sábado, 4 de junio de 2016

Buquiporra 2016, el Giro

Desde hace un par de años se viene celebrando con enormes ganas e ilusión una porra ciclista entre los amiguetes a la que denominamos Buquiporra. Como es una porra en la que participan elementos buquizos de pro pues el nombre es el que es debido a ese principal motivo. El premio consiste en una cena pagada al ganador por el resto de comensales/participantes y ese es el único afán lucrativo de la competición. Aparte están los aspectos lúdicos consistentes en el mantenimiento de un grupo de whattsapp de temática difusa en el que aparte de bicicletas se puede hablar bastante de rugby, azafatas de podium de diversas competiciones, política local y twitter. Aparte de los temas inherentes a un grupo compuesto enteramente por gachos y en los que no es necesario entrar en más detalle.


Si bien varios componentes de este extraño grupo participamos en otras, demasiadas, porras de carácter provincial, nacional e internacional, la Buquiporra es a la que más aprecio tenemos. Al menos por mi parte. El hecho de que el premio sea ni más, ni menos, que una cena con los amigos la hace suficiente especial como para esperar ese momento se gane o no. A pesar de que algunos de los componentes nos batiríamos en duelo todas las semanas se estableció como razonable dotar de premio al mejor porrista anual (contabilizando las grandes vueltas, las clásicas y las vueltas importantes de una semana) así como premiar a los mejores en Giro, Tour y Vuelta. En total cuatro cenas, si no estoy equivocado, que sirven de excusa para juntarse de vez en cuando.


Nuestro insigne David L, alias Mapachito, se ha hecho acreedor de la primera cena al vencer en el Giro de Italia con una compacta escuadra en la que el máximo estandarte fue la joven revelación luxemburguesa Bob(bobbob) Jungels. 


Vistiendo la maglia rosa durante tres etapas de la segunda semana de carrera, el mocetón centroeuropeo acaparó la atención de los aficionados y los cariños de Giorgia y Laura. Además de ganar la clasificación de los jóvenes y la admiración general, este excelso rodador con dotes para la montaña aportó 1166 puntos a la bolsa global de 6283 con la que David nos trituró para alzarse con la victoria. Además fue el único que tuvo la sensatez de incorporar a la postrera maglia ciclamino (ahora rossa) de la regularidad, el eterno segundón Nizzolo. Así como la valentía para contar con una bala perdida como el ruso Porsev el cual se convirtió en importante baluarte, o como dirían en la tele pública, en un gerifalte de rendimiento francamente positivo. Tuvo suerte en este último aspecto ya que la sociedad de sprinters Katusha compuesta por Porsev y Tcatevich tenía el mismo empaque que un barco rajado por el fondo lleno de ratas abandonando la nave. 

En segundo lugar de la clasificación y primero de los llamados a cotizar se colocó Frai. Con un equipo muy marca de la casa, de hecho sigue siempre las mismas pautas, estuvo a punto de lograr el sorpasso en la última etapa. Una victoria de Modolo en Turín el cual fue obstaculizado por el mapachil Nizzolo hubiera provocado el vuelco en la clasificación mas no fue así. 


Las elecciones de Valverde por devoción y el tico Amador por obligación de la parienta, nutrieron de puntos y pura vida al equipo las dos primeras semanas. No puso más banestos porque no encontró en la lista ni a Rodríguez Magro ni a Rondón así es que continuó con sus pedradas marca de la casa incorporando a Verona. Como no encontró a ninguna otra joven promesa puso a Fraile porque no encontró a Zubeldia en la lista. Por suerte para él no incidió más en sus filias y el resto del equipo rindió bien. El colombiano Chavito y su fugaz liderato apuntalaron la privilegiada posición en la semana decisiva.

En el tercer puesto del cajón otro clásico de las posiciones cabeceras, Ali. Además de los mencionados Bob(bobbob) Jungels y Balaverde el elemento sorpresa del joven padawan de las porras fue el italiano Brambilla Barandilla. Cogió la maglia rosa en la primera semana y todavía tuvo la fuerza y suerte suficientes para retenerla durante un par de jornadas. 


Así como Brambilla Barandilla quedaría en el capítulo de los haberes de Ali, el de los debe es mayor y de ahí que no alcanzara una mejor clasificación. Sus filias le traicionaron una vez más y a pesar de que no eligió a Lotto Jumbo alguno, cuando era el momento habida cuenta del extraordinario rendimiento de Krispis Kruijswijk, se cavó su propia fosa con elecciones tan discutibles como Koshevoy, su cuota de joven eslavo con proyección que no hizo nada y a la que lleva abonado desde hace años cuando en un golpe de suerte descubrió a un tal Pitera Sagan; un gris Colbrelli que demostró que no todo el monte es orégano y que quedó diluido entre el resto de figuras del pelotón que en la presente edición del Giro dieron una extraordinaria lección de ciclismo a todos los niveles y donde el bueno de Sonny no alcanza; y el monstruo de las galletas Bananito Betancur del que luego se hablará más.

Jose Luis Rutero, el buquizo turolense felizmente asimilado para estas porras, fue el cuarto clasificado. Aparte de Dumoulin, elegido por diez porristas que se lo pensarán mejor la próxima vez, la escuadra rutera contó con la baja por desarreglos intestinales de Landa.
Si el líder de Sky no llega a tener semejante romance nocturno con el señor Roca lo mismo estaríamos hablando de exhibición del alavés y del equipo rutero pero la cosa quedó en retirada. Su baza sorpresa para los sprints, la hormiga atómica Ewan rindió poco y mal dejando la carrera demasiado pronto para preparar pues no se sabe muy bien qué. 


Así y todo, Rutero pudo reponerse con Chavito, con Joseph Lloyd Dombrowski de todos los santos, el ciclista con el nombre que satura la memoria RAM de algunos comentaristas deportivos, y con Bob(bobbob). Si Modolo hubiera estado más entonado y Fulham Fugslang Fuslan hubiera acabado en el podio como él mismo pronosticó antes de comenzar la carrera... igual hasta gana la porra.

Servidor, con un equipo que lo fiaba todo a las "jovenes" promesas de más allá del Vístula la cosa podía salir muy bien o como era de esperar y al final así fue, de pena. Bob(bobbob) mantuvo el tipo de la escuadra junto a un corajudo Caramelos Tinkoff Majka. Un tío tan corajudo como falto de iniciativa, en un par de rampas le dio el aire de frente y por poco le da un mal. De todas maneras seguro que en el Tour más libre de responsabilidad y sin la extrema responsabilidad de defender un quinto puesto de la general dará tardes de gloria repartiendo guiños a diestro y siniestro como sabe hacer cuando pedalea sin presión. En el capítulo del debe, todo lo demás. Un Zakarin Abdul Jabbar que se metió la nata del siglo y que gracias a Alá se saldó únicamente con una clavícula rota para el cohete de Tartaristán.


El sputnik Firsanov que llegó al Giro con los depósitos de combustible medio vacíos. En la última semana hubo un conato de rellenado del tanque pero no fue a mayores y lo que parecía un top ten consistente se quedó en top thirty. Y el mencionado Bananito quien fue haciendo butrones varios en equipos ciclistas, incautos porristas y cocinas de restaurantes a lo largo de la geografía italiana. Cuando se cansó de pizza y pasta marchó para casa.

Lemus, con una capacidad para la copia que ni la tecnología china siendo capaz de hacer escuadras aceptables a base de estar la noche indicada en la barra de bar adecuada y poner las antenas en modo captura durante media hora. La Stasi era una broma en comparación con los métodos de este asesino de porras. Dejando ya muy atrás aquellos tiempos en los que configuraba el equipo con el dudoso criterio de poner nombres curiosos (sic) trufaba su plantel de franceses con apellidos parecidos a alimentos, miembros viriles o caballos de carreras. Salmon, Bagot, Pichot o Gallopin dan buena cuenta de ello. Lo terrible del caso es que a más de uno lo terminó haciendo internacional. Luego estuvo mucho tiempo decantándose por elementos bálticos que también tienen nombres divertidos como Navardauskas, Taaramäe o Joeäär... Pero desde cierto día pasó a la acción y cuando no le copia el equipo a Frai me lo copia a mí cuando no hace una mezcla de ambos. Esta vez utilizó esa aviesa táctica para encima hacerlo mal. 


