lunes, 27 de enero de 2014

Amanece que no es poco


Durante este mes de enero se cumple el 25 aniversario del estreno de "Amanece que no es poco", una de mis películas preferidas. Obra del genial don José Luis Cuerda es una de las mayores muestras de humor llevada al cine en España. Más en concreto se la cataloga como de humor absurdo por valerse de situaciones incoherentes, irracionales o alejadas de la realidad para generar la carcajada. Esta definición de humor absurdo jamás me convenció puesto que la línea que separa la normalidad de la anormalidad es bastante fina o difusa en muchos casos o está aplicada en base a criterios impuestos por la sociedad que como se viene demostrando en los últimos años están más alejados de la realidad que cualquiera de los protagonistas de "Amanece...".



En cualquier caso, valga la expresión de humor absurdo para enclavar filmográficamente a esta joya de nuestro cine. Quizás tan sólo sea superada en cotas de surrealismo, aunque todo depende de los ojos que lo miren, por su antecesora, "Total", aunque la fama se la llevó "Amanece..." acumulando a cada año que pasa desde su estreno, 1988, más y más seguidores.


Aquí abajo enlazo la película "Total", una gran desconocida para mucha gente, incluso acérrimos seguidores de "Amanece...". Tan sólo dura 53 minutos, repletos de humor absurdo, el comienzo ya marca... Gran parte del peso interpretativo de "Total" recae sobre don Agustín González, a mi juicio uno de los grandes ausentes en "Amanece..." Cassen haciendo de cura está muy bien pero don Agustín hubiese elevado el papel a niveles antológicos. 


Pero volvamos a "Amanece..."

En mi casa es de esas películas por las que se tiene devoción al igual que en el pueblo de "Amanece..." se tiene devoción por Faulkner. Causó tremendo impacto y fue reproducida en el vídeo VHS en repetidas ocasiones. Cuando digo en repetidas ocasiones quiero decir que hubo una época en la que cada sábado por la mañana había pase de "Amanece que no es poco". No estoy exagerando, aquello se convirtió en un auténtico ritual que constaba de los siguientes pasos bien definidos:

  • Alguno de mis hermanos o yo mismo nos levantábamos a eso de las 9:00 de la mañana. Dependiendo de quien cogiera primero el mando de la tele, indefectiblemente la cinta VHS de "Amanece..." era introducida en el reproductor y comenzaba la sesión. Circunstanciálmente podía haber un paso previo consistente en poner la TVE2 catalana o la TV3 para ver un rato el "Força Barça" de Alfonso Arús. Uno de los mejores programas de humor que se han hecho en este país en los últimos tiempos. Si se comenzaba a ver al Arús, el programa se terminaba de ver. Entonces sí o sí, se introducía la cinta de "Amanece..." en el reproductor.
  • Transcurrido cierto tiempo de película iba apareciendo el resto de espectadores de la sesión que casi siempre estaba compuesta por el mismo aforo. En alguna ocasión otros miembros de la familia intentaron seguir las peripecias de Teodoro y su padre Jimmy (Resines y don Luis Ciges, postrarse) en ese pueblo de hijos de puta, como así los denomina Jimmy en cierto momento, pero desistieron en el empeño. Antes he dicho que en mi casa había devoción por esta película y es cierto a medias porque algunos la hemos visto 27 veces (pongo 27 por poner un número, seguro que son muchas más) y otros no aprecian este tipo de cine. Eso que se pierden...

  • Si el tercer componente de la sesión (rara vez se superó este número de espectadores, y las veces que ocurrió era digna de ver la cara de incredulidad de los no iniciados ante la sucesión de escenas de la película) , como digo, si el tercer componente llegaba antes del cuarto de hora transcurrido de película podía solicitar su rebobinado y volver al comienzo, máxime si traía de la cocina chocolate, pastelitos Martínez, una bolsa de patatas fritas o similares. Si había transcurrido más tiempo no era seguro que se rebobinase aunque ese hecho en realidad nunca a nadie le importó ya que si te tragas la misma película todas las semanas te importa bien poco repetir algunos trozos en la misma sesión.
  • Varias escenas tenían el derecho de ser rebobinadas y vueltas a pasar hasta la extenuación. Estas eran entre otras (ahora lo suyo sería advertir que los siguientes textos vídeos y textos pueden contener trama argumental o como dicen los modernos, spoilers; quien no haya visto la película en estos 25 años tiempo ha tenido; aún así la visión de todos estos vídeos sin tener la menor idea del argumento de la película, si es que lo tiene, no esclarece ningún secreto ni destripa ningún misterio):

La oda a la calabaza


Posíblemente la escena con mayor carga sentimental y poética de todo el film. El labriego se despide de su amada calabaza confesándole su aprecio por haber estado junto a él en los momentos más dramáticos de su dura existencia. Y cuidado qué momentos...


El examen de la escuela (con las ingles, su importancia geográfica, ¡y el clavel!)


Un minuto sublime, absolútamente excepcional. Las ingles descabaladas, su porqué; las ingles putas; dibujo a mano alzada de las ingles; ¿¿es carne la ingle??; el jaque a la ingle; ¿¿¿satisface hoy en día una ingle??? ¿qué ingle?


El mátame que Guillermo Montesinos espeta al camión

Para la Historia la frase siempre quedará como "Mátame, camión". Sin embargo Guillermo Montesinos a pesar de gritar desaforádamente en mitad de la carretera, quieto como un conejo deslumbrado por las luces del camión Ebro que se le abalanza encima, tan sólo grita "Mátame... pero máaaaaataaaaameeeee". No he conseguido encontrar la escena en Youtube.


Dostoievski


Teodoro y Jimmy buscan alojamiento en el pueblo. Y qué mejor forma para entrar en casa de doña María Isbert que proponer una conversación acerca de Dostoievski.


¿Por qué mató a madre, padre?


Una escena que en los tiempos que corren estaría censurada o no se podría rodar. Jimmy (don Luis Ciges) le explica a su hijo Teodoro (Resines) los motivos, muy lógicos según él,  por los que mató a madre.

Las elecciones de las mujeres


¿Quién se presenta a puta? Y a tonto del pueblo, y a adúltera. Un pueblo muy democrático.


Un hombre en la cama es un hombre en la cama... 


Jimmy no se fía de su hijo Teodoro. Y es que un hombre en la cama es un hombre en la cama.


La escena del Negro


Doña Chus Lampreave en estado puro. Surrealismo puro y duro. Su hijo negro y catecúmeno a sus cuarenta años sigue provocando el espanto y horror de su tío, el labriego de la calabaza, cada vez que se cruzan en casa puesto que este todavía no se ha hecho a la idea de que tiene un sobrino que es minoría étnica.


