lunes, 4 de abril de 2016

Apacible vuelteta por Tierrantona 2016


Buena experiencia en la primera edición de la Trail Valle de La Fueva. Circuito tan duro como bonito por uno de los enclaves un tanto desconocidos de la provincia, con una magnífica acogida por parte de los fovanos y fovanas que regentaron con suprema amabilidad los avituallamientos y puntos de control. Esa clase de cosas que te dan motivos suficientes para volver al año que viene aunque hayas te hayas arrastrado durante 25 km  y 1100 m de desnivel pidiendo clemencia y que se terminaran de una vez esas sendas y bajadas criminales.

Y es que no se puede acudir a un evento de estas magnitudes con pocos kilómetros en las piernas, y más centrado en la bici que en hacer cuestas por el monte. Habiendo tenido comida de empresa con buena sobremesa el día de antes llegando a casa sin sed. Maldurmiendo. Con las tripas de aquellas maneras y la uña del dedo gordo del pie haciendo mal desde hace unos días. Casi que lo mejor que hubiera podido hacer el sábado por la noche hubiera sido apagar el despertador y el móvil y echarme a dormir hasta el domingo al mediodía pero perderse semejante evento en Tierrantona me hubiera dolido más que todo lo demás.

Esta vez la expedición estuvo formado por Lemus Zapador, los brileneros Jose y Fernando M. el cual ya ha sido fichado para estos eventos dado su desempeño en el tercer tiempo de la carrera, y un servidor. Al llegar a Tierrantona, recogida de dorsal con saludo a Javi, el fovano sobrevenido, y café en el atestado bar. Saludos con los innumerables barbastros comandados por Paco Torrinco y deprisa y corriendo a cambiarse de ropa. A pesar de que pintaba mal la previsión meteorológica se atisba un día bastante bueno así es que tras un buen rato, Lucía nos dice que parecemos mujeres tardando tanto, nos ponemos de corto.


Concentración en la plaza del pueblo, codetazo de salida y a correr. Durante un bucólico primer kilómetro la serpiente multicolor corretea con Cotiella al frente por terreno llano. Entonces empieza el baile, tras pasar una granja en ligera pendiente hacia arriba se acomete un zigzagueo vertical que deja las piernas para el arrastre. Las miserias de este invierno de estar tirado a la bartola salen a la luz. Pasamos por Charo y seguimos ascendiendo. Aquello ya parece la peña Montañesa por momentos, qué rampas... y qué vistas. Cotiella y Turbón copados de nieve saludan allá arriba. Un par de voluntarios sonríen al paso de los sudorosos sufridores de la trail. Sonríen de esas maneras tan de por allá arriba que dan a entender que ahora vas jodido pero luego lo irás mucho más.

Otra rampa imposible y un señor haciendo fotos que avisa de que ya se ha terminado la subida (fuerte). Ermita de San Salvador, buenas vistas y dos vasos de aquarius para recuperar semejante calentón. Las piernas son ya zona catastrófica, no hay nada que hacer. Y llevamos tan sólo 5 km. Pintan bastos. Jose y Fernando hace rato que transitan por delante mientras Lemus zapador y un servidor hacemos lo que podemos en posiciones traseras del pelotón. Acometemos el esperado descenso y tras un kilómetro de bajar por una empinada trialera las piernas piden piedad y que empiece otra subida o algo más asumible.

Llegamos a Aluján. Bonito pueblo, bonitas vistas, bonitos ánimos, estropeadas piernas. Por un persistente subebaja jalonado de plastas de vaca nos aproximamos a las faldas de Muro de Roda. Allá a lo lejos se comienzan a oír unos memorables chemecos. Entre bojes, barzales y demás arbustos llegamos a conectar con la pista, ¡por fin pista!, que sube a Muro. ¡Si es que os quejáis de todo, que si hay pista porque hay pista y si hay senda porque hay senda! advierte el voluntario que está en el control. Y cómo lo sabe. Comenzamos el ascenso previa ingesta de tamborinazo de magnesio. En el kilómetro 11 ó así y bordeando la fase conocida como moñaco Playmobil o muñeca de Famosa.

Pero en ese momento los gritos y chemecos comienzan a hacerse plenamente entendibles, que no audibles puesto que se llevan oyendo desde tres kilómetros antes. Se trata de un valiente que está jugando con la integridad física de su garganta para alentarnos a todos y cada uno de los participantes que estamos sufriendo como perros en aquella subida. Venga valientes p'arriba, con cojonera que ya lo tenéis, venga guapa que estás hecha una maratoniana del horror y venga tú que eres un finisher, y venga p'arriba cojones ya, no os miréis el cartel que ya estáis arriba y vamos que ya está y no pares que está ganado y veeeengaaaaa, vaaaaamoooooos, con cojoneraaaaaaa. Me-mo-ra-ble. Por estas cosas uno vuelve a las carreras y por estas cosas se guarda buen recuerdo de ellas. Mil gracias.

Llegamos a Muro de Roda con los gritos de fondo de ¿Teo?, no estoy seguro de que este sea su nombre, y entramos al recinto de esta pequeña y desconocida joya. Magníficas vistas, impecable trato en el avituallamiento. Por decir algo, quizás falta algo de salado, un poco de fuet, jamón, poca cosa. Pero es una primera edición, más no se puede decir. Otro trago de aquarius y cara abajo. Javi el fovano sobrevenido, haciendo labores de coche escoba nos pisa los talones. Corramos.

Otra bajadeta preciosa con vistas del embalse al lado pero las piernas ya están aborrecidas. Lemus zapador se adelanta en una de sus incursiones para intentar conectar con algún grupo delantero y en estas que me quedo solo. A la media hora larga de ir maldiciendo a todas y cada una de las piedras con las que estoy a punto de torcerme el tobillo por unas ocho veces Lemus me pega un grito ¡porque viene por detrás! ¿Hemos entrado en algún tipo de vórtice espaciotemporal? No, el colega se ha confundido en un desvío y le he adelantado mientras.  Tras mucho padecer en la bajada llegamos a Humo de Muro donde vemos a Chicote animando y donde nos advierten de la subida que falta.

Otra senda maja pero trufada de desniveles con los cuatro intermitentes de emergencia puestos ya. Horrible, dantesco, escasas fuerzas quedan para llegar hasta Fumanal y otro avituallamiento. Debemos de sacar muy mala cara porque las amables muchachas que lo regentan nos preguntan cómo vamos y que si es duro el recorrido. Entre trago y trago de aquarius les contestamos que mucho, que lo que mata no es el desnivel, sino el terreno. A lo que otro de los voluntarios espeta que "pues menos mal que no ha llovido". Pues sí.

Nos queda un tramo rompepiernas para conectar con la pista de Muro de Roda que ahora ha de conducir hacia Tierrantona. Y en el tramo más amargo cuando ya está a punto de reventar algún cuadriceps o algún lóbulo temporal del cerebro comienzan a llegar otra vez los gritos de aliento de Teo. Ir como una mierda subiendo una pendiente que te va a costar un verano terminar y durante todo ese rato escuchar a un tío gritándote: Venga valiente, que ya lo tienes hecho, qué te pensabas que no ibas a terminar... pues no, que vas a llegar, vamos, cojoneraaaaaa. Que te dice que eres un campeón aunque ambos sepamos que es mentira... Las comparaciones son odiosas pero es como subir el alto de Miracruz en la Behobia sólo que los tres mil donostiarras que deben de estar apretujados en esa cuesta animando se han concentrado en la figura de este memorable personaje. Ole sus cojones.

Coronamos dándole las gracias y tras conectar con la pista trotamos en el descenso con las piernas como tablones. Paramos, caminamos y volvemos a trotar por esa autovía que lleva a meta pero llevamos las cuatro ruedas pinchadas. Entramos en Tierrantona y al ver a los críos del pueblo echamos a correr y a chocar manos. Recta de meta y llegada en antepenúltima posición de la clasificación. Como buen integrante de la sección de las Muñecas de Famosa.

