lunes, 28 de septiembre de 2015

Pitera Sagan se pone farruco


Peter Sagan es un ciclista eslovaco que de tanto tiempo que lleva dando guerra parece que tenga ya cincuenta tacos pero sólo tiene la mitad. Para la gente que no sigue el ciclismo es ese tipo que de vez en cuando le da la venada y llega en algún final en alto del Tour de Francia haciendo caballito con la bici. 


O aquel enfermo que en el podio de la E3 Harelbeke le tocó el pandero a una de las rubias azafatas. 


O ese que un año que le dio por ganar etapas en el Tour, y no llegar segundo, lo celebraba haciendo que corría como Forrest Gump, gesticulando como el Increíble Hulk o, en definitiva, haciendo alguna sobrada de pirado.


Para la gente que nos gusta el ciclismo también es conocido por ser el más habilidoso del pelotón, por ser un tipo diferente con un carácter entre chulo y rural, y porque de veinte etapas de una gran ronda puede terminar entre los tres primeros en ocho de ellas combinando las más diversas disciplinas. No es especialista en nada y es genial en todo. Pero es de los ciclistas que se ganan con creces el sueldo, disfrutando y haciendo disfrutar al personal


Después de clavarse un Tour de Francia memorable consiguiendo el maillot verde de la regularidad sin ganar ninguna etapa pero haciendo entre los cuatro primeros en diez etapas, ¡en diez!, haciendo una verdadera demostración de profesionalidad encima de la bicicleta, apareció por la Vuelta a España y por fin rascó etapa en una grande en este año 2015.

En la entrevista que le hicieron los de TVE le preguntaron que si ya que estaba en buena forma pensaba en ganar el maillot verde. El eslovaco puso una cara mezcla entre "este tío es gilipollas y hombre no me toques los cojones". Con su carácter rural le contestó que sí, que estaba pensando en ganar el maillot verde, pero el del Tour de 2016. Muy somarda. Otra respuesta no se merecían teniendo en cuenta que el maillot de la regularidad de la Vuelta no es verde y su color lo dicta el patrocinador de turno de cada año y encima la clasificación está ideada para que llegue con opciones hasta el último día Purito Rodríguez. Lo cual es directamente un insulto a todo lo que representa el maillot verde del Tour.

Al bueno de Sagan se lo llevaron por delante un par de etapas después a pocos kilómetros de meta. Una moto de la organización que no se dignó a parar a socorrer al herido y salió como una fuina hacia delante. El joven eslovaco la emprendió a golpes con todo. Con la bici, con el coche de asistencia, con el coche del médico. Probablemente le hubiera salido más a cuenta emprenderla a golpes con el señor director de carrera, el señor Guillén. Le hubieran multado igual pero se la hubiéramos pagado a escote entre unos cuantos para los que la última Vuelta ha supuesto una tortura por mala, infumable, peor ofrecida por televisión y rematadamente peor gestionada por sus mandamases. Lo que viene siendo una auténtica basura.


El pobre Sagan había pasado de la gloria de los campos Eliseos ganando el verde en París después de una serie de machadas apoteósicas a ser multado en la Vuelta por emprenderla a patadas con todo lo que encontró después de ser embestido por un imbécil. Reacción que hubiéramos tenido unos cuantos. Unos cuantos al menos de los seres asalvajados que frecuentan este engendro de blog. El pobre chaval no tuvo más remedio que poner fin a ese sindiós y marcharse a su casa donde sanó de sus heridas y, sobre todo, no tuvo que aguantar más estupideces made in Spain, ni subir todos y cada uno de esos diez finales en alto inéditos y que no eran sino, en muchos casos, caminos infernales que no frecuentan ni las cabras por feos y empinados.


El caso es que llegó el Mundial de fondo en carretera y hete aquí que Pitera Sagan consiguió uno de los mayores logros a los que puede aspirar un ciclista profesional. De los que se reían de él por ser el eterno segundón, de los que lo vilipendiaron hace un mes a causa de la caída poco menos que provocada por alguna maniobra extraña suya según profirieron algunas fauces de juntaletras. De todos ellos se descojonó en recta de meta, entrando como sólo un tío como él puede hacer. Ni llantos, ni gritos de rabia, ni gestos crispados. Una media sonrisa y unos gestos de negación y otra vez la sensación de estar pensando "hombre no me jodas".


