domingo, 1 de junio de 2014

Puertos de la Ribagorza 2014


Contento. Así es como terminé esta edición de la Puertos, la segunda para mí. Nada que ver a lo del año pasado en el que pese a que acabé lo hice bastante tocado.

La jornada comenzó a las 5:50 h del sábado. Extrañamente dormí casi de un tirón pese a los nervios de los días de antes. Creo que la vuelta por la feria del corredor al ir a recoger el dorsal el viernes, el picoteo de chorizo, secallona, madalenas y vino que nos arreamos a cargo de las amables abuelas que estaban de voluntarias, así como el hecho de tener todo el material para el sábado listo antes de la hora de la cena, hizo que me relajará de cara al evento.

Tras una ducha y un desayuno a base de arroz blanco y galletas, parto hacia Graus con David a las 7 en punto. Mi hermano Jesús no puede subir este año a causa de un compromiso que le surgió hace unas semanas, se le echa en falta. A las 7:30 h aparcamos los coches y comenzamos el ritual de montar las bicis, hinchar las ruedas, vestirse de ciclista, cargar los bolsillos con comida, colocar los dorsales en bici y maillot... 

Hacia las 8:00 h nos encaminamos al Marítimo a echar la meada del miedo y un café. El comando navalero formado por Nacho y Héctor llama al teléfono en ese momento y allí nos encontramos para acudir a la salida a eso de las 8:15 h.

Tras esperar el cuarto de hora de rigor y tras habernos colocado en una posición bastante más retrasada que el año pasado vamos saliendo cuando pegan el cañonazo de salida. No sé si este año fue de una manera más tranquila o eso me pareció pero los tres minutos de ir avanzando a la pata coja empujando la bici en modo patinete no se me hicieron tan insufribles.

Ya en la rotonda del Lleida y la Caja Rural me llevo un buen susto. Suena una válvula que pierde aire a escape. Unos cuantos nos miramos nuestras propias ruedas puesto que suena muy cerca y es que ha sido uno de los que llevamos justo delante. Salimos de Graus y enfilamos hacia Capella.

Pese a que salgo con la pareja de navaleros me despisto un momento por un gacho de Zaragoza bastante grande y que va cambiando la trazada cada dos por tres y cuando lo consigo adelantar he perdido la rueda de Nacho y Héctor. David, que va a por la marcha larga lo hemos perdido ya en la salida. Pues nada, como el año pasado.

Nos plantamos en la base del puerto de Laguarres con el grupo bastante disgregado, el año pasado al salir más adelante por detrás venían pelotones bastante grandes. Este año en cambio no es así. De modo que comienzo la ascensión sin tener que pegarme por un trozo de carretera y tengo mucho espacio para rodar tranquilo.

Las piernas, eso sí, duras y torpes. A medida que aumenta el porcentaje de las rampas se van entonando y así es como la subida la termino mucho mejor a como la empiezo. Pese a que me encuentro a unos barbastros a mitad de puerto tiro adelante puesto que estoy seguro de que bajando me alcanzarán y prefiero hacer el tramo Benabarre-Graus acompañado.


Corono en torno a las 9:45 h tras una hora y cuarto de marcha. Ahora viene lo jodido, me digo, pues toca el largo descenso hacia Benabarre y después a Graus. La bajada a Benabarre al ser carretera estrecha y con curvas se me hace pesado y acabo con las manos agarrotadas de tanto apretar los frenos. Prefiero no complicarme la vida y no seguir la trazada de nadie, voy por la derecha y en cuanto la bici se embala aprieto frenos. Me pasan los barbastros, que se le va a hacer, prefiero no apretar ya que aún no voy suelto en las bajadas.

Sin embargo en Benabarre cambia la historia. La carretera mejora sensiblemente y allí no me da miedo lanzar la bici. Como no consigo coger pelotón me dedico a comer y a beber con tan buena suerte de que cuando termino me rebasa un grupo de unas diez unidades. Me acoplo ahí y enseguida noto como la bici avanza sin tanto esfuerzo debido a cierto efecto succionador.

Es curioso porque al pedalear solo el aire frío te pega en la cara. Resguardado en el pelotón aparte de que el aire ya no te pega se puede incluso apreciar una cierta atmósfera cálida que lo envuelve todo. Lo que en situaciones como un bus urbano o un recinto mal ventilado llamamos "oler a humanidad", aunque de una manera mucho más tenue y que se agradece porque eso significa avanzar más deprisa y con menos esfuerzo.

En el tramo hasta Graus me lo paso en grande intentando no perder el rebufo del pelotón que me está llevando y que en los repechos y las bajadas se extiende y contrae como un acordeón. Vamos cogiendo otros grupos, algunos por inercia y otros a base de arreones. Divertidisimo.

Al llegar al avituallamiento de Graus me encuentro con Nacho y Héctor quienes deciden esperarme mientras como, bebo y estiro las patetas. Son como las 10:30 h. Llevamos dos horas de marcha y unos 50 km. Nacho ha de parar cuenta respecto al tiempo de corte de la marcha larga ya que cierran el paso 1h 45' después de que el primero lo haga por el cruce de Villacarli. De ahí que apure un poco en el avituallamiento y no esté más rato. Cargo los bolsillos con comida y enfilamos hacia Campo los tres chino chano.

Antes de las Ventas de Santa Lucía ya nos ha cogido un grupo de unos diez integrantes de un club de Hernani. Pese a que nos ponemos descaradamente a su rueda no nos dicen nada y nos permiten ir ahí resguardados. De hecho no somos los únicos y se va formando un auténtico rebaño. La suave subida hacia Santa Liestra va transcurriendo entre risas y conversaciones varias.

Nos pasa un auténtico monumento de mujer que mucho me temo que debía de ir con el novio o con el marido y lejos de unirse al grupo siguen su marcha hacia adelante a pesar de las súplicas de unos cuantos integrantes del pelotón conformado por entero por mardanos. Ese hecho sumado a que en un repecho los de Hernani se quedan partidos dejando a los integrantes más mayores atrás, provoca que Héctor se ponga nervioso y salte del grupo.

A mí me parece una globerada lo que estamos haciendo, ya que Nacho y yo nos vamos detrás de Héctor, pero como lo único que va a pasar es que nos vamos a ir comiendo el viento pues lo dejamos estar. La cabalgada hacia delante no tiene un objetivo claro ya que en el horizonte no se ve ningún grupo. Ciclistas sueltos y el monumento de mujer que está ya unos trescientos metros más adelante y que avanza a una velocidad superior.

Héctor sigue a lo suyo, y definitivamente se va. Le propongo a Nacho que se vaya si quiere detrás de él que yo me quedo con los de Hernani pero tampoco está por la labor. Poco a poco vamos alcanzando a gente, incluso a un señor que va con una bici con motor. Ole por él y por sus sesenta y pico años. Ah, y los de Hernani se han reagrupado y nos han pasado, y esta vez no hemos estado atentos para reengancharnos y se nos han escapado. Y llegamos a Campo sin rastro de Héctor. 11:45 h. 

Este año no están los niños en la plaza montando escandalera, eso y el cielo que marca tormenta ahí arriba en el Turbón nos enfría los ánimos para afrontar la subida de Las Vilas. Le digo a Nacho que marche porque en la subida no le voy a poder seguir el ritmo. Se niega, prefiere seguir acompañado.