Alcalde, todos somos contingentes pero tú eres necesario


La exaltación del paisano, su magnífica sentencia, las caras de los presentes, el coro de niños cantando de fondo "Valencia es la tierra de las flores" y el resto de frases antológicas del estilo "Queremos que la muchacha sea comunal (y turgente)".


Resultados de las elecciones


La primera frase es muy reveladora. "Hemos ganado los de siempre...". En la película esta situación hace gracia, en la realidad paralela en la que vivimos, no tanto.

  • Todas estas escenas podían ser visualizados dos o tres veces con ovaciones, vítores y escandalera general.
  • La mítica escena del Cabo Gutierrez pegándole tiros al sol no está incluida en el apartado anterior a pesar de ser una de las mejores tomas del cine contemporáneo español por una razón que añade un plus a la locura que suponía ver la cinta sábado sí y sábado también. La película estaba grabada de la tele y NO estaba grabada completa. Por tanto, la escena de yo no aguanto este sindiós que viene a ser la escena final del film NO figuraba en la sesión semanal de "Amanece.."


Es por este último motivo que a pesar de haber visto esa película unas 37 veces (antes he puesto 27, es igual, con 37 tampoco creo que me quede cerca) la mayoría de las veces ha sido de manera incompleta. Cuando por fin se pudo grabar completa, adquirir el DVD, descargarla de internet o verla en uno de los múltiples pases que todos los años emite la 2, la Sexta3 o alguna cadena de televisión en la que hacen películas serias, me la he vuelto a tragar aquellas 43 veces más. Y aún así no me canso de verla.

Queda pendiente hacer el viaje a los pueblos donde esta maravilla de película fue rodada, esto es Ayna, Lietor y Molinicos para hacerme una foto en el sidecar de Teodoro. Hasta entonces seguiré viendo cada vez que pueda a Cassen y Aleixandre dando misa con la iglesia rebosar. Y con la que sigue cayendo a nivel económico, social... en un mundo en el que sus dirigentes parecen haber dado la vuelta a los conceptos de racionalidad e irracionalidad, y a menos que un día al sol le dé por salir por el otro lado (o nos cobren por disfrutarlo), no está de más recordar cada día que Amanece que no es poco.

domingo, 19 de enero de 2014

Perdidos


Perdidos es una serie de televisión estadounidense que fue estrenada en España en 2004 y que está compuesta por 6 temporadas. El tramo final de la serie fue tan extraño como descafeinado para la legión de seguidores que la seguían por todo el planeta, aunque los cinco minutos finales se veían venir desde el principio. Para mí, que la seguí capítulo a capítulo desde su fecha de estreno hasta su final, si bien la temporada final tuvo menos luces que sombras el resto de serie me pareció una de las más entretenidas y atrayentes que haya podido presenciar.

Los protagonistas de Perdidos caían en una isla aparéntemente desierta tras sufrir un accidente aéreo. Muy pronto se daban cuenta de que esa enigmática isla poseía unas características impropias al resto y los personajes se dedicaban a deambular por sus terrenos boscosos buscando una salida o una respuesta que les aclarase dónde o cuándo estaban. En aquellas incursiones a menudo llovía, los personajes oían extraños sonidos, aparecían extraños animales a su paso y sentían la presencia invisible de Otros habitantes.

A mitad de la serie conseguían saber dónde y cuándo estaban aunque la cosa seguía liándose más y más hasta alcanzar cotas un tanto rocambolescas y uno se podía imaginar el final de la serie aunque la forma de llegar hasta él era inimaginable.

Pues bien, el sábado por la mañana hubo momentos en los que Carlos, Agus y yo mismo pudimos sentirnos como los protagonistas de Perdidos dando más vueltas que un trompichón.


Se suponía que partiendo de Barbastro debíamos llegar al Pueyo, desde allí enfilar a Castillazuelo, todo ello por caminos, y una vez allí volver por la carretera al punto de inicio. Marcado en verde en el mapa aparece el tramo Barbastro-El Pueyo que todo el mundo que corre o va en bici o sale a andar conoce en este pueblo. Sin embargo, tuvimos la feliz idea de dejar el coche en el puente de Hierro y comenzar la ruta allí con dirección a Granja Aventura. Lo de Aventura ya sonaba premonitoriamente aunque todavía no lo sabíamos.

De modo que seguimos por el camino marcado en amarillo tal y como se muestra en la imagen. Ya en el tercer kilómetro tomamos el desvío equivocado y en lugar de ir por el camino azul, seguimos por un bonito sembrado de ordio. Un vórtice extraño similar al del triángulo de las Bermudas o el de la isla de Perdidos  comenzaba a arrastrarnos a la perdición. El cielo marcaba lluvia y empezaban a oirse ruidos extraños.

Por fortuna retomamos el camino que queríamos seguir y llegamos hasta la intersección en el que se puede ir hacia el Pueyo o seguir hacia Castillazuelo. La primera opción hubiera supuesto seguir el tramo vertical verde de la imagen para luego desandar los pasos bajando a Castillazuelo. Nosotros nos ahorramos ese tramo y continuamos en dirección Norte hacia Casti. En el primer cruce conflictivo tomamos dirección Este cayendo en el vórtice de lleno. En azul, lo que deberíamos haber hecho, en amarillo el despropósito.

Por un terreno descendente y más o menos en buen estado corríamos raudos y veloces viendo que nos dirigíamos directos a la carretera. Nadie reparó en dos hechos fundamentales. 
  1. Justo antes de llegar a la carretera está el río Vero.
  2. Entre Barbastro y Castillazuelo no hay puente, pasarela, vado o barca que cruce el río.
Cuando nos topamos con el río de frente fuimos conscientes de estos hechos. Había dos opciones, cruzar el río y llegar a la carretera o volver por donde habíamos venido. Para cruzar había que descalzarse, arremangarse las mallas hasta las rodillas y después de meterse en el agua bien fresqueta, en la otra orilla trepar por barzas y arbustos hasta la carretera que estaría como cinco metros más arriba. Sin embargo al otro lado no se veía un sitio decente por donde trepar.

Volvimos hacia atrás y entonces comenzó a llover, y los sonidos extraños que no eran sino escopetazos a cincuenta metros de cazadores disparando a conejos o jabalís o a saber qué se intensificaron. Comenzamos a dudar, si volvíamos para atrás o nos pegaban un tiro o entresacábamos un jabalí y nos embestía. Solución, comenzamos a caminar en paralelo al río por unos viñedos buscando otro camino o un tramo despejado para cruzar a la otra orilla, llegando al final del viñedo y con él al final de la senda. Comenzaba a rondar por nuestras cabezas el siguiente titular del Diario del AltoAragón en la edición del domingo, "Tres gilipollas son rescatados por el helicóptero de la Guardia Civil a dos kilómetros de sus casas".

