martes, 6 de octubre de 2015

Peripecias por Guara 2015

Demare, Arnaud: 1. Ciclista profesional francés que milita en el equipo galo La Française de Jeux; 2. hacer un (demaré), en carrera verse en la perentoria obligación de detener la marcha para realizar aguas mayores ya sea en una autocaravana apostada en la cuneta de la carretera o en cualquier otro lugar habilitado a tal efecto como pueden ser inodoros de bares, posadas o llegado el caso más extremo y desolador, a la intemperie; Ej: Jesusito bajaba el puerto de San Caprasio cuando se sintió tan indispuesto que tuvo que parar en unos barzales y hacer un demaré.

Vanmarcke, Sep: 1. Ciclista profesional belga que milita en el equipo neerlandés Lotto Jumbo; 2. Muchacha guapa y de gráciles formas y elegancia en el vestir que recibe tal sobrenombre en honor al elegante pedaleo del clasicómano belga; 3. hacer un (vanmarcke), sujeto que circula en solitario en una carrera haciendo esfuerzos por coger al grupo que le aventaja para una vez alcanzado perderlo de nuevo volviendo a iniciar la persecución, terminando las sucesivas persecuciones debido a avería mecánica y/o accidente y/o desfondamiento físico del interfecto; Ej: Wilco Kelderman, tras perseguir al grupo de cabeza durante veinte kilómetros y alcanzarlo, se salió por la margen de la carretera acabando tirando en un sembrado haciendo un vanmarcke en toda regla.

No, no se han equivocado. El post ha de versar acerca de las experiencias acaecidas en la Trail de Guara 2015 y sirvan estas dos acepciones de lo que significa hacer un vanmarcke y un demaré para ilustrar lo que más adelante se explicará.



Sábado, 3 de octubre. Alquézar, 9:00 de la mañana

Ahí estamos en la plaza de uno de los pueblos más bonitos de España y uno de los más metidos en obras también. Como dice mi hermano Jesús a cuenta de uno de los comentarios de Perico retransmitiendo el Tour, cuando dejen de estar en  obras Alquézar será como Francia, estará terminado. Mucha gente conocida y muchos amigos y una interesante mezcla de veteranos y noveles. A los clásicos como el Gurú, el Orni, los ferranqueros, las hermanas Albar, Pako... se unen nuevas incorporaciones como Pueyo petit, Calderas, Magda...

Nos queda por delante un día con diferentes objetivos. Así a bote pronto entre los más cercanos: Jesús, dar una vuelta y en el km 14 volverse a casa para atender las obligaciones familiares; Lemus, rebajar el tiempo del año pasado; Morcate y Magda debutar en la carrera y disfrutarla; el Enano terminar y no penar como el año pasado; mi hermano Jose y el sr Ornitorrinco hacer podio en la categoria de abueletes superpropulsados con más de cincuenta primaveras; y yo... yo no sé todavía a qué he subido.

Me he clavado un verano difícil de definir. Aquejado por mis hipocondrias estacionales he estado mes y medio con dolores de tripas y malestar generalizado que unidos a las altas temperaturas desde junio hasta agosto han motivado una vagancia extrema tan sólo quebrada por algunas caminatas por la montaña y alguna que otra pedaleada. En general muy poca cosa y a un ritmo demasiado calmo incluso para mí.

No sé si optar por la prudencia y dedicarme a acompañar a Magda y al Enano, o aventurarme a intentar seguir a los jabalís de Morcate y Lemus, auténticos trotones para mis posibilidades. Así es que decido no decidir nada y que sea la carrera la que me lleve donde tenga que ser.

El caso es que aparte de los ligeros nervios que atenazan las piernas siento una leve opresión en el bajo vientre. Lo que vienen siendo ganas de ir al baño, aunque de manera inconsciente decido no hacer caso a la llamada de la selva. Ya se pasará. Como si el aparato excretor fuera a compostar lo que lleva allí dentro al igual que una planta de biomasa y esa energía se fuera a redistribuir por todos los músculos. Sí, ya... Aún no hemos salido y no tengo más que una serie de decisiones por la cabeza, la primera la he postergado, la segunda y no menos importante he optado por una medida drástica. La estoy cagando y nunca mejor dicho, aunque no adelantemos acontecimientos.

Suena la musiqueta del Último Mohicano, dan el codetazo de salida y salimos corriendo por la plaza desde las últimas posiciones del pelotón. Saludos al personal allí presente, al señor alcalde, a los medios locales. Todo es gozo y alegría, ya llegará el sufrir y el rechinar de dientes, los calambres y los chemecos pero ahora todos hacemos como si lo que se cierne sobre nuestras cabezas, tan seguro como que dos y dos son cuatro, no fuera a ocurrir en absoluto.


Bajamos a Villacantal a un ritmo más moderado que el año pasado. Lemus, en labores de zapador tendiendo puentes entre grupo y grupo siguiendo unos criterios muy definidos, encabeza la expedición. Morcate, Jesús y yo le seguimos. Magda y el Enano van un poco más retrasados aunque podemos escucharles. Los gritos de la gente se suceden al llegar al puente, gritos y algarabía... ya llevaremos veinte km en las patas y se nos pasará la emoción, ya.

Ascendemos el barranco de Lumos y es ahí donde empezamos a perder contacto con Magda y el Enano. Lemus sigue en su labor de perro trufero buscando acomodo en aquellos grupos y ritmos que mejor se tercian para nuestros propósitos y el caso es que me encuentro bien. Decido que voy a tirar para delante. Si las piernas me ponen en mi sitio por detrás vendrá un excelente colchón con el que transitar más despacio. 

