viernes, 7 de agosto de 2015

Fotos de la Naval-Tourmalet 2015

He aquí parte de las fotos que el pasado 6 de agosto tuve el placer de realizar en la primera edición (y esperemos que no última) de la Naval-Tourmalet. En posteriores entregas se contará todo lo relativo a esta, ya se puede denominar así, Clásica del grupo Tuercepedales.

Hace unos meses Nacho tuvo la genial idea de enlazar mediante marcha cicloturista su pueblo con la cima más mítica de los Pirineos, el Tourmalet. Para ello debía engañar a su familia, a unos cuantos amigos y a la familia de estos para llevar a cabo semejante locura. Por suerte los amigos de Nacho nunca hemos estado muy bien de la cabeza, de modo que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para engañarnos.

El 6 de agosto a las 6:30 de la mañana cuatro aventureros se dispusieron en la plaza de Naval a llevar a cabo el exigente recorrido. Para los libros de Historia quedarán los nombres de (de izquierda a derecha):
Nacho, el diesel navalés con motor Perkins, avanza lento pero avanza de manera indestructible; Abizanda, el friki enfermero serrablés de adopción, duro como un jabalí; Héctor, el queroseno navalés, el benjamín del grupo, mientras se aburre pedaleando otea cados de robellones, y Paco, el señor Ornitorrinco, veterano de mil batallas, nunca se rinde y cuando parece que va a hacerlo la cocacola le hace revivir.
La ruta, descomunal. Cerca de 130 km partiendo de la villa jamás conquistada hasta Sainte-Marie de Campan (el tramo entre Parzán y el final del túnel de Bielsa se neutraliza por no estar permitida la circulación de bicis a través del túnel). Una vez allí, el Infierno. La máquina de triturar carne humana se alza como última dificultad. Una especie de Monte del Destino en pleno Mordor a donde los pequeños hobbits navaleses deben acudir para demostrar su valía, dejando la Comarca y adentrándose en tierras extrañas acompañados de Trancos Abizanda y Gandalf Torrinco.

Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido.

Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha.

Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido.

En Aínsa tuvo lugar el primer refrigerio de la jornada. El sr Ornitorrinco poco habituado a este tipo de lifaras debía de pensar "dónde me he metido". Se descalzó y todo porque veía que la cosa iba para largo.

El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada.


Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente.

Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. 

En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km.

El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón.

He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte).
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.

En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida.

En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada.

La pareja de jóvenes navaleses avanzaba más atrasada y algo más atrancada. Sin embargo a Nacho todavía le quedaban fuerzas para embestir a los reporteros gráficos al grito de "¡Asesinos, dejad de retratar nuestro suplicio!"

Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet.

Por delante, Jordi, el mayor de los navaleses, avanzaba el primero de la marcha con cara sonriente y pedaleo alegre y ligero. Monsieur Tourmalet lo estaba envolviendo en su trampa aunque Jordi todavía lo desconocía.

Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición.
Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto...

... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver.

El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven.

Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas.

Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada.

Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna.

Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet...

... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%...

... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle...

... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar.

En La Mongie el motor de Héctor dijo basta. Mareos y calambres le hicieron parar con buen criterio. Para quien no lo sepa La Mongie es la estación invernal que se aprecia al fondo de la imagen, lejos de suponer un descanso en la subida otorga una puntilla tras la cual se han de afrontar los últimos y descomunalmente salvajes 3 km. De hecho los últimos 5 km tienen una pendiente media cercana al 9'5% de agonía interminable.
Nacho siguió a lo suyo en régimen de bajas revoluciones. Paco fue avistado en un bar a la entrada de La Mongie, de hecho llamó a los reporteros gráficos y estos acudieron al establecimiento hostelero asustados y pensando que iban a asistir a la retirada del marsupial más duro del Somontano. Nada más lejos de la realidad ya que se encontraba, dentro, sonriente con su querida cocacola. Una vez revitalizado siguió hacia delante.

Y a Jordi vino a visitarle el Tío del Mazo en plena travesía de La Mongie, lo encontramos a la salida de la estación bastante peor que cuando lo dejamos en las Galerías pero a pesar de ello continuó hacia arriba después de reponer líquidos. Llegó a la cima. 

He aquí un tío contento, un tío feliz completando la Naval-Tourmalet. Por un par de veces pensé que se bajaba de la bici. Y almorzando en Parzán pensé que se nos dormía con semejante parón aparte del tozolón que se pegó contra la puerta del restaurante y donde se tuvo que hacer algo de daño. Llegando al final del Tourmalet, cima custodiada por un gigante de hierro. Estos tíos sí que son gigantes.

El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera.

Nacho, otro tío feliz terminando su particular locura. "Nunca más, nunca más" declaró nada más cruzar la línea de meta. Esperemos que con el paso de los días reconsidere sus palabras. De no haber reventado en La Mongie, Héctor hubiera sido el tercer valiente en completar la marcha, sin embargo una parte de él llegó a cima con Motor Perkins Nachete ya que entre ambos se fueron haciendo la subida al igual que entre ambos prepararon buena parte de esta fenomenal locura denominada Naval-Tourmalet. Gracias por embescarnos en semejante aventura.

¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.

martes, 21 de julio de 2015

Una trail, dos verbenas y muchas cervezas

Una de las cosas malas de estos tiempos modernos en los que al correr lo llaman running es que a las carreras hay que apuntarse con mucha antelación. Tres, cuatro meses, medio año antes... al final se coge la costumbre y aun en las pruebas que no requieren de semejante predisposición uno va y se apunta recién comenzado el plazo de inscripción. 


