miércoles, 22 de octubre de 2014

Habemus Tour

Hoy se ha presentado oficialmente la 102ª edición del Tour de Francia. A mí particularmente no me gusta lo que han hecho, y eso que es un recorrido eminentemente montañoso, o eso parece. Me explicaré.


La ronda gala parte desde la ciudad holandesa de Utrecht con una especie de prólogo largo o contrarreloj individual corta de 13 km. No estaría mal si no fuese por el hecho de que esta es la única contrarreloj individual de las tres semanas. Ni tan siquiera hay alguna cronoescalada que hubiera casado bien dentro de la acumulación de puertos que han pretendido hacer. Nada, una crono al principio y después la nada. Bueno hay otra crono por ahí pero tiempo al tiempo.

Tras este "prólogo" el pelotón enfila hacia Bélgica, donde hay llegada en el muro de Huy, para llegar al norte de Francia y hacer etapa con final en Cambrai con los consiguientes tramos de pavé. Veamos, el año pasado la etapa con adoquines salió a la perfección. Fue una mini Roubaix con mucho más empaque que la verdadera clásica de principios de abril. Llovió e hizo un tiempo de perros como no había hecho en la Clásica de Clásicas desde hace por lo menos diez o doce años. Posiblemente ningún ciclista profesional en activo había disputado una Paris-Roubaix en esas condiciones, Cancellara sin ir más lejos, un potro desbocado en el adoquín seco, no supo ni por donde empezar este pasado julio. Fue un etapón antológico con trascendencia en la clasificación general y no precisamente por la caída de Froome sino por el golpe encima de la mesa del Tiburón Nibali.


Pero esas cosas, ese cúmulo de circunstancias, ocurren de tanto en cuando. Ni es bueno disponer etapas de pavé en el Tour una vez cada quince años ni lo es abusar de ellas y repetirlas año tras año. Lo bueno si breve, dos veces bueno. Ojalá en Cambrai salga otro día llovizneando y con frío, ojalá. Pero la lógica invita a pensar que el adoquín esta vez no será decisivo. Aunque al menos la etapa tiene 220 km y eso algo de daño hará.

La carrera sigue por la costa normanda hasta llegar a la Bretaña y he aquí la segunda llegada en alto en el Mur de Bretagne. Qué quieren que les diga. En la primera semana una llegada de este tipo pues gusta, dos empalagan. Recuerdan inevitablemente a las etapas perpetradas por la Vuelta a España en su última época. Porque además se dice y se comenta que las etapas contarán con bonificaciones de tiempo. Como en la Vuelta.


Para rematar esa primera semana, que no está mal traída del todo pero que marca una peligrosa tendencia, llega una contrarreloj. ¿Pero cómo? ¿no había dicho que después de la primera etapa ya no había más cronos? Pues sí y no, no hay individuales mas hay una fantabulosa crono por equipos de 28 km. Tras una semana de carrera y con el adoquín mediante. Como experimento no está mal aunque ya que la organización del Tour se hizo con el control de la Vuelta (aunque parece que sea al revés ya que la presente edición de la ronda gala se ha Unipubliquizado de mala manera) podrían haber utilizado la ronda española de banco de pruebas y plantar la CRE en la 10ª etapa a ver qué pasaba. Así de buenas a primeras en el Tour la cosa puede petar de mala manera (equipos incompletos, gente lastrada por caídas previas, etc)

Llega el primer traslado y el primer día de descanso en Pau. Desde allí primer contacto "serio" con la montaña con la llegada en alto en la inédita Pierre de Saint Martin. ¿Qué puedo decir al respecto? No puedo ser objetivo, posiblemente el puerto de montaña donde más he disfrutado-sufrido-disfrutado (y así en un bucle de 2 horas y pico de ascensión). Me hace mucha ilusión que lleguen allí pero no considero que la etapa sea digna de un Tour. De la Vuelta, sí. Es lo que han venido pergeñando en las últimas ediciones, 150 km de llano y puertaco al final, y el que más chifle capador. Eso no es montaña, por más que se llegue en alto, en un puerto de 1200 m de desnivel con rampas de más del 10%. La montaña es otra cosa, es enlazar puertos, desgaste y trabajo de equipo. Tácticas y escaramuzas. Y en eso los franceses eran unos maestros a la hora de diseñar etapas. ¿Por qué no aprovechar ya no digo un Larrau pero al menos un Bagargi, una Marie-Blanque que les pilla de paso desde Pau? La Pierre de Saint Martin es un puerto duro y bonito, esta vez suben por la vertiente del Labays, cualquiera de sus otras caras es similar, pero con puertos previos luciría mucho más. Una pena.


Siguiente etapa de montaña, dentro del tríptico de Pirineos, con final en Cauterets pueblo previo paso de Aspin y Tormalet. 190 km en total. Quizá de lo más acertado de toda la ronda si los ciclistas no son tan mezquinos de esperar a la última subidita para atacar y honran a Monsieur Tourmalet yéndose en sus rampas en pos de la gloria. 

Tercera etapa de Pirineos con final en Plateau de Beille tras una etapa de sube y baja por puertos que van aumentando poco a poco su categoría hasta el final. De vez en cuando la sorpresa surge en este tipo de perfiles aunque las dificultades se presentan demasiado espaciadas por kilómetros de llano. Quién sabe. Pinot, Bardet o Barguil pueden jugar a ser héroes e intentar dejar el Tour en Francia después de 30 largos años.

Desde allí se va a buscar la zona de los Alpes pasando por Mende y su correspondiente final en alto. Hace veinte años el equipo ONCE la lió en aquella etapa. De ahí a colegir que veinte años después pueda ocurrir algo similar dista un abismo, parece más bien otra oportunidad de lucimiento para esos especialistas del pelotón a los que se ha tenido a bien denominar "sprint climbers". Vamos, lo que viene siendo un sprint en cuesta.


