martes, 10 de junio de 2014

Pax Avant 2014, una vuelta por el Infierno

Ante las peticiones vía whatsapp he aquí la crónica del pasado fin de semana. El fin de semana de la Pax Avant. 100 km a través de los puertos más puñeteros del Pirineo.


Viernes, 17 h. Salgo de trabajar y marcho escopeteado a casa donde me esperan Nacho y Héctor para salir cagando leches hacia Isaba. Cargamos las mochilas al coche y marchamos. Las previsiones meteorológicas no son buenas del todo para el sábado e incluso dan rachas de viento de 100 km/h en MeteoFrance. El jueves por la noche dejé de mirarlas, prefería vivir en la ignorancia puesto que ya llevaba buena dosis de nervios en el cuerpo.

Según nos acercamos a Murillo de Gállego el cielo se va tapando y marca tormenta, hay aireras e incluso parece que chispea. El viento arrecia en Puente la Reina donde paramos a echar un tentempié. A mí se me empieza a poner mal cuerpo. Tras llegar a Isaba y aparcar el coche donde buenamente podemos acudimos al frontón municipal a recoger los dorsales y nos juntamos con el resto de la expedición.

Comprobamos con pasmo e incredulidad como los de la marcha corta somos una minoría dentro de la gran cantidad de valientes que se apuntan a la larga. Sigo con el mal cuerpo, el viaje hacia Ansó donde dormimos, a través del revirado puerto de Matamachos no ayuda a que se me temple el cuerpo. Llevo un acojone importante pensando en la que se nos espera al día siguiente. De buena gana me volvía para casa.

Llegamos a Ansó, la verdad es que la vista desde lo alto del Matamachos es espectacular, y nos instalamos en la casa rural donde dormimos. Vemos a los señores Borruel y Lemus petit que se hospedan en otra casa junto a otro zagal de Barbastro, con los que coincidiremos en la marcha corta y que se ganarán un puesto de honor en el grupo de Tuercepedales. Pero no adelantemos acontecimientos ya que ahora estoy narrando la previa a la marcha. Sigo acojonado y así se lo expreso a Juanlu y Pablo.

A mí me toca dormir con mi hermano Jesús en una cama de matrimonio un poco pequeña. Nos va a tocar hacer la momia para dormir, ya saben, tumbarse boca arriba con las manos cruzadas sobre el pecho como si te las hubiera colocado el funero y quedarse mirando el techo esperando que venga el sueño. Esta postura también es llamada el Nosferatu. En cualquier caso una putada de proporciones antológicas.

Mi cuñada y las crías, David y familia por otra parte, y los navaleros por otra, corren mejor suerte con el reparto. De todas maneras la cena ofrecida por los dueños de la casa es bien buena y marchamos contentos y con la barriga llena al sobre. Entre pitos y flautas deben de ser las 11 de la noche y hay que levantarse antes de las 5:30 de la mañana. Tras dejar todo preparado nos metemos en el sarcófago a hacer la momia y yo soy el tonto que coge más tarde el sueño y se queda escuchando roncar al otro.

Para rematar la jugada, a la mezcla de nervios y ronquidos, cuando he enganchado bien el sueño el teléfono móvil vibra al recibir un mensaje de texto de uno de los cabrones de mis amigos que se han quedado en el Barranqué abrevando como tocinos. Pensando que es el despertador, cojo el aparato y leo, y cito textualmente, "Epifánica derrota.... 0-5".

Hombre, no me jodas. Encima cachondeo, se están burlando de la apertura de patas que voy a tener al día siguiente en la Pierre o qué. Luego, el lunes, me entero de que el mensaje venía motivado por la visión apocalíptica de ciertos acontecimientos acaecidos y que para nada tienen que ver con la temática de este engendro de blog. Para más información diríjanse al establecimiento sito en mitad del paseo del Coso y el camarero les contará gustoso el percal.

Así es que finalmente a las 5:15 h suena el despertador y con escasas dos horas dormidas (yo por lo menos, y el resto me parece que no iban mejor servidos es lo que hace dormir con nervios y fuera de casa) desayunamos y marchamos cara Isaba por el Matamachos. Escuchando los Gipsy Kings y a punto del vómito motivado por el creciente nerviosismo. Situación surrealista donde las haya.

Hasta que llega el cruce con la quesería de Isaba y me digo a mí mismo que vale ya de comerme la cabeza. Y pienso en todos los percales que me he metido últimamente entre marchas cicloturistas, medias maratones, pateadas y demás. Y me acuerdo que en casi todas he empezado con miedo y luego no es para tanto. Y aún no me han tenido que bajar en helicóptero de ningún sitio, así es que me voy tranquilizando.

Aparcamos, montamos las bicis y nos encaminamos a la salida Héctor, Jesús y yo. Nacho y David saldrán más tarde. 

La salida. 7:30 h. 270 incautos nos presentamos bajo el arco de salida de la marcha corta de 100 km. Allí nos juntamos con Borruel y Lemus petit. El alcalde de Isaba se dirige al público presente y nos desea suerte a la vez que nos recuerda lo peligrosas que resultan las bajadas de los puertos debido a la fuerte pendiente, las ventoleras y las mierdas de vaca que jalonan las endiabladas curvas. Nos dice también que tengamos cuidado con las propias vacas y con los perros de los pastores. Para sacarnos el miedo de encima le gritamos aquello de "Alcalde, todos somos contingentes pero tú eres necesario" para pasmo del público presente quien no saldrá de su asombro ante semejantes gritos hasta que se dé la salida y un gacho que habla en inglés vaya avanzando posiciones en el grupo con cuatro o cinco tercios de Estrella Galicia metidos en el bolsillo del maillot. Eso es un buen avituallamiento líquido y lo demás hostias.

Puerto de Laza. Un puerto con un asfalto impecable y que asciende serpenteando entre bosques. Los porcentajes no se atragantan en ningún momento y el grupo trasero de los 270 cicloturistas que hemos iniciado la marcha corta pedaleamos chino chano con la ambulancia a nuestro rebufo. Las conversaciones y risas se van apagando según se ganan metros y la gente va cogiendo su ritmo y posición dentro de la marcha. El grupo de barbastros forzamos un poquitín el ritmo y logramos dejar a la ambulancia con un grupo de franceses que suben todavía más lentos que nosotros. 

Coronamos sin mayor problema ni novedad en el km 12 y acometemos el descenso de escasos 4 km. Una bajada limpia, sin complicaciones, curvas similares a la cara norte de San Caprasio o así me lo parece, aunque con un asfalto mucho mejor y en un bosque más tupido. Nos plantamos en la base del Larrau.

Larrau. Comienza el disfrute de verdad. Sí, porque se puede disfrutar pedaleando cuesta arriba y mucho. Con un desarrollo adecuado y sin prisa y en un entorno como el del sábado hay que ir muy ciego para no disfrutar como un enano. Empiezan a caer las primeras barritas del día y los primeros apretones serios al bidón de agua. La subida es muy constante a porcentajes de en torno al 7% y se pedalea muy cómodo. Asfalto también bueno y nada más hay que levantarse del sillín en las típicas curvas peraltadas. Hacia el km 19, tercero de ascensión, comienzan a escasear los árboles y el viento empieza a pegar.

Nos juntamos con un zagal de Sabi que ha llegado tarde a la salida y encima va solo puesto que los de su pueblo se han apuntado a la marcha mediana o a la larga. Chino chano vamos charrando acerca de la marcha de la Puertos y demás historias. Llegamos al km 21, avituallamiento líquido de la estación de esquí de Abodi. Me apreto un par de vasos de bebida isotónica y aprovecho para preparar un botellín con las pastillas de electrolitos sabor tropical que de momento tan bien me han ido y que había olvidado preparar en la salida. Quedan otros cinco kilómetros a cima.

El puerto se abre definitivamente y nos encontramos ante el espectáculo del típico puerto de alta montaña del Tour de Francia. Laderas verdes sin un solo árbol y kilómetros de carretera serpenteando hasta la cumbre. Parece una estampa de la Tierra Media del Señor de los Anillos. En cualquier caso un paraje al que no estamos acostumbrados por estas tierras de oliveras, carrascas y barzales. 

Los participantes de la marcha mediana llevan un rato pasando por nuestra izquierda como flechas. Todos sin excepción son animados y empujados con nuestros gritos hacia arriba. El esfuerzo de estos valientes es encomiable, superar 143 km con un desnivel de unos 3700 m positivos a esas velocidades, una barbaridad para los pobres mortales que subimos a 10 km/h.

Alguno eso sí, es increpado de buenas maneras. No es de recibo que en una marcha no competitiva (y en las competitivas se lo deberían hacer mirar también) un participante que ni tan siquiera va de los primeros (y aunque lo fuera) se tome un gel o una barrita y arroje el envoltorio a la cuneta, la margen o el barranco. Es una marranada y a mí me parece intolerable. Por eso a un zagal que iba vestido de arriba a abajo con la equipación de una escuadra profesional que contrata vencedores de Vueltas de 42 años, se le gritó a modo de recordatorio: "Zagal, que tienes bolsillos en el maillot".