Así uno se encuentra en embolados como el del pasado sábado en el que con un calor insoportable como el que viene haciendo desde hace muchos, muuuchos días, hay que ponerse a caminar correr por la sierra de la Carrodilla. Y lo que es peor, habiendo salido a correr cuatro días contados desde marzo. Pero contados. Cuando te apuntas en mayo lo ves todo muy fácil y auguras una cómoda transición entre la época de bici y la de correr, luego llegan los calores, las piscinas y las últimas semanas de junio y las primeras de julio te tocas los cojones a dos manos.

Las ganas de correr en la trail, las mismas que tirarse al río en pleno mes de diciembre pero por suerte estas cosas siempre salen adelante debido a toda la gente que tuvo la misma genial idea de torrarse una tarde de sábado del mes de julio. De camino a Estadilla uno va pensando qué puñetas está haciendo pero una vez llegados allí con Lemus, Morcate y el Enano pues ya ves que hay más zumbados de la cabeza y te parece hasta normal eso de ponerse a trepar barranquizos a treintaypico grados a la sombra. Pero la foto del Cuarteto de la Habana no engaña dice mucho de las ganas que había de correr. Lemus con su equipación de chepirunner se le ve motivado, el resto pasábamos por allí...


La salida es a las 8 de la tarde, y sigue haciendo mucho calor. No se nos ocurre mejor cosa que irnos a la barra del bar que hay frente al arco de meta y apretarnos una cerveza antes de salir ya que la hidratación es lo más importante en estos casos y es un elemento que no se debe descuidar. Así lo entiende algún otro veterano del CAB quien también se apreta su bebida isotónica de cebada antes de enfrentarse a la carrera larga, declarando que "yo hasta que no se haga de noche, no corro, sólo camino".

Nosotros a pesar de ir a la corta de 15 km y 500 m+ también llevamos esos pensamientos y como es bastante complicado que se nos haga de noche lo de correr va a ser poco y en las bajadas. Magda y su hermano Roberto se unen al cuarteto cervecil y juntos nos colocamos en la salida en nuestra posición natural. Los últimos.

Tras un breve descenso por las calles de Estadilla y un poco de correteo las cuestas hacen su aparición. En un segundo y tercer kilómetro de espanto el grupo se pone en fila de a uno y transita caminando por un estrecho sendero con exigente pendiente. Cuando da algo de tregua, trotamos. Cuando no, caminamos. Entre medias, sudamos. Pero de ese sudor denso que va cayendo a goterones a los pantalones y te los va dejando chupidos. Un horror. Segundo kilómetro, 11 minutos. Tercer kilómetro, 13... Recorrido majo y entretenido pero duro.

Enseguida empezamos a pasar a gente, es lo bueno de salir últimos. Lemus y Morcate han cogido su marcheta más adelante pero de momento aguantamos el Enano, Magda. Roberto y yo más o menos juntos. En uno de los descansos vamos trotando con Roberto y cuando nos damos cuenta dejamos atrás a los otros dos, valorando la situación decidimos seguir ya que Magda y el Enano van bien acompañados.

Yo iría más lento pero el caso es que Roberto me hace de liebre y quieras que no vas parando a caminar menos rato que si fuera solo y poco a poco vamos avanzando y cogiendo más gente. Tras una subida especialmente pesada donde se ve a alguna zagala al borde del vómito llegamos al avituallamiento del kilómetro 5. El vaso de aquarius entra entero de un trago. Como cuando se riega una maceta seca, no bebo más por no encharcar la tripa pero seguramente sea imposible ya que el cuerpo está soltando líquido a espuertas.

Desde allí al santuario de la Carrodilla hay una serie de toboganes, siempre con tendencia ascendente, que me van dando la puntilla. Le digo a Roberto que tire pero se niega diciendo que prefiere ir acompañado. Acompañado por un matraco al que le pesa la culera y no dice esta boca es mía, suda como un cerdo y chemeca soltando juramentos en las subidas, pero acompañado al fin y al cabo. Porque además de la culera me pesa la mochila con litro y medio de agua que llevo a la espalda por si acaso. Y es que hace mucho calor y toda precaución es buena pero la mochileta ahora está siendo un sufrimiento añadido.

Llegamos a la Carrodilla, trotando y caminando y allí vuelve a entrar otro aquarius de trago. Es el kilómetro 8, llevamos 1h 12', nos quedan 7 km de bajada y el sol se empieza a esconder. Vamos p'abajo.

La bajada va reactivando las patetas y aunque algunos tramos tienen demasiada pendiente la cosa va fluyendo, es posible que pueda llegar trotando a Estadilla. En el kilómetro 10 tercer avituallamiento y coca cola para el cuerpo esta vez más sosegada pues paro a charrar con un antiguo compañero de clase. Oye, que tú has venido a correr y el otro a trabajar, nos dice uno de sus compañeros de avituallamiento. La respuesta la de siempre, ganar ya no voy a ganar así es que como si quiero parar media hora.

La bajada va suavizando hasta que llegamos a una zona llana e incluso con ligera pendiente ascendente. Necesito parar, las piernas no me dan. Al menos ahora me queda resuello para ir charrando con Roberto y vamos contando historietas de la bici y demás. El paisaje se va abriendo y llegamos a otro barranco con el pueblo al fondo. La meta ya se ve cercana así es que continuamos la marcha, quedan unos tres kilómetros y echando cuentas hasta podemos bajar de las dos horas.