Aunque el firme ya está asfaltado los tres primeros kilómetros se me vuelven a hacer duros, duros. Lo achaco a la forma del puerto, con carretera ancha, sin curvas, en definitiva feo y con poco encanto. Aún así vamos charrando, caen las primeras gotas y la parte final de esas rampas del 8% la hacemos entre risas debido a mis chemecos y juramentos, en todo caso menores a los del año pasado.

Arrecia la lluvia y paro a ponerme el cortavientos para que me proteja algo del agua, ahora sí Nacho sigue adelante. Sin embargo nos volvemos a encontrar en el avituallamiento de la cima donde lo primero que veo al llegar es a Nachete en la cuneta con la chorra fuera pichando. En fin, cosas de las marchas cicloturistas....


Ni rastro de Héctor. O hemos subido muy despacio o él muy deprisa o a saber, en cualquier caso comemos y bebemos otra vez muy bien. Aquarius, platanito, aquarius. Mención especial para las galletas con pepitas de chocolate, novedad en esta edición. Un gran acierto, deliciosas. Las señoras del avituallamiento nos afirman que los de la marcha larga se van a mojar, los señores ni afirman ni desmienten pero con la mirada de montañés que gastan lo dicen todo. Se mojan seguro. Cargo otro bocadillo al zurrón e iniciamos el descenso.

Le digo a Nacho que me deje, que al descender tan mal le voy a frenar y tiene que pasar el corte de la marcha larga, así es que nos despedimos. Por suerte, cinco kilómetros más adelante el paso permanece abierto así es que contento porque Nachete va a poder hacer la larga (aunque se va a mojar) enfilo hacia La Puebla de Roda. Son sobre las 12:30 h y me quedan unos 35 km.

Para mí de momento ha dejado de llover y ya no tengo ninguna prisa, así es que me relajo y voy buscando algún grupo para hacer la bajada. Pero no hay manera. Coincido un rato con un chico de Ávila, pero en las bajadas lo pierdo. En una de estas bajadas tengo una sensación extraña en el estómago. Como esos apretones sordos que anteceden a una descomposición de tripas memorable. Así es que decido bajar el ritmo, comerme un bocadillo y beber.

Afortunadamente me repongo, pero sigue sin venir ningún grupo. Pongo plato y aprovecho las bajadas para lanzar la bici. No llueve, pero marca ruina y cuanto antes llegue a meta mejor. Alcanzo al chico de Ávila que ha formado un minigrupo con unos de Sabi pero al poco se disgrega y además me quedo cortado aunque al poco soy alcanzado por un heterogéneo pelotón formado por gente en bici de montaña que tiran como animales y un señor de Zafra que va todo conjuntado con bici y maillot de amarillo y que a pesar de ello tiene la estampa de un ciclista antiguo.

Me pego como una garrapata ya que lo que resta es la parte más pestosa y con el firme de la carretera en peor estado que no es otro que el tramo entre Laguarres y Graus. Al paso por Capella una chica voluntaria nos grita que ya lo tenemos hecho y que lo queda ya es bajada. Los cojones. Permanentes subidetas y con el firme deshecho. Llegamos al polígono industrial, el firme mejora pero comienza a llover. Fuerte, además.

Enfilamos el último kilómetro y me dejo ir. La carretera se está poniendo muy fea y ya no me va de un minuto. Y además ya estoy mojado. Justo cuando entro en Graus oigo un grito por detrás. No distingo si es "Ojo", "Cuidado", o "Aparta". Pero es desgarrador, como si se estuvieran jugando la etapa del Tour de Francia. A continuación me rebasa por izquierda y derecha un pelotón de unas cuarenta unidades. Luego comprendo que el grito me lo debían dar para que no me cruzara y los tirara al suelo, en todo caso pienso que a buenas horas me alcanza la grupeta.

Llego a meta justo a las 14 h, tras 5 horas dándole a las pedales (y estar media hora más zampando). La tormenta arrecia y empieza a caer de lo lindo así es que me refugio en unos porches. A pesar de estar calado de arriba a abajo me encuentro muy bien, para nada cansado y muy tranquilo. Por mí ya puede caer la mundial. Me como otro bocadillo y bebo y cuando afloja la tormenta aprovecho para ir al coche a cambiarme y guardar la bici.

Por desgracia, Héctor que ya ha llegado tras su travesía en modo sputnik a través de la Ribagorza, decide marchar a casa a comer. Sin embargo, David está en la meta ya que ha tenido que desistir de hacer la marcha larga debido a unos calambres, así es que decidimos acudir a la carpa del campo fútbol a hacer aprecio a las abuelas que preparan la pasta con salsa al pesto.


¡Qué buena me sabe! junto a una cerveceta, un manjar insuperable. Una buena charrada y cambio de impresiones con la gente que ya había llegado o iba llegando. Reponer líquidos a base de aquarius, y buena fartera a base lacitos de hojaldre, galletas y pastas varias. Todo ello dispensado siempre con la mayor de las sonrisas por parte de todas las voluntarias. Chapeau un año más esta magnífica marcha cicloturista. Un rato más de charradeta con la familia de David y a las 17 h decidí marchar cara el pueblo donde me entero de que Mr Diesel Nachete ha concluido la marcha larga sin ningún problema salvo que les ha llovido y granizado para vivos y muertos. Bien por él.

Lejos de ir a echarme una siesta como pensaba, tras dejar la bici y todos los cataticos en el garaje y vaciar el coche de trastos ya no paré. Tras una reparadora ducha, presencié uno de los momentos más memorables que recuerdo en un partido de balonmano en la semifinal de la Copa de Europa. Tras ganar por seis goles, el Barça perdió la renta ante el Flensburg siendo empatado en el último segundo, y luego palmó en los penaltis. Con un partido así, no pude echar la siesta. Y sí, es un off topic de cojones que para nada tiene que ver con la crónica de la Puertos. Pero lo tenía que poner para acordarme con el tiempo de que la siesta me la fastidió un alemán marcando un golazo antológico.


Después, tapas en el Trasiego, situaciones rocambolescas en el Cortés que no merecen más explicación porque tampoco la tiene, y hamburguesa (muy buena por cierto) en lo del Negro. Caña va, caña viene recuperando líquidos y a las 4:00 h decido marchar para casa antes de que se líe más la cosa. Para llevar levantado 22 horas creo que ya está bien.

Aún así, y aquí quería yo llegar, el día ha concluido a eso de las 8 de la mañana. No me había pasado nunca una cosa así pero ha sido un minuto de auténtico pavor. Cuando estaba en el mejor de los sueños de repente me despierto sobresaltado, veo que la luz se cuela ya por las rendijas de la persiana, miro el móvil y está apagado, el reloj de la mesilla marca las 8. ¡Las 8!. Me he dormido, y ya no llego, y el teléfono apagado y no me han podido avisar, es el pensamiento que cruza por mi cabeza durante un minuto hasta que vuelvo a la realidad y reparo en que es domingo y no sábado. Es más, que el sábado ya ha pasado y que ya he pedaleado en la marcha.

En resumidas cuentas, un día muy completo y entretenido. Y una Puertos disfrutada de principio a fin. Al año que viene más.


martes, 27 de mayo de 2014

La Cuarta


Han tenido que pasar unos días para recapacitar y alegrarme por completo de la victoria del Real Madrid en la final de la Copa de Europa. Entre medias un conato de cabreo viendo el partido, y un mal cuerpo viendo ganar al Madrid su décima Copa de Europa, que para mí es la cuarta que he visto sin tener que tirar de archivo. Exactamente las mismas que he visto ganar (bueno, yo y todo el mundo porque no tienen más) al equipo que al año que viene va a pagar veinte millones de euros a un defraudador de hacienda.