Una etapa de más de 200 km para llegar a Gap (tan sólo tres etapas superan esta cifra) en el, supongo ya que no está disponible el perfil, típico final en bajada con puerto a 10 km de meta. No por ser un recurso repetido deja de ser un recurso necesario en esta carrera, mucho más a mi entender que los finales en cuesta para lucimiento de los "sprint climbers". Y segundo día de descanso.

Comienzan los Alpes y la traca final con llegada en alto en Pra Loup tras superar el largo paso del Col d'Allos. En Pra Loup fue donde Eddy Merckx claudicó ante Thevenet, ni había nacido cuando pasó ni lo he visto posteriormente en vídeo alguno. Lo he leído pero lo cierto es que no recuerdo haber visto subir, en directo, este puerto jamás. A priori parece otra subidita marca de la casa "sprint climbers" aunque, eso sí, previo paso por un puerto de 25 km coronando a 2250 m de altitud.


La siguiente etapa, de 185 km, asciende el Glandon pero nada o poco más. Algún valiente lo puede intentar pero ya se verá. Una etapa más tarde se llega en alto a La Toussoire con los 80 últimos kilómetros sin un tramo llano y subiendo la Croix de Fer. Puede ser otra de las etapas a tener en cuenta aunque para mi gusto sus escasos 140 km de recorrido son insuficientes. Hace falta más recorrido para que la gente se caiga de madura del pelotón.

Y llegamos a la penúltima etapa antes del tramite de París donde se asciende el Galibier para tras un largo descenso llegar a la meta en Alpe d´Huez. Tan sólo 110 km. En un mundo idílico supondría el broche de oro al Tour con ataques desesperados en las rampas del Galibier por parte de los ciclistas franceses, para los que se ha diseñado este recorrido, para intentar derrocar al líder colombiano, Nairo Alexander Quintana. En un mundo idílico es posible que incluso Wilco Kelderman, Urán, Dan Martin y Alejandro Valverde, así como el Colombia Coldeportes, Nibali, Mollema venciendo sus complejos y los corajudos Cajasrurales Txurruka y Lluis Mas estuviesen metidos en la pelea. Hasta Contador, Purito y Froome, ya puestos. Y Wiggins haciendo de aguador. Y Kwiatkwoski luciendo maillot arcoiris.


Pero es difícil que todo eso pase. Por no decir imposible (es más fácil que toque el Euromillón que ASO Tour invita al Caja Rural y al Colombia Coldeportes a la carrera) aunque al final todo dependerá de los ciclistas que son los verdaderos artistas de esta película. Sin embargo, con semejante recorrido parece probable que muchos opten por otras carreras. El Giro puede ser el gran beneficiado ya que a una montaña más dura que cualquiera que se pueda imaginar pero puesta con criterio a lo largo de las tres semanas se añade una crono individual larga de 60 km. El Tour es el Tour pero hay vida fuera de él. 

Por de pronto me despido con el vídeo promocional del próximo Giro de Italia, carrera que como ya he dicho, me seduce más por su recorrido. Además la venden muy bien haciendo unas promos sensacionales. Ojalá que ambas carreras nos deparen grandes tardes de ciclismo al año que viene. Comienza la cuenta atrás.




martes, 14 de octubre de 2014

Sagas de Islandia (IV): Glaciares, icebergs y un kilo de bolas de queso


Martes, 19 de agosto. Abro los ojos. A pesar de haber estrenado la cama que resulta de desmontar una de las mesas del centro de la autocaravana y poner tres cojines en su lugar, una cama demasiado pequeña para mis piernas, he dormido como un tronco. La luz se cuela por el parabrisas que queda justo en frente. Hay un sol como si fueran las 10 de la mañana en España, pero en realidad son en torno a las 7 lo cual es una muy buena noticia ya que hemos descansado y tenemos todo el día por delante.


La noche anterior se veía lo justo como para no llevárnoslo por delante pero el caso es que estamos aparcados junto a un pequeño merendero así es que aprovechamos para desayunar allí fuera. Hace frío pero el sol calienta, se está muy bien allí sentados. Es un desayuno frugal y mucho más rápido que el del día anterior pero aún así quedamos encantados con la leche islandesa que nos ha traído Inés y que nada tiene que ver con la de España, que por otra parte hace años que desterré de mi dieta puesto que me provoca mal de tripa, además también tenemos galletas de la zona. Son como esas que tienen pepitas de chocolate pero más grandes y esponjosas, son deliciosas.

Desde allí nos desplazamos hasta la cercana playa de Dyrhólaey, de hecho hemos dormido en uno de sus entraderos, y se puede decir que somos los primeros visitantes del día. Es un sitio alucinante como sacado de las novelas de "Juego de Tronos", de hecho parece bastante probable que el insigne George R. Martin debió de pasar una buena temporada en Islandia documentándose para escribir su particular saga. Autor con el que me siento identificado puesto que él se propuso escribir seis libros de su "Canción de hielo y fuego" y yo seis capítulos de Sagas de Islandia. Él es muy descriptivo en sus prólogos acerca de lo mucho que le ha costado acabar cada libro, y a mí me empieza a pasar lo mismo con estas sagas. Pero las acabaré.

Al Norte se alza el glaciar Mýrdalsjökull, el cual parece una montaña cubierta por azúcar glasé o helado. Bajo ese manto de hielo se esconde el volcán Katla, uno de los volcanes más activos y potentes del país, un lobo con piel de cordero puesto que nadie se imaginaría que debajo de esa blanca capa se puede desencadenar un infierno. Una verdadera canción de hielo y fuego. 


Al Sur, la playa. De un color grisáceo, casi negro, compuesta por piedras redondeadas del tamaño de peladillas. Salió un día despejado, sin nubes y un sol radiante. Posiblemente en un día lluvioso la playa parezca la mismísima morada de Lord Greyjoy, señor de las Islas del Hierro. Así y todo el paisaje resulta espectacular. El blanco del glaciar de fondo, el azul del cielo y del mar, el negro de la playa y el verde de los acantilados forman una mezcla difícil de olvidar. Las fotos no le hacen justicia.