Bici al suelo, casco y gafas para la afición, saludos a todos los que iban llegando detrás de él, caballito montado de nuevo en bici yendo a la zona de podio y morreo con refrote con la novieta. 


Le faltó mirar a cámara y gritar un "Guillén t'ajodan" pero eso ya hubiera sido el acabose.





miércoles, 16 de septiembre de 2015

Aquellos torneos de Fiestas...

Tras el preceptivo descanso veraniego, este humilde blog vuelve a ofrecer alguna que otra historieta para todos aquellos incautos que tengan a bien pasar a leerlo. Como el verano tampoco es que haya sido muy productivo en cuanto a práctica deportiva propia (ya habrá tiempo de rememorar el fantabuloso entrenamiento realizado todos estos meses de cara a la cita en Guara dentro de dos semanas) habrá que tirar de archivo y aprovechando que aún tenemos recientes las Fiestas del Barranqué y se está jugando el Eurobasket de tiones, vamos a recordar aquellos maravillosos torneos de baloncesto que algunos tuvimos la suerte de contemplar cuando éramos unos críos.


Año 1988. En esta ocasión son de la partida el Magia Huesca, el Barça y la Selección Yugoslava. 

El Magia, nuevamente con su plantilla compuesta por Granger Hall, Brian Jackson, Pagés, Alocén...  Aquellos equipos de los '80 y '90 si algo bueno tenían era la permanencia de los jugadores en las plantillas. Uno podía recitar los quintetos de memoria, los jugadores se implicaban con sus equipos y al revés. Eran como de casa. De hecho Granger Hall se casó con una chica de Almudévar después de estar seis temporadas en Huesqueta. Sin embargo en estos tiempos estar seis años en un equipo, y más de baloncesto donde se estilan mucho los contratos de "temporeros", se antoja complicado.

Estaban entrenados por Iñaki Iriarte, un histórico de los banquillos de la ACB.

El Barça, con Quim Costa (actual entrenador del Peñas), Chicho Sibilio, Trumbo, Santi Abad, Xavi Crespo y Audie Norris... Entrenados por Don Alejandro García Reneses. Entrenador a quien la Historia (como a Butragueño con las copas de Europa) le debe una final olímpica. La de 2008 los señores del COI y la FIBA tuvieron a bien sisársela vílmente con nocturnidad y alevosía. A estas alturas de la película difícil será que se la devuelvan.

Aquel Barça era el predecesor del equipo que se iba a estrellar año sí y año también en la Final Four contra los zagales de la Jugoplastika. Por el Ángel Orús estaba desfilando lo mejorcito del baloncesto europeo.

Y Yugoslavia. Qué decir... A los Radja y Kukoc del año anterior había que unir a los Paspalj, Zeljko Obradovic, Jure Zdvoc, Vrankovic, Divac, y el gran Drazen Petrovic. Entrenados por Dusan Ivkovic. Sonaba majestuoso por aquel entonces. Ahora, pasados los años y conocidos todos los logros de estos jugadores y entrenadores, suena irreal que en la pista donde muchos hemos tenido clases de educación física y hemos jugado montones de veces haciendo el canelo, ellos estuvieran allí.


De nuevo el pabellón se llenó hasta los topes y de nuevo la criallería la gozó encorriendo a aquellos gigantes para reclamar autógrafos. Conseguí unos cuantos. El que más ilusión me hizo fue el de Chicho Sibilio. Yo era del Madrid pero ese jugador me caía bien. De pequeños quien más quien menos ha sido siempre del Rey Baltasar y Chicho tenía un aire a rey mago bastante acusado, aunque en aquellos tiempos el Rey Baltasar en Barbastro tuviera el pelo blanco, ojos claros y fuese pintado con betún... pero eso ya son otras historias.

La colección del Peñas y de Yugoslavia también fue bastante bien, sin embargo faltaba la firma de la estrella principal. La firma de Petrovic. El genio de Sibenik es junto a Nikos Gallis (o Navarro a lo mejor), Sabonis, Pau Gasol y Nowitzki, uno de los cinco mejores jugadores europeos que he visto jugar. Perfecto si jugaba en tu equipo, desesperante si actuaba en el contrario. Todo lo que tenía de genial lo tenía por momentos de chulo. Por aquel entonces jugaba en la Cibona de Zagreb. Uno de aquellos cocos contra los que el Real Madrid siempre palmaba. El otro era el Aris de Salónica de Nikos Gallis, el resultado era parecido sólo que en Salónica además el público invadía la pista y tiraba las canastas cuando terminaba el partido. Otros tiempos.