De hecho vamos bastante holgados para bajar y podría seguir caminando pero por lo que queda me fuerzo a seguir trotando aunque las lucetas rojas empiezan a encenderse. El pie izquierdo se empieza a cargar. Además una sensación como de atrancamiento en la zona de los cuadriceps y que me acompaña desde el sartenazo que me pegué el año pasado con la bici y que se hace más grande cuando paso una temporada larga haciendo sólo bici y sin salir a correr. Y unos conatos de calambres por las piernas fruto de la deshidratación tras haber sudado tanto.

Llegados a falta de un kilómetro paro porque estoy entrando en fase Muñeca de Famosa - Playmobil - Argamboy. Voy tieso. Y le digo a Roberto que nos vemos en meta y esta vez sí que hace caso. Caminando y hecho una braga llego a la última curva antes de enfilar recta de meta. Allí sentado en un banco está Juan Ramón "El Figura" que me pregunta que qué me pasa. Tranquilo, lo de siempre, calambres a tope, que si no paso una línea de meta hecho una porquería no es lo mismo. Por no quedar mal hago como que corro pero paso por meta con las patetas a punto de petar, como lo que soy, como un miembro de las Muñecas de Famosa. Al final, para la gente que le interesan estos datos, hago 1h 58'. Y ahora empieza la parte de la trail que se nos da bien: el tercer tiempo, la lifara, los tragos, las risas.

Tras una ducha acojonantemente buena (iba a poner reparadora pero por manido y gastado ese adjetivo seguido de la palabra ducha ya no nos dice nada) nos vamos al portal del Sol a cenar las sencillas pero contundentes viandas que nos ofrecen las gentes de Estadilla. En unas mesas largas dispuestas a tal efecto tiene lugar el convite que consta de primer plato, segundo y postre: Ensalada de pasta, longaniza y panceta a la brasa, y melocotón con vino. Una fantástica forma de recuperar fuerzas y que sirve además para que la gente se quede hasta el final de la prueba charrando mientras llegan los últimos participantes de la carrera larga.

Cerveza va, cerveza viene tiene lugar la entrega de trofeos a los ganadores y tras ella la verbena fin de fiesta que nos obliga a estar un buen rato más en la plaza compartiendo anécdotas y recuperando los líquidos perdidos en carrera. Pasadas las dos de la mañana se decide hacer un pensamiento y regresar al pueblo, ¿a casa, no? Cambiamos de verbena y nos vamos a la del barrio de San Fermín.

Continúan las rondas de zumo de cebada para equilibrar el balance electrolítico del organismo por una parte y para soportar impertérritos el espectáculo que nos ofrece la susodicha verbena. Lo de impertérritos es un decir ya que a los diez minutos nos descojonamos a más no poder del peculiar barrillo que se acumula en primera fila del público, justo bajo el escenario donde la orquesta actúa impasible, esta sí. No sólo no se desconcentran con los alegres bailes de las guapas cantantes sino que tampoco parecen perturbarse ante la escandalera protagonizada por ciertos parroquianos que han hecho demasiados viajes a la cisterna del poncho. Todo aquella persona que haya asistido a un par de verbenas de barrio de nuestro simpar pueblo sabrá a qué me estoy refiriendo así es que no hace falta entrar en más detalles ni hacer más leña del árbol caído.

Uno de los participantes de la trail larga, al ver el percal, se nos acerca y nos dice: "mirad, ese de la primera fila me ha pasado subiendo al Buñero". Lo debió de confundir con una de esas aves que vuelan por la Carrodilla porque por los movimientos espasmódicos que le provocaban la ingesta masiva de poncho y cerveza, el mencionado personaje de la primera fila parecía un buitre batiendo alas a punto de despegar. O un Walking Dead seco calatrido buscando amigos. En cualquier caso su memorable y sensual interpretación de Paquito el Chocolatero la guardaremos entre los recuerdos más bizarros del verano.

A eso de las cuatro se da por terminado el espectáculo y tanto el Enano y Morcate deciden marchar a casa a dormir, no así Lemus y yo que todavía tenemos un desarreglo de electrolitos bastante severo que decidimos atajar a base de Estrella Damm en los establecimientos pertinentes.

El final de la gastrotrail cervecil se hace un poco cuesta arriba pero con una buena hidratación y una dosis de gel de kebab pakistaní conseguimos terminar cuando comienza a amanecer. Al final de la jornada, 15 km recorridos, 500 m de desnivel positivo, 2 verbenas, ...titantas cervezas. Un buen entreno de cara a la trail de Guara. Quedan dos meses y medio y la mutación de tuercepedal a caminacorre ha comenzado, (si la calor lo permite) seguiremos informando.


domingo, 21 de junio de 2015

La Treparriscos 2015

Nota mental a tener en cuenta el año que viene: coger ropa de abrigo para el rato que transcurre entre la llegada a Sabiñánigo y la salida de la marcha. Porque por mucho que sea 20 de junio a las 6 de la mañana en la capital del Serrablo hace frío. No fresquete, no. Hace frío. Por más que te hayan explicado que allá arriba sólo tienen dos estaciones, el Invierno y la del tren, cometí la patochada de salir de casa a las 4:30 de la mañana en manga corta y bermudas.

