lunes, 4 de enero de 2016

Col d'Aspin


El Col d'Aspin es uno de los puertos más emblemáticos de los pirineos franceses habiendo sido ascendido en más de sesenta ocasiones por los ciclistas del Tour de Francia. Con una pendiente media del 6,5% en sus 12 km de subida y coronando a cerca de 1500 m de altitud representa uno de los puertos de enlace entre el Tourmalet y el Peyresourde.

No tiene la fama de sus hermanos mayores que le flanquean ni la de su primo el Aubisque ni tampoco tiene tanta dureza pero no deja de ser un puerto de campanillas. Y con bastantes buenas vistas. Su primera aparición en el Tour tuvo lugar en 1910 dentro de la mítica etapa entre Luchon y Bayona de trescientos y pico kilómetros y que se conmemora cada año en la cicloturista que une ambas localidades.

Su última aparición fue en 2015 y allí estuvimos algunos presenciando el paso de la carrera y, lo que fue más importante y de lo que guardamos mejor recuerdo, la caravana publicitaria. Un grupo de escapados comandados por Dan Martin y Majka y un pelotón adormecido fueron el balance de la jornada tras unas cinco horas de espera. Eso y ver a todo un campeón del mundo, Rui Costa, cerrar el grupo con pedaleo quejumbroso. La última vez que se vio algo parecido fue en cierta Pax Avant en la que El Campeón del Mundo iba dando sabias lecciones a la par que chemecaba sobre la bicicleta pero aquello era otra historia...

Por otra parte, el Aspin fue uno de los puertos elegidos dentro de la primera edición de la Naval-Tourmalet llevada a cabo por un puñado de Tuercepedales, hazaña ya relatada en el blog. Como mi motor diésel no estaba para demasiadas florituras en agosto del pasado verano decidí participar en la marcha en la modalidad "sprint" consistente en salir desde Saint-Lary y llegar a la cima del Aspin. 


Con un sol de justicia y una napolitana de la boulangerie de Saint-Lary me uní a la caravana ciclista dejando aparcadas por un espacio de un par de horas mis labores de reportero y copiloto del coche de equipo conducido por Jesús. Los primeros diez kilómetros transcurrieron pedaleando en grupo compacto junto al sr Ornitorrinco, Abi, Héctor y Nacho. Junto a este último realicé la mayor parte del tramo desde Arreau cuando el grupo estalló en pedazos.


Los puertos, y las carreteras en general, no se llegan a conocer bien hasta que se pedalean y en esta ocasión no fue una excepción ya que a pesar de haber hecho este puerto en coche alguna vez todo su esplendor quedo patente mientras lo ascendía con la Orbea. Todo su esplendor y su dureza que puede ser mucha a las dos de la tarde y treintaitantos grados en un día soleado


Junto a Nachete fuímos subiendo muy despacio mientras los demás se marchaban por delante. Fue otra de esas ascensiones diésel en las que lo de menos es el tiempo empleado y en lo que importa todo lo demás. Hubo que parar varias veces, a recoger un botellín que se quería dar de baja de la marcha, a lavarse la cara porque el sudor se metía en los ojos y el escozor en las lentillas era insoportable, a mear y por supuesto a comer algo.

Jamás destrozaremos el récord del Strava de puerto o tramo alguno pero al menos creo que nos lo pasamos bien. Al final, tras ser retratados unas doscientas veces por Jesús y la familia de Nacho mientras subíamos por esa parrilla y cruzarnos con tres o cuatro grupos de ingleses tan incautos como nosotros llegamos arriba del todo y me permití el lujo de por una vez acabar una marcha en lo alto de un puerto.

La otra posibilidad para poder hacer lo mismo era continuar hasta el Tourmalet pero para eso ya había que tenerlos excesivamente bien puestos. Otro año será. 




miércoles, 30 de diciembre de 2015

Ibón de Plan

Por extraño que pueda parecer hasta el verano pasado todavía no había subido a tan famoso lugar conocido también como la Basa de la Mora. Ni por la vía fácil ni por la difícil, ni caminando ni en coche. Jamás. Así es que un día de los que mi amigo Lemus propuso ir un sábado por la mañana a caminar cara arriba para preparar la trail de Guara tanteé la idea de ir al Ibón y la cosa coló.