Volviendo al torneo de Fiestas, en una de mis incursiones a la puerta de los vestuarios pasó Petrovic, absolutamente altivo, ni me miró. Yo tampoco tuve el valor de ni tan siquiera abrir la boca o extender la libreta a su paso para que firmase. Eso sí, mi cara debía ser un poema ya que justo detrás de él pasó uno de los masajistas del equipo, me miró, dijo algo en inglés o serbocroata e hizo gestos muy ostensibles de que esperase donde estaba. Marchó como una fuina detrás de Drazen y se metió en el vestuario. Al minuto salió con una foto firmada por Petrovic y me la dio con una gran sonrisa. La que le devolví a ese santo varón tampoco debió de ser para menos. Años después perdí la dichosa foto al igual que la firma de Granger Hall. La del saputo asimilado (por si no lo saben, Saputo es el acojonante gentilicio de Almudévar) si algún día me lo encontrara por Huesqueta, aún se la podría pedir, algo que lamentáblemente no podré hacer nunca con el malogrado Drazen Petrovic.

Yugoslavia ganó el torneo, después de enjaretarse raciones de calamares y gambas en el altillo del bar Victoria. De cómo esos mustaganes se acomodaron en tan reducido espacio, es mejor que se acerquen a tan emblemático establecimiento para que alguno de sus dueños les relate semejante acontecimiento. Esa misma Yugoslavia sería semanas después subcampeona olímpica en Seul, cayendo en la final contra Kurtinaitis y amigos, esta vez sí con la ayuda de Arvydas Sabonis. Viendo la final por la tele a ratos uno parecía que estuviese en la grada del Ángel Orús. Impresionante.


Año 1989. Faltaban poco más de dos meses para que el mundo cambiase por completo tras la caída del Muro de Berlín. Sin embargo, en la tercera edición del torneo todavía pudimos presenciar uno de esos duelos de la Guerra Fría. EEUU-URSS.



Bien es cierto que la URSS que vino no era ni con mucho el equipo campeón olímpico del año anterior y EEUU... el equipo americano, que se llamaba Howlers All Stars, era la banda trapera del río versión equipo de baloncesto. Los he buscado por internet, no encuentro nada acerca de estos tipos, ni tan siquiera encuentro qué son los "howlers" aparte de un grupo musical o una especie de mono. A todos aquellos equipos los recuerdo con mucho cariño y desde aquí mi agradecimiento a todos ellos por venir a este foricachón de la provincia de Huesca donde para días vemos algo semejante, pero estos Howlers eran flojetes, las cosas como son. Había algún NBA que se supone que eran los buenos. Dean Pettus y Lawrence Grandingo. No he sabido encontrar nada tampoco de estos dos buenos hombres. En  serio, a cualquiera que aporte algo de luz a este misterio le estaré eternamente agradecido. El resto de jugadores provenía de la NCAA y de la CBA. El propósito de que se juntase toda aquella banda constituye también uno de aquellos misterios que en las frías noches de invierno surge en alguna conversación en algún bar a horas muy intempestivas.

El equipo de la URSS era una selección B (o si me apuran hasta C), pero al  menos vinieron Vetra, Tikhonenko y Goborov. Alguno venía de ganar el bronce el Europeo de junio. Vetra era bueno lo que para ganarle el puesto a Kurtinaitis, Homicius, Volkov y compañía pues como que no. Tikhonenko había sido campeón olímpico y Goborov era la nueva perla del baloncesto soviético. Por desgracia días después de jugar en Barbastro fallecería en accidente de tráfico en Moscú.

El Peñas vino con lo de siempre. Para qué más. Solamente contemplar a Brian Jackson sobre la pista haciendo de todo y todo bien y el espectáculo de Granger Hall lanzando los tiros libres valía el precio de la entrada.

La final la disputaron la URSS contra los Howlers All Stars. Yo iba con la URSS, porque aunque no estaba aquí, era el equipo de Kurtinaitis. Este jugador no era un Sabonis, ni un Gasol, ni un Petrovic. No era el mejor, eso está claro, pero por un lado están los mejores y por otro lado están los que uno admira. Eso siempre lo he tenido bien claro, tanto en el deporte como en otras facetas de la vida.