La carretera se enfila hacia la zona más bonita del puerto, una serie de curvas desde las que se ve estirado el carrusel de cicloturistas oliendo la cima del puerto. A falta de un kilómetro de allí un señor que llevo delante se desequilibra y se cae solo. Por suerte vamos muy despacio y no se hace mal ni los que vamos detrás chocamos contra el asfalto. Luego me contarán que el pobre hombre besó el asfalto bajando Larrau, pero aquello ya fue otra historia...


Debido al conato de caída pierdo contacto con los barbastros y el zagal de Sabi, al que veré brevemente en el descenso para perderlo definitivamente. A los barbastros me los encuentro en el tunel previo a cima. Aprovecho para parar, sacar unas fotos y comerme una barrita, quedamos en que cada uno baje a su ritmo y vernos en el avituallamiento de Santa Engracia del km 53. Estamos en el km 25. Sí, no estamos locos, quedan unos 25 km de descenso que se dice pronto. Estamos a 1600 m de altitud, hay que bajar hasta los escasos 250 m, comienza un auténtico descenso a los infiernos.

El Infierno. Si existe Infierno, cosa que dudo, debe de ser algo parecido a esos 25 kilómetros en los que supongo que perdí algún año de vida o gané alguna cana. Nada más coronar, una excepcional vista de la vertiente francesa que durante escasos milisegundos te hace pensar que estás en un lugar agradable hasta que una ráfaga de viento a una velocidad absurda te da un severo bofetón en los morros. La carretera se pone cara abajo con una pendiente similar al último rampote de la subida al Pueyo, la bici se embala, aprietas frenos y ¡oh sorpresa! el viento hace que la bici se quede prácticamente estática. Hay que soltar las manetas de freno para que vuelva a coger velocidad y que el viento no te tire al suelo, pero con cuidado de no comerse la siguiente curva.


El asfalto es malo, hay cagadas de vaca y lo peor de todo, los de la marcha larga ya nos han alcanzado y bajan como posesos. Valientes que se enfrentan a 200 km de recorrido con 5100 m de desnivel positivo. Héroes. Intento bajar por mi derecha lo más despacio y pegado posible pero entre el viento, las mierdas, y el estado de la carretera no siempre es posible. La gente baja como loca por la izquierda, alguno que no merece la pena ni calificarlo porque entraríamos en palabras gruesas, lo hace por mi derecha. En una marcha no competitiva y con fuerte viento, pego un bandazo en ese momento hacia mi derecha y entonces qué. ¿Nos matamos los dos? Me podrán decir que si no sé bajar que no me apunte a estos eventos, yo les respondo que si se quieren flipar se apunten a una carrera de verdad.

Hacia el km 30 hay un descanso en el descenso pero no es más que una ilusión puesto que no se hace más que ir a buscar otra vertiente para seguir bajando de manera vertiginosa. Y otra vez al comenzar ese abrupto descenso el hostiazo en la cara del viento que de nuevo casi me para la bici. Seguimos bajando y seguimos gastando etapas de este descenso a los Infiernos. Comienza el rosario de cicloturistas parados en la cuneta. Se oyen reventones de rueda, y se huele a zapata de freno quemada. Cada doscientos metros hay gente parada cambiando cámaras, con suerte, o con algún susto en el cuerpo porque han hecho algún recto y se han salido. David me pasa con los de la marcha mediana, nos saludamos y cada uno sigue bajando a su ritmo.

Llevo las manos agarrotadas y me temo que las zapatas de freno gastadas o cristalizadas. La carretera ya no está bordeada por laderas y barrancos sino por fincas y campos delimitadas con alambre de espino, la carretera es estrecha, algún gilipollas sigue adelantando por la derecha. Llegamos a Larrau pueblo donde no sé porqué pienso que termina el descenso. Los cojones. No sólo no termina allí sino que encima hay un cruce indicado de manera incompleta y pienso que me he perdido, doy media vuelta a preguntar y nadie sabe indicarme a ciencia cierta. Veo que alguno de la marcha corta sigue por allí y decido seguirle a ver donde salgo. Continúa la bajada aunque de manera cada vez más suave.

Llegamos al km 40 y la carretera discurre al lado de un río. Estamos como a unos 400 m de altura. Hemos bajado 1200 m en un descenso de locos no apto para cardiacos. La carretera sigue bajando pero de una forma muy suave. Al fin llego a un cruce en el que a mano derecha se va hacia el Soudet y las gorgas de Kakueta. Es el km 47. Los barbastros me están esperando allí, ha concluido el descenso del Larrau. La madre que lo parió.

La parte amable de Soudet. Empezamos a "subir" el Soudet. Primeros kilómetros con porcentajes de entre el 1 el 2%, un falso llano en definitiva. Pasamos por el paraje de las gorgas de Kakueta y el paisaje vuelve a prometer la ascensión de un puerto majísimo. Y al fin, en el km 53, avituallamiento sólido en Santa Engracia. 

Esperaba más de este avituallamiento. Cuando el 90% del pelotón lleva en el maillot barritas y plátano uno se espera que en el avituallamiento le den algo diferente, no que le den otra vez lo mismo. Así es que me obligo a comer un par de barritas en plan pollo de engorde y bebo más a gusto eso sí la dosis de bebida isotónica. De la sandia paso porque con eso en el cuerpo no se sube un puerto.

Aparecen más barbastros como Adrián o mi primo segundo Gregorio que van para la marcha larga, unos piteras. A última hora cuando partimos llega Nacho quien con su ritmo diesel va quemando kilómetros. Sin prisa pero sin pausa.

Por otra parte se empieza a intuir lo que la subida de verdad va a deparar. Una auténtica asunción de personajes de todo tipo de la que existe una pequeña representación en el mencionado avituallamiento. A modo de resumen, dos de los que más llamaron la atención y por motivos diametralmente opuestos; un gacho con melenas que casi derivaban en rastas, grande como un sanbalandrán, en camiseta jevi... se lo debió pasar de vicio bajando Larrau con esa equipación...

Por otra parte una zagaleta rubia vestida de arriba a abajo con la indumentaria de ese equipo de inglesitos que parecen haber descubierto el ciclismo, y que lucía una figura espectacular. Vamos, que el avituallamiento fue flojo en lo gastronómico pero enriquecedor en otros sentidos. Una vez alimentados partimos hacia la parte cabrona de Soudet, lo que vienen a ser 14 de sus 20 km de ascensión.

La parte cabrona de Soudet. Nada más salir nos alcanza un gacho ataviado con maillot y culote blanco con las franjas de campeón del mundo. De aquí en adelante será denominado como "el campeón del mundo". El campeón del mundo, como decía, nos da alcance y comienza una conversación antológica

El campeón del mundo: - Buah, mi minuto de gloria. ¡Va a ser la primera vez que adelanto a alguien en una marcha!

Nosotros: - Hombre, no jodas. Que siendo el campeón del mundo lo debes de hacer más a menudo.

El campeón del mundo: - Uy, no te creas.

Nosotros: - Pero si eres el campeón del mundo, no seas modesto.

El campeón del mundo: - Sí, ya, ¡pero yo esto lo gané hace ya muchos años!


El campeón del mundo intenta terminar de ejecutar la maniobra de adelantamiento pero se da cuenta de que su minuto de gloria ha pasado y que no puede. Y comienza a decir que no, que se ha venido arriba y que no, que de pasarnos va a ser que nones. Que no puede. La gente comienza a descojonarse. Y él también. Por gente como esta merece la pena apuntarse a una marcha cicloturista.

El campeón del mundo de hecho no sólo no nos rebasa sino que empieza a irse hacia atrás, y nos quedamos rezagados a unos diez metros del resto charrando. Y sigue con sus sabias lecciones. Me comenta que un amigo suyo muy cabrón lo ha engañado para hacer la larga, que ha salido en plan desatado y que pensaba rebajar tiempo respecto al año pasado (este aspecto no me queda muy claro puesto que el año pasado la marcha larga tenía un recorrido diferente, ¿qué tiempo quería rebajar? ni puta idea) pero que llegado el primer avituallamiento se ha dado cuenta de que para ello no podía parar a comer y beber y ha decidido mandarlo todo a la mierda. Y que paraba a comer como está mandado.

Hombre, le comento, es que apuntarse a un evento de este tipo y no aprovechar los avituallamientos no le veo el sentido. Y comienza a explicarme su etapa de dietas preparatorias para marchas cicloturistas. De como el año pasado preparando la Quebrantahuesos perdió cuatro kilos en un par de meses comiendo ensaladetas y yogures desnatados y que en un último esfuerzo en las dos últimas semanas aún apuró otro kilo de más.

Le salió una carrera de mierda. Y se conjuró al igual que Scarlett O'Hara para no volver a pasar hambre nunca más. Todo ello vociferado al grito de "hombre, este año me he puesto de comer como un cerdo y no he hecho dieta ni mierdas de esas". Me picho de la risa, y sigo haciendo leña del árbol caído. Le pregunto que si leyó los correos de Orbea con recomendaciones acerca de alimentación y dietética para los meses previos a la Pax Avant. Lo de comer pasta aliñada con una goteta de aceite, la ensalada, el pescado y el yogur desnatado. Sigue bramando y renegando de ello, y finalmente coincidimos en que uno sale en bici para hacer hambre y comer más. Qué tío más cojonudo. Lleva el maillot de campeón del mundo por pleno derecho.

