ser de la zona de la Ribera navarra por la forma de hablar y de renegar cuando la pendiente se le apodera. Él dice que ya no está para estos trotes pero se le ve subir seguro. Lento pero seguro. Mientras Turbón va a la suya y transita por la vaguada que separa los caminos entre el Petrechema y la Mesa. Persigue sarrios, bucos, cabras y todo aquel bicho con dos cuernos que se pueda perseguir. De cómo consiguió destrepar por donde un sarrio le chuleó sacándole veinte metros de ventaja en veintidos (cuasi verticales) es algo que escapa a la comprensión de la ciencia. Al rato tras vociferarle que hiciera el favor de regresar volvió. Cansadete pero volvió.



La pendiente se va acentuando otra vez a medida que la senda se confunde con el terreno de alrededor hasta que no queda más remedio que acometer una prolongada pala de piedras. Con tranquilidad se sube sin mayor dificultad a pesar de que conforme nos aproximamos a la cima la aguja se va estrechando aunque justo en la cima se ensancha lo suficiente para albergar en ella a un buen número de personas. El Petrechema debe su nombre a que es la antecima de una aguja gemela un poco más alta que queda completamente separada y a la que tan sólo se puede ascender escalando. Por tanto son dos piedras gemelas, pietregema, Petrechema. Las vistas son muy chulas y su calidad/precio, que en este caso  podría ser comparable a calidad/esfuerzo, es muy elevada.

La France bajo la boira. ¿Qué hace el símbolo de Kappa pintado en el mojón?
La Mesa al fondo

Vista este por el otro lado de la aguja de Ansabere

¿El Acherito?

Aguja de Ansabere

En algo más de dos horas hemos recorrido los 1.000 m de desnivel y 6,5 km que separan el refugio de Linza de la cima del Petrechema. Al este la Aguja grande de Ansabere, o la otra piedra gemela, y la France. Al norte la Mesa. Al sur el Acherito. Y al oeste Navarra. Tras comer un bocadillo, conversar con las numerosas gentes vascas y navarras que pululan por la cima acerca de tal o cual cima y hacer unas fotos iniciamos el descenso. Aunque allá arriba se está en la gloria.



El descenso es por el mismo camino que el ascenso. Y salvo que es más rápido que la subida y Turbón está más cansado de modo que inicia menos persecuciones el resto es tal cual se ha descrito anteriormente. A excepción de una incursión en un pequeño nevero que aguanta estoico las acometidas del verano. De modo que a eso de las 12:30 del mediodía estamos de regreso en el aparcamiento. ¿A casa? No.



Enfilamos con el coche hacia el valle del Roncal (vía Zuriza) al establecimiento en el que los Tuercepedales hicieron historia al ser los únicos participantes, aparte de unos señores de Tudela, que tuvieron los santos cojones de parar a devorar unos bocadillos de chistorra en la última marcha cicloturista PaxAvant celebrada hasta la fecha. La Venta de Juan Pito. Postrarse.



Ahí en la barra, después de dos años sin hacerle aprecio, ahí está el camarero sonriente. ¿Hay sitio para comer? Hombre, pues claro. Qué saber estar, qué arte. Casi como en esos establecimientos en los que parece que hay que dar las gracias o pedir perdón por franquear el umbral de la puerta. Así es que nos acomodamos en esos bancos corridos de madera en el salón comedor. El menú es sencillo aunque contundente y exquisito.



Migas. Así, sin más. Ni chistorra ni chorizo ni hostias. Migas a secas. El plato a caramuello y con bien de manteca para engrasar. Deliciosas.

De segundo costilletas de cordero a la brasa. Con bien de patatas. Seis o siete pizcas por cabeza. Decir que están deliciosas sería deshonrar esa fuente de rica carne. Sólo existe una palabra que las defina a la perfección. Acojonantes.
Y de dulce, cuajada a la piedra con miel. O de cómo alguien a quien no le gusta ni la miel ni la cuajada se zampa esa mezcla con suma avidez y delectación. Y pa forro bota con regusto a piedra quemada. Es un puñetero manjar.


¿El porqué del regusto a piedra quemada? Pues porque en tiempos recogían la leche de oveja para hacer la cuajada en recipientes de madera de abedul de modo que cuando querían calentarla durante el proceso de elaboración no podían poner el recipiente directamente al fuego. Así que introducían en la leche piedras incandescentes para calentarla. Y así cogía la leche ese sabor característico. Demos gracias a la primera cabecita pensante que en lugar de sacar la leche del perol de madera para ponerlo en una lechera de hojalata decidió echar unos pedrolos rusientes para ver qué pasaba. Grande.



Con el regusto de la piedra flotando en el paladar marchamos para el llano no sin antes realizar una transacción económica con el pastor que vende quesos al borde de la carretera que conduce a Isaba. La primera vez que tuve el placer de entrar en su humilde establecimiento me dio la impresión de estar ante un genio. Esta segunda vez se reafirmó la impresión. Tras darnos la bienvenida una moza que simplemente saluda y pregunta Hola, ¿qué será? Pues querríamos comprar unos quesos mientras va montando el tenderete para llevar a cabo la venta y avisa al señor pastor quien está en la trastienda.



Marcha la moza y aparece el caballero y pregunta otra vez ¿Qué queréis? Pues unos quesos (nos ha jodido mayo con las flores, qué vas a querer en una quesería). Ah, perfecto, os los puedo cambiar por dinero, decidme cuánto estáis dispuestos a pagar y yo os diré cuánto estoy dispuesto a daros. Tras esa entradilla propia de película de Indiana Jones, divaga acerca de la conveniencia de no cortar los quesos por la mitad ante la perspectiva de largos viajes por carretera. Un queso entero te aguantará más y mejor, afirma mientras sopesa uno de ellos con la mano. Tras decirle de donde somos recula magistralmente hasta una posición conveniente y satisfactoria para ambas partes. Se embolsa una suma suficiente que compensa la interrupción de su sagrada siesta sin que los compradores deban acarrear una cantidad de queso que dure hasta el día en que se forme gobierno en este país. Pero el señor pastor deja bien a las claras que a alguien de Albacete le cuela el palet entero de quesos aduciendo que los quesos ni deben partirse por la mitad ni deben viajar solos. 