Llegamos a las inmediaciones del puerto de San Caprasio, este año acompañando a Jesús. Recuerda que fue allí donde cierta mañana de hace año y medio me convertí en "el chico de la curva" arrollando con mi bici a un coche que subía en dirección contraria. Todos nos reímos, ahora, del acontecimiento y volvemos a coincidir en la puñetera suerte que tuve aquel jodido día. Para hacer honor al lugar resbalo en una de las bajadas y tengo que poner mano a tierra sin consecuencias, al contrario que una pobre moza que camina hacia Asque con un bollo en la cabeza bastante considerable y que va camino de la retirada.

Primer control de paso y primer avituallamiento, Asque
Año 2014, 1:21:37
Año 2015, 1:21:04

Lemus Zapador está clavando el ritmo del año pasado, cuadriculadamente calcado. Qué tío.

Me quito la camiseta de manga larga y mientras sigo caminando devoro la primera barrita del día. Estos siguen corriendo hacia delante pero a mí no me da el fuelle para correr y comer al mismo tiempo así es que les pido (o les grito y les exijo, a veces soy así, perdón) que tiren. Terminada la barrita y una vez soy alcanzado por dos guapas francesetas me decido a continuar corriendo y hacer el primer vanmarcke del día.

En labores de persecución enlazo con las francesetas, con Miky el cual va en labores de acompañante a un ritmo más sosegado a los que acostumbra y por último al trío liderado por Lemus Zapador. El esfuerzo es inútil ya que nos aproximamos al descenso hacia el puente donde poco a poco vuelvo a perder contacto. La brecha se agranda con la subida hacia Alquézar y cuando comienza el tramo de pasarelas ya los pierdo de vista.


A diferencia del año pasado completo el tramo en solitario tan sólo acompañado por algunos turistas que transitan paseando pero con los que por fortuna no me cruzo en los tramos estrechos. Salgo a la subida de escaleras y haciendo el segundo vanmarcke del día alcanzo visualmente al trío encabezado por Lemus Zapador. Qué máquina, el tío sigue de manera persistente el ritmo de una buena grupeta.

A mitad de tramo de escaleras los alcanzo, a mi ritmo de motor Perkins, pero los alcanzo. Por ahí resopla también Juan Policeman. Joder, como el año pasado. Mismo tiempo de paso en Asque que el año pasado, mismo tapón en las escaleras a Alquézar. Esto empieza a parecer el día de la Marmota y sólo falta Bill Murray metiendo el morro en la escena. Llegamos a la plaza del pueblo entre vítores y gritos de ánimo de la muchachada a su profesor favorito, esto es, mi hermano Jesús. ¡Vamos, Pitera!

Segundo control de paso, Alquézar.
Parcial 2014: 56:33; Acumulado: 2:18:10
Parcial 2015: 52:57; Acumulado: 2:14:01

Bueeeno. Cuatro minutos menos respecto al año pasado. Toca reponer líquidos y sólidos en el avituallamiento y a pesar de llevar un agujero en la tripa me dedico a despachar un botellín de powerade azul (pichadetes de pitufina) y no como nada. No sé, incomprensible. Creo que me despisté cuando Jesús comentó que a lo mejor continuaba y que llamaba a la jefa para pedir consentimiento, aunque no es excusa tampoco. En los avituallamientos de las marchas cicloturistas me hago mucho más fuerte y de ahí no me mueve ni Dios hasta que la tripa no está llena pero los avituallamientos de las Trail me dan una sensación de prisa y nerviosismo que descoloca y provoca estos sindioses.

Para más inri no lleno la bolsa camelbak y parto hacia Quizans con la exorbitante cantidad de un (1, uno) puto litro de agua. Entiendo que para metabolismos mucho más eficientes esta cantidad de líquido es más que suficiente para acometer una etapa del Maraton de Sables pero el motor Perkins que regento necesita frecuente refrigeración. Jesús recibe autorización para continuar (un rato) y vamos ascendiendo las rampas del pueblo mientras cayendo en la cuenta de no haber comido nada en el avituallamiento voy zampando medio bocadillo de jamón de los que llevo en la mochila.

"No sé cómo puedes comer en subida" dice Jesús. Pues porque soy gilipollas y no he comido cuando tenía que comer, así de fácil y sencillo. Saliendo del pueblo comienza la senda a Basacol, momento de sacar a jugar a los bastones y en el que Jesús aprovecha para ir a alcanzar a Morcate y Lemus Zapador. Vuelvo a estar solo. Tercer momento vanmarcke del día.

Por el camino que discurre junto a una canal alcanzo a Juan, a un grupo de zagales y zagalas que vociferan y a los que paso en cuanto hay ocasión y llegando a las pasarelas atisbo al grupo de los perros truferos olisqueando una nueva presa. Justo cuando empiezan las escaleras hacia las balsas. Allí yace una muchacha con tirones en los cuadriceps y aunque nadie lo dice todos pensamos que lo mejor que puede hacer es darse media vuelta y marchar a Alquézar. Lemus le da un magnesio y proseguimos, suerte.

Llegados a Basacol decido zamparme mi ración de magnesio. En el intervalo entre parar, tomar el magnesio y beber un poco pierdo otra vez al grupo. Se oyen gritos entre los árboles llamándome. Ya voy, ya voy... ostras, cuando me doy cuenta uno de los botellines ha decidido abandonar la carrera, vete a saber dónde. Es el km 18 más o menos, quedan 8 hasta Viña y llevo medio (0,5) litro de agua escaso. Es la una del mediodía y dos buenas subidas por delante. No me acuerdo si en Quizans repartían agua, en todo caso siempre podré mendigar. Vaya mierda.