El caso del inefable eritreo Kudus atiende a todos los requisitos antes mencionados para formar parte del plantel Lemus, nombre curioso de procedencia exótica con posibilidad de cierto brillo comentada en un determinado bar. Fue el único ciclista de todos los seleccionados en la porra que no hizo ni un miserable punto.

Manuel alias Cochi. Si Lemus tiene unas estrategias bien definidad la táctica de Cochi es clara, escueta y concisa. Elige un líder y lo arropa con sus lugartenientes. El año pasado le salió muy bien la jugada ya que aunque no eligió al vencedor final del Giro sí que tenía en sus filas al segundo y tercer clasificado. Se hinchó a ganar etapas con ellos y con sus gregarios y aquello se convirtió en una bola de nieve que cada vez se hacía más y más grande acumulando puntos por casi todas las categorías puntuables habidas y por haber. Fiel a la tradición esta vez Cochi eligió un líder, el Tiburón Nibali a la postre vencedor final de la ronda y lo rodeó de gregarios. 


En su contra jugó que a pesar de ser el único que eligió al Scualo este no carburó hasta bien entrada la tercera semana de carrera y el resto fue más un penar que un paseo triunfal. Además el resto de sus elegidos no acompañaban para nada teniendo incluso el cuajo de elegir a Rojas. Una elección que ni tan siquiera Frai perpetró a pesar de tratarse de un banesto (o reynolds o como se llamen ahora...)

Truli, tuvo mala suerte. Pertenece a ese nutrido grupo del Landismo-Dumoulinismo que se hundió en la parte baja de la clasificación y del que únicamente destacó Jose Luis por abrazar la nueva fe del Jungelismo. Continuó su selección con el tercer clasificado de la general y con el lord comandante del Muro, el bastardo Stark, el señor Nieve. 


Ganador de etapa y de la clasificación de la nevada montaña como no podía ser menos dada su condición de señor de Invernalia. Pero luego tuvo la mala suerte de seleccionar a tipos siguiendo los criterios antes apuntados del nombre curioso, la posible campanada o ser el hombre rápido de la maquinaria banesto. Pues eso, que tuvo mala suerte.

Nacho, tenía a Kittel que es como el ruso de Rocky IV. Esa máquina de ganar etapas del Giro de Italia cuando este transcurre fuera de Italia para marcharse a casa a los dos días de pisar la península itálica. 


Tenía a Brambilla Barandilla y al bueno de Colbrelli que de lo malo... pero ahí se terminaron las buenas elecciones. Lo demás fue dolor y rechinar de dientes. Uno de los que abrazó el ZakariDumoLandismo. Clavícula, forúnculo, cagalera. Un combo contra el que nada se puede hacer. Geniez y Fraile completaron el esperpento de retiradas y fracturas de huesos. Casi se podría decir que Nacho podría montar una agencia de extorsión y antes de crear los equipos llamar a los interesados avisándoles de que los ha elegido para su escuadra a no ser que desembolsen una considerable cantidad de dinero.

Juanillo, en el haber supo seleccionar a una buena pieza como el Puma Atapuma, ese depredador de las altas cumbres que se mueve con ligereza cuando los ciclistas superan los dos mil metros de altitud. Y a caramelos Majka que quieras que no siempre suma aunque no destaque sobremanera. 


En el debe queda todo lo demás. Si monta la agencia de extorsión junto a Nacho tiene un futuro muy prometedor ya que en otra porra a nivel provincial de quince seleccionados hizo marchar a su casa a diez. En la porra que nos ocupa además de ser adepto del ZakariDumoLandismo tuvo a bien confiar en la hormiga atómica Ewan y en Cancellara quien también marchó antes de tiempo para casa.

Julito, o como coger como líder del equipo a RigoGoGo Urán Urán. Junto a Caramelos conformó la pareja culoduro por antonomasia de la porra ya que nadie, absolutamente nadie, tuvo los redaños suficientes para depositar su confianza en un tipo como Pozzovivo Revientovivo el cual fue agonizando durante tres semanas por mantener un puesto entre los diez primeros de la general para hacer honor a su apelativo en la penúltima etapa y dejarse la friolera de tres cuartos de hora por el camino. Motivo que lo relegó al vigésimo puesto muy por debajo de sus expectativas iniciales. Muy por debajo incluso de la zona en la que se mueve como pez en el agua el amigo Maxime Monfort el Predecible. Un tío cuadriculado.

Jamás ganará una gran vuelta ni tan siquiera quedará en posiciones de privilegio pero si tienen que poner una mano en el fuego apostando que queda en la horquilla comprendida entre el 15º y el 17º pónganla sin miedo que no la perderán.

Joaquín, no sé qué puñetas hizo el bueno de Cana. Mira que llevamos años tragando ciclismo con el bueno de Cana siendo los frikis de esta cuestión en nuestras respectivas calles desde muy pero que muy temprana edad. Y mira que perpetramos cada mierda de equipo que a todos pone en espanto. Te lo digo con cariño, Joaquín, pero juntar a Roelandts (por mucho que este sea don Jürgen de la tormenta, pitera de los adoquines, señor de los vendavales y orgullo de Flandes), Agnoli, De la Cruz, De Marchi y Navardauskas no es de recibo. 


Seguro que la jugada iba por que el primero hacía de punta de lanza del Gorila Greipel hasta el final, el segundo brillaba en la montaña, el tercero brillaba y se lleva el maillot, el cuarto frisaba la zona de podio y hacía de Atapuma y el quinto se ponía en modo killer haciendo ondera banderas lituanas por doquier. Ni una, macho. Tanto ver bicis nos ha dejado para el arrastre.

Abi, sobre una buena base de valores seguros como Modolo y caramelos Majka añadió la mala fortuna del DumoLandismo. Un poco de promesa nacional del banesto que siempre viene bien y pocas veces hace nada así como un pitera como Danielito el pelagras Oss que es difícil que saque puntos a pesar de hacer más kilómetros en solitario que un servidor en una marcha cicloturista. Para acabar de rematar el desastre fue uno de los afectados por adoptar a Bananito además de confiar en un señor ya mayor como es el ganador de la edición 2013, don Ryder Hesjedal. 


Lo curioso del caso es que el único que tuvo a bien adoptar a Danielito pelagras Oss es el que luce unas maravillosas y frondosas pelagras en las patas cuando monta el velocípedo de andar deprisa. Cuanto menos gracioso. 

Héctor, hizo el equipo para luego poder ir a la cena de homenaje al ganador. Todo lo demás creo que le dio lo mismo. Tanto a quien eligió como en la última posición que quedó. Bien por él. Forma parte de esa parte del grupo que participa en la porra motivado por el zampe y esto de las carreras le va lo justo, ni punto de comparación con pedalear buscando cados de setas por las laderas de los montes. 


Es por eso que haciendo un equipo para el que no tengo palabras llegó al extremo de confiar sus dineros en un señor como Viviani el cual en la primera semana se debió de perder con dos compañeros más llegando a meta a 55 minutos del ganador. Sin embargo, a pesar de quedar último, ahí estará el bueno de Héctor para zampar y contar algaradas varias el día de la cena.

David-B, fuera de concurso y con la única motivación de quedar lo más alto posible de la clasificación general mundial David nos deleitó con este pedazo de equipo en el que no pega puntada sin hilo. El vencedor final, Tiburón. El vencedor moral, Krispis. 


Y el futuro vencedor, Bob(bobbob) señor del Jungelismo. Ulissi pletórico ganando etapas, Brambilla qué maravilla, el sputnik impulsado por Gazprom y el segundón Nizzolo. Con el único "lunar" del pobre señor de Tartaristán, el bueno de Ilnur que tuvo que plegar antes de tiempo.

En resumidas cuentas, un Giro apasionante junto a una disputada porra de la que habrá que dar buena cuenta en una cena cuando los señores dispongan. Hasta la próxima.



PD. Merhawi Kudus nació en 1994 y con 22 añitos supone un mérito formidable participar y terminar una vuelta de tres semanas. ¡Pero esperemos que para la próxima ocasión aporte aunque sea un puntito!

La Puertos 2016


Sabor agridulce el dejado por esta edición de la Puertos en el que disfrutamos del nuevo recorrido a la vez que nos topamos con la peor de las noticias a mitad de marcha.