Aparte, en casa se iba con la URSS sobre todo por lo que respecta a mis hermanos. Uno de ellos guardaba celosamente una bandera con la hoz y el martillo en un cajón de la habitación donde no la pudiese pillar mi madre. Por las tardes se cogía la bandera, la sacaba, la izaba en un palo y se iba al pabellón a ondearla en uno de los fondos del graderío ante la mirada atónita de mi padre, con quien yo veía los partidos en la otra punta del pabellón. Al terminar el partido, plegaba la bandera, se la echaba al bolsillo y la volvía a esconder en el cajón. Al día siguiente, a la hora de comer mi padre le contaba a mi madre lo de la bandera. Horrorizados, ya no por la bandera en si sino porque al ondearla en la grada mi hermano debía ir sin sed (pero eran fiestas del pueblo, qué puñetas), le preguntaban por el paradero de la misma y en esa casa todos callábamos como putas. ¿Bandera, qué bandera?. No fuera a ser que se la quitasen y en la final no tuviésemos espectáculo.

Y en la final hubo espectáculo. La hoz y el martillo volvieron a ondear y no fueron los únicos porque había alguna pancarta de "Animo Tovarich". Aquellos americanos estaban espantados y alguno pensaba que tendrían que salir por patas. Pero es que eran fiestas, la gente iba empifolada, no es que los ánimos se enardecieran solamente por el partido. Y los soviéticos, miraban a la grada con los ojos como platos. Por momentos no sabían si estaban en Barbastro o en Magnitogorsk. 


Al final del partido, con la URSS vencedora, mi hermano el de la bandera y sus amigos y más gente invadieron la cancha al más puro estilo Munich '72 y se zamparon una botella de vodka con el amigo Tikhonenko. Semejante escena en uno de esos partidos de la gira Ñ que perpetra la selección de baloncesto todos los veranos es sencillamente inconcebible. Apretarse una botella de pacharán en plena cancha junto a San Emeterio (al resto de integrantes de la selección no acabo de verlos de esa guisa) supondría pena de cárcel aparte de suspensión de por vida para la práctica deportiva. Entonces supuso un poco de cara de acojone del pobre Valery y festival del humor a la mañana siguiente en casa aparte del requisamiento de la banderita. Otros tiempos.


PD. Este año 2015 se volvió a celebrar un torneo de Fiestas de baloncesto con equipos provinciales. Esperemos que con el paso de los años el evento coja fuerza de nuevo y podamos disfrutar con las estrellas del baloncesto.
De momento disfrutaremos con el Triangular Benéfico de Voleybol los días 22 y 23 de septiembre. A beneficio de Cruz Roja para que lo destine a los refugiados, que buena falta les hace, y que servirá de merecido homenaje al tristemente desaparecido Javi Del Valle.
Nunca pido nada a través de este blog pero creo que la ocasión lo merece. 
Acudan, por favor, es por una buena causa.

viernes, 7 de agosto de 2015

Fotos de la Naval-Tourmalet 2015

He aquí parte de las fotos que el pasado 6 de agosto tuve el placer de realizar en la primera edición (y esperemos que no última) de la Naval-Tourmalet. En posteriores entregas se contará todo lo relativo a esta, ya se puede denominar así, Clásica del grupo Tuercepedales.

Hace unos meses Nacho tuvo la genial idea de enlazar mediante marcha cicloturista su pueblo con la cima más mítica de los Pirineos, el Tourmalet. Para ello debía engañar a su familia, a unos cuantos amigos y a la familia de estos para llevar a cabo semejante locura. Por suerte los amigos de Nacho nunca hemos estado muy bien de la cabeza, de modo que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para engañarnos.

El 6 de agosto a las 6:30 de la mañana cuatro aventureros se dispusieron en la plaza de Naval a llevar a cabo el exigente recorrido. Para los libros de Historia quedarán los nombres de (de izquierda a derecha):
Nacho, el diesel navalés con motor Perkins, avanza lento pero avanza de manera indestructible; Abizanda, el friki enfermero serrablés de adopción, duro como un jabalí; Héctor, el queroseno navalés, el benjamín del grupo, mientras se aburre pedaleando otea cados de robellones, y Paco, el señor Ornitorrinco, veterano de mil batallas, nunca se rinde y cuando parece que va a hacerlo la cocacola le hace revivir.
La ruta, descomunal. Cerca de 130 km partiendo de la villa jamás conquistada hasta Sainte-Marie de Campan (el tramo entre Parzán y el final del túnel de Bielsa se neutraliza por no estar permitida la circulación de bicis a través del túnel). Una vez allí, el Infierno. La máquina de triturar carne humana se alza como última dificultad. Una especie de Monte del Destino en pleno Mordor a donde los pequeños hobbits navaleses deben acudir para demostrar su valía, dejando la Comarca y adentrándose en tierras extrañas acompañados de Trancos Abizanda y Gandalf Torrinco.