Charrada en meta con el Enano y Esther que han venido a animar, una Rondadora para recuperar sales con Jose y Fernando que ya han llegado a meta hace casi una hora, una ducha y a comer contando las batallitas de carrera. Tercer tiempo en el bar a base de unos buenos digestivos con anécdota incluida con la guapa camarera (que no se puede ir por ahí pidiendo "unas hierbas" como si tal cosa, hombre) y animada charrada en un velador. Finalmente vuelta a casa puesto que al día siguiente hay que madrugar.

Sufrí (sufrimos) como un maldito perro, por momentos maldije esos maravillosos caminos,  al llegar a meta dije que para días volvía a trotar por esas sendas, hoy llevo las piernas como un Playmobil y los hombros son siniestro total de cargar la mochila con los bastones. Subir escaleras es actividad de riesgo y bajarlas un despiporre. Voy a esconder las zapatillas de trail y en dos meses no pienso hacer otra cosa que no sea bicicleta. Las zapatillas de asfalto también van a ir castigadas, por si acaso, y el garmin con sus temibles tracks se va a quedar tirado en el fondo de algún cajón. Pero a pesar de todo ello habrá que volver al año que viene a Tierrantona. Vaya que si volveré...

viernes, 25 de marzo de 2016

La regla de los dos tercios



Ayer hubo paseo con la bici de montaña. Después de tres meses de abandono. Queda un mes para la marcha de los Monegros y la cuestión es no presentarse en la línea de salida con serias dificultades para hasta montar en el velocípedo de brincar charcos. El destino de la excursión fue parecido al de una de las últimas salidas de diciembre, el Área 62 la cual ayer quedó rebautizada como Área 51 de Roswell por motivos que el atento lector y conocedor de este engendro de blog podrá desentrañar conociendo las correrías de los seres que se describen.


Nos perdimos. Otra vez. No se trata de ninguna novedad pero cuando se desarrolla de la manera como fue ayer es para relatar la aventura para que quede constancia escrita de cómo es posible perderse tres veces para ir a un punto distante unos seis kilómetros. Se trata de una circunstancia pavorosa en tanto en cuanto no aprendemos de los errores del pasado e incluso parecemos regodearnos en ellos. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Nosotros nos guardamos esa piedra en el bolsillo y la dejamos caer delante nuestro cuando nos aburrimos.



Ante la posibilidad de montar una salida en bici en la mañana de Jueves Santo pero intentando evitar la carretera el miércoles se terminó de concretar una vuelta, un paseo, con la bici de ruedas gordas. De hecho por circunstancias que no vienen al caso la salida se terminó de concretar ayer a las 9 de la mañana, lo cual no es excusa para la tropelía que viene a continuación.


Éramos de la partida Juanillo, Truli, Jesús y yo. A la merecida fama ganada a lo largo de los años por mi hermano y yo en el mundo de la orientación se unía la figura local encarnada por el fantástico Truli. Una colusión de facultades jamás vista, una novedad mundial que ninguno de los cuatro quiso prever. ¿Nadie? Bueno, nadie verdaderamente no. Juanillo confirmaba su asistencia via wasap a las 9:35 hora zulú, y yo le respondía que también venía Truli. A continuación se detalla un extracto de la conversación mantenida y en la que Juanillo, esa mente preclara, ya se anticipaba a lo que estaba por suceder.

-De acuerdo, pero por Dios que no haga de guía.
-Tranquilo que vamos de paseo.
-Que he ido dos veces con él y las dos nos hemos perdido; las dos con 30 km de más.
-Al Área 62 no hay mucha pérdida.
-Bueno, bueno... que esto me lo conozco.

El encuentro entre los cuatro jinetes del Apocalipsis tuvo lugar en la cruz de Santa Bárbara. Ya allí había motivos para abortar misión, nadie quiso verlos. Truli se encontraba enfrascado tecleando en su móvil sacando mapas del Instituto Geográfico. Para subir al Pueyo. Ya en el primer cruce se decidió tirar por la derecha. La izquierda suponía acometer el camino tradicional, el que todo el mundo conoce, el que no tiene pérdida. Pues nosotros tiramos por la derecha, abandonados a la pericia de Truli.

A los doscientos metros Truli comenzó a insultar gravemente a una chica china que hablaba desde su teléfono móvil el cual lleva sujeto a su manillar. El porqué lo lleva allí luego se aclarará aunque ya se puede avanzar que el motivo es demencial. El caso es que a la muchacha china que gobernaba los designios de la excursión algo no debía de cuadrarle y comenzó a vomitar palabras, pudiera ser que hablase en castellano pero al revés al igual que la niña del Exorcista aunque eso nunca lo sabremos ya que el volumen de los juramentos proferidos por Truli era claramente superior al de los mensajes de advertencia de la guía.

El caso es que Truli mató a la chica china y la guía dejó de realizar su función, quedamos a merced de los elementos y de la regla de los dos tercios. Pasamos por Granja Aventura pero al primer cruce un poco comprometido ya hubo disensión de opiniones y se optó por lo que dijo Truli. El resultado fue terminar en medio de un campo. Llegados a este punto fue cuando alguien planteó la cuestión de qué clase de track o mapa estábamos siguiendo a lo que Truli respondió de manera escalofriante: "yo llevo el GPS para saber dónde estoy pero no para saber a dónde voy". Brillante. 

La cuestión fue que tras cruzar un campo lleno de árboles plantados en el que supuestamente había un camino "hasta hace bien poco" pero en el que hay que hacer hincapié en que había árboles, y todo usuario de la piscina municipal del Barranqué conocerá que los árboles tardan eones en crecer y los de ese campo estaban crecidos, se vuelve a llegar a un punto perdido en el espacio sideral a partir del cual no era posible avanzar.

En ese momento, Jesús, ese otro tótem del mundo de la orientación decidió tomar el mando para sacarnos de semejante aprieto. La opción elegida para abandonar aquel vórtice de perdición fue una maravillosa trialera la cual nos llevó a realizar un bucle alrededor de unas carrascas por las que paseaban un señor con su hija. Cuando nos vio por primera vez el hombre puso cara de extrañeza al contemplar cuatro tarados por aquellos parajes no muy habituales para la práctica ciclista. Cuando a los cinco minutos nos volvió a ver justo al otro lado de la faja de carrascas yendo en dirección contraria sólo le faltó tapar los ojos a su hija para ahorrarle la visión de esos cuatro errores de la Naturaleza en pos de alcanzar las cotas más altas de la incompetencia. Seguramente la música de Benny Hill sonaba dentro de su cabeza al ver semejante escena.

Aún hubo tiempo para que Truli volviera a colocarse en primera posición del pelotón llevándonos a otro de esos puntos en los que el camino se corta en medio de una era. Ante las imprecaciones y juramentos del personal que le animaba a responder por dónde pensaba hacernos llegar a destino él tuvo el cuajo de decir aquello de "¿por qué me seguís? ¿por qué me seguís si no sé a dónde voy?". Delirante.

Por extraño que pueda parecer a estas alturas, conseguimos llegar al camino principal del Pueyo algo sobre lo que sinceramente albergué serias dudas. Cabe recordar que por aquellos caminos ya vagamos durante horas con el Enano y Agus en una lluviosa jornada de infausto recuerdo y que más recientemente en la capital maña tardé cuatro horas en llegar desde la zona del Casco hasta casa de Lemus Zapador inmerso en una interesante trail nocturna de vergonzante recuerdo. De Jesús ya se habló largo y tendido en esta blog el día que partiendo desde Berbegal en dirección hacia Laperdiguera terminamos en Lagunarrota, básicamente se encuentran en direcciones opuestas. Y Truli en cierta ocasión en la que viajábamos en coche a Bayona nos hizo subir por Zuera y Sos del Rey Católico y volver por una carretera perdida de las bardenas reales por la que el resto de la expedición se le amotinó ante tamaño dislate. El único ser que podía poner algo de raciocinio en la excursión era Juanillo y para lo único que abría la boca era para decir cada vez que llegábamos a algún camino cortado "Señor, llévame pronto".