Nos desplazamos hacia la playa vecina de Reynisfjara, la cual se encuentra cerca de los dientes rocosos que sobresalen del mar y que se ven a lo lejos desde lo alto del acantilado. En esta segunda playa hay multitud de frailecillos volando por el cielo. Estos pájaros de aspecto simpático con una cabeza hiperdesarrollada en relación a su cuerpo, tamaño similar a un pollo, con pico y patas rojas y plumaje blanco y negro al estilo de los pingüinos, tiene copada toda una ladera de una pequeña y verde colina en cuya base hay unas extrañas columnas basálticas que enmarcan una pequeña cueva. Además, en la pendiente según se adentra hacia el interior de la isla se ven grupos de ovejas. Ovejas que siempre o casi siempre van de tres en tres.







La cueva antes mencionada aparece en la parte final de la película "Noé" de Darren Aronofsky, así como el conjunto de la playa. Creo que no destriparé el final de la cinta si cuento que el arca de Noé termina varada en una montaña. Pues bien, la montaña de la película está ubicada en esta playa. Así como la montaña en la que pastan las ovejas que se utilizó para otras localizaciones del film, como por ejemplo el lugar donde habita el abuelo de Noé, Matusalén. En la realidad por allí hay unos wc que sí, son de pago, pero aparte de estar como los chorros del oro tienen la última tecnología en cuanto a báteres se refiere. 

Resulta un contraste muy extraño contemplar las ovejas pastando en las verdes y empinadas laderas y que de repente estas pendientes mueran en la playa. Inés y Nacho trepan por las columnas de basalto para ver mejor a los frailecillos los cuales pese a que tienen unos movimientos algo torpes son difíciles de fotografiar. De nuevo las fotos no hacen justicia ya que la ladera estaba plagada de estos curiosos seres.

Tras echar un chocolate caliente y una de esas galletas gigantes en la cafetería del lugar, al lado de los báteres del futuro, nos desplazamos pasando por Vik hacia un pueblo con un nombre tan largo como extraño. Este no es otro que Kirkjubæjarklaustur (o Klaustur para los amigos) cuyo impronunciable nombre se podría traducir al castellano como Iglesiagranjaclaustro. Así se las gastan poniendo nombres allá arriba.


En Klaustur había en tiempos un convento con monjas y al parecer estas subían hasta la cabecera del salto de agua que cae en el pueblo para aprovechar las balsas de agua allí presentes y bañarse mientras contemplaban la costa por un lado y el Vatnajökull por el otro. El ascenso se realiza atravesando un pequeño bosque que contrasta con el paisaje de alrededor ya que este no es un país donde abunden los árboles. En primer lugar porque por latitud hay extensiones cubiertas por una especie de tundra y segundo porque los bosques que había en tiempos fueron esquilmados por los primeros pobladores. De algún modo tenían que calentarse... De ahí que los pocos árboles que se logran ver sean de repoblación.

Arriba donde las balsas de agua hace un sol bien bueno. Dan ganas de echarse una cabezada pero una vez más (y las que quedan) vamos con el tiempo justo así es que no hay lugar para este tipo de caprichos. Unas fotos y una visita al proclamado árbol más alto de Islandia, que se encuentra en el bosquecillo de bajada, para llegar de nuevo a Kirkju'stur.




Allí se puede ver uno de tantos vehículos que se acostumbran a usar en esa zona. Una pick up sobredimensionada con ruedas gigantes. A veces además de gigantes están montadas sobre doble eje trasero o como ruedas gemelas (4 ruedas por eje). Eso se debe a que el Invierno es largo y las carreteras y pistas permanecen durante mucho tiempo cubiertas de nieve. Uno se pregunta cómo en esas granjas y aldeas pueden pasar tantos meses prácticamente aislados del resto del mundo. No ya sólo para un tema de suministros sino por el simple hecho de no ver a nadie más y vivir la mayor parte de la jornada envueltos en la oscuridad. Tienen que estar hechos de otra pasta.


Continuamos por la Ring Road, la carretera que bordea todo el país, y nos vamos acercando más y más al inmenso Vatnajökull. La vegetación va desapareciendo al igual que el terreno se va convirtiendo en más llano. Campos de lava o zonas amplísimas donde se han ido depositando cenizas y sedimentos. Zonas tan sólo perturbadas por los ríos que nacen en el glaciar y que están como desparramados, como si no tuviesen un cauce bien definido dando sensación de inestabilidad, de cambio constante.




Las granjas, cuando las hay, se encuentran pegadas a las laderas de las montañas, si las hay, como si salir a campo abierto fuese una temeridad a la vista de esos incontrolables cauces de agua. Todo esto son impresiones que van surgiendo mientras viajamos. Son muchas horas de carretera y aparte de jugar a las cartas, charrar de idioteces, sacar fotos o repasar mapas también da tiempo a elaborar este tipo de teorías.

La mole del glaciar impone respeto, hay un momento en la que la carretera se dirige derecha hacia allí y, es curioso, se hizo el único silencio de todo el viaje dentro de la caravana. De hecho no hay ninguna foto de aquel momento que pudo durar unos cinco o diez minutos durante los cuales sólo veíamos la carretera recta, la nada a los costados y un grandioso montón de hielo al frente. Como si el glaciar nos hubiese hipnotizado. Más tarde la carretera se acerca a las lenguas del glaciar y comienza a bordearlo pero la visión de toda esa masa delante es impactante.


