miércoles, 20 de julio de 2016

20 razones para acudir a ver el Tour de Francia


Dadas las circunstancias del soberano esperpento que se está sufriendo en el país vecino desde el 2 de julio escribir esta entrada podría resultar incluso denunciable. Semejante simulacro de carrera ciclista no se recuerda desde los tiempos en que paseaba su tiranía por Francia el Innombrable, ese que desapareció de todos los registros de la prueba por sus prácticas mafiosas. Sin embargo a pesar de todos los pesares he encontrado 20 motivos por los que se puede acudir a presenciar in situ la, a veces, mejor prueba por etapas del mundo.

1. Ir a Francia. Por si pasar al país vecino no constituyese suficiente aliciente, por si sus boulangeries, patés, sidras, quesos y jolie femmes no fueran motivo suficiente, ir a Francia pasando por el túnel de Bielsa. Con parada obligatoria en Parzán. Y en el último pueblo antes de la frontera repostaje a cargo de los hnos Vidallé. Un par de huevos fritos con chorizo, lomo o longaniza con bien de patatas fritas y el mundo siempre parece un lugar mucho mejor aunque después al ver las noticias se pueda constatar que en realidad el mundo se va a la mierda. Si se puede escoger sitio frente a la tele viendo el encierro de San Fermín ya mucho mejor. Si ese encierro lo comentan dos simpáticos personajes de la fauna local con la botella de coñac Terry plantificada en mitad de la mesa se roza la excelencia.


2. Tener una buena excusa para no participar en algún tipo de prueba deportiva a la que uno se haya apuntado en primavera cuando no aprieta la calor y parece que se va a llegar en forma a todo. En el caso que nos ocupa acudir al Tour resulta un óbice absoluto para participar en la trail de Estadilla. El hecho de que servidor no se calce unas zapatillas para correr más de dos kilómetros seguidos desde abril, tenga el pie derecho con una uña lastimada y el pie izquierdo maltrecho por apretar las calas de la bici más de la cuenta cierto día también ayuda.

3. Ver ingentes cantidades de cicloturistas. Desde la frontera hasta Val Louron una incesante riada de gente en bicicleta acudiendo como peregrinos a la carrera por etapas por antonomasia. Raro año es la más emocionante y en pocos tiene el recorrido más duro o más bonito. Pero el Tour es la madre de todas las carreras ciclistas y toda la leyenda que rodea a este deporte comenzó porque unos locos decidieron un memorable día dar la vuelta a Francia en bicicleta. Es de justicia pues acudir en peregrinación, en coche aunque mucho mejor en bici, a honrar el paso de tan sacrosanta prueba. Si se acude en coche es menester bajar las ventanillas y vociferar a estos pelotones ánimos y alabanzas por doquier.

4. Dar faena a una entrañable abuela de Azet. Al llegar a pie de puerto y encontrar el paso franqueado por gendarmes pero abierto a los turismos la emoción puede embargar a cualquiera. El hecho de ascender las rampas de Val Louron entre pelotones de cicloturistas contemplando bellos paisajes obnubila a cualquiera. De modo que al llegar al pueblo de Azet uno puede cruzar cables y abocinar el coche en la primera era que encuentre por temor a que de ahí en adelante la carretera esté atestada de caravanas y no haya donde aparcar. Custodiando la era se puede encontrar una venerable ancianita bastante impedida de las piernas subida a una silla de ruedas de tipo motocarro. La abuelita puede en ese momento advertir al incauto de que su era es privada y de que aparcar cuesta 5 € la jornada. La emoción puede hacer que la transacción se lleve a cabo y tras seguir a la abuela pilotando el motocarro por la era, el estacionamiento se termine efectuando con la ayuda de la nieta la cual oferta plazas al gusto del consumidor a l'ombre ou au soleil.

5. Participar en la prestigiosa Trail Azet-Val Louron-Azet. Partiendo de la era de las entrañables abuela y nieta de la villa de Azet, con un desnivel positivo de 430 metros y una longitud de 5'5 km la prueba transcurre siguiendo la carretera del puerto de Val Louron. Entre coches, caravanas, ciclistas y fauna sin catalogar la trail ofrece bonitas vistas de los picos que se yerguen alrededor de Loudenvielle, villa que acoge Balnea, así como de la villa de Saint-Lary. En esta primera edición de la Trail fuimos de la partida tres elementos en la categoría de mardanos (Héctor, Truli y yo) y una participante en la categoría de damas, nuestra amiga Marion. Los gritos de ánimo, en especial a la bella Marion, se sucedieron a lo largo de las duras rampas que llevan a la cima donde un balsámico puesto con cervezas sirvió para hidratarnos. Los 11 km totales de subida y bajada fueron motivo ya más que suficiente para a la noche plantarse en Estadilla a devorar la cena incluida en la inscripción de esa otra trail no hecha. Ante las acusaciones vertidas por cierta gente que esgrimía el argumento de que no me había visto correr la participación en la Azet Trail fue una buena excusa.


6. Hacerse una foto con la bandera del club de fans de Gregorio. En el mundo del ciclismo existen diversos personajes que es difícil que aparezcan alguna vez en un desinformativo de atresmedia o de los Torrocos de mediaset pero que por el contrario merecen el respeto del buen aficionado. Uno de ellos es el señor Van Avermaet más conocido por estos lares como Gregorio. La foto con la tricolor belga es obligatoria.


7. Divisar personajes de diverso pelaje y lanzarles la mirada de Chuck Norris. Según se avanza por el puerto se pueden ver diferentes especies apostadas en los márgenes de la carretera: 

Parejas de abuelos que seguramente no han hecho en cuarenta años más que tragar etapas del Tour todos los veranos aparte de acumular gorras de propaganda; cuando ven el rostro de Marion las abuelas preguntan "c'est Marion? Oui, elle est Marion" y saludan sonrientes.
Luego hay familias, grupos con banderas para animar a un ciclista específico, gente que viene de la chimbamba y que monta el tenderete para identificar la procedencia... y luego están los gilipollas. Aquellos que no hacen otra función más que vociferar completamente borrachos mientras se pasean en calzoncillos o en traje de lagarterana (no tienen término medio) lanzando petardos o encendiendo bengalas, molestando a todo el mundo en general y a los ciclistas en particular. Hay que lanzarles una mirada retadora a lo Chuck Norris, no son bienvenidos. Hace años no había tanto aficionado gilipollas y el ciclismo era mejor, no hacen ninguna falta y probablemente ellos llegado un momento del día se preguntarán qué necesidad tienen de estar sudando whisky a 37 grados en pleno sol, en calzoncillos, haciendo el ridículo y cogiendo, espero, una buena insolación mientras podrían estar durmiendo la mona en su puñetera casa.

8. Intentar ayudar a un zagal con la bici rota. Te pasan dos crietes con bici de montaña que no levantan dos palmos del suelo. Uno de euskaltel y el otro de cajarural. El euskaltel lleva la patilla del cambio partida y empuja la bici esperando la asistencia (como Froome, bueno como Froome no que ese tira la bici y corre). Mira que pasan cicloturistas cara arriba y ninguno tiene el detalle de parar no ya a ayudar sino simplemente a preguntar. No vaya a ser que pierdan tiempo en el segmento del Strava. Así es que aunque no llevamos ni llaves ni tronchacadenas ni nada nos acercamos a los zagaletes a preguntar cómo lo llevan y si están sus padres cerca. Por fortuna unos metros adelante ya han contactado con el coche de equipo materno y un solícito señor les está apañando la cadena para que pueda subir en piñón fijo. Y mientras sigue pasando la creme del cicloturista intentando conseguir el KOM del Strava.

9. Echar cervezas en la cima del puerto. Que ya lo había mencionado... pues lo repito. Porque es un placer enorme pertenecer al escaso grupo de perturbados que dejando el coche en Azet subió hasta cima caminando y poder echar unas cervezas al olor de la plancha de los bocadillos a pleno rendimiento. Un despliegue de medios excepcional.


10. Ver la paradeta de souvenirs de la carrera. Un poco pobre, esperábamos algo más sin embargo aparte de las gorretas clásicas, los maillots actuales y vintage y las camisetas de la carrera llamó de manera poderosa la atención unos moñacos de ciclistas con el maillot del Teka. Como los soldadetes de plomo pero en ciclistas. Y con la gorreta cara atrás, al más puro estilo Chozas, Gastón o Lejarreta. Magnífico.