La jornada pintaba muy bien, casi como nunca, a las 8 de la mañana nos encontrábamos en la línea de salida un nutrido grupo de Tuercepedales. David, Jesús, Héctor, Nacho, Juanlu, Pablo, Rafa G y un servidor. Abi que pululaba por diferentes grupos, el sr Ornitorrinco en posiciones delanteras y Santeta que se dejaba querer para una posible ascensión conjunta. De los habituales tan sólo faltaban Jordi y Truli, otro año será. Como viene siendo normal dentro de esta anárquica sección, cada cual iba disfrazado de ciclista como Dios le dio a entender. Igual que el ejército de Pancho Villa.

Dos equipaciones iguales, el resto diferentes
La salida fue fulgurante, especialmente la de David quien sprintando se fue a posiciones cabeceras, y a pesar de que no se llegó a sufrir en ningún momento sí que es cierto que se fue saltando de grupeta en grupeta en busca de un pelotón que nos llevara en volandas hasta Castejón. A mí me pareció encontrar ese pelotón por un par de veces pero los jabalines que tiraban delante está claro que no les pareció así. De modo que en uno de los repechos antes de llegar a Campo la escuadra tuercepedal se fracturó quedándome con Rafa y Juanlu rodando sin prisa.

De ese modo transcurrieron los kilómetros, apretando en el llano y las bajadas e intentando llevar un ritmo que no quemara a nadie en los repechos. Haciendo la consiguiente goma con Pablo y los navaleros y algún rato con Jesús. Y disfrutando de las vistas del congosto, un nuevo valor añadido para esta marcha, pedaleando por una zona por la que es muy difícil por no decir imposible hacerlo en otra ocasión que no sea esta. Por el carril izquierdo nos adelantó Luis, el hombre de la escuadra Ambar, como un crío con zapatos nuevos contemplaba absorto el río Ésera y el congosto.

Nacho en el congosto del Ventamillo
Poco antes de llegar a Castejón nos pararon a una buena parte del pelotón y allí nos reencontramos con Jesús y Santeta. Había habido un fuerte trajín de ambulancias por lo que imaginábamos que se trataba de alguna montonera o varias caídas en diferentes puntos al mismo tiempo pero jamás pensamos en lo que verdaderamente era. Al reanudar la marcha  atravesamos Castejón jaleando al numeroso público presente y gritándole "guapa" a las abuelas mientras los navaleros aprovechaban para echar un refrigerio en el bar.

Ascendimos el col de Fadas, un poquito con Santeta otro rato largo con Pablo, con Ballarín, con Luis y con más barbastros. Con un grupo de Sabi que llevaba la música incorporada y una moza que vestía de Tinkoff. Rafa y Juanlu pedaleaban por atrás, despacio pero seguro. Los de Naval que nos cogieron a mitad de puerto bien almorzados. Y Jesús iba sin cadena en búsqueda del avituallamiento. Fadas me dio la sensación de señor puerto, o señor col en este caso. Bonito, bien asfaltado, con sus vistas del Pirineo, de los pueblos que se van dejando atrás y su porcentaje sobrio y sostenido durante más de diez kilómetros con alguna dura rampa esparcida a lo largo de sus bonitas curvas. 

Pablo, Nacho y Héctor
Juanlu chino chano
Pensando que el avituallamiento estaba en la cima apreté cuando no debía llegando arriba con la reserva y con el estómago vacío. Desde allí 6 pesados kilómetros hechos a la velocidad que concede el tener un hambre canina. Y en Laspaules, además de reencontrarnos con Abi y Jesús, el ansiado avituallamiento que sin estar mal no era el que se celebraba otros años en Graus y que era más parecido a una boda que a un repostaje de líquido y sólido de una marcha cicloturista. Allí me entero de la espantosa noticia y del motivo por el que nos han retenido un rato antes. No está del todo confirmada pero está claro que ha habido un muy grave accidente.

Así es que con el cuerpo revuelto y el ánimo decaído seguimos adelante. Extremando la cautela más si cabe en el bonito descenso durante el que me encuentro con Juan, uno de los fieles seguidores de esta blog, y su hermano Luis con los que vamos charrando hasta llegar a la base del alto de Bonansa. Lugar donde alcanzamos a Nacho que se ha descolgado  como yo del resto de Tuercepedales aunque él bastante más tarde.

El alto de Bonansa es más corto que Fadas pero con un arranque más violento. De hecho todo él tiene un punto mayor de exigencia. El calor ayuda a incrementar la dureza y sus paredes de roca y túneles acompañados de curiosos pináculos le dan un toque agreste. Con Nacho vamos avanzando poco a poco, dejamos a la pareja de hermanos oscensegrausinos atrás y vamos superando a un señor holandés, a Rafa, a una señora holandesa. Vemos a Pablo al frente pero durante kilómetros nos es imposible alcanzarlo. Pasamos por Bonansa pueblo y admiramos la arquitectura del lugar, las bonitas marquesinas del bus y tomamos resuello para afrontar la última rampa antes de cima. Arriba el puerto se abre en una pradera a los lados con un bosquecillo al frente. Y allí están Javi y Raquel dando ánimos.

Héctor y Abi
Una señora de Holanda y Rafa soltando gas
Nachete y servidor
Arriba en el avituallamiento el propio Javi y la muchachada que nos atiende nos confirman la triste noticia. En un desgraciado accidente, el exciclista profesional David Cañada ha fallecido mientras hacía lo que más le gustaba, pedalear. Son las cosas que tiene esta puñetera vida y poco más se puede decir al respecto más que dar mucho ánimo y fuerza a la familia y amigos en este doloroso trance.

Tras intentar reponer energías y con el cuerpo aún más revuelto, inicié un cuidadoso descenso acompañado de Rafa. A pesar de encontrar alguna curva complicada y de los numerosos túneles, no me desagradó. El resto de Tuercepedales, quienes nos dieron ventaja parando más de la cuenta en el avituallamiento, nos rebasaron y aunque una vez pasado el cruce hacia las Vilas conseguimos conectar con ellos no tardamos demasiado en quedar relegados. Por delante quedaban unos 40 km y el viento soplaba de cara.

Jesús tirando en el llano
Tras rodar unos kilómetros sin forzar, consciente de que era imposible que yo solo consiguiera darles alcance y de que Rafa venía por detrás aún más descolgado, este se presenta con un nutrido pelotón con el que rodamos unos kilómetros sin dar pedales. Sin embargo al llegar al repecho de la Puebla el grupo se fracturó. Conseguí aguantar delante y aunque Rafa se quedó atrás, pensé que habría reagrupamiento así que me esforcé por continuar. No sé cómo en una pequeña bajada perdí rueda con el de delante. Primero un metro luego dos, tres... Durante unos kilómetros intenté conectar llevando al grupo a escasos cuarenta metros y cuando en uno de los repechos no lo logré desistí de intentar coger el tren puesto que o lo cogía en una subida o en bajada era imposible.

Vagué un buen rato solo, solo con un mozo de Caspe, y con el de Caspe, sus dos compañeros a los que dimos caza y dos más de Zaragoza. Cuando la grupeta estaba más o menos definida y enfilábamos la carretera de Capella, en el km 120 de marcha la rueda de atrás pegó un petardazo formidable que por suerte sólo se trató de reventón de cámara. Me detuve junto a unos comisarios UCI del lugar quienes relataban por el teléfono a la parienta que "ahora ha parado al lado un zagal que ha punchao". Y mientras desplegaba el tenderete para reparar el pinchazo y apareció un pelotón en el que rodaba tranquilamente Rafa quien muy amablemente paró, junto a Roberto un amiguete que se había echado, a ayudar a cambiar la rueda.

A cambio de unas cuantas cervezas Rafa completó la operación y ya desde allí rodamos lo más deprisa que supimos los tres solos hacia la meta. "Temiendo" ser los últimos de la marcha cruzamos la meta en algo más de 6 horas, dato que es lo de menos. Un año más repusimos fuerzas con los raviolis de las abuelas de Graus y nos reencontramos todos los Tuercepedales. Aunque esta vez el momento quedó empañado por el horrible suceso ocurrido a primera hora de la mañana. Que allá donde esté David Cañada, descanse en paz.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Monegros 2016, la madre que parió al viento


La madre que parió al viento. Desde las 11 de la mañana en que se puso un pie fuera del confortable habitáculo del coche hasta las 7 de la tarde momento en el que se volvió a colocar el trasero en el añorado asiento del auto, ocho horas con el viento taladrando la cabeza a lo largo y ancho de parte de los Monegros. Ese tipo de cosas que en el trabajo serían motivo de queja ante la dirección de la empresa por maltrato laboral y daño psicológico. Una buena ración dispensada en todas direcciones acompañada de partículas de arena y polvo percutiendo en el cuerpo sin compasión. A veces a favor, muchas veces ladeado, a veces aunque suficientes en contra. Sin viento a lo mejor hubiera sido divertido pero los diez últimos kilómetros de la marcha fueron lo más aborrecible del Universo haciendo equilibrios con la bici la cual quería irse a la margen derecha del camino con insistencia y empecinamiento.