Abandonando la Comarca rumbo a lo desconocido.

Los navaleses se mostraban risueños en los primeros compases de la marcha.

Abizanda estrenó su nueva bici con una ruta fuertecita. Un hombre aguerrido.

En Aínsa tuvo lugar el primer refrigerio de la jornada. El sr Ornitorrinco poco habituado a este tipo de lifaras debía de pensar "dónde me he metido". Se descalzó y todo porque veía que la cosa iba para largo.

El pelotón seguía rodando compacto a su paso por Lafortunada.


Y como se puede apreciar en las fotos también avanzaba sonriente.

Los reporteros gráficos, que curiosamente también tuvimos que ejercer de coches de apoyo, se jugaron el tipo para retratar a los esforzados de la ruta. 

En Bielsa. Francia a 13 km. Naval a 66 km.

El señor Abizanda a estas alturas avanzaba alegre puesto que sabía que se acercaba al siguiente avituallamiento donde un buen almuerzo le reconfortaría el cuerpo y alegraría su corazón.

He aquí la viva estampa de la felicidad. Tras 70 km de marcha, la merecida recompensa (e incluso un poco más, mejor que sobre que no que falte).
Aquí damos un pequeño salto en la marcha, al no disponer todavía de fotos del Aspin, y nos plantamos en la base del Tourmalet. Resumiendo, en una crónica posterior se explicará todo con más detalle, el pelotón ascendió el puerto de Bielsa en coche así como el paso del túnel. A la salida volvieron a montar sus bicicletas hasta Saint Lary donde un servidor se les unió para acompañarles un rato y ascender el Aspin bajo un sol abrasador.

En la cima di por concluida mi aventura y allí se unió al pelotón Jordi, quien había subido el Aspin por la otra vertiente, y esperaba a la marcha en la cima del puerto. Desde allí vertiginoso descenso a Sainte-Marie Campan donde el aguerrido Abizanda dio por finiquitada la ruta debido a que tanto el cuerpo como la mente le pedían descanso.
Paco rellenaba el botellín de agua en la fuente del pueblo. Buscando la bendición de cara a la subida.

En un estilo de pedaleo intermedio entre el molinillo de Froome y el bailoteo encima de la bici característico de Contador, el sr Ornitorrinco va tragando rampas como si nada.

La pareja de jóvenes navaleses avanzaba más atrasada y algo más atrancada. Sin embargo a Nacho todavía le quedaban fuerzas para embestir a los reporteros gráficos al grito de "¡Asesinos, dejad de retratar nuestro suplicio!"

Paco Torrinco seguía a lo suyo devorando kilómetros con tenacidad e internándose cada vez más en la boca del lobo de Monsieur Tourmalet.

Por delante, Jordi, el mayor de los navaleses, avanzaba el primero de la marcha con cara sonriente y pedaleo alegre y ligero. Monsieur Tourmalet lo estaba envolviendo en su trampa aunque Jordi todavía lo desconocía.

Los jóvenes hobbits navaleses avanzaban a lo suyo. Motor Perkins Nachete y Queroseno Echevarría pedaleando hacia la perdición.
Jordi cada vez sacaba más distancia al resto, cada vez se adentraba más en la frondosidad del puerto...

... aunque las expuestas laderas donde la condición humana se pone al límite ya se dejaban ver.

El sr Ornitorrinco mutaba su estilo pedalístico a uno parecido al de Marino Lejarreta. Con rampas cercanas al 9% la consigna es avanzar como quiera que tus huevos toreros te lleven.

Motor Perkins Orús y Queroseno Héctor entraban en combustión en semejantes rampas.

Poco que añadir a la estampa. Aquí debía pensar que en mala hora tuvo la ocurrencia de montar semejante algarada.

Héctor en problemas. Pocas veces se le ha visto de esta guisa encima de la bicicleta. O ninguna.

Jordi seguía a lo suyo, sin embargo la cara ya no era tan sonriente. Se disponía a afrontar una de las mayores torturas de la máquina picadora Tourmalet...