Cuando estábamos decididos a caminar campo a través hacia el centro del vórtice vimos a uno de los Otros que se dirigía hacia nosotros. Le comunicamos que nos habíamos perdido y que cómo (cojones) podíamos volver a casa. El muy granuja y ladino nos embaucó de mala manera aduciendo que estábamos muy lejos. O estaba más perdido que nosotros o le habíamos espantado la caza porque nos indicó la dirección correcta pero de aquellas maneras...

El vórtice volvió a hacer de las suyas y en la intersección crucial para devolvernos a casa la volvimos a cagar. Cuando ya nos veíamos regresando hasta el Pueyo mientras la lluvia arreciaba y los escopetazos continuaban un buen hombre vino de frente en un Patrol. Riéndose por nuestra situación nos hizo una explicación para tontos "tirad para abajo, por este camino no que está cortado (porque al dueño de la finca le ha salido de ahí), por el siguiente, a quinientos metros cogéis el de la izquierda, a doscientos metros comienza el asfalto y de allí a la Virgen del Plano, y de allí... ¿sabréis llegar?"... Sí, muchas gracias, eso es una indicación, buen hombre.

Al final conseguimos volver a donde habíamos dejado el coche y desde allí, al igual que en la serie Perdidos, el final de la aventura estaba claro. Almuerzo de dos huevos fritos con panceta y buena jarra de cerveza. Para la próxima aventureta de este tipo o llevamos la ruta metida en el garmin o unas chancletas de río en la mochila para vadear superficies acuosas porque si no esto no es serio.

martes, 14 de enero de 2014

Alimentación e hidratación


La semana pasada me apunté a la marcha cicloturista "Puertos de la Ribagorza". La prueba, el 31 de mayo. El objetivo, lograr pasar antes de la hora de corte por el cruce de Villacarli y poder enfilar por el recorrido largo. ¿Lo conseguiré? no lo sé. Lo interesante será intentarlo. Para ello deberé coger la bici ya y no soltarla hasta mayo, aunque de momento entre semana lo tengo imposible así es que de momento seguiré yendo a correr y a nadar y cruzaré los dedos para que a partir de marzo no llueva mucho para poder salir a pedalear.

Por otra parte, un aspecto importante a la hora de encarar objetivos deportivos es no descuidar nuestra alimentación así como mantener una correcta hidratación. Por ello este pasado fin de semana decididí alimentarme e hidratarme conveniéntemente.


El viernes por la tarde llevaba idea de hacer unos largos en la piscina cubierta. Sin embargo al llegar allí me di media vuelta debido a que no me apetecía compartir las dos calles que la natación y la sincronizada habían dejado para el resto de usuarios con 6 personas más. Cualquier otro día me hubiese dado lo mismo pero llegar el viernes cansado del trabajo y tener que pegarse codazos nadando no me hacía ilusión. Así es que me fui a hidratar con los amigos.

Tres o cuatro cañas con limón después se decidió ir a cenar una comida altamente proteica. Hamburguesa con queso y pan con tomate. Para bajar la cena, un helado de chocolate blanco y a dormir.

El sábado fue la sesión de alimentación con mayúsculas. De cara a los entrenamientos invernales es recomendable aportar al organismo altas dosis de proteinas e hidratos de carbono. Así es que encaminé mis pasos hacia La-Villa-Jamás-Conquistada, la muy noble y muy leal villa de Naval para degustar un maravilloso almuerzo en el bar del pueblo junto a Toño, Héctor y Nacho.

Mientras en la tele emitían la reposición del programa "Comando Actualidad" dedicado al culto al cuerpo, los allí presentes nos dedicábamos a algo parecido. Mientras por la pantalla iban desfilando culturistas, concursantes de certámenes de belleza, gente haciéndose operaciones estéticas... e incluso un trocito de la Behobia de este año, nosotros nos apretábamos unos huevos fritos con longaniza y un café. Vino no, que había que salir a caminar después.

Después de eso, caminata hasta la Virgen de los Dolores con la niebla de compañera. Curiosa compañía por esos lares, acostumbrados a ver brillar el sol mientras en el llano la boira nos cubre. En cualquier caso agradable paseo hasta la ermita para hacer sonar la campana, sacar una foto para verificar que la jactanciosa frase que tanto les gusta soltar a los navaleses alardeando de que "En Naval nunca hace niebla" es mentira y cara abajo otra vez. En total, poco más de 6 km muy tranquilos en 1h 40'.


Campana de la Virgen de los Dolores; al fondo, ENTRE LA NIEBLA, la villa de Naval

Al volver a Naval, preparación de brasa y viandas varias para degustar unos hermosos chuletones de ternera a la brasa, con patatas asadas, alioli y paté. Todo ello regado con un tinto de Viñas del Vero. Una dura prueba para el estómago, ejemplo de titánico esfuerzo y tenacidad para terminar todo.

El Chuletón; el emplatado nos lo tumbarían por feo en Master Chef pero nos da igual

Esta vez he de decir que se me hizo cuesta arriba, a lo mejor el almuerzo tuvo algo de culpa. A mitad de chuletón iba chemecando como si estuviera subiendo una rampa del 10% con la bici, así y todo es necesario sufrir de este modo y tomárselo como un entrenamiento de fondo y no reblar. Tras enchufar el medio kilo de carne al cuerpo y tras diez minutos próximos al colapso en los que el riego sanguíneo no daba abasto, unos chupitos de crema de orujo y un poleo. Después un paseo hasta la antena repetidora de Salinas para ir favoreciendo la digestión, en todoterreno eso sí, que para caminar no estábamos en esos momentos.

De allí, vuelta a Barbastro a darse una ducha reparadora y a merendar un poco. Tras perder el tiempo viendo un insulso partido de fútbol en el que se disputaban el liderato de la Liga pero que no me supo a nada y en el que tuve la impresión de perder dos horas de mi vida frente a un televisor, encaminamos los pasos hacia el restaurante ganador de la mejor tapa de Aragón del último año. Tras degustar una contundente tapa de queso brie con morcilla se decide terminar la jornada cenando, no fuese a ser...

Y acabamos enchufándonos un bocadillo de calamares con alioli, pequeño eso sí, y un helado almendrado para redondear la jugada. Con semejante base en el estómago creo que podría haber salido hasta las 8 de la mañana y beberme medio bar sin cantearme, sin embargo decidí marcharme a casa a dormir como un bebé bien empapuzado de comida. 