Para cuando llegamos a Sabiñánigo el sol todavía no había salido a jugar y hacía un frío de mil pares de cojones. David y César, un cordobés residente en el Barranqué, abrigadetes con forro o al menos sudadera. Jesús se acuerda muy bien de los años que vivimos allá arriba mientras nuestro padre trabajaba en Sabi así es que instintivamente lleva un buen chaleco. Como yo era un mierda crío cuando bajamos al Barranqué y no me acuerdo de aquellos fríos veraniegos voy todo flamenco en manga corta.

De camino a buscar el dorsal todo el mundo va abrigado hasta con tabardos y chambergos a excepción de los voluntarios autóctonos de Invernalia que también van a pelo. Joder, yo también nací allá arriba pero me falta el gen serrablés de esos zagaletes, voy a morir congelado. Por suerte entramos un rato a una panadería a zampar unas palmeras y el rato de hacer cola entramos en calor. Pero cuando nos levantamos de la mesa que está en la calle aún no ha salido el sol y sigue haciendo frío.

David y César como se van a la Quebrantahuesos van tirando a cambiarse mientras con Jesús vamos al coche chino chano. Total si nos vamos a congelar que nos pille relajados... De camino vemos a algunos barbastros entre ellos a los señores Bestué y Ornitorrinco que bien abrigadetes van zampando un donuts de camino a buscar el dorsal. Cruzamos el pelotón que ya se encuentra tras la línea de salida y cuyos primeros integrantes llevan esperando desde las 6 de la mañana y mientras nos cambiamos en el coche llega el señor Abizanda y diversos personajes que nos piden hacer uso de la bomba de aire.

Entre ellos un Nairo Quintana en potencia que de la pura cara de susto que lleva porque tiene las ruedas sin presión le ayudamos a inflarlas con tan mala, o buena, suerte de que una de las válvulas revienta en el acto. Mejor allí que en plena marcha. Cambio de cámara y como le vuelve a entrar el temor por ir sin ninguna de recambio le damos una de las nuestras. Así cuando algún día lo veamos en el Tour siempre podremos decir que a Marcelo Patricio le dejamos una cámara en la QH.

Mientras dan el codetazo de salida a la QH nos dirigimos a la zona de salida de la Treparriscos en la que se advierte un ambiente muy diferente al que hay doscientos metros más allá. Aparte de que el sol ya levanta y el riesgo de congelación ha remitido lo cual da lugar a las bromas. Así como en la QH se ve demasiado "profesional" el pelotón de la Trepa lo conformamos un interesante "batallón de los torpes". Bicicletas de todos los pelajes, de montaña y carretera, con alforjas, gente con mochilas y con buenas curvas de la felicidad así como muchas zagaletas. En definitiva mucha gente que venimos a pasar la mañana para dar una vuelta sin sufrir en exceso.


Aparece un amiguete de Abi con el que rodamos los primeros kilómetros y con el que contamos hacer la marcha entera pero que por desgracia en la primera subida de la carretera de Latas rompe la cadena. De lo malo le ocurre el percance subiendo a poca velocidad y a dos km de la salida y todo queda en tener que darse media vuelta hacia casa. El resto continuamos la marcha por esa revirada y divertida carretera que discurre por Larrede, Orós Bajo y Orós Alto hasta desembocar en Biescas. Las vistas son preciosas y sólo hay que poner un pero.


Todo lo que tiene de bonita la carretera lo tiene de estrecha y descarnada por algunos momentos. En las innumerables bajadas a veces hay que rectificar trazada a causa de los baches y eso metido en un pelotón que no termina de estirarse acojona un poquito aunque por suerte llegamos a Biescas sanos y salvos después de echar la primera pichada del día.

Comentar que aparte del paisaje el recorrido está plagado de gente animando como no había visto en ninguna otra marcha. Pertrechados de pancartas, banderas y muchos cencerros montan una escandalera de cuidado. Gente autóctona del lugar y también muchos vascos que se van allí a pasar el día. Mucha criallería viendo la prueba y haciendo afición y a los que alentamos para que griten y montar aún más escandalera.

Al llegar a Biescas como buenos tuercepedales paramos a recibir los alimentos que con tanto cariño y esmero han preparado las gentes del lugar. Los zagaletes salen del puesto a repartir las viandas y las botellas de powerade azul. ¡Aquí también tienen pichaos de pitufo, a por ellos! Cae un bocadillete y unos filipinos bañados en su propio chocolate y una botella de orín pitufo mientras una zagaleta voluntaria se estozola contra la mesa del agua. Pero como es montañesa no se hace daño, o no lo dice, y sigue ahí repartiendo como si no hubiera mañana.

Cambiamos de carretera para abandonar el valle de Tena y cruzar hacia el Sobrarbe a través del puerto de Cotefablo. Las vistas siguen siendo espectaculares lo que unido a los suaves porcentajes iniciales nos llevan a pedalear con alegría aunque al llegar a Gavín la cosa comienza a complicarse. Pasado el túnel, sin luz y en el que como haya algún obstáculo en el suelo te puedes meter una nata de cuidado, comienza una serie de sube bajas con pendientes discontinuas que no me sientan nada bien y dejo marchar a Jesús, Abi y un mozo ataviado del Reynolds hacia delante porque no cojo el ritmo. Y además vuelvo a tener ganas de mear.