Alcanzo al grupo en el cuarto vanmarcke del día haciendo cada vez más honor a la idiosincrasia del personaje que da nombre a tal acción. Jesús empieza a dar muestras de flaqueza por culpa de un escozor que le provoca la malla, como tampoco pensaba llegar mucho más adelante decide dar media vuelta y emprender la marcha a casa. Ha sido una buena compañía, queda algo más de media carrera y Lemus Zapador continúa con su labor de guía.

Alcanzamos a César Calderas quien va con los cuatro intermitentes enchufados aunque avanzando. Como es un hombre curtido en mil batallas lo dejamos a su ritmo después de ofrecerle seguir el rebufo y declinar amablemente por no poder hacer tiradas de más de dos minutos sin parar a respirar. Coronamos Quizáns y no hay agua, bueno, a lo mejor hay abajo.

Tercer control de paso, Quizáns.
Parcial 2014: 1:11:07; Acumulado: 3:29:17
Parcial 2015: 1:06:47; Acumulado: 3:20:48

Seguimos rebajando el tiempo. No sé a dónde llevará todo esto pero en todo caso para reducir ritmo siempre habrá tiempo. Comenzamos el técnico descenso y una vez más se van y los cojo en el llano donde el desvío de camino. Donde pensaba que igual había agua. Quedan 6 km hasta el agua, una matraca de la buena y vuelve a tocar decidir. Me quedo con los zapadores o me quedo ya de una puñetera vez a mi ritmo. Si sigo con ellos me reventarán seguro y por mucho que lleven agua lo mismo me dará, si me quedo... si  me quedo voy seco pero voy a mi ritmo y así llegaré a Viña en condiciones. Más o menos. Aquí dos y dos ya no son cuatro. Aquí es como cuando tras llevar una semana en clase de Álgebra comprendiendo todo de repente la segunda semana ya no se comprende nada.  

Lemus Zapador mira hacia atrás y pregunta qué tal vamos Morcate y yo. Le grito que marche, en realidad se lo estoy pidiendo, se lo estoy implorando pero tras todo ese rato caminando en lugar de salir un "por favor, adelantaos si lo consideráis oportuno" sale un "cagonlaputadeoros, marchar para delante ya, que vais con mejores piernas". Así es que voy aflojando el ritmo y en la primera curva en la que ya no me ven paro a comer una barrita, beber un poco y cambiar el agua al canario.

Camino, corro un poco, vuelvo a caminar. Ya no voy haciendo un vanmarcke, una calamidad de ciclista con, por otra parte, una elegancia descomunal en su pedaleo cualidad esta última que no atesoro ni en el pedaleo ni el caminar. Voy derechito a hacer un demaré aunque todavía no lo sé. Cada vez que toca un repecho cara arriba se remueve algo en el vientre pero pienso que ya se pasará, qué iluso. Correteo hacia el barranco y el rampote hacia los últimos kilómetros de Viña dicta sentencia.

Me encuentro a Chicote quien va más apajarao que yo y pensando en la retirada, necesitas algo, no gracias, lo adelanto, suerte y ánimo. Menos mal que no pide agua porque entonces el chiste hubiera sido bueno... Avanzo pero en la tripa comienzo a llevar un agujero que sube y baja hacia la garganta. No sé si tengo hambre o ganas de vomitar. La cara está llena de sal pero la ermita de Viña se ve ya cerca. Mal que bien consigo llegar soñando con botellas azules de powerade en las que ahogar mis penas.

Cuarto control de paso, Viña.
Parcial 2014: 1:27:31; Acumulado: 4:56:48
Parcial 2015: 1:21:02; Acumulado: 4:41:50

Voy un cuarto de hora por delante del año pasado. Pero no hay powerade azul, a cambio hay unos bidones de agua con polvos diluidos que hacen la función de bebida isotónica. El sabor y la textura granulosa parecida a la papilla me hacen pensar que han echado el magnesio ahí y se han quedado tan panchos. No sé, quizá el calor me hace medio delirar. El pan con jamón del puesto lo devoran unas abejetas y el nutrido grupo de corredores que se juntan de la corta y de la larga e, insisto, hay una sensación de prisa y desasosiego por parte de algunos que me pone de los nervios.

Miro el teléfono, tengo dos llamadas perdidas del Enano. Me dice que transitan a tres kilómetros y que van bien, mucho mejor que el año pasado así es que le digo que tiro para meta.

Allí en Viña he alcanzado a Lemus y Morcate pero les digo que por favor marchen que voy a echar un rato un poco largo. Lleno media bolsa de la mochila con agua, y el botellín con el simulacro de isotónica, antes de probarla y comprobar que me revuelve las tripas, y como uno de mis medios bocadillos de jamón. Creo que también una barrita. Para ejecutar la operación de llenado de la bolsa tardo una eternidad, no encuentro el cierre que yo mismo he dejado puesto en la mochila. Llega Chicote, come y bebe, se recupera y continúa. Esparzo el contenido de la mochila por el suelo sin encontrar el cierre de la bolsa de agua. Tras tres minutos haciendo el canelo caigo en la cuenta de que el cierre está enganchado a la mochila. Llevo un melocotón de cuidado.

Como el avituallamiento me está poniendo de los nervios con ese trasiego de gente que va y viene, corredores que vienen de la larga y no encuentran el cartel indicador para continuar ya que el viento lo ha derribado y no saben por donde continuar, en definitiva, un pequeño caos que hay allí montado, decido arramblar dos trozos de fuet y dos gominolas de cocacola y seguir comiendo mientras camino. La alimentación está siendo escasa pero es que el estómago está reblandeciéndose por momentos.

Corro un rato hasta alcanzar la bajada más revirada. Otra vez mal cuerpo acrecentado cada vez que toca algún repecho. Voy oteando algún foricachón donde parar a hacer de vientre, a hacer un demaré. Cada vez se acrecienta más la sensación de que la cosa va a terminar así, como debería haber comenzado antes de tomar la salida. Llego al barranco y remontó no con pocos esfuerzos hasta la pista que conduce a Radiquero, momento en el que soy retratado por el sr Monrasín.