Fue una caminata interesante ya que aparte de conversar acerca de lo divino y de lo humano el señor Lemus que marcaba el ritmo me hizo sudar la gota gorda. Después del verano a la bartola que me casqué tenía alguna duda sobre si participar en la trail era una buena idea pero con Zapador marcando el ritmo (esta vez no sé qué perseguía si estábamos prácticamente solos en el camino) la subida se hizo a cuchillo y la bajada resultó ser aún peor.

La rodilla derecha que venía romanciando desde hacía unas días sólo hizo eso, romanciar, así es que después de la tunda siguiendo a semejante jabalí supe que la trail sería un paseo.

El Ibón me gustó aunque nada que ver con los lagos de Oredon de los que hablaré en otra entrada. Imagino que en Invierno la Basa la Mora debe de ganar muchos puntos y espero poder engañar a alguien en los próximos meses para comprobarlo. Así y todo es un sitio imprescindible y al que hay que subir. Nosotros subimos desde Plan pronto por la mañana y fuimos protegidos del sol durante mucho rato. Es una caminata en la que no se pasa mucho calor debido a la vegetación y a la orientación de la ruta.

Arriba como ya he comentado el ibón tampoco me llamó mucho la atención y nos dio bastante más faena el circo que lo rodea con esas áridas pedrizas que parecen llevar a la nada pero que por algún punto deben de conducir a Cotiella. Precisamente sobre eso debatimos durante el almuerzo, con los sólidos argumentos de aquellos que en realidad no tienen ni idea pero se aventuran a señalar esa o aquella vía como el camino más probable.



Apunte nº 1: si se hace esta excursión en verano, llevar bañador. Por la mañana hará frío, durante la subida no hará excesivo calor pero tal y como se vaya bajando Lorenzo saldrá a jugar. En Plan hay una bonita piscina a la que hacer aprecio y en todo caso está el río.

Apunte nº 2: si se tiene idea de comer en el pueblo cerciorarse antes de que no tengan en el restaurante algún evento de la BBC. Y no me refiero ni a la excelente cadena de radiotelevisión británica ni a la panda de consentidos que perpetra en la empresa dedicada a vender camisetas conocida hace muchos años como el Real Madrid de fútbol. Me refiero a bodas, bautizos y comuniones que pueden tener el restaurante hasta los topes y tener que desistir de comer en el pueblo.

Apunte nº 3: para todo lo demás siempre queda Escalona o Labuerda para zamparse una tostada de jamón con queso y setas y tener que dejar el entrecot de segundo a mitad porque la tripa está a punto de reventar. Ir de excursión por tierras del Sobrarbe y no terminar con una buena fartera es casi imposible.


martes, 22 de diciembre de 2015

Giro de la Fueva

Hoy, día de la Salud y pistoletazo oficial de las Navidades, este modesto blog comenzará un repaso de las rutas Tuercepedales y caminatas o correrías más destacadas del año 2015 y que se quedaron sin explicar por falta de tiempo, ganas o ambas cosas.

La primera de ellas nos lleva al Valle de la Fueva, en una vuelta para ir chino chano disfrutando del paisaje y sobre todo la tranquilidad de esas carreteras.


Partiendo de Tierrantona en dirección a Palo se coge a los pocos kilómetros el desvío a Troncedo. El puerto que une La Fueva con la Ribagorza alterna tramos suaves con otros más complicados aunque en todo momento resulta bastante agradable su ascenso. Es pasado el pueblo de Formigales que la cosa se pone seria con aproximadamente tres kilómetros al 7%.



Según la señal de la carretera el porcentaje es más elevado pero por el desnivel subido parece más exacta la pendiente del perfil. En todo caso la carretera es estrecha y según se avanza se tienen buenas vistas de la peña Montañesa a la cual dejamos atrás. El día que fui en agosto hacía fresquete y chispeaba y una vez llegado a Troncedo tuve que parar a resguardarme ya que la lluvia empezó a caer fuerte. Aproveché para comer algo y ver la torre del Castillo.

Una vez medio escampó decidí volver sobre mis pedaleadas y tomar el desvío a mano izquierda que conduce a Trillo y Salinas de Trillo. Básicamente son unos 4 km de bajada por donde no pasa casi nadie. Antes del desvío hay pocos coches, después del desvío las curvas de la carretera están llenas de agujas de pino de varios días. Parece menos transitada aún.