Rara vez necesito orinar cuando voy en bici y dicen que bebo poca agua mientras pedaleo. Parece como si almacenara el agua antes de salir de casa igual que un camello o un dromedario y al regresar repostase lo gastado al sudar pero aparte de eso, lo de mear muy rara vez. Y en escasos 30 km ya es la segunda meada que puede caer, la única explicación que encuentro es que he cogido frío por la mañana y la vejiga se ha quedado encogida. El caso es que llego al tramo duro del puerto y entre que me fastidia parar en una de esas rampas y que hay bastante gente animando no encuentro el lugar donde evacuar aguas menores.

Un grupo de mozos y mozas están ahí de cachondeo animando con una bota de vino dispuesta para quien quiera beber. Me entra la risa por no llorar, si ya me estoy pichando como le eche un tiento a la bota eso puede ser escandaloso, luego me entero de que Jesús sí que ha parado a echar un trago. Tras tres kilómetros a cerca del 8% coronamos y pasamos otro túnel para llegar al avituallamiento y desde el que se aprecia un muy bonito descenso.

Tras orinar y repostar la correspondiente dosis de powerade azul nos vamos hacia Broto en la bajada de puerto más chula que recuerdo. La carretera está impecable y serpentea con algunas curvas de paellera que dejan ver los tramos inferiores con más cicloturistas bajando hacia el valle donde aguarda Broto encajonado entre las montañas. Y entre medias más pueblecicos como Fragen o Linás donde la gente aplaude y agita los cencerros al paso.

Pasado Broto esperan Jesús y Abi charrando con los comisarios UCI del lugar intercambiando sabiduría popular e imperecedera y cuando llego continuamos la marcha hacia Fiscal. Poco después de salir del pueblo alcanzamos un grupo de barranquistas que se dirigen caminando en fila india por la carretera al barranco del Furco según nos aseguran cuando les preguntamos si van allí. Alguno dice que ahora mismo nos cambiaba la bici por el barranco... ¡Ay zagal, viendo la moza en bikini que llevas delante pronto haríamos trato! así es que para no hacernos daño continuamos cara a Fiscal guardando en el recuerdo el dulce contoneo de caderas de la guapa barranquista.

El tramo hacia Fiscal transcurre por una carretera quebrada pero en excelente estado y donde no pega el sol y hace hasta fresco. En Planduviar comenta Abi que alguno de Sabiñánigo se había planteado la posibilidad de plantar en los Llanos un tenderete para hacer brasada. Si para el año que viene prospera la idea no duden que pararemos a hacer aprecio.  

En Fiscal nuevo avituallamiento frente al Jabalí Blanco justo antes de comenzar la subida que nos devolverá al Serrablo. Nueva demostración de buen hacer de las gentes del lugar ofreciendo bebida y comida y tras hacer buen acopio de fuerzas acometemos la última dificultad seria del día que curiosamente no está catalogada ni como puerto ni nada. No ya sólo por la red de carreteras del Estado sino tampoco por la propia marcha cicloturista.

No estaría de más poner en lo alto un cartel, un monolito, o cuanto menos tipificarlo como tal en el perfil de la Treparriscos. Puerto del túnel de Petralba o Puerto de Petralba o Puerto de la Zagala que iba al barranco del Furco o un algo por el estilo. Que más de tres kilómetros al 8% y otros tantos a porcentajes más sosegados pero en claro ascenso en mi pueblo se llama "puerto de montaña".

Abi marcha por delante a su ritmo y Jesús va completando su particular calvario enumerando en cuenta regresiva cada cien metros lo que resta de tramo al 8%. No se hace tan duro el porcentaje como el que al ser una vía de nueva construcción la tramada es recta y sin gracia, sin ninguna curva que engañe a la mente y en la que no se ve jamás el final. Pero el final siempre llega y este no es otro que el túnel de Petralba en el que durante casi 3 km se rueda con bastante fresco y en continuo ascenso en una interminable recta que al final se acaba pero que se hace larga y pestosa de cojones.

Desde allí pronunciado descenso hacia Yebra de Basa con las tripas reguleras y Abi esmelicado ante tal circunstancia y debido a la conversación mantenida que por decoro y respeto a los sufridos lectores de esta suerte de blog no voy a reproducir. Y al final llaneo con el viento de cara durante los últimos diez kilómetros en los que Jesús agarra una grupeta por delante mientras Abi y yo nos dedicamos a llevar a rueda a dos gallegos que nos agradecen el trabajo hecho al llegar a Sabiñánigo.

La entrada al pueblo es espectacular con un montón de gente echada a la calle para animar al paso del pelotón. Como si fueran Fiestas. Y al final llegamos a meta en algo menos de 4 h 30'  pocos minutos antes de que lo hagan los primeros de la QH. Tras una ducha la merecida comida en la carpa dispuesta a tal efecto en la zona de meta. Buena fideuá con ternasco teniendo en cuenta que cocinar para más de diez mil personas no permite hacer florituras.

Como Jesús tiene que marchar a casa a cumplir con sus deberes paternos nos quedamos Abi y yo mano a mano echando cervezas y dando vueltas por la espectacular feria del corredor y que no se parece a nada de lo visto hasta la fecha. En todo caso la de Behobia pero esta de Sabi está mejor montada y con más puestos. Mientras esperamos la llegada de David y César seguimos echando cervezas y charrando con la gente que encontramos por la carpa, entre ellos una pareja de elgoibartarras que también han hecho la Treparriscos y con los que comentamos el peligroso devenir del mundo de la bici y del caminarcorrer. 