Es en una de esas lenguas donde nos toca decidir. A la izquierda el desvío al parque de Skaftafell con su cascada Svartifoss la cual dejaremos a un lado por culpa del maldito tiempo. Un poco más adelante el desvío por pista a la más cercana lengua de Svinafellsjökull. Una lengua de glaciar no es sino el lugar donde la mole se acerca hacia, en este caso, el litoral. Son por así decirlo los tentáculos del glaciar, aunque lo más apropiado sería denominarlo como un río de hielo, y por donde el glaciar va perdiendo masa en forma de icebergs que se desprenden y caen directamente al mar o a pequeños lagos.


El vértigo me impidió disfrutar más a fondo del lugar. Inés y Lemus en especial saltaban de roca en roca bordeando la cortada que había hacia el lago primero y la lengua después. Pero a mí la pequeña altura que había y la inmensa capa de hielo que tenía delante me mareaba así es que tenía que ir chino chano. En cualquier caso merece la pena ver semejante espectáculo aunque, como ya he dicho, puede abrumar.


Tras visitar el glaciar, parada en una gasolinera a repostar y comer un poco. Hamburguesa, nuestra dieta en Islandia no es lo mejor del viaje. Sin ser mala, se compone de comidas rápidas y a matacaballo pero es lo que hay.

Siguiente destino, Jökullsarlon. Se trata de uno de esos lagos en los que el glaciar deposita sus icebergs y que hace de puente entre este y el mar. Es un lago reciente pues se formó a mediados del siglo XX y quien más quien menos lo ha visto alguna vez aunque no sea consciente de ello puesto que sale en varias películas de Batman o James Bond por ejemplo. Volviendo al tema de las películas, el otro día me dio por mirar cuantas se habían rodado en este país. Seguramente me dejaré alguna pero encontré un mapa donde se indican las localizaciones.


Aparte de las mencionadas Noé, James Bond, Batman y Juego de Tronos otra que ha utilizado varios parajes es "La vida secreta de Walter Mitty" (la versión de 2013, no la original de 1947). Aparece la cascada de Skogafoss, trozos de las inconfundibles carreteras y el glaciar Vatnajökull como si fuese parte del Himalaya. Este aparece mientras el protagonista echa una pachanga de fútbol en Afganistán aunque lo que se ve al fondo bien pudiera estar rodado desde el punto en que tomé la siguiente foto.



Dejamos las películas y retornamos a Jökullsarlon. Tiene como dos partes, una menos turística donde paramos en primer lugar y donde Nacho e Inés se dieron un baño y todo. De escasos segundos pero baño al fin y al cabo. Nacho incluso pegó unas brazadas para adentrarse a tocar un iceberg y volver a la orilla.



Más adelante se encuentra la zona turística del lago, hay mucha más gente y agencias de viajes que surcan el lago mediante zodiac o vehículos anfibios por la "módica" cantidad de 6000 ISK la hora. Lo cierto es que a pesar de haber más gente la vista es mejor puesto que hay más icebergs y el Vatnajökull se ve mejor al fondo. Lo malo es que Inés se tiene que marchar en el coche de línea Höfn-Reykjavik puesto que al día siguiente trabaja. Le prometemos que haremos todo lo posible por llegar el viernes a la capital para salir con ella y su amiga Silvia de fiesta y nos despedimos.







Acudimos a la cercana playa que está separada del lago por un pequeño canal de de pocas decenas de metros por encima del cual pasa la Ring Road. En la playa de arena negra hay icebergs varados. Son suaves al tacto, quién sabe cuántos años, o siglos, han podido pasar desde que el agua que los forma se depositó allá arriba en lo alto del glaciar. Poniéndonos menos metafísicos impacta ver a un gacho con la típica furgoneta de jipi en la playa preparando la tabla de surf. Desconozco si esa playa es propicia para la práctica del surf, y he visto a gente intentando surfear en Biarritz en días de perros pero ver a ese tío, que además tenía las pintas típicas de surfero, con el glaciar al fondo y la playa negra delante trufada de bloques de hielo es cuanto menos curioso.



De allí nos desplazamos a Höfn. Yo pensaba que el nombre del lugar se pronunciaría algo así como Jofen (como si fuese alemán). A Lemus le dio por empezar a llamarlo Jonfff (pongo tres efes porque era muy gracioso oirle pronunciar Höfn) basándose en que la efe con la ene es impronunciable y entonces ha de tener más sentido el ponerlas al revés. Lo triste es que nos acabó pegando el Jonfff para el resto del viaje. Según se lee en varios sitios la pronunciación correcta del nombre de ese lugar es algo así como Jepen. O sea, todos estábamos equivocados.

Tras una jornada deambulando por vastas extensiones desiertas y deshabitadas llegar a Höfn/Jofen/Jonff/Jepen es en cierto modo una especie de alivio. El pueblo está enclavado en una pequeña península que se adentra en el mar, rodeada de montañas nevadas y verdes colinas. Se vuelve a ver vida en forma de granjas, almacenes para aperos agrícolas, casas e incluso campos de fútbol. Y gente.

Höfn/Jofen/Jonff/Jepen es un pueblo de unos dos mil habitantes y la ciudad/pueblo/localidad más importante del sudeste islandés. Para que se hagan una idea de cómo funciona ese país. Es un lugar pequeño pero que dispone de todos los servicios básicos, una piscina bien maja y supermercados grandes y bien surtidos. La distribución de las casas es similar a la de Keflavik. Parece un pueblo de colonización o a medio hacer aunque en este caso el entorno es mucho pero que mucho más bonito.