El acongojado lector de estas Truliaventuras podrá creer que una vez llegados a la senda conocida por todo buen barbastrense que lleva al Pueyo llegaríamos sanos y salvos a nuestro destino que no era sino almorzar en la rotonda de acceso a la autovía sita a un escaso kilómetro del monasterio. No, no y mil veces no. El ser humano es una máquina espectacular que se complica la existencia hasta cómicos límites. Vayamos por la carretera directos, no. Vayamos por el camino que parte desde la ermita, tampoco. Subamos hasta la placeta del Sol y cojamos el camino que va hacia Castillazuelo, luego bajemos hacia la nacional, no tenemos ni idea de por donde se cruza hacia el área de servicio pero por algún sitio se podrá, vayamos.

Hasta la nacional se llegó moderadamente bien, no había mucha pérdida incluso para unos zotes como nosotros. Luego volvieron las comedias. Cruzando por encima de la autovía le comenté a Juanillo que ya llevábamos 14 km para un trayecto que debería haber costado no más de 7. Él comentó que aún nos quedaba un rato ya que las rutas de Truli suelen estar sujetas a la regla de los dos tercios (Dos tercios = 2/3 = 0,666 = el número de la Bestia). Y no le faltaba razón. Tras explorar un par de campos más se optó por ir a dar una vuelta por los contornos del vertedero para acometer el camino que lleva hacia el área de servicio. Rodeados de bandadas de cuervos, milanas bonitas y algún buitre que ante tanta insistencia de aquel grupo de cuatro impedidos que no hacían más que dar vueltas sobre si mismos se planteaba la posibilidad de darse un festín.

Al final llegamos al Área 62 aunque bien hubiera podido costar menos llegar al Área 51. Tuvimos menos dificultades para encontrar una mesa para sentarnos a degustar un almuerzo a base de dos huevos fritos con tres chullas de panceta y patatas panaderas. Ya allí aposentados y relatando al personal que así lo quiso nuestra incompetencia se acercó un incauto turista a preguntar. Aunque parezca mentira, un chico andaluz que no se vio amedrentado por los ostentóreos alaridos que provenían de nuestra mesa se acercó a consultar con su GPS. Increíble pero cierto.

El incauto pretendía ir a "Biela", lo que ya provocó aluvión de críticas hacia el mundo en general porque en el mapa se lee eso pero se pronuncia de otra manera, y no sabía que camino tomar ya que el GPS le planteaba dos rutas diferentes. Como el atento lector podrá imaginar ese consejo de sabios le propuso una tercera vía -uuuy, para ir a Viella lo mejor es que te bajes hasta Lérida... - ante la mirada ojiplática del andaluz a quien el buen tino y acierto que llegó a otorgarnos el vino y la cerveza que habíamos ingerido nos llevó a desdecirnos de semejante barbaridad y a ofrecerle la opción más razonable de subir dirección Benabarre.

La vuelta a casa no estuvo exenta de otra pérdida de camino pero como siguiendo la carretera del canal no hay más remedio que acabar abocados en algún momento a la de Berbegal al final terminamos llegando a casa, no por el camino que se había pensado, pero llegamos.

Terminaron saliendo 30 km para una ruta que no debería haber tenido más de la mitad. Lo que da miedo de verdad, porque la vuelta era sumamente sencilla incluso para nuestra torpeza, es que para la ida se aplicó la regla de los dos tercios de una manera matemática. Lo que en circunstancias normales no hubiera sido más que un paseo de entre seis y siete kilómetros costó la friolera de veinte. Lo que la razón dictaba se convirtió en un tercio de lo que terminamos pedaleando, los otros dos tercios vinieron de propina merced a nuestras habilidades.

Como ya se ha comentado, las habilidades de orientación de mi hermano Jesús y un servidor, se limitan a seguir las hojas publicadas por Javi y Tom hace años ha, en los que siguiendo referencias tan variopintas como acequias, tajaderas, carrascas, puentes o campanarios uno ha de situarse para llevar la cuente de por dónde hay que girar y por dónde coger el camino perfecto. Es un método imperfecto sujeto a que la higuera propuesta como referencia nº 17 haya sido erradicada de la faz de la Tierra hace ya mucho tiempo pasando de largo y entrando en bucles espaciotemporales con el consiguiente incremento de kilómetros por parte de los incautos que se guíen mediante estos primigenios tracks. Cada paradeta en las referencias para comprobar que se sigue el camino correcto puede ser empleado para comer, beber y soltar ventosidades varias. Uno le acaba cogiendo el gusto.

Por lo que respecta a las habilidades de Truli... se acaba convirtiendo en lo mismo, exactamente lo mismo pero pertrechado de unos mapas última generación a través de los cuales una solícita chinita te guía a destino. Lo malo de estas tecnologías que están en constante ebullición son las actualizaciones de software y que donde ayer indicaba un camino como una autopista hoy hay un campo con unas carrascas como casas. Qué le vas a hacer si te cambian los caminos de sitio... lo bueno de todo es que al menos cuando uno se pierde sabe exactamente dónde está y tan sólo se trata de encontrar un camino transitable que lo lleve a destino o de llamar al 112 y decirles que uno se ha perdido. ¿Dónde? pues aquí.

Conclusión: el que es torpe es torpe. Da igual que vaya a pelo, con hojetas del año la picor o con un GPS último modelo.

PD. a pesar de contar con la inestimable ayuda de uno de estos GPS último modelo ninguno de los cuatro zotes fue capaz de registrar la maravillosa ruta seguida. Mejor así, de esta manera será inimitable y no quedará expuesta a escarnio público por el resto de los tiempos. Quedan 35 días para Monegros y la inquietante sensación de que igual terminamos dando vueltas por Albacete, seguiremos informando.


lunes, 8 de febrero de 2016

Tozal de Guara (por Nocito)

Últimamente vivo muy atareado. Y es por eso que o no escribo entradas o se acumula la faena. Casi se podría decir que la vida es algo que transcurre entre actualizaciones de Zweeler, Comunio y Cyclingfantasy con breves paradas para comer, trabajar y dormir. Si desconocen de qué estoy hablando no saben la suerte qué tienen y si por el contrario conocen alguno de esos tres inventos del demonio pues también tienen algo de suerte siempre y cuando los usen con mesura. Cosa esta última que yo no gasto con esas malditas invenciones.

Pues resulta que el pasado sábado día 30 tuvo a bien montarse una expedición montañera a la cima del Tozal de Guara. La excursión como tal, aunque no exenta de diversión, no dejaba de ser una excusa para escapar por unas horas de esas tres bestias salvajes que amenazan con copar la totalidad de mi tiempo libre. Me daba igual el destino y de hecho me apunté a subir a la cima a pesar de haber ido allí ya hace dos o tres años. Pero hubo otra razón de peso para acudir. Se ascendía por la cara norte teniendo que hacer la incursión desde la muy noble villa de Nocito.


Al hablar de Nocito mucha gente se puede quedar como cuando se le habla de las tres bestias pardas mencionadas en el primer párrafo, de las que algún día haré una mención más extendida, a cuadros y sin tener ni idea de lo que se les habla. Los conocedores del tema sin embargo esbozarán una sonrisa al recordar tan simpar lugar enclavado en semejante valle donde aparte de un camping y un albergue existen algunas casas rurales donde poder pasar un buen fin de semana en la más absoluta tranquilidad. Se puede ascender al Tozal, adentrarse en barrancos o visitar ermitas. O simplemente descansar, la oferta no es mala.

La excursión en si estuvo muy bien. Organizada por el experimentado montañero Fari, fuimos de la partida su novia venida del imperio austrohúngaro, Anna, Lemus, Domper petit y un servidor. La subida, desde Bentué de Nocito a cima, costó unas 3h 20' y la bajada unas dos horas y tres cuartos. La ida con algo de frío y al resguardo del bosque, sudando la gota gorda en el tramo comprendido entre el refugio y el collado. Mañana soleada con nieblas en la zona de la Guarguera y buenas vistas de todo el frente del Pirineo desde las Sorores hasta el Turbón.


Al llegar al collado fuerte viento racheado acompañado de niebla alta cuyas lenguas ascendían majestuosas por las faldas del Tozal. En consecuencia todo lo que se veía hacia el sur era un mar de nubes en constante movimiento. Quizás algo decepcionante en una primera subida pero muy impactante y digno de ser contemplado para los que ya nos conocemos lo que se ve normalmente allá arriba.