Jamás imaginé que se me quedaría tan mal sabor de boca después de ver ganar al Madrid una Copa de Europa, si me lo dicen cuando tenía diez años no me lo creo ni le encuentro explicación. Pero es lo que tiene el paso de los años, supongo que dejamos los forofismos a un lado y valoramos las demás cosas. Yo no podía desear en esta ocasión más que el Atleti ganase la final, me parecía de justicia por el temporadón que se han marcado con unos mimbres tan escasos.

Eso provocó en el momento una gran decepción y más por la forma tan cruel en que cayó el bueno del Atleti. Tan cruel y tan similar a la de hace cuarenta años. Pero buen pensado no todo el monte es orégano y un campeonato de Liga y un subcampeonato de Europa no está al alcance de muchos. Ganarlo todo hubiese sido excepcional. En todo caso, el Madrid fue el ganador y el Atleti el campeón. Y con el paso de los años la gente se seguirá acordando de este equipo aunque no ganara, como le pasa al Madrid del Buitre. 

Pero el sábado por la noche ni veía eso ni veía lo merecido por otra parte que resultaba el haber ganado para jugadores como Ramos que ejemplifican, este sí, la esencia del Madrid. El no rendirse nunca, el ganar cuando ya nadie lo imagina. Hasta que un buen amigo racinguista al que le destiñe el pantalón y es más merengue que Di Stefano me dijo una frase que resumía todo lo que pasaba por mi cabeza perfectamente.

- A ti te jode que el Madrid no haya ganado la final a un Milan o un PSV metiéndole un carro de goles para cerrrar el trauma infantil que arrastras con la Quinta del Buitre; ojalá el Bayern los hubiera barrido en semifinales para que la final hubiese sido Bayern-Atlético y poder ir con el Atleti a muerte porque son los que más huevos le han echado este año; pero no tuvimos tanta suerte... y por eso ¿no te alegras de que haya ganado el Madrid? ¿no te alegras por Ramos, o por Xabi Alonso?

Y eso era, y no le pude decir que no. 

Porque al margen de que el partido fuese malo de solemnidad y que aunque en la segunda parte el Madrid apretó la balanza se podría haber decantado de cualquier lado, por trayectoria a lo largo de las últimas temporadas hay dos tipos por los que me alegro mucho. 


Uno es Xabi Alonso, viviendo la final en la grada, levantado, jurando, pegando patadas a la silla cuando había una ocasión de gol fallada y por último saltando al campo y corriendo para ir a celebrar los esperados goles.
Digno de Juan Gómez "Juanito" que en paz descanse. Digno del espíritu del Real Madrid.



El otro por el que me alegro es Sergio Ramos. Y si me lo dicen hace unos años también me río. Cuando era un lateral alocado que jugaba a ser Jorginho o Cafú. Cuando se le veía madera de central y no le daba la gana porque quería ser un lateral ofensivo sin saber volver a recuperar la posición.

Lo pusieron en vereda, se le centró la cabeza y se ha convertido en uno de los mejores centrales del mundo. Y subiendo al ataque con cada vez más acierto y mesura.


Porque aunque me hubiese gustado de pequeño ver ganar una Copa de Europa al Buitre o a Juanito eso es algo ya imposible que suceda. Y aunque me hubiese gustado ver ganar esta vez al Atleti, la magnífica temporada que han completado no se la quita nadie y la ilusión devuelta por el fútbol a los que pensábamos que tanta posesión y tikitaka se lo estaba llevando por delante, tampoco.

Por eso, mejor alegrarse por estos zagales que han hecho merecimientos durante años para salir campeones. Ahora todos juntos a Brasil a dar guerra en el Mundial.

viernes, 23 de mayo de 2014

Hace un año ya... Puertos 2013

Este fin de semana se cumple un año ya de la Puertos de la Ribagorza. Este año 2014 retrasaron la fecha una semana, mejor tal y como se desarrollan estas primaveras, motivo por el que no coincida el día de un año para otro.

El año pasado por aquel entonces ya barruntaba el montar un blog así es que escribí una crónica de la marcha y sus prolegómenos. Un poco por darle salida y también por quitarle el miedo al bueno de Héctor quien a pesar de estar fuerte como un jabalí tiene respeto por estas citas posteo aquella crónica con algunos incisos y correcciones.

Ahí va pues mi crónica de la Puertos 2013 y de como llegué a esa cita, en cursiva los comentarios del director, usease yo:

Tras explicar cómo había llegado al mundo de la bici de forma muy parecida a como ya relaté en la entrada de "Resumen Ciclista de 2013" y que he borrado para no repetirme, pasamos a lo grueso y nos plantamos en el mes de mayo...

Por suerte mayo comienza con un tiempo aceptable y en los primeros 10 días puedo hacer unos 300 km, parece que si sigo a ese ritmo llegaré al 25 de mayo con kilómetros suficientes en las piernas.
Para el segundo sábado de mayo preparo una ruta de unos 100 km pronto por la mañana. Persigo varios objetivos. Llegar a los mencionados 100 km puesto que hasta ese momento mi record de distancia está en 70 km. Por otra parte quiero cerciorarme de que pasando cinco horas subido a una bicicleta las partes que apoya en el sillín no sufren daño y pueden ejecutar sus funciones habituales después. Y además quiero hacerme a la idea de lo que supone estar todo ese tiempo pedaleando solo. Sé que en la marcha voy a estar acompañado en muchos momentos pero soy consciente de mi dificultad para rodar en pelotón y sé que me tocará arreglármelas solo mucho rato así que quiero ver que pasa, si a partir de la cuarta hora empiezas a hablar contigo mismo, deliras o paras y tiras la bici a una margen. 
(Respecto al año pasado he mejorado en este aspecto; las salidas de 80-100 km se han hecho más habituales).


Enfilo por carretera de Castillazuelo y pasado Huerta tiro por el desvío de Adahuesca. Las piernas van sueltas y la subida no se me hace pesada. Corono y llaneo hasta llegar a Alberuela, allí bajo hasta el barranco y comienzo a ganar altura otra vez mientras me dirijo a Bierge. A punto de llegar, en plena subida, noto que he pinchado de atrás. Suelto un par de juramentos y paro.
Hay un gacho haciendo faena en un campo aledaño. No nos vemos, o al menos yo no lo veo a él, aunque nos oímos. Fácil que se esté esmelicando de oir como departo amistosamente con la bici y la rueda. Desmonto la rueda, me pringo de grasa, saco la cubierta, saco la cámara petada, saco una cámara nueva. Compruebo la cubierta para que no haya ningún cuerpo extraño por dentro y.... Juramentanciones varias. Entonces me doy cuenta de la gravedad del asunto, no he pinchado la cámara, he rajado la cubierta. 1100 kilómetros escasos y la cubierta de aro con la que venía mi Orbea Acqua de serie, a la fresquera.