Y encima hay camping. No es ni grande ni espectacular pero por un módico precio, este sí, uno puede dejar allí la autocaravana, enchufar la toma de corriente, conectarse al wifi e incluso ducharse. A lo de ducharse luego volveremos. Todo ello tras una de esas conversaciones con la amable recepcionista del camping a las que el bueno de Lemus nos tiene acostumbrados. Salvo que fue en inglés y lo que pongo en paréntesis no se dijo aunque lo podían estar pensando la cosa fue más o menos tal que así:

- Buenas tardes
- Buenas tardes 
- Mire usted, mis amigos y yo acabamos de llegar en autocaravana a Jonfff y estábamos pensando si sería buena idea estacionar el vehículo en el camping para pasar la noche
- ... (silencio de la recepcionista; cara de póker; 50% impostada, 50% pensando "¿este tío ha dicho Jonfff? ¿qué es eso?")
- Y bien...
- Pues que no, que no me parece muy buena idea (y como vuelvas a decir Jonfff te echo del pueblo)
- ...
- (Amplia risotada) Pues claro, hombre, esto es un camping y para eso estamos

Al final, gracias a las hábiles gestiones de Lemus, conseguimos no sólo estacionar el vehículo sino hasta wifi para los móviles creo recordar que pagando. Vamos, lo que todo hijo de vecino. Aparte de que cada vez que pasábamos por recepción las dos mozas se partiesen la caja al vernos. También nos dejaron usar las duchas, previo pago en un temporizador que daba paso al agua y desprendimiento de ropa interior que comenzaba a estar pegada cual papel de madalenas.



 Antes de la ducha fuimos a comprar al supermercado. En teoría cosas para desayunar y algo de comida. En la práctica compramos toneladas de Skyr y un kilo de bolitas de queso. 1000 g de bolitas de queso, 999 ISK. Contemplamos uno de los atardeceres más impresionantes que recuerdo en el que no se distinguía el cielo, de las montañas, el glaciar del mar. La estrecha franja de tierra sobre la que se asienta Höfn/Jofen/Jonff/Jepen tenía al frente la playa, el mar, una franja de montañas, más mar detrás de esas montañas, y el glaciar detrás de la segunda franja de mar. Una lasaña bastante interesante, bonita, bonita.

Volvemos al camping, nos duchamos y nos cambiamos para ir a cenar a un restaurante especializado en lobsters. Los lobsters (acepción cogida del inglés) son algo así como una mezcla entre cigalas y langostas. Tenemos que salir del camping para llegar al restaurante pero el atardecer que lleva más de hora y media arrojando unas estampas memorables nos obliga, más bien a Toño y a mí, a subir una pequeña loma situada frente al camping a contemplar el espectáculo. Hipnótico espectáculo.




Se nos va un buen cuarto de hora allí embobados y para cuando llegamos al restaurante ya no queda ningún sitio. Hace un frío que pela y sopla el viento aunque eso no impide que los críos sigan jugando en la calle y montando en bici. Algunos van tapados pero otros van en pantalones cortos y camiseta de manga corta. Nosotros con dos mangas largas y el chambergo. Intentamos cenar en una especie de hamburguesería pero también está hasta los topes así es que se decide volver a la autocaravana y cenar unos sandwichs de jamón york y queso y skyr. Con buena charrada de por medio, no es una mala cena. Y hay bolitas de queso para un regimiento.

Y así transcurre otra intensa jornada en Islandia. Nos espera una dura jornada al día siguiente, de hacer muchos kilómetros y con pocas cosas atractivas por ver o hacer. Bueno, o eso pensábamos porque Islandia depara sorpresas y tras dos días de ver parajes espectaculares estábamos a punto de pasar dos días de situaciones curiosas y entretenidas. De hecho, lo que quedaba de viaje iba a ser un no parar de situaciones surrealistas y divertidas. Pero eso ya será en el siguiente capítulo.

Próximo capítulo: Piscinas, ballenas, fiordos y las zagalas de Akureyri

lunes, 13 de octubre de 2014

Trail Guara Somontano 2014



Como ya he dicho en alguna ocasión, y si no este es un buen momento para hacerlo, mi capacidad para correr es escasa. Pese a que ya llevo unos años haciéndolo, y me gusta, nunca se me ha dado bien, de crío era torpe y descoordinado, y de hecho todavía lo soy aunque creo que en menor medida, y mi desempeño en cualquier tipo de actividad física o deportiva era por así decirlo mediocre. Si nos dejamos de eufemismos era malo como poca gente puede serlo. De los que eran elegidos en último lugar para hacer los equipos de fútbol o de los que no sabían subir por la cuerda o saltar el potro en clase de gimnasia y eso provocaba entrar en un círculo vicioso. Soy torpe y no sé hacer las cosas y como no sé hacer las cosas no lo intento y me vuelvo más torpe.

Eso por suerte cierto día se acabó y poco a poco el círculo vicioso fue girando en sentido inverso de manera que poco a poco fui siendo capaz de realizar cosas que en mi infancia hubiese considerado imposibles, más adelante me hubiesen parecido hazañas y ahora las considero simplemente factibles. Corro lento, pero corro.



La Ulta Trail Guara Somontano es una maravilla de carrera que tenemos en Alquézar, aquí mismo al lado de casa montada por gente del pueblo y de la redolada. Cuando comenzó su andadura simplemente me parecía algo totalmente inabarcable para el común de los mortales. Tal y como fueron añadiendo distancias más "pequeñas" y la gente del pueblo se animaba a participar fui considerando la posibilidad de hacerlo yo también alguna vez. Si a eso unimos mi dificultad para correr por asfalto ya que sufro especialmente y lo paso peor que corriendo por caminos, esta parecía una prueba que me podía ir bien.

Con estos antecedentes este año la gente se fue animando a participar y yo sólo esperé a que lo hiciese algún amigo por no hacerlo solo. En cuanto el Enano dijo que se apuntaba yo fui derecho a hacerlo. Después lo hicieron Jesús, Agus (que cedería su puesto a mi hermano Jose) y Lemus. Era una buena compañía para afrontar los 38 km por la sierra de Guara.

El verano pasó como suele ser habitual, con mucha piscina, mucha fiesta y poco entrenamiento. Aunque logré salir a correr y caminar lo justo como para llegar en unas mínimas condiciones a la línea de salida. Unos 400 km de caminarcorrer entre junio (cuando di por finalizada la temporada tuercepedal) y septiembre. Poca cosa.