El cómo desde que el correr se llama running y los ciclistas son bikers esto se va a la puta mierda. Y nos cuentan cómo se han prostituido las marchas domingueras por las montañas de su pueblo, las de toda la vida de los abuelos, y que la gente se toma como entrenamiento saliendo a correrlas y vacilando de marcas. Y rajando con la retranca que gastan por esas tierras de esa filosofía de vida que tanto ellos como nosotros no compartimos. David da señales de vida así es que alegres nos despedimos con un apretón de manos comprobando que no somos los únicos en este mundo de carreretas y lifaras y que no todo está perdido. Pequeños grupúsculos de galos tuercepedales resistimos al invasor romano biker-runner.

Otra vuelta por la feria con capazos y charradas varias y al final después de un largo día a las 7 de la tarde regreso a casa. Con David y César contentos por haber llegado a meta en unos tiempos muy dignos y sin ningún percance y sin haber podido ver al resto de Tuercepedales que participaban en la QH al ser una prueba tan mastodóntica y en la que no hace más que pasar gente por la línea de meta en un chorro continuo desde las dos de la tarde. Luego sabremos que Juanlu y Pablo llegaron a su ritmo diesel, cansados pero contentos, mientras dábamos vueltas por la feria. 

Un muy buen día con muchas risas, a ver si al año que viene la expedición es algo más numerosa, me abrigo por la mañana, en Planduviar dan brasada y en Broto nos volvemos a encontrar con la zagala que iba al barranco del Furco. Por pedir que no quede.


lunes, 15 de junio de 2015

El 5000 de San Ramón

Hace 25 años en el atletismo se consideraba la prueba de los 5000 m como una prueba de fondo y larga distancia. Ni qué decir tiene del 10000 m o del Maratón, distancias que estaban destinadas a los fondistas más reputados por un lado y a los que se habían pasado de vueltas por el otro. Lo de pasarse de vueltas en el sentido literal y en el figurado ya que no olvidemos que para disputar un 10000 m en unas pistas de atletismo, de esas que había en nuestro pueblo hace tanto tiempo que la gente ya se olvida de que el atletismo es mucho más que correr, hay que dar 25 vueltas. Que se dice pronto.


Pues eso, el 5000 era aquella prueba a medio camino donde se citaba lo mejorcito del fondo y el mediofondo y donde se recuerda alguna batalla memorable entre Bekele y El Guerrouj. Ahora el 5000 se ha convertido en 5K y es la mitad del 10K, distancia que para mucha gente es un paseo de cuarenta minutos escasos, por lo que presentarse en la línea de salida y anunciar a la gente que vas a participar en la distancia de los 5000 metros y que tu objetivo es acabar tranquilo en media hora provoca miradas de profundo asombro. Da igual que les digas que no corres desde marzo, que te has dedicado todos estos meses a salir en bicicleta (¿en biciqué? eso es para flojos) o que el miércoles haciendo un entreno de tres cuartos de hora ¿corriendo? casi echas las tripas y las patas te dolían más que subiendo el Tourmalet (¿el Tourmaqué?). Y que por supuesto desde el miércoles todavía llevas las patetas como Robocop o como un clic de Playmobil.

Y allí estamos esperando a que den la salida del 10K y 5K de San Ramón, mi hermano Jesús y yo, rodeados de unos doscientos incautos e incautas que no tenemos otra cosa que hacer un sábado a las diez de la noche que correr bajo una buena tronada. Y muchos pagando porque los del club estamos destartaladicos de la cabeza pero al menos nos sale gratis la inscripción. Esto de correr con lluvia es aparatoso al principio, pero sólo los dos primeros minutos desde que sales de casa y llegas al mogollón de la salida donde ya compruebas que hay más perturbados como tú refugiados bajo los porches de la zona. Están Lucía, Pako, el sr Ornitorrinco, el sr Bestué y señora, Julio, José Luis, Pepito, Héctor, Magda... Vas charrando con todos y te das cuenta de que el sufrimiento al menos va a ser compartido.

Pero en cuanto se da el pistoletazo de salida y pasa el primer minuto el correr bajo la lluvia, en junio, se convierte en una juerga. Por no hablar de que se suda más bien poco y la sensación de calor agobiante de otros años desaparece por completo. Por un laberíntico recorrido vamos transitando Jesús y yo sin reloj y al ritmo que nos sale en cada momento. La diferencia con la salida del miércoles es total y disfrutamos como enanos. Incluso nos permitimos adelantar gente e ir pisando charcos al grito de ¡Charquera!. Hasta las zagalas del club con las que rodamos un buen rato se apuntan a la juerga y van gritando en la siguiente ¡charquera!

El público es más bien escaso, no les culpo con la que estaba cayendo, aunque sí es bastante animoso. Son cosas de agradecer toparse a Agus animando desde el balcón, al MasterChess David apostado frente al Boston, a gente que agita cencerros desde las ventanas de casa o pega chapazos a una cacerola o grita tu nombre como si le fuera la vida en ello. Porque contribuyen de manera muy notable al ambientillo de fiesta que debe reinar en todo este tipo de eventos más allá de la competitividad o las marcas. Al margen de la gente animando nos vamos cruzando con los voluntarios del club que el sábado se ganaron el cielo que se nos caía sobre las cabezas (y alguno hasta una buena galipandria con la chipiada que llevaba encima de plantón en algún cruce). Un aplauso para tod@s ell@s.