Dicen que en los dieciseis años que lleva celebrándose tan magno evento sólo ha tenido lugar semejante vendaval en dos ocasiones. La primera vez y esta última. Que en la primera ocasión la mitad de los cuatrocientos participantes se retiraron y que en esta última pues no fue tan elevada la escabechina pero, se intuye, que el amor de ochomil bicicleteros por el dios Eolo quedará marcado en sus corazones por lo menos hasta el mes de agosto cuando bajo una chicharrina de cuarenta grados a la sombra a las ocho de la tarde se le vuelva a invocar para que traiga alguna tormenta. Pero que de momento se puede ir tan ricamente a freír espárragos.

Tras descender del coche y recibir la primera bofetada en forma de frío viento, acudimos Jesús y yo a recoger los dorsales y recibir la oferta para participar en un sorteo de un pase VIP para la Vuelta, eso que hacen en agosto-septiembre terminando las etapas donde van a apacentar las cabras al lado de las antenas de repetición. Nos negamos. Refrescante cerveza previa al tormento degustada en el bar restaurante Carlos, donde nos dan recuerdos para David R., quien ya está pedaleando en la marcha larga, y conversamos con el camarero, un tipo tan simpático como somarda, y con su señor padre repasando los tiempos antiguos del CC Barbastro.

David rodando en solitario en la marcha de 118 km
Larga espera bajo el arco de salida protegidos por la pared de una casa del maldito viento. Me he prometido no utilizar adjetivos calificativos insultantes hacia el mencionado fenómeno meteorológico. No sé si lo lograré. En el arco de salida se observan peculiares personajes del mundo tuercepedal que tranquilizan y atemperan las dudas acerca de nuestra capacidad para completar los 82 km de la marcha. Si ellos pueden mal se tiene que dar para que nosotros no podamos. Salida en tromba cruzando Sariñena rumbo a lo desconocido intentando seguir la estela de dos angelicos caídos del cielo que pedalean con ritmo grácil y sincopado para gozo y deleite de los sentidos. Qué cadencia y qué gozo.

Se abordan unos caminos entre campos y granjas. El aire a veces da de cara, a veces de culo pero no molesta demasiado, no así ciertos charcos hasta que se da con el truco para no errar en el dilema de bordearlo por la izquierda o la derecha. Por el centro, to tieso. La primera vez incluye cierta incertidumbre por el qué pasara pero es sensacional y da buena prueba del excelente estado de esos caminos monegrinos. Ejecutar semejante ocurrencia en alguno de los siempre acondicionados y dispuestos caminos de nuestro querido Somontano puede derivar en horror tanto para la bici como para el bicicletero cayendo por alguna sima hasta el inframundo. Pero aquí es divertidisimo.

Km 20. Con el aire ladeado aunque ligeramente favorable unos aspersores saludan al paso de los bicicleteros. A pesar del sol que brilla en el despejado cielo, el aire frío nos hiela el alma con semejante remojón. Paisajes variopintos y desde luego diferentes a los que se acostumbran a ver aquí. Llanuras sin fin coronadas por zaborros de arenisca con curiosas formas, polvo y los enormes charcos comentados salpicando los anchos e impecables caminos. Un par de repechos donde nos adelanta el Capitán América y algún tandem y cigüeñas jugando con el viento viendo un montón de humanos haciendo el mono.

Mi colega el Capitán América, en esta blog se exagera pero no se miente
En el km 34, avituallamiento de Sigena. Bicis tiradas por doquier y gran marabunta alrededor del líquido y la comida. Correcto, con unos pastelitos de manzana excelentes y pichadetes de pitufo. Acto seguido el coloso de la jornada. El alto de Piedrafita majestuoso en mitad de la nada con sus curvas y sus buenas pendientes. Se pedalea sin dificultad, una gozada. Con Jesús comenzamos a pasar a multitud de gente en todas y cada una de las rampas. Algo inaudito, increíble. Cual jefes de filas a los que se les ha escapado el grupo de los gallos a pie de puerto por culpa de una avería, adelantamos riadas de gente. Los mismos que nos han adelantado en los kilómetros anteriores cuando el aire pegaba de culo y todo era jolgorio y alegría.

Cuando voy asustado pensando en lo que nos ha podido echar en la cerveza el camarero del bar Carlos veo delante al enorme bicicletero oscense con el que dos semanas antes coincidimos en la subida a Costean. Cerrando el pelotón en aquella ocasión. ¿Qué está ocurriendo ahora? ¿La gente pedalea como bestias en el llano y la subida se le atraganta? Qué caso más extraño. Con unas curvas de herradura espléndidas llegamos a la cima para crestear durante unos kilómetros en los que el viento se empieza a poner pesado.

Jesús comandando el pelotón
Pequeño descenso y subebaja en mitad de la nada con extensiones de tierras y campos a nuestra izquierda hasta donde llega la vista. Al frente una riada de gente, el horizonte recortado por una fila interminable de bicicleteros chepeando contra el inclemente cierzo. Gente que se vuelve a clavar en las pequeñas subidas, visitas al sembrado para adelantar  al estilo Sagan y alguno que pierde el equilibrio motivado por la baja velocidad de pedaleo y la alta velocidad de las ráfagas de viento. Pero con Jesús seguimos avanzando posiciones cual jabalines, dentro de nuestras enormes limitaciones, pero dando el do de pecho. Impresionante, oigan. El camarero nos ha visto pinta de asmáticos y ha echado una chorradeta de ventolin a la cerveza, no cabe ya duda alguna.

Haciendo comer polvo a los de atrás, increíble
Descendemos por otro camino espectacular de lo bien conservado que está con sus buenas curvas de herradura y fuerte desnivel donde yace un bicicletero que se ha ido al suelo al parecer por culpa del viento. Se ha pegado un buen golpetazo y una vez llega la Guardia Civil mucho más no se puede hacer así es que seguimos hasta el avituallamiento del km 65. Más de lo mismo, correctos en lo esencial aunque demasiado caóticos para mi gusto. Pero es que vamos un tropel de gente las cosas como son.

Jesús saludando a la cámara
Un tropel de gente pero nadie para a ayudar a un gacho que pide por favor una cámara de 29" al borde del camino. Ante la pregunta de que si llevo una cámara de sobra hay que ser muy miserable para no parar llevando tres en la mochila. Así es que le doy una de las mías, el tío da las gracias como si le hubiera salvado la vida, quiere pagar la cámara, le digo que no hace falta, insiste, me echa unas monedas en la mochila, vuelve a dar las gracias. Todo fuera así de fácil le decimos con Jesús. ¿Tan complicado es parar a ayudar a alguien durante dos minutos? Además, en Sabi el año pasado ya le dimos una cámara al amigo Marcelo Patricio pensando que era el nuevo Nairo Quintana y que cuando ganara el Tour se acordaría de los dos hermanos que le ayudaron, no sin comedias, a inflar la rueda en la salida de la QH. Me parece que Marcelo Patricio no cumplirá las expectativas, el agradecido bicicletero de la Monegros era un tuercepedal como nosotros pero habrá un día en que prestaremos una cámara al futuro nuevo capo del pelotón internacional. ¡Seguro!

A estas alturas de la película llevamos un poco de dolor de riñones, dolor en los gemelos, en la cadera, de cabeza, labios resecos, ojos llorosos, culera puerca de salpicaduras y patas llenas de barro. Y queda la broma final. Tras rebasar por enésima vez al tío que lleva una fat bike, al Capitán América, el que va equipado de arriba a abajo del Tinkoff, al tandem y a la misma gente que nos pasa en las bajadas y a la que cogemos en los repechos queda el remate, la puntilla. La traca final. Como que a la gente del Madrid se le ponga Van Breukelen de portero, Duckadam a la del Barça, el Espanyol lance penaltis en Leverkusen o el Atleti llegue al minuto 93. Para la gente que no le guste el fútbol, baste imaginar acudir a votar otra vez el 26-J.