Descenso pestoso debido al barro saldado con varias caídas de culo y resbalones hasta llegar al refugio. Y tramo posterior algo cansino debido ya al agotamiento acumulado. Pero vayamos a lo grueso.

Como ya se ha comentado para acometer esta cara norte del Tozal hay que llegar a Nocito. La frase "donde Cristo perdió las zapatillas" o "donde Cristo dio la última voz" se debió de acuñar en este esplendido lugar. Su acceso no es nada fácil ya que la carretera que conecta con el resto del mundo, suponiendo que el resto del mundo comience en Arguis, transcurre durante 25 km por uno de los paisaje más impactantes de la provincia y parte del extranjero. No son 25 km que se hacen en un cuarto de hora, probablemente tampoco en media hora y a buen seguro a punta mañana y con el sol de cara costarán cerca de los tres cuartos de hora.

Entre esos dos puntos como a medio camino podemos encontrar la hermosa villa de Belsué la cual se encuentra encaramada en una pequeña colina buscando el mínimo resquicio de sol.

Lemus quedó muy impactado por todas las maravillas del valle en el que se encuentran estos dos pueblos pese a que se trata de un hombre viajado y que ha visto mundo. Comentaba que semejante disposición de las montañas, su luz y color así como la forma de vida de esas gentes le resultaba extraña en grado sumo ya que a pesar de escudriñar las tierras que se veían a lo lejos no se apreciaban muchos signos de vida animal en forma de explotación agropecuaria o tan siquiera huertos. Tal fue su grado de estupor que contrastaba con mi emoción ante la visión de semejante lugar tan aislado del mundo, de este jodido mundo en el que nos ha tocado vivir, que en el camino de vuelta mientras la noche iba cayendo fuimos elaborando una lista de actividades que se podrían organizar allí aparte de las más evidentes y mencionadas anteriormente.

1): una serie de televisión al estilo Fargo. Si no saben de qué les hablo no sé que hacen leyendo esta mierda de blog, corran a ver Fargo, sus dos temporadas completas aunque la segunda es más mejor. Una de las mejores series que se ha hecho en los últimos tiempos y que no, no está basada en hechos reales a pesar de que al principio de los capítulos se diga eso.
Fargo transcurre en tierras de Dakota del Norte y Minnesota y para este propósito el valle de Nocito podría servir. En la serie de Fargo se cuentan una serie de ajustes de cuentas por parte de clanes mafiosos del medio oeste norteamericano que sin duda podrían tener su base de operaciones en mitad de la provincia de Huesca porque sin duda pasarían bastante desapercibidos. No porque en la provincia seamos unos mafiosos, ni mucho menos, sino porque probablemente pasaría mucho tiempo hasta que fueran descubiertos en un lugar tan tranquilo y apartado. Además, y lo más importante, un lugar con el cartel de bienvenida más acojonante que se haya visto jamás merece que se desarrolle una serie allí. La trama ya la inventaríamos.


2): una etapa de la Vuelta a España. En las últimas ediciones de la ronda ciclista perpetrada en este país se han buscado lugares pintorescos y poco conocidos para intentar potenciar el interés por la misma. Que mejor oportunidad que hacer una contrarreloj Arguis-Nocito por esos parajes. No hay que cortar al tráfico la carretera porque por allí no pasa ni el tato. En cincuenta kilómetros, entre ida y vuelta, no nos cruzamos con ningún coche ni por la mañana ni por la tarde. Ninguno es ninguno. Cero. Todo lo más fue un señor en los alrededores de Belsué que iba paseando por la carretera ocupando todo el ancho de la misma con sus dos perros pastores. Así es que los ciclistas podrían disfrutar de un terreno rompepiernas con subidas y bajadas constantes en un lugar nunca visto sin tener que entorpecer el tráfico de ninguna vía importante. Lo malo sería el público que ya se vería de donde se sacaba.

3): escapar de un apocalipsis zombi. Si en un futuro cercano estalla un virus mortal a escala mundial por el que todo el mundo se convierte en zombi tipo chacho de Walking Dead, si no han visto Waling Dead sigan así y no la vean, el lugar para resguardarse está claro. Tanto si intentan adentrarse al valle por Guaso como si lo hacen por Arguis están francamente jodidos. Optarán por otras vías más accesibles y suculentas a buen seguro.

4): una rave o concierto o similar. La pasada Nochevieja no recuerdo en qué sitio de la costa se pegaron algo así como una semana en una rave de esas en las que se pone un gacho a pinchar música en un escenario y abajo la gente va mochilona perdida a base de bebida, los menos, y sustancias psicotrópicas, los más, pasando las horas como si nada al perder la noción del espacio y del tiempo debido a la intoxicación alcanzada en sus organismos por la vía del desenfreno de todo tipo. Al final tuvieron que actuar las fuerzas vivas para detener aquella vorágine de perdición y mandar a esos insensatos a sus respectivas casas, en el caso de que las tuvieran. Si esos mismo gachos llegan a organizar la rave esa en lo más recóndito del valle ahora seguramente estarían muertos, lo que no causaría demasiado pesar en el resto del mundo mundial, puesto que ningún medio se hubiera hecho eco de la noticia y sin freno alguno podrían haber ido feneciendo como peces a los que se atiborra de comida en una pecera y no pueden dejar de comer debido a que su memoria no alcanza para recordar que ya comieron diez segundos antes. Pues lo mismo pero con chunda chunda, pirulas y la persona más cercana, el abuelo de Belsué, a diez kilómetros muy lejanos en el espacio y en el tiempo. Sobre todo en el tiempo en todas sus múltiples acepciones.

5): un régimen totalitario autónomo y aislado del mundo. Corea del Norte sufre una paranoia colectiva bastante fuerte debido a su temor, algo fundado por otra parte todo hay que decirlo, de que el cielo caiga sobre sus cabezas en forma de bombas de uranio empobrecido. O por decirlo claramente de que en el momento en que bajen la guardia sus vecinos del sur acompañados por sus amiguitos del otro lado del Pacífico entrarían en el país hasta explanarlo por completo y llenarlo de fábricas de Samsung y hamburgueserías McDonalds por doquier. Esta problemática no existiría si no estuvieran plantificados en semejante punto de extrema importancia geopolítica como es el vértice donde confluyen China, Rusia, Japón y Disneylandia (sucursal de Seul) y tuvieran a bien retirarse a algún sitio más tranquilo como pudiera ser la cara norte del Tozal de Guara. Seguramente aunque desde la punta del valle en Arguis o desde las antenas del Pico del Águila enchufaran altavoces a toda virgen proclamando las bondades del capitalismo para intentar sacar a esas gentes de allí, el sonido no llegaría a propagarse a lo más recóndito quedando atrapado en esas montañas de tierras parduzcas. 

6): un bar tipo La Teta Enroscada. Si entrar al valle pronto por la mañana en invierno resulta engorroso por culpa de la luz del sol que incide justamente de frente haciendo de la conducción una cuestión de fe en cada curva, salir cuando cae la tarde no resulta tampoco ser algo que deje indiferente. La caída de la luz en ese foricachón cara norte resulta espectacular y dramática por partes iguales según el color de todo lo que nos rodea se va apagando aumentando la desolación de algunos parajes. En "Abierto hasta el amanecer", si no la han visto no sé qué hacen leyendo esta mierda de blog, corran a verla, hace veinte años ya que pierden el tiempo si jamás han contemplado a Salma Hayek bailando con la serpiente o al tío Harvey propagando la palabra del Señor como buen pastor de la iglesia evangélica. Si la han visto saben lo que ocurre en el bar La Teta Enroscada y conocen de los extraños acontecimientos que se desencadenan al caer el sol. La ubicación del bar podría ser tranquilamente junto al inicio de la carretera al lado del antiguo túnel de Monrepós, está ya todo pensado.