Terreno pisado y sin piedras, ancho, pendiente la justa e ideal para trotar. Y la sensación de ir por una autopista de tres carriles con un seiscientos con el motor reventado. De poder circular a 140 km/h y no saber pasar de 60. Corro, camino, corro y vuelvo a parar. Retortijones de tripas y Radiquero ya se acerca. Dicen que en la plaza hay cerveza pero una necesidad acuciante me lleva a renunciar a ella. En llegar al pueblo voy directo al bar previa conversación con uno de los parroquianos que ve el paso de la carrera en la puerta.

- Vamos, ánimo, que ya te queda poco
- Gracias. Esto es el bar del pueblo, ¿verdad?
- Sí, uno de ellos. Pero allá más adelante a cincuenta metros tienes el avituallamiento...
- Sí, ya, si ya lo sé. Pero es que tengo que hacer uso del baño del establecimiento
- :))) Ah, bueno, ya veo. Pues en ese caso pasa para dentro que ya te guardo la mochila y los bastones y ventilas el asunto más tranquilo.

Y para allá que entro no sin antes despojarme de la gorra y pedir un aquarius a la camarera. Que una cosa es entrar a un establecimiento sudando y pudiendo como un cochín y otra no despojarse de la gorra en el interior como si fuera un moderno e intentar hacer uso de la instalación por la cara como si fuera un cuatrero. Eso no. Y menos en Radiquero.

Una vez dejado el fax en la oficina postal me bebo el aquarius en dos tragos, pago y salgo fuera a dar las gracias al buen hombre que ha custodiado mis pertenencias mientras penaba en el interior.

Prosigo al avituallamiento, relleno la bolsa como si quedaran veinte kilómetros en lugar de cinco y me enchufo buen tamborinazo de powerade azul. Creo que me lo he ganado tras despachar el fax y hacer un demaré de época y aunque debería comer algo para afrontar San Pelegrín el cuerpo ya sólo pide líquido y terminar ese sindiós de una vez. Atrás queda la barra con cerveza, la paella... Manolo de Radiquero se queda mirando extrañado de que no me aprete una cerveza (o dos) pero es que de hacerlo hay serio riesgo de padecer un calvario en la última subida en forma de vomitinas y otras lindezas del aparato digestivo. Otro año será, un año en el que no se caigan los botellines de agua, en el que las bolsas de la mochila vayan llenas, en uno en el que en Viña haya pichadetes de pitufina y no papilla de magnesio... otro año.

Quinto control de paso, Radiquero.
Parcial 2014: 1:44:47; Acumulado: 6:41:35
Parcial 2015: 1:18:17; Acumulado: 6:00:07

Tramo hecho 26 minutos más rápido que el año pasado. Teniendo en cuenta que en 2014 esperé más de un cuarto de hora al Enano en Viña para bajar juntos y que él iba muy acalambrado... pues he bajado de aquellas maneras. Pero claro, también he perdido un cuarto de hora este año conversando con el señor Roca... Las ovejas que entran por las que salen, he bajado que es lo que cuenta.

Ahora toca coger los bastones, bajar la cabeza y subir San Pelegrín como si fuera el Tourmalet. Engancho una zagala allá a lo lejos y fijo la mirada en ella. Para ser exactos en su culo, de estas situaciones hay que salir como sea y esta es una tan válida como otra cualquiera. Entre chemecos, soplidos y reniegos voy subiendo por esa ancha pista por la que en lugar de tierra veo unas galerías, ahora La Mongie, ahora otras galerías. No estoy en San Pelegrín, estoy en el jodido Tourmalet resoplando como una cosa mala, siguiendo a la pobre zagala que es lo único que me va anclando a la realidad.

En un tramo casi la sobrepaso, pero entonces paro a beber y le dejo otra vez margen y vuelvo a empezar la persecución. Las últimas rampas al 10%, las curvas con las pintadas de Trebujena, la estatua del ciclista en la cima, el monumento a Desgrange. Tourmalet coronado, o San Pelegrín, o lo que sea. Ahora sí, ahora ya sólo queda bajar y disfrutar. Ahora sí. No cuando Lemus Zapador en el km 18 ha soltado tan gloriosa frase subiendo a Quizáns "ahora coronamos y ya el resto es bajada y a disfrutar". La madre que lo trajo...

Guardo los palos y corro, y las piernas dan. Hay que parar a quitar una china de la zapatilla pero no importa. Correr y caminar cuando la senda se estrecha y se llena de piedras. Ya se ve la colegiata, las piscinas, entro en las calles, correr cuesta abajo. Gritos de ánimo, gente conocida, ya no duelen las piernas, ni la tripa ni nada. Doblo la última esquina y enfilo meta.

Mi hermano Jose y el sr Ornitorrinco están comiendo en una de las terrazas después de hacer podio de su categoria. Me hacen la ola, ni me entero. Veo un túnel de gente pero no oigo, veo a Romané, a Lemus Zapador que al final ha pinchado y a Morcate que ha llegado un poco antes que él. En torno a las 6:30 ambos. Les choco la mano y ya sólo queda meta. Entro corriendo, con las piernas casi más ligeras que cuando salí. Para completar la trail en 6:50. Una hora menos que el año pasado. Pasando alguna penuria y dedicando un rato a despachar un fax en la oficina postal de Radiquero pero una hora menos. Si no llega a ser por esa parada aún cogía a los zapadores, hubiera estado gracioso.