Cojo el móvil y llamo a casa para pedir que venga el coche de equipo a recogerme. Me siento un Bradley Wiggins cualquiere derrotado por las circunstancias en el Giro de Italia. Quería llegar hasta Aguas, me quedé antes de Bierge. Otro día será. En concreto, a la semana que viene. 
(La quemada con Sir Bradley Wiggins viene a raíz de cierta inquina personal hacia su equipo y su persona y porque en el Giro de Italia del año pasado sufrió varios percances en forma de caídas, aguaceros y retirada).

Semana siguiente. La Puertos a una semana vista. Con muy poco criterio y menos talento el viernes me da por salir por la noche. En teoría a ver unos conciertos. En la práctica a comprobar la textura del lúpulo empleado en la elaboración de la cerveza expendida en dichos conciertos. Otra vez comportándome como un Bradley Wiggins cualquiera.
Evidentemente, el sábado no hay dios que coja la bicicleta. 
(La semana pasada se medio repitió la historia con la subida a Boltaña aunque de una manera no tan grave, queda claro que esto de dar pedales no nos lo tomamos con la debida seriedad).

Dejo la salida para el domingo, esta vez acompañado por mi hermano Jesús. Salimos después de comer con la idea de hacer kilómetros hasta donde lleguemos y llamar para que nos vayan a buscar si se nos hace de noche. Ahora me entra la risa de pensar con qué inocencia hacíamos esas cuentas de la lechera...

Enfilamos por carretera Cregenzán y la cosa pintaba mal. En concreto pordríamos haber ido hacia Salas, hacia Bierge, hacia Monzón, a Berbegal... por todos lados estaba despejado. Hacia Hoz que es a donde nos dirigíamos, NO. No es que estuviese nublado, estaba negro. Pero de esos cielos negros que dan horror. Es igual, seguimos. Al llegar a Hoz las sospechas se confirman y comienza a tronar. es igual, seguimos. Y, evidentemente, al llegar a Salinas las sospechas siguen cumpliéndose y empieza a chispear. Es igual, seguimos.
Comienzo a descender hacia Naval, mi hermano ha parado a ponerse el chubasquero. Ya me cogerá, eso no es problema, bajo muy mal (como Wiggins, otra vez). En dos minutos, el chispeo se convierte en lluvia, la lluvia en jarreo, el jarreo en diluvio y el diluvio en granizo. La cabeza se salva por el casco, pero las piernas pican de la piedra que impacta en ellas y los dedos de las manos agarran como pueden la maneta del freno ateridas del frío. La carretera está blanca de hielo cuando no la cruzan riadetas de barro. Estoy acojonao. ¿Paro, sigo, que hago? A tomar por culo, estoy chupido como una sopa, hay que salir de aquí, sigo. Pero mi hermano no llega. En estas oigo un alarido a lo lejos. “A joder, ya se ha caído”. Voy frenando por si tengo que dar media vuelta y escucho otra vez esos chemecos, miro para atrás y veo a mi hermano bajando entre el granizo gritando no se sabe muy bien si de gusto o enfurismado. Deduzco que es un grito de guerra en plan “Banzaaaaaiiiiii”. Me coge y decidimos llegar hasta Naval para refugiarnos. Llegamos a la plaza de la villa jamás conquistada donde nos refugiamos en sus porches ante las miradas atónitas de los lugareños. Otra vez toca coger el móvil y llamar al coche de asistencia. Otra vez derrotados cual Bradley Wiggins y la Puertos a una semana.

Tengo ya claro que mi primera tirada de 100 km caerá en la propia Puertos. Será o no será, así de claro puesto que entre semana no dispongo del tiempo suficiente para realizarlos. Además el tiempo comienza a enguarrarse. No es que mayo marceé, es que directamente febrerea, no hay dios que coja la bici. El martes le hecho un poco de valor y hago una salida corta para soltar piernas. El miércoles salgó de trabajar molido, será la faena, pienso. Antes de cenar voy al baño y, premio, diarrea. Ya se pasará, pienso, cada mes suelo tener una purga de estas. Pero no se pasa. El jueves me levanto con fiebre y me duele todo. Malcomo en el trabajo y sobrevuela la espantada para el sábado pero todos a los que se lo comento, en especial mis hermanos, me dicen que lo de las tripas en un día se me pasa y que el sábado suba aunque sea a salir y ver el ambiente. No lo tengo nada claro pero a base de arroz blanco y pechuga de pollo, con lo que me alimento desde el jueves hasta el mismo sábado para desayunar, consigo taponar las tripas. El viernes cuando voy a recoger el dorsal estoy medio mareado, pero al menos ya no tengo fiebre. Me noto flojo pero ceno abundante y me voy a dormir con la incertidumbre de saber cómo me levantaré.

A la mañana siguiente despierto empapado en sudor pero ni rastro de mal cuerpo o dolor de cabeza, así que entiendo que he echado el mal pelo. Eso sí, las fuerzas no sé de dónde puñetas las voy a sacar así que me marco pequeñas metas para la mañana que me espera.
Llegamos a Graus, mi hermano Jesús, David y yo. La verdad es que salir en bici con David es un lujo. Ha dedicado muchos años a este mundo y se nota que aparte de entender, disfruta con ello, es por eso que voy tranquilo cuando él me insiste en que tome la salida.

Aquí por fin, después de la chapa la Puertos como tal. Creo que era importante saber en qué condiciones llegué a la misma...

En la zona de salida nos juntamos con Nacho de Naval, Lemus petit y el señor Borruel. Yo en las salidas de las competiciones me pongo muy nervioso. Me mata la espera. Pero en compañía de tan variopintos personajes el rato se hace bien ameno.
Me doy cuenta de que estamos muy delante e incluso propongo retrasarnos o incluso echarnos a un lado para que pase la gente. Me miran como si fuese gilipollas, que no, que sí que estamos bastante delante pero ya te pasarán, tú tranquilo. Tranquilo, los cojones, no debe de ser muy agradable pegarse un piñazo nada más salir con mil tíos detrás tuyo intentado bordearte, saltarte o pasarte por encima.

Dan el cañonzao de salida y vamos como unos cien metros a la pateta coja, un pie puesto en la cala, el otro propulsando la bici dando empujoncitos contra el suelo. Comodísimo. Ruedas que se rozan, gente que se cantea, amagos de tropiezo. La rehostia en bicicleta, y nunca mejor dicho. Tras dos minutos angustiosos, el panorama se despeja lo justo para subir el culo al sillín y poner la otra cala. Y pedalear un poquito. Giro de izquierdas y subida. Enfilamos otro arco de salida, bordeando una montonera y salimos hacia Capella.

A las primeras de cambio, Jesús y David buscan coger un grupo que les lleve comodamente hasta el primer puerto. Con Nacho vamos a la marcheta, yo no puedo ir a más hasta que sin saber muy bien cómo, llegamos a Laguarres y he perdido a toda la gente. Me doy cuenta de que debíamos estar muy pero que muy adelantados en la salida puesto que me han pasado grupos inmensos de gente. Intento acoplarme a alguno pero no puedo, me falta el reprís necesario para dar esas pedaladas de más y engancharme.

Si en línea de salida había 3000 ciclistas, calculo que no debíamos tener más de 500 por delante... ¡y estos preocupados por coger buen puesto!... les podía el ansia viva.