7): un rally de coches. A diferencia de las pruebas del WRC que se disputan a horas asequibles para el público con el fin de que se acerquen a pie de carretera a disfrutar de los astros de la conducción, este rally se disputaría a punta mañana en dirección oeste-este y con el sol de cara. A ver si Sebastien Loeb tenía bemoles de hacer scratch y pulirse los 25 km en menos de un cuarto de hora, a ver...
La participación, como no podía ser menos, estaría abierta a todas las gentes del lugar. Resultaría francamente épico a la par que gracioso ver como el campeón francés resultaba derrotado por un abuelo conduciendo un Suzuki Vitara, una Kangoo o un John Deere del año la picor con una buena carretada fiemo haciendo de lastre para que no derrapara en exceso en las curvas. 

8): la segunda parte de Los Odiosos Ocho. Aplíquese el mismo consejo comentado con Fargo y Salma Hayek si no se ha visto el último film de Tarantino. Corran a verla. Esperen, si no han visto jamás una película de Tarantino piensen que puede aparecer sangre. Mucha. En múltiples formas y de maneras bastante desagradables a la par que cómicas. Si no encuentran para nada cómico el ver como a algún incauto le pegan un pistoletazo en la cabeza no corran y sigan leyendo esta mierda de blog. Sin ánimo de hacer spolier la última película de Tarantino transcurre en un paraje desolado de ¿Wyoming? en el que por culpa de una tormenta de nieve una serie de hijos de mala madre se juntan en una posada apartada del resto del mundo de la que nadie puede escapar a su horripilante destino. La segunda parte o la versión española se podría rodar en una cabaña perdida allá donde Cristo dio la última voz. Si al final este invierno le da por hacer frío y se enrona todo eso de nieve puede dar horror.

9 y 10): ésta vale por dos. Ir sin másA charrar con el abuelo de Belsué o con alguna de las francesetas que seguro regentan alguno de los bares del pueblo. A descansar, a patear o a dar vueltas con la bici. A subir el Tozal con nieve o sin nieve. A ir sin más, a disfrutar.


viernes, 5 de febrero de 2016

Cuando fui lanzador de peso


Ayer jueves después de trabajar acudí a clase del Gurú. La primera convocatoria fue para los niños más pequeños de la escuela del club y la segunda para los niños más crecidos entre los que nos encontrábamos escuchando desde el fondo del aula como buenos alumnos gamberros el sr Ornitorrinco, el Enano, Elena, Lucía, el Figura, Jorge Policía y hasta mi padre. La clase iba de una de las cosas que más le gusta al Gurú, el Atletismo, y de todas aquellas curiosidades que rodean a ese mundo y que aunque algunos llevamos toda nuestra vida escuchando de su boca toda esa retahíla de historietas jamás nos cansaremos de escucharlas. Por eso acudimos a escuchar a mi hermano Jose, el Gurú.



En dos horas de charla surgió el porqué de la distancia de la prueba del Maratón, las distancias y pesos de las diferentes carreras y artefactos, así como las diferentes superficies sobre las que se puede practicar el atletismo y que como muy bien apuntó un zagaler de los pequeños en Barbastro somos afortunados porque también se puede practicar en la Ferma como exclusiva mundial. Nos explicó porqué el martillo no se puede lanzar con guantes con los dedos cubiertos o cuantos pilares del colegio Altoaragón hay que saltar para batir el record de triple. Nos enseñó el record del mundo de Isinbayeva, Sotomayor y el increíble concurso de salto de longitud de Tokio '91 entre Carl Lewis y Mike Powell y que por más años que pasen sigue emocionando. Pronunció la épica frase que todo alumno de atletismo debe conocer LAS VALLAS NO SE SALTAN, SE PASAN y hubo recado a quien lo quiera recoger acerca de las pistas del pueblo. Hubo un encendido discurso en contra de los JJOO de San Luis 1904 en los que los mandaban ir a correr y lanzar al monte y aprendimos que el único ganador de cuatro oros olímpicos en una misma edición en pruebas individuales no es ni Bolt, ni Zatopek, ni Paavo Nurmi, ni Carl Lewis sino Alvin Kraenzlein. Este señor de Milwaukee ganó en París 1900, las pruebas de 60 metros lisos, salto de longitud, 110 metros vallas y 200 metros vallas. Después de esta hazaña se retiró y se dedicó a trabajar como dentista no sin antes pegarse de guantazos con su acérrimo rival en la prueba de longitud, y cristiano practicante, quien no participó en la prueba por celebrarse en domingo y tener que ir a misa. Al parecer su rival creyó entender que Alvin respetaría el descanso domincial y no se apuntaría al concurso pero cuando se enteró de que había ganado el oro marchó al lugar donde se disputaba la prueba a ajustar cuentas con Mr Kraenzlein y aplicarle una mano de lo que le habían repartido a él en la iglesia al ir a comulgar. Cosas que pasan.



Mientras iba desgranando esas anécdotas ante los zagaletes y zagaletas de la escuela, no contó lo de los puñetazos del bueno de Alvin pero sí muchas historietas muy interesantes, a mí se me venían a la cabeza las historias de cuando yo era uno de esos críos que acudía a aprender Atletismo con mi hermano. Fueron unos años apistonantes y aunque al final la cosa no cuajó algo quedó de base. Al menos en cuanto al respeto y cariño que guardo por el rey de los deportes. Y a cuenta de la explicación del reglamento de algunas pruebas de lanzamiento se me viene a la cabeza cierta anécdota ocurrida hace mucho tiempo. Algún día explicaré mis comienzos en la escuela de atletismo pero la anécdota tiene que ver más bien con el ocaso y para ello nos pondremos en antecedentes.

Nos remontamos a cuando tenía unos doce o trece años y acudir a las pruebas de cross me resultaba un sufrimiento insoportable. La pista en cambio no estaba nada mal y de hecho las pruebas eran más variadas y divertidas aunque no se montase tanta juerga a veces como en las salidas a los diferentes crosses de la provincia. Otras por el contrario eran incluso peor, aún recuerdo cierto día en las pistas de Monzón en el que, no exagero, debíamos estar unos cuarenta críos para saltar altura con el considerable tiempo que puede durar un concurso de este tipo con tanta gente. Entre bromas y vaciladas con amiguetes, alguno de los cuales por desgracia ya no están entre nosotros, alrededor de la pista se disputaba una prueba de marcha

Uno de los jueces estaba apostado junto a la zona de salto de altura y a cada vuelta, iba dando avisos a un zagal de Tamarite por levantar los dos pies del suelo, o sea por correr, cosa que no se puede hacer cuando uno marcha. Y con el primer aviso, el zagal de Tamarite que suelta una blasfemia que hace llorar a todos los santos del cielo. Y los cuarenta críos allí presentes esmelicaos de la risa ante la indignación del juez árbitro. Y a la siguiente vuelta, otro aviso y el juramento del de Tamarite proferido de manera más ostentosa y aberrante. Más escandalera y risa y el juez de la marcha y hasta el del salto que para el concurso y se pone a encorrer al zagal mientras este sigue echando pestes por la boca. Y a la siguiente vuelta le advierten de manera muy seria que lo van a echar no tanto porque sigue corriendo sino por la sarta de brutalidades que va soltando por la boca, y el zagal ya se desboca y pone el cielo cagao y pichao del todo y el juez árbitro que llamándolo por el apellido lo empieza a encorrer por la hierba intentándolo echar porque ya está bien de soltar esos juramentos por la boca con doce años que parece un cosaco del Don ciego de vodka.

Otras veces no era tan divertido y por ejemplo correr los 2000 metros era una agonía para mí. Que en cinco vueltas a la pista, el resto te saque una de ventaja no es plato de buen gusto. Lo bueno al menos era que mientras me doblaban muchos pegaban una palmadeta en la espalda dando ánimos como si fuera la mascota del equipo. 



Otras pruebas eran más llevaderas, siendo mi tope en cuanto a fondo el 500 m que aunque era velocidad pura nos permitíamos el lujo de salir a la marcheta y apretar en los últimos trescientos metros. Recuerdo una de las veces en las que viéndome en cabeza apreté en la curva a falta de ciento cincuenta metros. Un grupo de zagaletas del club que estaban haciendo ejercicios de calentamiento se puso a animar desde el interior de la curva motivando que el apretón fuera más fuerte y desmedido. A falta de 100 m estaba fundido, llegué último, desfondado y con la moral por los suelos tras pinchar ante la afición femenina. Toda una debacle. 