Y allí estábamos, el sábado 4 de octubre a las 7 de la mañana descendiendo al pueblo desde la carretera donde tuvimos que aparcar. Mientras volteaban las campanas y estallaban los codetes, una ringlera de frontales serpenteando por las calles de Alquézar iluminadas de manera espectacular y destacando sobremanera la colegiata, indicaba la presencia de los valientes que se enfrentaban a los 102 km de titánica lucha contra sí mismos en el entorno de Guara.


Tres cuartos de hora más tarde se daba la salida para los que hacíamos la distancia corta. Entre medias, saludos y cambio de impresiones con muchos amigos y conocidos. Unos estaban allí para caminarcorrer, otros para animar. Lo que coincidía en todas y cada una de las miradas de esas personas era un brillo especial. Se trata de una prueba diferente. No sólo se necesita fondo y piernas. Se ponen en juego otra serie de valores como son el coraje y la cabeza. Muchos sabemos que nos vamos a ir a más de siete horas de esfuerzo, que se dice pronto, pero estamos impacientes por comenzar.

Tras una breve vuelta por las calles de Alquézar en la que somos animados por la gente que ya a esas horas está allí aplaudiendo la carrera enfila el descenso hacia el puente de Villacantal. Hemos salido lentos y los galgos de la carrera entre los que se encuentra Jose corren por la bajada, nosotros nos contentamos con trotar y no resbalar con las piedras. El paisaje es espectacular aunque la excitación del momento impide fijarse demasiado en el entorno. Unas chicas que luego se demostrará que corren, y mucho, bajan con excesiva prudencia, casi andando y a la que podemos las adelantamos. No es sencillo ya que la senda es estrecha y si no se es muy hábil se puede tropezar y caer terraplén abajo.

Jesús es el primero que consigue pasar. El Enano y Lemus también las adelantan y allí me quedo detrás de las mozas bajando a Villacantal. No tengo la habilidad como para adelantarlas y no es hasta que se dan cuenta de la situación y se echan a un lado para dejarme pasar que aumento la velocidad y consigo coger a Lemus casi en el puente. Desde allí toca subir y remontar lo que se ha bajado y ascender un poco más. Nos lo tomamos con calma y vamos chino chano a un ritmo no muy fuerte pero constante. 

Incluso en un determinado momento le pido a Lemus que baje un poco la intensidad ya que no se trata de salir a cazar a nadie. A Jesús me da que no lo pillaremos y al Enano hay que cogerlo poco a poco, tranquilidad. El terreno se abre y ante nosotros se alza una especie de pared de piedra por la que zigzagea la gente. Vemos al Enano en esa columna de gente, ya está ahí. Poco a poco lo cogeremos. Arriba de la pared le pillamos. Estos primeros kilómetros son tan bonitos como exigentes, corremos cuando podemos pero por lo general llevamos un buen rato subiendo y por momentos en terrenos algo complicados.

Hay alguna otra cuesta de piedra hasta que al fin coronamos el primer "puerto" del día. Desde ahí se divisa la carretera del San Caprasio de camino a Asque. Mi cabeza no puede evitar recordar que justo seis meses atrás en una de las curvas de esa traicionera carretera no me maté con la bici de milagro. De hecho me parece ver la curva exacta. A pesar de que no se rompió ningún hueso hace cuatro meses no era capaz de correr más de doscientos metros seguidos debido al meneo que se llevó la zona de la pelvis en el golpetazo. 

A finales de junio con mucho esfuerzo y más por cabezonería que por otra cosa completé la 10K de Barbastro. Engañándome a mí mismo y yendo toda la primera vuelta diciéndome que corría 5 km y paraba. Y apretando los dientes en la segunda vuelta y parando a caminar cuando me dolía demasiado. Pero terminando la carrera porque el Gurú dijo que pasados dos meses de aquello tenía que poder volver a correr.

Dejamos atrás la carretera y nos adentramos en el sendero que lleva a Asque. Es un tramo por fin descendente y nos lanzamos a la carrera. Me molesta la ingle y la zona de los isquios como desde hace seis meses cuando me pongo a correr pero qué importa. Cuando no pueda más pararé y caminaré. Y así llegamos al primer control de la carrera en Asque. Es el km 8. 1h 21'. Bebemos un poco de agua, comemos una barrita y seguimos el Enano, Lemus y yo de vuelta hacia Alquézar. Quedan unos 6 km hasta el siguiente control, vamos a correr mientras podamos.

Las piernas a ratos duelen más a ratos menos pero al ser camino lo que transitamos la sensación es llevadera. Comienzo a encontrarme cómodo en carrera, vamos encontrando nuestro sitio y la gente se va dispersando. Nos acercamos a las pasarelas, donde coincidimos otra vez con las chicas de la bajada a Villacantal que nos habían rebasado justo después de Asque mientras cambiábamos el agua al canario. Tienen vértigo y ahora también van muy lentas así es que de nuevo nos dejan pasar y así llegamos a la subida de escaleras hasta Alquézar que se hace bastante dura.

Llegamos al pueblo y alcanzamos el segundo control. Kilómetro 14. Parcial de 56'. Tiempo total de 2h 18'. Repostamos líquidos, comemos algo de plátano, bebemos una bebida isotónica y un pequeño bocadillo. Sacamos los bastones y enfilamos hacia Basacol. Antes de eso paro a quitar una china de la zapatilla, por un momento creo que la aspereza que siento en la planta del pie es una ampolla que se está formando y siento pavor hacia este hecho puesto que los 24 km restantes se pueden convertir en un infierno. Por suerte es una piedra y una vez sacada el pie vuelve a apoyar de forma cómoda. Ningún pero a las NB Leadville. Maravillosas.