Y comienza el primer puerto, por fin. Odio bajar puertos (qué bien, un año después no sólo lo odio sino que además me da miedo, hemos progresado una barbaridad...) y llanear no se me da muy bien. Subiendo me lo paso muy bien, aunque sufra. No hay que pensar en la posición ni en la trazada, es coger un ritmo y pedalear, me gusta.
Ahí noto que me sigue pasando gente pero ya no tanta, como si comenzase a encontrar mi lugar en la carrera. Vienen un par de rampas comprometidas, las paso bien. Las piernas van bien, que es lo importante y de fuelle no me quejo. Adelante.

Veo a gente de Barbastro pero con casco y gafas pues no los conozco, en estas que veo que voy alcanzando a dos del club. Y uno me suena. Anda, Lemus petit que va con Borruel. Les hecho un grito y subimos juntos.
La cosa va bien. Hay algún porcentaje exigente pero vamos chino chano echando la charradeta. Y así llegamos hasta arriba. Primera prueba superada. El descenso me lo tomo con calma, soy muy malo en las bajadas. Así que me vuelvo a quedar solo. Al llegar a Benabarre se ensancha la carretera. Por algunos momentos voy enganchando grupos pero entre que voy comiendo y que no sé rodar en pelotón al buscar las posiciones traseras para ir con un poco más de holgura de espacio a la que me despisto se van. Y luego es imposible conectar.

Ahora, la parte que más le va a gustar a Héctor...

Así y todo consigo llegar a Graus y al primer avituallamiento. Perdón, AVITUALLAMIENTO. Porque hay que escribirlo en mayúsculas. Increíble. Sin palabras me quedo. Uno está acostumbrado, porque le ha tocado muchos años montarlos, a los avituallamientos de medio maratón que consisten en agua, bebida isotónica, naranjas, esponjas y... y para de contar.
Está claro que es otro tipo de deporte y esfuerzo (en un medio maratón ya es complicado beber sin echar la pota muchas veces como para ponerse a comer...), y había visto algo parecido en la ruta BTT de la Bodega Pirineos pero en Graus lo primero que te encuentras es un montón de bicis aparcadas de toda la gente que está fartallando. Luego el avituallamiento en sí que puede tener como 25 m de barra con lacitos, galletas de un dedo de gruesas, madalenas, torta, aquarius, agua, bocadillos de jamón y queso, zarpaos de caramelos y como 25 zagaletas detrás de la barra que tal y como íbamos devorando todo iban reponiendo para que en todo momento aquello estuviese hasta los topes. Impresionante.

Tras zumbarme tres o cuatro lacitos, un par de galletas, torta, un par de aquarius y echar dos bocadillitos al maillot reemprendo la marcha con Jesús y David, que me están esperando. Jesús ha roto la sirga del cambio del plato así es que va haciendo el molinillo como si fuese en un triciclo cuando coge las bajadas pero por lo demás va como un tiro.
Cogemos un pequeño grupito con gente de Boadilla y ahí que nos acoplamos, pero la cosa no dura mucho rato ya que por las Ventas de Santa Lucía, vemos el coche de asistencia y paramos para ver si pueden arreglar el plato de Jesús.

Negativo. Ha perdido el tornillo del desviador y en ese coche no tienen. Pues seguimos. Pero a la que voy a montar el gemelo derecho amaga enganchada. Cojo la marcha poco a poco para relajarlo, echo un grito a esta pareja para que espere pero se piensan que les digo que tiren porque me quedo con el grupo de atrás. Se marchan. Otra vez solo.

El ansia viva. Otra vez...

Como ya he tenido el primer aviso de las piernas y entre nosotros hemos llegado a un acuerdo tácito por el cual si no las puteo no se enganchan con la facilidad con que lo hacían antes voy muy pero que muy tranquilo por la zona de SantaLiestra, no vaya a ser que fuerce y termine como Robocop.
Voy charrando un rato con un señor de Barcelona que me dice que le extraña ver pocas ambulancias para el tipo de marcha en la que estamos. Esto es Huesca no es Barcelona, buen hombre, le aclaro. Hay pocas ambulancias, sin más. Hablamos de más cosetas pero noto que lo de la pierna ha sido sólo un amago y que si fuerzo un poco más pues igual la cosa no termina en tragedia. Me envalentono y le digo, me voy a por el grupo de más adelante. A la que llevo diez metros al señor me da un poco de pena, parece como que le he dejado un poco tirado ahí en medio solo pero bueno, ya llegará otro con quien conversar, digo yo.

Lo dejé tirado como una colilla. Me hizo mucho más llevaderos esos kilómetros de falso llano y marché para nada. Luego recibí la justa retribución...

Transito la zona de túneles, me empiezo a comer un bocadillo pero no me entra muy bien. Como medio y el resto al bolsillo, no vaya a ser que se abran de nuevo las compuertas y tengamos festival del humor.
Así a lo tonto llego a Campo, ya llevo más de 70 km, mi record hasta la fecha (ahora estoy verde pero entonces... era un mierdecilla)
Pues ahora ya casi que no vale la pena darse la vuelta, pienso, así que adelante. El paso por el pueblo, espectacular. Banderines y pancartas colgadas reivindicando la escuela de educación secundaria para Campo. Los niños de la escuela todos vestidos con su camiseta verde animando, gritando y agitando cencerros como si eso fuese Suiza o una etapa del Tour de Francia. Allí no hace falta comer, tan sólo eso da aliento para continuar un buen rato más.
Además la mole del Turbón se alza majestuosa enfrente, hace sol y hasta hace buen día. Qué coño, hace un día cojonudo. Frío, pero cojonudo. Voy bien de piernas y mejor de ánimo. No me duele la tripa aunque sí un poco el culo (normal después de las sesiones en Roca de los últimos dos días). Esto está hecho.

Al frente se ve un rampote de dios es cristo. A lo que te acercas te das cuenta de que es... ¡gravilla!, serán asesinos... No pasa nada, seguro que el puerto como tal viene después y es asfalto del bueno. Los cojones.
Subir una rampa del 8% con 80 km en las patetas es aparte de un reto, y en el fondo divertido, ante todo jodido. Si esa rampa es de gravilla, es infernal.
A todo esto, mi indumentaria absolutamente ecléctica compuesta por camiseta térmica de manga larga del Decathlon, camiseta de tirantes (no sé pa qué cojones me la puse, la costumbre...), maillot, cortavientos y manguitos de running, me comienza a dar calor. Comienzo a sudar, cosa que no había hecho hasta entonces. A sudar a chorro.
Pero entre que tengo miedo a parar y que al poner las patetas en el suelo se enganchen cosa mala y que ¡voy pasando a gente! me encenego y tiro, y tiro adelante.

Subía como un maldito sputnik. Venga a pasar y pasar gente. Lo mismo que en la cuesta de Gaintxurizketa de la Behobia. Luego recibí justa retribución también...

Cuando acabe la grava me bajo, cuando acabe la grava me paro, voy pensando. Una pareja de abuelos anima en la cuneta “venga zagales, que ya lo tenéis”.
¿Cuánto queda de grava?, pregunto. Seiscientos metros responde la señora. Sí, poco, matiza el caballero, seiscientos metros y ya suaviza.
Como lo dicen tan convencidos me digo que sigo.
Los cojones seiscientos metros. No sé dónde aprendieron a contar esos abuelos pero de grava quedaba por lo menos el doble y suavizar aquello no suavizaba (en el fondo recuerdo con cariño a aquella parejeta de abuelos; eran un toque de humanidad en aquel páramo de desolación, esa caverna de dolor como diría el pintoresco Laurens Ten Dam)
Yo iba chemecando y echando algún juramento y cuando estaba a punto de poner pie a tierra y que fuese lo que tuviese que ser, se pone a la par una zagaleta que subía sin decir ni mu.