El domingo marché por la mañana al cross de Fonz a ver a dos de mis sobrinas correr. Alguna estaba más pendiente de unos caballos que había en la zona de meta y de ir a verlos cuando terminasen de correr que de la carrera como tal, eso sí que es correr feliz y despreocupado y lo demás tonterías. De mayor quiero ser como estos críos.

Aparte había varios CAB's que corrían en la categoría absoluta y mientras calentaban preguntaron que si yo corría... 
Pues hombre, otro día a lo mejor me animo pero cuando no me haya pegado un fin de semana semejante de alimentación e hidratación porque si no... ¡a la primera vuelta me veo echando hasta la primera papilla!

lunes, 6 de enero de 2014

227 horas

Un año por lo general cuenta con 8.760 horas, aunque cada cuatro años llevan propina. Yo he decidido invertir parte de esas horas en caminar, correr o hacer el canelo con la bici. He aquí el desglose:


1.006 km corriendo (103 horas)


Curiosamente he salido 103 días a correr, tantos como horas dedicadas a ello. Eso quiere decir que el cuerpo es sabio y lo tengo muy bien acostumbrado a salir una, y sólo una, horeta a correr. Así es que los días que se me ha ido la romana estando más rato han sido compensados inconscientemente haciendo sesiones más cortas.
El mes con más kilómetros fue septiembre con 122 en tan sólo 10 salidas (hice 3 tiradas de más de 17 km). Cerca se quedó noviembre con 116 km en 12 días y una Behobia de por medio. 

Las Muñecas de Famosa antes de ir a la salida de la Behobia

El peor mes, mayo, con 27 km en 3 salidas. Los 12 días que cogí la bici tuvieron la culpa de que corriera tan poco. Marzo con 43 km y Julio con 58 km le siguen en el ranking de meses con menos salidas. El primero debido al mal tiempo, y el segundo debido al calor.


2.001 km en bici (87 horas)

Para ello he necesitado salir 42 veces a la carretera. El mes más bestia fue mayo con 588 km en 11 salidas y una Puertos de la Ribagorza de por medio, seguido de abril con 400 km en 8 salidas. A la Puertos llegué con 1.160 km en las patas. Para este año espero llegar con unos cuantos kilómetros acumulados más si el tiempo no lo impide.


Ambas fotos están sacadas del blog del sr. ornitorrinco
En la superior, David y mi hermano Jesús (mis compañeros de fatigas en las salidas entre semana) descendiendo las Vilas del Turbón el día de la Puertos. Al fondo se ve venir a Nacho. En la inferior, Nacho (capaz de meterse por los puertos y caminos más cabrones de la redolada) en primer plano y yo a unos veinte metros tratando de no quedar cortado. 
No lo conseguí...



Entre septiembre y diciembre tan sólo he cogido la bici 3 veces y las dos últimas salidas han sido por recordar como era aquello de ir en el velocípedo de andar deprisa y cuadrar en 2.000 km el total de kilómetros anuales.
Un resumen más exhaustivo de mi año ciclista con perfiles y chorradas ya fue hecho en la entrada Resumen ciclista de 2013.


17 km nadando (¿11? horas)

Miseria y compañía, ya lo sé pero es que aunque es un ejercicio que debería hacer muchísimo más me aburre soberánamente. A partir de ahora creo que voy a controlar el tiempo que invierto en hacer los largos. Más que nada por encontrar un entretenimiento. De momento vamos a considerar que entre pitos y flautas, que me paro entre largo y largo y demás, invierto 1 minuto por largo. O sea, 1 km equivale a 40 minutos a remojo (que no nadando).
El mejor mes en este apartado fue agosto con unos 7 km en 12 sesiones. Se acabó el verano y la piscina al aire libre y al comenzar la temporada de piscina cubierta la asistencia se redujo dramáticamente. Hasta llegar al punto en el que o espabilo o me comeré el abono de temporada con patatas.


73 km caminando por el monte (21 horas)

Otra actividad que se ha ido al carajo, o esa sensación me da, respecto a otros años. Empezó fuerte el año con excursiones al Tozal de Guara y al Buñero pero debido a diversas circunstancias hasta agosto no volví a encadenar tres salidas más de este tipo. Y desde entonces cero patatero otra vez. 

Pasarelas de Mont Rebei. Todo lo que tiene de chulo el congosto lo tienen de precarias las escaleras

Este tipo de salidas está bien porque permite salir a caminar muy tranquilamente con la gente para más tarde acudir a algún restaurante en Laspuña, Sieste o Escalona y ponerse bien de comer. Una actividad a recuperar como sea.


72 km en BTT (5 horas)

La gente te lo dice y no te lo crees. "Cuando te compres la bici de carretera dejarás de usar la de montaña". Tontadas pensaba yo.
Unas narices, es una verdad como un templo. 3 días he salido con ella y en dos ocasiones fue porque llegaba al garaje y entonces me daba cuenta de que las ruedas de la de carretera estaban en el suelo y me daba perrería cambiar la cámara. 6 veces he pinchado este año las ruedas de la bici de carretera... digno de estudio.
El caso es que la bici de montaña se ha convertido en una actividad marginal de 4 horas y pico invertidas en un año. Recuerdo el primer día que la cogí después de unos cuantos kilómetros con la de carretera y me parecía ir pedaleando como el payaso Krusty en su triciclo.


A lo mejor en abril me da el puntazo y me inscribo a la marcha de la Bodega Pirineos, donde la última vez que la hice me costó más o menos el mismo tiempo que he estado este año subido a mi en tiempos querida BTT. Sólo que aquella vez fueron 45 km y en la última subida tiré la bici a la margen y me puse a vaciar la mochila de chocolatinas porque tenía un hambre que no aguantaba. Mi hermano Jesús que llevaba un buen rato en la meta me llamó por teléfono para cerciorarse de que no me había caído en algún barzal. Y mientras yo ahí zampando...



Me he puesto un dorsal en 5 ocasiones: 

la marcha cicloturista Puertos de la Ribagorza de 125 km
la 10 k de San Ramón

Pocas veces, quizás... para mí suficientes.

De modo que en total he utilizado 227 horas de mi tiempo en realizar alguna de estas actividades físicas. Teniendo en cuenta que el año cuenta con 8.760 horas y 1.980 nos las pegamos algunos encerrados en una nave industrial sin ver la luz del sol... pues muy pocas me parecen.