Tanto en Salinas como en Trillo hay iglesias románicas. Pequeñas pero chulas. En Trillo se me acabó la carretera (o al menos eso me pareció) así es que otra vez volví a dar media vuelta no sin antes saludar al perro que custodia la entrada de tan tranquilo pueblo tumbado en mitad de la carretera. En Salinas había algo más de movimiento con una familia de turistas viendo a un paisano acicalando a un caballo. Hay que hacer notar que la rampa que une ambos pueblos es terrible pero pedalear por esos lugares merece la pena.

Una vez pasado Salinas de Trillo la subida tiene también dos tramos criminales pero con tiempo y paciencia seguro que cualquier tuercepedal que se precie irá devorando esas curvas distraído con las vistas que se le ofrecen.


De vuelta al puerto que sube a Troncedo toca descender hacia Formigales y retornar a la carretera Palo-Tierrantona esta vez en dirección a la capital fovana. Como aquel día de agosto iba sin rumbo fijo y aún iba bien de tiempo cogí el desvío a mano derecha que hay antes de llegar a Tierrantona.


Carretera en ligero ascenso que conecta con Buetas, Solipueyo y Rañín. En el primer pueblo me encuentro la Peña Montañesa con una boina de nubes bastante importante, en el segundo a un ternero haciendo las funciones del perro de Trillo y en Rañín paro a ver la iglesia. Bastante apañado el pueblo, por cierto. No encontré la carretera a Humo de Rañín así es que di media vuelta hacia Tierrantona dando por finalizado el Giro de la Fueva.

Ideal para desconectar, pedalear chino chano y hacer paradas diversas. Creo que salen unos 45 km pero eso ya es lo de menos.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Una mañana en Castillazuelo


Un año más acudí a la indeludible cita con las cuestas del Castillo y el monasterio del Pueyo. Es una carrera llena de sorpresas desperdigadas por el camino ya que la subida tiene bajadas y la bajadas alguna que otra subida. Siempre es una carrera agradable de participar aunque este año el tiempo excesivamente caluroso marcó la prueba, al menos en mi caso.

Donde antaño había mallas largas, gorros y guantes este año hubo camisetas de tirantes y pantalones cortos. Nada de niebla y un cielo totalmente despejado con algo de viento que aplacó en parte el no muy habitual calor de principios de diciembre. El resultado fue que invertí 7 minutos más que el año pasado para realizar el mismo recorrido llegando a meta aún más cansado. A mitad de la subida desconecté, más de lo que lo hago habitualmente, de todo tipo de afán competitivo y me limité a completar el recorrido sin reventarme demasiado.

Al menos semejante calor sirvió para que el numeroso público congregado en la plaza del pueblo disfrutase de las carreras infantiles y del tiempo de espera entre la salida y la llegada de los mayores sin pelar palomos como es lo normal otros años. Al margen de la carrera la cual tampoco tuvo mucha historia al margen de que ya en el segundo kilómetro creí cocerme dentro de la muy mal elegida camiseta térmica, me gustaría destacar un par de hechos curiosos que tuvieron lugar.

El primero de ellos tuvo que ver con el numeroso público presente y que como ya se ha mencionado dio mucha animación a la plaza. Es muy de agradecer y siempre es bueno que este tipo de pruebas conciten atención pero todos deberíamos ser conscientes de que los recorridos de las pruebas así como las zonas de salida y llegada deberían ser sagrados.

En una de las carreras infantiles, dos niñas se disputaban la victoria en un ajustado sprint. Todo lo ajustado y al límite que se puede desarrollar a esas edades y eso es decir mucho ya que no suelen medir y la línea de meta es lo único que ven. Pues bien, un reportero y un padre se encontraban plantados justo en la línea de meta para sacar la mejor de las fotos del evento.

Y pasó lo que tenía que pasar en tales circunstancias, que una de las crías acabó medio empotrada contra una de las personas que estaban donde no debían estar. Fue más el susto que otra cosa pero fue una situación evitable si la meta hubiera estado como tiene que estar, despejada. Tras el revuelo acudió uno de los responsables del club a despejar la zona dejando bien claro que nadie que no fuese juez de atletismo debía colocarse allí. Y lo expresó de manera muy clara y muy alta, quizás perdiendo las formas pero asistido por toda la razón.