Por suerte al llegar, con la cara impregnada de sal, el estómago se vuelve a abrir. La conversación con el resto de participantes, las cervezas, la ducha y los macarrones ayudan a restablecer la normalidad en el organismo. Magda llega en 7:50, el Enano diez minutos más tarde. Contentos y sin sufrir en exceso. No así otros amigos que han ido con calambres más de media carrera. Pero ahí estamos todos, en meta sanos y salvos.

Habrá gente que se preguntará si es necesario pasar por todo este berenjenal durante siete horas, arrastrando el culo por la sierra de Guara. Es más, se preguntarán si todo esto que se ha narrado es disfrutar o más bien un sufrimiento innecesario. No sé, debemos estar un poco locos porque ya estamos pensando en la del año que viene.


Notas mentales para el año que viene.

1. Presentarse en línea de salida con la bandeja de salida de faxes, mails y correos totalmente descargada. Si fuera necesario despachar los mensajes imprevistos durante la media hora previa a comenzar el evento. Después resultará mucho más engorroso.

2. La bolsa de agua de la camelbak es para llenarla. Un litro y medio de agua pesa pero todavía pesa más el melocotón generado por la deficiente ingesta de líquido.

3. Los botellines de agua tienden a saltar del barco cuando la situación es desesperada. Aplíquese el punto 2, se corre más tranquilo.

4. Dos más dos son cuatro hasta el kilómetro 14 más o menos. Después el powerade azul que uno anhela en el avituallamiento se convierte en isostar de polvos o cosas por el estilo. Llevar aquarius en uno de los botellines para evitar tales eventualidades.

5. Al entrar en la recta de meta otear dónde está la gente conocida. Parar si es preciso a devolver los aplausos. A todos los que estabais en esa recta, enviando wasaps e incluso en casa frente a la pantalla del ordenador viendo la llegada en directo: ¡GRACIAS!

lunes, 28 de septiembre de 2015

Pitera Sagan se pone farruco


Peter Sagan es un ciclista eslovaco que de tanto tiempo que lleva dando guerra parece que tenga ya cincuenta tacos pero sólo tiene la mitad. Para la gente que no sigue el ciclismo es ese tipo que de vez en cuando le da la venada y llega en algún final en alto del Tour de Francia haciendo caballito con la bici. 


O aquel enfermo que en el podio de la E3 Harelbeke le tocó el pandero a una de las rubias azafatas. 


O ese que un año que le dio por ganar etapas en el Tour, y no llegar segundo, lo celebraba haciendo que corría como Forrest Gump, gesticulando como el Increíble Hulk o, en definitiva, haciendo alguna sobrada de pirado.


Para la gente que nos gusta el ciclismo también es conocido por ser el más habilidoso del pelotón, por ser un tipo diferente con un carácter entre chulo y rural, y porque de veinte etapas de una gran ronda puede terminar entre los tres primeros en ocho de ellas combinando las más diversas disciplinas. No es especialista en nada y es genial en todo. Pero es de los ciclistas que se ganan con creces el sueldo, disfrutando y haciendo disfrutar al personal


Después de clavarse un Tour de Francia memorable consiguiendo el maillot verde de la regularidad sin ganar ninguna etapa pero haciendo entre los cuatro primeros en diez etapas, ¡en diez!, haciendo una verdadera demostración de profesionalidad encima de la bicicleta, apareció por la Vuelta a España y por fin rascó etapa en una grande en este año 2015.

En la entrevista que le hicieron los de TVE le preguntaron que si ya que estaba en buena forma pensaba en ganar el maillot verde. El eslovaco puso una cara mezcla entre "este tío es gilipollas y hombre no me toques los cojones". Con su carácter rural le contestó que sí, que estaba pensando en ganar el maillot verde, pero el del Tour de 2016. Muy somarda. Otra respuesta no se merecían teniendo en cuenta que el maillot de la regularidad de la Vuelta no es verde y su color lo dicta el patrocinador de turno de cada año y encima la clasificación está ideada para que llegue con opciones hasta el último día Purito Rodríguez. Lo cual es directamente un insulto a todo lo que representa el maillot verde del Tour.

Al bueno de Sagan se lo llevaron por delante un par de etapas después a pocos kilómetros de meta. Una moto de la organización que no se dignó a parar a socorrer al herido y salió como una fuina hacia delante. El joven eslovaco la emprendió a golpes con todo. Con la bici, con el coche de asistencia, con el coche del médico. Probablemente le hubiera salido más a cuenta emprenderla a golpes con el señor director de carrera, el señor Guillén. Le hubieran multado igual pero se la hubiéramos pagado a escote entre unos cuantos para los que la última Vuelta ha supuesto una tortura por mala, infumable, peor ofrecida por televisión y rematadamente peor gestionada por sus mandamases. Lo que viene siendo una auténtica basura.


El pobre Sagan había pasado de la gloria de los campos Eliseos ganando el verde en París después de una serie de machadas apoteósicas a ser multado en la Vuelta por emprenderla a patadas con todo lo que encontró después de ser embestido por un imbécil. Reacción que hubiéramos tenido unos cuantos. Unos cuantos al menos de los seres asalvajados que frecuentan este engendro de blog. El pobre chaval no tuvo más remedio que poner fin a ese sindiós y marcharse a su casa donde sanó de sus heridas y, sobre todo, no tuvo que aguantar más estupideces made in Spain, ni subir todos y cada uno de esos diez finales en alto inéditos y que no eran sino, en muchos casos, caminos infernales que no frecuentan ni las cabras por feos y empinados.