Así es que para este año en este aspecto tan sólo pido eso, poder aumentar el número de tiempo realizando la que sea de las actividades que menciono arriba. Creo que las he colocado en el orden de importancia que pienso que pueden ocupar a lo largo de este año sin embargo pueden dar muchas vueltas.

Aparte, y antes de que alguno de los lectores me cape y con razón, muchas de estas carreras han estado aderezadas, aunque no lo suficiente, de los pertinentes almuerzos, vermús o meriendas que debieran ser obligatorios en estos casos. Las comilonas posteriores a una caminata en el monte o salir con la bici no las cuento porque salvo en ocasiones excepcionales uno tiene la costumbre de comer a mediodía.


En cambio almorzar... ese es un lujo que a diario no me puedo permitir, al menos del modo y manera que me gusta. Así es que un almuerzo de mesa y mantel para mí es una fiesta. Este año si la memoria no me falla han sido un total de 17 eventos de este tipo. Me parece una cantidad insultántemente baja. No sé si este año correré 1.200 km ó "sólo" 800 km o si en bici andaré 3.000 km... lo que sí tengo entre ceja y ceja es aumentar esa cantidad de pequeñas celebraciones cotidianas.

Ayer comenzó la cuenta con el primero. Tras quedar pronto por la mañana con motivo de la subida al  Pueyo que el primer domingo del año realiza la gente de Barbastro que tiene aprecio por esto de correr. A pesar de que al bajar el CAB ofrecía chocolate con churros para socios y allegados las Muñecas de Famosa decidimos no faltar a la ineludible cita con nuestro almuerzo de mesa y mantel. Saldado con dos huevos fritos con longaniza, jarra de cerveza, café y tres chupitos, ¡tres! 

¡Corriendo somos unos mantas de cuidado pero almorzando no nos gana nadie!

viernes, 3 de enero de 2014

San Silvestre 2013

Cada año me lo paso mejor en la San Silvestre. Unos años me lo he pasado bien en la propia carrera, este año no ha sido tanto en los instantes de correr que también, sino en los momentos previos y en los preparativos para la carrera. Para alguien como yo que es capaz de palmar con todo el equipo el día que toca ponerse un dorsal, el tener que colocarse ese trozo de papel en el pecho no resulta para nada traumático en la última carrera del año. Saber que vas a salir a pegar una trotadeta y a echar unas risas es la mejor manera de afrontar estas citas.

Existen varias fases por las que un corredor puede pasar a la hora de ponerse en una línea de salida de una San Silvestre, a saber:

  • Sales a tope (según tus posibilidades). En mi caso a ir con el gancho a menos de 5'/km, llegar a meta jodido, a la cena de Nochevieja con hambre y sed pa parar un tren, con resultados funestos a las 4 de la mañana en los que la sed ha sido aplacada con vino y cubatas y vas zorro como el hijo del trueno. Y encima con agujetas...
  • Sales a tope (sin haber calentado). A mitad de recorrido se te engancha el gemelo o se te carga el pie y completas la carrera por decoro dando asco y pena. Con el cabreo a las 4 de la mañana también vas zorro como un calabazón, con agujetas y encima dolor en la pierna...
  • Sales a ritmo medio (y te pones un gorro de Papa Noel para disimular). Si te ves con ganas aprietas y si ves que la cosa no da de si dices "que he salido disfrazado a trotar". Seguramente te acabarás cebando y el gorro de los chinos que no transpira ni pa dios te provocará una sudoración excesiva con la consiguiente pérdida de líquidos que deberán ser repuestos con las dramáticas consecuencias a las 4 de la mañana que todos a estas alturas podemos imaginar.

Una vez se ha pasado por todas estas etapas uno asume que esto de correr es una actividad que se realiza para hacer hambre y sed y que conviene acompañar de almuerzos y tomárselo con mucha calma. Así pues entra a formar parte de un grupo de corredores que tenga la misma forma de pensar, en mi caso las Muñecas de Famosa.

¿Que por qué nos llamamos Muñecas de Famosa? Cualquiera que nos haya visto cruzar la meta de algún medio maratón sabrá el porqué. Esa mezcla de correr no muy elegante, piernas atablonadas, zancadas cortas e inestables... igual que las muñecas del anuncio de Famosa cuando se dirigían al portal... Podríamos ser también los Robocop o los clic de Playmobil, que andan parecido de movilidad articular, pero el que se lo inventó tiró por las muñecas.

Así pues, decides salir en la San Silvestre a un ritmo sosegado y para meterte en el papel de muñeca de Famosa debes disfrazarte más o menos de esa guisa. En nuestro caso, debido a diferentes factores y a que el tiempo se nos echaba encima, el disfraz no guardaba una conjunción estética muy ortodoxa pero teniendo en cuenta que se arrambló con toda la burrufalla que contenía una de las estanterías de la segunda planta de los chinos de la plaza del Mercado... sencillamente la cosa podría haber sido mucho peor.

Ese rato de ir a comprar todas las potras del disfraz y las cervezas previas a la carrera con la gente vistiéndose como podía en el interior de un bar, memorable.

Luego, pues un poco lo de siempre. Sales al Coso, te pones con todo el mogollón en la línea de salida después de que haya corrido toda la criallería. No conoces a casi nadie porque casi todo el mundo va disfrazado, lo cual me parece estupendo. Tiene lugar la cuenta atrás y al fin se da el pistoletazo de salida. A trompicones y entre gritos se enfila por el Coso, donde sí parece que el público ha salido motivado y aplaude y anima. En esos momentos parece una fiesta en lugar de una carrera y es por eso que uno se apunta.

Se avanza por el Rioancho y entre patadas a conos de señalización, gente que se tropieza, otros que se paran, bocinas... se llega al Cortés que ni te enteras. Ahí el ambiente se empieza a enfriar y tal y como se da la vuelta para enfilar por la plaza el Matadero y el tramo de las Huertas, el público ya no anima tanto... Evidéntemente existen excepciones a lo que acabo de comentar pero en líneas generales en este pueblo, de aplauso fácil no somos. Y pondré algunos ejemplos.

En España sólo hay un estadio de fútbol (salvando las distancias) similar en sosería al Bernabéu. Es el Municipal de Barbastro. En el Bernabéu, o el Madrid va ganando (o jugando muy pero que muy bien) o ahí no respira ni el Tato. Si va ganando, pues la gente aun arrea un poco. En el Barranqué pasa tres cuartos de lo mismo, la gente está más pendiente de la charrada con el de al lado y sobre todo el pacharán que se está trincando que de aplaudir. Una mano para el vaso, cuando se acaba si eso se aplaude...
De los conciertos y actuaciones también para qué hablar, aunque existe en muchos casos el mismo problema que en el fútbol. Con un cubata en la mano existen serias dificultades para aplaudir. Y en los toros no solamente no se aplaude mucho a los toreros si no que más bien se les insulta. Y a los picadores ya para que vamos a hablar. Pero eso ocurre porque la gente en muchos casos sube a los toros a merendar y a beber vino.