Diez kilómetros de apretar dientes y en los que de milagro la pobre bici que ninguna culpa tenía a punto estuvo de terminar en un campo lanzada de pura desesperación. Desquiciante, a la tercera ventolera que casi me lleva contra la margen me puse a jurar en arameo y a golpear el manillar en un gesto tan absurdo como inútil. Horrible. Para llorar de la impotencia. Todo el mundo va chepeando del mismo modo, es aborrecible si no fuera porque todos nos hemos metido en ese berenjenal por gusto propio y por desgracia hay cosas mucho peores en esta vida. Por suerte los dos kilómetros finales transcurren parcialmente protegidos y al final cruzamos con Jesús mano a mano la línea de meta. 5 horas o algo así dando pedales.

Nos zampamos a la carrera la fideuá y la hamburguesa y regresamos deprisa y corriendo a la tranquilidad del coche torturados por tanto viento. Si hasta dentro de otros quince años no toca semejante ventolera el día de la carrera, la compro para el año que viene y las venideras ediciones hasta que el cuerpo aguante. Si el caprichoso Eolo vuelve a hacer de las suyas al año que viene y estoy presente, con toda la paz me iré a la terraceta del bar Carlos a comer y charrar con el camarero. Porque sin viento tiene que ser tiene que ser divertido pedalear por esos caminos pero con viento... la madre que parió al viento.


martes, 26 de abril de 2016

Las ripas de Alcolea


El sábado tocaba hacer kilómetros así es que con Jesús y Rafa G. nos aventuramos por esta tranquila ruta que se adentra hasta los confines del Cinca Medio. Muy recomendable si nunca se ha pedaleado por esas llanuras y esas rectas sin fin.

Como la etapa muchas dificultades orográficas no es que tuviera, el esforzado pelotón decidió de motu propio y sin ningún tipo de consulta previa acelerar el ritmo prefijado por el horario intermedio y que establecía una velocidad de 20 km/h para en aproximadamente cuatro horas realizar esta marcha vespertina.

Tras superar la tachuela de la Almunieta tuvo lugar la primera aceleración en el sprint especial de Castejón adjudicándose el primer puesto Jesús. El pelotón transitaba con cierto viento ladeado aunque también a favor proveniente de la tormenta que se iba gestando a sus espaldas. Desvío por el polígono de la Armentera y la carrera tomaba dirección Conchel. El viento comenzaba a arreciar aunque no perjudicaba del todo los intereses de los esforzados de la ruta.

Al paso del segundo sprint bonificado de la jornada, Estiche, el grupo circulaba en aparente calma aunque Jesús seguía en cabeza imponiendo un ritmo castigador que más tarde pagaría. A un ritmo muy superior al horario intermedio el pelotón se abocaba a la catástrofe mientras pedaleaba sin descanso con la vista fija en las imponentes ripas que se alzan tras Alcolea.

En la localidad arrocera, puñalada trapera. Donde alguno de los ciclistas pensaban tomar el avituallamiento para afrontar la segunda parte de la etapa, ataque de Jesús y Rafa en dirección al puente que cruza el río Cinca. Sin tregua y sin descanso el pelotón encaraba la carretera en dirección norte con negros nubarrones en el horizonte, viento y un falso llano de más de 30 km por delante.

En ese momento Jesús pagó cara su fechoría y al pedir relevo tras cerca de 30 km castigando al grupo, decidí ponerme al frente del pelotón y aporrear los pedales como si no hubiera mañana. Era consciente de que podía terminar malparado al ser golpeado por el Tío del Mazo pero en ese caso el golpetazo sería muy repartido entre todos los asistentes.

Cerca del sprint de Alfántega se firmó una suerte de armisticio debido a los alaridos provenientes de cola de grupo pidiendo bajar el ritmo. Por fin se llegaba a un acuerdo para rodar a velocidad cercana a la establecida por el horario intermedio aunque poco duraría la calma ya que los esforzados de la ruta se adentraban en la tormenta que venían observando y de la que llevaban escapando toda la etapa.

Al paso por Monzón, primer chaparrón para afrontar las rampas de la Monsanto con las piernas bien frescas y tiesas. Carretera mojada y falsos llanos hasta afrontar el último sprint especial de la jornada donde Rafa daba el primer zarpazo tras permanecer agazapado a cola de grupo durante casi toda la etapa. Aprovechando los ritmos fraticidas de los hnos Lacoma se deshizo de los dos en el descenso hacia el Barranqué.

No obstante la entrada al casco urbano sirvió para neutralizar la escapada, quedaba todo visto para sentencia en la última recta de meta sita en uno de los veladores del Moliné... pero no, de nuevo la lluvia comenzó a arreciar esta vez de manera mucho más fuerte. Pavimento mojado, pasos de cebra por doquier, la amenaza de caída siempre presente y es entonces cuando Rafa, todo veteranía, aprovechó el tramo adoquinado de la plaza del Matadero para cabalgar en pos de la victoria evitando la previsible volata. Llegada al Moliné y merecido refrigerio para el mojado pelotón.

Y esta es la demostración de que, a veces, lo que puede parecer un aburrimiento considerable consistente en rodar por rectas llanas e interminables durante 80 km se puede convertir en una tarde de buenas risas culminadas con una merecida cerveza. 

martes, 19 de abril de 2016

Giro BTT al Somontano 2016



Sábado, 9 de la mañana. 300 bicicleteros, rueda arriba rueda abajo, tomamos la salida de la XI marcha en BTT de la Bodega Pirineos. Bastantes valientes optan por la prueba larga. De más de 70 km y 2300 m de desnivel. Otros por la mediana de 45 km. Unos pocos nos vamos chino chano a completar los 30 km de la marcha corta. No queremos subir el cortafuegos.

Ya en el primer kilómetro Truli, Jesús y yo transitamos en posiciones traseras del pelotón y aunque avanzamos algunos puestos en la última parte de la subida previa al barranco del Ariño me encargo de perderlos en el comprometido descenso. Lejos de intentar asaltar el primer puesto en Strava del sector de bajada del Ariño busco una rueda amiga con la que considero que la velocidad no es excesiva lo cual traducido para el resto de la humanidad significa bajar pisando huevos.

En el barranco propiamente dicho, barro, un buen palmo de agua y curva con subida. El resultado no es otro que el de siempre, bajada de la bicicleta con el añadido de sumergir completamente ambos pies en el agua. Pero como luce un buen sol y hace calor no es problema. La peor tramada del día ya está hecha y ahora se trata simplemente de dar pedales cara arriba. Duras rampas donde dejo atrás a Truli, más tarde me dirá que llevaba el cambio estropeado.

Pequeño descenso hasta la base de Costean y encaramos la demencial cuesta hasta la plaza del pueblo. No diré que se hace corta pero sí soportable. Otros años subirla con más gente era imposible intentando mantener el equilibrio sin caer y sin chocar con más ciclistas. Este año voy solo, ¿dónde está la gente? ¡si es que van como locos!. Avituallamiento muy correcto pero descafeinado. Otros años había mucha más animación, incluso recuerdo haber echado alguna vez un carajillo de Terry sableado a Protección Civil.

Jesús me espera allá arriba y tras preguntar a una de las escobas por los huesos de Truli y confirmar que está bien partimos hacia la segunda parte de la marcha. Como prisa no tenemos nos dedicamos a contemplar los paisajes del Somontano, hay que aprovechar estos días. Vamos más solos que la una, charramos un rato con Luis, una de las escobas de la prueba, aparece un poput, lo que viene siendo una abubilla, saltando de rama en rama, una liebre bastante culona nos viene en contradirección y nos rebasa un gacho con casco integral y manillar de triatleta en posición de contrarreloj. 

Montesa, Cregenzán, la maldita subida de la Viña y finalmente camino Barraón para llegar sin más incidencias a línea de meta como 1h 45' más tarde de tomar allí la salida. Un muy buen avituallamiento nos aguarda y como el resto de la gente se está pegando con el cortafuegos de Coscojuela, las cervezas y los pastelitos están casi a nuestra entera disposición. Un rato después llega Truli quien por la subida de la Viña ha reventado cadena y ha tenido que repararla. Lemus petit también aparece por allí después completar la marcha corta de manera aún más sosegada y David termina la mediana en buenos tiempos.