En carreras de velocidad no era mucho mejor pero las diferencias se reducían e incluso ganaba a gente. Pero a gente que era muy lenta y que era muy buena en fondo. Las vallas me daban miedo y en lugar de pasarlas las saltaba. Mi fuerza era escasa así es que como lanzador era malo, aunque tampoco me preocupé nunca de aprender bien la técnica de lanzamiento que es como se llega a lanzar lejos, además de con la fuerza, y como saltador pues era quizás donde menos desentonaba y donde encajaba mejor dentro de un nivel mediocre con algunas actuaciones puntuales aceptables. Así pues, con esas habilidades era carne de cañón para que con 12-13 años la afición se diluyera poco a poco y se apagase. ¡Ojo! no quiero decir que un niño o una niña que no obtengan buenos resultados por fuerza con esa edad vaya a abandonar el deporte, en este caso el atletismo, ya que casos ha habido de gente que era igual de mala o peor y han mejorado al pegar el estirón o se han dedicado a ser entrenadores de manera muy notable. Pero por desgracia lo habitual es que los críos se desilusionen y opten por otras aficiones.

Cierta vez volvíamos de un campeonato de Aragón en pista cuando tenía 12 años. Me había clasificado de chiripa después de un invierno y primavera horribles, con gripe, fiebres, sarampión y estirones que me estaban haciendo crecer de mala manera, con dolores en las rodillas y la sensación de que las patas iban a su bola, aumentando sobremanera mi ya de por sí elevada descoordinación motora. La marca mínima de la prueba de longitud estaba barata y de hecho casi todo el mundo que acudió a ese campeonato tenía mínima para una, dos o tres pruebas y la longitud. Yo sólo supe hacer mínima en longitud y gracias. Fue en un control en las viejas pistas cuando la temporada ya casi tocaba a su fin. En un concurso lastimoso, en el que hasta los jueces de salto renegaban por lo mal que lo estaba haciendo, conseguí sacar un salto en el que no estuviese cerca de dejarme la rabadilla contra el borde del foso e hice 3'22 m. La mínima era 3,20 m. Una mínima muy mínima ya que un poco menos suponía como he dicho dejarte los talones o la rabadilla en el borde de cemento del foso de longitud.





Pero aquella primavera no daba para más, era como un abuelo prematuro con el pecho permanentemente cargado, mocos, con la garganta como si fuera papel de lija y una movilidad articular espantosa incluso para mí. Mi marca en longitud era de 3,26 m pero la había hecho por lo menos un año antes en Saint Gaudens. En un salto en el que una franceseta cruzó por el pasillo cuando me aproximaba a la tabla de batida. Con parada, rectificado y vuelta a correr. Con mi hermano gritando desde la grada que parase y empezase a correr otra vez desde el principio y yo sin hacerle ni caso, reduciendo la carrera de aproximación a la mitad y haciendo marca después de que aquella franceseta se cruzase en el pasillo. Y desde entonces no había sabido mejorar aquel salto pleno de errores técnicos pero en el que la motivación debió de ser enorme. Como cuando Mike Powell hizo su record del mundo con una motivación descomunal.



De modo que habiendo conseguido hacer marca para longitud pude bajar a Teruel con toda la tropa con lo que aquello conllevaba. Un fin de semana fuera de casa, el viaje en autobús y un sinfín de aventuretas. Todo el mundo iba a disputar otras pruebas, del pueblo íba exclusivamente a la longitud un servidor. Y lo que ocurrió con los otros clubes fue que en esa prueba se presentaron los cuatro o cinco bicharracos que iban a por las medallas y la zaborrilla regional que tan sólo podía aspirar a competir allí entre los que yo me incluía. Sea por esa razón o porque me motivé o porque ese día las rodillas no me dolieron como condenadas hice marca personal con 3,63 m y quedé en la parte media-alta de la clasificación lo que era todo un logro para mí aunque para el común de los mortales era una marca de muy andar por casa por no decir que era una mierda como el sombrero de un picador.

Volviendo a casa paramos en un área de servicio a merendar. Mi hermano mayor que había ido como responsable del club ya que nos entrenaba a la mayoría me enganchó por banda en ese momento. Me preguntó que qué tal me había parecido la experiencia. Yo, todo ufano, le dije que genial, que estaba muy contento por como me había salido el concurso de longitud. Si hasta casi había tenido posibilidades de entrar en la mejora, es decir, el privilegio que tienen tras los tres primeros saltos los ocho primeros clasificados consistente en realizar tres saltos más para optar a mejorar sus marcas y disputarse las medallas.

Mi hermano mayor siempre ha llamado a las cosas por su nombre, cosa muy de agradecer. Así es que en ese momento me hizo ver la cruda realidad. Me explicó, supongo que con toda la delicadeza con la que fue capaz, pero con meridiana claridad que ese día había hecho tope en el salto de longitud entre otras razones por las que he explicado anteriormente. Pues si no es en longitud, quizá podría probar con el salto de altura que no se me da mal, repuse yo. A lo que él de nuevo con toda la coherencia del mundo me explicó que aunque no se me daba mal hacía un tiempo que ya no se me daba muy bien. Me explicó que si bien de mayor iba a ser alto, algo de lo que mis rodillas opinaban lo mismo y no se equivocaron, para saltar altura hacía falta otro tipo de condiciones que yo no poseía, al igual que tampoco iba a destacar en fondo o en velocidad. Sin embargo, el veía alguna posibilidad en mí como lanzador de disco.

En ese momento se me cayó el alma a los pies. La poca afición que podía quedarme se disipó por completo. De nuevo él lo argumentó de maravilla y visto desde fuera podía pintar muy bien pero con doce años... algunas cosas no entran en la cabeza y es por demás. Si hubiese dicho jabalina e intentar emular al gran Zelezny... pero disco, en aquellos momentos fue que no. Creo que no hubo una frase del tipo "pues entonces lo dejo" pero por ambas partes quedó claro que hasta allí había llegado el intento de hacer de mí algo parecido a un atleta.

Al año siguiente dejé de subir a las pistas de atletismo con asiduidad, no acudí a demasiados crosses porque lo pasaba realmente mal con distancias elevadas. Cada vez éramos menos los participantes en esas carreras de manera que el número de corredores de bajo nivel se fue reduciendo. Casi todos los crosses terminaban en un duelo mano a mano con un zagal de Graus para no llegar el último. Era un poco patético, triste y al mismo tiempo elogiable en cierto modo ver siempre en un rincón escondido de los circuitos al entrenador de Graus y a Jose animándonos no ya para correr más sino simplemente para llegar a meta. Simplemente para llegar.


Cuando los dejábamos atrás podíamos escuchar sus comentarios acerca de que no iban a sacar nada de provecho de nosotros e incluso podíamos escuchar los gritos de ánimo para los primeros clasificados que estaban a punto de cogernos una vuelta. Pero al siguiente paso se repetía la misma jugada. Como digo, una situación tragicómica que en muchos casos decidí ahorrarme no acudiendo a los crosses o decidiendo in situ que ese día no corría y me quedaba al calor de la hoguera almorzando un bocadillo de panceta.

Hace un año en el campeonato provincial escolar de cross al que acudí a ver y animar a Alejandra y Julia, me acordé mucho de esta situación al ver en una de las carreras a dos zagaletes que parecían la viva estampa de aquella tragicómica pareja. Por eso los animé como un enajenado. El zagalé más flacucho y poqueta cosa, mi alter ego, miró azorado y extrañado al escuchar semejantes ánimos y siguió su errático correr. El pequeñón más fuertecico, el que se parecía al mozo de Graus, se lo tomó mucho mejor y con el pulgar hacia arriba agradeció los ánimos. Luego estaba plantado como un señor en la cola donde repartían longaniza para reponer fuerzas. Bravo por ellos. Ojalá encuentren su camino en el mundo del atletismo puesto que hay variedad de pruebas para ambos, la afición ya la tienen. 