Y en la San Silvestre... ¿qué puñetas ocurre? Pues que la gente en muchos casos está de plantón en las aceras con las manos en los bolsillos. Hace frío, sí, y mucho. Y es lo más sorprendente, que con la rasca que hace la gente salga a la calle, lo cual ya tiene mucho mérito, pero esté quieta parada. Muévanse, griten, aplaudan, ¡por favor! ¡Aplaudir es un excelente ejercicio para calentarse las manos, prueben a hacerlo porque no cuesta tanto! Y además se lo van a pasar mejor, seguro.

Y como he dicho que esta carrera es una fiesta al final te la vas montando tú solo. Cuando te cruzas con Gregorio le gritas y animas hasta quedarte afónico porque siempre se lo ha merecido pero esta vez más por haber sido homenajeado en esta su 36ª San Silvestre seguida, tantas como ediciones se han celebrado. Porque siempre le has visto correr como un cohete por enmedio del pueblo y en la antigua pista de atletismo (cuando en este nuestro querido pueblo había una pista de atletismo) y porque sin haber sido el mejor seguramente es el que más ganas le ha echado siempre. Y así son para mí los verdaderos campeones que se merecen homenajes.
Vas saludando a la gente que conoces y a la que no también. Te paras con un grupo que va en tu mismo plan y vas soltando chorradas. Te cruzas con rebaños de ovejas y números de la Lotería, te pegan en el culo con mazos gigantes... Y así chino chano recorres los 5 km sin enterarte.

Llegas en un tiempo discreto pero ni se te ha subido el gemelo, ni vas a tener agujetas, y encima ya has salido con dos cervezas por delante y otra más que cae en la meta. Eso sí, la peluca y la careta te han hecho sudar como un cerdo y como no has traído gorro marchas para casa antes de coger frío y no te quedas al fin de fiesta que es la entrega de trofeos. Aun así te vas contento a casa y con ideas para el disfraz del año que viene porque sabes que si corres la carrera lo volverás a hacer disfrazado y en el mismo plan.


A lo mejor hay mejores maneras de despedir el año pero esta es la que nos gusta a bastante gente. Ojalá al año que viene seamos unos cuantos más los locos que nos echamos a las calles a pasar un buen rato. 
¡Feliz año y salud!

jueves, 26 de diciembre de 2013

Resumen ciclista de 2013

2013 ha sido mi primer año completo haciendo kilómetros con una bici de carretera y en el que he comenzado a sacarle rendimiento. Mis números no son para echar cohetes ya que no soy un cicloturista. Me gusta salir a correr y montar en bici, por ese orden. Y a pesar de que me gusta controlar y apuntar lo que hago no persigo ningún objetivo en especial salvo pasar el rato. Las kilometradas y hacer 6000 km al año es para otro tipo de gente.

Mis kilómetros acumulados este año en el velocípedo de andar deprisa estarán en torno a los 2000, cifra muy pequeña para mucha gente y elevada para otra. En cualquier caso ese ha sido mi bagaje, el cual en líneas generales he disfrutado enórmemente. Mi afición por la bici comenzó muy pronto y he aquí su evolución...

Desde pequeño he sido un apasionado del ciclismo. Mis primeros álbumes de cromos no fueron de fútbol sino que fueron de baloncesto y sobre todo de ciclismo. Del bello deporte de las dos ruedas siempre me atrajo su épica, el que se desarrollase por paisajes espectaculares en la montaña y el que los mejores corredores del mundo pudiesen presentarse un día debajo de tu casa porque alguna carrera pasase por allí. Pocos deportes de alto nivel se pueden contemplar gratis, el ciclismo es uno de ellos.

Cuando era pequeño existía una buena parafernalia montada en torno a la Vuelta a España. Los resúmenes de las etapas se emitían justo antes del telediario de la noche y duraban su buena media hora con entrevistas y reportajes de todo tipo. Contaban con sintonías pegadizas y aunque los ciclistas españoles de por aquel entonces no ganaban casi nada, poseían un carisma especial. El pelotón nacional contaba con unos ocho equipos y existía un buen merchandising al respecto entre cromos, pegatinas para chapas, botellines y demás... Las etapas del Tour tenían un seguimiento muy alto, sobre todo las de montaña, y el día que Marino, Perico, Echave o Chozas iban escapados se vivía con mucha intensidad. El pelotón internacional apenas contaba con presencia de países anglosajones ni nórdicos y quienes partían la pana eran los franceses, belgas, holandeses, italianos y colombianos. 


Era habitual acudir a los bares a pedir chapas de quintos y tercios de cerveza para pegarles pegatinas con el rostro de los ciclistas y jugar a hacer etapas con ellas. Cualquier sitio era bueno para realizar estas carreras pero el lugar más impresionante que había en mi barrio era el callejón de detrás de mi casa. De unos cuarenta metros de largo y escalonado a tres niveles, en verano nos podíamos pegar una mañana diseñando el circuito dibujándolo con tizas en el suelo y la tarde disputando la carrera.

Cuando no jugábamos a las chapas también era habitual ir a dar vueltas con las bicis de paseo GAC y BH hasta los confines del barrio o en una fantástica prueba de resistencia que nos sacamos de la manga que consistía en dar vueltas a la calle rodeando la manzana. Creo que el record estaba en más de 100 vueltas...

Las carreras de chapas alcanzaron unos niveles de complejidad bastante altos para las posibilidades de unos críos de 10 años. Los desniveles del callejón eran salvados con rampas que simulaban puertos de montaña. A su vez existían otros puertos diseminados por la ruta fabricados con cajas de galletas. Los toques realizados para salvar estas dificultades orográficas eran contabilizados aparte y servían para la clasificación de la montaña. Si la chapa se salía de la ruta marcada con tiza, se tenía que volver a la última meta volante o esperar tantos turnos sin tirar. La zona de meta contaba con publicidad, pancarta... había coches de equipo y hasta alguna moto de la televisión.  Teniendo en cuenta que ese callejón también hizo las veces de campo de futbito (cuando tocaba marcar con los escalones hacia arriba se alcanzaban altas cotas de surrealismo), pista de tenis y cancha de baloncesto con canastas caseras y el toro de los Chicago Bulls pintado en el suelo, las carreras de chapas tenían que estar al mismo nivel. Es increíble la imaginación que podemos llegar a tener de niños.