... el tramo de las Galerías. Donde el Infierno adquiere forma de pendiente al 10%...

... donde uno piensa que ese puerto cobra vida y confabula para destrozarle...

... donde una rueda amiga puede hacerte avanzar un poco más aunque ya lleves el motor a punto de explotar.

En La Mongie el motor de Héctor dijo basta. Mareos y calambres le hicieron parar con buen criterio. Para quien no lo sepa La Mongie es la estación invernal que se aprecia al fondo de la imagen, lejos de suponer un descanso en la subida otorga una puntilla tras la cual se han de afrontar los últimos y descomunalmente salvajes 3 km. De hecho los últimos 5 km tienen una pendiente media cercana al 9'5% de agonía interminable.
Nacho siguió a lo suyo en régimen de bajas revoluciones. Paco fue avistado en un bar a la entrada de La Mongie, de hecho llamó a los reporteros gráficos y estos acudieron al establecimiento hostelero asustados y pensando que iban a asistir a la retirada del marsupial más duro del Somontano. Nada más lejos de la realidad ya que se encontraba, dentro, sonriente con su querida cocacola. Una vez revitalizado siguió hacia delante.

Y a Jordi vino a visitarle el Tío del Mazo en plena travesía de La Mongie, lo encontramos a la salida de la estación bastante peor que cuando lo dejamos en las Galerías pero a pesar de ello continuó hacia arriba después de reponer líquidos. Llegó a la cima. 

He aquí un tío contento, un tío feliz completando la Naval-Tourmalet. Por un par de veces pensé que se bajaba de la bici. Y almorzando en Parzán pensé que se nos dormía con semejante parón aparte del tozolón que se pegó contra la puerta del restaurante y donde se tuvo que hacer algo de daño. Llegando al final del Tourmalet, cima custodiada por un gigante de hierro. Estos tíos sí que son gigantes.

El gigante de hierro que custodia la cima de Monsieur Tourmalet. Todo aquel que llega hasta allí montado en una bici es un pitera.

Nacho, otro tío feliz terminando su particular locura. "Nunca más, nunca más" declaró nada más cruzar la línea de meta. Esperemos que con el paso de los días reconsidere sus palabras. De no haber reventado en La Mongie, Héctor hubiera sido el tercer valiente en completar la marcha, sin embargo una parte de él llegó a cima con Motor Perkins Nachete ya que entre ambos se fueron haciendo la subida al igual que entre ambos prepararon buena parte de esta fenomenal locura denominada Naval-Tourmalet. Gracias por embescarnos en semejante aventura.

¡Larga vida a la Naval-Tourmalet, larga vida a estas locuras!.

martes, 21 de julio de 2015

Una trail, dos verbenas y muchas cervezas

Una de las cosas malas de estos tiempos modernos en los que al correr lo llaman running es que a las carreras hay que apuntarse con mucha antelación. Tres, cuatro meses, medio año antes... al final se coge la costumbre y aun en las pruebas que no requieren de semejante predisposición uno va y se apunta recién comenzado el plazo de inscripción. 


Así uno se encuentra en embolados como el del pasado sábado en el que con un calor insoportable como el que viene haciendo desde hace muchos, muuuchos días, hay que ponerse a caminar correr por la sierra de la Carrodilla. Y lo que es peor, habiendo salido a correr cuatro días contados desde marzo. Pero contados. Cuando te apuntas en mayo lo ves todo muy fácil y auguras una cómoda transición entre la época de bici y la de correr, luego llegan los calores, las piscinas y las últimas semanas de junio y las primeras de julio te tocas los cojones a dos manos.

Las ganas de correr en la trail, las mismas que tirarse al río en pleno mes de diciembre pero por suerte estas cosas siempre salen adelante debido a toda la gente que tuvo la misma genial idea de torrarse una tarde de sábado del mes de julio. De camino a Estadilla uno va pensando qué puñetas está haciendo pero una vez llegados allí con Lemus, Morcate y el Enano pues ya ves que hay más zumbados de la cabeza y te parece hasta normal eso de ponerse a trepar barranquizos a treintaypico grados a la sombra. Pero la foto del Cuarteto de la Habana no engaña dice mucho de las ganas que había de correr. Lemus con su equipación de chepirunner se le ve motivado, el resto pasábamos por allí...