De los Tuercepedales quedan por llegar Nacho y Héctor. Nacho con "lo tractor", su corcel de ruedas gigantes con el que se ha ido a hacer la mediana. Y Héctor con sus huevos toreros con los que se ha ido a hacer la marcha larga. Al llegar a meta declarará que si alguien quiere desear morirse la recomienda encarecidamente. Me quedaría a verlos llegar pero tengo que marchar a casa.

13 horas, frente al ordenador. El tiempo de corte el año pasado no llegó a las dos horas es por ello que este año no hay que demorarse en exceso para realizar la inscripción de la Trail de Guara. Particularmente es el momento de la carrera en cuestión en el que más corro y el momento de más tensión en la mañana de este sábado. Tras unos problemas con cierta ventana del formulario, maldita informática, la inscripción está pagada y confirmada a la media hora. Toca comer y echar una buena siesta.

Los Tuercepedales (que estuvieron presentes) en acción (galería de imágenes extraída de la página del CCB):


Pablete, se lo tomó con calma pero a pesar de ello fue el que mejor salió en la foto ascendiendo cual Nairo Quintana. Fue en labores de acompañamiento de Borruel petit. A Borruel senior, cuando sus labores como progenitor se lo permitan lo esperamos para echar unos cocos fritos y una pedaleada (corta) a donde sea.

David, si el último ganador de la Roubaix se pegó entrenando el último mes antes de la carrera en el garaje de su casa con un brazo roto nuestro hombre fuerte de la sección no tiene límite. Hace más kilómetros que el repartidor de Seur. Terminó la mediana en puestos de mérito tras correr en Córdoba y con el objetivo de Sariñena. ¡Qué tío!.

Héctor, si decíamos que David era nuestro hombre fuerte este es nuestro jabalí más preparado. A este paso le cogerá el testigo al sr Ornitorrinco como mamífero más cojonera de la comarca. Se hizo la marcha larga y a pesar de declarar que deseaba querer morir, es un tío capacitado para subir por esas cuestas con una bici estática. Un día nos enteramos que rompió una rueda en Santa María de la Nuez, no debió de ser lo peor que ha hecho preparando esta marcha. A pesar de ser tan jabalí se le quiere y estima.

Nacho, subiendo como quien pedalea en el salón de casa con su corcel "Lo Tractor". Nótense las caras de esfuerzo del resto de la gente y la sonriseta del zagal. A lo mejor hay que adquirir un engendro tecnológico de estos aunque no se sabe si sube fácil por la bici o por pertenecer a la tribu sin vacunar de la villa jamás conquistada. Tanto él como Héctor y Jordi es fácil que también subieran riendo con un triciclo.  

Truli, aunque la estampa parece sacada del Paris-Dakar o de la Titan Desert se trata de la misma prueba. Ya no puede llevar más cataticos este hombre. Falta Abizanda a su vera dando por saco. El móvil con la china marcando la ruta sujeto en el manillar y la mochila con la camelback soltando agua y llena de potras (¿quién lleva un tronchacadenas? ¿y quién sabe usarlo?). Lo fuerte del caso es que tuvo que hacer uso de las herramientas para reparar una avería. No se perdió.

Servidor, integrante del dúo de los hnos Lacoma que participaron en la marcha (no he encontrado fotos de Jesús), siguiendo a un gacho de Huesca que sube como un señor mientras yo me retuerzo como si estuviera poseído por Paco Mancebo, Escartín y Laurens Ten Dam atravesando una caverna de dolor. ¡Qué horror! No obstante el peor momento de la marcha fue al llegar a Costean y pensar que todo lo que iba a llevarme a la boca era una madalena. ¡Menos mal que en la meta había un súper avituallamiento!

lunes, 4 de abril de 2016

Apacible vuelteta por Tierrantona 2016


Buena experiencia en la primera edición de la Trail Valle de La Fueva. Circuito tan duro como bonito por uno de los enclaves un tanto desconocidos de la provincia, con una magnífica acogida por parte de los fovanos y fovanas que regentaron con suprema amabilidad los avituallamientos y puntos de control. Esa clase de cosas que te dan motivos suficientes para volver al año que viene aunque hayas te hayas arrastrado durante 25 km  y 1100 m de desnivel pidiendo clemencia y que se terminaran de una vez esas sendas y bajadas criminales.

Y es que no se puede acudir a un evento de estas magnitudes con pocos kilómetros en las piernas, y más centrado en la bici que en hacer cuestas por el monte. Habiendo tenido comida de empresa con buena sobremesa el día de antes llegando a casa sin sed. Maldurmiendo. Con las tripas de aquellas maneras y la uña del dedo gordo del pie haciendo mal desde hace unos días. Casi que lo mejor que hubiera podido hacer el sábado por la noche hubiera sido apagar el despertador y el móvil y echarme a dormir hasta el domingo al mediodía pero perderse semejante evento en Tierrantona me hubiera dolido más que todo lo demás.

Esta vez la expedición estuvo formado por Lemus Zapador, los brileneros Jose y Fernando M. el cual ya ha sido fichado para estos eventos dado su desempeño en el tercer tiempo de la carrera, y un servidor. Al llegar a Tierrantona, recogida de dorsal con saludo a Javi, el fovano sobrevenido, y café en el atestado bar. Saludos con los innumerables barbastros comandados por Paco Torrinco y deprisa y corriendo a cambiarse de ropa. A pesar de que pintaba mal la previsión meteorológica se atisba un día bastante bueno así es que tras un buen rato, Lucía nos dice que parecemos mujeres tardando tanto, nos ponemos de corto.


Concentración en la plaza del pueblo, codetazo de salida y a correr. Durante un bucólico primer kilómetro la serpiente multicolor corretea con Cotiella al frente por terreno llano. Entonces empieza el baile, tras pasar una granja en ligera pendiente hacia arriba se acomete un zigzagueo vertical que deja las piernas para el arrastre. Las miserias de este invierno de estar tirado a la bartola salen a la luz. Pasamos por Charo y seguimos ascendiendo. Aquello ya parece la peña Montañesa por momentos, qué rampas... y qué vistas. Cotiella y Turbón copados de nieve saludan allá arriba. Un par de voluntarios sonríen al paso de los sudorosos sufridores de la trail. Sonríen de esas maneras tan de por allá arriba que dan a entender que ahora vas jodido pero luego lo irás mucho más.

Otra rampa imposible y un señor haciendo fotos que avisa de que ya se ha terminado la subida (fuerte). Ermita de San Salvador, buenas vistas y dos vasos de aquarius para recuperar semejante calentón. Las piernas son ya zona catastrófica, no hay nada que hacer. Y llevamos tan sólo 5 km. Pintan bastos. Jose y Fernando hace rato que transitan por delante mientras Lemus zapador y un servidor hacemos lo que podemos en posiciones traseras del pelotón. Acometemos el esperado descenso y tras un kilómetro de bajar por una empinada trialera las piernas piden piedad y que empiece otra subida o algo más asumible.

Llegamos a Aluján. Bonito pueblo, bonitas vistas, bonitos ánimos, estropeadas piernas. Por un persistente subebaja jalonado de plastas de vaca nos aproximamos a las faldas de Muro de Roda. Allá a lo lejos se comienzan a oír unos memorables chemecos. Entre bojes, barzales y demás arbustos llegamos a conectar con la pista, ¡por fin pista!, que sube a Muro. ¡Si es que os quejáis de todo, que si hay pista porque hay pista y si hay senda porque hay senda! advierte el voluntario que está en el control. Y cómo lo sabe. Comenzamos el ascenso previa ingesta de tamborinazo de magnesio. En el kilómetro 11 ó así y bordeando la fase conocida como moñaco Playmobil o muñeca de Famosa.

Pero en ese momento los gritos y chemecos comienzan a hacerse plenamente entendibles, que no audibles puesto que se llevan oyendo desde tres kilómetros antes. Se trata de un valiente que está jugando con la integridad física de su garganta para alentarnos a todos y cada uno de los participantes que estamos sufriendo como perros en aquella subida. Venga valientes p'arriba, con cojonera que ya lo tenéis, venga guapa que estás hecha una maratoniana del horror y venga tú que eres un finisher, y venga p'arriba cojones ya, no os miréis el cartel que ya estáis arriba y vamos que ya está y no pares que está ganado y veeeengaaaaa, vaaaaamoooooos, con cojoneraaaaaaa. Me-mo-ra-ble. Por estas cosas uno vuelve a las carreras y por estas cosas se guarda buen recuerdo de ellas. Mil gracias.