Una vez realizada la transacción marchamos a casa para llegar comenzada la tarde. Todavía dio tiempo de subir a la piscina de la Rana a tumbarse a la bartola y realizar un análisis pormenorizado de la actuación de Fruman (por Froome) en el Tour de Francia o de Lingurín (por Higuaín) con el amigo Goyito. Pero eso ya son otras historias que requerirían entrada aparte.

jueves, 28 de julio de 2016

Peña Montañesa, 2295 m


Desde los 1100 m de altitud de San Vitorián hasta los 2295 m de la cima de la Peña Montañesa. (2295-1100) = 1195 de desnivel entre el punto más alto y el más bajo. Con Lemus pokemon Go el desnivel se fue hasta los 1740 m. Y eso que el garmin se dejó 40 metros en la cima aparte de que el rato del almuerzo generó una pequeña hondonada en la misma.
Juanito bajando de la cima, al fondo la Tierra Llana y Lemus pokemon go allá donde Cristo dio la última voz
No se sabe por donde nos llevó el sherpa pokemon que contratamos mano a mano con Juanito pero el principio y el final de la ruta se asemejaba a lo que recordaba de hará unos ocho años cuando subí la primera vez. Tiempo de subida idéntico al de bajada. Fresquete al comienzo, briseta con sol en la parte intermedia y solazo con algo de viento en la bajada. Juanito con las piernas estropeadas y las botas rotas. Servidor con las tripas rotas cerrando el grupo y en cabeza Lemus a cincuenta metros del pelotón buscando pokemon gous por toda la montaña.
Repostaje de las 1100 calorías derramadas en forma de sudor en casa Ambrosio. A horas intempestivas comida a base de pica-pica, ensalada, longaniza a la brasa, pastel de queso y dos jarrotas de cerveza por barba. Buen servicio, trato amable y eficiente a precio muy económico.
Durante la excursión avistamiento de familia de sarrios. Mamá y papá sarrio junto a sarrio tión cuidando de los sarrios piquiñines que descansaban a la sombra. Avistamiento así mismo de familia de holandeses. Mamá y papá holandés junto a holandesito cogiendo moreno cangrejo.

Los sarrios, camuflados pero están ahí
Y en el camino de ida avistamiento a la altura de Samitier de pokemon fovano Javi haciendo uso del velocípedo de andar deprisa entrenando cual espigado jerifalte centroeuropeo a un ritmo francamente positivo.

Lemus toda la mañana buscando Pokemon y resulta que ahí al fondo tenía la cumbre llena de pikachus amarillos


El resto de la jornada transcurrió analizando la deriva catastrófica que lleva al mundo al apocalipsis sin ningún tipo de solución y el funcionamiento del juego de los pokemon go. Lo que viene a ser hablar del mismo tema porque son dos asuntos indisolubles que no se entienden el uno sin el otro y del que no se sabe cual es causa y cual efecto. El mundo se desmorona y por eso aparecen los pokemon go o porque aparecen los pokemon go el mundo se desmorona. A saber, el caso es que sherpa Lemus quinientos y pico metros de desnivel positivo de regalo. Qué tío.



lunes, 8 de febrero de 2016

Tozal de Guara (por Nocito)

Últimamente vivo muy atareado. Y es por eso que o no escribo entradas o se acumula la faena. Casi se podría decir que la vida es algo que transcurre entre actualizaciones de Zweeler, Comunio y Cyclingfantasy con breves paradas para comer, trabajar y dormir. Si desconocen de qué estoy hablando no saben la suerte qué tienen y si por el contrario conocen alguno de esos tres inventos del demonio pues también tienen algo de suerte siempre y cuando los usen con mesura. Cosa esta última que yo no gasto con esas malditas invenciones.

Pues resulta que el pasado sábado día 30 tuvo a bien montarse una expedición montañera a la cima del Tozal de Guara. La excursión como tal, aunque no exenta de diversión, no dejaba de ser una excusa para escapar por unas horas de esas tres bestias salvajes que amenazan con copar la totalidad de mi tiempo libre. Me daba igual el destino y de hecho me apunté a subir a la cima a pesar de haber ido allí ya hace dos o tres años. Pero hubo otra razón de peso para acudir. Se ascendía por la cara norte teniendo que hacer la incursión desde la muy noble villa de Nocito.


Al hablar de Nocito mucha gente se puede quedar como cuando se le habla de las tres bestias pardas mencionadas en el primer párrafo, de las que algún día haré una mención más extendida, a cuadros y sin tener ni idea de lo que se les habla. Los conocedores del tema sin embargo esbozarán una sonrisa al recordar tan simpar lugar enclavado en semejante valle donde aparte de un camping y un albergue existen algunas casas rurales donde poder pasar un buen fin de semana en la más absoluta tranquilidad. Se puede ascender al Tozal, adentrarse en barrancos o visitar ermitas. O simplemente descansar, la oferta no es mala.

La excursión en si estuvo muy bien. Organizada por el experimentado montañero Fari, fuimos de la partida su novia venida del imperio austrohúngaro, Anna, Lemus, Domper petit y un servidor. La subida, desde Bentué de Nocito a cima, costó unas 3h 20' y la bajada unas dos horas y tres cuartos. La ida con algo de frío y al resguardo del bosque, sudando la gota gorda en el tramo comprendido entre el refugio y el collado. Mañana soleada con nieblas en la zona de la Guarguera y buenas vistas de todo el frente del Pirineo desde las Sorores hasta el Turbón.


Al llegar al collado fuerte viento racheado acompañado de niebla alta cuyas lenguas ascendían majestuosas por las faldas del Tozal. En consecuencia todo lo que se veía hacia el sur era un mar de nubes en constante movimiento. Quizás algo decepcionante en una primera subida pero muy impactante y digno de ser contemplado para los que ya nos conocemos lo que se ve normalmente allá arriba.


Descenso pestoso debido al barro saldado con varias caídas de culo y resbalones hasta llegar al refugio. Y tramo posterior algo cansino debido ya al agotamiento acumulado. Pero vayamos a lo grueso.

Como ya se ha comentado para acometer esta cara norte del Tozal hay que llegar a Nocito. La frase "donde Cristo perdió las zapatillas" o "donde Cristo dio la última voz" se debió de acuñar en este esplendido lugar. Su acceso no es nada fácil ya que la carretera que conecta con el resto del mundo, suponiendo que el resto del mundo comience en Arguis, transcurre durante 25 km por uno de los paisaje más impactantes de la provincia y parte del extranjero. No son 25 km que se hacen en un cuarto de hora, probablemente tampoco en media hora y a buen seguro a punta mañana y con el sol de cara costarán cerca de los tres cuartos de hora.

Entre esos dos puntos como a medio camino podemos encontrar la hermosa villa de Belsué la cual se encuentra encaramada en una pequeña colina buscando el mínimo resquicio de sol.

Lemus quedó muy impactado por todas las maravillas del valle en el que se encuentran estos dos pueblos pese a que se trata de un hombre viajado y que ha visto mundo. Comentaba que semejante disposición de las montañas, su luz y color así como la forma de vida de esas gentes le resultaba extraña en grado sumo ya que a pesar de escudriñar las tierras que se veían a lo lejos no se apreciaban muchos signos de vida animal en forma de explotación agropecuaria o tan siquiera huertos. Tal fue su grado de estupor que contrastaba con mi emoción ante la visión de semejante lugar tan aislado del mundo, de este jodido mundo en el que nos ha tocado vivir, que en el camino de vuelta mientras la noche iba cayendo fuimos elaborando una lista de actividades que se podrían organizar allí aparte de las más evidentes y mencionadas anteriormente.

1): una serie de televisión al estilo Fargo. Si no saben de qué les hablo no sé que hacen leyendo esta mierda de blog, corran a ver Fargo, sus dos temporadas completas aunque la segunda es más mejor. Una de las mejores series que se ha hecho en los últimos tiempos y que no, no está basada en hechos reales a pesar de que al principio de los capítulos se diga eso.
Fargo transcurre en tierras de Dakota del Norte y Minnesota y para este propósito el valle de Nocito podría servir. En la serie de Fargo se cuentan una serie de ajustes de cuentas por parte de clanes mafiosos del medio oeste norteamericano que sin duda podrían tener su base de operaciones en mitad de la provincia de Huesca porque sin duda pasarían bastante desapercibidos. No porque en la provincia seamos unos mafiosos, ni mucho menos, sino porque probablemente pasaría mucho tiempo hasta que fueran descubiertos en un lugar tan tranquilo y apartado. Además, y lo más importante, un lugar con el cartel de bienvenida más acojonante que se haya visto jamás merece que se desarrolle una serie allí. La trama ya la inventaríamos.