Pero volvamos a mis años mozos. El cross lo estaba dejando así como los entrenamientos a los que iba muy de vez en cuando así que en pista pintaban bastos hasta que surgió el campeonato provincial por equipos. Ese campeonato consiste básicamente en que en cada prueba un atleta representa a su club. El primer clasificado aporta 8 puntos, el segundo 7, el tercero 6... así hasta el último que aporta 1 punto a su equipo. Así en todas las pruebas de pista. Un  atleta descalificado en una prueba o un club que no presenta en ella a un atleta contabiliza 0 puntos.

Puede parecer una chorrada pero a veces ese punto que diferencia un último puesto a un "no-puesto" es la distancia que separa a un equipo campeón de uno que queda en segundo lugar. Y ese año en el equipo cadete masculino tenían un pequeño problema. No tenían lanzador de peso. Tenían gente excelente en fondo y medio fondo, lo que en plan de broma denominábamos como "polleros" con el consiguiente quebradero de cabeza para cuadrar esos puestos ya que sobraba gente y luego había gente muy fina y técnica en saltos y velocidad pero no había una tanqueta capaz de aventar piedras. A una mala, alguien podría haber doblado prueba y ponerse a tirar piedras aquel día pero se exponía a no poder calentar convenientemente para la otra prueba, que se solaparan directamente, que al que le tocara el marrón de doblar no le pareciera bien hacerlo, que a los padres del que le tocara doblar nos les pareciera bien que lo hiciera... un cúmulo de circunstancias que mi hermano mayor, responsable otra vez del equipo, decidió solucionar de otra manera. Devolviendo a la circulación a su hermano pequeño, o sea yo, confiándole el lanzamiento de peso.

El día que reaparecí por las pistas hubo de todo. Risas, cachondeo y alguna mala cara en plan "este gilipollas que hace aquí de vuelta". Alguno muy pronto tuvo la delicadeza de recordar que ese gilipollas subía para intentar ayudar a lo que se respondió que vaya, que de 0 a 1 punto (nadie dudaba que iba a quedar último en el concurso de peso) poco importaba, a lo que ese alguien volvió a interceder por mí diciendo que "si lo ves tan fácil te pones tú a lanzar". Pero en definitiva la confianza propia y ajena en las posibilidades de éxito en la prueba de peso era escasa por no decir inexistente. No les culpé por ello porque ni tan siquiera yo creía en mí mismo.

Durante un par de semanas intentaron entre todos refrescar mis escasos fundamentos de lanzamiento y se vio que definitivamente iba a por el último puesto de la competición pero de cabeza. Aún así no se volvió a escuchar ningún reproche, todo el mundo daba ese punto por bueno aunque también existía el cachondeo de "ahora no nos jodas y no hagas tres lanzamientos nulos" (lo que hubiera representado ser un no clasificado, el cero rosquero, el ridículo absoluto).

Llegó el día del campeonato en Sabiñánigo.  Y aconteció una de esas historias increíbles que de vez en cuando ocurren... 

Acudo al foso de lanzamiento y perplejo me quedo cuando compruebo que de ocho lanzadores, tres vamos juntos a clase. Con uno sí que podía más o menos contar o suponer pero con el otro... con el otro no. Me explicaré.

Por el club de Binéfar lanzaba Pano, un mustagán de metro ochenta y pico con barba y todo al que le perdí la pista hace mucho tiempo. Un buen tipo. Lo habían puesto a hacer peso como podría haber hecho lo que quisiera (seguramente dobló o triplicó prueba, era una bestia). Íbamos juntos a clase en los Escolapios.
Por Escolapios, que eran así de pinchos de tener equipo propio, tenía que lanzar Jorge, un chaval un año menor pero que también era un bicharraco de cuidado. De pequeño era una boleta pero según crecía se iba poniendo fuertecico. Su madre y su tía tienen y tenían un negocio en la calle donde vivía y es por ello que desde críos nos conocíamos y habíamos jugado en la calle.
El primer puesto se lo iban a disputar esa pareja. Pero Jorge no estaba, en su lugar figuraba mi amigo Raúl con el que también íbamos juntos a clase. Raúl jabalinear con un balón en los pies lo que usted quiera y más pero la bola de peso seguramente se enteró de qué era y cómo era en ese preciso instante.
Y yo, que lanzaba por Barbastro.

Y esto por increíble que parezca pasaba y espero que siga pasando porque en el colegio, aparte de estudiar, nos dedicábamos a jugar y a hacer el cabra todo lo que nos dejaban y un poco más. Y el hecho de que nos enterásemos allí mismo de que íbamos a coincidir en el concurso era lógico si el resto de la semana el tiempo que habías pasado con los interfectos lanzadores de peso lo habías dedicado a jugar a fútbol o baloncesto, a mosca o a burro, a la sueleta o la taba, a darte una buena mano de hostias o a mirar la Interviú de Marta Sánchez en el patio del colegio. Pero ni por asomo habías gastado un segundo de tu tiempo en comentar que el sábado ibas a ir a lanzar peso en Sabiñánigo. Todos sabíamos que Jorge lanzaría por el colegio porque los equipos escolares eran proclamados a los cuatro vientos pero los que estábamos al margen del aparato propagandístico por representar a otros clubes llevábamos nuestra afición con bastante discreción.

Aclarada esta cuestión, prosigamos. Pano y yo nos miramos y como tipos prudentes que éramos y porque levantar la liebre podía suponer un suspenso o algo peor, no dijimos nada. A la que el señor juez marchó un momento a buscar la cinta métrica enganchamos a Raúl y retirándolo del resto de competidores para que no nos escucharan y no se montara titi le intentamos sonsacar.

Le preguntamos que dónde estaba Jorge y que qué puñetas estaba haciendo allí él en su lugar. Raúl nos explicó que Jorge se había marchado al pueblo, que distaba de las pistas un trecho importante, con la intención de avituallarse de dulces y chucherías y que se debía de haber despistado porque todavía no había vuelto. Ante el asombro general le indicamos que ello no le permitía sustituirlo en la prueba, respondiendo el bueno de Raúl que eso estaba solucionado puesto que no lo iba a sustituir sino que lo iba a suplantar a instancias de las órdenes recibidas por el Rector. Ni qué decir tiene que por ahí circulaban unas fichas federativas de todos y cada uno de los participantes con nombres y fotos y que antes o después se iba a descubrir el pastel pero... si el Rector había dicho eso pues a callar. Ya no le quisimos pedir más explicaciones a Raúl puesto que ya le había caído buena.

El Rector para quien no lo sepa era el Padre Rector de los Escolapios. Y si el Padre Rector te decía que a lanzar peso pues te ponías a lanzar peso. Y si te decía que suplantaras la identidad de un compañero pues la suplantabas. Y punto. Supongo que ahora las cosas deben de ser algo diferentes pero para los que crecieron en los setenta, ochenta y tempranos noventa estas cosas no resultarán muy extrañas.

Por otra parte, mira tú qué más nos daría a Pano y a mí que lanzase Raúl si era bastante peor que Jorge. Pano iba a quedar primero seguro y yo... ¡yo hasta le podía ganar a Raúl!

Comienza el concurso. Se van sucediendo los diferentes lanzadores y Pano muy pronto se pone en cabeza como era de esperar. Raúl por su parte comete el primer lanzamiento nulo al salir del círculo de lanzamiento por delante causando asombro y estupor generalizado entre participantes y jueces, no ya tanto por el nulo en sí sino por la cara de extrañeza de Raúl que no sabía por qué no le contabilizaban aquel lanzamiento. Para que se hagan una idea es como salir a una cancha de baloncesto, y que al coger el balón uno se cruce la cancha caminando sin botar el balón (sin ser americano y estar en una final olímpica, en ese caso no pasa nada) cuando el árbitro pite pasos mirarle y preguntar ¿qué pita usted?. Pues eso hizo Rául y ahí radicaba lo espantoso y esperpéntico de aquel lanzamiento nulo. Ya fue allí donde el señor juez comenzó a derrapar mentalmente al contemplar semejante espectáculo.

Yo de momento hago el primer lanzamiento válido, que al menos me han enseñado a no cagarla de esa manera. Pero es muy corto, tanto que a la que Raúl engancha un lanzamiento bueno tras explicarle un poco entre todos las reglas básicas, me adelanta. Voy último, bueno era de esperar también.