Empezamos a trepar por una rampa del 13%. Al principio hace gracia, además de que uno se imagina a Nairo Quintana aprovechando esa cuesta para reventar el grupo de favoritos del Tour y es feliz. Los barbastros se van adelantando poco a poco y el campeón del mundo se me va quedando. Me dice que me vaya para delante y le contesto que qué se ha pensado. Que no lo dejo tirado y que además tampoco sé ir más deprisa. Pero poco a poco se va quedando. Seguimos charrando a distancia. Me pregunta qué piñón llevo, le digo que creo que uno de 25 (dientes). Me responde que si llevo un 25 soy un puto crack por subir esa rampa más deprisa que él, y que a ojo a él le parece que llevo un 27. Un asturiano al que paso confirma esto último y comenta que él lleva uno de 30 con cambio de bici de montaña. 

Sin querer me voy despegando de esta pareja, no puedo ir más despacio, si pedaleo más despacio me caigo y avanzo a la absurda velocidad de 6-7 km/h. No volveré a ver al campeón del mundo en lo que resta de carrera y probablemente no lo veamos en ninguna otra marcha pero qué recital dio en poco rato. Un artista.

Continuo subiendo ese kilómetro al 11%, haciendo eses y chepeando de mala manera. Más arriba se ve a Jesús y Héctor avanzando como buenamente pueden pero avanzando. Lo de Lemus petit y Borruel ya se parece más a lo mío. No cogemos más ancho de carretera para hacer eses porque de vez en cuando pasan coches por el carril izquierdo y si te has de apartar necesitas tomarte tu tiempo para ejecutar la operación. Adelanto a Borruel que con su piñón del 25 va sufriendo lo indecible y me voy detrás de Pablo. La rampa sigue y sigue, no termina nunca y cuando al ir avanzando veo que aún resta un buen trecho al mismo porcentaje la cabeza me dice que pare ya que la llevo a punto de estallar.

Justo al mismo tiempo Pablo también echa pie a tierra y seguimos caminando. Doscientos metros más y llegamos a una pequeña bajada justo donde el cartel kilométrico indica que el siguiente kilómetro es al 8% con bajada incluida. Nos vamos mentalizando para la siguiente rampa que debe de ser criminal para compensar a la bajada. En efecto el porcentaje se va al 14%. Y la cabeza vuelve a hacer catacrocker y nos volvemos a bajar de la bici hasta superar ese repecho y llegar al Plateau de Iratzordoki, una zona de falso llano a 900 m de altitud y a 7 km de coronar el Soudet. Todo un alivio el poder rodar durante un kilómetro sin llevar la lengua fuera.

La pendiente no obstante continua al 7% al poco y tras un kilómetro "suave" sigue con dos kilómetros al 10% que constituyen un auténtico trallazo dificilmente digerible. A diferencia de Larrau donde se ve lo que queda por recorrer en muchos tramos, aquí se suceden las rampas de trescientos metros, las arboledas, los recodos, y las sorpresas de trescientos metros más con la misma pendiente. Por eso mata, porque uno va esperando un descanso y no llega donde se piensa. Con Pablo vemos una sombra bastante buena donde va parando la gente a tumbarse y decidimos parar allí hasta que llegue Juanlu quien continua su ascensión plena de casta sin poner pie a tierra y tirando de riñones.

Le hacemos parar un par de minutos en la sombra ya que va haciendo unas eses que dan miedo. Quedan unos 5 km hasta la cima del Soudet. A la sombra hay un señor intentando bajar pulsaciones puesto que se ha puesto a casi 190. Por suerte luego lo veré en meta sano y salvo. Es entonces cuando preguntando a la gente llegamos a la conclusión de que tras coronar el Soudet aún deben de quedar unos cuantos más hasta la Pierre. El sol cae a plomo y las fuerzas empiezan a estar justas. Pero el cuerpo da siempre mucho más de lo que nos parece, ahora lo comprobaremos.

Reemprendemos la marcha con la tortura que supone el mero hecho de poner las calas en una rampa del 10%. Nos acercamos al cruce del Col de Suscousse donde los de la marcha corta nos quedamos solos y allá en lo alto se ve otra pared que precede a un descansillo bien sombreado. Por mis cojones que ese rampuz lo subo sentado en la bici y así lo hago. Al final es todo un tema mental. Rampa salvaje que se prolonga indefinidamente conlleva bajada de bici. Rampa salvaje que precede a descanso conlleva chepeo y eses por la carretera, pero pedaleo en lugar de caminata.

Llegamos al cruce. 1200 m de altura. Quedan 4 km a Soudet y el avituallamiento. Un falso llano e incluso algo de descenso a la sombra, lo aprovechamos lo mejor que podemos puesto que comenzamos a conocer a ciencia cierta lo que está por llegar. Y en efecto, kilómetro infernal al 11% en el que no se atisba que afloje la cosa. Nos bajamos de la bici con Pablo y seguimos caminando. Creo que casi todo ese kilómetro lo hacemos a pata, bien nos puede costar un cuarto de hora. Al final del mismo nos coge Juanlu quien continúa sin reblar montado en su bici. 

El puerto se abre al fin y comienza a pegar el fuerte viento. La pendiente va suavizando eso sí a unos porcentajes duros pero más asumibles. Comenzamos a ver la cumbre y el avituallamiento, parece que ya lo tenemos hecho, sin embargo a falta de menos de un kilómetro el aire pega tan fuerte que tengo que desmontar por última vez. Así y todo consigo sacar algo de orgullo y llegar pedaleando al avituallamiento de la cima de Soudet a 1500 m de altura. Un avituallamiento, este sí, digno de ser llamado con tal nombre.

Para empezar está a cubierto y a la ingente cantidad de bebidas isotónicas, bebidas de cola y agua, añaden tarta de manzana. Quieras que no, se agradece mucho comer algo que no sea barritas. Coincidimos con unos gachos de Tudela que están de cachondeo y que te levantan la moral con las paridas que cuentan. Sólo se ponen serios para recriminar a los voluntarios y voluntarias el mal comportamiento de muchos descerebrados bajando Larrau y tirando mierda a las cunetas. Vaya, parece que no somos los únicos que opinamos lo mismo y los voluntarios nos dan la razón.

Quedan 4 km hasta la cima de la Pierre de Saint Martin. Pero bien comidos y bebidos y con la compañía nuevamente de Héctor y Jesús que han estado esperando tras subir el Soudet sin parón alguno, se ve todo mucho más sencillo. 


Las vistas son espectaculares, aún queda nieve en esa zona del puerto, y pasamos por delante de una estación de esquí. Rebasamos a un zagal de Cuarte quien nos transmite el hartazgo que le ha supuesto tanta y tanta barrita en los avituallamientos. Quizá sea la zona del puerto con más gente animando al paso de la marcha, se agradece mucho.


Los breves descansos se suceden con rampas más terrenales y al fin, tras unas tres horas subiendo (perdí toda noción del tiempo transcurrido pero sacando cuentas creo que así fue) llegamos a los 1800 m de la Pierre de Saint Martin. 


Foto de grupo en el cartel del puerto que se nos cae encima debido al viento y descenso. ¿Hacia meta? No, hacia meta todavía no.

La Venta de Juan Pito. Como a mitad de descenso del puerto que por el lado navarro es conocido como el Belagua, existe la típica fonda a pie de carretera a la que los franceses van a tripear y ponerse como ciquilines tras dar el paseo dominguero en coche. Este lugar es La Venta de Juan Pito. Desde la salida se ha quedado en acudir a este magnífico lugar a degustar un bocadillo de chistorra. Y allí que vamos.


Al vernos entrar, el sonriente señor que está en la barra nos pregunta que de dónde venimos. Pues de la Pax Avant, le contestamos. El hombre pone cara de poker y pregunta con una mezcla de respeto y miedo que si hemos llegado a la meta de Isaba, como unos 15 km más abajo, y hemos vuelto a subir para echar el bocadillo. Le contestamos que evidentemente, no. Que estamos todavía en carrera con el cronómetro en marcha.

El hombre suelta una carcajada y comienza a salir gente de la cocina, esa cocina que desprende un maravilloso olor a chistorra, para cerciorarse de que lo que están escuchando es cierto. Sale un cocinero (sonriente también, no es de extrañar cuando se trabaja en un lugar semejante en el que se hace feliz a tanta gente a base de fartarlos a base de bien) y una señora. La señora nos apremia a que sigamos hasta meta, que el tiempo corre, a lo que es contestada con aquello de: "Señora, al que va primero ya no lo cogemos, nosotros ya no ganamos la carrera, así es que saquen los bocadillos de chistorra". Risas y escandalera general, somos el centro de atención del lugar.


Sacan los bocadillos de chistorra. Deliciosos. Y en estas entran los de Tudela que estaban armando juerga en el avituallamiento del Soudet, ya estamos todos. Se plantan delante de la barra y le dicen al sonriente camarero:

- Oye, ¿nos pones unos zuritos, pero de los de Bilbao?.


Y el camarero agarrando una jarra de cerveza y levantándola para que la vean pregunta que si se refieren a eso.

- Correcto - dicen los de Tudela. 