2): una etapa de la Vuelta a España. En las últimas ediciones de la ronda ciclista perpetrada en este país se han buscado lugares pintorescos y poco conocidos para intentar potenciar el interés por la misma. Que mejor oportunidad que hacer una contrarreloj Arguis-Nocito por esos parajes. No hay que cortar al tráfico la carretera porque por allí no pasa ni el tato. En cincuenta kilómetros, entre ida y vuelta, no nos cruzamos con ningún coche ni por la mañana ni por la tarde. Ninguno es ninguno. Cero. Todo lo más fue un señor en los alrededores de Belsué que iba paseando por la carretera ocupando todo el ancho de la misma con sus dos perros pastores. Así es que los ciclistas podrían disfrutar de un terreno rompepiernas con subidas y bajadas constantes en un lugar nunca visto sin tener que entorpecer el tráfico de ninguna vía importante. Lo malo sería el público que ya se vería de donde se sacaba.

3): escapar de un apocalipsis zombi. Si en un futuro cercano estalla un virus mortal a escala mundial por el que todo el mundo se convierte en zombi tipo chacho de Walking Dead, si no han visto Waling Dead sigan así y no la vean, el lugar para resguardarse está claro. Tanto si intentan adentrarse al valle por Guaso como si lo hacen por Arguis están francamente jodidos. Optarán por otras vías más accesibles y suculentas a buen seguro.

4): una rave o concierto o similar. La pasada Nochevieja no recuerdo en qué sitio de la costa se pegaron algo así como una semana en una rave de esas en las que se pone un gacho a pinchar música en un escenario y abajo la gente va mochilona perdida a base de bebida, los menos, y sustancias psicotrópicas, los más, pasando las horas como si nada al perder la noción del espacio y del tiempo debido a la intoxicación alcanzada en sus organismos por la vía del desenfreno de todo tipo. Al final tuvieron que actuar las fuerzas vivas para detener aquella vorágine de perdición y mandar a esos insensatos a sus respectivas casas, en el caso de que las tuvieran. Si esos mismo gachos llegan a organizar la rave esa en lo más recóndito del valle ahora seguramente estarían muertos, lo que no causaría demasiado pesar en el resto del mundo mundial, puesto que ningún medio se hubiera hecho eco de la noticia y sin freno alguno podrían haber ido feneciendo como peces a los que se atiborra de comida en una pecera y no pueden dejar de comer debido a que su memoria no alcanza para recordar que ya comieron diez segundos antes. Pues lo mismo pero con chunda chunda, pirulas y la persona más cercana, el abuelo de Belsué, a diez kilómetros muy lejanos en el espacio y en el tiempo. Sobre todo en el tiempo en todas sus múltiples acepciones.

5): un régimen totalitario autónomo y aislado del mundo. Corea del Norte sufre una paranoia colectiva bastante fuerte debido a su temor, algo fundado por otra parte todo hay que decirlo, de que el cielo caiga sobre sus cabezas en forma de bombas de uranio empobrecido. O por decirlo claramente de que en el momento en que bajen la guardia sus vecinos del sur acompañados por sus amiguitos del otro lado del Pacífico entrarían en el país hasta explanarlo por completo y llenarlo de fábricas de Samsung y hamburgueserías McDonalds por doquier. Esta problemática no existiría si no estuvieran plantificados en semejante punto de extrema importancia geopolítica como es el vértice donde confluyen China, Rusia, Japón y Disneylandia (sucursal de Seul) y tuvieran a bien retirarse a algún sitio más tranquilo como pudiera ser la cara norte del Tozal de Guara. Seguramente aunque desde la punta del valle en Arguis o desde las antenas del Pico del Águila enchufaran altavoces a toda virgen proclamando las bondades del capitalismo para intentar sacar a esas gentes de allí, el sonido no llegaría a propagarse a lo más recóndito quedando atrapado en esas montañas de tierras parduzcas. 

6): un bar tipo La Teta Enroscada. Si entrar al valle pronto por la mañana en invierno resulta engorroso por culpa de la luz del sol que incide justamente de frente haciendo de la conducción una cuestión de fe en cada curva, salir cuando cae la tarde no resulta tampoco ser algo que deje indiferente. La caída de la luz en ese foricachón cara norte resulta espectacular y dramática por partes iguales según el color de todo lo que nos rodea se va apagando aumentando la desolación de algunos parajes. En "Abierto hasta el amanecer", si no la han visto no sé qué hacen leyendo esta mierda de blog, corran a verla, hace veinte años ya que pierden el tiempo si jamás han contemplado a Salma Hayek bailando con la serpiente o al tío Harvey propagando la palabra del Señor como buen pastor de la iglesia evangélica. Si la han visto saben lo que ocurre en el bar La Teta Enroscada y conocen de los extraños acontecimientos que se desencadenan al caer el sol. La ubicación del bar podría ser tranquilamente junto al inicio de la carretera al lado del antiguo túnel de Monrepós, está ya todo pensado.

7): un rally de coches. A diferencia de las pruebas del WRC que se disputan a horas asequibles para el público con el fin de que se acerquen a pie de carretera a disfrutar de los astros de la conducción, este rally se disputaría a punta mañana en dirección oeste-este y con el sol de cara. A ver si Sebastien Loeb tenía bemoles de hacer scratch y pulirse los 25 km en menos de un cuarto de hora, a ver...
La participación, como no podía ser menos, estaría abierta a todas las gentes del lugar. Resultaría francamente épico a la par que gracioso ver como el campeón francés resultaba derrotado por un abuelo conduciendo un Suzuki Vitara, una Kangoo o un John Deere del año la picor con una buena carretada fiemo haciendo de lastre para que no derrapara en exceso en las curvas. 

8): la segunda parte de Los Odiosos Ocho. Aplíquese el mismo consejo comentado con Fargo y Salma Hayek si no se ha visto el último film de Tarantino. Corran a verla. Esperen, si no han visto jamás una película de Tarantino piensen que puede aparecer sangre. Mucha. En múltiples formas y de maneras bastante desagradables a la par que cómicas. Si no encuentran para nada cómico el ver como a algún incauto le pegan un pistoletazo en la cabeza no corran y sigan leyendo esta mierda de blog. Sin ánimo de hacer spolier la última película de Tarantino transcurre en un paraje desolado de ¿Wyoming? en el que por culpa de una tormenta de nieve una serie de hijos de mala madre se juntan en una posada apartada del resto del mundo de la que nadie puede escapar a su horripilante destino. La segunda parte o la versión española se podría rodar en una cabaña perdida allá donde Cristo dio la última voz. Si al final este invierno le da por hacer frío y se enrona todo eso de nieve puede dar horror.