11. Comer un bocadillo a la sombra. Después del esfuerzo realizado se busca una de las escasas sombras, rodeados de familias ondeando la bandera bretona, y se extrae de la mochila el bocadillo de beicon previamente adquirido en Parzán. Sabe a gloria. 

12. Ver la caravana del Tour. Lo cual constituye por sí misma motivo suficiente para acudir guste o no guste el ciclismo. Porque a pesar de que la ronda francesa sea la madre de todas las carreras lo cierto es que esperar a pie de carretera durante cuatro horas para ver pasar en cuestión de un minuto escaso el grueso del pelotón puede resultar frustrante a la par que desilusionante. Sin embargo la caravana nunca defrauda. Compuesta por una colección de vehículos a cual más ecléctico (el ciclista en pose de contrarreloj, la rueda de coche, el tetrabrick con pajitas...) van pasando una serie de personajes que no hacen sino enardecer los ánimos de los presentes. Uno de los vehículos lleva a un garçon que se va columpiando (bien atado a un arnés por otra parte) mientras hace bailar al público, en otros la muchachada lanza gorras, madalenas, salchichones, llaveros, manteles, capazos, zumos, detergente, agua, periódicos, pulseras, quitasoles, pegatinas, todo lo que uno pueda imaginar y que en realidad no sirva de nada o casi nada. Héctor y Truli hacen faena recolectora por un costado y yo me reparto las potras con un zagal que va de arriba a abajo con los colores de Francia y que me da alguna gorra que le sobra. Truli no tiene tanta suerte con un señor que casi se lo come por intentar fanarle una gorra de Credit Lyonais. A destacar las otras furgonetas donde simplemente las jolie femmes bailan graciosas como si flotaran ajenas a la expectación de los presentes.

13. El momento previo al paso de los ciclistas. O la calma previa a la tormenta. Tras el paso de la caravana la excitación del personal es palpable. Todo el mundo se afana en consultar la radio, el teléfono o todo dispositivo que permita conocer el paradero de los esforzados de la ruta. Las conversaciones a cuatro bandas entre vascos, aragoneses, franceses o ingleses surgen para preguntar quién va escapado. Majka et Pinot sont en Azet. A cuánto el pelotón. How far are the bunch. Moins d'un minute. 38 segundos. Puto Sky. El rodillo. Oui, le rouleau. Qué le vas a hacer. A ver si por lo menos nos dejan ver pasar a Tony Martin. Y a Gregorio. Y a Sagan, cualquier cosa por Sagan. Y en un momento dado las conversaciones se convierten en murmullos y los murmullos en silencio. Se escucha cada vez más cerca el helicóptero de la tele y allá a lo lejos en la curva se ve el coche rojo de cabeza de carrera y la gente estalla de júbilo.

14. Ver pasar a los héroes. Y no estoy hablando de ver pasar a los nairos, froomes, valverdes o nibalis de turno. Hasta el momento (y no creo que cambie en lo que resta de carrera) estoy razonablemente enfadado por el rendimiento francamente negativo de casi todos los ciclistas de la prueba. Si de aquí al domingo alguno arregla la situación pues en el correspondiente post donde se analice la Buquiporra se rectificará pero por el momento es lo que hay. Cuando hablo de héroes me refiero a esos ciclistas que se baten el cobre desde enero penando por esas carreteras de adoquines por los que merece la pena ver las clásicas de primavera. Los que nos alegran la existencia esos fines de semana de marzo y abril subiendo esos muros en Flandes. Porque los favoritos del Tour pasan rápido y muy juntos. En ese trasiego eterno de más de tres mil kilómetros en el que muchos no se despegarán de la rueda de quien le antecede en la clasificación, de esa o de la del coche de Mavic. Vigilantes, tensos y agarrotados. Sin gracia y muchos sin sangre. Lo mejor viene después cuando llegan los rezagados, con la cara desencajada. Y llega Gregorio, el señor Van Avermaet. Vestido de amarillo. Y te dejas las palmas de las manos aplaudiendo. Aparece Pinot, muerto con el maillot abierto después de haber intentado la quijotada y le gritas que es un poquito cabrón porque te está reventando todas las porras. Llegan Zakarin y Dumoulin en alegre compañía y la afición se desgañita. Sicard y Coquard con sus menudos cuerpecitos de gorrión y sus caritas desencajadas suben en volandas de los gritos. Teklehaimanot de piernas negras como tizones asciende sobrio y elegante. Balito Sepúlveda porfía por engancharse al grupo de los mejores y aprieta los dientes para ello.




Aparece santo Thomas de Gendt ungido de topos rojos y ante la apatía general al paso de Tomaser animo a ese santo y seña del ciclismo de cojonera, ese que pocas veces se premia pero que hace afición. Y ves pasar incluso a tus ciclistas más denostados y en ese trance las rampas de Azet les hacen personas. Y les aplaudes. The man of the Man, ese mozo al que cada vez que ves ganar aprietas los dientes y sueltas una maldición, lo ves junto a un compañero a más de media hora de los primeros haciendo eses bebiendo agua estrujando el botellín. Cómo no le vas a aplaudir. Tira para arriba, ánimo y adelante. La próxima vez que aparezcas en un sprint fresco y lozano venciéndolo ya ajustaremos cuentas pero de momento tira.


15. Pitera Sagan. Cuando parece que ha desfilado toda la flor y nata del pelotón, las filias y las fobias de cada cual, entonces rebrotan las conversaciones a cuatro bandas chapurreando francés, castellano e inglés. ¿Sagan? ¿Where is Sagan? No ha pasado, seguro, yo creo que no. Seguro, no se habrá retirado... y entonces allá en la curva poblada por irreductibles vascos que trasegan pacharán como bestias florece un rugido atronador ¡¡¡SAGAN!!!. Ahí viene, el monumento de ciclista, el mejor regalo hecho a este deporte en más de veinte años, Pitera Sagan. El eslovaco asciende flotando al igual que las jolie femmes al margen del resto. Tras un numeroso grupo que pedalea con dificultad y la cara rota de esfuerzo el avanza de pie sobre sus pedales con la media sonrisa de quien la está gozando. Se sabe el más querido y respetado del pelotón y lejos de amancebarse va rumiando la próxima fechoría que deleite al personal. Y así avanza Sagan, vestido de campeón del mundo, con todos y cada uno de los que allí estamos ofreciéndole el mayor de nuestros aplausos. A ese auténtico gigante de las dos ruedas que honra al deporte más bonito del mundo cada vez que da una puñetera pedalada. ¡Qué grande eres!





16. Otra vez, por si no ha quedado claro. Sagan. Grandioso.

17. Coger moreno cangrejo. Tras ocho horas al sol dando vueltas en un puerto de montaña lo más seguro es que se coja un sonrosado color de piel por mucha crema solar que se unte. La bajada hasta Azet se hace practicamente en solitario porque los que estaban a esa altura de puerto o se quedan un rato en la caravana o bajan para el otro lado. Cuando llegas a Azet no queda ni la abuela ni la nieta ni casi coches y los gendarmes están plegando. La emoción de encontrar la fuente de la plaza del pueblo te lleva a dejar a la pobre Marion abandonada allí mismo. Pobre Marion.

18. Ir al Carrefour de Saint Lary. Porque como ya se ha comentado la France es un país maravilloso, al que algunos cafres se intentan cargar, en el que se pueden adquirir productos excepcionales. Tras descender el puerto acudimos al hipermercado a llenar el maletero de sidra, patés y queso pero el aparcamiento está atestado y no hay un hueco. Debemos abortar el intento y aunque se plantea la opción de acercarnos a Guchan a ver a la panadera malcarada (en próximas entregas quizás se hable de esta señora) al final decidimos dar por concluida la visita y regresar a casa. Au revoir.