Más risas. Nos acabamos los bocadillos y dejamos a esos simpares personajes en la Venta de Juan Pito. Tras las indicaciones de un abuelo que está en la puerta y se nos mira con la típica cara de estar pensando "pero qué bien se lo han montado esta banda de cabronazos" cogemos un atajillo para llegar de nuevo a la carretera y continuamos el descenso por la carretera del Belagua en perfectísimo estado.

Unos ocho kilómetros más de descenso menos pronunciado y al fin, tras 7 horas de marcha llegamos a la meta de Isaba. A 14 km/h de media, un escándalo. Tiempo dando a los pedales, 6 horas 15', a una media de 16 km/h. Sigue siendo un escándalo.

Allí el grupo se rompe puesto que unos tienen que regresar ya para casa y otros nos quedamos a pasar la noche en Ansó. Comemos un arroz y una hamburguesa gentileza de la organización y que no pasarán a los anales de la buena gastronomía y esperamos a que lleguen David que ha hecho la marcha de 143 km y Nacho, que tras ver que la de 200 km era una salvajada y que no iba a poder completarla dignamente se pasa a la intermedia. Son las 18 h y partimos hacia Ansó.

El descanso. Ducha reparadora y vuelta por el pueblo a echar una caña antes de cenar. Sopa, pimientos del piquillo rellenos de bacalao, hamburguesa y flan. Cenamos como generales y nos vamos a dar otra vuelteta. Unos con la intención de cansar a los críos y otros con la intención de echar unos pacharanes. Al final, debido al cansancio y la falta de gente por los bares terminamos en la casa rural antes de las 12 y tan sólo veinte minutos más tarde que David, Carmen y los peques. A dormir se ha dicho.

El domingo, tras dormir de un tirón, nos levantamos para desayunar como bestias y una vez recogidas las cosas y despedirnos de los dueños de la casa rural que tan bien nos trataron enfilamos de nuevo hacia la Pierre de Saint Martin, esta vez en coche y vía Zuriza. Descubrimos una muy buena ruta para hacer algún día en bici, que unida al Matamachos que une Ansó con Isaba da para estar un buen rato pedaleando. 






Unas fotos arriba en el puerto, unas voladas de cometa con los críos y vuelta a la Venta de Juan Pito a comer unas migas con chistorra, filete de ternera con patatas, cuajada a la piedra y café escocés o irlandés (según llevara vainilla o nata). Todo ello regado con sidra y a un precio muy bueno.

El camarero sonriente nos dijo que el sábado tan sólo paramos nosotros y los de Tudela. Le deseamos que ojalá para el año que viene seamos más los locos que paramos a comer un bocadillo de chistorra.








De bajada "jodemos la siesta" a un pastor según sus propias palabras mezcla de auténtico cabreo y esa retranca que gastan por esos lares, y le compramos unos quesos de Roncal, última faena del viaje antes de emprender el regreso a casa. Regreso largo y tedioso que nos devuelve a estos secarrales tan diferentes a los paisajes que hemos disfrutado durante el fin de semana.

En resumidas cuentas, una experiencia muy recomendable con la mejor de las compañías. Sufrimos, en determinados momentos sí, aunque con una buena dosis de kilómetros en las piernas y un buen piñón del 29 en la recámara esta marcha se puede hacer y disfrutarla de principio a fin. A lo mejor al año que viene no me veo con ganas de volver a repetir, y sobre todo será por la mala experiencia del descenso de Larrau, pero más tarde o más temprano volveré. Existen aspectos muy mejorables que me gustaría desarrollar en alguna entrada aparte, comparando las dos marchas que he realizado este año con sus pros y sus contras, pero como en casi todas estas historias merece la pena acudir aunque sólo sea por la gente que uno se encuentra en el camino.

Imagino que algunos de los que mencione no leerán estas líneas pero ahí queda. Gracias al zagal de Sabi del cual no sé ni tan siquiera su nombre y al que espero ver en alguna Puertos o alguna Quebrantahuesos, me hizo muy amena la subida al Larrau. Gracias al campeón del mundo, un auténtico ejemplo de lo que para mí debería ser modelo de conducta en esto de las marchas cicloturistas, a las zagalas que pedalean en las marchas y nos alegran el ánimo, al mozo de Cuarte con el que subí la última tramada de la Pierre, a la Venta de Juan Pito por ser un establecimiento tan cojonudo, a los de Tudela por ser la salsa que todo evento necesita, a los voluntarios y voluntarias por estar ahí velando por nosotros en los puertos, al alcalde de Isaba por sus sabios consejos y a casa Baretón de Ansó por el buen trato dispensado.

Y por supuesto gracias a David, Carmen, David pequeño, Marcos, Bruno, Juan Luis, Pablo, Héctor, Nacho, Jesús, Sonia, Alejandra y Julia por el increíble fin de semana que pasamos. Una marcha cicloturista así es una pasada, ojalá repitamos. Al año que viene más y mejor.


domingo, 1 de junio de 2014

Puertos de la Ribagorza 2014


Contento. Así es como terminé esta edición de la Puertos, la segunda para mí. Nada que ver a lo del año pasado en el que pese a que acabé lo hice bastante tocado.

La jornada comenzó a las 5:50 h del sábado. Extrañamente dormí casi de un tirón pese a los nervios de los días de antes. Creo que la vuelta por la feria del corredor al ir a recoger el dorsal el viernes, el picoteo de chorizo, secallona, madalenas y vino que nos arreamos a cargo de las amables abuelas que estaban de voluntarias, así como el hecho de tener todo el material para el sábado listo antes de la hora de la cena, hizo que me relajará de cara al evento.

Tras una ducha y un desayuno a base de arroz blanco y galletas, parto hacia Graus con David a las 7 en punto. Mi hermano Jesús no puede subir este año a causa de un compromiso que le surgió hace unas semanas, se le echa en falta. A las 7:30 h aparcamos los coches y comenzamos el ritual de montar las bicis, hinchar las ruedas, vestirse de ciclista, cargar los bolsillos con comida, colocar los dorsales en bici y maillot... 

Hacia las 8:00 h nos encaminamos al Marítimo a echar la meada del miedo y un café. El comando navalero formado por Nacho y Héctor llama al teléfono en ese momento y allí nos encontramos para acudir a la salida a eso de las 8:15 h.

Tras esperar el cuarto de hora de rigor y tras habernos colocado en una posición bastante más retrasada que el año pasado vamos saliendo cuando pegan el cañonazo de salida. No sé si este año fue de una manera más tranquila o eso me pareció pero los tres minutos de ir avanzando a la pata coja empujando la bici en modo patinete no se me hicieron tan insufribles.

Ya en la rotonda del Lleida y la Caja Rural me llevo un buen susto. Suena una válvula que pierde aire a escape. Unos cuantos nos miramos nuestras propias ruedas puesto que suena muy cerca y es que ha sido uno de los que llevamos justo delante. Salimos de Graus y enfilamos hacia Capella.

Pese a que salgo con la pareja de navaleros me despisto un momento por un gacho de Zaragoza bastante grande y que va cambiando la trazada cada dos por tres y cuando lo consigo adelantar he perdido la rueda de Nacho y Héctor. David, que va a por la marcha larga lo hemos perdido ya en la salida. Pues nada, como el año pasado.

Nos plantamos en la base del puerto de Laguarres con el grupo bastante disgregado, el año pasado al salir más adelante por detrás venían pelotones bastante grandes. Este año en cambio no es así. De modo que comienzo la ascensión sin tener que pegarme por un trozo de carretera y tengo mucho espacio para rodar tranquilo.

Las piernas, eso sí, duras y torpes. A medida que aumenta el porcentaje de las rampas se van entonando y así es como la subida la termino mucho mejor a como la empiezo. Pese a que me encuentro a unos barbastros a mitad de puerto tiro adelante puesto que estoy seguro de que bajando me alcanzarán y prefiero hacer el tramo Benabarre-Graus acompañado.


Corono en torno a las 9:45 h tras una hora y cuarto de marcha. Ahora viene lo jodido, me digo, pues toca el largo descenso hacia Benabarre y después a Graus. La bajada a Benabarre al ser carretera estrecha y con curvas se me hace pesado y acabo con las manos agarrotadas de tanto apretar los frenos. Prefiero no complicarme la vida y no seguir la trazada de nadie, voy por la derecha y en cuanto la bici se embala aprieto frenos. Me pasan los barbastros, que se le va a hacer, prefiero no apretar ya que aún no voy suelto en las bajadas.

Sin embargo en Benabarre cambia la historia. La carretera mejora sensiblemente y allí no me da miedo lanzar la bici. Como no consigo coger pelotón me dedico a comer y a beber con tan buena suerte de que cuando termino me rebasa un grupo de unas diez unidades. Me acoplo ahí y enseguida noto como la bici avanza sin tanto esfuerzo debido a cierto efecto succionador.

Es curioso porque al pedalear solo el aire frío te pega en la cara. Resguardado en el pelotón aparte de que el aire ya no te pega se puede incluso apreciar una cierta atmósfera cálida que lo envuelve todo. Lo que en situaciones como un bus urbano o un recinto mal ventilado llamamos "oler a humanidad", aunque de una manera mucho más tenue y que se agradece porque eso significa avanzar más deprisa y con menos esfuerzo.