9 y 10): ésta vale por dos. Ir sin másA charrar con el abuelo de Belsué o con alguna de las francesetas que seguro regentan alguno de los bares del pueblo. A descansar, a patear o a dar vueltas con la bici. A subir el Tozal con nieve o sin nieve. A ir sin más, a disfrutar.


miércoles, 30 de diciembre de 2015

Ibón de Plan

Por extraño que pueda parecer hasta el verano pasado todavía no había subido a tan famoso lugar conocido también como la Basa de la Mora. Ni por la vía fácil ni por la difícil, ni caminando ni en coche. Jamás. Así es que un día de los que mi amigo Lemus propuso ir un sábado por la mañana a caminar cara arriba para preparar la trail de Guara tanteé la idea de ir al Ibón y la cosa coló.

Fue una caminata interesante ya que aparte de conversar acerca de lo divino y de lo humano el señor Lemus que marcaba el ritmo me hizo sudar la gota gorda. Después del verano a la bartola que me casqué tenía alguna duda sobre si participar en la trail era una buena idea pero con Zapador marcando el ritmo (esta vez no sé qué perseguía si estábamos prácticamente solos en el camino) la subida se hizo a cuchillo y la bajada resultó ser aún peor.

La rodilla derecha que venía romanciando desde hacía unas días sólo hizo eso, romanciar, así es que después de la tunda siguiendo a semejante jabalí supe que la trail sería un paseo.

El Ibón me gustó aunque nada que ver con los lagos de Oredon de los que hablaré en otra entrada. Imagino que en Invierno la Basa la Mora debe de ganar muchos puntos y espero poder engañar a alguien en los próximos meses para comprobarlo. Así y todo es un sitio imprescindible y al que hay que subir. Nosotros subimos desde Plan pronto por la mañana y fuimos protegidos del sol durante mucho rato. Es una caminata en la que no se pasa mucho calor debido a la vegetación y a la orientación de la ruta.

Arriba como ya he comentado el ibón tampoco me llamó mucho la atención y nos dio bastante más faena el circo que lo rodea con esas áridas pedrizas que parecen llevar a la nada pero que por algún punto deben de conducir a Cotiella. Precisamente sobre eso debatimos durante el almuerzo, con los sólidos argumentos de aquellos que en realidad no tienen ni idea pero se aventuran a señalar esa o aquella vía como el camino más probable.



Apunte nº 1: si se hace esta excursión en verano, llevar bañador. Por la mañana hará frío, durante la subida no hará excesivo calor pero tal y como se vaya bajando Lorenzo saldrá a jugar. En Plan hay una bonita piscina a la que hacer aprecio y en todo caso está el río.

Apunte nº 2: si se tiene idea de comer en el pueblo cerciorarse antes de que no tengan en el restaurante algún evento de la BBC. Y no me refiero ni a la excelente cadena de radiotelevisión británica ni a la panda de consentidos que perpetra en la empresa dedicada a vender camisetas conocida hace muchos años como el Real Madrid de fútbol. Me refiero a bodas, bautizos y comuniones que pueden tener el restaurante hasta los topes y tener que desistir de comer en el pueblo.

Apunte nº 3: para todo lo demás siempre queda Escalona o Labuerda para zamparse una tostada de jamón con queso y setas y tener que dejar el entrecot de segundo a mitad porque la tripa está a punto de reventar. Ir de excursión por tierras del Sobrarbe y no terminar con una buena fartera es casi imposible.


martes, 10 de junio de 2014

Pax Avant 2014, una vuelta por el Infierno

Ante las peticiones vía whatsapp he aquí la crónica del pasado fin de semana. El fin de semana de la Pax Avant. 100 km a través de los puertos más puñeteros del Pirineo.


Viernes, 17 h. Salgo de trabajar y marcho escopeteado a casa donde me esperan Nacho y Héctor para salir cagando leches hacia Isaba. Cargamos las mochilas al coche y marchamos. Las previsiones meteorológicas no son buenas del todo para el sábado e incluso dan rachas de viento de 100 km/h en MeteoFrance. El jueves por la noche dejé de mirarlas, prefería vivir en la ignorancia puesto que ya llevaba buena dosis de nervios en el cuerpo.

Según nos acercamos a Murillo de Gállego el cielo se va tapando y marca tormenta, hay aireras e incluso parece que chispea. El viento arrecia en Puente la Reina donde paramos a echar un tentempié. A mí se me empieza a poner mal cuerpo. Tras llegar a Isaba y aparcar el coche donde buenamente podemos acudimos al frontón municipal a recoger los dorsales y nos juntamos con el resto de la expedición.

Comprobamos con pasmo e incredulidad como los de la marcha corta somos una minoría dentro de la gran cantidad de valientes que se apuntan a la larga. Sigo con el mal cuerpo, el viaje hacia Ansó donde dormimos, a través del revirado puerto de Matamachos no ayuda a que se me temple el cuerpo. Llevo un acojone importante pensando en la que se nos espera al día siguiente. De buena gana me volvía para casa.

Llegamos a Ansó, la verdad es que la vista desde lo alto del Matamachos es espectacular, y nos instalamos en la casa rural donde dormimos. Vemos a los señores Borruel y Lemus petit que se hospedan en otra casa junto a otro zagal de Barbastro, con los que coincidiremos en la marcha corta y que se ganarán un puesto de honor en el grupo de Tuercepedales. Pero no adelantemos acontecimientos ya que ahora estoy narrando la previa a la marcha. Sigo acojonado y así se lo expreso a Juanlu y Pablo.

A mí me toca dormir con mi hermano Jesús en una cama de matrimonio un poco pequeña. Nos va a tocar hacer la momia para dormir, ya saben, tumbarse boca arriba con las manos cruzadas sobre el pecho como si te las hubiera colocado el funero y quedarse mirando el techo esperando que venga el sueño. Esta postura también es llamada el Nosferatu. En cualquier caso una putada de proporciones antológicas.

Mi cuñada y las crías, David y familia por otra parte, y los navaleros por otra, corren mejor suerte con el reparto. De todas maneras la cena ofrecida por los dueños de la casa es bien buena y marchamos contentos y con la barriga llena al sobre. Entre pitos y flautas deben de ser las 11 de la noche y hay que levantarse antes de las 5:30 de la mañana. Tras dejar todo preparado nos metemos en el sarcófago a hacer la momia y yo soy el tonto que coge más tarde el sueño y se queda escuchando roncar al otro.

Para rematar la jugada, a la mezcla de nervios y ronquidos, cuando he enganchado bien el sueño el teléfono móvil vibra al recibir un mensaje de texto de uno de los cabrones de mis amigos que se han quedado en el Barranqué abrevando como tocinos. Pensando que es el despertador, cojo el aparato y leo, y cito textualmente, "Epifánica derrota.... 0-5".

Hombre, no me jodas. Encima cachondeo, se están burlando de la apertura de patas que voy a tener al día siguiente en la Pierre o qué. Luego, el lunes, me entero de que el mensaje venía motivado por la visión apocalíptica de ciertos acontecimientos acaecidos y que para nada tienen que ver con la temática de este engendro de blog. Para más información diríjanse al establecimiento sito en mitad del paseo del Coso y el camarero les contará gustoso el percal.