Me quedé con el detalle de que uno de los jueces, uno de esos que lleva más de treinta años dando el callo en crosses, medias maratones y pruebas de pista a lo largo y ancho de la provincia; uno de los que si llega a presenciar semejante algarada hace veinte años hubiera despejado la zona de idéntica forma o muy posiblemente mucho peor echando sapos y culebras por la boca; uno de esos jueces que llevan media vida haciendo una labor desinteresada por el atletismo local y que ya iría siendo hora de que les fuéramos dando el relevo en tales labores para que puedan asistir a las carreras como meros espectadores; uno de esos jueces al que siempre tuve tanto cariño como respeto por sus airadas reacciones espetó entre dientes y con una sonrisa en la boca: "ya era hora, ya era hora de que alguien pusiera un poco de orden".

Del otro detalle me enteré al día siguiente de la carrera y en las fotos del periódico se puede contemplar. Al parecer varios atletas, por denominarlos de alguna manera puesto que ese término engloba muchos más detalles que el mero hecho de correr, tuvieron la feliz idea de disputar la carrera sin inscribirse y sin dorsal. No estamos hablando de que una persona decidiese unirse a la carrera durante algún kilómetro a mitad de recorrido acompañando de manera anónima a algún participante. No.

Estamos hablando de gente que representando a un club tuvo el cuajo de ponerse en línea de salida, disputar toda la prueba y pasar la línea de meta. Para mí esto sí que es una verdadera falta de educación y no tener formas de ningún tipo. Una falta de respeto para con todos los que sí pagamos el dorsal y los organizadores de la prueba. Lamentable.

Al final, el responsable del club terminó hablando con el reportero disculpándose por las formas empleadas en el desalojo aunque tenía toda la razón. Espero que el rapapolvo sirva para que todos tomemos conciencia de que en las carreras lo más importante son los corredores, nunca hubo nada más. Y que si un juez ordena que no estar en una zona o no rebasar una cinta pues no se rebasa y no se entra en esa zona. Punto. Y respecto a los jetas que decidieron no pagar dorsal no sé qué pasará con ellos. Francamente, yo lo tendría muy claro. Las carreras no necesitan ese tipo de corredores.

jueves, 12 de noviembre de 2015

De fútbol y rugby

Que en España el fútbol es el rey de los deportes está fuera de toda duda. Nos podrá gustar más o menos y podrá ser considerado más como un espectáculo de masas que un deporte como tal pero es un hecho que levanta pasiones entre la mayoría de la población. Y el resto de modalidades deportivas, sean más vistosas o plásticas, más espectaculares o más épicas, no tienen ni la mitad de la trascendencia que un simple partido de balompié. A una importante minoría no nos gusta que esto sea así pero así es. Y como muestra un botón.

Nos remontamos a tres fines de semana atrás en el tiempo. El último domingo de octubre se disputaba la segunda semifinal del Mundial de Rugby. Como venía siendo habitual durante los fines de semana de todo ese mes, los afines al deporte del balón oval nos juntamos para degustar el partido. Y es que la visión de estos partidos parece algo sencillo pero se asemeja a realizar cualquier tipo de actividad clandestina.


Para empezar, la gente normal suele mirar de manera extraña a la otra gente a la cual le gusta el rugby. Pero esa mirada extraña suele derivar en ocasiones en odio y/o asco. Tal cual. La lindeza más suave que se puede escuchar en un bar no afín al pedir por favor que le enchufen la tele que está apagada y que ningún parroquiano del lugar está mirando puesto que se haya inmerso en el noble arte del juego del naipe es "¿pero cómo te puede gustar esa mierda?".

Frases similares pronunciadas a tal efecto son:

  • "En esa mierda de juego siempre se están pegando"
  • "El fútbol no es tan violento"
  • "¿Cómo te puede gustar esa mierda?" (otra vez) 
  • "No sé cómo os podéis enterar de lo que pasa si es todo tan confuso"
  • "¡Ensayo!" (dicho erróneamente cuando el balón es pateado entre los palos)
  • "El árbitro cuando no sabe qué pitar para el partido y mira la repetición, eso le quita emoción"
  • "Esto sólo lo juegan animales"
  • "¿Cómo te puede gustar esa mierda?" (y otra vez)
En conclusión, para el común de los mortales el Rugby es una mierda incomprensible a la que se aficiona gente extraña e inadaptada en la que sólo hacen que pegarse hostias con un propósito que nadie que esté en su sano juicio puede alcanzar a discernir.