El caso es que llegó el Mundial de fondo en carretera y hete aquí que Pitera Sagan consiguió uno de los mayores logros a los que puede aspirar un ciclista profesional. De los que se reían de él por ser el eterno segundón, de los que lo vilipendiaron hace un mes a causa de la caída poco menos que provocada por alguna maniobra extraña suya según profirieron algunas fauces de juntaletras. De todos ellos se descojonó en recta de meta, entrando como sólo un tío como él puede hacer. Ni llantos, ni gritos de rabia, ni gestos crispados. Una media sonrisa y unos gestos de negación y otra vez la sensación de estar pensando "hombre no me jodas".


Bici al suelo, casco y gafas para la afición, saludos a todos los que iban llegando detrás de él, caballito montado de nuevo en bici yendo a la zona de podio y morreo con refrote con la novieta. 


Le faltó mirar a cámara y gritar un "Guillén t'ajodan" pero eso ya hubiera sido el acabose.





miércoles, 16 de septiembre de 2015

Aquellos torneos de Fiestas...

Tras el preceptivo descanso veraniego, este humilde blog vuelve a ofrecer alguna que otra historieta para todos aquellos incautos que tengan a bien pasar a leerlo. Como el verano tampoco es que haya sido muy productivo en cuanto a práctica deportiva propia (ya habrá tiempo de rememorar el fantabuloso entrenamiento realizado todos estos meses de cara a la cita en Guara dentro de dos semanas) habrá que tirar de archivo y aprovechando que aún tenemos recientes las Fiestas del Barranqué y se está jugando el Eurobasket de tiones, vamos a recordar aquellos maravillosos torneos de baloncesto que algunos tuvimos la suerte de contemplar cuando éramos unos críos.


Año 1988. En esta ocasión son de la partida el Magia Huesca, el Barça y la Selección Yugoslava. 

El Magia, nuevamente con su plantilla compuesta por Granger Hall, Brian Jackson, Pagés, Alocén...  Aquellos equipos de los '80 y '90 si algo bueno tenían era la permanencia de los jugadores en las plantillas. Uno podía recitar los quintetos de memoria, los jugadores se implicaban con sus equipos y al revés. Eran como de casa. De hecho Granger Hall se casó con una chica de Almudévar después de estar seis temporadas en Huesqueta. Sin embargo en estos tiempos estar seis años en un equipo, y más de baloncesto donde se estilan mucho los contratos de "temporeros", se antoja complicado.

Estaban entrenados por Iñaki Iriarte, un histórico de los banquillos de la ACB.

El Barça, con Quim Costa (actual entrenador del Peñas), Chicho Sibilio, Trumbo, Santi Abad, Xavi Crespo y Audie Norris... Entrenados por Don Alejandro García Reneses. Entrenador a quien la Historia (como a Butragueño con las copas de Europa) le debe una final olímpica. La de 2008 los señores del COI y la FIBA tuvieron a bien sisársela vílmente con nocturnidad y alevosía. A estas alturas de la película difícil será que se la devuelvan.

Aquel Barça era el predecesor del equipo que se iba a estrellar año sí y año también en la Final Four contra los zagales de la Jugoplastika. Por el Ángel Orús estaba desfilando lo mejorcito del baloncesto europeo.

Y Yugoslavia. Qué decir... A los Radja y Kukoc del año anterior había que unir a los Paspalj, Zeljko Obradovic, Jure Zdvoc, Vrankovic, Divac, y el gran Drazen Petrovic. Entrenados por Dusan Ivkovic. Sonaba majestuoso por aquel entonces. Ahora, pasados los años y conocidos todos los logros de estos jugadores y entrenadores, suena irreal que en la pista donde muchos hemos tenido clases de educación física y hemos jugado montones de veces haciendo el canelo, ellos estuvieran allí.


De nuevo el pabellón se llenó hasta los topes y de nuevo la criallería la gozó encorriendo a aquellos gigantes para reclamar autógrafos. Conseguí unos cuantos. El que más ilusión me hizo fue el de Chicho Sibilio. Yo era del Madrid pero ese jugador me caía bien. De pequeños quien más quien menos ha sido siempre del Rey Baltasar y Chicho tenía un aire a rey mago bastante acusado, aunque en aquellos tiempos el Rey Baltasar en Barbastro tuviera el pelo blanco, ojos claros y fuese pintado con betún... pero eso ya son otras historias.

La colección del Peñas y de Yugoslavia también fue bastante bien, sin embargo faltaba la firma de la estrella principal. La firma de Petrovic. El genio de Sibenik es junto a Nikos Gallis (o Navarro a lo mejor), Sabonis, Pau Gasol y Nowitzki, uno de los cinco mejores jugadores europeos que he visto jugar. Perfecto si jugaba en tu equipo, desesperante si actuaba en el contrario. Todo lo que tenía de genial lo tenía por momentos de chulo. Por aquel entonces jugaba en la Cibona de Zagreb. Uno de aquellos cocos contra los que el Real Madrid siempre palmaba. El otro era el Aris de Salónica de Nikos Gallis, el resultado era parecido sólo que en Salónica además el público invadía la pista y tiraba las canastas cuando terminaba el partido. Otros tiempos.

Volviendo al torneo de Fiestas, en una de mis incursiones a la puerta de los vestuarios pasó Petrovic, absolutamente altivo, ni me miró. Yo tampoco tuve el valor de ni tan siquiera abrir la boca o extender la libreta a su paso para que firmase. Eso sí, mi cara debía ser un poema ya que justo detrás de él pasó uno de los masajistas del equipo, me miró, dijo algo en inglés o serbocroata e hizo gestos muy ostensibles de que esperase donde estaba. Marchó como una fuina detrás de Drazen y se metió en el vestuario. Al minuto salió con una foto firmada por Petrovic y me la dio con una gran sonrisa. La que le devolví a ese santo varón tampoco debió de ser para menos. Años después perdí la dichosa foto al igual que la firma de Granger Hall. La del saputo asimilado (por si no lo saben, Saputo es el acojonante gentilicio de Almudévar) si algún día me lo encontrara por Huesqueta, aún se la podría pedir, algo que lamentáblemente no podré hacer nunca con el malogrado Drazen Petrovic.