Así es que finalmente a las 5:15 h suena el despertador y con escasas dos horas dormidas (yo por lo menos, y el resto me parece que no iban mejor servidos es lo que hace dormir con nervios y fuera de casa) desayunamos y marchamos cara Isaba por el Matamachos. Escuchando los Gipsy Kings y a punto del vómito motivado por el creciente nerviosismo. Situación surrealista donde las haya.

Hasta que llega el cruce con la quesería de Isaba y me digo a mí mismo que vale ya de comerme la cabeza. Y pienso en todos los percales que me he metido últimamente entre marchas cicloturistas, medias maratones, pateadas y demás. Y me acuerdo que en casi todas he empezado con miedo y luego no es para tanto. Y aún no me han tenido que bajar en helicóptero de ningún sitio, así es que me voy tranquilizando.

Aparcamos, montamos las bicis y nos encaminamos a la salida Héctor, Jesús y yo. Nacho y David saldrán más tarde. 

La salida. 7:30 h. 270 incautos nos presentamos bajo el arco de salida de la marcha corta de 100 km. Allí nos juntamos con Borruel y Lemus petit. El alcalde de Isaba se dirige al público presente y nos desea suerte a la vez que nos recuerda lo peligrosas que resultan las bajadas de los puertos debido a la fuerte pendiente, las ventoleras y las mierdas de vaca que jalonan las endiabladas curvas. Nos dice también que tengamos cuidado con las propias vacas y con los perros de los pastores. Para sacarnos el miedo de encima le gritamos aquello de "Alcalde, todos somos contingentes pero tú eres necesario" para pasmo del público presente quien no saldrá de su asombro ante semejantes gritos hasta que se dé la salida y un gacho que habla en inglés vaya avanzando posiciones en el grupo con cuatro o cinco tercios de Estrella Galicia metidos en el bolsillo del maillot. Eso es un buen avituallamiento líquido y lo demás hostias.

Puerto de Laza. Un puerto con un asfalto impecable y que asciende serpenteando entre bosques. Los porcentajes no se atragantan en ningún momento y el grupo trasero de los 270 cicloturistas que hemos iniciado la marcha corta pedaleamos chino chano con la ambulancia a nuestro rebufo. Las conversaciones y risas se van apagando según se ganan metros y la gente va cogiendo su ritmo y posición dentro de la marcha. El grupo de barbastros forzamos un poquitín el ritmo y logramos dejar a la ambulancia con un grupo de franceses que suben todavía más lentos que nosotros. 

Coronamos sin mayor problema ni novedad en el km 12 y acometemos el descenso de escasos 4 km. Una bajada limpia, sin complicaciones, curvas similares a la cara norte de San Caprasio o así me lo parece, aunque con un asfalto mucho mejor y en un bosque más tupido. Nos plantamos en la base del Larrau.

Larrau. Comienza el disfrute de verdad. Sí, porque se puede disfrutar pedaleando cuesta arriba y mucho. Con un desarrollo adecuado y sin prisa y en un entorno como el del sábado hay que ir muy ciego para no disfrutar como un enano. Empiezan a caer las primeras barritas del día y los primeros apretones serios al bidón de agua. La subida es muy constante a porcentajes de en torno al 7% y se pedalea muy cómodo. Asfalto también bueno y nada más hay que levantarse del sillín en las típicas curvas peraltadas. Hacia el km 19, tercero de ascensión, comienzan a escasear los árboles y el viento empieza a pegar.

Nos juntamos con un zagal de Sabi que ha llegado tarde a la salida y encima va solo puesto que los de su pueblo se han apuntado a la marcha mediana o a la larga. Chino chano vamos charrando acerca de la marcha de la Puertos y demás historias. Llegamos al km 21, avituallamiento líquido de la estación de esquí de Abodi. Me apreto un par de vasos de bebida isotónica y aprovecho para preparar un botellín con las pastillas de electrolitos sabor tropical que de momento tan bien me han ido y que había olvidado preparar en la salida. Quedan otros cinco kilómetros a cima.

El puerto se abre definitivamente y nos encontramos ante el espectáculo del típico puerto de alta montaña del Tour de Francia. Laderas verdes sin un solo árbol y kilómetros de carretera serpenteando hasta la cumbre. Parece una estampa de la Tierra Media del Señor de los Anillos. En cualquier caso un paraje al que no estamos acostumbrados por estas tierras de oliveras, carrascas y barzales. 

Los participantes de la marcha mediana llevan un rato pasando por nuestra izquierda como flechas. Todos sin excepción son animados y empujados con nuestros gritos hacia arriba. El esfuerzo de estos valientes es encomiable, superar 143 km con un desnivel de unos 3700 m positivos a esas velocidades, una barbaridad para los pobres mortales que subimos a 10 km/h.

Alguno eso sí, es increpado de buenas maneras. No es de recibo que en una marcha no competitiva (y en las competitivas se lo deberían hacer mirar también) un participante que ni tan siquiera va de los primeros (y aunque lo fuera) se tome un gel o una barrita y arroje el envoltorio a la cuneta, la margen o el barranco. Es una marranada y a mí me parece intolerable. Por eso a un zagal que iba vestido de arriba a abajo con la equipación de una escuadra profesional que contrata vencedores de Vueltas de 42 años, se le gritó a modo de recordatorio: "Zagal, que tienes bolsillos en el maillot".

La carretera se enfila hacia la zona más bonita del puerto, una serie de curvas desde las que se ve estirado el carrusel de cicloturistas oliendo la cima del puerto. A falta de un kilómetro de allí un señor que llevo delante se desequilibra y se cae solo. Por suerte vamos muy despacio y no se hace mal ni los que vamos detrás chocamos contra el asfalto. Luego me contarán que el pobre hombre besó el asfalto bajando Larrau, pero aquello ya fue otra historia...


Debido al conato de caída pierdo contacto con los barbastros y el zagal de Sabi, al que veré brevemente en el descenso para perderlo definitivamente. A los barbastros me los encuentro en el tunel previo a cima. Aprovecho para parar, sacar unas fotos y comerme una barrita, quedamos en que cada uno baje a su ritmo y vernos en el avituallamiento de Santa Engracia del km 53. Estamos en el km 25. Sí, no estamos locos, quedan unos 25 km de descenso que se dice pronto. Estamos a 1600 m de altitud, hay que bajar hasta los escasos 250 m, comienza un auténtico descenso a los infiernos.

El Infierno. Si existe Infierno, cosa que dudo, debe de ser algo parecido a esos 25 kilómetros en los que supongo que perdí algún año de vida o gané alguna cana. Nada más coronar, una excepcional vista de la vertiente francesa que durante escasos milisegundos te hace pensar que estás en un lugar agradable hasta que una ráfaga de viento a una velocidad absurda te da un severo bofetón en los morros. La carretera se pone cara abajo con una pendiente similar al último rampote de la subida al Pueyo, la bici se embala, aprietas frenos y ¡oh sorpresa! el viento hace que la bici se quede prácticamente estática. Hay que soltar las manetas de freno para que vuelva a coger velocidad y que el viento no te tire al suelo, pero con cuidado de no comerse la siguiente curva.