Para los que nos gusta este bello deporte es algo más que eso y no nos importa pasarnos un partido entero intentando explicar a los neófitos en la materia los pormenores de las reglas. Y si algo se nos escapa es tan sencillo como verlo sin más y disfrutar de como un equipo intenta avanzar metros a toda costa y el otro hace lo propio para intentar frenar ese avance.


Pero bueno, ahí estábamos dos de los habituales apostados en la barra de uno de los bares de la localidad en los que se suele poder ver algo de rugby alguna vez. Sin que te miren de manera muy extraña y todo eso. De hecho, la semana anterior y ayudados por el hecho de que no se disputase jornada de Liga de fútbol ese bar fue tomado por diversos personajes para ver más de un match de rugby. Los raros del pueblo más algún que otro inglés y hasta parroquianos y parroquianas de la France disfrutamos viendo los partidos.

Y ahí volvíamos a estar dos de estas gentes extrañas para ver un Argentina-Australia en el bar vacío a las cinco menos cuarto de la tarde. Después de preguntar a la camarera si nos pondría el rugby (uno nunca se acostumbra del todo a hacer este tipo de peticiones ya que se siente como si fuera un proscrito con insanas parafilias) y de que ésta muy amablemente accediera, nos pusimos frente a la tele con unas cervezas a apoyar a los Pumas.

Como a los diez minutos de partido entra un señor mayor que se queda plantado frente al televisor y cuando ve el marcador en el que Argentina ya pierde frente a los Wallabies masculla uno de esos juramentos que sólo un argentino sabe soltar por la boquita y tras pedir en la barra se sale a los veladores suponemos que para no sufrir.

Diez minutos más tarde comienza a entrar más gente al bar. De hecho son integrantes de un equipo de rugby, de cierto equipo de rugby que se ha visto obligado a abandonar nuestra comarca debido a diversos motivos y que parece ser vienen de disputar un partido. Los chicos han perdido y las chicas han ganado, bien por ellas, y ahí está una parte de la expedición echando unas cervezas.

Los Pumas siguen por detrás en el marcador, pagando errores de concentración en defensa pero bregando en ataque para rascar puntos lanzando a palos. El apoyo a los pibes ya es definitivo en el bar máxime porque uno de los integrantes de la escuadra que acaba de llegar a ver el partido es de allende los mares.

Aunque eso no quita para que este otro señor argentino sea el primero en aplaudir el siguiente ensayo australiano que sepulta un poco más las opciones de los Pumas. "Muy bueno, pero qué rebueno, che" no se cansa de decir vuelto hacia nosotros como para confirmar el hecho de que acabamos de presenciar un ensayo memorable mientras no para de aplaudir. Aplaude un ensayo que está jodiendo al equipo del cual porta la camiseta todo orgulloso. Porque ante todo a este señor le gusta el rugby.

Y llega el descanso. Y acontece la catástrofe. La camarera pregunta si el partido ha terminado o todavía queda otra parte. Ante la respuesta de que todavía resta otra parte nos explica que a las seis y cuarto va a tener que poner el fútbol como tiene ordenado por parte de su jefe. Pero no se crean que el partido a poner es algún derbi de la máxima rivalidad, un partido de competición europea o algunos cuartos de final del Mundial. No, es un simple Barça-Eibar de la décima jornada de Liga. Y a pesar de que la Sociedad Deportiva Eibar me cae muy simpática el partido como tal me parece absolutamente prescindible.

Proponemos a la apurada camarera una solución salomónica y esta no es sino poner un evento en cada tele del local para que así nadie discuta. Pero la solución es técnicamente complicada de ejecutar al ser los dos acontecimientos codificados y no emitirse ninguno en abierto. Consulta con el jefe vía telefónica, ahora nos dice algo. Mientras en el bar hacemos recuento de los parroquianos para ver cómo gestionar la posible discusión.