19. Hacer hambre para acudir a la cena que pagaste hace meses junto a la inscripción de una carrera que no te ha apetecido correr. Llegas a casa con un hambre feroz, te duchas, te cambias y acudes a Estadilla a reunirte con el Enano, Lemus, Morcate, Juanito, Magda y Fernandito para cenar mayonesa con olivas y pasta de primero y brasada de segundo. Cerveza a espuertas antes, durante y después. Ves a Templario liarla parda en el escenario donde una orquesta ameniza la velada, lanzándose a las masas como si fuera Axl Rose para más tarde coger el tablón de anuncios con los resultados de la trail y tras pasearlo por media plaza plantarse otra vez encima del escenario con él. Acojonante, oiga.
Y como traca final acudir a la verbena de las fiestas del barrio de San Fermín a desorinarse ya por completo viendo las evoluciones al pie del escenario de un buen puñado de cromos dorados bailando al son de la verbena con ritmos acompasados que alegran el alma y reconfortan el corazón. El clímax se alcanza cuando el cantante, motivado por la mirada de pavor de la moza que toca el órgano, espanta con el palo del micrófono a los pumukis que intentan tomar el escenario al más puro estilo templario.


20. Quedar vía twitter con Marion para la próxima ocasión. Coger las fotos del día, en especial las del Marion Rousse fan club del Somontano, y enviarlas a la interfecta vía twitter. La señora del excelente ciclista galo Tony Gallopin, exciclista profesional y ahora comentarista para la cadena televisiva Eurosport se lo tomó con humor y he aquí la prueba de la intensa relación epistolar mantenida entre Marion y Héctor. Por lo menos la moza se lo ha tomado con humor. Quien sabe si al año que viene la foto la hacemos con la Marion de carne y hueso (y los ciclista ya si eso que hagan lo que les dé la real gana).

miércoles, 13 de julio de 2016

Treparriscos 2016, un día en Invernalia

Esta crónica se ha retrasado cosa mala debido a coincidir en el espacio tiempo con el final de los Peaky fucking Blinders, las locas aventuras de Juan Nieve de este lado del muro, los fogones de Masterchef, los piteras islandeses tumbando equipos en la Eurocopa, la apertura de la piscina, festivales veraniegos y demás historias que provocan pereza a la hora de colocarse delante de un teclado. Pero al fin aquí están las andanzas de uno de los días más desapacibles que he pasado encima de una bici. En junio, que tiene narices.

El año pasado la crónica de la marcha comenzaba con una nota destinada a recordar que en futuras ediciones había que subir bien abrigado al puesto avanzado del Muro de Invernalia también conocido como Sabiñánigo para no padecer por el frío a la hora de recoger el dorsal antes de que amaneciese. Pero este año esa recomendación voló por los aires al tener que abrigarse para el transcurso de la prueba cicloturista. Que a tres días de comenzar el verano hubiera que ponerse camiseta de tirantes, maillot de manga corta, los manguitos y sobre todo esto una chaqueta de invierno, braga y el cortavientos para aún así pasar frío... hace bueno el dicho de que en Sabi sólo tienen dos estaciones: el invierno y la del tren.

Y eso que este año los dorsales nos los recogieron el día de antes de manera que no hubo que madrugar tanto ni padecer tanto. Aún con todo a eso de las 5 de la mañana hubo que poner rumbo hacia el Muro del Norte. Rafa con su hijo Gonzalo que venía de espectador así como los hermanos Lacoma con nuestro primo Gregorio. Lo malo de estas marchas son los soberanos madrugones que hay que arrearse pero que quedan compensados por estos viajes en los que se van contando chorradas y anécdotas para quitarse los nervios.

Ya franqueado Monrepós se vislumbra lo que va a deparar el día. Frío, nubes y en el lado francés muy probablemente lluvia con posibilidad seria de nieve. Winter is coming. Un camionero que debía de ir medio tostado haciendo adelantamientos imposibles y algún aventao del Barranqué con un coche conocido por todos haciendo pasar vergüenza ajena para llegar dos minutos antes que nosotros. Llegamos al pueblo sin verano y tras aparcar comenzamos a montar el tenderete. El día es desapacible de lo más, dan ganas de vestirse de largo de arriba a abajo aunque hay algo en la cabeza a lo que esta idea hace chirriar estando como estamos a mediados de junio. Sin embargo sí que se ven cicloturistas de esta guisa para afrontar los rigores de la prueba larga. Eternos descensos rondando los cero grados con la carretera mojada y el cielo nublado no invitan a vestirse de corto. Nosotros al menos nos quedaremos en el lado español donde el tiempo será más benevolente y aunque en la parte de arriba ponemos todo lo que llevamos abajo vamos de corto.

Nos encontramos con Pablo y Lueza que también van a la corta y con Abi que se ha levantado de la cama para venir a saludar y después marchar a almorzar. Con muy buen criterio ha decidido desistir de ir a la QH y dejarlo para otro año.


De puro frío que hace nos quedamos sin sacar foto de los primos Lacoma ya que Gregorio marcha escopeteado y forrado como una cebolla a la salida de la QH en compañía de Adrían, Ángel Pe y Fred. Los ánimos no están para muchas fiestas con esa temperatura y sólo cabe desear ánimos y suerte.

Vamos hacia la salida y ahí escuchamos el codetazo de salida de los valientes de la QH esperando media hora larga pelando palomos del frío hasta que nos sueltan a los de la Treparriscos a eso de las 8:15. El pechugazo de la subida a Latas con las piernas frías duele lo que no está en los escritos y no hago más que mirar que no van rozando las zapatas o las ruedas van enganchadas con algo porque es horroroso lo que cuesta mover la Orbea, La cadena parece que lleve chicle porque gira a duras penas.

Una vez superado ese primer trallazo que no jode pero atormenta seguimos por el bonito subebaja que conduce a Biescas que debe de ser espectacular hacerlo rodando en solitario pero que a mí me da respeto pedalearlo con ciento y la madre y, todo hay que decirlo, un poco de gravilla y piedrecetas de más. Que la semana previa a la carrera fue mala en cuanto al tiempo todos lo sabemos, pero que pagamos unos buenos dineros para la inscripción también y en algunos tramos estaban realmente sucios. Aún así resulta bonito pasar por Lárrede, Orós y demás puebletes por esas carreteras ratoneras.

Pablo y Javi se han adelantado como galgos, Jesús va a su estela mientras Rafa y yo nos vamos pasando el uno al otro. Yo le paso en los repechos y el me recupera en los descensos. En Biescas debo de ser de los primeros que para en el avituallamiento que de no ser por el de delante me lo paso de largo. Una nube de críos ofreciendo líquido que no apetece nada. Cuatro filipinos para el cuerpo, y dos gominolas de vaquitas Trolli. Acojonantes. "Coge vaquitas, coge vaquitas" dicen los críos y yo por no hacer el feo cojo vaquitas y barquillos con chocolate. Todo sea por contentar a la muchachada y al incombustible Apilluelo que dirige a la próxima hornada de lebreles pelaires en sus labores de aguador.

Así afronto las primeras rampas de Cotefablo, mosegando una vaquita de crema con manchas de cocacola que obliga a reducir la marcha para concentrar todo el esfuerzo en la masticación y salivado de semejante bicho. Muchísima animación tanto en Biescas como en Gavín. Gentes del lugar y forasteros, críos vascos poniendo la mano para chocar los cinco. ¡Aupa! Por esos comienzos de puerto rebaso a Rafa quien me pregunta si quedan seis kilómetros a cima. Deben de quedar como el doble pero por no mentirle como un bellaco ni darle un disgusto le espeto un lacónico "un poquete más", bajo piñón y sigo hacia delante. Es fuerte, chino chano llegará.

La zona de descansillos se vuelve una trampa cruel en la que uno desea salir para volver a las pendientes del 7% a sudar y pasar calor. Qué frío esas bajadas a medio puerto justo después de quitarme, tonto de mí, el cortavientos y la braga. Comenzamos la parte seria del puerto y las conversaciones se van acallando hasta volverse susurros y algún chemeco. Y en estas surge alguna que otra charla recurrente de tres o cuatro conocidos que coinciden. Hombre fulanito, tú por aquí, pues ya ves a sudar un poco, si eso a sudar un poco y pasar la mañana. Y es entonces cuando un grito desgarrador surge del fondo del pelotón para aleccionar al fulanito que para más señas se debe de apellidar Orós.

.- Orós, no me jodas, anda que no pasaríamos mejor la mañana sentados delante de dos huevos fritos y dos buenas magras... pero esto... ¡no me jodas, Orós! 