El asfalto es malo, hay cagadas de vaca y lo peor de todo, los de la marcha larga ya nos han alcanzado y bajan como posesos. Valientes que se enfrentan a 200 km de recorrido con 5100 m de desnivel positivo. Héroes. Intento bajar por mi derecha lo más despacio y pegado posible pero entre el viento, las mierdas, y el estado de la carretera no siempre es posible. La gente baja como loca por la izquierda, alguno que no merece la pena ni calificarlo porque entraríamos en palabras gruesas, lo hace por mi derecha. En una marcha no competitiva y con fuerte viento, pego un bandazo en ese momento hacia mi derecha y entonces qué. ¿Nos matamos los dos? Me podrán decir que si no sé bajar que no me apunte a estos eventos, yo les respondo que si se quieren flipar se apunten a una carrera de verdad.

Hacia el km 30 hay un descanso en el descenso pero no es más que una ilusión puesto que no se hace más que ir a buscar otra vertiente para seguir bajando de manera vertiginosa. Y otra vez al comenzar ese abrupto descenso el hostiazo en la cara del viento que de nuevo casi me para la bici. Seguimos bajando y seguimos gastando etapas de este descenso a los Infiernos. Comienza el rosario de cicloturistas parados en la cuneta. Se oyen reventones de rueda, y se huele a zapata de freno quemada. Cada doscientos metros hay gente parada cambiando cámaras, con suerte, o con algún susto en el cuerpo porque han hecho algún recto y se han salido. David me pasa con los de la marcha mediana, nos saludamos y cada uno sigue bajando a su ritmo.

Llevo las manos agarrotadas y me temo que las zapatas de freno gastadas o cristalizadas. La carretera ya no está bordeada por laderas y barrancos sino por fincas y campos delimitadas con alambre de espino, la carretera es estrecha, algún gilipollas sigue adelantando por la derecha. Llegamos a Larrau pueblo donde no sé porqué pienso que termina el descenso. Los cojones. No sólo no termina allí sino que encima hay un cruce indicado de manera incompleta y pienso que me he perdido, doy media vuelta a preguntar y nadie sabe indicarme a ciencia cierta. Veo que alguno de la marcha corta sigue por allí y decido seguirle a ver donde salgo. Continúa la bajada aunque de manera cada vez más suave.

Llegamos al km 40 y la carretera discurre al lado de un río. Estamos como a unos 400 m de altura. Hemos bajado 1200 m en un descenso de locos no apto para cardiacos. La carretera sigue bajando pero de una forma muy suave. Al fin llego a un cruce en el que a mano derecha se va hacia el Soudet y las gorgas de Kakueta. Es el km 47. Los barbastros me están esperando allí, ha concluido el descenso del Larrau. La madre que lo parió.

La parte amable de Soudet. Empezamos a "subir" el Soudet. Primeros kilómetros con porcentajes de entre el 1 el 2%, un falso llano en definitiva. Pasamos por el paraje de las gorgas de Kakueta y el paisaje vuelve a prometer la ascensión de un puerto majísimo. Y al fin, en el km 53, avituallamiento sólido en Santa Engracia. 

Esperaba más de este avituallamiento. Cuando el 90% del pelotón lleva en el maillot barritas y plátano uno se espera que en el avituallamiento le den algo diferente, no que le den otra vez lo mismo. Así es que me obligo a comer un par de barritas en plan pollo de engorde y bebo más a gusto eso sí la dosis de bebida isotónica. De la sandia paso porque con eso en el cuerpo no se sube un puerto.

Aparecen más barbastros como Adrián o mi primo segundo Gregorio que van para la marcha larga, unos piteras. A última hora cuando partimos llega Nacho quien con su ritmo diesel va quemando kilómetros. Sin prisa pero sin pausa.

Por otra parte se empieza a intuir lo que la subida de verdad va a deparar. Una auténtica asunción de personajes de todo tipo de la que existe una pequeña representación en el mencionado avituallamiento. A modo de resumen, dos de los que más llamaron la atención y por motivos diametralmente opuestos; un gacho con melenas que casi derivaban en rastas, grande como un sanbalandrán, en camiseta jevi... se lo debió pasar de vicio bajando Larrau con esa equipación...

Por otra parte una zagaleta rubia vestida de arriba a abajo con la indumentaria de ese equipo de inglesitos que parecen haber descubierto el ciclismo, y que lucía una figura espectacular. Vamos, que el avituallamiento fue flojo en lo gastronómico pero enriquecedor en otros sentidos. Una vez alimentados partimos hacia la parte cabrona de Soudet, lo que vienen a ser 14 de sus 20 km de ascensión.

La parte cabrona de Soudet. Nada más salir nos alcanza un gacho ataviado con maillot y culote blanco con las franjas de campeón del mundo. De aquí en adelante será denominado como "el campeón del mundo". El campeón del mundo, como decía, nos da alcance y comienza una conversación antológica

El campeón del mundo: - Buah, mi minuto de gloria. ¡Va a ser la primera vez que adelanto a alguien en una marcha!

Nosotros: - Hombre, no jodas. Que siendo el campeón del mundo lo debes de hacer más a menudo.

El campeón del mundo: - Uy, no te creas.

Nosotros: - Pero si eres el campeón del mundo, no seas modesto.

El campeón del mundo: - Sí, ya, ¡pero yo esto lo gané hace ya muchos años!


El campeón del mundo intenta terminar de ejecutar la maniobra de adelantamiento pero se da cuenta de que su minuto de gloria ha pasado y que no puede. Y comienza a decir que no, que se ha venido arriba y que no, que de pasarnos va a ser que nones. Que no puede. La gente comienza a descojonarse. Y él también. Por gente como esta merece la pena apuntarse a una marcha cicloturista.

El campeón del mundo de hecho no sólo no nos rebasa sino que empieza a irse hacia atrás, y nos quedamos rezagados a unos diez metros del resto charrando. Y sigue con sus sabias lecciones. Me comenta que un amigo suyo muy cabrón lo ha engañado para hacer la larga, que ha salido en plan desatado y que pensaba rebajar tiempo respecto al año pasado (este aspecto no me queda muy claro puesto que el año pasado la marcha larga tenía un recorrido diferente, ¿qué tiempo quería rebajar? ni puta idea) pero que llegado el primer avituallamiento se ha dado cuenta de que para ello no podía parar a comer y beber y ha decidido mandarlo todo a la mierda. Y que paraba a comer como está mandado.

Hombre, le comento, es que apuntarse a un evento de este tipo y no aprovechar los avituallamientos no le veo el sentido. Y comienza a explicarme su etapa de dietas preparatorias para marchas cicloturistas. De como el año pasado preparando la Quebrantahuesos perdió cuatro kilos en un par de meses comiendo ensaladetas y yogures desnatados y que en un último esfuerzo en las dos últimas semanas aún apuró otro kilo de más.

Le salió una carrera de mierda. Y se conjuró al igual que Scarlett O'Hara para no volver a pasar hambre nunca más. Todo ello vociferado al grito de "hombre, este año me he puesto de comer como un cerdo y no he hecho dieta ni mierdas de esas". Me picho de la risa, y sigo haciendo leña del árbol caído. Le pregunto que si leyó los correos de Orbea con recomendaciones acerca de alimentación y dietética para los meses previos a la Pax Avant. Lo de comer pasta aliñada con una goteta de aceite, la ensalada, el pescado y el yogur desnatado. Sigue bramando y renegando de ello, y finalmente coincidimos en que uno sale en bici para hacer hambre y comer más. Qué tío más cojonudo. Lleva el maillot de campeón del mundo por pleno derecho.