En el tramo hasta Graus me lo paso en grande intentando no perder el rebufo del pelotón que me está llevando y que en los repechos y las bajadas se extiende y contrae como un acordeón. Vamos cogiendo otros grupos, algunos por inercia y otros a base de arreones. Divertidisimo.

Al llegar al avituallamiento de Graus me encuentro con Nacho y Héctor quienes deciden esperarme mientras como, bebo y estiro las patetas. Son como las 10:30 h. Llevamos dos horas de marcha y unos 50 km. Nacho ha de parar cuenta respecto al tiempo de corte de la marcha larga ya que cierran el paso 1h 45' después de que el primero lo haga por el cruce de Villacarli. De ahí que apure un poco en el avituallamiento y no esté más rato. Cargo los bolsillos con comida y enfilamos hacia Campo los tres chino chano.

Antes de las Ventas de Santa Lucía ya nos ha cogido un grupo de unos diez integrantes de un club de Hernani. Pese a que nos ponemos descaradamente a su rueda no nos dicen nada y nos permiten ir ahí resguardados. De hecho no somos los únicos y se va formando un auténtico rebaño. La suave subida hacia Santa Liestra va transcurriendo entre risas y conversaciones varias.

Nos pasa un auténtico monumento de mujer que mucho me temo que debía de ir con el novio o con el marido y lejos de unirse al grupo siguen su marcha hacia adelante a pesar de las súplicas de unos cuantos integrantes del pelotón conformado por entero por mardanos. Ese hecho sumado a que en un repecho los de Hernani se quedan partidos dejando a los integrantes más mayores atrás, provoca que Héctor se ponga nervioso y salte del grupo.

A mí me parece una globerada lo que estamos haciendo, ya que Nacho y yo nos vamos detrás de Héctor, pero como lo único que va a pasar es que nos vamos a ir comiendo el viento pues lo dejamos estar. La cabalgada hacia delante no tiene un objetivo claro ya que en el horizonte no se ve ningún grupo. Ciclistas sueltos y el monumento de mujer que está ya unos trescientos metros más adelante y que avanza a una velocidad superior.

Héctor sigue a lo suyo, y definitivamente se va. Le propongo a Nacho que se vaya si quiere detrás de él que yo me quedo con los de Hernani pero tampoco está por la labor. Poco a poco vamos alcanzando a gente, incluso a un señor que va con una bici con motor. Ole por él y por sus sesenta y pico años. Ah, y los de Hernani se han reagrupado y nos han pasado, y esta vez no hemos estado atentos para reengancharnos y se nos han escapado. Y llegamos a Campo sin rastro de Héctor. 11:45 h. 

Este año no están los niños en la plaza montando escandalera, eso y el cielo que marca tormenta ahí arriba en el Turbón nos enfría los ánimos para afrontar la subida de Las Vilas. Le digo a Nacho que marche porque en la subida no le voy a poder seguir el ritmo. Se niega, prefiere seguir acompañado.

Aunque el firme ya está asfaltado los tres primeros kilómetros se me vuelven a hacer duros, duros. Lo achaco a la forma del puerto, con carretera ancha, sin curvas, en definitiva feo y con poco encanto. Aún así vamos charrando, caen las primeras gotas y la parte final de esas rampas del 8% la hacemos entre risas debido a mis chemecos y juramentos, en todo caso menores a los del año pasado.

Arrecia la lluvia y paro a ponerme el cortavientos para que me proteja algo del agua, ahora sí Nacho sigue adelante. Sin embargo nos volvemos a encontrar en el avituallamiento de la cima donde lo primero que veo al llegar es a Nachete en la cuneta con la chorra fuera pichando. En fin, cosas de las marchas cicloturistas....


Ni rastro de Héctor. O hemos subido muy despacio o él muy deprisa o a saber, en cualquier caso comemos y bebemos otra vez muy bien. Aquarius, platanito, aquarius. Mención especial para las galletas con pepitas de chocolate, novedad en esta edición. Un gran acierto, deliciosas. Las señoras del avituallamiento nos afirman que los de la marcha larga se van a mojar, los señores ni afirman ni desmienten pero con la mirada de montañés que gastan lo dicen todo. Se mojan seguro. Cargo otro bocadillo al zurrón e iniciamos el descenso.

Le digo a Nacho que me deje, que al descender tan mal le voy a frenar y tiene que pasar el corte de la marcha larga, así es que nos despedimos. Por suerte, cinco kilómetros más adelante el paso permanece abierto así es que contento porque Nachete va a poder hacer la larga (aunque se va a mojar) enfilo hacia La Puebla de Roda. Son sobre las 12:30 h y me quedan unos 35 km.

Para mí de momento ha dejado de llover y ya no tengo ninguna prisa, así es que me relajo y voy buscando algún grupo para hacer la bajada. Pero no hay manera. Coincido un rato con un chico de Ávila, pero en las bajadas lo pierdo. En una de estas bajadas tengo una sensación extraña en el estómago. Como esos apretones sordos que anteceden a una descomposición de tripas memorable. Así es que decido bajar el ritmo, comerme un bocadillo y beber.

Afortunadamente me repongo, pero sigue sin venir ningún grupo. Pongo plato y aprovecho las bajadas para lanzar la bici. No llueve, pero marca ruina y cuanto antes llegue a meta mejor. Alcanzo al chico de Ávila que ha formado un minigrupo con unos de Sabi pero al poco se disgrega y además me quedo cortado aunque al poco soy alcanzado por un heterogéneo pelotón formado por gente en bici de montaña que tiran como animales y un señor de Zafra que va todo conjuntado con bici y maillot de amarillo y que a pesar de ello tiene la estampa de un ciclista antiguo.

Me pego como una garrapata ya que lo que resta es la parte más pestosa y con el firme de la carretera en peor estado que no es otro que el tramo entre Laguarres y Graus. Al paso por Capella una chica voluntaria nos grita que ya lo tenemos hecho y que lo queda ya es bajada. Los cojones. Permanentes subidetas y con el firme deshecho. Llegamos al polígono industrial, el firme mejora pero comienza a llover. Fuerte, además.

Enfilamos el último kilómetro y me dejo ir. La carretera se está poniendo muy fea y ya no me va de un minuto. Y además ya estoy mojado. Justo cuando entro en Graus oigo un grito por detrás. No distingo si es "Ojo", "Cuidado", o "Aparta". Pero es desgarrador, como si se estuvieran jugando la etapa del Tour de Francia. A continuación me rebasa por izquierda y derecha un pelotón de unas cuarenta unidades. Luego comprendo que el grito me lo debían dar para que no me cruzara y los tirara al suelo, en todo caso pienso que a buenas horas me alcanza la grupeta.

Llego a meta justo a las 14 h, tras 5 horas dándole a las pedales (y estar media hora más zampando). La tormenta arrecia y empieza a caer de lo lindo así es que me refugio en unos porches. A pesar de estar calado de arriba a abajo me encuentro muy bien, para nada cansado y muy tranquilo. Por mí ya puede caer la mundial. Me como otro bocadillo y bebo y cuando afloja la tormenta aprovecho para ir al coche a cambiarme y guardar la bici.

Por desgracia, Héctor que ya ha llegado tras su travesía en modo sputnik a través de la Ribagorza, decide marchar a casa a comer. Sin embargo, David está en la meta ya que ha tenido que desistir de hacer la marcha larga debido a unos calambres, así es que decidimos acudir a la carpa del campo fútbol a hacer aprecio a las abuelas que preparan la pasta con salsa al pesto.


¡Qué buena me sabe! junto a una cerveceta, un manjar insuperable. Una buena charrada y cambio de impresiones con la gente que ya había llegado o iba llegando. Reponer líquidos a base de aquarius, y buena fartera a base lacitos de hojaldre, galletas y pastas varias. Todo ello dispensado siempre con la mayor de las sonrisas por parte de todas las voluntarias. Chapeau un año más esta magnífica marcha cicloturista. Un rato más de charradeta con la familia de David y a las 17 h decidí marchar cara el pueblo donde me entero de que Mr Diesel Nachete ha concluido la marcha larga sin ningún problema salvo que les ha llovido y granizado para vivos y muertos. Bien por él.

Lejos de ir a echarme una siesta como pensaba, tras dejar la bici y todos los cataticos en el garaje y vaciar el coche de trastos ya no paré. Tras una reparadora ducha, presencié uno de los momentos más memorables que recuerdo en un partido de balonmano en la semifinal de la Copa de Europa. Tras ganar por seis goles, el Barça perdió la renta ante el Flensburg siendo empatado en el último segundo, y luego palmó en los penaltis. Con un partido así, no pude echar la siesta. Y sí, es un off topic de cojones que para nada tiene que ver con la crónica de la Puertos. Pero lo tenía que poner para acordarme con el tiempo de que la siesta me la fastidió un alemán marcando un golazo antológico.


Después, tapas en el Trasiego, situaciones rocambolescas en el Cortés que no merecen más explicación porque tampoco la tiene, y hamburguesa (muy buena por cierto) en lo del Negro. Caña va, caña viene recuperando líquidos y a las 4:00 h decido marchar para casa antes de que se líe más la cosa. Para llevar levantado 22 horas creo que ya está bien.