Y la reprimenda al bueno de Orós consituye un buen momento para reír para todo el pelotón de culogordos que ascendemos el puerto. Un holandés subiendo a plato con dos gachos acompañándolo diciendole al unísono en perfecto castellano "vas a petar". Zagales de la redolada con bandejas de jamón, botas de vino y latas de cerveza repartiendo al personal. Comando cerdo se hacen llamar. Parar pararía a hacer aprecio pero hace frío.

La última tramada de puerto la tengo que hacer a base de serruchazos porque no veo el momento de llegar al avituallamiento de cima, pero por el sol. Allí la cosa no es mucho mejor y con Jesús llevamos el refrigerio a la mínima expresión. Estamos tiritando. Así es que iniciamos el descenso y Jesús comienza a gritar, del frío. La madre que parió al viruji que corre. Cómo debe de ser en el lado francés...

Descendemos ese bonito lado de Cotefablo, bonito pero revirado y extraño. Como dice mi padre cuando hicieron esa carretera debieron soltar las mulas y por donde enfilaron tiraron el asfalto, porque si no no se entiende. Mal que bien llegamos a Broto pero Jesús ya va con la cara de "ahora plegaría tranquilamente". A sabiendas de que queda un tramo bien umbrío en el que no va a haber avistamiento de barranquistas y a pesar de ir calado de frío yo también lo voy camelando para seguir hasta Fiscal. Por Planduviar pasamos grupos y nos pasan otros tantos, eso es un todos contra todos característico de esta marcha en la que hacer grupeta constituye un reto descomunal.

Al final harto de que pase gente por la derecha a machetazos para frenar en seco una vez se ponen delante decido pegar cuatro zapotazos y marchar en solitario llevando a Jesús detrás. Al pasar por el cruce de Asín de Broto miro no vaya a ser que esté el bueno de Morcate en el pueblo de su madre. En el cruce no está él pero hay una figura familiar que me anima por el nombre. No sé quién puñetas es, o me conoce o tiene una vista de águila para leer el dorsal desde treinta metros. Llegamos al avituallamiento de Fiscal, llegamos al sol.

Allí echamos un rato largo supuestamente esperando a Rafa. En realidad entre el sol, el amable trato de esas gentes, y las ingentes cantidades de vaquitas Trolli no tenemos ninguna prisa para reanudar la marcha. Además Jesús retoma el buen humor y comenzamos a reírnos de todo bicho viviente. ¿Siendo así para qué vas a marchar? Además en el horizonte sólo se ve un rampuz considerable. Soleado, pero considerable. Así es que venga a beber pichadetes de pitufo y a comer vaquitas Trolli. De largo la marcha hasta la fecha en la que he llevado una alimentación más extraña. Y sin problemas.

Tras ver que Rafa no viene e imaginando que nos habrá pasado en el descenso de Cotefablo cuando no éramos más que un par de espectros indiferentes a lo que acontecía a nuestro alrededor por culpa del intenso frío, decidimos armarnos de valor y acometer el Petralba. Porque sí, aunque la organización no lo contemple, eso que hay después de Fiscal es un puerto. Superamos el rampuz al 8% adelantando gente incluso y tras el descansillo solventamos el segundo rampote con dignidad.Eso sí, al entrar en el túnel de el espacio tiempo se repliega sobre sí mismo y los 2'6 km parecen convertirse en 8. Qué barbaridad.

Ya sólo resta descender a Invernalia zampando otra buena ración de viruji. La primera parte de la bajada, más pronunciada, sirve para que Jesús se adelante pero con la ayuda de una grupeta que me alcanza y a la que me uno, ahora sí, vamos dando caza primero a Jesús y después a más unidades. Después, un clásico de nuestro tiempo, hago un Gaviria y parto al grupo (afortunadamente sin rodar por el suelo) debido a uno de Zirigoza que va gritando aupa a todas las mozas que rebasamos. Hombre, eso está muy bien pero rodando a 45 km/h en pelotón esos chemecos sobresaltan y crean confusión.

Así es que toca hacer el Vanmarcke de rigor y tirar para alcanzar a Jesús. En un primer intento no hay manera y cuando desisto reventado un riojano grande como un oso da el relevo, venga con pitera que los cogemos. Y así me resguardo detrás de ese espaldar para recobrar el aliento y cuando adelante parece que aflojan vuelvo a tirar con todo para engancharlos y entrar en meta con mi hermano.

Ya en meta vemos la llamada en el teléfono de Rafa quien ya lleva un rato allí. Nos ha rebasado en lo alto de Cotefablo, se ha hecho la marcha del tirón aterido de frío. Damos buena cuenta de la paella, bastante buena dadas las circunstancias, y hacemos recuento de vaquitas Trolli recogidas por Jesús para sus herederas a lo largo de los avituallamientos. Catorce vacas que se dice pronto.

Al final el frío hizo de las suyas sobre todo en la prueba larga y fueron bastantes los que llegados a lo alto del Somport se dieron media vuelta puesto que al otro lado tan sólo se veía frío y sufrimiento. Para mí hicieron muy bien ya que las montañas siempre estarán allí para ser ascendidas, a la medida de las posibilidades de cada uno, sin sufrir calamidades porque sí. Entre estas retiradas una fue la de mi primo Gregorio quien se buscó la vida para volver a casa antes de tiempo de modo que el viaje de vuelta lo hicimos los mismos que habíamos ido con el cambio de Gregorio por Ángel Pe. Las risas fueron constantes con Angelito, menudo cascabel de hombre después de darse la paliza de hacer la QH y, según él, pasar un poco de frío pero tampoco algo exagerado. Y fumando como un carretero todo el viaje de vuelta con el bueno de Rafa mano a mano.

Hubo que lamentar otra vez un fallecimiento en la prueba corta. A falta de escasos kilómetros para llegar a meta y debido a un infarto un vecino de Zaragoza cayó al suelo sin que pudieran hacer nada por reanimarle. DEP. De esta manera se cerró nuestra particular temporada de marchas cicloturistas con predominio de frío, cancelación de partes de los recorridos y lo que es peor, las tristes noticias de un par de participantes que fallecieron en el transcurso de las mismas. Ojalá que el año 2017 sea más amable en este último sentido. Aunque tengamos que volver a soportar vendavales y fríos pero más fallecimientos no. Por favor.

sábado, 4 de junio de 2016

Buquiporra 2016, el Giro

Desde hace un par de años se viene celebrando con enormes ganas e ilusión una porra ciclista entre los amiguetes a la que denominamos Buquiporra. Como es una porra en la que participan elementos buquizos de pro pues el nombre es el que es debido a ese principal motivo. El premio consiste en una cena pagada al ganador por el resto de comensales/participantes y ese es el único afán lucrativo de la competición. Aparte están los aspectos lúdicos consistentes en el mantenimiento de un grupo de whattsapp de temática difusa en el que aparte de bicicletas se puede hablar bastante de rugby, azafatas de podium de diversas competiciones, política local y twitter. Aparte de los temas inherentes a un grupo compuesto enteramente por gachos y en los que no es necesario entrar en más detalle.


Si bien varios componentes de este extraño grupo participamos en otras, demasiadas, porras de carácter provincial, nacional e internacional, la Buquiporra es a la que más aprecio tenemos. Al menos por mi parte. El hecho de que el premio sea ni más, ni menos, que una cena con los amigos la hace suficiente especial como para esperar ese momento se gane o no. A pesar de que algunos de los componentes nos batiríamos en duelo todas las semanas se estableció como razonable dotar de premio al mejor porrista anual (contabilizando las grandes vueltas, las clásicas y las vueltas importantes de una semana) así como premiar a los mejores en Giro, Tour y Vuelta. En total cuatro cenas, si no estoy equivocado, que sirven de excusa para juntarse de vez en cuando.


Nuestro insigne David L, alias Mapachito, se ha hecho acreedor de la primera cena al vencer en el Giro de Italia con una compacta escuadra en la que el máximo estandarte fue la joven revelación luxemburguesa Bob(bobbob) Jungels. 