Empezamos a trepar por una rampa del 13%. Al principio hace gracia, además de que uno se imagina a Nairo Quintana aprovechando esa cuesta para reventar el grupo de favoritos del Tour y es feliz. Los barbastros se van adelantando poco a poco y el campeón del mundo se me va quedando. Me dice que me vaya para delante y le contesto que qué se ha pensado. Que no lo dejo tirado y que además tampoco sé ir más deprisa. Pero poco a poco se va quedando. Seguimos charrando a distancia. Me pregunta qué piñón llevo, le digo que creo que uno de 25 (dientes). Me responde que si llevo un 25 soy un puto crack por subir esa rampa más deprisa que él, y que a ojo a él le parece que llevo un 27. Un asturiano al que paso confirma esto último y comenta que él lleva uno de 30 con cambio de bici de montaña. 

Sin querer me voy despegando de esta pareja, no puedo ir más despacio, si pedaleo más despacio me caigo y avanzo a la absurda velocidad de 6-7 km/h. No volveré a ver al campeón del mundo en lo que resta de carrera y probablemente no lo veamos en ninguna otra marcha pero qué recital dio en poco rato. Un artista.

Continuo subiendo ese kilómetro al 11%, haciendo eses y chepeando de mala manera. Más arriba se ve a Jesús y Héctor avanzando como buenamente pueden pero avanzando. Lo de Lemus petit y Borruel ya se parece más a lo mío. No cogemos más ancho de carretera para hacer eses porque de vez en cuando pasan coches por el carril izquierdo y si te has de apartar necesitas tomarte tu tiempo para ejecutar la operación. Adelanto a Borruel que con su piñón del 25 va sufriendo lo indecible y me voy detrás de Pablo. La rampa sigue y sigue, no termina nunca y cuando al ir avanzando veo que aún resta un buen trecho al mismo porcentaje la cabeza me dice que pare ya que la llevo a punto de estallar.

Justo al mismo tiempo Pablo también echa pie a tierra y seguimos caminando. Doscientos metros más y llegamos a una pequeña bajada justo donde el cartel kilométrico indica que el siguiente kilómetro es al 8% con bajada incluida. Nos vamos mentalizando para la siguiente rampa que debe de ser criminal para compensar a la bajada. En efecto el porcentaje se va al 14%. Y la cabeza vuelve a hacer catacrocker y nos volvemos a bajar de la bici hasta superar ese repecho y llegar al Plateau de Iratzordoki, una zona de falso llano a 900 m de altitud y a 7 km de coronar el Soudet. Todo un alivio el poder rodar durante un kilómetro sin llevar la lengua fuera.

La pendiente no obstante continua al 7% al poco y tras un kilómetro "suave" sigue con dos kilómetros al 10% que constituyen un auténtico trallazo dificilmente digerible. A diferencia de Larrau donde se ve lo que queda por recorrer en muchos tramos, aquí se suceden las rampas de trescientos metros, las arboledas, los recodos, y las sorpresas de trescientos metros más con la misma pendiente. Por eso mata, porque uno va esperando un descanso y no llega donde se piensa. Con Pablo vemos una sombra bastante buena donde va parando la gente a tumbarse y decidimos parar allí hasta que llegue Juanlu quien continua su ascensión plena de casta sin poner pie a tierra y tirando de riñones.

Le hacemos parar un par de minutos en la sombra ya que va haciendo unas eses que dan miedo. Quedan unos 5 km hasta la cima del Soudet. A la sombra hay un señor intentando bajar pulsaciones puesto que se ha puesto a casi 190. Por suerte luego lo veré en meta sano y salvo. Es entonces cuando preguntando a la gente llegamos a la conclusión de que tras coronar el Soudet aún deben de quedar unos cuantos más hasta la Pierre. El sol cae a plomo y las fuerzas empiezan a estar justas. Pero el cuerpo da siempre mucho más de lo que nos parece, ahora lo comprobaremos.

Reemprendemos la marcha con la tortura que supone el mero hecho de poner las calas en una rampa del 10%. Nos acercamos al cruce del Col de Suscousse donde los de la marcha corta nos quedamos solos y allá en lo alto se ve otra pared que precede a un descansillo bien sombreado. Por mis cojones que ese rampuz lo subo sentado en la bici y así lo hago. Al final es todo un tema mental. Rampa salvaje que se prolonga indefinidamente conlleva bajada de bici. Rampa salvaje que precede a descanso conlleva chepeo y eses por la carretera, pero pedaleo en lugar de caminata.

Llegamos al cruce. 1200 m de altura. Quedan 4 km a Soudet y el avituallamiento. Un falso llano e incluso algo de descenso a la sombra, lo aprovechamos lo mejor que podemos puesto que comenzamos a conocer a ciencia cierta lo que está por llegar. Y en efecto, kilómetro infernal al 11% en el que no se atisba que afloje la cosa. Nos bajamos de la bici con Pablo y seguimos caminando. Creo que casi todo ese kilómetro lo hacemos a pata, bien nos puede costar un cuarto de hora. Al final del mismo nos coge Juanlu quien continúa sin reblar montado en su bici. 

El puerto se abre al fin y comienza a pegar el fuerte viento. La pendiente va suavizando eso sí a unos porcentajes duros pero más asumibles. Comenzamos a ver la cumbre y el avituallamiento, parece que ya lo tenemos hecho, sin embargo a falta de menos de un kilómetro el aire pega tan fuerte que tengo que desmontar por última vez. Así y todo consigo sacar algo de orgullo y llegar pedaleando al avituallamiento de la cima de Soudet a 1500 m de altura. Un avituallamiento, este sí, digno de ser llamado con tal nombre.

Para empezar está a cubierto y a la ingente cantidad de bebidas isotónicas, bebidas de cola y agua, añaden tarta de manzana. Quieras que no, se agradece mucho comer algo que no sea barritas. Coincidimos con unos gachos de Tudela que están de cachondeo y que te levantan la moral con las paridas que cuentan. Sólo se ponen serios para recriminar a los voluntarios y voluntarias el mal comportamiento de muchos descerebrados bajando Larrau y tirando mierda a las cunetas. Vaya, parece que no somos los únicos que opinamos lo mismo y los voluntarios nos dan la razón.

Quedan 4 km hasta la cima de la Pierre de Saint Martin. Pero bien comidos y bebidos y con la compañía nuevamente de Héctor y Jesús que han estado esperando tras subir el Soudet sin parón alguno, se ve todo mucho más sencillo. 


Las vistas son espectaculares, aún queda nieve en esa zona del puerto, y pasamos por delante de una estación de esquí. Rebasamos a un zagal de Cuarte quien nos transmite el hartazgo que le ha supuesto tanta y tanta barrita en los avituallamientos. Quizá sea la zona del puerto con más gente animando al paso de la marcha, se agradece mucho.