La salida es a las 8 de la tarde, y sigue haciendo mucho calor. No se nos ocurre mejor cosa que irnos a la barra del bar que hay frente al arco de meta y apretarnos una cerveza antes de salir ya que la hidratación es lo más importante en estos casos y es un elemento que no se debe descuidar. Así lo entiende algún otro veterano del CAB quien también se apreta su bebida isotónica de cebada antes de enfrentarse a la carrera larga, declarando que "yo hasta que no se haga de noche, no corro, sólo camino".

Nosotros a pesar de ir a la corta de 15 km y 500 m+ también llevamos esos pensamientos y como es bastante complicado que se nos haga de noche lo de correr va a ser poco y en las bajadas. Magda y su hermano Roberto se unen al cuarteto cervecil y juntos nos colocamos en la salida en nuestra posición natural. Los últimos.

Tras un breve descenso por las calles de Estadilla y un poco de correteo las cuestas hacen su aparición. En un segundo y tercer kilómetro de espanto el grupo se pone en fila de a uno y transita caminando por un estrecho sendero con exigente pendiente. Cuando da algo de tregua, trotamos. Cuando no, caminamos. Entre medias, sudamos. Pero de ese sudor denso que va cayendo a goterones a los pantalones y te los va dejando chupidos. Un horror. Segundo kilómetro, 11 minutos. Tercer kilómetro, 13... Recorrido majo y entretenido pero duro.

Enseguida empezamos a pasar a gente, es lo bueno de salir últimos. Lemus y Morcate han cogido su marcheta más adelante pero de momento aguantamos el Enano, Magda. Roberto y yo más o menos juntos. En uno de los descansos vamos trotando con Roberto y cuando nos damos cuenta dejamos atrás a los otros dos, valorando la situación decidimos seguir ya que Magda y el Enano van bien acompañados.

Yo iría más lento pero el caso es que Roberto me hace de liebre y quieras que no vas parando a caminar menos rato que si fuera solo y poco a poco vamos avanzando y cogiendo más gente. Tras una subida especialmente pesada donde se ve a alguna zagala al borde del vómito llegamos al avituallamiento del kilómetro 5. El vaso de aquarius entra entero de un trago. Como cuando se riega una maceta seca, no bebo más por no encharcar la tripa pero seguramente sea imposible ya que el cuerpo está soltando líquido a espuertas.

Desde allí al santuario de la Carrodilla hay una serie de toboganes, siempre con tendencia ascendente, que me van dando la puntilla. Le digo a Roberto que tire pero se niega diciendo que prefiere ir acompañado. Acompañado por un matraco al que le pesa la culera y no dice esta boca es mía, suda como un cerdo y chemeca soltando juramentos en las subidas, pero acompañado al fin y al cabo. Porque además de la culera me pesa la mochila con litro y medio de agua que llevo a la espalda por si acaso. Y es que hace mucho calor y toda precaución es buena pero la mochileta ahora está siendo un sufrimiento añadido.

Llegamos a la Carrodilla, trotando y caminando y allí vuelve a entrar otro aquarius de trago. Es el kilómetro 8, llevamos 1h 12', nos quedan 7 km de bajada y el sol se empieza a esconder. Vamos p'abajo.

La bajada va reactivando las patetas y aunque algunos tramos tienen demasiada pendiente la cosa va fluyendo, es posible que pueda llegar trotando a Estadilla. En el kilómetro 10 tercer avituallamiento y coca cola para el cuerpo esta vez más sosegada pues paro a charrar con un antiguo compañero de clase. Oye, que tú has venido a correr y el otro a trabajar, nos dice uno de sus compañeros de avituallamiento. La respuesta la de siempre, ganar ya no voy a ganar así es que como si quiero parar media hora.

La bajada va suavizando hasta que llegamos a una zona llana e incluso con ligera pendiente ascendente. Necesito parar, las piernas no me dan. Al menos ahora me queda resuello para ir charrando con Roberto y vamos contando historietas de la bici y demás. El paisaje se va abriendo y llegamos a otro barranco con el pueblo al fondo. La meta ya se ve cercana así es que continuamos la marcha, quedan unos tres kilómetros y echando cuentas hasta podemos bajar de las dos horas.

De hecho vamos bastante holgados para bajar y podría seguir caminando pero por lo que queda me fuerzo a seguir trotando aunque las lucetas rojas empiezan a encenderse. El pie izquierdo se empieza a cargar. Además una sensación como de atrancamiento en la zona de los cuadriceps y que me acompaña desde el sartenazo que me pegué el año pasado con la bici y que se hace más grande cuando paso una temporada larga haciendo sólo bici y sin salir a correr. Y unos conatos de calambres por las piernas fruto de la deshidratación tras haber sudado tanto.