Aún así, y aquí quería yo llegar, el día ha concluido a eso de las 8 de la mañana. No me había pasado nunca una cosa así pero ha sido un minuto de auténtico pavor. Cuando estaba en el mejor de los sueños de repente me despierto sobresaltado, veo que la luz se cuela ya por las rendijas de la persiana, miro el móvil y está apagado, el reloj de la mesilla marca las 8. ¡Las 8!. Me he dormido, y ya no llego, y el teléfono apagado y no me han podido avisar, es el pensamiento que cruza por mi cabeza durante un minuto hasta que vuelvo a la realidad y reparo en que es domingo y no sábado. Es más, que el sábado ya ha pasado y que ya he pedaleado en la marcha.

En resumidas cuentas, un día muy completo y entretenido. Y una Puertos disfrutada de principio a fin. Al año que viene más.


martes, 27 de mayo de 2014

La Cuarta


Han tenido que pasar unos días para recapacitar y alegrarme por completo de la victoria del Real Madrid en la final de la Copa de Europa. Entre medias un conato de cabreo viendo el partido, y un mal cuerpo viendo ganar al Madrid su décima Copa de Europa, que para mí es la cuarta que he visto sin tener que tirar de archivo. Exactamente las mismas que he visto ganar (bueno, yo y todo el mundo porque no tienen más) al equipo que al año que viene va a pagar veinte millones de euros a un defraudador de hacienda.

Jamás imaginé que se me quedaría tan mal sabor de boca después de ver ganar al Madrid una Copa de Europa, si me lo dicen cuando tenía diez años no me lo creo ni le encuentro explicación. Pero es lo que tiene el paso de los años, supongo que dejamos los forofismos a un lado y valoramos las demás cosas. Yo no podía desear en esta ocasión más que el Atleti ganase la final, me parecía de justicia por el temporadón que se han marcado con unos mimbres tan escasos.

Eso provocó en el momento una gran decepción y más por la forma tan cruel en que cayó el bueno del Atleti. Tan cruel y tan similar a la de hace cuarenta años. Pero buen pensado no todo el monte es orégano y un campeonato de Liga y un subcampeonato de Europa no está al alcance de muchos. Ganarlo todo hubiese sido excepcional. En todo caso, el Madrid fue el ganador y el Atleti el campeón. Y con el paso de los años la gente se seguirá acordando de este equipo aunque no ganara, como le pasa al Madrid del Buitre. 

Pero el sábado por la noche ni veía eso ni veía lo merecido por otra parte que resultaba el haber ganado para jugadores como Ramos que ejemplifican, este sí, la esencia del Madrid. El no rendirse nunca, el ganar cuando ya nadie lo imagina. Hasta que un buen amigo racinguista al que le destiñe el pantalón y es más merengue que Di Stefano me dijo una frase que resumía todo lo que pasaba por mi cabeza perfectamente.

- A ti te jode que el Madrid no haya ganado la final a un Milan o un PSV metiéndole un carro de goles para cerrrar el trauma infantil que arrastras con la Quinta del Buitre; ojalá el Bayern los hubiera barrido en semifinales para que la final hubiese sido Bayern-Atlético y poder ir con el Atleti a muerte porque son los que más huevos le han echado este año; pero no tuvimos tanta suerte... y por eso ¿no te alegras de que haya ganado el Madrid? ¿no te alegras por Ramos, o por Xabi Alonso?

Y eso era, y no le pude decir que no. 

Porque al margen de que el partido fuese malo de solemnidad y que aunque en la segunda parte el Madrid apretó la balanza se podría haber decantado de cualquier lado, por trayectoria a lo largo de las últimas temporadas hay dos tipos por los que me alegro mucho. 


Uno es Xabi Alonso, viviendo la final en la grada, levantado, jurando, pegando patadas a la silla cuando había una ocasión de gol fallada y por último saltando al campo y corriendo para ir a celebrar los esperados goles.
Digno de Juan Gómez "Juanito" que en paz descanse. Digno del espíritu del Real Madrid.



El otro por el que me alegro es Sergio Ramos. Y si me lo dicen hace unos años también me río. Cuando era un lateral alocado que jugaba a ser Jorginho o Cafú. Cuando se le veía madera de central y no le daba la gana porque quería ser un lateral ofensivo sin saber volver a recuperar la posición.

Lo pusieron en vereda, se le centró la cabeza y se ha convertido en uno de los mejores centrales del mundo. Y subiendo al ataque con cada vez más acierto y mesura.


Porque aunque me hubiese gustado de pequeño ver ganar una Copa de Europa al Buitre o a Juanito eso es algo ya imposible que suceda. Y aunque me hubiese gustado ver ganar esta vez al Atleti, la magnífica temporada que han completado no se la quita nadie y la ilusión devuelta por el fútbol a los que pensábamos que tanta posesión y tikitaka se lo estaba llevando por delante, tampoco.

Por eso, mejor alegrarse por estos zagales que han hecho merecimientos durante años para salir campeones. Ahora todos juntos a Brasil a dar guerra en el Mundial.

viernes, 23 de mayo de 2014

Hace un año ya... Puertos 2013

Este fin de semana se cumple un año ya de la Puertos de la Ribagorza. Este año 2014 retrasaron la fecha una semana, mejor tal y como se desarrollan estas primaveras, motivo por el que no coincida el día de un año para otro.

El año pasado por aquel entonces ya barruntaba el montar un blog así es que escribí una crónica de la marcha y sus prolegómenos. Un poco por darle salida y también por quitarle el miedo al bueno de Héctor quien a pesar de estar fuerte como un jabalí tiene respeto por estas citas posteo aquella crónica con algunos incisos y correcciones.

Ahí va pues mi crónica de la Puertos 2013 y de como llegué a esa cita, en cursiva los comentarios del director, usease yo:

Tras explicar cómo había llegado al mundo de la bici de forma muy parecida a como ya relaté en la entrada de "Resumen Ciclista de 2013" y que he borrado para no repetirme, pasamos a lo grueso y nos plantamos en el mes de mayo...

Por suerte mayo comienza con un tiempo aceptable y en los primeros 10 días puedo hacer unos 300 km, parece que si sigo a ese ritmo llegaré al 25 de mayo con kilómetros suficientes en las piernas.
Para el segundo sábado de mayo preparo una ruta de unos 100 km pronto por la mañana. Persigo varios objetivos. Llegar a los mencionados 100 km puesto que hasta ese momento mi record de distancia está en 70 km. Por otra parte quiero cerciorarme de que pasando cinco horas subido a una bicicleta las partes que apoya en el sillín no sufren daño y pueden ejecutar sus funciones habituales después. Y además quiero hacerme a la idea de lo que supone estar todo ese tiempo pedaleando solo. Sé que en la marcha voy a estar acompañado en muchos momentos pero soy consciente de mi dificultad para rodar en pelotón y sé que me tocará arreglármelas solo mucho rato así que quiero ver que pasa, si a partir de la cuarta hora empiezas a hablar contigo mismo, deliras o paras y tiras la bici a una margen. 
(Respecto al año pasado he mejorado en este aspecto; las salidas de 80-100 km se han hecho más habituales).


Enfilo por carretera de Castillazuelo y pasado Huerta tiro por el desvío de Adahuesca. Las piernas van sueltas y la subida no se me hace pesada. Corono y llaneo hasta llegar a Alberuela, allí bajo hasta el barranco y comienzo a ganar altura otra vez mientras me dirijo a Bierge. A punto de llegar, en plena subida, noto que he pinchado de atrás. Suelto un par de juramentos y paro.
Hay un gacho haciendo faena en un campo aledaño. No nos vemos, o al menos yo no lo veo a él, aunque nos oímos. Fácil que se esté esmelicando de oir como departo amistosamente con la bici y la rueda. Desmonto la rueda, me pringo de grasa, saco la cubierta, saco la cámara petada, saco una cámara nueva. Compruebo la cubierta para que no haya ningún cuerpo extraño por dentro y.... Juramentanciones varias. Entonces me doy cuenta de la gravedad del asunto, no he pinchado la cámara, he rajado la cubierta. 1100 kilómetros escasos y la cubierta de aro con la que venía mi Orbea Acqua de serie, a la fresquera.

Cojo el móvil y llamo a casa para pedir que venga el coche de equipo a recogerme. Me siento un Bradley Wiggins cualquiere derrotado por las circunstancias en el Giro de Italia. Quería llegar hasta Aguas, me quedé antes de Bierge. Otro día será. En concreto, a la semana que viene. 
(La quemada con Sir Bradley Wiggins viene a raíz de cierta inquina personal hacia su equipo y su persona y porque en el Giro de Italia del año pasado sufrió varios percances en forma de caídas, aguaceros y retirada).

Semana siguiente. La Puertos a una semana vista. Con muy poco criterio y menos talento el viernes me da por salir por la noche. En teoría a ver unos conciertos. En la práctica a comprobar la textura del lúpulo empleado en la elaboración de la cerveza expendida en dichos conciertos. Otra vez comportándome como un Bradley Wiggins cualquiera.
Evidentemente, el sábado no hay dios que coja la bicicleta. 
(La semana pasada se medio repitió la historia con la subida a Boltaña aunque de una manera no tan grave, queda claro que esto de dar pedales no nos lo tomamos con la debida seriedad).