Vistiendo la maglia rosa durante tres etapas de la segunda semana de carrera, el mocetón centroeuropeo acaparó la atención de los aficionados y los cariños de Giorgia y Laura. Además de ganar la clasificación de los jóvenes y la admiración general, este excelso rodador con dotes para la montaña aportó 1166 puntos a la bolsa global de 6283 con la que David nos trituró para alzarse con la victoria. Además fue el único que tuvo la sensatez de incorporar a la postrera maglia ciclamino (ahora rossa) de la regularidad, el eterno segundón Nizzolo. Así como la valentía para contar con una bala perdida como el ruso Porsev el cual se convirtió en importante baluarte, o como dirían en la tele pública, en un gerifalte de rendimiento francamente positivo. Tuvo suerte en este último aspecto ya que la sociedad de sprinters Katusha compuesta por Porsev y Tcatevich tenía el mismo empaque que un barco rajado por el fondo lleno de ratas abandonando la nave. 

En segundo lugar de la clasificación y primero de los llamados a cotizar se colocó Frai. Con un equipo muy marca de la casa, de hecho sigue siempre las mismas pautas, estuvo a punto de lograr el sorpasso en la última etapa. Una victoria de Modolo en Turín el cual fue obstaculizado por el mapachil Nizzolo hubiera provocado el vuelco en la clasificación mas no fue así. 


Las elecciones de Valverde por devoción y el tico Amador por obligación de la parienta, nutrieron de puntos y pura vida al equipo las dos primeras semanas. No puso más banestos porque no encontró en la lista ni a Rodríguez Magro ni a Rondón así es que continuó con sus pedradas marca de la casa incorporando a Verona. Como no encontró a ninguna otra joven promesa puso a Fraile porque no encontró a Zubeldia en la lista. Por suerte para él no incidió más en sus filias y el resto del equipo rindió bien. El colombiano Chavito y su fugaz liderato apuntalaron la privilegiada posición en la semana decisiva.

En el tercer puesto del cajón otro clásico de las posiciones cabeceras, Ali. Además de los mencionados Bob(bobbob) Jungels y Balaverde el elemento sorpresa del joven padawan de las porras fue el italiano Brambilla Barandilla. Cogió la maglia rosa en la primera semana y todavía tuvo la fuerza y suerte suficientes para retenerla durante un par de jornadas. 


Así como Brambilla Barandilla quedaría en el capítulo de los haberes de Ali, el de los debe es mayor y de ahí que no alcanzara una mejor clasificación. Sus filias le traicionaron una vez más y a pesar de que no eligió a Lotto Jumbo alguno, cuando era el momento habida cuenta del extraordinario rendimiento de Krispis Kruijswijk, se cavó su propia fosa con elecciones tan discutibles como Koshevoy, su cuota de joven eslavo con proyección que no hizo nada y a la que lleva abonado desde hace años cuando en un golpe de suerte descubrió a un tal Pitera Sagan; un gris Colbrelli que demostró que no todo el monte es orégano y que quedó diluido entre el resto de figuras del pelotón que en la presente edición del Giro dieron una extraordinaria lección de ciclismo a todos los niveles y donde el bueno de Sonny no alcanza; y el monstruo de las galletas Bananito Betancur del que luego se hablará más.

Jose Luis Rutero, el buquizo turolense felizmente asimilado para estas porras, fue el cuarto clasificado. Aparte de Dumoulin, elegido por diez porristas que se lo pensarán mejor la próxima vez, la escuadra rutera contó con la baja por desarreglos intestinales de Landa.
Si el líder de Sky no llega a tener semejante romance nocturno con el señor Roca lo mismo estaríamos hablando de exhibición del alavés y del equipo rutero pero la cosa quedó en retirada. Su baza sorpresa para los sprints, la hormiga atómica Ewan rindió poco y mal dejando la carrera demasiado pronto para preparar pues no se sabe muy bien qué. 


Así y todo, Rutero pudo reponerse con Chavito, con Joseph Lloyd Dombrowski de todos los santos, el ciclista con el nombre que satura la memoria RAM de algunos comentaristas deportivos, y con Bob(bobbob). Si Modolo hubiera estado más entonado y Fulham Fugslang Fuslan hubiera acabado en el podio como él mismo pronosticó antes de comenzar la carrera... igual hasta gana la porra.

Servidor, con un equipo que lo fiaba todo a las "jovenes" promesas de más allá del Vístula la cosa podía salir muy bien o como era de esperar y al final así fue, de pena. Bob(bobbob) mantuvo el tipo de la escuadra junto a un corajudo Caramelos Tinkoff Majka. Un tío tan corajudo como falto de iniciativa, en un par de rampas le dio el aire de frente y por poco le da un mal. De todas maneras seguro que en el Tour más libre de responsabilidad y sin la extrema responsabilidad de defender un quinto puesto de la general dará tardes de gloria repartiendo guiños a diestro y siniestro como sabe hacer cuando pedalea sin presión. En el capítulo del debe, todo lo demás. Un Zakarin Abdul Jabbar que se metió la nata del siglo y que gracias a Alá se saldó únicamente con una clavícula rota para el cohete de Tartaristán.


El sputnik Firsanov que llegó al Giro con los depósitos de combustible medio vacíos. En la última semana hubo un conato de rellenado del tanque pero no fue a mayores y lo que parecía un top ten consistente se quedó en top thirty. Y el mencionado Bananito quien fue haciendo butrones varios en equipos ciclistas, incautos porristas y cocinas de restaurantes a lo largo de la geografía italiana. Cuando se cansó de pizza y pasta marchó para casa.

Lemus, con una capacidad para la copia que ni la tecnología china siendo capaz de hacer escuadras aceptables a base de estar la noche indicada en la barra de bar adecuada y poner las antenas en modo captura durante media hora. La Stasi era una broma en comparación con los métodos de este asesino de porras. Dejando ya muy atrás aquellos tiempos en los que configuraba el equipo con el dudoso criterio de poner nombres curiosos (sic) trufaba su plantel de franceses con apellidos parecidos a alimentos, miembros viriles o caballos de carreras. Salmon, Bagot, Pichot o Gallopin dan buena cuenta de ello. Lo terrible del caso es que a más de uno lo terminó haciendo internacional. Luego estuvo mucho tiempo decantándose por elementos bálticos que también tienen nombres divertidos como Navardauskas, Taaramäe o Joeäär... Pero desde cierto día pasó a la acción y cuando no le copia el equipo a Frai me lo copia a mí cuando no hace una mezcla de ambos. Esta vez utilizó esa aviesa táctica para encima hacerlo mal. 


El caso del inefable eritreo Kudus atiende a todos los requisitos antes mencionados para formar parte del plantel Lemus, nombre curioso de procedencia exótica con posibilidad de cierto brillo comentada en un determinado bar. Fue el único ciclista de todos los seleccionados en la porra que no hizo ni un miserable punto.

Manuel alias Cochi. Si Lemus tiene unas estrategias bien definidad la táctica de Cochi es clara, escueta y concisa. Elige un líder y lo arropa con sus lugartenientes. El año pasado le salió muy bien la jugada ya que aunque no eligió al vencedor final del Giro sí que tenía en sus filas al segundo y tercer clasificado. Se hinchó a ganar etapas con ellos y con sus gregarios y aquello se convirtió en una bola de nieve que cada vez se hacía más y más grande acumulando puntos por casi todas las categorías puntuables habidas y por haber. Fiel a la tradición esta vez Cochi eligió un líder, el Tiburón Nibali a la postre vencedor final de la ronda y lo rodeó de gregarios. 


En su contra jugó que a pesar de ser el único que eligió al Scualo este no carburó hasta bien entrada la tercera semana de carrera y el resto fue más un penar que un paseo triunfal. Además el resto de sus elegidos no acompañaban para nada teniendo incluso el cuajo de elegir a Rojas. Una elección que ni tan siquiera Frai perpetró a pesar de tratarse de un banesto (o reynolds o como se llamen ahora...)

Truli, tuvo mala suerte. Pertenece a ese nutrido grupo del Landismo-Dumoulinismo que se hundió en la parte baja de la clasificación y del que únicamente destacó Jose Luis por abrazar la nueva fe del Jungelismo. Continuó su selección con el tercer clasificado de la general y con el lord comandante del Muro, el bastardo Stark, el señor Nieve. 