Pero de hecho la posible discusión es inviable. Aparte de las doce personas integrantes del equipo de rugby que ha tenido que huir de la comarca por motivos ajenos a su voluntad nos encontramos la pareja de inadaptados seres a los que tras ser cuestionados sobre si estábamos viendo el rugby por hacer hora e íbamos a ver el fútbol, respondemos: "¡el rugby, la duda ofende, estamos viendo el rugby!".

Y nadie más. Catorce personas viendo un partido de rugby, consumiendo cerveza a un nivel bastante elegante, y nadie más. La apuradísima camarera nos comenta que lo de poner los dos eventos a la vez no puede ser, que en todo caso nos deja ver el rugby hasta que comience el fútbol y entonces... pues entonces si llega alguien pidiendo el fútbol lo quita y punto.

Entonces, es entonces cuando el señor argentino ataviado con la albiceleste se enerva (de muy buenas maneras eso sí) "che, o nos ponés el rugby (pronúnciese "ragby") todo entero o nos marchamos". Los demás intentamos hacer ver a la camarera por la vía diplomática que de momento tiene catorce clientes consumiendo bastante bien y que se expone a vaciar el bar. Y que en cualquier caso la segunda parte del fútbol la tendrá libre para ponerla sin que se solape con el rugby.

La apuradísima y obedientísma camarera no se mueve un ápice de las directrices establecidas por su jefe y da como límite para ver rugby en ese bar las 18:15 h. Las chicas y chicos del equipo de rugby que ha tenido que escapar de la comarca ante la falta de apoyo se marchan a otro lugar a intentar mendigar por cuarenta minutos de semifinal mundialista. Los dos inadaptados seres que llevamos desde el principio de partido nos quedamos a rumiar la particular derrota que ya se ve venir.

Comienza la segunda parte del Argentina-Australia y al bar vacío salvo por nuestra presencia llega un abuelete y se clava en la barra tras pedir un zurito. Mira al televisor, pone cara rara, qué cojones es esto, consulta el reloj. Llama a la solícita camarera, pide explicaciones. Se queda más tranquilo cuando le dicen que quedan diez minutos para que comience el partido de la máxima entre Barça y Eibar. Su dosis semanal de fútbol nadie se la va a quitar.

Vamos pagando los tragos y vemos como en la tele cambia el escenario de la semifinal de un Mundial por el de una jornada corriente y moliente de liga. Nos despedimos de la camarera la cual ha hecho lo que le han mandado y nos vamos a dar una vuelta por el pueblo comentando lo sucedido. No es que sea culpa de la camarera, ni del jefe, ni mucho menos del abuelete. Es simplemente la sociedad en la que nos ha tocado vivir, qué le vamos a hacer.

Australia ganó el partido, los Pumas bregaron en la segunda parte pero Australia ganó. En la final, la cual algunos extraños seres vimos en un domicilio particular ante la imposibilidad de verla en un bar puesto que a la misma hora había fútbol, a los Wallabies les tocó el papel contrario y rozaron la machada en la segunda parte. Ante una Nueva Zelanda que finalmente ganó de manera aplaudida y merecida.




martes, 10 de noviembre de 2015

Poyet

Aparte de ser un antiguo jugador de fútbol uruguayo metido a entrenador famoso por jugar en el Real Zaragoza que ganó una Recopa resulta que Poyet es un antiguo asentamiento medieval situado entre Barbastro y Castillazuelo del que se conservan algunas ruinas y al cual se puede acceder por la recién estrenada Senda del Río Vero.


Hay otros caminos por los cuales se puede llegar a este singular paraje pero debido a la novedad que supone caminar por la senda y a que el domingo no tenía otra cosa mejor que hacer para allí que me fui. Además que siendo el domingo de la Behobia algo tenía que hacer. Este año no sé muy bien por qué se decidió no acudir a la cita con tan memorable carrera. Fueron surgiendo otros planes para el fin de semana que se fueron cayendo poco a poco e incluso a última hora surgió la oportunidad de acudir a una marcha cicloturista por la Hoya de Huesca. Ofrecimiento que decliné ya que no cogía la bici desde agosto.