Dejo la salida para el domingo, esta vez acompañado por mi hermano Jesús. Salimos después de comer con la idea de hacer kilómetros hasta donde lleguemos y llamar para que nos vayan a buscar si se nos hace de noche. Ahora me entra la risa de pensar con qué inocencia hacíamos esas cuentas de la lechera...

Enfilamos por carretera Cregenzán y la cosa pintaba mal. En concreto pordríamos haber ido hacia Salas, hacia Bierge, hacia Monzón, a Berbegal... por todos lados estaba despejado. Hacia Hoz que es a donde nos dirigíamos, NO. No es que estuviese nublado, estaba negro. Pero de esos cielos negros que dan horror. Es igual, seguimos. Al llegar a Hoz las sospechas se confirman y comienza a tronar. es igual, seguimos. Y, evidentemente, al llegar a Salinas las sospechas siguen cumpliéndose y empieza a chispear. Es igual, seguimos.
Comienzo a descender hacia Naval, mi hermano ha parado a ponerse el chubasquero. Ya me cogerá, eso no es problema, bajo muy mal (como Wiggins, otra vez). En dos minutos, el chispeo se convierte en lluvia, la lluvia en jarreo, el jarreo en diluvio y el diluvio en granizo. La cabeza se salva por el casco, pero las piernas pican de la piedra que impacta en ellas y los dedos de las manos agarran como pueden la maneta del freno ateridas del frío. La carretera está blanca de hielo cuando no la cruzan riadetas de barro. Estoy acojonao. ¿Paro, sigo, que hago? A tomar por culo, estoy chupido como una sopa, hay que salir de aquí, sigo. Pero mi hermano no llega. En estas oigo un alarido a lo lejos. “A joder, ya se ha caído”. Voy frenando por si tengo que dar media vuelta y escucho otra vez esos chemecos, miro para atrás y veo a mi hermano bajando entre el granizo gritando no se sabe muy bien si de gusto o enfurismado. Deduzco que es un grito de guerra en plan “Banzaaaaaiiiiii”. Me coge y decidimos llegar hasta Naval para refugiarnos. Llegamos a la plaza de la villa jamás conquistada donde nos refugiamos en sus porches ante las miradas atónitas de los lugareños. Otra vez toca coger el móvil y llamar al coche de asistencia. Otra vez derrotados cual Bradley Wiggins y la Puertos a una semana.

Tengo ya claro que mi primera tirada de 100 km caerá en la propia Puertos. Será o no será, así de claro puesto que entre semana no dispongo del tiempo suficiente para realizarlos. Además el tiempo comienza a enguarrarse. No es que mayo marceé, es que directamente febrerea, no hay dios que coja la bici. El martes le hecho un poco de valor y hago una salida corta para soltar piernas. El miércoles salgó de trabajar molido, será la faena, pienso. Antes de cenar voy al baño y, premio, diarrea. Ya se pasará, pienso, cada mes suelo tener una purga de estas. Pero no se pasa. El jueves me levanto con fiebre y me duele todo. Malcomo en el trabajo y sobrevuela la espantada para el sábado pero todos a los que se lo comento, en especial mis hermanos, me dicen que lo de las tripas en un día se me pasa y que el sábado suba aunque sea a salir y ver el ambiente. No lo tengo nada claro pero a base de arroz blanco y pechuga de pollo, con lo que me alimento desde el jueves hasta el mismo sábado para desayunar, consigo taponar las tripas. El viernes cuando voy a recoger el dorsal estoy medio mareado, pero al menos ya no tengo fiebre. Me noto flojo pero ceno abundante y me voy a dormir con la incertidumbre de saber cómo me levantaré.

A la mañana siguiente despierto empapado en sudor pero ni rastro de mal cuerpo o dolor de cabeza, así que entiendo que he echado el mal pelo. Eso sí, las fuerzas no sé de dónde puñetas las voy a sacar así que me marco pequeñas metas para la mañana que me espera.
Llegamos a Graus, mi hermano Jesús, David y yo. La verdad es que salir en bici con David es un lujo. Ha dedicado muchos años a este mundo y se nota que aparte de entender, disfruta con ello, es por eso que voy tranquilo cuando él me insiste en que tome la salida.

Aquí por fin, después de la chapa la Puertos como tal. Creo que era importante saber en qué condiciones llegué a la misma...

En la zona de salida nos juntamos con Nacho de Naval, Lemus petit y el señor Borruel. Yo en las salidas de las competiciones me pongo muy nervioso. Me mata la espera. Pero en compañía de tan variopintos personajes el rato se hace bien ameno.
Me doy cuenta de que estamos muy delante e incluso propongo retrasarnos o incluso echarnos a un lado para que pase la gente. Me miran como si fuese gilipollas, que no, que sí que estamos bastante delante pero ya te pasarán, tú tranquilo. Tranquilo, los cojones, no debe de ser muy agradable pegarse un piñazo nada más salir con mil tíos detrás tuyo intentado bordearte, saltarte o pasarte por encima.

Dan el cañonzao de salida y vamos como unos cien metros a la pateta coja, un pie puesto en la cala, el otro propulsando la bici dando empujoncitos contra el suelo. Comodísimo. Ruedas que se rozan, gente que se cantea, amagos de tropiezo. La rehostia en bicicleta, y nunca mejor dicho. Tras dos minutos angustiosos, el panorama se despeja lo justo para subir el culo al sillín y poner la otra cala. Y pedalear un poquito. Giro de izquierdas y subida. Enfilamos otro arco de salida, bordeando una montonera y salimos hacia Capella.

A las primeras de cambio, Jesús y David buscan coger un grupo que les lleve comodamente hasta el primer puerto. Con Nacho vamos a la marcheta, yo no puedo ir a más hasta que sin saber muy bien cómo, llegamos a Laguarres y he perdido a toda la gente. Me doy cuenta de que debíamos estar muy pero que muy adelantados en la salida puesto que me han pasado grupos inmensos de gente. Intento acoplarme a alguno pero no puedo, me falta el reprís necesario para dar esas pedaladas de más y engancharme.

Si en línea de salida había 3000 ciclistas, calculo que no debíamos tener más de 500 por delante... ¡y estos preocupados por coger buen puesto!... les podía el ansia viva.

Y comienza el primer puerto, por fin. Odio bajar puertos (qué bien, un año después no sólo lo odio sino que además me da miedo, hemos progresado una barbaridad...) y llanear no se me da muy bien. Subiendo me lo paso muy bien, aunque sufra. No hay que pensar en la posición ni en la trazada, es coger un ritmo y pedalear, me gusta.
Ahí noto que me sigue pasando gente pero ya no tanta, como si comenzase a encontrar mi lugar en la carrera. Vienen un par de rampas comprometidas, las paso bien. Las piernas van bien, que es lo importante y de fuelle no me quejo. Adelante.

Veo a gente de Barbastro pero con casco y gafas pues no los conozco, en estas que veo que voy alcanzando a dos del club. Y uno me suena. Anda, Lemus petit que va con Borruel. Les hecho un grito y subimos juntos.
La cosa va bien. Hay algún porcentaje exigente pero vamos chino chano echando la charradeta. Y así llegamos hasta arriba. Primera prueba superada. El descenso me lo tomo con calma, soy muy malo en las bajadas. Así que me vuelvo a quedar solo. Al llegar a Benabarre se ensancha la carretera. Por algunos momentos voy enganchando grupos pero entre que voy comiendo y que no sé rodar en pelotón al buscar las posiciones traseras para ir con un poco más de holgura de espacio a la que me despisto se van. Y luego es imposible conectar.

Ahora, la parte que más le va a gustar a Héctor...

Así y todo consigo llegar a Graus y al primer avituallamiento. Perdón, AVITUALLAMIENTO. Porque hay que escribirlo en mayúsculas. Increíble. Sin palabras me quedo. Uno está acostumbrado, porque le ha tocado muchos años montarlos, a los avituallamientos de medio maratón que consisten en agua, bebida isotónica, naranjas, esponjas y... y para de contar.
Está claro que es otro tipo de deporte y esfuerzo (en un medio maratón ya es complicado beber sin echar la pota muchas veces como para ponerse a comer...), y había visto algo parecido en la ruta BTT de la Bodega Pirineos pero en Graus lo primero que te encuentras es un montón de bicis aparcadas de toda la gente que está fartallando. Luego el avituallamiento en sí que puede tener como 25 m de barra con lacitos, galletas de un dedo de gruesas, madalenas, torta, aquarius, agua, bocadillos de jamón y queso, zarpaos de caramelos y como 25 zagaletas detrás de la barra que tal y como íbamos devorando todo iban reponiendo para que en todo momento aquello estuviese hasta los topes. Impresionante.

Tras zumbarme tres o cuatro lacitos, un par de galletas, torta, un par de aquarius y echar dos bocadillitos al maillot reemprendo la marcha con Jesús y David, que me están esperando. Jesús ha roto la sirga del cambio del plato así es que va haciendo el molinillo como si fuese en un triciclo cuando coge las bajadas pero por lo demás va como un tiro.
Cogemos un pequeño grupito con gente de Boadilla y ahí que nos acoplamos, pero la cosa no dura mucho rato ya que por las Ventas de Santa Lucía, vemos el coche de asistencia y paramos para ver si pueden arreglar el plato de Jesús.