Ganador de etapa y de la clasificación de la nevada montaña como no podía ser menos dada su condición de señor de Invernalia. Pero luego tuvo la mala suerte de seleccionar a tipos siguiendo los criterios antes apuntados del nombre curioso, la posible campanada o ser el hombre rápido de la maquinaria banesto. Pues eso, que tuvo mala suerte.

Nacho, tenía a Kittel que es como el ruso de Rocky IV. Esa máquina de ganar etapas del Giro de Italia cuando este transcurre fuera de Italia para marcharse a casa a los dos días de pisar la península itálica. 


Tenía a Brambilla Barandilla y al bueno de Colbrelli que de lo malo... pero ahí se terminaron las buenas elecciones. Lo demás fue dolor y rechinar de dientes. Uno de los que abrazó el ZakariDumoLandismo. Clavícula, forúnculo, cagalera. Un combo contra el que nada se puede hacer. Geniez y Fraile completaron el esperpento de retiradas y fracturas de huesos. Casi se podría decir que Nacho podría montar una agencia de extorsión y antes de crear los equipos llamar a los interesados avisándoles de que los ha elegido para su escuadra a no ser que desembolsen una considerable cantidad de dinero.

Juanillo, en el haber supo seleccionar a una buena pieza como el Puma Atapuma, ese depredador de las altas cumbres que se mueve con ligereza cuando los ciclistas superan los dos mil metros de altitud. Y a caramelos Majka que quieras que no siempre suma aunque no destaque sobremanera. 


En el debe queda todo lo demás. Si monta la agencia de extorsión junto a Nacho tiene un futuro muy prometedor ya que en otra porra a nivel provincial de quince seleccionados hizo marchar a su casa a diez. En la porra que nos ocupa además de ser adepto del ZakariDumoLandismo tuvo a bien confiar en la hormiga atómica Ewan y en Cancellara quien también marchó antes de tiempo para casa.

Julito, o como coger como líder del equipo a RigoGoGo Urán Urán. Junto a Caramelos conformó la pareja culoduro por antonomasia de la porra ya que nadie, absolutamente nadie, tuvo los redaños suficientes para depositar su confianza en un tipo como Pozzovivo Revientovivo el cual fue agonizando durante tres semanas por mantener un puesto entre los diez primeros de la general para hacer honor a su apelativo en la penúltima etapa y dejarse la friolera de tres cuartos de hora por el camino. Motivo que lo relegó al vigésimo puesto muy por debajo de sus expectativas iniciales. Muy por debajo incluso de la zona en la que se mueve como pez en el agua el amigo Maxime Monfort el Predecible. Un tío cuadriculado.

Jamás ganará una gran vuelta ni tan siquiera quedará en posiciones de privilegio pero si tienen que poner una mano en el fuego apostando que queda en la horquilla comprendida entre el 15º y el 17º pónganla sin miedo que no la perderán.

Joaquín, no sé qué puñetas hizo el bueno de Cana. Mira que llevamos años tragando ciclismo con el bueno de Cana siendo los frikis de esta cuestión en nuestras respectivas calles desde muy pero que muy temprana edad. Y mira que perpetramos cada mierda de equipo que a todos pone en espanto. Te lo digo con cariño, Joaquín, pero juntar a Roelandts (por mucho que este sea don Jürgen de la tormenta, pitera de los adoquines, señor de los vendavales y orgullo de Flandes), Agnoli, De la Cruz, De Marchi y Navardauskas no es de recibo. 


Seguro que la jugada iba por que el primero hacía de punta de lanza del Gorila Greipel hasta el final, el segundo brillaba en la montaña, el tercero brillaba y se lleva el maillot, el cuarto frisaba la zona de podio y hacía de Atapuma y el quinto se ponía en modo killer haciendo ondera banderas lituanas por doquier. Ni una, macho. Tanto ver bicis nos ha dejado para el arrastre.

Abi, sobre una buena base de valores seguros como Modolo y caramelos Majka añadió la mala fortuna del DumoLandismo. Un poco de promesa nacional del banesto que siempre viene bien y pocas veces hace nada así como un pitera como Danielito el pelagras Oss que es difícil que saque puntos a pesar de hacer más kilómetros en solitario que un servidor en una marcha cicloturista. Para acabar de rematar el desastre fue uno de los afectados por adoptar a Bananito además de confiar en un señor ya mayor como es el ganador de la edición 2013, don Ryder Hesjedal. 


Lo curioso del caso es que el único que tuvo a bien adoptar a Danielito pelagras Oss es el que luce unas maravillosas y frondosas pelagras en las patas cuando monta el velocípedo de andar deprisa. Cuanto menos gracioso. 

Héctor, hizo el equipo para luego poder ir a la cena de homenaje al ganador. Todo lo demás creo que le dio lo mismo. Tanto a quien eligió como en la última posición que quedó. Bien por él. Forma parte de esa parte del grupo que participa en la porra motivado por el zampe y esto de las carreras le va lo justo, ni punto de comparación con pedalear buscando cados de setas por las laderas de los montes. 


Es por eso que haciendo un equipo para el que no tengo palabras llegó al extremo de confiar sus dineros en un señor como Viviani el cual en la primera semana se debió de perder con dos compañeros más llegando a meta a 55 minutos del ganador. Sin embargo, a pesar de quedar último, ahí estará el bueno de Héctor para zampar y contar algaradas varias el día de la cena.

David-B, fuera de concurso y con la única motivación de quedar lo más alto posible de la clasificación general mundial David nos deleitó con este pedazo de equipo en el que no pega puntada sin hilo. El vencedor final, Tiburón. El vencedor moral, Krispis. 


Y el futuro vencedor, Bob(bobbob) señor del Jungelismo. Ulissi pletórico ganando etapas, Brambilla qué maravilla, el sputnik impulsado por Gazprom y el segundón Nizzolo. Con el único "lunar" del pobre señor de Tartaristán, el bueno de Ilnur que tuvo que plegar antes de tiempo.

En resumidas cuentas, un Giro apasionante junto a una disputada porra de la que habrá que dar buena cuenta en una cena cuando los señores dispongan. Hasta la próxima.



PD. Merhawi Kudus nació en 1994 y con 22 añitos supone un mérito formidable participar y terminar una vuelta de tres semanas. ¡Pero esperemos que para la próxima ocasión aporte aunque sea un puntito!

La Puertos 2016


Sabor agridulce el dejado por esta edición de la Puertos en el que disfrutamos del nuevo recorrido a la vez que nos topamos con la peor de las noticias a mitad de marcha.

La jornada pintaba muy bien, casi como nunca, a las 8 de la mañana nos encontrábamos en la línea de salida un nutrido grupo de Tuercepedales. David, Jesús, Héctor, Nacho, Juanlu, Pablo, Rafa G y un servidor. Abi que pululaba por diferentes grupos, el sr Ornitorrinco en posiciones delanteras y Santeta que se dejaba querer para una posible ascensión conjunta. De los habituales tan sólo faltaban Jordi y Truli, otro año será. Como viene siendo normal dentro de esta anárquica sección, cada cual iba disfrazado de ciclista como Dios le dio a entender. Igual que el ejército de Pancho Villa.

Dos equipaciones iguales, el resto diferentes
La salida fue fulgurante, especialmente la de David quien sprintando se fue a posiciones cabeceras, y a pesar de que no se llegó a sufrir en ningún momento sí que es cierto que se fue saltando de grupeta en grupeta en busca de un pelotón que nos llevara en volandas hasta Castejón. A mí me pareció encontrar ese pelotón por un par de veces pero los jabalines que tiraban delante está claro que no les pareció así. De modo que en uno de los repechos antes de llegar a Campo la escuadra tuercepedal se fracturó quedándome con Rafa y Juanlu rodando sin prisa.

De ese modo transcurrieron los kilómetros, apretando en el llano y las bajadas e intentando llevar un ritmo que no quemara a nadie en los repechos. Haciendo la consiguiente goma con Pablo y los navaleros y algún rato con Jesús. Y disfrutando de las vistas del congosto, un nuevo valor añadido para esta marcha, pedaleando por una zona por la que es muy difícil por no decir imposible hacerlo en otra ocasión que no sea esta. Por el carril izquierdo nos adelantó Luis, el hombre de la escuadra Ambar, como un crío con zapatos nuevos contemplaba absorto el río Ésera y el congosto.