Como los tíos somos más simples que el mecanismo de un botijo decido posponer la maniobra de parada y sigo a la zagaleta que subía pero bien, bien. Al final se acaba la grava y los rampotes al 8%, 3 km en total. Y allí sí, allí paro a quitarme cortavientos y manguitos porque me estaba cociendo. No hay enganchada de piernas y el ritmo lo reemprendo sin problemas porque allí la pendiente suaviza bastante.

Arriba en la cima, otro avitualllamiento. Este más pequeñito. Allí me reencuentro con la troupe que hemos coincidido en la salida, los cuales están conversando acerca de la aplicación de ciertas sustancias en partes erógenas del cuerpo para mitigar la escozcor que provoca la fricción continuada con sillín y culote. Todo muy bonito, muy bucólico. Vuelvo a ponerme hasta el eje de aquarius y lacitos y empezamos a bajar Jesús, David, Nacho y yo.

A la altura de Villacarli hay un desvío. Los valientes que están preparados para la épica giran a la izquierda y prosiguen la marcha larga. El resto bastante tenemos con llegar hasta Graus como buenamente podamos y giramos a la derecha para completar la marcha corta.
Nachete es un pitera y, a sus ritmos tranquilos, y puesto que nadie se lo impide puesto que aun no han cerrado el paso, decide girar a la izquierda y marchar a la larga. Yo me entero de tal circunstancia pero la otra pareja parece que no y cuando empiezan a apretar y se miran hacia atras y no nos ven piensan que bajamos a nuestra marcheta.

Siento ponerme pesado con este tema, pero a la pareja de jabalines que marchó para delante encenegados por el ansia viva y que saben que en el fondo los aprecio tan sólo recordarles que son unos pequeños cabrones...

Pero Nacho está subiendo Bonansa y yo voy por la Puebla de Roda más tirao que una colilla. Franqueo los 100 km y me hace cierta ilusión. Por fin, por fin los he completado parecía que estaba gafado. Sin embargo me empiezo a notar flojete. (flojete... es decir mucho... iba como una braga). 
En el avituallamiento no he pillado comida para llevar. Ha sido una cagada de las gordas. Creo que la llevan los de delante pero a ellos ya no los pillo. Echo mano al bolsillo y llevo el bocadillo y medio que no me ha sentado nada bien y una barrita. Nada más. Me como la barrita y cruzo los dedos. Si me noto muy apajarao pues echaré mano del bocadillo pero si lo puedo evitar.

Los kilómetros caen con cuentagotas, el viento en contra es fuerte y las bajadas tienen subidas y las subidas son muy putas. No voy ni pa atrás. Doy cinco pedaladas, paro, doy tres más, paro, me incorporo, pedaleo cuatro más, me duele el culo, me incorporo...
Así no llego ni a la hora de merendar. Me pasan grupos y más grupos. (Entre ellos el señor de Barcelona al que dejé tirado subiendo a Campo y que iba bien pincho incrustado en un pequeño pelotón; y mucha pero que mucha gente a la que pasé en Las Vilas cuando subía como un animal).

A algunos como mucho logro pegarme un par de kilómetros a la parte de atras pero allí ni efecto succionador ni leches. No voy y no voy. Al pasar por Capella me voy animando, sin embargo cuando pensaba que ya enfilaba hacia meta nos desvían por un polígono industrial. Me sienta como una patada en salva sea la parte pero aprietó los dientes y sigo. Ya lo tengo casi, aunque me cueste media hora.

Al final no es para tanto, tras un par de vueltas, se sale del dichoso polígono y entonces sí ya se enfila la recta final de meta, miro el cuentakilómetros y veo que marca como unos 5 km menos de los que en teoría componen la ruta. Pues mejor, porque no doy para más.
Finalmente llego en 5h 45’ (tiempo real de carrera; encima de la bici como media hora menos que fue el tiempo que estuve comiendo en los avituallamientos)

Soy consciente de que no es un gran tiempo, ni tan siquiera es un tiempo mediocre pero llegué al día de la carrera como llegué y eso sí, en ningún momento llegué a pasarlo mal. Y yo estas cosas las concibo sólo para disfrutar.
En resumen, me lo pasé muy bien y por supuesto repetiré aunque espero llegar en otras condiciones para no ir tanto tiempo solo en carrera.


Este año llego un poco mejor pero tampoco es para tirar cohetes. Así es que iremos para la marcha corta en contra de lo que pensaba hacer allá por el mes de enero. Seguiremos informando.

martes, 20 de mayo de 2014

Cuando era (forofo) del Madrid

Hubo un tiempo hace ya muchos años en el que fui un auténtico forofo del fútbol. Cualquiera que me viera pegando botes el sábado pasado en el altillo del Victoria tras el gol de Godín podría pensar que todavía lo soy pero no es así. Sólo se trata de reminiscencias del pasado que suelen coincidir cuando se juega un título el equipo que le va a pagar 20 millones de euros por temporada a un defraudador de hacienda.

Hace muchos años era de los que coleccionaba los especiales de la Liga del diario Marca y se sabía las alineaciones de todos los equipos de Primera y de Segunda. Y el equipo de mis amores era el Real Madrid. Como un auténtico trauma infantil tengo grabadas a fuego en la memoria las infaustas tardes de Tenerife, Eindhoven, Milán... la noche del 5-0 del equipo antes mencionado con la cola de vaca de Romario. Que manera de vomitar aquella noche por culpa del soponcio. Las inenarrables experiencias en el Parque de los Príncipes a cargo del Paris Saint Germain, la debacle contra el Odense...

Ser del Madrid en los últimos años de los 80 y en los 90 era un acto de fe y sufrimiento que sólo se soportaba si la pertenencia a dicha afición venía impuesta por vía paternofilial o de los hermanos. La gente en plena libertad se solía hacer de los innombrables del primer párrafo los cuales a comienzos de los 90 comenzaron a jugar como hacían los holandeses desde hacía veinte años y gracias a eso y el parterre de flores en el culo que portaba el señor Cruyff empezaron a ganar trofeos pensando que habían inventado el fútbol.

Pero no. Los que teníamos hermanos mayores nos tocaba ser del Madrid o del Atleti, del Bilbao o la Real porque eran los equipos que partían la pana diez años antes de que el fútbol pitera cayera en desuso. Y así es cómo acabé siendo del Madrid. Algún año ganaban la Liga pero no había temporada en que no les tocaran el morro, casi siempre en la Copa y a veces en liga y siempre, siempre, siempre en la Copa de Europa.

Con 15 años mi hermano Agus me llevó a ver un partido al Bernabeu. A los Redondo, Laudrup, Raúl, Hierro y Buyo. Me impactó la estructura del estadio, la calma con la que los socios contemplaban el partido rayando en la apatía y por otro lado el forofismo insoportable de la banda con la que fuimos con los que nos tocó estar las dos horas del partido más cinco horas de autobús de ida más cinco horas de autobús de vuelta con la Peña Madridista.

Al llegar a casa le dije a mi hermano "con esta gente no me lleves más". A pesar de que en ese grupo había gente de todo tipo los cinco o seis que se pegaron todo el viaje voceando y cantando me marcaron de por vida. Desde entonces he visto el fútbol de otra manera, no lo pude remediar, y mi afición se fue diluyendo poco a poco.