La bici de paseo dio paso a la de montaña y las carreras de chapas dieron paso a las excursiones de verdad y las sesiones maratonianas delante del televisor viendo las etapas del Tour y delante del ordenador jugando con simuladores de ciclismo.

La época de la universidad fue jodida en este aspecto. Podía tragarme etapas de siete horas despegando el culo del sillón tan sólo para mear y comer. Y en cuanto al simulador en el que se podía disputar las etapas en tiempo real dando órdenes de equipo a los corredores, mis antiguos compañeros de piso pueden dar fe de que muchos días estando sentados a la mesa a la hora de comer, podía levantarme de improviso y cruzar corriendo el pasillo porque se había escuchado a Perico Delgado (que era el comentarista del videojuego) lanzar una exclamación por algún demarraje. Como digo, iba corriendo, valoraba la situación de etapa, controlaba qué estaba haciendo Escartín (puesto que siempre corría con él) y daba las órdenes pertinentes. Y volvía a la mesa a comer.

Reconozco que había mejores formas de vivir el ciclismo. Por suerte cuando comencé a trabajar me entró algo de conocimiento a la sesera y mi visión del deporte pasó a ser más práctica en lugar de tan teórica. Al mismo tiempo que la idea de contemplar las etapas ya no me entusiasmaba como antaño debido a la ponzoña en la que se iba convirtiendo el ciclismo y a que perdí aquel videojuego del demonio, mi afición por las excursiones en bici de montaña y a salir a correr fue en aumento.

Todavía me gusta ver las etapas del Tour de Francia, pero con más conocimiento. Si un día no puedo ver la etapa no ocurre absolútamente nada mientras que antes se convertía en un drama. Antes reconocía a todo el pelotón internacional por su forma de montar en bici, sus gestos... Ahora aparte de los buenos (y a veces ni eso) podría cruzarme con el resto por la calle y no conocerlos. No me apena en absoluto.

Y al fin di el paso lógico de todo buen aficionado a montar en bicicleta. Me compré una bici de carretera

Como todavía sigo siendo bastante friki en muchos aspectos y una de las aficiones que conservo de crío es el trazado de perfiles y altimetrías de etapas, a continuación muestro lo más representativo de mi año ciclista 2013. Antaño, me gustaba coger el mapa de España e imaginar trazados para la Vuelta. Para las etapas pirenaicas cogía los mapas topográficos que había por casa y jugando con las curvas de nivel sacaba la altimetría. Lo sé, es un pasatiempo un tanto raro pero cuando desde muy crío te ha gustado el deporte y la geografía se comienza a comprender.

Hoy en día la tecnología disponible para ello es impresionante. Basta descargar la ruta del GPS a una de las páginas web destinadas para ello. También hay páginas en las que símplemente se puede trazar la ruta en el mapa. Ahora hay de todo. He personalizado un poco los perfiles y los he dividido en una peculiar clasificación. Por supuesto los nombres de las localidades y puertos así como su categoría tampoco es en muchos casos real, espero que nadie se moleste por denominar, por ejemplo, al Alto de Torreciudad como Passo di Torre-Citta' y clavarle un 1ª categoría. Allá vamos.

Rutas Vuelta a España



La época dorada de la Vuelta a España tenía como he comentado antes sintonías pegadizas que se escuchaban por todas partes. Esta fue una de las más míticas.
He denominado como Rutas Vuelta aquellas salidas  sencillas y de corto kilometraje o escasa dificultad. Vamos, lo que viene siendo actualmente la Vuelta a pesar de que muchos se empeñen en denominar finales en alto a esos sprints en cuesta que gastan los últimos años.

Berbegal, 50 km


Cuando no hay mucho tiempo ni muchas ganas, esta ruta es ideal. Es entretenida y en hora y media está ventilada. Se sale de Barbastro por el hospital en dirección a Sariñena. Pasando por Fornillos se llega a Berbegal. Hay varios toboganes y repechos que hacen esta salida más amena que la típica que hace todo el mundo de ir por la carretera de Pozán. Si hay ganas de llanear se puede seguir hacia Peralta, pero a mí tanto llano me abruma, así es que doy media vuelta. Si hay tiempo, se puede hacer una subida a Burceat a la vuelta. Este es el perfil que he puesto en este caso.


Graus, 56 km


Esta salida tiene algo más de entidad y sirve para esos días en los que se puede echar la mañana y acabar comiendo en Barasona. Se sube hasta Graus en coche, se almuerza, se coge la bici y se tira por la carretera de Capella hasta llegar al desvío de Laguarres. Se sube el pedazo de puerto que tienen allá arriba, cuyas vistas y rampas no dejan indiferentes. Al cruzar al otro lado se puede hacer una paradeta en Benabarre. A partir de allí hay una carretera en muy buen estado y en bajada para hacer el animal y poner la bici a 60 km/h sin esfuerzo. Se puede optar al llegar al cruce del pantano de Barasona por tirar hacia la izquierda, dirección Barbastro. Cruzando con cuidado uno de los túneles del congosto se alcanza el cruce de la Central Eléctrica de San José para ascender el puertecito de La Canal que nos lleva a la Puebla de Castro. Desde allí, descenso y a comer a Graus.


Rutas Clásicas

Si tienes una bici de carretera y vives en Barbastro habrás hecho estas rutas cuarenta mil veces. La segunda por obligación, la primera por devoción.

Salinas & Coscojuela, 73 km


Los belgas tienen el Tour de Flandes (Ronde van Vlaanderen) y en el Somontano tenemos el Tour por Salinas y Coscojuela. En ciertos aspectos se asemejan. Aquí no hay pavés pero hay tramos de carretera descarnados. No hay muros, pero hay puertos de carreteras ratoneras. Allí hace frío y mucho viento, aquí esta primavera... también ha hecho un frío y unas aireras del demonio. Quizá mi salida preferida sea subir a Salinas (bien por Salas o bien por Cregenzán) cuando no tengo mucho tiempo. Si hay ganas pues doy la vuelta entera por Coscojuela. Notas como las ruedas pierden semanas de vida, la carretera en muchos tramos es criminal, descendiendo el puerto de Coscojuela perdí un día el cuentakilómetros debido a lo botosa que está... pero da igual. Es una vuelta tremenda. 