La ruta asciende primero por una senda que discurre paralela a una especie de canalón de piedra. Es incómodo patear por allí, aunque las chicas con vértigo nos alcanzan corriendo y suben como sarrios. Ya no las veremos, su momento ha llegado y zumban que da gusto. Las torneadas piernas que gastaban no eran sólo de salir a caminar todos los días y ahora es cuando lo demuestran. En cambio nuestros ochenta, noventa o cien kilos de peso se mueven torpes en esas cuestas. Se va conformando un grupo de mardanos grandaces que sufrimos lo nuestro en esas tesituras junto a Juan el policía y una compañero de este.


Alcanzamos las balsas de Basacol, un lugar curioso en el que jamás había estado. Y continúa el ascenso camino de Quizáns. Vemos al Señor Ornitorrinco, simpar mamífero del Somontano, quien ya estaba en la salida animando y saludando al personal, haciendo fotos y repartiendo palabras de aliento en un tramo de escaleras particularmente difícil. No recuerdo muy bien qué hablamos pero al Enano, que va por detrás, le convence de que siga y no se dé media vuelta. Que para retirarse siempre habrá tiempo. Y el caso es que le arregla la mañana porque el Enano estaba en ese punto como para dar media vuelta y marchar cara Alquézar.


Más arriba al borde de un bosquecillo está Hugo, otro corredor y fotógrafo del pueblo. Resulta grato encontrar gente desperdigada animando. Un breve intercambio de palabras puede parecer insignificante pero aporta mucho en esos momentos. Me adentro en el bosquecillo, que más tarde se abre, con Lemus y allí nos zampamos un jarabe de magnesio. En ello estamos cuando nos alcanza el Enano. Intentamos seguir juntos pero se queda otra vez. La subida se hace más y más empinada haciéndose el uso de bastones una cuestión vital. El sol aprieta, hace calor. Estamos en las zonas más duras del recorrido y aquí cada uno tira como puede.

Coronamos Quizáns y llegamos a un control sorpresa. Parcial de 1h 11'. Tiempo total: 3h 29'. Lemus y yo hemos cogido una pequeña ventaja. El descenso es técnico, difícil pero Lemus se muestra nervioso y ansioso por salir corriendo. Le digo que espere ya que el camino no es propicio para ello pero sé que poco durará ya conmigo y que marchará trotando. Es normal, está más fuerte, no puedo retenerle y cuando dice que sale a trotar para desenganchar las piernas un poco soy consciente de que hasta aquí ha llegado nuestra aventura juntos y que ahora toca remar por separado. Gracias por la compañía, a ver si me alcanza el Enano.

Pero el Enano no viene. De hecho no viene nadie. Por un tramo bastante llano en el que intento trotar pero la cosa empieza a no estar para muchas florituras sólo me alcanza de vez en cuando algún participante de la marcha intermedia de 50 km. El resto es soledad absoluta. Así es que decido poner una marcheta caminando de 9-10'/km y a ver qué alcanzo por mis propios medios. Pensando que el Enano llegará por detrás, de esos pensamientos que se tienen cuando la cabeza no va muy lúcida.

Se acaba el llano y comienza un tramo bastante exigente de subida a la ermita de Viña. Seguramente sea peor el de Quizáns pero aquí hay menos fuerzas. Los bastones son más de media vida aquí y ahora, y por la cabeza van discurriendo imágenes de Nairo Quintana subiendo Vall Martello o de Nibali ascendiendo Pla d'Adet. O piensas en alguna zagala de buen ver que has visto en la salida y que debe estar ya en la meta gracias a las piernas fuertes y bonitas que gastaba. O en lo que sea. Porque si no, revientas. Haces una tramada de doscientos metros, paras, bebes, miras atrás. No viene nadie, y sigues. Te cae el sudor a chorro, piensas otra vez en la zagala de la salida. O en que eres Nairo subiendo el Stelvio.

Medio coronas, y ves la ermita allí al lado. Te acuerdas de que este verano ya has hecho esa ruta y de que ahora toca bordear durante 4 km hasta alcanzar Viña. Te duele todo, estás cansado. Ni se te ocurre ponerte a correr, pero puedes caminar y eso haces. Y tiras adelante. Después de 40 minutos viendo la ermita a menos de un kilómetro en línea recta logras llegar a ella. Punto de control del km 26, avituallamiento regentado por amables zagalas de Barbastro. Parcial de 1h 27'. Tiempo total: 4h 57'.

Como una barrita, un poco de plátano y un sobre de magnesio. Este es diferente al jarabe de antes, es pastoso y granuloso. Tiene un dulzor que empalaga. La cara de sorpresa que pongo al ingerirlo provoca la risa de un zagal que viene de la Long Trail. Bebo y relleno recipientes y me dispongo a marchar. Allá a lo lejos veo a Juan que llega al control, pero viene sin el Enano. Los hacía juntos así es que paro. Valoro la situación y doy media vuelta. Pregunto a Juan y me dice que el Enano se quedó hace rato, que no sabe dónde está. Así es que lo llamo por teléfono. Una me va y otra me viene. Tras comer y beber me parece haber recuperado fuerzas, quedan 12 km a meta y un buen trecho donde poder correr. De hecho me apetece trotar esa bajada pero por otro lado me jode dejar tirado al Enano.

Es el típico que acaba último todas las carreras, no porque sea el más lento sino porque siempre se queda a esperar a quien peor lo está pasando para ir a su ritmo. Y me jode que esta vez él se quede solo. No son 5 km, ni 10 ni 20. Llevamos 26 y nos quedan otros 12. Si tan fastidiado viene y encima yendo solo le puede petar la cabeza y terminar tirando la toalla y no quiero que eso ocurra. Le llamo por segunda vez y lo coge. Me confirma que va en la reserva y que le queda un kilómetro hasta el avituallamiento, y me dice que marche. Y unos cojones. Yo ahí me quedo.