Nacho en el congosto del Ventamillo
Poco antes de llegar a Castejón nos pararon a una buena parte del pelotón y allí nos reencontramos con Jesús y Santeta. Había habido un fuerte trajín de ambulancias por lo que imaginábamos que se trataba de alguna montonera o varias caídas en diferentes puntos al mismo tiempo pero jamás pensamos en lo que verdaderamente era. Al reanudar la marcha  atravesamos Castejón jaleando al numeroso público presente y gritándole "guapa" a las abuelas mientras los navaleros aprovechaban para echar un refrigerio en el bar.

Ascendimos el col de Fadas, un poquito con Santeta otro rato largo con Pablo, con Ballarín, con Luis y con más barbastros. Con un grupo de Sabi que llevaba la música incorporada y una moza que vestía de Tinkoff. Rafa y Juanlu pedaleaban por atrás, despacio pero seguro. Los de Naval que nos cogieron a mitad de puerto bien almorzados. Y Jesús iba sin cadena en búsqueda del avituallamiento. Fadas me dio la sensación de señor puerto, o señor col en este caso. Bonito, bien asfaltado, con sus vistas del Pirineo, de los pueblos que se van dejando atrás y su porcentaje sobrio y sostenido durante más de diez kilómetros con alguna dura rampa esparcida a lo largo de sus bonitas curvas. 

Pablo, Nacho y Héctor
Juanlu chino chano
Pensando que el avituallamiento estaba en la cima apreté cuando no debía llegando arriba con la reserva y con el estómago vacío. Desde allí 6 pesados kilómetros hechos a la velocidad que concede el tener un hambre canina. Y en Laspaules, además de reencontrarnos con Abi y Jesús, el ansiado avituallamiento que sin estar mal no era el que se celebraba otros años en Graus y que era más parecido a una boda que a un repostaje de líquido y sólido de una marcha cicloturista. Allí me entero de la espantosa noticia y del motivo por el que nos han retenido un rato antes. No está del todo confirmada pero está claro que ha habido un muy grave accidente.

Así es que con el cuerpo revuelto y el ánimo decaído seguimos adelante. Extremando la cautela más si cabe en el bonito descenso durante el que me encuentro con Juan, uno de los fieles seguidores de esta blog, y su hermano Luis con los que vamos charrando hasta llegar a la base del alto de Bonansa. Lugar donde alcanzamos a Nacho que se ha descolgado  como yo del resto de Tuercepedales aunque él bastante más tarde.

El alto de Bonansa es más corto que Fadas pero con un arranque más violento. De hecho todo él tiene un punto mayor de exigencia. El calor ayuda a incrementar la dureza y sus paredes de roca y túneles acompañados de curiosos pináculos le dan un toque agreste. Con Nacho vamos avanzando poco a poco, dejamos a la pareja de hermanos oscensegrausinos atrás y vamos superando a un señor holandés, a Rafa, a una señora holandesa. Vemos a Pablo al frente pero durante kilómetros nos es imposible alcanzarlo. Pasamos por Bonansa pueblo y admiramos la arquitectura del lugar, las bonitas marquesinas del bus y tomamos resuello para afrontar la última rampa antes de cima. Arriba el puerto se abre en una pradera a los lados con un bosquecillo al frente. Y allí están Javi y Raquel dando ánimos.

Héctor y Abi
Una señora de Holanda y Rafa soltando gas
Nachete y servidor
Arriba en el avituallamiento el propio Javi y la muchachada que nos atiende nos confirman la triste noticia. En un desgraciado accidente, el exciclista profesional David Cañada ha fallecido mientras hacía lo que más le gustaba, pedalear. Son las cosas que tiene esta puñetera vida y poco más se puede decir al respecto más que dar mucho ánimo y fuerza a la familia y amigos en este doloroso trance.

Tras intentar reponer energías y con el cuerpo aún más revuelto, inicié un cuidadoso descenso acompañado de Rafa. A pesar de encontrar alguna curva complicada y de los numerosos túneles, no me desagradó. El resto de Tuercepedales, quienes nos dieron ventaja parando más de la cuenta en el avituallamiento, nos rebasaron y aunque una vez pasado el cruce hacia las Vilas conseguimos conectar con ellos no tardamos demasiado en quedar relegados. Por delante quedaban unos 40 km y el viento soplaba de cara.

Jesús tirando en el llano
Tras rodar unos kilómetros sin forzar, consciente de que era imposible que yo solo consiguiera darles alcance y de que Rafa venía por detrás aún más descolgado, este se presenta con un nutrido pelotón con el que rodamos unos kilómetros sin dar pedales. Sin embargo al llegar al repecho de la Puebla el grupo se fracturó. Conseguí aguantar delante y aunque Rafa se quedó atrás, pensé que habría reagrupamiento así que me esforcé por continuar. No sé cómo en una pequeña bajada perdí rueda con el de delante. Primero un metro luego dos, tres... Durante unos kilómetros intenté conectar llevando al grupo a escasos cuarenta metros y cuando en uno de los repechos no lo logré desistí de intentar coger el tren puesto que o lo cogía en una subida o en bajada era imposible.

Vagué un buen rato solo, solo con un mozo de Caspe, y con el de Caspe, sus dos compañeros a los que dimos caza y dos más de Zaragoza. Cuando la grupeta estaba más o menos definida y enfilábamos la carretera de Capella, en el km 120 de marcha la rueda de atrás pegó un petardazo formidable que por suerte sólo se trató de reventón de cámara. Me detuve junto a unos comisarios UCI del lugar quienes relataban por el teléfono a la parienta que "ahora ha parado al lado un zagal que ha punchao". Y mientras desplegaba el tenderete para reparar el pinchazo y apareció un pelotón en el que rodaba tranquilamente Rafa quien muy amablemente paró, junto a Roberto un amiguete que se había echado, a ayudar a cambiar la rueda.

A cambio de unas cuantas cervezas Rafa completó la operación y ya desde allí rodamos lo más deprisa que supimos los tres solos hacia la meta. "Temiendo" ser los últimos de la marcha cruzamos la meta en algo más de 6 horas, dato que es lo de menos. Un año más repusimos fuerzas con los raviolis de las abuelas de Graus y nos reencontramos todos los Tuercepedales. Aunque esta vez el momento quedó empañado por el horrible suceso ocurrido a primera hora de la mañana. Que allá donde esté David Cañada, descanse en paz.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Monegros 2016, la madre que parió al viento


La madre que parió al viento. Desde las 11 de la mañana en que se puso un pie fuera del confortable habitáculo del coche hasta las 7 de la tarde momento en el que se volvió a colocar el trasero en el añorado asiento del auto, ocho horas con el viento taladrando la cabeza a lo largo y ancho de parte de los Monegros. Ese tipo de cosas que en el trabajo serían motivo de queja ante la dirección de la empresa por maltrato laboral y daño psicológico. Una buena ración dispensada en todas direcciones acompañada de partículas de arena y polvo percutiendo en el cuerpo sin compasión. A veces a favor, muchas veces ladeado, a veces aunque suficientes en contra. Sin viento a lo mejor hubiera sido divertido pero los diez últimos kilómetros de la marcha fueron lo más aborrecible del Universo haciendo equilibrios con la bici la cual quería irse a la margen derecha del camino con insistencia y empecinamiento.



Dicen que en los dieciseis años que lleva celebrándose tan magno evento sólo ha tenido lugar semejante vendaval en dos ocasiones. La primera vez y esta última. Que en la primera ocasión la mitad de los cuatrocientos participantes se retiraron y que en esta última pues no fue tan elevada la escabechina pero, se intuye, que el amor de ochomil bicicleteros por el dios Eolo quedará marcado en sus corazones por lo menos hasta el mes de agosto cuando bajo una chicharrina de cuarenta grados a la sombra a las ocho de la tarde se le vuelva a invocar para que traiga alguna tormenta. Pero que de momento se puede ir tan ricamente a freír espárragos.

Tras descender del coche y recibir la primera bofetada en forma de frío viento, acudimos Jesús y yo a recoger los dorsales y recibir la oferta para participar en un sorteo de un pase VIP para la Vuelta, eso que hacen en agosto-septiembre terminando las etapas donde van a apacentar las cabras al lado de las antenas de repetición. Nos negamos. Refrescante cerveza previa al tormento degustada en el bar restaurante Carlos, donde nos dan recuerdos para David R., quien ya está pedaleando en la marcha larga, y conversamos con el camarero, un tipo tan simpático como somarda, y con su señor padre repasando los tiempos antiguos del CC Barbastro.