Pasado el kilómetro 4 me salta el fusible del pie izquierdo que chemeca cuando el ritmo es demasiado elevado o directamente en este tipo de eventos en los que salta pues porque sí. En otros tiempos la ristra de juramentos hubiera sido elevada pero como enfadarse no sirve para nada nos ponemos a caminar. Si no se pasa llevamos dineros para parar en algún bar a echar una caña y santas pascuas. Por fortuna Lucia, Magda y demás zagalas del club que conforman la grupeta con la que hemos rodado un rato vienen por detrás y nos animan a continuar corriendo aparte de que Miky el de la Brilen que está controlando un cruce poco menos que nos insulta (pero con cariño) por parar a caminar.

Así es que proseguimos con el fusible a medio arreglar y nos despedimos de las chicas que se van a dar otra vuelta. La gente apostada en la curva donde se gira a meta nos dice que continuemos otra vuelta más. Que cómo es eso que las mozas den dos vueltas y nosotros sólo una. Joder, como si 5 kilómetros fueran una tontería. Que estas mozas son unas jabatas pero nosotros ya nos hemos ganado la cena.

Y así llegamos, en algo menos de 27 minutos. Para mí dadas las circunstancias me puedo dar con un canto en los dientes. Me veía transitando a ritmo tropical y para ello había requerido los servicios de Héctor que iba a hacer de liebre a una compañera de trabajo que debutaba en la distancia. Y no sólo fui algo más rápido sino que sobre todo me lo pase en grande, como en aquellos crosses con diez o doce años en los que llovía y entre barderas y charcos uno disfrutaba lo que no está en los escritos.

Y con una buena recompensa en meta consistente en longaniza y cerveza. En resumidas cuentas una buena trotada que pintaba bastante mal y en la que no se sabe muy bien cómo terminamos apuntados a última hora pero en la que disfrutamos como enanos.


jueves, 11 de junio de 2015

Ciclismo ficción

Como ya se ha mencionado en este blog en más de una ocasión, existen ciertas aplicaciones en internet que permiten visualizar rutas por carretera y que al mismo tiempo que contabilizan los kilómetros resultantes obtienen las altimetrías de una manera muy aproximada a la realidad.

La del sitio cronoescalada.com riza el rizo de todo lo visto hasta la fecha ya que además de permitir ver el perfil de la altimetría en tiempo real al mismo tiempo que la ruta avanza -otras aplicaciones sólo sacan el perfil una vez terminada la ruta- también tiene unas opciones bastante vistosas a la hora de crear nuestros perfiles con plantillas de las grandes vueltas, de manera rápida y bastante sencilla.

Estos días de lluvia vespertina he aprovechado ratos para sacar alguna ruta que rondaba por la cabeza. Siempre se ha comentado que la cara sur del macizo pirenaico no da para montar una etapa al estilo Tour de Francia como se puede montar en la cara norte. Y esta cara norte de los Pirineos a su vez no es comparable con las emboscadas que se pueden liar en los Alpes o en los Dolomitas. Echando mano del ciclismo ficción me dispongo a desmentir parte de esas aseveraciones. En nuestra provincia se podría organizar alguna etapa con mucha traca y con desniveles acumulados muy considerables. Y echando a volar la imaginación y con la mediación del MOPU ya hasta se podría desencadenar el mismísimo Infierno. Los desniveles aportados son los resultantes de quitar un 10% a los que salen en cronoescalada.com y que tras hacer algunas pruebas es el error que suele dar la aplicación. Vamos allá.


La posible. Alquézar-Aínsa. 250 km, +4500 m


Esta etapa transcurriría en principio por carreteras transitables hoy por hoy y en estado más o menos decente salvo un pequeño tramo que como veremos sería cuestión de tocar en la puerta adecuada para que lo adecentasen. Partiendo de la plaza de Alquézar, un sitio vistoso y que vende, la carrera se dirigiría hacia Aguas por Morrano. Una vez alcanzadas las faldas del tozal de Guara, vuelta al Somontano por Angüés, Abiego y Adahuesca. Unos kilómetros de sube y baja pero sin grandes cotas para que se formara la escapada del día.

Tras un sprint especial en Barbastro, los ciclistas subirían por la carretera de Hoz hacia Naval. Ascenso al alto del Pino y descenso por Abizanda hacia el El Grado para encarar el alto de Torreciudad. Con la buena publicidad que podrían ofrecer unas buenas tomas de helicóptero de toda esa zona, seguro que los dueños del monasterio allí presente podrían ayudar a adecentar los últimos kilómetros de subida. Y si no pues subida en sterrato (y la bajada a La Puebla también) que en el Giro los pasan por sitios peores, lo visten de épica y todos contentos.

Desde Graus se ascendería el alto de Panillo y por Troncedo la carrera iría a a buscar el cruce de Ligüerre para por Olsón y Las Bellostas llegar a medio puerto del Serrablo. Allí sólo restaría un rápido descenso hacia Aínsa para terminar en la plaza mayor con las últimas rampas para dilucidar al ganador, si es que no se plantaba allí solo después de 250 km de sube baja y muchos metros de desnivel acumulados en las piernas.





La complicada. Barbastro-Tella. 225 km, +5300 m


A la etapa anterior se le quitan los primeros 85 km de vuelta por Guara y comenzando en Barbastro se hacen los restantes 165 km de la misma manera. Una vez llegados a Aínsa es cuando comienza el ciclismo ficción.


El pelotón se dirigiría por Escalona hacia el cañón de Añisclo. Obviando la estrechez de la carretera, su estado, su ubicación en un Parque Nacional... hemos dicho que esto es ciclismo ficción y por otra parte en la Vuelta se han visto cosas peores.