Los breves descansos se suceden con rampas más terrenales y al fin, tras unas tres horas subiendo (perdí toda noción del tiempo transcurrido pero sacando cuentas creo que así fue) llegamos a los 1800 m de la Pierre de Saint Martin. 


Foto de grupo en el cartel del puerto que se nos cae encima debido al viento y descenso. ¿Hacia meta? No, hacia meta todavía no.

La Venta de Juan Pito. Como a mitad de descenso del puerto que por el lado navarro es conocido como el Belagua, existe la típica fonda a pie de carretera a la que los franceses van a tripear y ponerse como ciquilines tras dar el paseo dominguero en coche. Este lugar es La Venta de Juan Pito. Desde la salida se ha quedado en acudir a este magnífico lugar a degustar un bocadillo de chistorra. Y allí que vamos.


Al vernos entrar, el sonriente señor que está en la barra nos pregunta que de dónde venimos. Pues de la Pax Avant, le contestamos. El hombre pone cara de poker y pregunta con una mezcla de respeto y miedo que si hemos llegado a la meta de Isaba, como unos 15 km más abajo, y hemos vuelto a subir para echar el bocadillo. Le contestamos que evidentemente, no. Que estamos todavía en carrera con el cronómetro en marcha.

El hombre suelta una carcajada y comienza a salir gente de la cocina, esa cocina que desprende un maravilloso olor a chistorra, para cerciorarse de que lo que están escuchando es cierto. Sale un cocinero (sonriente también, no es de extrañar cuando se trabaja en un lugar semejante en el que se hace feliz a tanta gente a base de fartarlos a base de bien) y una señora. La señora nos apremia a que sigamos hasta meta, que el tiempo corre, a lo que es contestada con aquello de: "Señora, al que va primero ya no lo cogemos, nosotros ya no ganamos la carrera, así es que saquen los bocadillos de chistorra". Risas y escandalera general, somos el centro de atención del lugar.


Sacan los bocadillos de chistorra. Deliciosos. Y en estas entran los de Tudela que estaban armando juerga en el avituallamiento del Soudet, ya estamos todos. Se plantan delante de la barra y le dicen al sonriente camarero:

- Oye, ¿nos pones unos zuritos, pero de los de Bilbao?.


Y el camarero agarrando una jarra de cerveza y levantándola para que la vean pregunta que si se refieren a eso.

- Correcto - dicen los de Tudela. 


Más risas. Nos acabamos los bocadillos y dejamos a esos simpares personajes en la Venta de Juan Pito. Tras las indicaciones de un abuelo que está en la puerta y se nos mira con la típica cara de estar pensando "pero qué bien se lo han montado esta banda de cabronazos" cogemos un atajillo para llegar de nuevo a la carretera y continuamos el descenso por la carretera del Belagua en perfectísimo estado.

Unos ocho kilómetros más de descenso menos pronunciado y al fin, tras 7 horas de marcha llegamos a la meta de Isaba. A 14 km/h de media, un escándalo. Tiempo dando a los pedales, 6 horas 15', a una media de 16 km/h. Sigue siendo un escándalo.

Allí el grupo se rompe puesto que unos tienen que regresar ya para casa y otros nos quedamos a pasar la noche en Ansó. Comemos un arroz y una hamburguesa gentileza de la organización y que no pasarán a los anales de la buena gastronomía y esperamos a que lleguen David que ha hecho la marcha de 143 km y Nacho, que tras ver que la de 200 km era una salvajada y que no iba a poder completarla dignamente se pasa a la intermedia. Son las 18 h y partimos hacia Ansó.

El descanso. Ducha reparadora y vuelta por el pueblo a echar una caña antes de cenar. Sopa, pimientos del piquillo rellenos de bacalao, hamburguesa y flan. Cenamos como generales y nos vamos a dar otra vuelteta. Unos con la intención de cansar a los críos y otros con la intención de echar unos pacharanes. Al final, debido al cansancio y la falta de gente por los bares terminamos en la casa rural antes de las 12 y tan sólo veinte minutos más tarde que David, Carmen y los peques. A dormir se ha dicho.

El domingo, tras dormir de un tirón, nos levantamos para desayunar como bestias y una vez recogidas las cosas y despedirnos de los dueños de la casa rural que tan bien nos trataron enfilamos de nuevo hacia la Pierre de Saint Martin, esta vez en coche y vía Zuriza. Descubrimos una muy buena ruta para hacer algún día en bici, que unida al Matamachos que une Ansó con Isaba da para estar un buen rato pedaleando. 






Unas fotos arriba en el puerto, unas voladas de cometa con los críos y vuelta a la Venta de Juan Pito a comer unas migas con chistorra, filete de ternera con patatas, cuajada a la piedra y café escocés o irlandés (según llevara vainilla o nata). Todo ello regado con sidra y a un precio muy bueno.

El camarero sonriente nos dijo que el sábado tan sólo paramos nosotros y los de Tudela. Le deseamos que ojalá para el año que viene seamos más los locos que paramos a comer un bocadillo de chistorra.








De bajada "jodemos la siesta" a un pastor según sus propias palabras mezcla de auténtico cabreo y esa retranca que gastan por esos lares, y le compramos unos quesos de Roncal, última faena del viaje antes de emprender el regreso a casa. Regreso largo y tedioso que nos devuelve a estos secarrales tan diferentes a los paisajes que hemos disfrutado durante el fin de semana.

En resumidas cuentas, una experiencia muy recomendable con la mejor de las compañías. Sufrimos, en determinados momentos sí, aunque con una buena dosis de kilómetros en las piernas y un buen piñón del 29 en la recámara esta marcha se puede hacer y disfrutarla de principio a fin. A lo mejor al año que viene no me veo con ganas de volver a repetir, y sobre todo será por la mala experiencia del descenso de Larrau, pero más tarde o más temprano volveré. Existen aspectos muy mejorables que me gustaría desarrollar en alguna entrada aparte, comparando las dos marchas que he realizado este año con sus pros y sus contras, pero como en casi todas estas historias merece la pena acudir aunque sólo sea por la gente que uno se encuentra en el camino.

Imagino que algunos de los que mencione no leerán estas líneas pero ahí queda. Gracias al zagal de Sabi del cual no sé ni tan siquiera su nombre y al que espero ver en alguna Puertos o alguna Quebrantahuesos, me hizo muy amena la subida al Larrau. Gracias al campeón del mundo, un auténtico ejemplo de lo que para mí debería ser modelo de conducta en esto de las marchas cicloturistas, a las zagalas que pedalean en las marchas y nos alegran el ánimo, al mozo de Cuarte con el que subí la última tramada de la Pierre, a la Venta de Juan Pito por ser un establecimiento tan cojonudo, a los de Tudela por ser la salsa que todo evento necesita, a los voluntarios y voluntarias por estar ahí velando por nosotros en los puertos, al alcalde de Isaba por sus sabios consejos y a casa Baretón de Ansó por el buen trato dispensado.

Y por supuesto gracias a David, Carmen, David pequeño, Marcos, Bruno, Juan Luis, Pablo, Héctor, Nacho, Jesús, Sonia, Alejandra y Julia por el increíble fin de semana que pasamos. Una marcha cicloturista así es una pasada, ojalá repitamos. Al año que viene más y mejor.


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