Yugoslavia ganó el torneo, después de enjaretarse raciones de calamares y gambas en el altillo del bar Victoria. De cómo esos mustaganes se acomodaron en tan reducido espacio, es mejor que se acerquen a tan emblemático establecimiento para que alguno de sus dueños les relate semejante acontecimiento. Esa misma Yugoslavia sería semanas después subcampeona olímpica en Seul, cayendo en la final contra Kurtinaitis y amigos, esta vez sí con la ayuda de Arvydas Sabonis. Viendo la final por la tele a ratos uno parecía que estuviese en la grada del Ángel Orús. Impresionante.


Año 1989. Faltaban poco más de dos meses para que el mundo cambiase por completo tras la caída del Muro de Berlín. Sin embargo, en la tercera edición del torneo todavía pudimos presenciar uno de esos duelos de la Guerra Fría. EEUU-URSS.



Bien es cierto que la URSS que vino no era ni con mucho el equipo campeón olímpico del año anterior y EEUU... el equipo americano, que se llamaba Howlers All Stars, era la banda trapera del río versión equipo de baloncesto. Los he buscado por internet, no encuentro nada acerca de estos tipos, ni tan siquiera encuentro qué son los "howlers" aparte de un grupo musical o una especie de mono. A todos aquellos equipos los recuerdo con mucho cariño y desde aquí mi agradecimiento a todos ellos por venir a este foricachón de la provincia de Huesca donde para días vemos algo semejante, pero estos Howlers eran flojetes, las cosas como son. Había algún NBA que se supone que eran los buenos. Dean Pettus y Lawrence Grandingo. No he sabido encontrar nada tampoco de estos dos buenos hombres. En  serio, a cualquiera que aporte algo de luz a este misterio le estaré eternamente agradecido. El resto de jugadores provenía de la NCAA y de la CBA. El propósito de que se juntase toda aquella banda constituye también uno de aquellos misterios que en las frías noches de invierno surge en alguna conversación en algún bar a horas muy intempestivas.

El equipo de la URSS era una selección B (o si me apuran hasta C), pero al  menos vinieron Vetra, Tikhonenko y Goborov. Alguno venía de ganar el bronce el Europeo de junio. Vetra era bueno lo que para ganarle el puesto a Kurtinaitis, Homicius, Volkov y compañía pues como que no. Tikhonenko había sido campeón olímpico y Goborov era la nueva perla del baloncesto soviético. Por desgracia días después de jugar en Barbastro fallecería en accidente de tráfico en Moscú.

El Peñas vino con lo de siempre. Para qué más. Solamente contemplar a Brian Jackson sobre la pista haciendo de todo y todo bien y el espectáculo de Granger Hall lanzando los tiros libres valía el precio de la entrada.

La final la disputaron la URSS contra los Howlers All Stars. Yo iba con la URSS, porque aunque no estaba aquí, era el equipo de Kurtinaitis. Este jugador no era un Sabonis, ni un Gasol, ni un Petrovic. No era el mejor, eso está claro, pero por un lado están los mejores y por otro lado están los que uno admira. Eso siempre lo he tenido bien claro, tanto en el deporte como en otras facetas de la vida.

Aparte, en casa se iba con la URSS sobre todo por lo que respecta a mis hermanos. Uno de ellos guardaba celosamente una bandera con la hoz y el martillo en un cajón de la habitación donde no la pudiese pillar mi madre. Por las tardes se cogía la bandera, la sacaba, la izaba en un palo y se iba al pabellón a ondearla en uno de los fondos del graderío ante la mirada atónita de mi padre, con quien yo veía los partidos en la otra punta del pabellón. Al terminar el partido, plegaba la bandera, se la echaba al bolsillo y la volvía a esconder en el cajón. Al día siguiente, a la hora de comer mi padre le contaba a mi madre lo de la bandera. Horrorizados, ya no por la bandera en si sino porque al ondearla en la grada mi hermano debía ir sin sed (pero eran fiestas del pueblo, qué puñetas), le preguntaban por el paradero de la misma y en esa casa todos callábamos como putas. ¿Bandera, qué bandera?. No fuera a ser que se la quitasen y en la final no tuviésemos espectáculo.

Y en la final hubo espectáculo. La hoz y el martillo volvieron a ondear y no fueron los únicos porque había alguna pancarta de "Animo Tovarich". Aquellos americanos estaban espantados y alguno pensaba que tendrían que salir por patas. Pero es que eran fiestas, la gente iba empifolada, no es que los ánimos se enardecieran solamente por el partido. Y los soviéticos, miraban a la grada con los ojos como platos. Por momentos no sabían si estaban en Barbastro o en Magnitogorsk. 


Al final del partido, con la URSS vencedora, mi hermano el de la bandera y sus amigos y más gente invadieron la cancha al más puro estilo Munich '72 y se zamparon una botella de vodka con el amigo Tikhonenko. Semejante escena en uno de esos partidos de la gira Ñ que perpetra la selección de baloncesto todos los veranos es sencillamente inconcebible. Apretarse una botella de pacharán en plena cancha junto a San Emeterio (al resto de integrantes de la selección no acabo de verlos de esa guisa) supondría pena de cárcel aparte de suspensión de por vida para la práctica deportiva. Entonces supuso un poco de cara de acojone del pobre Valery y festival del humor a la mañana siguiente en casa aparte del requisamiento de la banderita. Otros tiempos.