Sin embargo, en la temporada 1997/98, el Madrid se plantó en la final de la Copa de Europa no se sabe muy bien cómo. Tras los fracasos contra el PSV y el Milan cuando el Buitre y Hugo Sánchez daban miedo en el continente, los merengues se plantaron en el último partido de la competición. Algo que no se veía desde... ni me acuerdo aunque sí es seguro que yo era la primera vez que lo vivía.

Sin fuerzas en la Liga donde eran humillados semana sí, semana también era llegar el miércoles y aquel equipo se transformaba. Parecía la Quinta del Buitre rediviva. Ronda tras ronda fue conquistando los límites de lo imposible, de lo que muchos madridistas jamás habíamos visto en color. Un equipo con buenos jugadores pero para nada la soberbia plantilla hecha a base de talonario de la que disponen año sí y año también desde que el señor de ACS llegó a Chamartín.

Y en la final, ante la todopoderosa Juventus, el genio de Podgorica marcó. Dicen que en fuera de juego aunque por desgracia han pasado dieciseis años y la tecnología ha avanzado y siguen concediendo este tipo de goles, así es que fue gol y punto. Y si no, me remito al caso de por ejemplo Argentina que tiene dos Mundiales, algo bastante más grave. Uno por decreto ley de un dictador y otro por la mano de Dios. Y no se los han quitado.


El gol de Mijatovic que puso fin a 32 años de travesía por el desierto de un equipo que lo había ganado todo y no sabía encontrar la senda del triunfo nuevamente. Para mí supuso cerrar definitivamente esa etapa en la que ver al Madrid me producía más sinsabores y sufrimientos que otra cosa, por fin les vi alzar la Copa de Europa. Con esa me bastó.

Luego años más tarde me alegré de ver como ganaban dos Copas más pero ya no fue lo mismo. Me fui desencantando poco a poco con un equipo plagado de estrellas pero carente muchas veces de los valores que se le suponen a esa entidad.

Adjunto entrevista a dos de los héroes de aquella Copa de Europa. (pinchar aquí)

De aquella Copa de la que hoy, 20 de mayo, se cumplen 16 años. De aquel gol de Mijatovic...



lunes, 19 de mayo de 2014

Subida a Boltaña

Lo que mal empieza mal acaba. Ayer domingo al menos aprendí que lo mejor antes de una salida larga en bici no es precisamente salir a echar cañas. La cosa se complicó más de lo debido el sábado por la tarde y la tensión provocada por la visión de cómo la Liga de fútbol podía ir a parar al Barcelona motivó una ingesta excesiva de cerveza. Luego vino el gol del Faraón Godín (no el Mariscal como bauticé en la anterior entrada al defensa uruguayo que ni tan siquiera es de Montevideo como también apunté en la mencionada entrada), pero la cosa ya se había ido de las manos. En la cama antes de las 12 de la noche pero habiendo repostado lo que otros sábados a las 4 de la mañana.

Eso provocó una noche de mal dormir, reseco, boca pastosa y mal de tripa. Lo que se hubiese ido purgando durante una noche normal a base de más cervezas yendo a los bares se tuvo que quedar ahí quieto en la barriga mientras intentaba dormir. Porque para el domingo había una salida programada. Hasta Boltaña ni más ni menos.

Otro día con más tiempo cuelgo el perfil

Me levanté a las 07:00h con mal cuerpo, para qué nos vamos a engañar. Intenté desayunar bien pero me fue complicado ya que tenía la hormigonera en standby. Ni para delante ni para detrás, yo creo que estaba en huelga por lo del sábado por la tarde. Así es que mal desayunado me encaminé al garaje a por la bici.

Al ir a hinchar las ruedas como hago siempre antes de cada salida, marco una nueva muesca en esa cadena de despropósitos que llevo arrastrando en lo que averías mecánicas se refiere. Me quedo literalmente con la válvula de la cámara en la mano. La jugada fue como sigue. Al ir a desenrroscar el pitorro de la válvula, éste no cede. Al ir a hacer un poco más de fuerza empieza a salir aire. ¿Por dónde sale el aire?. No me da tiempo a contestar la pregunta.

Como quien descorcha una botella de champán me quedo con pitorro y parte de la válvula que sale disparada por la presión del aire. La rueda de deshincha al momento. Increíble. He leído que ciertas válvulas quedan arrancadas debido a que al frenar la cámara va resbalando dentro de la cubierta y al final el agujero de la llanta termina cizallándolas. Pero es que está salió recta, como si fuera un corcho. En fin...

Una vez solventado esta nueva incidencia sin aparente explicación partimos por la carretera de Castillazuelo, David, Jesús y un servidor por parte del Barranqué y Héctor y Jordi por parte de la villa navalera. Son como las 08:30h y la idea es subir hasta Huerta, después por Adahuesca, bajar al cruce del puente, y llegar hasta Colungo.

La marcha transcurre tranquila hasta el cruce del puente. Se agradece ya que todos llevamos el cuerpo como un reloj parao, algunos más que otros. En la primera rampa hacia Colungo se desatan las hostilidades ya que se avista un grupo de unos seis ciclistas que se nos acercan. Pensando que nos pueden quitar el sitio para almorzar, los gallos del grupo deciden lanzar un demarraje sin contemplaciones. Luego descubrimos que uno de ellos, David, no ha hecho sino adelantarse para parar a mear.

Peor aún. Al rebasarlo todo el grupo parece el BMC de Cadel Evans lanzando un ataque después de que todo el pelotón se caiga en plan ruin y rastrero. Ya no se parará el ritmo hasta Colungo a donde llegamos para almorzar cogiendo un buen sitio en La Olla.

No somos los primeros en aparecer por allí aunque el aluvión de ciclistas que llegan después es bastante grande de modo que se ven desbordados y la longaniza con pan con tomate y las cañas tardan en aparecer. Deben de ser las 10:00h, hasta cerca de una hora después no levantaremos el culo del asiento. Creo que ese parón ya no me sentó muy bien.

Enfilamos San Caprasio poco antes de las 11:00h. Intenté en vano modificar el programa establecido aludiendo al ligero retraso que arrastrábamos pero no lo conseguí, así es que tras coronar el puerto todavía de manera bastante digna aunque ya algo retrasado comenzó el calvario.

Primero el descenso en el que perdí más tiempo que subiendo y es que no termino de quitarme el miedo en las bajadas. Creo que irá para largo, además el hecho de ir acompañado quieras que no te obliga a intentar seguir a los demás y ahora mismo no estoy para esas historias. No lo paso bien en cuanto la bici se embala y más cuando hay curvas ciegas y la carretera no tiene un par de carriles. Me bloqueo y voy frenado y de esa manera la gente se va y se va...

A pie de puerto estaban esperando pero, tal y como estaba programado a pesar de que intenté que así no fuera, enfilamos por el desvío de Lecina. No sé el resto de la gente pero a mí me pasa que al descender un puerto en tensión me agarroto de mala manera, y me canso. El resultado el previsible, al comienzo de la primera rampa seria hacia arriba perdí el contacto con el resto.