David rodando en solitario en la marcha de 118 km
Larga espera bajo el arco de salida protegidos por la pared de una casa del maldito viento. Me he prometido no utilizar adjetivos calificativos insultantes hacia el mencionado fenómeno meteorológico. No sé si lo lograré. En el arco de salida se observan peculiares personajes del mundo tuercepedal que tranquilizan y atemperan las dudas acerca de nuestra capacidad para completar los 82 km de la marcha. Si ellos pueden mal se tiene que dar para que nosotros no podamos. Salida en tromba cruzando Sariñena rumbo a lo desconocido intentando seguir la estela de dos angelicos caídos del cielo que pedalean con ritmo grácil y sincopado para gozo y deleite de los sentidos. Qué cadencia y qué gozo.

Se abordan unos caminos entre campos y granjas. El aire a veces da de cara, a veces de culo pero no molesta demasiado, no así ciertos charcos hasta que se da con el truco para no errar en el dilema de bordearlo por la izquierda o la derecha. Por el centro, to tieso. La primera vez incluye cierta incertidumbre por el qué pasara pero es sensacional y da buena prueba del excelente estado de esos caminos monegrinos. Ejecutar semejante ocurrencia en alguno de los siempre acondicionados y dispuestos caminos de nuestro querido Somontano puede derivar en horror tanto para la bici como para el bicicletero cayendo por alguna sima hasta el inframundo. Pero aquí es divertidisimo.

Km 20. Con el aire ladeado aunque ligeramente favorable unos aspersores saludan al paso de los bicicleteros. A pesar del sol que brilla en el despejado cielo, el aire frío nos hiela el alma con semejante remojón. Paisajes variopintos y desde luego diferentes a los que se acostumbran a ver aquí. Llanuras sin fin coronadas por zaborros de arenisca con curiosas formas, polvo y los enormes charcos comentados salpicando los anchos e impecables caminos. Un par de repechos donde nos adelanta el Capitán América y algún tandem y cigüeñas jugando con el viento viendo un montón de humanos haciendo el mono.

Mi colega el Capitán América, en esta blog se exagera pero no se miente
En el km 34, avituallamiento de Sigena. Bicis tiradas por doquier y gran marabunta alrededor del líquido y la comida. Correcto, con unos pastelitos de manzana excelentes y pichadetes de pitufo. Acto seguido el coloso de la jornada. El alto de Piedrafita majestuoso en mitad de la nada con sus curvas y sus buenas pendientes. Se pedalea sin dificultad, una gozada. Con Jesús comenzamos a pasar a multitud de gente en todas y cada una de las rampas. Algo inaudito, increíble. Cual jefes de filas a los que se les ha escapado el grupo de los gallos a pie de puerto por culpa de una avería, adelantamos riadas de gente. Los mismos que nos han adelantado en los kilómetros anteriores cuando el aire pegaba de culo y todo era jolgorio y alegría.

Cuando voy asustado pensando en lo que nos ha podido echar en la cerveza el camarero del bar Carlos veo delante al enorme bicicletero oscense con el que dos semanas antes coincidimos en la subida a Costean. Cerrando el pelotón en aquella ocasión. ¿Qué está ocurriendo ahora? ¿La gente pedalea como bestias en el llano y la subida se le atraganta? Qué caso más extraño. Con unas curvas de herradura espléndidas llegamos a la cima para crestear durante unos kilómetros en los que el viento se empieza a poner pesado.

Jesús comandando el pelotón
Pequeño descenso y subebaja en mitad de la nada con extensiones de tierras y campos a nuestra izquierda hasta donde llega la vista. Al frente una riada de gente, el horizonte recortado por una fila interminable de bicicleteros chepeando contra el inclemente cierzo. Gente que se vuelve a clavar en las pequeñas subidas, visitas al sembrado para adelantar  al estilo Sagan y alguno que pierde el equilibrio motivado por la baja velocidad de pedaleo y la alta velocidad de las ráfagas de viento. Pero con Jesús seguimos avanzando posiciones cual jabalines, dentro de nuestras enormes limitaciones, pero dando el do de pecho. Impresionante, oigan. El camarero nos ha visto pinta de asmáticos y ha echado una chorradeta de ventolin a la cerveza, no cabe ya duda alguna.

Haciendo comer polvo a los de atrás, increíble
Descendemos por otro camino espectacular de lo bien conservado que está con sus buenas curvas de herradura y fuerte desnivel donde yace un bicicletero que se ha ido al suelo al parecer por culpa del viento. Se ha pegado un buen golpetazo y una vez llega la Guardia Civil mucho más no se puede hacer así es que seguimos hasta el avituallamiento del km 65. Más de lo mismo, correctos en lo esencial aunque demasiado caóticos para mi gusto. Pero es que vamos un tropel de gente las cosas como son.

Jesús saludando a la cámara
Un tropel de gente pero nadie para a ayudar a un gacho que pide por favor una cámara de 29" al borde del camino. Ante la pregunta de que si llevo una cámara de sobra hay que ser muy miserable para no parar llevando tres en la mochila. Así es que le doy una de las mías, el tío da las gracias como si le hubiera salvado la vida, quiere pagar la cámara, le digo que no hace falta, insiste, me echa unas monedas en la mochila, vuelve a dar las gracias. Todo fuera así de fácil le decimos con Jesús. ¿Tan complicado es parar a ayudar a alguien durante dos minutos? Además, en Sabi el año pasado ya le dimos una cámara al amigo Marcelo Patricio pensando que era el nuevo Nairo Quintana y que cuando ganara el Tour se acordaría de los dos hermanos que le ayudaron, no sin comedias, a inflar la rueda en la salida de la QH. Me parece que Marcelo Patricio no cumplirá las expectativas, el agradecido bicicletero de la Monegros era un tuercepedal como nosotros pero habrá un día en que prestaremos una cámara al futuro nuevo capo del pelotón internacional. ¡Seguro!

A estas alturas de la película llevamos un poco de dolor de riñones, dolor en los gemelos, en la cadera, de cabeza, labios resecos, ojos llorosos, culera puerca de salpicaduras y patas llenas de barro. Y queda la broma final. Tras rebasar por enésima vez al tío que lleva una fat bike, al Capitán América, el que va equipado de arriba a abajo del Tinkoff, al tandem y a la misma gente que nos pasa en las bajadas y a la que cogemos en los repechos queda el remate, la puntilla. La traca final. Como que a la gente del Madrid se le ponga Van Breukelen de portero, Duckadam a la del Barça, el Espanyol lance penaltis en Leverkusen o el Atleti llegue al minuto 93. Para la gente que no le guste el fútbol, baste imaginar acudir a votar otra vez el 26-J.

Diez kilómetros de apretar dientes y en los que de milagro la pobre bici que ninguna culpa tenía a punto estuvo de terminar en un campo lanzada de pura desesperación. Desquiciante, a la tercera ventolera que casi me lleva contra la margen me puse a jurar en arameo y a golpear el manillar en un gesto tan absurdo como inútil. Horrible. Para llorar de la impotencia. Todo el mundo va chepeando del mismo modo, es aborrecible si no fuera porque todos nos hemos metido en ese berenjenal por gusto propio y por desgracia hay cosas mucho peores en esta vida. Por suerte los dos kilómetros finales transcurren parcialmente protegidos y al final cruzamos con Jesús mano a mano la línea de meta. 5 horas o algo así dando pedales.

Nos zampamos a la carrera la fideuá y la hamburguesa y regresamos deprisa y corriendo a la tranquilidad del coche torturados por tanto viento. Si hasta dentro de otros quince años no toca semejante ventolera el día de la carrera, la compro para el año que viene y las venideras ediciones hasta que el cuerpo aguante. Si el caprichoso Eolo vuelve a hacer de las suyas al año que viene y estoy presente, con toda la paz me iré a la terraceta del bar Carlos a comer y charrar con el camarero. Porque sin viento tiene que ser tiene que ser divertido pedalear por esos caminos pero con viento... la madre que parió al viento.


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