Y entonces acontece la jugada de la tarde aparte del nulo de Raúl poniendo cara de habas. Al fondo se ve a Jorge que llega a la grada corriendo, sudando y rojo como un tomate portando una enorme bolsa de chucherías. Pano y yo nos miramos, no sabemos si reír o llorar. Raúl se lo ve venir pero tampoco dice nada. En estas que Jorge deja la bolsa de chuches a buen recaudo y continúa su carrera hacia el foso de lanzamiento. Se cierne la catástrofe.

A todo esto, dato importante, recordar que Raúl no ha estado lanzando como Raúl de Tal sino como Jorge de Cual suplantando su identidad, que no sus habilidades, a la perfección. Cuestión no menos surrealista cuando para dirigirnos a Raúl teníamos que llamarlo Jorge para continuar con la farsa. Farsa que a nosotros nos era bastante importante continuar ya que ese día era sábado pero el lunes ya sería día de escuela y con según qué cosas era mejor no jugar no fuese a ser que nos tocase pasar una temporadita en la biblioteca copiando vida y milagros de Mozart, Verdi, Isabel la Católica o extractos del Deuteronomio. O copiando la Biblia, que alguna vez se dio el caso (inconcluso e inacabado, imagino, aunque la leyenda jamás fue muy clara a este respecto) cuando cierto maestro de Sociales exasperado por la actitud de un alumno espetó el mítico: 

-Ortiz, cópieme la Biblia

-Pero Padre, ¿se ha vuelto usted loco?

-Le he dicho que me copie la Biblia; Copie, corte, fotocopie, recopie... pero cópieme la Biblia

Uno con doce años ya tenía sus principios pero ante esta tesitura si esos principios iban contra uno de los Padres Escolapios que nos daban clase se los guardaba uno tan ricamente con tal de evitar situaciones desagradables.

En estas que el señor juez dice aquello de "lanza Jorge de Cual, preparado Fulanito de Tal" y el verdadero Jorge, con sus huevos toreros, llega y dice "voy". La cara del juez era antológica. Si llega a tener la pistola de dar las salidas se pone a pegar tiros al sol. Raúl se nos quedó mirando con cara de resignación y con Pano no sabíamos dónde meternos. En aquellos momentos los dos nos hicimos los locos, ninguno había pisado un aula de Escolapios jamás de los jamases. La tensión se cortaba con cuchillo y las caras de los presentes eran de impresión. Ahí iban a empezar a pedir responsabilidades y a hacer preguntas y si no queríamos follón con los curas menos aún con el señor juez árbitro.

Este hombre se comenzó a poner nervioso y con razón. 
-Pero tú... pero tú quién eres- empezó a gritar el juez. -Jorge- dijo Jorge, como si fuese lo más natural del mundo, y de hecho lo era, aunque para el resto de los presentes a excepción de un par que callaban sin decir ni mu ni era natural ni lógico ni nada.

-¿Y tú?-  le preguntó el juez visiblemente alterado a mi amigo Raúl a lo que este harto de haber ido como cagallón por cequia desembuchó todo.

-Mire usted, señor juez, yo me llamo Raúl y este Jorge es el verdadero Jorge que tenía que estar lanzando. Yo he venido aquí hoy porque no tenía otra cosa que hacer y venía de suplente para la carrera de relevos y para comer kikos y gusanitos en la grada. Lo que pasa es que Jorge se ha ido al Ñam-Ñam del pueblo a comprar chuches y como no llegaba el Padre Rector me ha dicho que me hiciese pasar por él y que me pusiera a lanzar peso. Así que ustedes se apañarán que yo ahora me voy, buenas tardes.

Escolapios fue descalificado en lanzamiento de peso y aun no sé, o no recuerdo, cómo no les expulsaron del campeonato. Seguramente el resto de mis compañeros de clase no tenían la culpa de la púa hecha por el Rector quien por otra parte era un buen hombre aunque en determinadas ocasiones tenía demasiada pasión por lo suyo. Tampoco recuerdo en qué posición quedamos en el Campeonato.

Lo que sí recuerdo es que yo fui el lanzador de peso. No hice tres nulos así es que no hice 0 puntos. Ni siquiera quedé último con 1 punto porque la poderosa campaña de marketing del Ñam-Ñam habilitada en aquella época se encargó de echarme una mano. ¡¡Quedé penúltimo, con 2 fantásticos puntos!! y pude montar en el autobús de vuelta todo ufano y contento por la gran hazaña conseguida.



lunes, 4 de enero de 2016

Col d'Aspin


El Col d'Aspin es uno de los puertos más emblemáticos de los pirineos franceses habiendo sido ascendido en más de sesenta ocasiones por los ciclistas del Tour de Francia. Con una pendiente media del 6,5% en sus 12 km de subida y coronando a cerca de 1500 m de altitud representa uno de los puertos de enlace entre el Tourmalet y el Peyresourde.

No tiene la fama de sus hermanos mayores que le flanquean ni la de su primo el Aubisque ni tampoco tiene tanta dureza pero no deja de ser un puerto de campanillas. Y con bastantes buenas vistas. Su primera aparición en el Tour tuvo lugar en 1910 dentro de la mítica etapa entre Luchon y Bayona de trescientos y pico kilómetros y que se conmemora cada año en la cicloturista que une ambas localidades.

Su última aparición fue en 2015 y allí estuvimos algunos presenciando el paso de la carrera y, lo que fue más importante y de lo que guardamos mejor recuerdo, la caravana publicitaria. Un grupo de escapados comandados por Dan Martin y Majka y un pelotón adormecido fueron el balance de la jornada tras unas cinco horas de espera. Eso y ver a todo un campeón del mundo, Rui Costa, cerrar el grupo con pedaleo quejumbroso. La última vez que se vio algo parecido fue en cierta Pax Avant en la que El Campeón del Mundo iba dando sabias lecciones a la par que chemecaba sobre la bicicleta pero aquello era otra historia...

Por otra parte, el Aspin fue uno de los puertos elegidos dentro de la primera edición de la Naval-Tourmalet llevada a cabo por un puñado de Tuercepedales, hazaña ya relatada en el blog. Como mi motor diésel no estaba para demasiadas florituras en agosto del pasado verano decidí participar en la marcha en la modalidad "sprint" consistente en salir desde Saint-Lary y llegar a la cima del Aspin. 


Con un sol de justicia y una napolitana de la boulangerie de Saint-Lary me uní a la caravana ciclista dejando aparcadas por un espacio de un par de horas mis labores de reportero y copiloto del coche de equipo conducido por Jesús. Los primeros diez kilómetros transcurrieron pedaleando en grupo compacto junto al sr Ornitorrinco, Abi, Héctor y Nacho. Junto a este último realicé la mayor parte del tramo desde Arreau cuando el grupo estalló en pedazos.


Los puertos, y las carreteras en general, no se llegan a conocer bien hasta que se pedalean y en esta ocasión no fue una excepción ya que a pesar de haber hecho este puerto en coche alguna vez todo su esplendor quedo patente mientras lo ascendía con la Orbea. Todo su esplendor y su dureza que puede ser mucha a las dos de la tarde y treintaitantos grados en un día soleado


Junto a Nachete fuímos subiendo muy despacio mientras los demás se marchaban por delante. Fue otra de esas ascensiones diésel en las que lo de menos es el tiempo empleado y en lo que importa todo lo demás. Hubo que parar varias veces, a recoger un botellín que se quería dar de baja de la marcha, a lavarse la cara porque el sudor se metía en los ojos y el escozor en las lentillas era insoportable, a mear y por supuesto a comer algo.

Jamás destrozaremos el récord del Strava de puerto o tramo alguno pero al menos creo que nos lo pasamos bien. Al final, tras ser retratados unas doscientas veces por Jesús y la familia de Nacho mientras subíamos por esa parrilla y cruzarnos con tres o cuatro grupos de ingleses tan incautos como nosotros llegamos arriba del todo y me permití el lujo de por una vez acabar una marcha en lo alto de un puerto.

La otra posibilidad para poder hacer lo mismo era continuar hasta el Tourmalet pero para eso ya había que tenerlos excesivamente bien puestos. Otro año será. 




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