Llegamos a Muro de Roda con los gritos de fondo de ¿Teo?, no estoy seguro de que este sea su nombre, y entramos al recinto de esta pequeña y desconocida joya. Magníficas vistas, impecable trato en el avituallamiento. Por decir algo, quizás falta algo de salado, un poco de fuet, jamón, poca cosa. Pero es una primera edición, más no se puede decir. Otro trago de aquarius y cara abajo. Javi el fovano sobrevenido, haciendo labores de coche escoba nos pisa los talones. Corramos.

Otra bajadeta preciosa con vistas del embalse al lado pero las piernas ya están aborrecidas. Lemus zapador se adelanta en una de sus incursiones para intentar conectar con algún grupo delantero y en estas que me quedo solo. A la media hora larga de ir maldiciendo a todas y cada una de las piedras con las que estoy a punto de torcerme el tobillo por unas ocho veces Lemus me pega un grito ¡porque viene por detrás! ¿Hemos entrado en algún tipo de vórtice espaciotemporal? No, el colega se ha confundido en un desvío y le he adelantado mientras.  Tras mucho padecer en la bajada llegamos a Humo de Muro donde vemos a Chicote animando y donde nos advierten de la subida que falta.

Otra senda maja pero trufada de desniveles con los cuatro intermitentes de emergencia puestos ya. Horrible, dantesco, escasas fuerzas quedan para llegar hasta Fumanal y otro avituallamiento. Debemos de sacar muy mala cara porque las amables muchachas que lo regentan nos preguntan cómo vamos y que si es duro el recorrido. Entre trago y trago de aquarius les contestamos que mucho, que lo que mata no es el desnivel, sino el terreno. A lo que otro de los voluntarios espeta que "pues menos mal que no ha llovido". Pues sí.

Nos queda un tramo rompepiernas para conectar con la pista de Muro de Roda que ahora ha de conducir hacia Tierrantona. Y en el tramo más amargo cuando ya está a punto de reventar algún cuadriceps o algún lóbulo temporal del cerebro comienzan a llegar otra vez los gritos de aliento de Teo. Ir como una mierda subiendo una pendiente que te va a costar un verano terminar y durante todo ese rato escuchar a un tío gritándote: Venga valiente, que ya lo tienes hecho, qué te pensabas que no ibas a terminar... pues no, que vas a llegar, vamos, cojoneraaaaaa. Que te dice que eres un campeón aunque ambos sepamos que es mentira... Las comparaciones son odiosas pero es como subir el alto de Miracruz en la Behobia sólo que los tres mil donostiarras que deben de estar apretujados en esa cuesta animando se han concentrado en la figura de este memorable personaje. Ole sus cojones.

Coronamos dándole las gracias y tras conectar con la pista trotamos en el descenso con las piernas como tablones. Paramos, caminamos y volvemos a trotar por esa autovía que lleva a meta pero llevamos las cuatro ruedas pinchadas. Entramos en Tierrantona y al ver a los críos del pueblo echamos a correr y a chocar manos. Recta de meta y llegada en antepenúltima posición de la clasificación. Como buen integrante de la sección de las Muñecas de Famosa.

Charrada en meta con el Enano y Esther que han venido a animar, una Rondadora para recuperar sales con Jose y Fernando que ya han llegado a meta hace casi una hora, una ducha y a comer contando las batallitas de carrera. Tercer tiempo en el bar a base de unos buenos digestivos con anécdota incluida con la guapa camarera (que no se puede ir por ahí pidiendo "unas hierbas" como si tal cosa, hombre) y animada charrada en un velador. Finalmente vuelta a casa puesto que al día siguiente hay que madrugar.

Sufrí (sufrimos) como un maldito perro, por momentos maldije esos maravillosos caminos,  al llegar a meta dije que para días volvía a trotar por esas sendas, hoy llevo las piernas como un Playmobil y los hombros son siniestro total de cargar la mochila con los bastones. Subir escaleras es actividad de riesgo y bajarlas un despiporre. Voy a esconder las zapatillas de trail y en dos meses no pienso hacer otra cosa que no sea bicicleta. Las zapatillas de asfalto también van a ir castigadas, por si acaso, y el garmin con sus temibles tracks se va a quedar tirado en el fondo de algún cajón. Pero a pesar de todo ello habrá que volver al año que viene a Tierrantona. Vaya que si volveré...

viernes, 25 de marzo de 2016

La regla de los dos tercios



Ayer hubo paseo con la bici de montaña. Después de tres meses de abandono. Queda un mes para la marcha de los Monegros y la cuestión es no presentarse en la línea de salida con serias dificultades para hasta montar en el velocípedo de brincar charcos. El destino de la excursión fue parecido al de una de las últimas salidas de diciembre, el Área 62 la cual ayer quedó rebautizada como Área 51 de Roswell por motivos que el atento lector y conocedor de este engendro de blog podrá desentrañar conociendo las correrías de los seres que se describen.


Nos perdimos. Otra vez. No se trata de ninguna novedad pero cuando se desarrolla de la manera como fue ayer es para relatar la aventura para que quede constancia escrita de cómo es posible perderse tres veces para ir a un punto distante unos seis kilómetros. Se trata de una circunstancia pavorosa en tanto en cuanto no aprendemos de los errores del pasado e incluso parecemos regodearnos en ellos. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Nosotros nos guardamos esa piedra en el bolsillo y la dejamos caer delante nuestro cuando nos aburrimos.



Ante la posibilidad de montar una salida en bici en la mañana de Jueves Santo pero intentando evitar la carretera el miércoles se terminó de concretar una vuelta, un paseo, con la bici de ruedas gordas. De hecho por circunstancias que no vienen al caso la salida se terminó de concretar ayer a las 9 de la mañana, lo cual no es excusa para la tropelía que viene a continuación.


Éramos de la partida Juanillo, Truli, Jesús y yo. A la merecida fama ganada a lo largo de los años por mi hermano y yo en el mundo de la orientación se unía la figura local encarnada por el fantástico Truli. Una colusión de facultades jamás vista, una novedad mundial que ninguno de los cuatro quiso prever. ¿Nadie? Bueno, nadie verdaderamente no. Juanillo confirmaba su asistencia via wasap a las 9:35 hora zulú, y yo le respondía que también venía Truli. A continuación se detalla un extracto de la conversación mantenida y en la que Juanillo, esa mente preclara, ya se anticipaba a lo que estaba por suceder.

-De acuerdo, pero por Dios que no haga de guía.
-Tranquilo que vamos de paseo.
-Que he ido dos veces con él y las dos nos hemos perdido; las dos con 30 km de más.
-Al Área 62 no hay mucha pérdida.
-Bueno, bueno... que esto me lo conozco.

El encuentro entre los cuatro jinetes del Apocalipsis tuvo lugar en la cruz de Santa Bárbara. Ya allí había motivos para abortar misión, nadie quiso verlos. Truli se encontraba enfrascado tecleando en su móvil sacando mapas del Instituto Geográfico. Para subir al Pueyo. Ya en el primer cruce se decidió tirar por la derecha. La izquierda suponía acometer el camino tradicional, el que todo el mundo conoce, el que no tiene pérdida. Pues nosotros tiramos por la derecha, abandonados a la pericia de Truli.

A los doscientos metros Truli comenzó a insultar gravemente a una chica china que hablaba desde su teléfono móvil el cual lleva sujeto a su manillar. El porqué lo lleva allí luego se aclarará aunque ya se puede avanzar que el motivo es demencial. El caso es que a la muchacha china que gobernaba los designios de la excursión algo no debía de cuadrarle y comenzó a vomitar palabras, pudiera ser que hablase en castellano pero al revés al igual que la niña del Exorcista aunque eso nunca lo sabremos ya que el volumen de los juramentos proferidos por Truli era claramente superior al de los mensajes de advertencia de la guía.

El caso es que Truli mató a la chica china y la guía dejó de realizar su función, quedamos a merced de los elementos y de la regla de los dos tercios. Pasamos por Granja Aventura pero al primer cruce un poco comprometido ya hubo disensión de opiniones y se optó por lo que dijo Truli. El resultado fue terminar en medio de un campo. Llegados a este punto fue cuando alguien planteó la cuestión de qué clase de track o mapa estábamos siguiendo a lo que Truli respondió de manera escalofriante: "yo llevo el GPS para saber dónde estoy pero no para saber a dónde voy". Brillante. 