No me equivoqué, el sábado marché a dar una vuelta con Pablo (y un rato con David) con la bici de ruedas gordas y hasta Selgua todo fue más o menos bien. El almuerzo no presentó dificultades de consideración pero la reanudación vino acompañado de molestias en el trasero. Mal que bien todavía salió una vuelta de unos 40 km pero después de la ducha y de comer se podía declarar como zona catastrófica donde la espalda pierde el nombre. Es lo que tiene no coger una bici en tres meses. Una vuelta más larga con mayor desnivel que el que ofrece una simple vuelta a Selgua no sé que hubiera podido hacer o si hubiera podido conducir el coche de vuelta a casa.

Así es que el domingo pronto por la mañana y con el trasero recuperado quería salir a caminar. Viendo en el facebook (que alguna vez sirve para algo) que el día anterior algún amigo había ido al Poyet y había colgado fotos fui a wikiloc a buscar el track y... ¡bingo!, ahí estaba. Descarga al móvil, desayunar, calzarse las zapatillas y a caminar.


Nada más descender desde el Puente de Hierro a la ribera del río causa impresión por el paisaje que se ofrece a la vista. Según se avanzan metros la cosa se pone cada vez mejor y uno no puede por más que ir embobado muchos tramos. Muchísima vegetación, hojas cayendo de los árboles y el continuo rumor del río acompañando. A la senda todavía le falta desbroce y un marcado más adecuado pero de momento es lo que hay y no se le puede pedir más a los artífices de esta joya que como Luis Trailmaker trabajan de manera desinteresada para que podamos disfrutarla.

Recuerdo este año al terminar la Treparriscos que nos encontramos en la feria del corredor. Los dos estábamos eufóricos por haber terminado la marcha, él en su caso la Quebrantahuesos, y al menos en mi caso por unas cuantas cervezas que habían caído al cuerpo. Comenzó a explicar cómo iban a dinamizar la senda del río y que querían que llegara hasta Alquézar. Que había tramos preciosos y que incluso había pasos subterráneos. Que estaban desbrozando y empalmando diferentes sendas y caminos para crear toda una ruta de 20 kilómetros.


¿Pero qué me estás contando, Luis? - he de confesar que en aquel momento no sabía muy bien si el cansancio y las cervezas me estaban jugando una mala pasada - Que sí, que sí- respondía Luis todo ufano - ya lo veréis muy pronto cuando esté arreglado, es precioso. Y no se equivocaba. Incluso lo del paso subterráneo es cierto y no voy a desvelar su paradero para que si alguien se aventura por la senda se sorprenda como cualquiera que pase por allí la primera vez.


Transcurrido como un kilómetro oigo algún perro y disparos y pese a que el camino está alfombrado por las hojas caídas de los árboles en algunos tramos surge el barro y está un poco resbaladizo. Justo cuando empiezo a tener alguna duda sobre si proseguir o no aparecen de frente dos de los CaminaCorre. Gurú y Sullivan, esto es, mi hermano Jose y Jorge. Después de la sorpresa y de quedar otro día para hacer la ruta juntos me indican que no hay de qué preocuparse, que el barro afloja y que los cazadores están en la margen izquierda del río y nosotros siempre vamos por la diestra del Vero. Que en la margen derecha tienen prohibido cazar. Pues adelante. Nos despedimos, ellos enfilan hacia el Puente de Hierro y yo hacia la Virgen del Plano.


Asciendo las míticas escaleras con los rótulos de diversos comercios locales de hace muchos años y tras pasar por la desvencijada ermita y el puente colgante del que sólo quedan las pilonas del que cuelga algún cable y algún madero, la senda vuelve a bajar a buscar el río. Entre toboganes y pequeños subebajas el camino va avanzando pegado al curso del Vero. En determinadas ocasiones el camino se topa con algún recodo del río difícil de salvar o muy estrecho así es que se asciende unos metros por medio de escalones tallados en la tierra y asentados con tablones y se sale a alguna huerta o a alguna faja. 

Se avanza unos metros por esas zonas "altas" a unos diez metros sobre el río y se vuelve a descender por otros escaleras o algún zigzag a nivel del Vero. A ratos me pierdo, otros voy haciendo fotos y otros me paro a charrar con algún conocido ciclista que va haciendo la ruta en sentido contrario. Tras unos tres kilómetros desde el puente de Hierro se alcanzan unas viñas previo ascenso y hay que despegarse del río.