Negativo. Ha perdido el tornillo del desviador y en ese coche no tienen. Pues seguimos. Pero a la que voy a montar el gemelo derecho amaga enganchada. Cojo la marcha poco a poco para relajarlo, echo un grito a esta pareja para que espere pero se piensan que les digo que tiren porque me quedo con el grupo de atrás. Se marchan. Otra vez solo.

El ansia viva. Otra vez...

Como ya he tenido el primer aviso de las piernas y entre nosotros hemos llegado a un acuerdo tácito por el cual si no las puteo no se enganchan con la facilidad con que lo hacían antes voy muy pero que muy tranquilo por la zona de SantaLiestra, no vaya a ser que fuerce y termine como Robocop.
Voy charrando un rato con un señor de Barcelona que me dice que le extraña ver pocas ambulancias para el tipo de marcha en la que estamos. Esto es Huesca no es Barcelona, buen hombre, le aclaro. Hay pocas ambulancias, sin más. Hablamos de más cosetas pero noto que lo de la pierna ha sido sólo un amago y que si fuerzo un poco más pues igual la cosa no termina en tragedia. Me envalentono y le digo, me voy a por el grupo de más adelante. A la que llevo diez metros al señor me da un poco de pena, parece como que le he dejado un poco tirado ahí en medio solo pero bueno, ya llegará otro con quien conversar, digo yo.

Lo dejé tirado como una colilla. Me hizo mucho más llevaderos esos kilómetros de falso llano y marché para nada. Luego recibí la justa retribución...

Transito la zona de túneles, me empiezo a comer un bocadillo pero no me entra muy bien. Como medio y el resto al bolsillo, no vaya a ser que se abran de nuevo las compuertas y tengamos festival del humor.
Así a lo tonto llego a Campo, ya llevo más de 70 km, mi record hasta la fecha (ahora estoy verde pero entonces... era un mierdecilla)
Pues ahora ya casi que no vale la pena darse la vuelta, pienso, así que adelante. El paso por el pueblo, espectacular. Banderines y pancartas colgadas reivindicando la escuela de educación secundaria para Campo. Los niños de la escuela todos vestidos con su camiseta verde animando, gritando y agitando cencerros como si eso fuese Suiza o una etapa del Tour de Francia. Allí no hace falta comer, tan sólo eso da aliento para continuar un buen rato más.
Además la mole del Turbón se alza majestuosa enfrente, hace sol y hasta hace buen día. Qué coño, hace un día cojonudo. Frío, pero cojonudo. Voy bien de piernas y mejor de ánimo. No me duele la tripa aunque sí un poco el culo (normal después de las sesiones en Roca de los últimos dos días). Esto está hecho.

Al frente se ve un rampote de dios es cristo. A lo que te acercas te das cuenta de que es... ¡gravilla!, serán asesinos... No pasa nada, seguro que el puerto como tal viene después y es asfalto del bueno. Los cojones.
Subir una rampa del 8% con 80 km en las patetas es aparte de un reto, y en el fondo divertido, ante todo jodido. Si esa rampa es de gravilla, es infernal.
A todo esto, mi indumentaria absolutamente ecléctica compuesta por camiseta térmica de manga larga del Decathlon, camiseta de tirantes (no sé pa qué cojones me la puse, la costumbre...), maillot, cortavientos y manguitos de running, me comienza a dar calor. Comienzo a sudar, cosa que no había hecho hasta entonces. A sudar a chorro.
Pero entre que tengo miedo a parar y que al poner las patetas en el suelo se enganchen cosa mala y que ¡voy pasando a gente! me encenego y tiro, y tiro adelante.

Subía como un maldito sputnik. Venga a pasar y pasar gente. Lo mismo que en la cuesta de Gaintxurizketa de la Behobia. Luego recibí justa retribución también...

Cuando acabe la grava me bajo, cuando acabe la grava me paro, voy pensando. Una pareja de abuelos anima en la cuneta “venga zagales, que ya lo tenéis”.
¿Cuánto queda de grava?, pregunto. Seiscientos metros responde la señora. Sí, poco, matiza el caballero, seiscientos metros y ya suaviza.
Como lo dicen tan convencidos me digo que sigo.
Los cojones seiscientos metros. No sé dónde aprendieron a contar esos abuelos pero de grava quedaba por lo menos el doble y suavizar aquello no suavizaba (en el fondo recuerdo con cariño a aquella parejeta de abuelos; eran un toque de humanidad en aquel páramo de desolación, esa caverna de dolor como diría el pintoresco Laurens Ten Dam)
Yo iba chemecando y echando algún juramento y cuando estaba a punto de poner pie a tierra y que fuese lo que tuviese que ser, se pone a la par una zagaleta que subía sin decir ni mu.

Como los tíos somos más simples que el mecanismo de un botijo decido posponer la maniobra de parada y sigo a la zagaleta que subía pero bien, bien. Al final se acaba la grava y los rampotes al 8%, 3 km en total. Y allí sí, allí paro a quitarme cortavientos y manguitos porque me estaba cociendo. No hay enganchada de piernas y el ritmo lo reemprendo sin problemas porque allí la pendiente suaviza bastante.

Arriba en la cima, otro avitualllamiento. Este más pequeñito. Allí me reencuentro con la troupe que hemos coincidido en la salida, los cuales están conversando acerca de la aplicación de ciertas sustancias en partes erógenas del cuerpo para mitigar la escozcor que provoca la fricción continuada con sillín y culote. Todo muy bonito, muy bucólico. Vuelvo a ponerme hasta el eje de aquarius y lacitos y empezamos a bajar Jesús, David, Nacho y yo.

A la altura de Villacarli hay un desvío. Los valientes que están preparados para la épica giran a la izquierda y prosiguen la marcha larga. El resto bastante tenemos con llegar hasta Graus como buenamente podamos y giramos a la derecha para completar la marcha corta.
Nachete es un pitera y, a sus ritmos tranquilos, y puesto que nadie se lo impide puesto que aun no han cerrado el paso, decide girar a la izquierda y marchar a la larga. Yo me entero de tal circunstancia pero la otra pareja parece que no y cuando empiezan a apretar y se miran hacia atras y no nos ven piensan que bajamos a nuestra marcheta.

Siento ponerme pesado con este tema, pero a la pareja de jabalines que marchó para delante encenegados por el ansia viva y que saben que en el fondo los aprecio tan sólo recordarles que son unos pequeños cabrones...

Pero Nacho está subiendo Bonansa y yo voy por la Puebla de Roda más tirao que una colilla. Franqueo los 100 km y me hace cierta ilusión. Por fin, por fin los he completado parecía que estaba gafado. Sin embargo me empiezo a notar flojete. (flojete... es decir mucho... iba como una braga). 
En el avituallamiento no he pillado comida para llevar. Ha sido una cagada de las gordas. Creo que la llevan los de delante pero a ellos ya no los pillo. Echo mano al bolsillo y llevo el bocadillo y medio que no me ha sentado nada bien y una barrita. Nada más. Me como la barrita y cruzo los dedos. Si me noto muy apajarao pues echaré mano del bocadillo pero si lo puedo evitar.

Los kilómetros caen con cuentagotas, el viento en contra es fuerte y las bajadas tienen subidas y las subidas son muy putas. No voy ni pa atrás. Doy cinco pedaladas, paro, doy tres más, paro, me incorporo, pedaleo cuatro más, me duele el culo, me incorporo...
Así no llego ni a la hora de merendar. Me pasan grupos y más grupos. (Entre ellos el señor de Barcelona al que dejé tirado subiendo a Campo y que iba bien pincho incrustado en un pequeño pelotón; y mucha pero que mucha gente a la que pasé en Las Vilas cuando subía como un animal).

A algunos como mucho logro pegarme un par de kilómetros a la parte de atras pero allí ni efecto succionador ni leches. No voy y no voy. Al pasar por Capella me voy animando, sin embargo cuando pensaba que ya enfilaba hacia meta nos desvían por un polígono industrial. Me sienta como una patada en salva sea la parte pero aprietó los dientes y sigo. Ya lo tengo casi, aunque me cueste media hora.

Al final no es para tanto, tras un par de vueltas, se sale del dichoso polígono y entonces sí ya se enfila la recta final de meta, miro el cuentakilómetros y veo que marca como unos 5 km menos de los que en teoría componen la ruta. Pues mejor, porque no doy para más.
Finalmente llego en 5h 45’ (tiempo real de carrera; encima de la bici como media hora menos que fue el tiempo que estuve comiendo en los avituallamientos)

Soy consciente de que no es un gran tiempo, ni tan siquiera es un tiempo mediocre pero llegué al día de la carrera como llegué y eso sí, en ningún momento llegué a pasarlo mal. Y yo estas cosas las concibo sólo para disfrutar.
En resumen, me lo pasé muy bien y por supuesto repetiré aunque espero llegar en otras condiciones para no ir tanto tiempo solo en carrera.


Este año llego un poco mejor pero tampoco es para tirar cohetes. Así es que iremos para la marcha corta en contra de lo que pensaba hacer allá por el mes de enero. Seguiremos informando.

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