Huerta, 32 km


Cuando no tengo tiempo ni para ir a Berbegal ni a Salinas, Huerta es la opción. 32 km, la primera mitad de falso llano y la segunda en bajada y con trozos de viento a favor y yendo incluso a 50 km/h. La subida se hace como uno puede, la bajada pensando que se está en la contrarreloj del campeonato del mundo o jugándose el Tour en el último día como Lemond y Fignon en el '89. Con diferencia la ruta que menos me gusta, pero si hay que acumular kilómetros para llegar dignamente a la salida de una marcha cicloturista este tipo de salidas a veces tocan.


Rutas Tour de Francia



Las etapas más largas que he hecho este año. De esas en las que ya no sabes como ponerte encima de la bici cuando llevas cuatro horas dándole a los pedales.


Bárcabo, 92 km


Lo típico en Barbastro también es subir hasta Colungo. A mí se me hace muy pesado ya que hay un largo tramo llano y aburrido hasta allí que coincide con el tramo hasta Huerta antes mencionado. Así que ya que voy hasta allí al menos me gusta seguir adelante y subir San Caprasio. Un día me lié la manta a la cabeza y llegué hasta Bárcabo subiendo a Lecina a la vuelta. Luego, a la altura de Pozán ya no sabía ni cómo ponerme. Eso me pasó por no parar en Colungo a comer.


La Puertos, 124 km


La única marcha cicloturista que he hecho hasta la fecha y la única vez que he pasado de los 100 km montado en una bici, momento en el que el tío del mazo vino a verme. Resulta lógico si tenemos en cuenta que la semana de antes me la pegué haciendo numerosas visitas al señor Roca con una bonita gastroenteritis. Salí para ver si sabía llegar hasta el km 45 al avituallamiento de Graus, me fui animando y llegué a las Vilas dignamente y disfrutando como un enano. En Campo estaban todos los críos del pueblo animando con pancartas. Parecía el Tour de Francia. Al pasar el km 100 me quedé sin comida, iba solo y no conseguía engancharme a ningún grupo. Lo pasé mal pero terminé. Lo peor, los últimos 30 km que se hicieron eternos. Lo mejor, los avituallamientos, comiendo hasta reventar después de tres días pachucho de las tripas y a dieta de arroz blanco y pollo.


Rutas Giro de Italia




Cuando el Giro de Italia lo emitía Telecinco y entre anuncio de "Te gusta el compresor" (anuncio muy al nivel del de "Busco a Jacq's") y Mammachichos se veía algo de etapa, a veces, se escuchaba también la sintonía de Jean-Michel Jarre. Sí, quizá los más jóvenes de lugar no lo recuerden pero Telecinco emitió el Giro unos cuantos años cuando Indurain acudía a esos parajes. Sí, el anuncio del compresor era real y lo cascaban sin ton ni son unas diecisiete veces cada etapa. 
Las etapas del Giro son duras y llenas de encerronas, puertos salvajes y carreteras que no merecen tal nombre. Transitan por los paisajes más espectaculares y tan pronto puede hacer un sol de justicia como nevar o granizar.


Añisclo, 64 km


La ruta en si está muy chula. Transcurre por el cañón de Añisclo partiendo desde Aínsa. En ella ascendí al lugar más alto del 2013, los 1.270 m del pueblo de Nerín, mi particular cima Coppi. Lo malo es la carretera de subida por el cañón y sobre todo la de bajada desde Buerba hasta Puyarruego. Los italianos denominan "sterrato" a los tramos de pista forestal que clavan sin ningún pudor en sus carreras. Lo de Añisclo no llega a ese extremo, pero casi. Las vistas son impresionantes sobre todo en la primera parte. El descenso desde Buerba empeora en este aspecto hasta que cerca de Puyarruego la Peña Montañesa se alza imponente ante nosotros. 


Torreciudad, 45 km


Una salvajada de puerto con un asfalto deplorable, al más puro estilo Strade Bianche (Caminos Blancos), la clásica italiana que transita por pistas sin asfaltar. De hecho casi sería mejor circular por tierra que por la mierda de carretera que sube y baja de Torreciudad. Y cuando me refiero a Torreciudad es arriba donde están las antenas, bajando por Bolturina. Imprescindible reponer fuerzas en Tres Caminos si no se quiere palmar en la subida hacia Naval. El día que más destrozado he terminado al bajarme de la bici, peor que en la Puertos de la Ribagorza. Al llegar a casa, mal de cabeza, escalofríos y fiebre. Estuve una semana sin ser persona.


Rutas inconclusas

Rutas que se intentaron pero que no pudieron ser por diversos motivos. En el mes de mayo si llego a poner un circo me hubiesen crecido los enanos. Intenté hacer estas dos rutas, y después me puse malo de las tripas la semana de antes de la marcha cicloturista Puertos de la Ribagorza. Al ritmo que iba ya me imaginaba pegándome un piñazo el día de la marcha.


Aguas


Dos semanas antes de la Puertos de la Ribagorza decidí probarme haciendo más de 100 km. Quise ir hasta las faldas del Tozal de Guara, en Aguas, a través de Adahuesca, Alberuela y Bierge. Llevaba de todo. Bien de agua, galletas, bocadillos, bomba de aire, cámaras, dineros, teléfono... Salí bien pronto por la mañana para llegar a tiempo a casa a la hora de comer... En el km 25 tuve lo que los franceses denominan un crevaison, o sea, un pinchazo. Pero de los gordos. Cubierta de la rueda reventada y suerte que fue en subida. Tras estar dos o tres minutos soltando juramentos por la boca tocó llamar a casa para que subiese el coche de asistencia. En 2014 tengo una cita ineludible con esta etapa.


Granizada


Una semana antes de la Puertos, mi hermano Jesús y yo decidimos salir el domingo después de comer a probarnos en los malditos 100 km. El fantástico mes de mayo que tuvimos y el pinchazo de la semana anterior lo habían impedido hasta entonces. Era la última oportunidad. La idea era tirar y llegar por lo menos hasta Graus y cuando se hiciese de noche que nos viniesen a buscar en coche. Por Hoz la cosa pintaba fráncamente mal, el cielo estaba negro como boca de lobo. En Salinas la cosa ya no es que estuviese negra, estaba blanca como el granizo que comenzó a descargar bajando hacia Naval. Creo que en mi vida he visto granizar de esa manera, que fuese montado en bici y bajando un puerto es de esas experiencias para contar. Entre el picor del granizo chocando en las piernas, los dedos agarrotados por el frío intentando agarrar las manetas de freno, el suelo empedrado en blanco y algunos riachuelos de barro cruzando la carretera, al llegar a Naval decidimos hacer la de Bradley Wiggins y llamar al coche de asistencia para que nos viniese a recoger. En Naval aun se están riendo de cuando nos vieron amanecer chupidos como sopas.

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