Llegados a falta de un kilómetro paro porque estoy entrando en fase Muñeca de Famosa - Playmobil - Argamboy. Voy tieso. Y le digo a Roberto que nos vemos en meta y esta vez sí que hace caso. Caminando y hecho una braga llego a la última curva antes de enfilar recta de meta. Allí sentado en un banco está Juan Ramón "El Figura" que me pregunta que qué me pasa. Tranquilo, lo de siempre, calambres a tope, que si no paso una línea de meta hecho una porquería no es lo mismo. Por no quedar mal hago como que corro pero paso por meta con las patetas a punto de petar, como lo que soy, como un miembro de las Muñecas de Famosa. Al final, para la gente que le interesan estos datos, hago 1h 58'. Y ahora empieza la parte de la trail que se nos da bien: el tercer tiempo, la lifara, los tragos, las risas.

Tras una ducha acojonantemente buena (iba a poner reparadora pero por manido y gastado ese adjetivo seguido de la palabra ducha ya no nos dice nada) nos vamos al portal del Sol a cenar las sencillas pero contundentes viandas que nos ofrecen las gentes de Estadilla. En unas mesas largas dispuestas a tal efecto tiene lugar el convite que consta de primer plato, segundo y postre: Ensalada de pasta, longaniza y panceta a la brasa, y melocotón con vino. Una fantástica forma de recuperar fuerzas y que sirve además para que la gente se quede hasta el final de la prueba charrando mientras llegan los últimos participantes de la carrera larga.

Cerveza va, cerveza viene tiene lugar la entrega de trofeos a los ganadores y tras ella la verbena fin de fiesta que nos obliga a estar un buen rato más en la plaza compartiendo anécdotas y recuperando los líquidos perdidos en carrera. Pasadas las dos de la mañana se decide hacer un pensamiento y regresar al pueblo, ¿a casa, no? Cambiamos de verbena y nos vamos a la del barrio de San Fermín.

Continúan las rondas de zumo de cebada para equilibrar el balance electrolítico del organismo por una parte y para soportar impertérritos el espectáculo que nos ofrece la susodicha verbena. Lo de impertérritos es un decir ya que a los diez minutos nos descojonamos a más no poder del peculiar barrillo que se acumula en primera fila del público, justo bajo el escenario donde la orquesta actúa impasible, esta sí. No sólo no se desconcentran con los alegres bailes de las guapas cantantes sino que tampoco parecen perturbarse ante la escandalera protagonizada por ciertos parroquianos que han hecho demasiados viajes a la cisterna del poncho. Todo aquella persona que haya asistido a un par de verbenas de barrio de nuestro simpar pueblo sabrá a qué me estoy refiriendo así es que no hace falta entrar en más detalles ni hacer más leña del árbol caído.

Uno de los participantes de la trail larga, al ver el percal, se nos acerca y nos dice: "mirad, ese de la primera fila me ha pasado subiendo al Buñero". Lo debió de confundir con una de esas aves que vuelan por la Carrodilla porque por los movimientos espasmódicos que le provocaban la ingesta masiva de poncho y cerveza, el mencionado personaje de la primera fila parecía un buitre batiendo alas a punto de despegar. O un Walking Dead seco calatrido buscando amigos. En cualquier caso su memorable y sensual interpretación de Paquito el Chocolatero la guardaremos entre los recuerdos más bizarros del verano.

A eso de las cuatro se da por terminado el espectáculo y tanto el Enano y Morcate deciden marchar a casa a dormir, no así Lemus y yo que todavía tenemos un desarreglo de electrolitos bastante severo que decidimos atajar a base de Estrella Damm en los establecimientos pertinentes.

El final de la gastrotrail cervecil se hace un poco cuesta arriba pero con una buena hidratación y una dosis de gel de kebab pakistaní conseguimos terminar cuando comienza a amanecer. Al final de la jornada, 15 km recorridos, 500 m de desnivel positivo, 2 verbenas, ...titantas cervezas. Un buen entreno de cara a la trail de Guara. Quedan dos meses y medio y la mutación de tuercepedal a caminacorre ha comenzado, (si la calor lo permite) seguiremos informando.


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