Tras coronar en el cruce de Vío, la carrera bajaría por Buerba otra vez hacia Aínsa para esta vez encaminarse hacia el dolmen de Tella. De nuevo nos encontramos con una carretera que muy dificilmente podría albergar una prueba de este tipo pero por imaginar que no quede. Las pendientes de este puerto son dignas de al menos ser mencionadas y en la Vuelta cosas mucho pero que mucho peores se han hecho.




La muy complicada. Barbastro-Presa de Llauset. 257 km, +5600 m


Comenzaría en Barbastro y a través de Hoz y Coscojuela el pelotón llegaría a la base del alto de Torreciudad por donde cruzaría a Graus. Desde allí ascenso por Panillo, un elemento básico en todas estas etapas, y vuelta por Olsón hacia Las Bellostas. Descenso hacia Aínsa y subida a Campo atravesando el puerto de Foradada en uno de los dos tramos de la etapa en donde un pelotón podría trabajar. El resto transita por carreteras ratoneras. 

Desde Campo, carretera en ligero ascenso hacia Castejón de Sos y desde allí subida al Col de Fadas para cruzar a la nacional que se dirige a Viella. El destino, el cruce al pequeño pueblo de Aneto desde donde parte la carretera a la presa de Llauset y cuyo ascenso, por porcentaje, es un pequeño Tourmalet. Son 17 km al 6,5% y los últimos seis kilómetros no bajan del 7,5% coronando a más de 2000 m de altitud. Es un señor puerto con una serie de particularidades que harían complicada su inclusión en una etapa.

Al parecer, y según explican diversos cicloturistas que lo han ascendido, su carretera está descarnada en muchos tramos siendo los mejores aquellos que se encuentran a cubierto en los túneles, alguno de ellos bastante largo. Y arriba aparte de una pequeña presa para aprovechamiento hidroeléctrico debe haber una pequeña explanada y poca cosa más. En nuestro ciclismo ficción los ciclistas una vez llegados a meta serían trasladados en helicóptero hacia Benasque donde se instalaría el podio y demás historias.



La entelequia (según la 2ª definición del diccionario de la RAE) . Alquézar-Cerler. 258 km, +6200 m


Esta hipótesis también necesita de dosis de imaginación bastante altas. Más o menos hasta la mitad de la etapa discurriría la tónica habitual planteada en las tres anteriores. Otra vez se saldría desde Alquézar aunque esta vez en dirección a Colungo y el San Caprasio para enlazar con Eripol y bajar por Lamata hacia Abizanda. Nuevo ascenso por Abizanda para a través de Naval y El Grado ir a buscar el alto de Torreciudad.

Hasta ahora nada nuevo que no se haya visto antes. Unos parcheados por aquí, un reasfaltado por allá. Una vez llegados a Graus ascenso a Panillo el cual se convierte en eje fundamental de todas estas rutas. Desde allí travesía por La Fueva para llegar a Aínsa esta vez a través de la carretera de San Vitorián y Los Molinos, ratonera como pocas.

De Aínsa hasta Plan tramo en continuo ascenso y una vez llegados al final de la carretera comienza la ficción de verdad. ¿Qué pasaría si el puerto de Chía se asfaltara? Pues que aparte de unir por carretera el valle de Benasque con el de Gistau surgiría un coloso con el que dinamitar cualquier pelotón. Tras descenderlo y pasar por Ramastué la última dificultad llegaría en Cerler. Un puerto no excesivamente duro y con descansillos pero en el que las pasaría canutas el más pintado después de semejante castigo previo en las piernas. 




La etapa homenaje. Sabiñánigo-Cerler. 232 km, +6100 m


Para terminar, la etapa que serviría de homenaje y promoción a las dos grandes marchas cicloturistas de la provincia enlazando parte de ambos recorridos. Como la Quebrantahuesos discurre en gran parte por Francia se ha echado mano de su hermana pequeña y como llegar hasta Graus suponía un gran rodeo se han escogido cuatro de los cinco altos de la Puertos.

Partiendo de Sabiñánigo se harían los 40 primeros kilómetros de la Treparriscos para posteriormente cruzar hasta Aínsa a través de Fanlo y Buerba. Lugares por los que se rumorea que ha de surgir una nueva marcha cicloturista relacionada con la QH. Al tiempo.

Desde Aínsa se cruzaría hasta Campo a través de la carretera de Los Molinos y Foradada. Acto seguido se afrontarían unos 60 km de la marcha cicloturista Puertos de la Ribagorza ascendiendo Serrate, Bonansa, Espina y Fadas para llegar a Castejón de Sos.

Una vez en Castejón rodeo por Ramastué para llegar a Benasque y afrontar la subida hasta el Ampriú y llegar a meta.




Comentar que como se puede observar algunos puertos no coinciden en cuanto a porcentaje de una etapa a otra, depende un poco de donde se coge el principio y el final y como ya se ha comentado la aplicación no es precisa al 100%. Todas estas etapas son conjeturas e ilusiones. Algunas bastante posibles de realizar y en muchos casos, pura fantasía surgida durante una semana repleta de tardes lluviosas. Pero ahí están los recorridos y seguro que hay más, muchos más que merecen ser tenidos en cuenta. 

Se esperan comentarios al respecto de los apreciados lectores a ver si entre todos podemos montar una verdadera Vuelta a Huesca.


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