PD. Este año 2015 se volvió a celebrar un torneo de Fiestas de baloncesto con equipos provinciales. Esperemos que con el paso de los años el evento coja fuerza de nuevo y podamos disfrutar con las estrellas del baloncesto.
De momento disfrutaremos con el Triangular Benéfico de Voleybol los días 22 y 23 de septiembre. A beneficio de Cruz Roja para que lo destine a los refugiados, que buena falta les hace, y que servirá de merecido homenaje al tristemente desaparecido Javi Del Valle.
Nunca pido nada a través de este blog pero creo que la ocasión lo merece. 
Acudan, por favor, es por una buena causa.

viernes, 7 de agosto de 2015

Fotos de la Naval-Tourmalet 2015

He aquí parte de las fotos que el pasado 6 de agosto tuve el placer de realizar en la primera edición (y esperemos que no última) de la Naval-Tourmalet. En posteriores entregas se contará todo lo relativo a esta, ya se puede denominar así, Clásica del grupo Tuercepedales.

Hace unos meses Nacho tuvo la genial idea de enlazar mediante marcha cicloturista su pueblo con la cima más mítica de los Pirineos, el Tourmalet. Para ello debía engañar a su familia, a unos cuantos amigos y a la familia de estos para llevar a cabo semejante locura. Por suerte los amigos de Nacho nunca hemos estado muy bien de la cabeza, de modo que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para engañarnos.

El 6 de agosto a las 6:30 de la mañana cuatro aventureros se dispusieron en la plaza de Naval a llevar a cabo el exigente recorrido. Para los libros de Historia quedarán los nombres de (de izquierda a derecha):
Nacho, el diesel navalés con motor Perkins, avanza lento pero avanza de manera indestructible; Abizanda, el friki enfermero serrablés de adopción, duro como un jabalí; Héctor, el queroseno navalés, el benjamín del grupo, mientras se aburre pedaleando otea cados de robellones, y Paco, el señor Ornitorrinco, veterano de mil batallas, nunca se rinde y cuando parece que va a hacerlo la cocacola le hace revivir.
La ruta, descomunal. Cerca de 130 km partiendo de la villa jamás conquistada hasta Sainte-Marie de Campan (el tramo entre Parzán y el final del túnel de Bielsa se neutraliza por no estar permitida la circulación de bicis a través del túnel). Una vez allí, el Infierno. La máquina de triturar carne humana se alza como última dificultad. Una especie de Monte del Destino en pleno Mordor a donde los pequeños hobbits navaleses deben acudir para demostrar su valía, dejando la Comarca y adentrándose en tierras extrañas acompañados de Trancos Abizanda y Gandalf Torrinco.

Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido.

Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha.

Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido.

En Aínsa tuvo lugar el primer refrigerio de la jornada. El sr Ornitorrinco poco habituado a este tipo de lifaras debía de pensar "dónde me he metido". Se descalzó y todo porque veía que la cosa iba para largo.

El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada.


Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente.

Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. 

En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km.

El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón.

He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte).
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.

En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida.

En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada.

La pareja de jóvenes navaleses avanzaba más atrasada y algo más atrancada. Sin embargo a Nacho todavía le quedaban fuerzas para embestir a los reporteros gráficos al grito de "¡Asesinos, dejad de retratar nuestro suplicio!"

Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet.

Por delante, Jordi, el mayor de los navaleses, avanzaba el primero de la marcha con cara sonriente y pedaleo alegre y ligero. Monsieur Tourmalet lo estaba envolviendo en su trampa aunque Jordi todavía lo desconocía.

Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición.
Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto...

... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver.

El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven.

Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas.

Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada.

Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna.

Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet...

... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%...

... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle...

... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar.

En La Mongie el motor de Héctor dijo basta. Mareos y calambres le hicieron parar con buen criterio. Para quien no lo sepa La Mongie es la estación invernal que se aprecia al fondo de la imagen, lejos de suponer un descanso en la subida otorga una puntilla tras la cual se han de afrontar los últimos y descomunalmente salvajes 3 km. De hecho los últimos 5 km tienen una pendiente media cercana al 9'5% de agonía interminable.
Nacho siguió a lo suyo en régimen de bajas revoluciones. Paco fue avistado en un bar a la entrada de La Mongie, de hecho llamó a los reporteros gráficos y estos acudieron al establecimiento hostelero asustados y pensando que iban a asistir a la retirada del marsupial más duro del Somontano. Nada más lejos de la realidad ya que se encontraba, dentro, sonriente con su querida cocacola. Una vez revitalizado siguió hacia delante.

Y a Jordi vino a visitarle el Tío del Mazo en plena travesía de La Mongie, lo encontramos a la salida de la estación bastante peor que cuando lo dejamos en las Galerías pero a pesar de ello continuó hacia arriba después de reponer líquidos. Llegó a la cima. 

He aquí un tío contento, un tío feliz completando la Naval-Tourmalet. Por un par de veces pensé que se bajaba de la bici. Y almorzando en Parzán pensé que se nos dormía con semejante parón aparte del tozolón que se pegó contra la puerta del restaurante y donde se tuvo que hacer algo de daño. Llegando al final del Tourmalet, cima custodiada por un gigante de hierro. Estos tíos sí que son gigantes.

El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera.

Nacho, otro tío feliz terminando su particular locura. "Nunca más, nunca más" declaró nada más cruzar la línea de meta. Esperemos que con el paso de los días reconsidere sus palabras. De no haber reventado en La Mongie, Héctor hubiera sido el tercer valiente en completar la marcha, sin embargo una parte de él llegó a cima con Motor Perkins Nachete ya que entre ambos se fueron haciendo la subida al igual que entre ambos prepararon buena parte de esta fenomenal locura denominada Naval-Tourmalet. Gracias por embescarnos en semejante aventura.

¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.

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