Se llanea un rato para luego ascender hasta el enclave de Poyet. Allí descubro más gente que ha venido a descubrir la senda. Unos saludos, unas fotos, una lectura del panel informativo y una barrita para el cuerpo y media vuelta por donde he venido. Y a pesar de volver por el mismo camino, más fotos de los parajes al mismo tiempo que me cruzo con varias familias que han venido a pasear a la vera del río. 


Pequeña capuceta en uno de los barrizales por ir con el teléfono en la mano y perder el equilibrio sin poder sujetarme a una rama como es debido, con buena embarrada para llegar a casa. Y después de dos horas y pico de caminar chino chano y charradas varias, llegada al Puente de Hierro. Caminata muy tranquila y entretenida.

A poco que las instituciones apoyen este proyecto, saca muy buena pinta. Porque dicen que según se avanza por Pozán, Huerta, el puente de Colungo y Alquézar la senda es espectacular. La primera parte hasta Poyet ya está en marcha, ahora se trata de no dejar morir este camino y que cada día esté mejor acondicionado. ¿Y saben ustedes cómo permanece vivo un camino, no? Usándolo, así que a pasear por el Vero que de verdad merece mucho la pena.




lunes, 26 de octubre de 2015

Al Tour de Francia hemos de ir

No me gusta octubre, por decirlo de una manera suave y sin hacer referencias escatológicas. Dando por sentado que el verano finaliza cuando se cierran las piscinas, todavía se puede decir que el mes de septiembre es un engaño para ir haciéndonos la idea de lo que nos queda por delante. Pero una vez entrados en octubre los días se acortan, el cuerpo se destempla, unos días hace frío y otros no, y tenemos bien presente que queda por delante un largo invierno y, lo que es peor, un otoño tristón. Y el cambio de hora para rematar la jugada.


Pero si algo bueno tiene este mes, además de que van apareciendo las setas (y no me refiero a las de Aranda) y de que pasear por la montaña es un espectáculo de colores es que cada cuatro años se celebra ese evento no suficientemente valorado como es el Mundial de Rugby, además de que en la tercera semana se desvela el recorrido del Tour de Francia. Y empieza la ilusión por que llegue el lejano mes de julio.





Alucinante. Así se puede definir el recorrido del Tour de Francia para 2016 al que se le pueden poner algunos peros que enseguida quedan sepultados por un hecho capital que no era habitual en los últimos años. Habrá sucesión de etapas pirenaicas cerca de casa, y serán en fin de semana. Señores Tuercepedales, frikis de las dos ruedas y aficionados en general, vayan preparándose porque en julio a Saint-Lary (o a Luchon, o a Vielha) hemos de ir a que nos resuelvan unas cuantas dudas.

¿La caravana volverá a ser la repanocha?

¿Habrá Cochonou? ¡Cochonou!
¿Será el último Tour que dispute Contador?
¿Valverde volverá a llorar como una magdalena?
¿Bardet aprovechará los numerosos descensos que tienen las etapas de montaña?
¿Decidirán algo las dos contrarrelojes individuales?
¿UK Postal Sky volverá a ser un equipo de robots medicalizados indestructibles?
¿Quien gane el Tour deberá ser de nuevo el mejor grimpeur?
¿Contemplaremos algún puerto tan bonito como los Lacets de Montvernier?

¿El descenso del Aspin camino de Lac de Payolle será de traca?
¿Movistar jugará a ganar de una puñetera vez y veremos a Nairo a tope de pagüer?
¿Acudirá Nibali después de ver el recorrido que le han preparado?
¿Se podía preparar un serrucho más bonito?
¿Sagan volverá a perseguir el Verde?
¿La etapa de Utah Beach será la apoteosis?


¿Saben la que les espera en el descenso de la Hourquette d'Ancizan?




Un Tour muy bien traído, donde tanto como escalar va a ser capital saber bajar. Donde los mulos que suben como llevados por una fuerza sobrenatural pueden ser derrotados por las hormiguitas que arañan tiempo en las carreteras ratoneras. Un Tour que va a pasar muy cerca de casa. Y donde es obligatorio asistir al menos uno de los días a disfrutar. ¡Y no se tolerará un no por respuesta!


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