Tras un buen rato aparece la enorme figura del Enano. Va jodido. Mientras bebe y come algo me dice que va agarrotado desde el km 14. Que ya no es que no pueda correr sino que a ratos tiene que parar porque le cuesta caminar pero que si las piernas no le llevan a meta le llevarán los cojones. Visto que ánimo no le falta reemprendemos la marcha chino chano. Nos quedan 12 km y algo menos de 4 horas para que cierren el control en meta, lo tenemos hecho para llegar. No vamos a batir ninguna marca pero vamos a terminar que para eso hemos venido.


El descenso a Radiquero es fastidiadete, con tramos de mucha piedra y donde los cuádriceps se quejan bastante. El Enano no puede ir a más de veintipico minutos el kilómetro durante algunos ratos. Voy delante marcando algo de ritmo y sé que lo estoy jodiendo porque a ratos voy más deprisa de lo que puede ir así es que no toca más remedio que parar y esperar. No voy a negar que más de una vez pienso que qué mierdas estoy haciendo ahí y cuando pasa una morenaza espectacular que viene de la marcha de 50 km me dan ganas de salir corriendo detrás de ella.

Pero tras un tramo de 2 km bastante técnico en el que pienso que no llegamos a meta, la senda se abre bastante hasta tornarse en un camino hecho y derecho. El Enano se rehace y ya caminamos en paralelo. Ya es más sencillo sacarle una conversación, algo que por lo general no cuesta ningún esfuerzo debido a su elevada locuacidad que se había visto aniquilada en el tramo de las piedras. Llegamos a Radiquero, punto kilométrico 32, avituallamiento. Parcial de 1h 45'. Tiempo total: 6h 42'.

Ole, ole y ole las zagalas del avituallamiento de Radiquero. Después de la bajada chino chano desde Viña la verdad es que no he bebido casi nada y cuando se me presenta la moza presta y dispuesta a rellenar los recipientes de agua me doy cuenta de que los botellines están llenos. Así se lo hago saber con un gesto de "otra vez será". Como parece que no se queda contenta decido apretarme un botellín más que por sed por darle faena a la amable muchacha quien ya se queda tranquila cuando logra realizar su cometido. Todos los voluntarios y voluntarias de esta carrera son una pasada.

Partimos hacia Alquézar, hacia los últimos 5 km de trail. Justo antes de entrar a Radiquero hemos recibido la llamada de Jose. La conversación más o menos es como sigue:

- Buenas, ¿dónde estáis?
- Pues entrando en Radiquero
- ¿En Radiquero ya?
- Bueno, querrás decir en Radiquero aún, ¿no? voy con el Enano y viene un tanto jodido. Vamos chino chano
- No, no. En Radiquero ya, está muy bien. De verdad


Luego nos cuenta que él ya está en casa, comido y duchado. Que ha hecho 4h 30' y que ha sido el tercero en su categoría de veteranos. Pero que mi hermano el Gurú me pregunte que si estoy en Radiquero ya cuando le hacía riéndose de lo mantas que somos... vaya, no recuerdo cuando fue la última vez que al respecto de alguna carrera dijese que lo habíamos hecho bien. Ni tan siquiera recuerdo si hubo una primera vez. ¡Se agradece!

Nos recomienda coger mucha agua para remojarnos bien en la subida entre Radiquero y Alquézar. Le digo que vamos muy despacio pero insiste. Pienso que no puede ser peor que pedalear en un puerto a mediodía pero no se lo digo. Seguramente al ritmo que él ha subido esas cuestas el calor debía ser insoportable pero tal y como lo hacemos el Enano y yo se hace mucho más llevadero.

Coronamos la última dificultad del día y ya tan sólo restan 2 km de bajada y entrar al pueblo. Se hacen largos, a pesar de que nos llama Agus para saber donde estamos. El jodido sale al encuentro y es la primera persona que vemos al entrar al pueblo por donde nos vamos encontrando a más y más gente. Con alguna hasta paramos a charrar. Hasta que enfilamos la calle paralela a meta y que hay que atravesar para doblar la esquina y encarar recta de meta.

Por esa esquina amanecen las dos crías del Enano y dos de mis sobrinas. Como son puro nervio nos cogen de la mano para salir corriendo hacia meta a pesar de mis esfuerzos por hacerles comprender que no podemos porque el Enano va que bastante hace con caminar. En estas que miro atrás porque este no viene y cual es mi sorpresa cuando me lo encuentro plantado en medio de la calle, grande como un mallo como es, sin moverse. Se nos ha emocionado y no es capaz de articular palabra. Con ayuda de las crías logramos moverlo y doblamos la esquina.

La recta es muy bonita. Está atestada de gente, comiendo en las terrazas de los restaurantes, la cual se gira a nuestro paso para aplaudir. El Enano va que no cabe en la camiseta y yo tan sólo sé levantar los bastones en señal de agradecimiento. Las crías a lo suyo que es intentar engañar a su padre y a su tío para correr hasta meta y no se dan cuenta realmente de lo que pasa a su alrededor. Cruzamos la meta, y nos vemos rodeados por gente que nos pregunta qué tal estamos. Venimos cascaos pero piensan que venimos mucho peor pues han dado noticia de una lipotimia en carrera, lo que no es nuestro caso por suerte. Parcial de 1h 09'. Tiempo final: 7h 51'.



Hemos llegado, mal que bien, pero hemos llegado. Es hora de contar las batallitas, de beber unas cervezas, de ver a la zagala que viste en la salida, de aplaudir al que llega primero de la Ultra de 102 km y al último de la Trail de 38 km y que como dictan las palabras de Kilian Jornet, ha debido de ganar porque entra en meta llorando. Es hora de pensar en el año que viene, de lo que vas a correr en esos tramos tan buenos que te has "perdido" para acompañar al Enano. Pero antes de eso piensas en que has llegado y en que lo que hace seis años te parecía imposible y hace seis meses difícil lo has hecho posible. Y te sientes en la gloria sudado y lleno de mierda de arriba a abajo bebiendo la cerveza que mejor te sabe en los últimos tiempos. Porque te la has ganado.

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