La cuestión fue que tras cruzar un campo lleno de árboles plantados en el que supuestamente había un camino "hasta hace bien poco" pero en el que hay que hacer hincapié en que había árboles, y todo usuario de la piscina municipal del Barranqué conocerá que los árboles tardan eones en crecer y los de ese campo estaban crecidos, se vuelve a llegar a un punto perdido en el espacio sideral a partir del cual no era posible avanzar.

En ese momento, Jesús, ese otro tótem del mundo de la orientación decidió tomar el mando para sacarnos de semejante aprieto. La opción elegida para abandonar aquel vórtice de perdición fue una maravillosa trialera la cual nos llevó a realizar un bucle alrededor de unas carrascas por las que paseaban un señor con su hija. Cuando nos vio por primera vez el hombre puso cara de extrañeza al contemplar cuatro tarados por aquellos parajes no muy habituales para la práctica ciclista. Cuando a los cinco minutos nos volvió a ver justo al otro lado de la faja de carrascas yendo en dirección contraria sólo le faltó tapar los ojos a su hija para ahorrarle la visión de esos cuatro errores de la Naturaleza en pos de alcanzar las cotas más altas de la incompetencia. Seguramente la música de Benny Hill sonaba dentro de su cabeza al ver semejante escena.

Aún hubo tiempo para que Truli volviera a colocarse en primera posición del pelotón llevándonos a otro de esos puntos en los que el camino se corta en medio de una era. Ante las imprecaciones y juramentos del personal que le animaba a responder por dónde pensaba hacernos llegar a destino él tuvo el cuajo de decir aquello de "¿por qué me seguís? ¿por qué me seguís si no sé a dónde voy?". Delirante.

Por extraño que pueda parecer a estas alturas, conseguimos llegar al camino principal del Pueyo algo sobre lo que sinceramente albergué serias dudas. Cabe recordar que por aquellos caminos ya vagamos durante horas con el Enano y Agus en una lluviosa jornada de infausto recuerdo y que más recientemente en la capital maña tardé cuatro horas en llegar desde la zona del Casco hasta casa de Lemus Zapador inmerso en una interesante trail nocturna de vergonzante recuerdo. De Jesús ya se habló largo y tendido en esta blog el día que partiendo desde Berbegal en dirección hacia Laperdiguera terminamos en Lagunarrota, básicamente se encuentran en direcciones opuestas. Y Truli en cierta ocasión en la que viajábamos en coche a Bayona nos hizo subir por Zuera y Sos del Rey Católico y volver por una carretera perdida de las bardenas reales por la que el resto de la expedición se le amotinó ante tamaño dislate. El único ser que podía poner algo de raciocinio en la excursión era Juanillo y para lo único que abría la boca era para decir cada vez que llegábamos a algún camino cortado "Señor, llévame pronto".

El acongojado lector de estas Truliaventuras podrá creer que una vez llegados a la senda conocida por todo buen barbastrense que lleva al Pueyo llegaríamos sanos y salvos a nuestro destino que no era sino almorzar en la rotonda de acceso a la autovía sita a un escaso kilómetro del monasterio. No, no y mil veces no. El ser humano es una máquina espectacular que se complica la existencia hasta cómicos límites. Vayamos por la carretera directos, no. Vayamos por el camino que parte desde la ermita, tampoco. Subamos hasta la placeta del Sol y cojamos el camino que va hacia Castillazuelo, luego bajemos hacia la nacional, no tenemos ni idea de por donde se cruza hacia el área de servicio pero por algún sitio se podrá, vayamos.

Hasta la nacional se llegó moderadamente bien, no había mucha pérdida incluso para unos zotes como nosotros. Luego volvieron las comedias. Cruzando por encima de la autovía le comenté a Juanillo que ya llevábamos 14 km para un trayecto que debería haber costado no más de 7. Él comentó que aún nos quedaba un rato ya que las rutas de Truli suelen estar sujetas a la regla de los dos tercios (Dos tercios = 2/3 = 0,666 = el número de la Bestia). Y no le faltaba razón. Tras explorar un par de campos más se optó por ir a dar una vuelta por los contornos del vertedero para acometer el camino que lleva hacia el área de servicio. Rodeados de bandadas de cuervos, milanas bonitas y algún buitre que ante tanta insistencia de aquel grupo de cuatro impedidos que no hacían más que dar vueltas sobre si mismos se planteaba la posibilidad de darse un festín.

Al final llegamos al Área 62 aunque bien hubiera podido costar menos llegar al Área 51. Tuvimos menos dificultades para encontrar una mesa para sentarnos a degustar un almuerzo a base de dos huevos fritos con tres chullas de panceta y patatas panaderas. Ya allí aposentados y relatando al personal que así lo quiso nuestra incompetencia se acercó un incauto turista a preguntar. Aunque parezca mentira, un chico andaluz que no se vio amedrentado por los ostentóreos alaridos que provenían de nuestra mesa se acercó a consultar con su GPS. Increíble pero cierto.

El incauto pretendía ir a "Biela", lo que ya provocó aluvión de críticas hacia el mundo en general porque en el mapa se lee eso pero se pronuncia de otra manera, y no sabía que camino tomar ya que el GPS le planteaba dos rutas diferentes. Como el atento lector podrá imaginar ese consejo de sabios le propuso una tercera vía -uuuy, para ir a Viella lo mejor es que te bajes hasta Lérida... - ante la mirada ojiplática del andaluz a quien el buen tino y acierto que llegó a otorgarnos el vino y la cerveza que habíamos ingerido nos llevó a desdecirnos de semejante barbaridad y a ofrecerle la opción más razonable de subir dirección Benabarre.

La vuelta a casa no estuvo exenta de otra pérdida de camino pero como siguiendo la carretera del canal no hay más remedio que acabar abocados en algún momento a la de Berbegal al final terminamos llegando a casa, no por el camino que se había pensado, pero llegamos.

Terminaron saliendo 30 km para una ruta que no debería haber tenido más de la mitad. Lo que da miedo de verdad, porque la vuelta era sumamente sencilla incluso para nuestra torpeza, es que para la ida se aplicó la regla de los dos tercios de una manera matemática. Lo que en circunstancias normales no hubiera sido más que un paseo de entre seis y siete kilómetros costó la friolera de veinte. Lo que la razón dictaba se convirtió en un tercio de lo que terminamos pedaleando, los otros dos tercios vinieron de propina merced a nuestras habilidades.

Como ya se ha comentado, las habilidades de orientación de mi hermano Jesús y un servidor, se limitan a seguir las hojas publicadas por Javi y Tom hace años ha, en los que siguiendo referencias tan variopintas como acequias, tajaderas, carrascas, puentes o campanarios uno ha de situarse para llevar la cuente de por dónde hay que girar y por dónde coger el camino perfecto. Es un método imperfecto sujeto a que la higuera propuesta como referencia nº 17 haya sido erradicada de la faz de la Tierra hace ya mucho tiempo pasando de largo y entrando en bucles espaciotemporales con el consiguiente incremento de kilómetros por parte de los incautos que se guíen mediante estos primigenios tracks. Cada paradeta en las referencias para comprobar que se sigue el camino correcto puede ser empleado para comer, beber y soltar ventosidades varias. Uno le acaba cogiendo el gusto.

Por lo que respecta a las habilidades de Truli... se acaba convirtiendo en lo mismo, exactamente lo mismo pero pertrechado de unos mapas última generación a través de los cuales una solícita chinita te guía a destino. Lo malo de estas tecnologías que están en constante ebullición son las actualizaciones de software y que donde ayer indicaba un camino como una autopista hoy hay un campo con unas carrascas como casas. Qué le vas a hacer si te cambian los caminos de sitio... lo bueno de todo es que al menos cuando uno se pierde sabe exactamente dónde está y tan sólo se trata de encontrar un camino transitable que lo lleve a destino o de llamar al 112 y decirles que uno se ha perdido. ¿Dónde? pues aquí.

Conclusión: el que es torpe es torpe. Da igual que vaya a pelo, con hojetas del año la picor o con un GPS último modelo.

PD. a pesar de contar con la inestimable ayuda de uno de estos GPS último modelo ninguno de los cuatro zotes fue capaz de registrar la maravillosa ruta seguida. Mejor así, de esta manera será inimitable y no quedará expuesta a escarnio público por el resto de los tiempos. Quedan 35 días para Monegros y la inquietante sensación de que igual terminamos dando vueltas por Albacete, seguiremos informando.


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