Estoy más que acostumbrado a rodar solo, de hecho en cierta modo hasta lo prefiero, pero no es lo mismo empezar y acabar solo que ir de pegote en un grupo. A eso sí que no me acostumbro. De una subida de 7 km hasta Betorz que es una delicia y que pienso repetir pertrechado de la cámara de fotos y parando donde me dé la real gana hice una mierda pinchada en un palo. La carretera es estrecha, no hay tramos largos y no se ve lo que hay por arriba. Pierdes al grupo y lo pierdes. En un puerto más despejado lo hubiese visto pero allí me agobié pensando si les tocaría esperarme mucho rato o no.

Tócate los cojones. Lo que hace el ir mal dormido, cansado, y con los pensamientos no muy claros. Lo que en otras circunstancias me hubiese dado lo mismo, donde hubiese parado a mear, a comer unas galletas y a echar unas fotos... pues nada de eso, pedaleando cara arriba como un imbécil. Me pareció en algunos tramos una subida bonita, seguro que la próxima vez con más tranquilidad me lo parecerá más. Y lo peor de todo es que al llegar arriba no se me ocurre otra cosa que tocar y dar media vuelta diciendo: "Bueno, voy bajando que seguro que me cogéis".

Ni beber decentemente, ni comer, ni nada. Ahí firmé la sentencia. No tardaría en llegar. Tras el descenso de nuevo atrancado y frenando más de lo debido volvimos a la carretera principal poniendo rumbo a Bárcabo. Pensaba que desde allí estaba hecho pero el puerto de Eripol que no tiene más que un par de rampas que en condiciones normales se deben pasar tan ricamente me dieron la puntilla.

Llegué a Arcusa de mala leche. Estos iban a su ritmo y paraban de vez en cuando para recoger al cadáver rodante pero no lograba permanecer integrado en el grupo mucho tiempo. Cualquier repecho o, peor aún, cualquier bajada de consideración constituían un desafío tremendo. Ahí me acordaba de Floyd Landis cuando dio el positivazo del Tour '06 después de cruzar puertos como un sarrio y sacar una minutada a todos. Cuando se defendió diciendo que la noche de antes se había calzado una zorrera de escándalo y el alcohol había obrado maravillas en su cuerpo. Que no se había inyectado EPO ni testosterona sino que la cerveza y el whisky habían mutado su organismo en una máquina de rodar. Ya, y una mierda. Mis piernas no daban para más, no sabía si me faltaba un vial de EPO o haber rematado el sábado con un par de cubatazos para que se obrara el milagro a lo Landis.

Cruzamos un tramo de tierra, tal cual, de como medio kilómetro y otro más largo de gravilla y sin líneas pintadas en la carretera. Llegamos a Latorrecilla tras un descenso en el que la bici volaba y al estrecharse la carretera y serpentear entre campos viendo la Peña Montañesa de fondo me vine arriba otra vez. Yo esperaba eso de esta marcha, carreteras ratoneras para rodar con tranquilidad, no unas rectas de 1 km al 8% para bajar con la bici a 70 km/h.

Por último, Guaso, otro descenso pero esta vez por carretera estrecheta y nos plantamos en el Monasterio de Boltaña. Y de allí al merendero que tienen montado al lado del campo de fútbol donde esperaban las parientas con la criallería. Eran cerca de las 14:00h.

En total, 95 km en 4h 30'. A 21 km/h... no había gasolina para más.

En cuanto me quité las zapatillas y toqué el cesped tirándome todo largo lo tuve muy claro. De hecho lo iba pensando desde Arcusa pero allí no tuve ya ninguna duda. Iba a hacer la del equipo Sky. Ya saben, dices que te duele la espalda o que tienes fiebre y abandonas el Giro del Italia (o no te presentas a la salida). No me dolía nada en concreto ni iba especialmente cargado de piernas pero no iba bien de nada. Ni de la tripa, ni de fuerza ni sobre todo y lo que es peor, de cabeza.

Sólo pensar en hacer 75 km de vuelta (pues la vuelta era directa sin ascensión a Betorz ni Adahuesca) haciendo la goma cada cinco kilómetros no me compensaba de ninguna manera. Así es que decidí bajar en coche con mi cuñada Sonia aún a riesgo de tener que soportar a mis sobrinas. 

Comimos todo lo que nos permitió a algunos la tripa bloqueada ya de por sí y más por el esfuerzo que hace que aunque el hambre sea acuciante mientras se está dando pedales una vez en reposo no haya manera de meter alimento sólido. Y hacia las 15:30h los cuatro valientes que aún quedaban con fuerzas y ganas se prepararon para el regreso. Una hora después ya más rehecho medio me arrepentí por no haberles seguido pero enseguida se me pasó. Se estaba muy bien de charradeta.

Además estaba ocupado purgando y pagando el billete de vuelta, esto es, haciendo de caballito y aguantando a críos colgados por encima mientras tiraban globos de agua y pensaban en hacer las mil putadas a su tío que se las permite.

Dicen que los cuatro valientes se plantaron en Colungo sobre las 18:00h y pararon a merendar otra vez en La Olla. Dicen que bajaron bastante a cuchillo. Dicen que una retirada a tiempo (sin dejar de ser una cobardía) a veces es una victoria. Pues eso, Boltaña no la moverán del mapa así es que ahí estará para volver a ir un día con más ganas... y regresar dando pedales. ¡Y el día de antes desde luego que no bebo una sola caña ni de coña!

sábado, 17 de mayo de 2014

¡Gracias, Atleti!


Ni Diego Costa ni Diego Ribas. Diego Godín. El héroe de la Liga del Atlético de Madrid ha resultado ser el mariscal de Montevideo.

Hacía más o menos ocho años que no cantaba un gol de la misma manera. El lugar, el altillo del Victoria, el partido, un Argentina-Alemania del Mundial 2006. Se adelantó la albiceleste pero al comienzo de la segunda parte empató Klose para los teutones. Aquel altillo tembló.

En el mismo lugar presencié el gol de Coro salvando al Espanyol del descenso, el Tamudazo en el Camp Nou, el de Puyol a Alemania, el gol de Iniesta a Holanda y las cuatro tabas de España a Italia en la Eurocopa. Todos fueron vociferados aunque por circunstancias el de 2006 fue un punto más elevado y el de hoy también ha sido inmensamente celebrado.


Nunca he sido del Atleti y creo que nunca lo seré. Siempre me tiró más el vecino rico de la Castellana y el equipo blanquiazul de Barcelona aunque las últimas temporadas dan ganas de hacerse del vecino pobre del Manzanares. En todo caso este año el equipo colchonero me ha conquistado.

Cansado de vedettes y estrellitas de medio pelo el Atleti representa el triunfo del fútbol de antaño. A base de pitera y coraje. Y para colmo ganando la Liga gracias a un gol de cabeza tras botar un corner. Me alegro muchísimo. Por el fútbol en general y por el Enano, Rafa, Héctor y tantos otros atléticos que han sufrido tantos y tantos años.


La semana que viene, final de Copa de Europa. La verdad es que tanto me da. Si gana el Madrid será la Décima para el equipo del que he sido más forofo aunque en los últimos años me haya desencantado  en gran medida. Pero al que no dejo de tener un gran aprecio. Y si gana el Atlético resultará vencedor el EQUIPO con mayúsculas de la temporada. Gran sábado el que se avecina. 

Mientras tanto nos iremos a dormir felices sabiendo que al fútbol todavía le queda un resquicio de romanticismo que el maldito tiki taka no logró aniquilar. Que todavía es posible ganar un gran campeonato a base de creer en uno mismo. Que no todo son millones.

¡Gracias, Atleti!


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